lunes, 14 de marzo de 2022

Citas: Mendel el de los libros - Stefan Zweig

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"Me enfadé, como se enfada uno siempre que un fallo le hace ser consciente de la insuficiencia e imperfección de las fuerzas mentales, pero no perdí la esperanza de recuperar aquel recuerdo. Tenía claro que tan sólo necesitaba un minúsculo gancho al que poder aferrarme, pues mi memoria es de una índole particular, buena y mala al mismo tiempo. Por un lado, obstinada y tenaz, pero por otro también increíblemente fiel. Se traga lo más importante, tanto en lo que respecta a los acontecimientos como a los rostros, tanto lo leído como lo vivido, dejándolo con frecuencia en lo más hondo, en la oscuridad, y no devuelve nada de ese mundo subterráneo sin que uno ejerza presión, sólo porque así lo requiere la voluntad. Sin embargo, me basta el más fugaz asidero, una postal, los trazos de una caligrafía en el sobre de una carta, una hoja de periódico amarilla por el tiempo, y enseguida lo olvidado, como el pez en el anzuelo, resurge de un brinco de la fluida y oscura superficie, vivo y coleando".


"Así que cerré los ojos para poder reflexionar de modo más intenso, para dar forma a aquel anzuelo misterioso y asirlo. Pero, ¡nada! Otra vez, ¡nada! Estaba enterrado y olvidado".

"Y tanto me irrité por lo chapucero y caprichoso del aparato retentivo que tengo entre las sienes, que habría podido golpearme la frente con los puños, tal y como se sacude una máquina tragaperras estropeada que, desleal, retiene lo que le pedimos".

"Pues así como un niño cae en el sueño y se olvida del mundo por medio de ese rítmico vaivén hipnotizador, también el espíritu, en opinión de aquellos devotos, se sume de manera más fácil en la gracia de la abstracción gracias a ese oscilar y columpiarse del cuerpo ocioso. Y en efecto, Jakob Mendel no veía ni oía nada de lo que ocurría a su alrededor. Junto a él alborotaban y vociferaban los jugadores de billar, corrían los marcadores, repiqueteaba el teléfono. Barrían el suelo, encendían la estufa… Él no se enteraba de nada. En una ocasión, un carbón al rojo vivo cayó fuera de la estufa; y ya olía a chamuscado y humeaba el parqué a dos pasos de él, cuando, alertado por el tufo infernal, uno de los parroquianos se dio cuenta del peligro y a toda velocidad se abalanzó para extinguir la humareda. Pero él, Jakob Mendel, a tan sólo dos pulgadas de distancia y ya tiznado por el humo, no había notado nada, pues leía como otros rezan, como juegan los jugadores, tal y como los borrachos, aturdidos, se quedan con la mirada perdida en el vacío".

"Para disimular un poco mi asombro, le pregunté con timidez cuáles de entre todos aquellos libros podría conseguirme. «Pues veamos lo que se puede hacer», refunfuñó. «Vuelva por aquí mañana. Mendel entretanto le conseguirá algo. Y lo que no se encuentre, lo hallaré en otro sitio. Cuando uno tiene secreto también tiene suerte»".

"Le di las gracias con educación y, acto seguido, por pura amabilidad, cometí una enorme estupidez, pues le propuse apuntarle en una hoja los títulos de los libros que deseaba. En el mismo instante noté que mi amigo me daba un codazo de advertencia.
Pero era demasiado tarde. Mendel ya me había lanzado una mirada —¡qué mirada!— a un tiempo triunfal y ofendida, burlona y de superioridad, una mirada francamente regia, la mirada del Macbeth shakespeariano cuando Macduff pretende que el héroe invencible se entregue sin combatir".

"El dinero no tenía espacio alguno dentro de su mundo, pues nunca se le había visto más que con la misma chaqueta raída, por la mañana, por la tarde y por la noche, consumiendo su leche y sus dos panes, comiendo al mediodía algún bocado que le traían de la casa de huéspedes. No fumaba, no jugaba. Sí, se puede decir que no vivía, tan sólo aquellos dos ojos tras las gafas estaban vivos y alimentaban con palabras, títulos y nombres el cerebro de aquel ser enigmático. Y la masa blanda, fértil, absorbía con ansia aquella plétora, como una pradera las miles y miles de gotas de la lluvia".

"Las personas no le interesaban, y de todas las pasiones humanas tal vez sólo conocía una, por cierto, la más humana de todas, la vanidad".

"Mientras que, por lo general, cuando se le presentaba un libro menor cerraba la cubierta con desprecio y sin más murmuraba «dos coronas», ante cualquier rareza o algo único se echaba hacia atrás lleno de consideración, poniendo debajo una hoja de papel, y uno podía ver cómo de pronto se avergonzaba de sus dedos sucios, cubiertos de tinta, y de sus uñas negras. 
Después, tierno, cuidadoso, hojeaba el raro ejemplar con un enorme respeto, página por página. Nadie podía molestarle en un instante como aquél, como tampoco a un verdadero creyente durante la oración. Y de hecho, aquella manera de mirar, de rozar, de olfatear y sopesar, cada una de aquellas acciones por separado, tenía algo del ceremonial, de la sucesión regulada por el culto en un acto religioso".

"La espalda encorvada se movía de acá para allá, al tiempo que él murmuraba y refunfuñaba, se rascaba la cabeza, soltaba extraños y primitivos sonidos vocálicos, unos prolongados, casi estremecidos «¡ah!» y «¡oh!» de absorta admiración, y después de nuevo un rápido y horrorizado «¡ay!» o un «¡ay va!», cuando faltaba una página o resultaba que una hoja se la había comido la carcoma. Por fin, respetuoso, acunaba el mamotreto sobre su mano, olisqueaba y husmeaba el tosco paralelepípedo con los ojos semi cerrados, no menos conmovido que una muchacha sentimentaloide frente a un nardo".

"Y además, llevado por un hondo presentimiento, el joven inexperto que fui había sentido un gran aprecio por Jakob Mendel. Gracias a él me había acercado por vez primera al enorme misterio de que todo lo que de extraordinario y más poderoso se produce en nuestra existencia se logra sólo a través de la concentración interior, a través de una monomanía sublime, sagradamente emparentada con la locura".

"Cuando se le indicó que siguiera a los dos soldados, se quedó parado sin saber qué hacer. 
No entendía qué era lo que querían de él, pero en realidad no sentía ninguna preocupación. Al fin y al cabo, ¿qué podía tramar contra él el hombre del cuello dorado y la voz ordinaria? En su mundo superior de los libros no había guerras, ni malentendidos,  tan sólo el eterno saber y querer saber aún más números y palabras, títulos y nombres. De modo que, apacible, marchó entre los dos soldados escaleras abajo. Sólo cuando le quitaron todos los libros que llevaba en los bolsillos del abrigo y le exigieron que entregara la cartera, en la que había metido cientos de notas y direcciones de clientes, sólo entonces, comenzó, furioso, a dar golpes a su alrededor. Tuvieron que sujetarle. Y, por desgracia, sus gafas cayeron al suelo. El mágico telescopio que le permitía contemplar el mundo del espíritu se rompió así en mil pedazos".

"Llevaba puesto un raído capote militar lleno de zurcidos, y en la cabeza algo que alguna vez debió de ser un sombrero, uno que habrían tirado.
No tenía cuello de camisa, y parecía la muerte, con el rostro y el pelo grises, y tan flaco que daba lástima. Pero entra, directo, como si nada hubiera ocurrido. No pregunta nada, no dice nada. Va hacia su mesa, allí, y se quita el abrigo, pero no como en otro tiempo, con agilidad y sin esfuerzo, sino respirando con dificultad.
Aquella vez no traía ningún libro. Se limita a sentarse y no dice nada. Tan sólo clava la vista ante él con los ojos vacíos por completo, resecos. Sólo poco a poco, cuando le llevamos todo el paquete con los escritos que habían llegado para él desde Alemania, se puso de nuevo a leer. Pero ya no era el mismo".

"Y en la memoria de Mendel, en aquel teclado único del conocimiento, las teclas, a su regreso, estaban atascadas. Cuando de vez en vez alguien venía a recabar información, él se quedaba sentado, inmóvil, agotado, y ya no comprendía con exactitud, no oía bien, y olvidaba lo que le habían dicho. Mendel ya no era Mendel, como el mundo no era ya el mundo".

"Aún estuvimos bastante tiempo hablando de él, las dos últimas personas que habían conocido a aquel ser humano extraordinario. Yo, a quien, siendo joven, y a pesar de mi insignificante existencia de microbio, había concedido un primer atisbo de lo que es una vida por completo volcada en el espíritu".

"Después me marché y sentí vergüenza frente a aquella anciana y buena señora que, de una manera ingenua y sin embargo verdaderamente humana, había sido fiel a la memoria del difunto. Pues ella, aquella mujer sin estudios, al menos había conservado el libro para acordarse mejor de él. Yo, en cambio, me había olvidado de Mendel el de los libros durante años. Precisamente yo, que debía saber que los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido".






Stefan Zweig 

sábado, 12 de marzo de 2022

Citas: Cuerpos rotos - Desireé Romay

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 "Sentía cómo el miedo ponía en marcha cada gota de adrenalina que había en su cuerpo, cómo sus músculos estaban haciendo un esfuerzo sobrehumano y cómo el latir de su corazón era un tambor que resonaba en sus sienes. Lo que le quedaba de vida podía empezar a contarse en segundos".


"Cuando entró en el despacho, su jefe se volvió hacía ella con gesto cansado. De repente, vio en su cara reflejados todos los años al frente de aquella comisaria. Sabía que, poco a poco, este departamento había ido minando su carácter ante los horrores del ser humano".

"Se sirvió un whisky doble, acercó el butacón de la esquina hasta colocarlo frente a su armario de los trofeos y allí lo degusto recreándose en los rostros que lo miraban sin vida desde las estanterías. Unos rostros que le recordaban que tenía el poder de decidir quién iba a morir".

"Al llegar vio a John tendido en el suelo abrazando a su hijo pequeño quien escondía el rostro en su pecho y a su hijo mayor sentado llorando sin parar y abrazado a sus rodillas mientras se mecía. Connie se arrodilló rápidamente frente a él y lo abrazó fuertemente a la vez que, con la mirada, buscaba a su marido desesperadamente para preguntarle sin palabras que tenía a sus hijos tan conmocionados. Este fijó la vista en un punto detrás de ella. Lentamente se volvió y al seguir su mirada vio un bulto marrón, semejante a un saco, pero seguía sin saber qué era lo que los aterrorizaba de aquella manera.
El hombre le hizo señas hacia el bulto, y soltando a su hijo por un momento, se elevó y entonces vio que era aquello: una cabeza humana a la que le faltaba toda la piel del rostro y a la que el agua había hinchado y descompuesto. Se volvió rápidamente hacia unos arbustos y vomitó toda la comida que con tanto cariño había preparado para su familia".

"Y por primera vez en mucho tiempo lloró dejando salir todo lo que le carcomía por dentro y así, por fin, pudo dormir sin el recuerdo de tantos ojos sin vida como llevaba a sus espaldas".

"Y en esas andaban cuando un carnicero loco se cruzó en sus vidas. Ese ser perturbado no solo dejaba a su paso trozos de cadáveres, sino que todo lo que se cruzaba con él terminaba roto en pedazos".

"A veces no entendía cómo alguien podía arriesgar tanto solo por sentir maltratado su ego".

"Sonó el timbre y, tras cerrar con llave la puerta que llevaba al sótano, se dirigió a ver quién llamaba.
—Hola, cariño, ¿me has echado de menos? —preguntó un joven teñido de rubio apoyándose en el marco de la puerta. 
—Pasa —le ordenó. Agarrándolo bruscamente del brazo tiró de él hasta meterlo en la casa y cerrar la puerta. 
—Te he dicho mil veces que seas más discreto. No quiero que nadie sepa a qué vienes aquí. Ahora verás que ocurre cuando no se cumplen mis normas.
—Claro castígame como quieras —dijo riéndose, pero dejó de hacerlo en cuanto se dio cuenta de la oscuridad de su mirada. Y por un instante no pudo ocultar el escalofrío que recorrió su espalda, lo que hizo que esta vez fuera el otro quien sonriera".

"—Perdona que haya cancelado la cena, pero una no elige cuando aparecen los cadáveres —dijo encogiéndose de hombros y esbozando una sonrisa".

"Matt pasó el día intentando recordar dónde había visto a ese hombre. Al final desistió en su empeño al ver que era imposible recordarlo. Cuando Emilia lo llamó para verse esa noche, el recuerdo de esa cara familiar quedó enterrado en su subconsciente. Tardaría varias semanas en recordar donde había visto a ese hombre antes y cuando lo hiciera, ya sería demasiado tarde para volver a construir todo su mundo".

"Mientras lo seguía por el pasillo se sorprendió a sí mismo con la rapidez de su elección. Pero a veces las cosas no son cómo nos gustaría que fueran y el destino tiene planes diferentes para nosotros. No contaba con la multitud de jugadores que participaban en la partida".

"Lo que la inspectora Larsson no sabía es que dicen que las desgracias nunca vienen solas y que tienen la mala costumbre de venir de tres en tres".

"—Emilia, abre por favor. Soy Matt. Déjame abrazarte al menos, no pases por esto tu sola.
 Cuando la puerta se abrió diez minutos después, no sucedió la escena que Matt había desarrollado en su cabeza. Emilia se había recompuesto, ya no lloraba, aunque detrás se veía el rastro del estallido de furia y dolor que había sufrido.
—Gracias por venir, Matt. Estoy bien no te preocupes por mí. Saldré de esto —dijo Emilia a modo de saludo y, sin darle sin tiempo a decir nada más, volvió a cerrar la puerta. Matt no pudo evitarlo y dio un puñetazo a la puerta y mientras se giraba le gritó:
—¡Vete al infierno, Emilia Larsson!".

“Tranquilo jefe. Errar es humano, pero rectificar es divino. 

                                                                                               Emilia".

"Un escalofrío recorrió su espalda cuando notó cómo algo de metal frío se deslizaba por uno de sus brazos. Solo la incertidumbre de no saber cuándo recibiría el primer aguijonazo de dolor hizo que su corazón se pusiera a mil. 
—Acaba ya con esto, capullo —protestó Travis con los dientes apretados. 
—¿Acabar, detective? —comenzó a reírse—. Esto no ha hecho más que empezar".

"—A veces en la vida uno promete cosas que no puede cumplir. No digo que este sea el caso claro, pero en determinadas ocasiones uno intenta no tener en cuenta su naturaleza y esta se rebela dando al traste con todas nuestras buenas intenciones. Debemos ser conscientes de quienes somos realmente, de cuáles son nuestros anhelos y deseos y perdonarnos si no somos capaces de mantener nuestros principios morales sobre nuestros deseos más ardientes".

"Cuando lo vio aparecer por el final del pasillo, no esperó a que se acercará. Se dirigió a él y le dio un puñetazo con todas sus fuerzas en la mandíbula. Cayó al suelo con una expresión de sorpresa. 
—¡Maldito cabrón! ¡Voy a matarte!—gritó Emilia invitándolo con un gesto a que se levantase. 
—Buenos días a usted también, inspectora Larsson".

"La nota iba dirigida a la inspectora Emilia Larsson. Había dudado qué escribir en la nota, pero al final se decidió por un mensaje sencillo y directo.
“Su vida es un regalo para usted inspectora Larsson, pero no abuse de mi clemencia, sobre todo porque no tengo”.

"Cuando se despidieron y volvió de nuevo a la clínica, iba tan absorto en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que alguien había sido testigo de su encuentro con Matt y de que ahora iba justo detrás de él.
—Martin, ¿qué tal? —dijo una voz a sus espaldas que hizo que un escalofrío subiera por su espalda. 
—Hola, Ronan —respondió nervioso—. He salido a pasear un rato. 
—Vaya que casualidad, yo también vengo de pasear un rato. —Notó la ironía en su voz. 
Ambos hombres se miraron y supieron al instante que los dos estaban mintiendo. Por mucho que lo intentó, las manos de Martin no dejaron de temblar hasta que cerró la puerta de su habitación".


"—Gracias —dijo desde atrás Travis acercándose a ella y dejándose caer a su lado.
—Justicia poética creo que lo llaman —dijo sin mirarlo. 
Sacó su placa y la puso en la mesa frente a ella a sabiendas de que quizás nunca más volviera a su lugar. Y pese a todo no pudo evitar que le saliera una sonrisa cuando lo pensó. Apoyó su cabeza en el hombro de Travis, quien había colocado su placa y su arma junto a la de Emilia, y cerró los ojos. Aquel horror había terminado por fin y ellos seguían vivos, aunque sus cuerpos, y sobre todo sus almas, estuvieran un poco más rotos".







Desireé Romay

jueves, 10 de marzo de 2022

Citas: Mi hermana y yo - Friedrich Nietzsche

  
 "Anoche tuve un sueño. ¿O debiera decir una pesadilla? Una pesadilla es algo que se eleva del subconsciente al consciente, plagado de sobresaltos y desazón, para castigar o asustarnos. Pero lo que me sucedió anoche fue un presentimiento frenético de felicidad. Si pienso en ello como en una pesadilla es porque, contrariamente a los sueños comunes, que se elevan y desaparecen en las sombras, éste era profundo y claro, y permanece todavía conmigo en lugar de desvanecerse".


"Por todo lo que ha pasado entre nosotros (directamente en nuestros años de infancia, y directa e indirectamente luego) no es, ni hermana ni ninguna de las otras cosas —consejera y sostén espiritual— como hubiera querido que yo y el mundo pensara que era. Para mí, Elisabeth es primeramente una mujer, el soleado y caluroso puerto hacia el cual gravita toda mí vida".

"El cementerio estaba tan luminoso y agradable que brilla poderosamente en mi sueño. 
Cementerios —esos palacios sin techo, de pobres y ricos por igual, que sólo visitamos cuando estamos obligados, y nunca nos desagradan o desengañan— son realmente las habitaciones más duraderas y acogedoras que construimos para nosotros. Invierno o verano nos saludan con sinceros brazos abiertos: Bienvenido, viejo amigo. ¿Así que has venido a ver el lugar de tu última morada?".

"La causa de mi cólera de ayer por la tarde fue la inesperada sugestión de mi hermana, de que lo mejor para mí sería dejar este horrible lugar e ir a vivir con ella al Paraguay.
(Esto fue sólo unos días antes de su retorno a ese país para arreglar sus asuntos.)
Yo pensaba que no te gustaba Paraguay, le recordé.
No para mí, admitió.
Entonces, ¿por qué para mí?
Para ti significaría la resurrección.
¿Como Jesús?
Se encogió de hombros. Ya empiezas a proferir sacrilegios".

"He estado pensando en usted durante tres días. Le escribo con la esperanza de que, haciéndolo, desterraré por fin su imagen de mi mente, con el objeto de poder dedicarme a asuntos más agradables a mis ojos, y provechosos para mi alma".

"Hay gente —la mayor parte ateos profesionales— que atribuyen el origen de su escepticismo religioso al hecho de haber sido criados en hogares sobrecargados de dogma religioso. Para mí fue completamente diferente. Cualquiera fuese el celo religioso que ocupara mi hogar —y nunca estuvo ausente de él—, lo aceptaba con la misma naturalidad con que se acepta el aire que ha de respirarse para poder vivir.
Dios podría haber sido un miembro de nuestra familia, tan distante como el abuelo Oehler, aunque no tan festivo".

"Cuando pienso en mujeres, lo primero que imagino es su cabellera. La idea principal de femineidad es una tempestad de pelo —pelo negro, rojo, castaño, dorado— y siempre con una apasionada boquita en algún lugar tras el espejismo de la belleza".

"Adelántanse los pies espontáneamente. Ciérranse los dedos en los puños. Levántanse las manos y caen como pistones de una máquina. Yo ni ante el más violento deseo me levanto. Me veo yacer, como otro apéndice vermiforme, entre mis muslos. ¿Cuánto deberá herir el amor para causar una hemorragia?".

"La gente pelea por muchos motivos y pasiones, pero la única vez que peleé con un arma letal y derramé sangre fue con un amigo. Después dé toda la tinta que utilicé en dicho tema, no sé realmente qué quiero decir con «una buena pelea». Quizás si la gente peleara con violines en lugar de espadas y esgrimiera pianos contra el prójimo en lugar de obuses…".

"Una conversación de tres o más personas se convierte en una palestra de las cualidades personales, aunque rara vez determina nada más importante que cuál de los participantes tiene la voz más estridente. Una conversación entre dos personas constituye dos monólogos con series de interrupciones más o menos pacientes".

"Si hubiera cedido a las llamadas de mi naturaleza primaria que en todo hombre clama por paz en el statu quo, hubiera podido ser tanto músico como teólogo. Sin duda, habría llegado a ser una gran mediocridad en cualquiera de los casos. Mi elección final, la de convertirme en filósofo, fue realmente un acto de profunda cobardía. En primer lugar, tenía miedo de jamás alcanzar la grandeza de un Wagner; y, en segundo lugar, no admitía ser el segundo violín de nadie, ni siquiera de Dios".

"Haced la prueba; puedo recordar a casi todos mis primeros maestros de música y a ninguno de los que me enseñaron literatura por vez primera. ¿Esto significa que es más fácil enseñar música o que los oídos son más agradecidos que los ojos?".

"Me sentí como un fugitivo cuando abandoné Bonn. No lo comprendí entonces. No era un fugitivo de Bonn, sino de la vida".

"La muerte no me dará la victoria sobre la vida, pero mi confesión me dará cierta inmortalidad, pues me atreví a rasgar el velo del Santo de los Santos, y mostrará el espíritu desnudo con todas sus llagas pútridas. Al elevarme del sueño de la vida no estoy en condiciones de desafiar la realidad de la condena desde el otro lado de la tumba".

"A pesar de sus inclinaciones incestuosas, Elisabeth ha sido para mí un padre y una madre. Sin su estricta disciplina, mi genio se habría anulado en mi temprana juventud cuando me di cuenta por vez primera que Dios estaba muerto y que estamos atrapados en el «vacío» de un torbellino, un caos de vida sin sentido".

"El gran final del arte es sacudir la imaginación con la fuerza de un alma que no admite la derrota aun en medio de un mundo que se derrumba".

"El amor de una mujer es en verdad un bálsamo para el alma herida, pero el incesto es un jardín cerrado, una fuente sellada, donde las aguas de la vida se secan y las flores recién abiertas se marchitan con sólo tocarlas".

"Así me retraigo interiormente en mi desesperación, y sólo recuerdo los besos culpables de aquella que cerró toda salida a la vida de amor, condenándome a un odio hacia Dios, hacia el hombre y hacia mí mismo que consume totalmente, y se agrupa a mi alrededor como un sueño sin forma, atrapándome en el terror de mí mismo; el miedo de un hombre que ha sido ensombrecido por el amor que él ha matado…
Amémonos los unos a los otros en unidad de pensamiento. Las palabras suenan en mi cerebro como una campana, una campana de anhelos que oscila en una torre de Tautenburg. Amémonos los unos a los otros… amémonos…".

"Mientras otros escritores se han ocupado sólo de describir los amores de la gente, yo he diferido para el final este insignificante tema. Ahora esta faz personal de la vida ha tomado total posesión de mí; ni el arte, ni la ciencia, ni la filosofía, sino el amor, ha usurpado el panorama de mi tambaleante existencia. No hay otra cosa para hablar sino del amor que nos elude y que buscamos apasionadamente como al hundido continente de la Atlántida sumergido bajo el océano del odio del mundo.
Concentrado en sí mismo, sombrío y solitario, mi cerebro cesó de alcanzar la vida del arte o de las ideas, y sólo corre implacable hacia el amparo de sus brazos, entre el rugido de los vientos y los furiosos lazos de la existencia.
¡Oh, Lou, deja que me rinda a mis instintos de pasión y gloria! ¡ Ay, es demasiado tarde, demasiado tarde, tú te has ido y mañana ya estaré muerto!".

"El mundo no ha sido aniquilado, sino yo; la naturaleza rechaza las ideas, aun las más nobles, a favor de la simple existencia animal: la «vida» es su propia meta, y todos mis pensamientos son como una paja menuda en el viento del destino cósmico".

"Despojado de mi último velo de ilusión —el poder de las ideas—, contemplo con terror el «vacío», pero todavía me aferró a la existencia, pues el solo hecho de vivir es lo único que me resta en el destrozado panorama del intelecto".

"En ausencia de todo deseo queda todavía el deseo de vivir, aun cuando cada hálito es una agonía, y la muerte contiene la promesa de aliviar el dolor. La muerte está en nuestro poder, pero la vida nunca, y como la vida nos rechaza nos aferramos a ella con desesperada firmeza, como un niño que agarra una lámina de acero. Lucho por la vida ahora, como luché por ella en las entrañas de mi madre, con el mismo pánico ciego, ya que temo el solo pensamiento de la existencia, pero ansío todavía penetrar en la luz del día".

"Si la «vida» nos ultraja, en cierto modo nosotros hemos ultrajado a la «verdad»".

"Nuestros primeros errores yacen en nuestra espera y estamos emboscados para la ruina".

"Esto me dejó sin un amigo, y fui un ermitaño en mi soledad. Hasta que aparecieron las lagunas de la locura y sucedió esto: ¡Al gritar contra la locura de Dios, enloquecí yo mismo!".

"Todo se puede adquirir en la soledad, excepto la cordura".

"Un hombre solamente puede vivir mientras esté ebrio, ebrio de vino, de mujeres, de ideas o de pasión mesiánica. Y en mi sed dionisíaca me he intoxicado con todo, aun con la humanidad de los monos de Darwin y de los positivistas.
Pero aunque pruebe, no puedo hacerme budista y emborracharme hasta la muerte".

"La idea de hundirme en la nada me horroriza; como a Dostoyevski, el glacial horror a la eternidad me vence; dormir un billón de años y nunca más ver el alba que se eleva sobre las montañas…; nunca más…, nunca más.
Por eso los hombres necesitan el mito de Dios. Sólo somos un conglomerado de partículas, accidentales y sin sentido, y este hecho es terrible de soportar. De ahí que
Dios o el hombre sea quien toma Su lugar en nuestra fantasia…".

"La muerte no es jamás mejor que la vida, a pesar de Buda y de los santos. Yo que muero, sé que no hay nada más trágico que un hombre muerto, ya esté bajo tierra o camine como un cadáver viviente a través del mundo, sin fe en la vida o en el futuro…".

"La soledad de una solterona es algo completamente diferente. La solterona se ha alejado paulatinamente del sistema rector de la naturaleza. No ha roto ninguna conexión vital porque nunca tuvo alguna para comenzar".

"¡Quizás yo mismo no sea nada! Pero ¿qué sucederá en el mundo como consecuencia de haber vivido yo en él unos pocos años infelices?".

"Los primeros poemas sólo fueron plácidas notas sobre los acontecimientos domésticos. Un acontecimiento combina su propia música cuando se está en perfecta armonía con él".

"Nadie ha tratado nunca de hacer que una maquinaria bélica parezca bella. El más hermoso general de un país nunca tuvo mejor aspecto que el más rústico de sus herreros".

"Cuando se desarrolló la guerra de Troya a causa de ella, Helena no era más que una mujer. Las crónicas de esa guerra, que fueron escritas mucho tiempo después que finalizara, la elevaron a la categoría de diosa".

"El amor al bienestar y el amor al saber son las dos fuerzas que mueven la tierra, y lo que se da a uno debe quitársele siempre al otro".

"Voltaire era Francia que hacía una profunda y larga aspiración del aire inglés de libertad intelectual".

"Stendhal se preguntaba cómo hacía un francés para no pensar como todos los demás.
Si notara lo poco que un francés piensa, se sentiría seguramente muy decepcionado".

"Sólo se puede observar con asombro los pies de las estatuas griegas. Es difícil creer que con tales pies un pueblo puede haberse permitido aún la interferencia de las sandalias, o arriesgarse a caminar bajo un sol tan fuerte. Si nosotros tuviéramos esos pies, probablemente los hubiéramos arruinado curándolos".

"Entre todos los sueños del mundo moderno, el de los pacifistas es el más necio y tan cercano a la sinceridad como ella lo está del vicio. Ningún pueblo, excepto el de los judíos, trató de abstenerse de la conquista, y ninguna nación pudo mantenerse unida sin regar continuamente sus raíces con conquistas adicionales. Una nación que ha abandonado sus sueños de conquista, ha renunciado al sueño de vivir. Una nación pacifista es una nación que agoniza, si no está ya seguramente muerta".

"Para evitar que un animal continué por el sendero trazado por sus instintos naturales, es necesario por lo menos tirarle algo duro a la cabeza. Para obtener el mismo resultado con un hombre sólo se necesario conversar con él".

"En la mayoría de las comunidades civilizadas ha llegado a ser un crimen divulgar informes financieros equivocados que lleven a la gente a perder su dinero. Pero no hay una ciudad en el mundo en la que no se pueda tergiversar los hechos respecto a las costumbres e ideas de algunos de sus habitantes, hasta el punto de robarles el derecho a la existencia".

"Parecería, por lo tanto, que la ley pertenece a lo externo, al mundo infinito. Forma parte de una esfera de vida que no tiene fronteras, límites o cualidades; pues todas las fronteras son del infinito, todos los límites corresponden a cosas que no tienen fin, y todas las cualidades son de esencia absolutamente incomprensible".

"Una ley que tiene éxito y es necesaria en un ciclo de leyes, puede estar fuera de lugar y ser probablemente destructora en otro".

"La ley es una luz que en diferentes países atrae hacia sí especies diferentes de insectos ciegos".

"La identificación indiscriminada de las cosas a las cuales el lenguaje común le da el nombre de ley, era y sigue siendo una fuente de confusión. Cada vez que un jurista se desvía hacia la ciencia, abusa de la ley. Cada vez que un científico se convierte en legislador, cierra tras él la puerta de su laboratorio".

"El mayor mal de la ley civil es que su valor se estima por el valor de la palabra, y que la palabra ha llegado a ser la clave de su análisis y de su aplicabilidad. Se puede llamar a esto el espíritu «narcisista» de la ley, sólo que, en cualquiera de los casos, se ha perdido muy poco amor".

"En mi experiencia, lo que más me asombra es el modo inconsciente con que los hombres y las mujeres tienen por seguro que son los superiores naturales de la flora y de la fauna a su alrededor. ¿Qué sabemos, por ejemplo, de los animales, plantas y pájaros, que pueda justificar tal conclusión? En efecto, no tenemos mejor aspecto y algunas veces parecemos mucho peor. Una vez vi en el zoológico un animal con un rostro tan bello que tuve que pensar en San Francisco de Asís para compararlo en nobleza de fisonomía. Qué muestra extraordinaria de arrogancia, pensé cuando miraba la cara de la bestia, es suponer que lo que acontece detrás de esa frente peluda es de menor importancia que lo que sucede detrás de la de mí delgada piel".

"¿Cómo deberá ser el Superhombre? No es suficiente esperar de él que sólo sea capaz de sacar la lengua a los absurdos remanentes de un mundo muerto. Y es demasiado esperar de él que aprenda a gozar completamente de la vida en este planeta. Ya que jamás podremos sustraer de la vida del hombre la necesidad orgánica de decaer y morir".

"He encontrado en mi vida por lo menos cuatro personas que pensaban que haría un buen papel como centro de una religión. Tres de ellas eran mujeres. Esto me ha hecho desconfiar de la religión y también de las mujeres".

"He amado a Sócrates con un afecto que no sentí por ningún ser humano en la historia.
Le he perdonado aun su único gran pecado: la transformación de la razón en una fuerza tiránica".

"No hay felicidad en nada de lo que hacemos, excepto si lleva el sello de aprobación de la sociedad en que vivimos".

"Creo que lo que más me atrajo (al principio) de los escritos de Schopenhauer fueron su simplicidad y seriedad. ¡Qué alivio sentí después de la falta de pulcritud de Kant, la afectación de Fichte, la frialdad tiránica de Hegel! Schopenhauer, pensador tan grande como cualquiera de sus predecesores, no se avergonzaba de ser ante todo un escritor.
¿Cómo hizo Schopenhauer para llegar a conclusiones filosóficas tan cercanas a mí corazón, mediante experiencias personales tan diferentes de las mías? La única gran diferencia entre nosotros es que Schopenhauer, no comprendo cómo, pudo vivir en una paz envidiable a pesar de su desilusión".

"La angustia que acompaña a la pérdida de fe, puede constituir los dolores de alumbramiento del arte".

"Schopenhauer marcó una aguda línea entre él y Kant, cuando proclamó que el mundo era una idea suya y que la experiencia humana apenas entró en sus cálculos. Schopenhauer reabrió todas las puertas de la existencia cerradas por Kant, pero sólo extrajo observaciones amargas y sin esperanza de todo lo que vio. Me pregunto, ¿cómo puedo amar tanto en un mundo que él amó tan poco?".

"¿Por qué este permanente retorno sobre el tema de la salvación, como si nuestra vida en esta tierra no fuera más que un castigo constante?".

"Estamos condenados a la derrota en nuestras guerras, así como en nuestras filosofías".

"El hombre que ocupa el asiento frente a la puerta ante la cual debo pasar para cumplir mis diarias necesidades constitucionales, es bizco o lo soy yo. Uno de los dos haría bien en aprender a mantenerse alejado del camino del otro. ¿Y por qué me mira como si estuviera a punto de volar de un salto por la ventana, hacia la libertad?".

"Schumann y Schopenhauer son los dos polos de mí existencia. Ellos me han conducido a la admiración. Entre ellos me siento aplastado como entre las piedras del molino".

"Soy un hombre de genio. Por lo tanto, puedo permitirme sonreír o escupirle a usted".

"Los ricos dicen que el dinero no tiene verdadera importancia. No lo dan sólo de miedo a dañar, en aquellos a quienes pudieran darlo, el sentido de la apreciación de los valores. Personalmente, nunca quise dinero. Las únicas veces que pienso en él es cuando lo necesito".

"La soledad es lo que más me hace padecer aquí, aunque no es una sensación nueva para mí. Pero hay muchas clases de soledad. Existe la soledad de los lugares, la menos dañina de las soledades porque cuando se vive lejos de un lugar querido, nace la esperanza y el deseo de un futuro en el cual el espíritu humano puede felizmente confiar y trae consuelo. Existe también la soledad de una alta aspiración, la más bendita de las soledades, que involucra no sólo planes para sí mismo sino para la humanidad en general, y no necesita así cuidarse de las probables contrariedades que acarrea. Y por fin, está desgraciadamente la soledad que tiene una falta total de compensaciones, la soledad debida al fracaso del individuo para alcanzar un entendimiento común con el mundo. Ésta es la soledad más amarga de todas, la que corroe el corazón de mi existencia".

"Cada artista es la alegre fortuna de los pocos que lo entienden. El artista ha nacido para su público y su público ha nacido para él. A los ojos del cielo los dos son iguales".

"He estado enamorado de dos mujeres, quizás sólo de una, y estoy tan alejado de los ángeles como siempre".

"Una pelea entre filósofos debe tomarse tan en serio como una discusión filosófica entre dos albañiles".

"De súbito me miró con agudeza y clavó en mis ojos su peligrosa mirada.
¿Escribes algo aquí?, me preguntó.
He escrito bastante sobre el mundo, le dije. Deja que el mundo escriba ahora sobre mí".

"Brandes y Strindberg no son ahora los únicos que proclaman tu genio. Hay otros, muchos oíros. Hasta me han pedido que escriba mis impresiones sobre ti.
Me resultaba difícil creerlo.
¡A ti!
Sí, y me han ofrecido dinero también.
¡Pero no lo harás!
¿Por qué no?
No sabes nada de mí ni de mis ideas.
¿Quién puede saberlo mejor que tu propia hermana?
Sí, ¿y quién puede conocerme menos?".

"Aquellos que no traicionan a la «vida», la «vida» nunca los traiciona".

"He aprendido demasiado poco de demasiados maestros. La lectura de los clásicos y mis sueños con la garganta de Fraulein Raabe, me han aportado la única felicidad pura que pueda mencionar sin humillación".

"A medida que envejezco me fascinan más las ideas y me atrae menos la gente".

"No, el mundo no está descentrado, sino yo, su gran enamorado, el enamorado de lo natural, que nunca hice algo natural excepto si encontraba un acto artificial que pudiera reemplazarlo. Testimonio: no vivo, escribo".

"Mantengo la confianza en mi futuro hasta que recuerdo a Schopenhauer, con quien riño todas las mañanas y me reconcilio cada atardecer. A pesar de todos sus fallos era más perfecto, más puro, más inteligente de lo que yo seré jamás. Era aún más loco.
Excepto esto, puedo perdonarle casi todo".

"Un artista es un hombre que se adiestra como si fuera un dios, y, en cuanto a lo demás, se comporta como si su única oportunidad de obtener placer fuera la de actuar como un ser humano".

"En rigor, los individuos no tienen más valor por sí mismos que el que tienen cuando forman parte de las masas violentas. No son nada mientras viven, y son menos que nada después de muertos".

"No espero que ningún contemporáneo piense como yo, ni encuentre refugio en mi estilo particular de escribir y pensar. Pero, así como estoy seguro que cuando venga el médico me tomará el pulso y me sonreirá sin motivo con su acostumbrada idiotez, también lo estoy de que todos los sabios de hoy y de mañana tendrán este mismo fin: mi fin".

"¿Cómo te llevas con las personas de esta casa?, me preguntó Elisabeth el otro día.
Le contesté que me llevaba muy bien con los huéspedes, pero no sucedía lo mismo con los médicos, que eran un fastidio no sólo para mí, sino para el resto de los que la habitan.
Pero debes tener médicos, me dijo Elisabeth.
Así es. Es necesario tener médicos, escribanos y abogados, y Dios nos asista a todos".

"Si algún talento tengo es el de hacer enojar a la gente. Echo una lluvia de orina sobre el mundo, y en tales casos, el mundo nunca tarda en ofrecer reciprocidad".

"Si el mundo era tan malo como lo dejó Schopenhauer, yo, Federico Nietzsche, hice muy poco para mejorarlo".

"El arte no justifica el vivir, y ni siquiera se justifica a sí mismo. Ni el arte ni la vida reposan sobre la imprescindible necesidad de justificarse".

"Mis necesidades sexuales aumentan, no disminuyen. Solía pensar: Pronto, pronto esto terminará, y estaré en condiciones de ofrecer toda mi naturaleza apasionada a la filosofía. No sucede nada de eso, y ahora pienso que no sucederá nunca. La filosofía siempre será el segundo violín en las necesidades de mi naturaleza orgánica.
Es como morir en el fuego".

"La verdadera comprensión no está en el origen del átomo ni en las reglas de proporción, sino en aquello que casualmente estamos dirigiendo y nos parece bueno".

"Apiadarse de los demás es un deleite íntimo digno de un ogro. Apiadarnos de nosotros mismos es la más oprobiosa de la autodegradación. Si Dios realmente se apiada de nosotros, es que juega con dados cargados".

"Sabes, Fritz, que me muero, susurró.
Espero que no, tía Rosalía, dije fervientemente.
La esperanza no ayuda, Fritz. El hecho es que me estoy muriendo y apresurarás mí muerte si me haces examinar toda esta basura sobre lo que puede ser y no debe ser. Es importante reconocer que yo me muero y tú vas a continuar viviendo. ¿Nos entendemos?
Sí, tía Rosalía".

"Sí, para la felicidad; no para la verdad, se extiende a lo largo de la experiencia humana como el coro de una balada".

"Todo hombre nace prisionero del ancho, largo y profundidad de su conciencia. Así permanece hasta que descubre una cuarta dimensión, o, dicho en el lenguaje del populacho, hasta que compete la identidad de su propia alma. Probablemente la única manera de alcanzar la gracia es colocarse frente a un tren que se acerca rápidamente.
Si esto fuera así, la pólvora haría una contribución más importante que la filosofía para alcanzar la inmortalidad".

"Parecería que Dios ha creado todo en el mundo visible, excepto el color, mediante el cual el mundo se ha hecho visible. El hombre ha creado la buena educación. Pero, ¿para qué sirve esto si Dios no ha podido crear buenos hombres?".

"Sufrimos las angustias del hambre para tener la satisfacción ulterior de observar que seguimos siendo los mismos, deseamos más de lo que podemos tener o gozar, solamente para que se nos haga posible aceptar, aunque sea parte de lo que vemos, y de esta manera esperamos del cielo no haber desatinado nuestro pasado".

"La pasión es la identificación de la esperanza como vehículo hacia el futuro. La pasión es la única protección que tenemos contra la extraordinaria vanidad de nuestros deseos".

"El saber deriva primeramente del vivir. En segundo lugar de la investigación sobre las conclusiones a las que llegaron los que vivieron antes que nosotros. Una tenue mortaja es, finalmente, todo lo que nos llevamos a la tumba".

"La verdad es todavía esquiva. Sin embargo, ya no es una jovencita sino una vieja ramera a quien le faltan todos los dientes delanteros".

"La búsqueda de la verdad es todavía la forma de rebelión más grande y más sensata".

"La civilización es más que nada una lucha entre los diferentes estilos de ver el pasado".

"Los que no aman sabiamente, se desesperan del poder del amor".

"Elisabeth estaba destinada a entrelazar su vida con la mía, así como Byron estaba predestinado a combinar la suya con Augusta, su hermana mayor".

"Si los dioses no se precipitasen en torrentes de lluvia, ¿cómo habría aprendido el alma humana a estar triste?".

"El hombre que debe llevar estas notas a mí editor se está poniendo particularmente amistoso. Pero no sé si piensa que soy un filósofo o solamente un lunático. Esta mañana al encontrarme cerca de la ventana me preguntó qué buscaba en el mundo exterior.
No tiene más que seguir mí mirada, le dije. Si me ve mirando al cielo debe saber que lo que busco es un águila. Pero si mí contemplación es hacia la cantera allá abajo, es que busco un león.
¿Pero usted espera realmente poder ver un león en una calle de Jena?, preguntó.
Si usted tiene los ojos para verlo, ¿por qué no?, repliqué".

"Mí mejor conversación es conmigo mismo. Mis pensamientos nunca están más claros que cuando yo mismo los considero. Siento que toda mí reacción frente al mundo cambia en cuanto un nuevo saber salta a la escena…".

"Mis verdades absolutas son como cadáveres que se deshacen en polvo al ínfimo soplo del viento; bajo mí manto de Elias reptan las serpientes del orgullo y de la impostura".

"¿Por qué Lou no se entregó nunca completamente a mí? Porque su cuerpo le pertenecía; podía yo hacerlo mío en nuestra mutua necesidad de expresión erótica, pero siempre permanecía siendo suyo, ¡ su cuerpo y su alma!".

"Lo que perdemos, lo poseemos por siempre".





Friedrich Nietzsche

miércoles, 9 de marzo de 2022

Citas: Fragmentos de vida - David Coloma García

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"Espejos pálidos que reflejan unos esbozos.
Buscan a los que saben descifrar estos códigos".

(Introducción...)

"El frágil motor intenta arrancar,
la ayuda empieza a llegar.
La pintura morada cae lentamente,
se va imponiendo el rosáceo,
la tensión reina en el ambiente".

(Nacimiento)

"La fiera y sus arpías,
tenaces luchadoras.
Los aceros danzaban al son de melodía;
unas victoriosas, otras caídas".

(Lucha)

"Hoy el jardín emana existencia,
los otros olieron mi triunfo,
mañana el perfume de la ausencia
cubrirá mi mundo".

(Lucha)

"Ella estaba a mi lado,
desde el principio
no se ha separado.

Fuerza descontrolada,
huracán que todo lo arrasa
y yo débil y sin nada".

(Ella)

"Todos tenemos esa fuerza bestial.
No le tengáis miedo,
que el amigo miedo
es el único que la puede despertar.
Solo tú tienes las claves
que abren la oculta puerta
donde duerme la tempestad".

(La cara oculta del miedo)

"¡Amiga!
Déjate envolver por ellas,
son el prólogo de la presencia.
Están hechas de los sentimientos más puros,
perfumadas con fragancias de amistad,
desnudas de propósitos y vestidas con la verdad".

(Palabras)

"Me partí en tanto pedazos
que no sé cómo reconstruirme".

(Desolación)

"Las olas paradas,
las calles no hablan,
las bicis cansadas,
las vallas tiradas
y sigo yo aquí".

(Tristeza)

"Volver al inicio
sin ningún indicio,
estar al principio,
hacia ningún sitio".

(Tristeza)

"Esta canción,
esta triste situación, 
sale del fondo del corazón,
con aguda voz
para decir adiós".

(Tristeza)

"Puede que nadie venga
o se note mi ausencia; solo sé que, si me voy, ¿qué dejaré?".

(Epitafio)

"A veces no se puede describir
lo que uno puede sentir;
solo si le doy la palabra al corazón,
podrá contarlo en una canción.
Una suave melodía llena de gran expresión".

(Bella sinfonía)

"No nos damos cuenta de lo bellos que somos,
no nos vemos con buenos ojos
y buscamos fuera de nosotros".


(Bella sinfonía)

"De qué me sirve a mí,
tratar de triunfar,
tener toda la riqueza.
Si he de renunciar
y mi alma se condena.

(Bella sinfonía)







 David Coloma García

martes, 8 de marzo de 2022

Citas: Laberinto - Silvia Iglesias

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 "Hasta unos días atrás no había pensado que alguna vez fuera ella quien debiera huir del futuro inmediato, pero allí estaba, en un auto, rumbo al aeropuerto, dispuesta a marcharse sin saber siquiera si regresaría algún día".


"Al descender detuvo su mirada en el cielo y luego en los añosos árboles que bordeaban el contorno del aeropuerto, y mientras observabas sintió un ahogo en su garganta, recordó que jamás vio un cielo igual a otro y que el aire también olía distinto en cada lugar, y sabía que extrañaría mucho a esta Buenos Aires a la que la unían el amor y el dolor que conformaban su vida".

"Cuando la empleada le confirmó que había lugar y le emitió el pasaje a la ciudad suiza Paula logró serenar parte de su ansiedad, sin embargo, no lo suficiente para que luciera calmada; sabía que la libertad que buscaba sólo la obtendría si se marchaba ese mismo día y que únicamente yéndose podría evadir esa situación que le impedía vivir de acuerdo con sus sentimientos, sus principios, sus deseos".

"Sólo le quedaba despedirse y bastó con que lo mirara para que a ambos se les cubrieran los ojos de lágrimas, ella lo abrazó y en ese momento un fuerte temor la invadió, él lo percibió y trató de protegerla rodeándola con sus brazos. En cambio, él quedó a merced de su propio miedo a perderla definitivamente, justamente en el momento en que se sentía formando parte de su vida más allá de lo que lo había sentido en los últimos diecisiete años".

"Los recuerdos la atormentaban y la angustia y ansiedad que la dominaba la había agotado. Se sentía cansada como si hubiese corrido una maratón, y tensa cómo si todavía le quedara otra por rodar; se consolaba pensando en que tal vez al día siguiente podría comenzar a descansar".

"Con Marcelo habían recorrido todo el litoral de Brasil, juntos se habían sumergido en sus aguas, explorado sus arrecifes, allí fueron testigos de muchos amaneceres y de noches donde la luna brillaba con más intensidad que cualquier faro; allí habían consumado su amor por primera vez, de allí sólo tenía recuerdos hermosos, y navegando en ellos fue pasando el tiempo".

"Paula nunca podría olvidar aquel caluroso sábado de febrero, cuando la lluvia era sólo un sueño imposible, de tan azul que lucía el cielo y de tan ausente que estaba el viento".

"Paula se quedó en silencio, los ojos se le llenaron de lágrimas, el ahogo había inmovilizado sus cuerdas vocales y le producía un fuerte dolor, era como si algo presionara las paredes de su garganta y aunque quería no podía siquiera gemir; se quedó con la mirada fija en la nada, ni siquiera se movió cuando Mariano la abrazó con intenciones de confortarla. Estuvieron así varios minutos, él no paraba de llorar y contenía su quejido para no lastimarla más, ella sumida en sus pensamientos, muda de dolor, sus ojos manantiales interminables de lágrimas tibias, sintiendo que el mundo que había construido junto a Marcelo se estaba desmoronando bajo sus pies y no tenía de donde sostenerse para no caer también".

"—Yo soy la mujer del periodista que asesinaron, la gente que llamó al escribano para avisarle sabe algo, necesitamos en forma urgente saber quién lo llamó. - Los ojos se le llenaron de lágrimas sin quererlo, no era el dolor sino la imposibilidad de avanzar sobre los hechos la que quebraba su ánimo".

"Mariano fue la persona que más la acompañó en este tiempo difícil. Era el que se aparecía sin aviso en la oficina para invitarla a comer o tomar algo. Era el que organizaba salidas que la incluyeran. Fue el que se acercó a la joyería y les pidió que retuvieran los anillos y aunque Paula protestó por ello él se impuso cuando le explicó su parecer:
Ni siquiera sabemos si con esto te quería proponer matrimonio, o sólo sellar el compromiso que los unía desde siempre. ¿Qué vas a hacer con ellas? Lucirlas como una viuda, guardarlas como un recuerdo... La vida sigue, tu vida sigue, nada de lo que pasó puede modificarse, y no necesitas más pruebas que las que te dio en vida para saber qué relación los unía".

"Extrañar los proyectos truncos la conducía a culparse por no haber tratado de cumplirlos cuando todavía podía, y este sentimiento se sumaba a la angustia de la ausencia de ese hombre al que cada vez amaba más. Cuando tomó conciencia del camino por el que transitaba se vio envejeciendo a pasos agigantados y buscó una nueva motivación en su vida, el trabajo se le presentó como un refugio que le impedía continuar en esa acto la alejaba del dolor que esto le producía".

"Empezó a mostrarse como una gran profesional y se abocó a competir junto con sus compañeros por el deseado puesto de asociada; antes de que finalizara el año se había transformado en la mano derecha de uno de los socios. Para la mayoría de la gente este cambio había sido muy positivo y creían que esos ocho meses le habían bastado para superar el duelo; para sus amigos esta transformación no era más que la clara muestra de que interiormente el dolor seguía estando tan vivo como al principio".

"Le resultaba extraño poder estar concentrado en el contrato y en ella a la vez, ya que no hacía más que registrar cada movimiento como tratando de retenerla en su memoria, mientras la acariciaba con el pensamiento".

"Paula y Mariano salieron del diario con la sensación de haber vivido el día más largo de sus vidas, pero apenas eran las ocho de la noche".

"Estoy cambiando, puedo aprender, lo que no puedo es vivir sin ti.
No me entiendes, no creo que los valores morales se impongan por la necesidad de agradarle a alguien, y lo que yo creo es un delito, y de hecho lo es porque le costó la vida a mi pareja, para ti no. Lo que para ti es un negocio, para mí es un grupo de personas peligrosas porque son capaces de matar, reunidas tras un objetivo, y que no se preocupan por el daño que causen para lograrlo. Ni yo te entiendo ni tú me entiendes, Diego entre nosotros hay un abismo y ninguno de los dos lo puede cruzar".

"¿Es un adiós en cuotas?
 No, ayer te dije adiós".

"Es lo mejor, lo más seguro... dijo Paula.
No pudo decir más, cómo esa vez cuando apenas tenían trece años la tomó de las manos y la besó en los labios dulcemente, sólo que esta vez ella le respondió y pronto estuvieron besándose con tanta pasión como jamás ella creyó pudiera sentir por él. Su corazón comenzó a latir cada vez con más fuerza y le aflojó la corbata sin dejar de besarlo, y le quitó la camisa y así continuaron hasta que desnudos sobre las ruidosas sábanas se entregaron el uno al otro por entero sin guardarse nada, como él lo había soñado tantas veces y como ella jamás pensó que desearía hacerlo. Estaba traspasando la última frontera, de la que no tendría retorno, lo sabía, pero no le importaba. Después de todo lo ocurrido en este tiempo acababa de descubrir que si iba a luchar por un futuro era para sentir la libertad de hacer y sentir lo que quisiera.
Después de amarse fue ella quien quiso despejar toda duda:
No te imagines nada, sólo sentí el deseo de hacerlo, aunque debo confesarte que nunca creí que esto ocurriera. Pero nada cambia de lo que te dije antes, no puedo prometer nada si ni siquiera sé si deseo que vuelva a pasar".








Silvia Iglesias