jueves, 23 de junio de 2022

Citas: La villa vil - Lemony Snicket

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 "SEAS quien seas, vivas donde vivas y te persiga quien te persiga, tanta importancia tendrá a menudo lo que leas como lo que no leas".


"—A nosotros nos da igual no salir en la prensa  contestó Klaus—. Además, los Quagmire son trillizos, no gemelos.
—El fallecimiento de su hermano altera su identidad —replicó el señor Poe contundente—, pero no tengo tiempo para discutir esas cosas. Tenemos que encontrar...".


"—Poe al habla —contestó por el auricular—. No. No. No. Sí. Sí. Sí. No me importa. Adiós —el señor Poe colgó, tosió en su pañuelo blanco, se limpió la boca con él y se volvió de nuevo a los niños—. Bien, esta llamada telefónica ha resuelto todos vuestros problemas —dijo sin más.
Los Baudelaire se miraron. ¿Habían detenido al conde Olaf? ¿Habían rescatado a los Quagmire? ¿O acaso se había inventado el modo de regresar al pasado y habían rescatado a sus padres de aquel pavoroso incendio? ¿Cómo era posible que todos sus problemas se resolvieran con la llamada telefónica de un banquero?
—¿Plinn? —quiso saber Sunny.
El señor Poe sonrió.
—¿Conocéis el aforismo «Para criar a un niño hace falta todo un pueblo»?
Los niños se miraron de nuevo, un tanto desesperanzados. La cita de un aforismo, al igual que el ladrido de un perro o el olor a brócoli podrido, rara vez indica que vaya a ocurrir nada bueno. Un aforismo no es más que una serie de palabras ordenadas de modo que suenen bien, pero suelen pronunciarse como si transmitieran un mensaje enigmático y lleno de sabiduría".

"—Pero ¿qué significa VFD? —preguntó Violet.
—La Villa de la Fabulosa Desbandada —aclaró Héctor—. En memoria de la primera vez que vieron a los cuervos alzar el vuelo. En este pueblo todos son muy amantes de las aves...
—¿Ése es el secreto de las siglas VFD? —interrumpió Klaus—. ¿La Villa de la Fabulosa Desbandada?
—¿El secreto de las siglas? —inquirió Héctor—, no es ningún secreto. Todo el mundo sabe lo que significan esas siglas".

"Héctor se disponía a abrir la puerta de su casa, pero se detuvo un momento y dirigió una mirada extraña a los Baudelaire: —¿Has dicho poeta? ¿Y qué clase de poesía escribe?
—Hace pareados —respondió Violet.
Héctor les dirigió una mirada aún más extraña. Dejó en el suelo el equipaje de los niños y hurgó en el bolsillo de su pantalón de peto.
—¿Pareados? —repitió.
—Sí —afirmó Klaus—. Versos rimados de dos líneas.
Héctor les dirigió una de las miradas más extrañas que jamás les habían dirigido y, acto seguido, sacó la mano del bolsillo y les mostró un papel enrollado en forma de diminuto cilindro.
—¿Algo así? —preguntó, desenrollando el diminuto cilindro.
La luz mortecina del crepúsculo obligó a los Baudelaire a forzar la vista para leer lo que allí había escrito, y una vez leído, volvieron a leerlo, por si la luz les había gastado una mala pasada y aquellos versos, escritos con trazos poco firmes pero con una caligrafía familiar, de verdad decían lo que sus ojos creían haber leído: Son los zafiros la causa de nuestro sinvivir.
Un horror que sólo vosotros podéis concluir".

"LOS hermanos Baudelaire clavaron los ojos en el papel, luego en Héctor y de nuevo en el trozo de papel. Después clavaron los ojos en Héctor otra vez, luego en el papel, luego en Héctor una vez más, de ahí volvieron al papel, del papel a Héctor y así una y otra vez. Se habían quedado con la boca abierta, como si fueran a decir algo, pero no encontraban las palabras para expresarse.
La expresión «quedarse estupefacto» se emplea cuando se recibe una sorpresa tal que la cabeza nos da vueltas, nos tiemblan las piernas y se nos electriza el cuerpo entero, como si de repente cayera un rayo del cielo azul y despejado y nos partiera en dos. A menos que seas una bombilla, un electrodoméstico o un árbol harto de la posición vertical, no es nada agradable que un rayo te fulmine, y los Baudelaire, estupefactos en los peldaños que conducían a la vivienda de Héctor, tuvieron la desagradable sensación de que la cabeza les daba vueltas, las piernas les temblaban y el cuerpo se les electrizaba.
—Caray, chicos-dijo Héctor—. Nunca había visto caras de estupefacción semejantes. Vamos, entrad y sentaos. Ni que os hubiera partido un rayo".

"—El mensaje es el siguiente —dijo la tercera anciana, mientras inclinaba la cabeza hacia ellos de tal modo que pudieron observar todas y cada una de las plumas de fieltro que adornaban su chistera cuervo—: El conde Olaf ha sido detenido.
Los Baudelaire se quedaron estupefactos, como si el cielo hubiera descargado un nuevo rayo sobre ellos".

"AUNQUE «precipitarse al sacar una conclusión» es una expresión más que una acción, resulta tan peligroso como precipitarse al vacío o como precipitarse a subir a un tren en marcha. Si te precipitas al vacío, hay muchas probabilidades de que el aterrizaje sea doloroso, a menos que haya algo debajo que amortigüe tu caída, como una masa de agua o una enorme montaña de pañuelos de papel. Si te precipitas a subir a un tren en marcha, tienes también muchas probabilidades de que la travesía resulte dolorosa, a menos que vayas vestido con un traje a prueba de subida a trenes o algo semejante. En resumidas cuentas, que siempre que se trate de precipitarse, es mejor hacerlo en un lugar seguro o no moverse del sitio. Por otra parte, es difícil no precipitarse cuando se sacan conclusiones precipitadas, y es imposible hacerlo en lugar seguro, pues «sacar conclusiones precipitadas» significa precisamente que uno da algo por cierto, aun sin saber si ese algo es cierto o no. Al recibir la noticia de la detención del conde Olaf, los Baudelaire se precipitaron al concluir que era cierta".

"TOMAR en consideración una idea, al igual que tomar en consideración a un primo de corta edad o a una jauría de hienas, es algo que hay que tomar muy en serio. Si a ese primo no se le toma en consideración, puede que el pequeño se aburra y acabe decidiendo dar un paseo por ahí y tirarse por un pozo. Y si nos negamos a tomar en consideración a una jauría de hienas, quizás éstas se pongan nerviosas y decidan devorarnos. Pero para no tomar en consideración una idea —frase un tanto ampulosa que viene a decir lo mismo que no tenerla en cuenta— hay que ser mucho más valientes que para enfrentarse a una simple jauría de animales sedientos de sangre o a unos padres molestos porque acaban de encontrar a su hijo querido en el fondo de un pozo, pues cuando a una idea no se la toma en consideración, no se sabe hasta dónde puede llegar, sobre todo si la idea la ha tenido un ser vil y siniestro".

"Violet dejó escapar un bostezo.
—Hablando de poesía, ¿por qué no comentamos los poemas de Isadora? Aún no hemos averiguado dónde tienen escondidos a los Quagmire; además, si hablamos, nos será más fácil mantenernos despiertos.
—Buena idea —dijo Klaus y recitó los pareados de memoria: Son los zafiros
la causa de nuestro sinvivir.

Un horror que sólo vosotros podéis concluir.
Recordad que sólo al alba podemos hablar.
Triste pico este que sellado ha de estar.
Id leyendo y analizando estas listas.
De manera inicial llegan nuestras pistas".

"—No podíamos dejaros aquí tirados —dijo Klaus—. Ni siquiera se nos pasó por la cabeza esa idea.
Isadora sonrió, dio una palmadita a Klaus en la mano y continuó: 
—Mientras intentábamos ponernos en contacto con vosotros, Olaf ideó un plan para hacerse con vuestra fortuna, a la vez que se deshacía de un antiguo enemigo.
—Te refieres a Jacques —dedujo Violet—. La primera vez que lo vimos, en el Consejo de Ancianos, intentó decirnos algo. ¿Por qué llevaba el mismo tatuaje que Olaf en el pie? ¿Quién era?
—Su nombre completo —respondió Duncan, hojeando su libreta— es Jacques Snicket.
—Ese nombre me suena —observó Violet.
—Claro —dijo Duncan—. Jacques Snicket es hermano del señor que...
—¡Ahí están! —gritó una voz".









Lemony Snicket

domingo, 19 de junio de 2022

Citas: Eu sobrevivi ao Holocausto - Nanette Blitz Konig

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 "Será que pressentimos aquele momento em que nossa vida é virada de cabeça para baixo, e o que uma vez tratamos como familiar passa a não mais existir? Será que eu soube o exato instante em que o curso de minha vida seria alterado para sempre? Às vezes penso naqueles momentos de infância, recordo-me de tempos com meu pai, minha mãe e meus dois irmãos. São lembranças tão distantes que chego a me esforçar para que a tonalidade em branco e preto delas não se apague ainda mais".


"Pego uma foto e observo meus pais felizes em seu casamento: foram momentos tão bons, tão cheios de amor, que me deixam feliz por ainda não tê-los esquecido. A infância me remete a sorrisos, a risadas, à leveza e à liberdade. Rostos tão alegres, tão puros, condenados à inexistência pelo simples acaso do destino de terem nascido judeus".

"Os campos de concentração eram lugares para os nazistas extinguirem o povo judeu. Para eles, ali não existia família ou ser humano".

"No final de 1941 foi comunicado que os judeus não poderiam frequentar a escola que bem entendessem (afinal, que pretensioso de nossa parte, não?). Na Holanda foram criados 25 colégios judaicos, e eu deveria passar a frequentar um destes. Não sei ao certo qual foi a minha sensação naquele momento. Era simplesmente o que deveríamos fazer e assim foi feito, mas imagine para uma menina de doze anos, com toda a sua curiosidade pelo mundo e realizando descobertas sobre si, ter que mudar todo o seu conceito de vida de uma maneira abrupta".

"Foi nesse novo colégio judaico que eu conheci uma menina magra, bonita, de sorriso cativante e que chamava a atenção de todos por suas histórias e frases inteligentes: Por uma mera coincidência do destino, eu e Anne Frank ficamos na mesma escola e na mesma classe".

"Todos eram judeus ali, entre professores e alunos, algo que foi se tornando muito
dramático ao longo da guerra. No primeiro ano havia 30 alunos na minha sala; no segundo éramos apenas dezesseis. As pessoas simplesmente desapareciam e não sabíamos nada sobre elas, não se comentava nada.
Estariam escondidas ou teriam sido deportadas? No final de junho de 1942 já havia sido noticiado na imprensa holandesa que os nazistas decidiram enviar os judeus para campos de trabalho forçado na Alemanha".

"A mim, é impossível compreender como Hitler conseguiu tal empreendimento: transformar homens e mulheres em seres brutais, sem o mínimo senso de humanidade. Este seria só mais um dos momentos de questionamento.
Depois de setembro de 1943, enquanto permanecia a caça aos últimos judeus escondidos, a Holanda foi declarada como sendo livre de judeus.
Empresa de mudanças contratada pelos nazistas para esvaziar os lares dos judeus deportados".

"O que sentir nesse momento, além de medo? Não há outra sensação que eu me recorde de conviver tanto nesse período; o medo havia se tornado o meu melhor amigo".

"Não teria alguém para nos ajudar no caminho? Não poderiam ter feito algo? De fato, todos estavam muito aterrorizados para fazer qualquer coisa. Ajudar um judeu poderia significar a morte".

"Ainda não sabíamos ao certo para onde os transportes nos levariam, mas o conhecido era sempre melhor que o desconhecido, e já sabíamos sobre a existência de campos de extermínio".

"Na época da guerra, não sabíamos o que havia acontecido àqueles deportados para outros campos.
A falta de informações proporcionava uma sensação horrível. Pessoas desapareciam – pessoas que você ama, com as quais você convivia todos os dias – e não havia nada a fazer. Começávamos a imaginar o que poderia ter acontecido, mas não havia rastros. E estávamos vivendo a mesma situação, também sem ter certeza do que nos aconteceria no futuro próximo. O que seria feito de nós?".

"Conviver com a falta de higiene é algo que tira a dignidade de qualquer ser humano. Quando se é obrigado a viver em um ambiente desses, sente-se extremamente humilhado".

"Diante de todo aquele sofrimento, diante de tudo aquilo que estava acontecendo com o povo judeu e outras minorias consideradas inferiores pelos alemães, muitos se perguntavam: onde estaria esse Deus que havia deixado tudo aquilo acontecer? Como permanecer com fé, assistindo a toda a desgraça que presenciávamos? Certamente, esse era um questionamento viável para aqueles que sofriam".

"Como poderíamos celebrar a data de nosso nascimento quando havia mais expectativa de morte do que vida? As pessoas faleciam e não havia tempo para lamentar; deveríamos seguir em frente e tentar sobreviver por mais um dia". 

"Estar viva já se mostrava um milagre para mim, depois de tudo que havia passado. Ainda teria,
porém, que lutar muito para sair daquele lugar; sozinha, eu enfrentaria as piores situações e encararia a morte".

"Era um inferno viver em meio a tantos cadáveres espalhados ao seu redor, toda vez pensava com desespero:
“Meu Deus, também farei parte dessas pilhas? Vou ser a próxima a morrer e a ficar jogada dessa forma, como um nada, como alguém sem nome?”.

"Em Bergen-Belsen, eles também tentariam se livrar dos arquivos que continham os dados dos prisioneiros e os relatos de toda a maldade que acontecia ali. Além disso, havia a identificação dos membros da SS que trabalharam lá, algo que poderia ser um problema enorme para esses indivíduos caso a Alemanha realmente saísse derrotada da guerra. A responsabilidade daquilo que haviam feito começava a pesar em seus ombros.
Foi nesse cenário que um dia, de repente, percebi que no local em que eu estava não existia mais a cerca. Eu não podia acreditar no que viam meus olhos! Isso aconteceu sem aviso algum, sem explicação alguma! Talvez fosse um indício de que algo maior estaria mudando o rumo da guerra, mas eu só associei o fato com a possibilidade de conseguir procurar Anne e falar com ela.
Atravessei o espaço que antes não me era permitido e segui em frente. Era uma reduzida sensação de liberdade: não uma liberdade total, obviamente, mas já poderia dar mais passos do que antes; agora havia mais a explorar. E eu estava determinada a atingir meu objetivo!
Andei ao redor do campo procurando Anne. Torcia intimamente para encontrá-la, afinal, havia uma grande possibilidade de ela estar morta, já que não era muito difícil morrer ali. No entanto, segui com minhas esperanças.
Da mesma forma que o destino pode nos colocar em situações extremamente difíceis, ele também pode nos trazer presentes que vêm carregados de bons presságios. Eu poderia estar em um campo de concentração, debilitada, mas encontrar Anne seria uma felicidade! E foi assim que o destino, o acaso, me levou até ela. Eu nem acreditava que a havia encontrado – e ainda viva!
Não me contive de ansiedade e felicidade e gritei: “Anne!”. Ela ouviu seu nome ser chamado, talvez se perguntando de onde estaria vindo aquele som que lhe era familiar, e virou seu rosto em minha direção com aqueles olhos e sorriso que eu tanto havia visto no Liceu Judaico. Foi um momento muito emocionante! Ela estava envolta em um cobertor, pois não aguentava mais os piolhos na sua roupa, e tremia de frio. Corremos para nos abraçar, e lágrimas caíam dos nossos rostos, lágrimas que possuíam todos os sentimentos misturados: lágrimas de alegria e alívio por termos nos encontrado naquele ambiente sem vida, lágrimas pela situação deprimente em que estávamos, lágrimas, também, porque naquele momento nós duas estávamos sem nossos pais, sem nenhuma proteção.
Ainda é um mistério para mim como pudemos nos reconhecer: dois esqueletos naquele lugar em meio a tantos outros que não conseguiam se diferenciar".

"Ainda encontrei Anne e Margot algumas outras vezes. Sempre conversávamos a respeito do que estávamos passando. Também contei que não estava mais com minha família e tudo o que tinha acontecido comigo. Infelizmente, não demorou muito para que nossos encontros cessassem. O destino não permitiria mais que déssemos suporte umas às outras; eu voltaria a estar sozinha ali.
Um dia não encontrei mais Anne. Fiquei sabendo por intermédio de outras mulheres que estavam no campo que ela não tinha sobrevivido. Margot e ela faleceram em março, ambas contaminadas por tifo. Margot um dia caiu da sua cama morta (já não tinha mais forças nem para sair da cama), e Anne morreu poucos dias depois, também debilitada pela doença".

"Podemos dizer que todos os que morreram não tinham mais vontade de viver? Não era isso que ditava sua vida em Bergen-Belsen. A sobrevivência era uma mera sorte, ou até mesmo um milagre".

"Nossa outra amiga que também esteve em Bergen-Belsen, Lies Goosens, esteve também no Campo Estrela mas não onde eu estava, e só viríamos a descobrir isso quando nos encontramos depois da guerra. Lies me disse:
“Você foi a única que abraçou a Anne; eu mesma nem consegui vê-la, apenas falar através da cerca e jogar um pouco de comida para ela”.
Realmente, meu encontro com a Anne foi muito especial e emocionante".

"Muitos sonhos foram destruídos durante o Holocausto, muitos sonhos que não tiveram tempo de ser realizados".

"Agora, era necessário reiniciar minha história em outro país e de outra forma. Eu ainda não sabia como iria fazer isso, como ia me sustentar com o pouco dinheiro que recebia do banco, mas estava determinada a lutar para me restabelecer. Afinal, eu não havia chegado até ali para desistir. As circunstâncias já haviam sido um pesadelo, e mesmo assim eu resistira. Então, seguiria lutando".

"Quem não viveu em um campo de concentração não pode imaginar que, mesmo quando você deixa o campo, o campo não deixa você, não há paz".

"Apesar de todas essas terríveis lembranças, fui forte o suficiente para sobreviver e seguir em frente, força que envolve superar todos os pesadelos e as angústias que guardo dentro de mim. Todos os sobreviventes do Holocausto guardam traumas dessas terríveis passagens da nossa vida, e cada um tem que lidar com seus próprios fantasmas. Eu nunca retornei a Bergen-Belsen, nunca conseguiria pisar novamente naquele lugar". 

"Nunca vou conseguir superar e aceitar tudo o que aconteceu comigo, mas vou permanecer falando até os últimos dias, para que ninguém jamais possa afirmar que isso não aconteceu, e para que o mundo não esqueça as dores que a intolerância pode causar. A minha vida eu dedico à minha luta, e assim eu farei até o fim".











Nanette Blitz Konig 

lunes, 13 de junio de 2022

Citas: El informe de Brodie - Jorge Luis Borges

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 La intrusa:


"Orillaron un pajonal; Cristián tiró el cigarro que había encendido y dijo sin apuro:
—A trabajar, hermano. Después nos ayudarán los caranchos. Hoy la maté. Que se quede aquí con sus pilchas. Ya no hará más perjuicios.
Se abrazaron, casi llorando. Ahora los ataba otro vínculo: la mujer tristemente sacrificada y la obligación de olvidarla"

El indigno:

"Todos nos parecemos a la imagen que tienen de nosotros".

"La amistad no es menos misteriosa que el amor o que cualquiera de las otras faces de esta confusión que es la vida. He sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola".

"Mientras dura el arrepentimiento dura la culpa".

El encuentro:

"Las cosas duran más que la gente. Quién sabe si la historia concluye aquí, quién sabe si no volverán a encontrarse"

Juan Muraña:

"Juan Muraña fue un hombre que pisó mis calles familiares, que supo lo que saben los hombres, que conoció el sabor de la muerte y que fue después un cuchillo y ahora la memoria de un cuchillo y mañana el olvido, el común olvido".

La señora mayor:

"Ya no sueño más que con muertos fue una de las últimas cosas que le oyeron decir".

"Nunca fue tonta, pero no había gozado, que yo sepa, de placeres intelectuales; le quedarían los que da la memoria y después el olvido. 
Siempre fue generosa. Recuerdo los tranquilos ojos claros y la sonrisa. Quién sabe qué tumulto de pasiones, ahora perdidas y que ardieron, hubo en esa vieja mujer, que había sido agraciada".

"Muy sensible a las plantas, cuya modesta vida silenciosa era afín a la de ella, cuidaba unas begonias en su cuarto y tocaba las hojas que no veía. Hasta 1929, en que se hundió en el entresueño, contaba sucedidos históricos, pero siempre con las mismas palabras y en el mismo orden, como si fueran el Padrenuestro, y sospeché que ya no respondían a imágenes. Lo mismo le daba comer una cosa que otra. Era, en suma, feliz".

"Dormir, según se sabe, es el más secreto de nuestros actos. Le dedicamos una tercera parte de la vida y no lo comprendemos. Para algunos no es otra cosa que un eclipse de la vigilia; para otros, un estado más complejo, que abarca a un tiempo el ayer, el ahora y el mañana; para otros, una no interrumpida serie de sueños".

"No nos maravillemos demasiado de ese presente que contamos por días y por noches y por los centenares de las hojas de muchos calendarios y por ansiedades y hechos; es el que atravesamos cada mañana antes de recordarnos y cada noche antes del sueño.
Todos los días somos dos veces la señora mayor".

"Pienso en los muertos de Cerro Alto, pienso en los hombres olvidados de América y de España que perecieron bajo los cascos de los caballos; pienso que la última víctima de ese tropel de lanzas en el Perú sería, más de un siglo después, una señora anciana".

El duelo:

"A Juan Osvaldo Viviano Henry James —cuya labor me fue revelada por una de mis dos protagonistas, la señora de Figueroa— quizá no hubiera desdeñado la historia. Le hubiera consagrado más de cien páginas de ironía y ternura, exornadas de diálogos complejos y escrupulosamente ambiguos. No es improbable su adición de algún rasgo melodramático. Lo esencial no habría sido modificado por el escenario distinto: Londres o Boston. Los hechos ocurrieron en Buenos Aires y ahí los dejaré".

"La vida exige una pasión".

"Sólo Dios (cuyas preferencias estéticas ignoramos) puede otorgar la palma final. La historia que se movió en la sombra acaba en la sombra".

El otro duelo:

"Ya que el olvido y la memoria son inventivos".

"Tendido el torso hacia adelante, los dos hombres ansiosos no se miraron. Nolan dio la señal.
Al Pardo, envanecido por su actuación, se le fue la mano y abrió una sajadura vistosa que iba de oreja a oreja; al correntino le bastó con un tajo angosto. De las gargantas brotó el chorro de sangre; los hombres dieron unos pasos y cayeron de bruces. Cardoso, en la caída, estiró los brazos. Había ganado y tal vez no lo supo nunca".

Guayaquil:

"Releo el párrafo anterior para redactar el siguiente y me sorprende su manera que a un tiempo es melancólica y pomposa".

"Además, confesar un hecho es dejar de ser el actor para ser un testigo, para ser alguien que lo mira y lo narra y que ya no lo ejecutó".

"Lo sucesivo del lenguaje indebidamente exagera los hechos que indicamos, ya que cada palabra abarca un lugar en la página y un instante en la mente del lector;más allá de las trivialidades visuales que he enumerado, el hombre daba la impresión de un pasado azaroso".

"Un poco al azar, pregunté:  
¿Usted es de Praga, doctor?
—Yo era de Praga —contestó.
Para rehuir el tema central observé: 
—Debe ser una extraña ciudad. No la conozco, pero el primer libro en alemán que leí fue la novela El Golem de Meyrink. Zimmermann respondió: 
—Es el único libro de Gustav Meyrink que merece el recuerdo. Más vale no gustar de los otros, hechos de mala literatura y de peor teosofía. Con todo, algo de la extrañeza de Praga anda por ese libro de sueños que se pierden en otros sueños. Todo es extraño en Praga o, si usted prefiere, nada es extraño. Cualquier cosa puede ocurrir. En Londres, en algún atardecer, he sentido lo mismo".

"Fui con él hasta la puerta de calle. Al despedirnos, declaró: 
—Excelente el café.
Releo estas desordenadas páginas, que no tardaré en entregar al fuego. La entrevista había sido corta.
Presiento que ya no escribiré más. Mon siège est fait".

El Evangelio según Marcos:

"Después del almuerzo, le pidieron que releyera los últimos capítulos.
Espinosa durmió una siesta larga, un leve sueño interrumpido por persistentes martillos y por vagas premoniciones. Hacia el atardecer se levantó y salió al corredor. 
Dijo como si pensara en voz alta: 
—Las aguas están bajas. Ya falta poco.
—Ya falta poco —repitió Gutrel, como un eco.
Los tres lo habían seguido. Hincados en el piso de piedra le pidieron la bendición.
Después lo maldijeron, lo escupieron y lo empujaron hasta el fondo. La muchacha lloraba. Espinosa entendió lo que le esperaba del otro lado de la puerta. Cuando la abrieron, vio el firmamento. Un pájaro gritó; pensó: es un jilguero. El galpón estaba sin techo; habían arrancado las vigas para construir la Cruz".









Jorge Luis Borges

jueves, 9 de junio de 2022

Citas: Paradero desconocido - Katherine Kressmann Taylor

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"¡Ya hace catorce años que acabó la guerra! ¿Te has dado cuenta de la fecha? ¡Qué camino más largo hemos recorrido como personas desde aquella derrota!".

"La vieja herida está curada pero, a veces, la cicatriz produce punzadas de dolor, amigo mío".

"Vivo censurándome, pero sigo igual. ¡Ay!, todos estamos atados a la misma noria. Somos vanos y deshonestos porque es necesario pasar por encima de quienes también son vanos y deshonestos".

"Las cosas son como son.
Pero siempre hay un refugio donde encontrar algo que sea auténtico. La charla íntima con un amigo ante quien nos despojamos de nuestra estúpida fatuidad, en quien encontramos calor y comprensión, con quien el egoísmo mezquino es impensable. Un refugio donde el vino y los libros le dan a la vida un significado distinto. Ahí hemos fabricado algo, que la doblez no puede tocar. En ese refugio estamos a nuestras anchas".

"Mi segunda carta era más de aliento que de advertencia y me han devuelto el sobre sin abrir, con un sello que sólo dice «Paradero desconocido» (Adresse unbekannt). ¡Qué palabras más ominosas! ¿Cómo es posible? Es sin duda señal de que le ha pasado algo. Quienes pusieron ese sello saben lo que le ha ocurrido. Pero yo no puedo saberlo. Ha caído en alguna suerte de vacío y será inútil buscarla. Es lo que me dicen en dos palabras: «Adresse unbekannt»".









Katherine Kressmann Taylor

domingo, 5 de junio de 2022

Citas: Psicoanálisis de Hitler - Robert Merle y Raymond De Saussure

 "Tomó nota, se entiende, no en su presencia, porque ello hubiera disminuido la espontaneidad de sus respuestas, sino inmediatamente después de salir de sus celdas. Hizo más: comprometió a algunos de ellos a escribir informes sobre su propia vida, sobre el movimiento nazi o sobre Adolfo Hitler".

"Abigarrado de informaciones, informaciones que él compara entre sí y critica, el análisis de Gilbert, trazado con una sobriedad convincente, no descuida factor alguno, público o privado, capaz de dilucidar ese singular destino. Una de las primeras impresiones que se deducen de ese estudio coincide con la que nos había dejado el bello libro de François-Poncet sobre su embajada en Berlín. Puede resumirse así: el destino de Adolfo Hitler fue la única cosa notable de un hombre que, por lo demás, ha sido absolutamente mediocre. Debemos desprendernos, pues, del mito romántico de los ángeles negros, de los azotes de Dios y de los monstruos históricos más o menos sagrados: un hombre puede hundir al mundo en el fuego y la sangre, sin tener en sí nada de excepciona. Porque no se le puede atribuir un valor extraordinario a lo que fue —fenómeno baladí en psiquiatría— el secreto del hombre que se llamó Hitler: la trasmutación de sentimientos de inferioridad y frustración en superioridad y en odios frenéticos extendidos a grupos enteros".

"La influencia recíproca del hombre y el medio es aquí evidente. Hitler no inventó nada. Alemania había vivido largo tiempo obsesionada por la glorificación de la raza, el odio a los grupos no-germanos, la manía de la persecución y el sueño grandioso de la ''misión histórica".

"No era sino un hombre alemán abstracto, y lo sabía. No podía, pues, hallar un canal para su furiosa necesidad de agresión, sino integrándose en el grupo más amplio y abstracto al que, como alemán,
podía por lo menos unirse: la patria. Y pudo hacerlo tanto mejor cuanto que la conciencia histórica de esa patria, herida por la derrota de 1918, hallábase, como la suya después de los fracasos reiterados de su vida privada, en plena evolución patológica. La derrota de Alemania era así la suya, y el desquite de Alemania sería también el suyo".

"Hitler pudo, sin dificultades, encarar esa conciencia histórica humillada, y muy pronto encarnarla a sus propios ojos, considerarse como su mesías. Había en él, realmente, un elemento mesiánico. En su espíritu se confundía totalmente con la idea que él representaba. Los temas de la conciencia histórica alemana se relacionaban íntima, profundamente, con los temas de su conciencia. Para él eran intensamente vivaces. Más aún, eran su vida, Hitler podía derramar verdaderas lágrimas sobre la persecución de la pobre Alemania por la Sociedad de las Naciones, porque lloraba, de hecho, sobre el pintor que la Academia de Bellas Artes de Viena —otra sociedad oficial— había desdeñado con tanta crueldad. Podía vibrar de odio y de repugnancia ante la idea de que los judíos pudieran pisotear la raza alemana, porque en Viena la muchacha que él amaba había preferido un judío".

"Porque esas ideas de poder y de odio que tantas generaciones de pedagogos alemanes habían desarrollado como sueños brumosos, complaciéndose en ellos pero sin creer absolutamente en su realidad, eran para Hitler de una verdad literal. Creía en ellos con todo su ser, con todo su pasado; eran su carne y su sangre. Y los exponía con el romanticismo frenético y ciego de un hombre sin cultura, sin criterio, y además petrificado en feroces prejuicios provinciales, animado de una estúpida xenofobia, hinchado de nociones librescas de autodidacto. Pero, en realidad, esos defectos, y su propia mediocridad, le servían. Era necesario ser singularmente estrecho y limitado para elevar los eternos temas vengativos de las clases medias alemanas a la dignidad (y a la eficacia) de una religión revelada".

"Pasó dos días llorándola sin tomar alimento alguno, y Goering hubo de arrancarle de allí casi a la fuerza para llevarlo a Hamburgo, donde había de pronunciar un gran discurso político. Ambos hombres se detuvieron por el camino en un hospedaje para pasar la noche. A la mañana siguiente, según el relato que Goering hiciera a Gilbert, sirvióse jamón en el desayuno, y Hitler de pronto alejó el plato diciendo: "Es como si comiera de un cadáver". Y a partir de ese instante, a pesar de cuanto se hizo por debilitar su decisión, nunca más tocó carne".

"Hitler tiene ahora un aliado. Se identifica con él y se siente más fuerte que su padre. Nútrese de esas lecciones de historia; ellas le consuelan de la prisión cotidiana que soporta".

"Durante toda su permanencia en Viena vivió marginado, roído por una constante insatisfacción. Es desocupado, incapaz de adaptarse a la existencia; entre los períodos de mendicidad pasa de un oficio a otro y de un fracaso a otro. Es tímido al punto de no atreverse a vender las tarjetas postales que pinta. Generalmente es tan apocado que ni siquiera consigue trabajar. Se siente distinto del prójimo y se retrae. No tiene amigos. Vegeta, abrumado por sentimientos de inferioridad, pero oculta, al mismo tiempo, sus ímpetus de revuelta, de orgullo y de vanidad".

"Tal es la fachada, tales son los síntomas de esta constitución histérica. Pero, ¿de dónde procede? ¿Cuál es el origen profundo de esas actitudes?
Hemos visto que Hitler no podía movilizar su libido en el mundo exterior. Como no podía amar a las personas, proyectó en ellas el sentimiento de odio que les profesaba. Se creyó odiado por todo el mundo, y sintió, por consiguiente, una gran nostalgia de ser amado para compensar su inquietud. De ahí esa necesidad constante de triunfos, esa inestabilidad de actitudes, ese oportunismo; de ahí, también, la necesidad de destruir a todos aquellos que no lo adoraban".




Robert Merle y Raymond De Saussure

miércoles, 1 de junio de 2022

Citas: Malditos corruptos asesinos - Ángel Di Cosimo

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"«El irresistible e hipnótico canto de sirena endulza mi mente»—. A pesar de la gris nebulosa que llena el espacio entre el sueño y la vigilia, en la mente de José Pulicier la escena aparece clara y vívida".


"El poder persiste en acosar a todos los argentinos que piensan distinto, y más aún, a los que damos a conocer las verdades que le molestan".

"Luego que le colocaron la banda presidencial, a Néstor Kirchner le entregan el bastón de mando, y ante la sorpresa de todos, se pone a  jugar con el símbolo de poder. Contento como niño con juguete nuevo, hace malabares con el bastón de mando mientras sigue los movimientos con su ojo estrábico".

"Transportados por la brisa otoñal que augura tormenta, los sonidos de la ciudad irrumpen en la aparente calma de su habitación. Buenos Aires vive de noche, y sus sonidos nocturnos se van apagando en un extraño silencio que durará hasta que la ciudad empiece a sacudirse las telarañas y entre suavemente en la mañana".

"—Perdón, me da permiso para salir, ¡por favor! —le pide de buena manera  José Pulicier. Desde la profundidad de su nido, el hombre abre sus ojos lagañosos y los vuelve a cerrar sin prestarle la menor atención. 
Disculpe, necesito salir —insiste José Pulicier, y es interrumpido por una voz áspera que no parece nacer de una garganta, sino del panal obstruido de los pulmones.
—Viviendo en la calle aprendí que nadie en realidad pide disculpas, eso sí, lo dicen por buenos modales, pero no porque lo sientan, así que en vez de pedir disculpas, debería ocupar-se de no hacer cagadas —le sugiere el hombre en tono irónico.
—No me he explicado bien. Lo que quería decir es…—intenta José Pulicier hacerle entender pero el hombre lo interrumpe.
—La vida de la calle me enseño que a veces es mejor callar, antes que opinar. Todo iría mucho mejor si gente lo aprendiera, y pensaría antes de opinar, ¿no le parece? —le pregunta con una sonrisa irónica, como si el solo hecho de estar en la calle le hubiese dado sabiduría.
—Si me lo permite, volveré a empezar — con brusquedad insiste José Pulicier, y el hombre negando con la cabeza, lo vuelve a interrumpir.
—En la vida, nadie puede volver a empezar. Sería genial si pudiéramos borrar el pasado, pero la vida no funciona así. Una vez que se ha hecho una cagada, lo mejor es que uno la limpie para que otros no se ensucien ni tengan que olerla, y una vez hecho, mejor olvidar. Quizá sea lo mejor, ¿cierto? —le pregunta con tono de advertencia, y se corre para dejarlo salir".

"La Presidenta se pone de pie, y antes de cruzar la puerta de la sala, se da vuelta con brusquedad y exige: —¡Muévanse ya, obedezcan! —“El mando es la razón de ser de mi vida y ejerzo el poder con mano de hierro, como siempre lo hice y sin importar quién”, se repite satisfecha para sus adentros".

"La jefa no necesita le-vantar la voz para que acatemos. Cuando estamos frente a ella es casi inevitable reportarle un respeto paralizante y desmesurado. Impresionan los ojos con que nos mira aunque le hagamos alguna sugerencia válida, pero con la que ella no está de acuerdo. Mete miedo. Se cree superior al resto de los mortales. Cuando habla no dialoga sino que monologa, pontifica. No le interesa lo que los demás piensan, solo le importa que la escuchen, porque cree que así aprendemos. Esta es una prueba más de que le encanta ocupar el centro del ring. Se siente imprescindible, como tocada por la varita mágica para marcar un punto de inflexión histórica. Es autoritaria y prepotente y, le apasiona que la admiren y le rindan pleitesía. Su personalidad es volcánica y no admite términos medios: o la aman o la odian. Aparenta  ser muy pasional, pero en realidad es una persona fría y calculadora".

"—¿Cómo está tu cabeza? —pregunta el Director al observar el gesto de preocupación.
—Estaría mejor si hubiera podido dormir otras cuatro horas —responde José Pulicier evadiendo el trasfondo de la pregunta.
—¡En qué pensaba tu cabeza cuando hiciste la nota editorial! ¿Acaso sabes en qué tipo de país vivimos?, a veces lo dudo. —agrega con una sonrisa irónica.
—Y eso qué tiene que ver con…
—Todo y nada. Ya lo veremos —El director lo interrumpe, y para relajar la situación se pone de pie y le sirve un whisky".

"José Pulicier acusa el golpe de la incisiva pregunta, y al recordar a su informante, siente de nuevo la punzada incómoda que había experimentado al terminar la nota editorial, y que el hoyo en el que se  ha metido, se convierte en un abismo".

"—Es lamentable que los argentinos no tengamos memoria, nos olvidamos de todo, hasta de recordar".

"—Los hijos de puta también amenazaron a mi hija.
—¡Joder, eso sí que es grave! Debes protegerla a toda costa. Una razón más para que sigas vivo.
Quizás por su juventud y porque se atiene a vivir solo el presente, rara vez Oriana Faliasi sentía miedo, pero de repente, el miedo apareció. 
¿Será por qué en ese instante su futuro profesional adquiría una importancia que no esperaba? Si bien se lo preguntaba, poco le importaba su futuro mediato, y menos si lo perdía. Era ambiciosa, claro que sí, pero la vida que por ahora imaginaba para sí, era la del simple vivir el momento.
—Acepto, cuenta conmigo —afirma plenamente convencida.
Oriana Faliasi se pone de pie, y cuando al salir casi termina de cerrar la puerta de la oficina, se paraliza al oír a su espalda.
—Una cosa más, ¡deja esa maldita puerta abierta! — le pide José Pulicier con una sonrisa irónica".

"—Luján, ¡a esta hora vamos a trabajar!, deja que se vayan —le pide la persona de Aduana a la agente de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, María Luján Telpuk.
—Estoy aquí para cumplir mi función —responde Luján, y al ver pasar las valijas por el escáner una despierta su sospecha, “el sexto sentido” que dicen. Observa algo parecido a seis tapas de libro pero con mucha densidad, así que llama al pasajero Guido Antonini Wilson, dueño de la valija.
—¿Qué pasa? —pregunta sorprendido Guido Antonini Wilson.
—¿Esta valija es suya? —quiero saber.
—Sí —confirma él sin dudar.
—¿Qué trae? —inquiero.
—Libros —me dice y es cierto, yo los veo pero no es lo único.
—¿Algo más? —insisto.
—Sí, unos “papelitos” — me dice haciendo un gesto como de “nada interesante”.
—Bueno, ábrala —. Mi pedido fue automático.
El semblante de Guido Antonini Wilson cambia totalmente, empalidece y empieza a su-dar, lo que me hace pensar que hay algo raro.
—Por favor; tome su valija, colóquela acá arriba y ábrala —le ordeno mientras del otro lado solo hay titubeos y demoras.
Abre el cierre de la valija y veo colocados de forma tan impune, porque no están ocultos, fajos de dólares metidos a presión como cuando a uno no le cierra la valija.
—¡Ah!, con que libros ¿eh? —exclamo sorprendida— ¿Cuánto dinero trae?
—Habrá unos 60 mil dólares —dice minimizando.
Como pretende tomarme el pelo, corro a comentarle a mi superior lo sucedido.
—Encontré un poquito de plata —le digo a mi jefe.
—¡Uh, Luján! —. Se agarra la cabeza. —¡La madre que lo parió!
—No, no pasa nada —. Intento calmarlo con mi inocencia de pueblo. 
—Al pobre hombre se le debe haber olvidado incluirlo en la declaración jurada —le digo con mi mejor sonrisa".






Ángel Di Cosimo

martes, 31 de mayo de 2022

Citas: Aquellas mujercitas - Louisa M. Alcott

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 "Las niñas ponían sus corazones en manos de su madre, y su alma, en las de su padre. Y ambos progenitores vivían y trabajaban por ellas. Su amor crecía día a día, y el dulce vínculo que les mantenía unidos era de esos que convierten la vida en una bendición y persisten más allá de la muerte".


"—Y te ruego que no me mires durante la ceremonia, porque si lo haces me echaré a reír.
—Ni me verás. Seguro que te pasas el rato llorando, de modo que lo verás todo como envuelto en una espesa niebla.
—Yo no lloro a menos que tenga una pena muy grande.
—Como cuando un viejo amigo va a la universidad, ¿eh? —dijo Laurie sonriendo.
—No seas tonto. Eché unas lagrimitas para no desentonar con el resto".

"—Laurie, muchacho, si alguna vez quieres hacer algo así, convence a una de esas muchachas y yo estaré encantado —dijo el señor Laurence mientras se acomodaba en su sofá para descansar después de la agitación de la mañana.
—Haré lo que pueda por satisfacerle, señor —repuso Laurie con una educación fuera de lo normal, mientras se quitaba con cuidado la flor que Jo le había prendido en el ojal".

"Ahora viene lo más serio… Es muy reciente, y Fred se acaba de marchar. Es un joven tan alegre y dulce que todos le tenernos mucho cariño. Yo siempre le vi como un compañero de viaje y nada más, hasta la serenata de la otra noche.
Entonces, comencé a intuir que los paseos a la luz de la luna, las conversaciones en el balcón y las aventuras diarias eran algo más que un simple entretenimiento para él. Mamá, te prometo que no he coqueteado con él… Recuerdo lo que me advertiste y he procurado seguir tus consejos. Yo no tengo la culpa de gustarle a alguien. No hago nada para que eso se produzca y me duele no sentir nada, aunque Jo opine que no tengo corazón".

"Una vez recostado, Laurie exclamó satisfecho:
—¡Esto es vida!
—Por favor, compórtate con propiedad —dijo Jo colocando a toda
prisa el cojín, aunque ya era demasiado tarde y no quedaba sitio. El cojín se deslizó hacia el suelo y desapareció misteriosamente.
—Venga, Jo, no seas arisca. Después de matarse a estudiar toda la semana, un hombre necesita y merece que le mimen.
—Que te mime Beth, yo estoy ocupada.
—No, no quiero molestarla. Pero a ti te gustan estas cosas, salvo que hayas cambiado de opinión, claro está. ¿Es así? ¿Acaso ahora odias a tu chico y prefieres darle con un cojín?".

"—Teddy, si has de dar salida a tus sentimientos, escoge a una joven «hermosa y modesta» a la que puedas respetar y no pierdas el tiempo con niñas tontas.
—¿Hablas en serio? —preguntó
Laurie mirándola con una mezcla de ansiedad y alegría".

"—No lo dudo, pero ¿es ésta la única razón para este repentino capricho?
—No, madre.
—¿Me puedes explicar tus otras razones?
Jo levantó la vista, luego la bajó y, sonrojándose, susurró:
—Tal vez esté equivocada y sea una simple cuestión de vanidad, pero temo que Laurie esté tomándome demasiado cariño.
—Entonces, ¿tú no le quieres del mismo modo en el que es evidente que él empieza a interesarse por ti? —La señora March parecía nerviosa mientras formulaba la pregunta.
—¡No, por Dios! Le quiero como le he querido siempre y me siento muy orgullosa de él, pero pensar en nada más está fuera de lugar.
—Me alegra oírte decir eso, Jo.
—¿Por qué?
—Porque no creo que estéis hechos el uno para el otro, querida. Como amigos, os lleváis muy bien y, aunque discutís con frecuencia, hacéis las paces enseguida, pero creo que si trataseis de ser una pareja no funcionaría. Os parecéis mucho y ambos valoráis demasiado la libertad (por no hablar de vuestra personalidad fuerte y apasionada) para que podáis ser felices juntos. Para que una relación prospere hacen falta una paciencia y templanza infinitas, además de amor".

"—Necesito pedirte un gran favor. Quiero que cuides algo por mí —comentó la noche antes de irse.
—¿Te refieres a tus manuscritos? —preguntó Beth.
—No, me refiero a mi chico. Sé buena con él, ¿de acuerdo?
—Por supuesto, así lo haré. Pero sabes que yo no podré sustituirte. Te echará mucho de menos.
—Estará bien. Recuerda que confío en ti para que le incordies, le mimes y le llames al orden en mi nombre.
—Lo haré lo mejor que pueda — prometió Beth, que se preguntaba por qué la miraba su hermana de un modo tan extraño.
Cuando Laurie fue a despedirse, se acercó al oído de Jo y le susurró:
—No servirá de nada, Jo. Estaré pendiente de ti. Mira bien lo que haces o iré a buscarte y te traeré de nuevo a casa".

"Cuando subía por las escaleras, después de la cena, oí a dos jóvenes conversar mientras se atusaban la barba ante el gran espejo del vestíbulo.
—¿Quién es la nueva? —preguntó uno.
—Una institutriz o algo así.
—¿Y por qué se sienta a la mesa con nosotros?
—Creo que es amiga de la señora.
—No está mal, pero no tiene estilo.
—Ni gota. ¡Venga, vamos!
Al principio, me enfadé, pero enseguida se me pasó, porque una institutriz es tan digna como el que más y, aunque carezca de estilo, por lo menos tengo inteligencia, que es más de lo que se puede decir de unos cursis elegantes que solo sirven para mirarse al espejo y echar humo como chimeneas".

"—¡Supongo que ahora tendrás unas buenas vacaciones!
—Ésa es mi intención.
Algo en el tono firme del muchacho hizo que Jo levantase la mirada enseguida y le descubriese observándola de un modo que no dejaba lugar a dudas: el momento que tanto temía había llegado. Alzó la mano para frenarle e imploró:
—¡Por favor, Teddy, no lo hagas!
—Sí lo haré y tendrás que escucharme. No sirve de nada callar, Jo.
Tenemos que aclarar este asunto y cuanto antes lo hagamos mejor para ambos —apuntó, a un tiempo animado y rojo de vergüenza.
—Está bien; entonces, habla. Te escucho —repuso Jo con una paciencia algo teñida de desesperación.
Laurie era un joven enamorado. Su amor era sincero y quería explicarse, aunque muriese en el intento. Abordó el asunto con la impetuosidad que le caracterizaba, pero con una voz que, de vez en cuando, temblaba, por mucho que se esforzase por comportarse como un hombre y mantener a raya la emoción.
—Te quiero desde que te conozco, Jo. No lo puedo evitar, siempre has sido muy buena conmigo. He intentado mostrarte mis sentimientos, pero no me has dejado. Ahora quiero explicártelo todo y necesito que me des una respuesta, porque no puedo seguir así por más tiempo.
—Quería evitarte esto, pensé que comprenderías… —comenzó Jo, consciente de que iba a resultar más duro de lo que esperaba.
—Sé que es así, pero las muchachas sois tan extrañas que uno nunca sabe a qué atenerse. Decís «no» queriendo decir «sí» y volvéis locos a los hombres por pura diversión —afirmó Laurie, atrincherado en aquel hecho irrefutable.
—No es mi caso. Nunca he pretendido que te intereses por mí en este sentido, y me alejé para evitarlo en la medida de lo posible.
—Lo suponía; es muy propio de ti, pero no ha servido de nada. Solo has conseguido que te quiera más y que me esfuerce más por agradarte. He dejado de ir a los billares y de hacer la clase de cosas que te desagradan, he esperado sin protestar con la esperanza de que correspondías a mi amor, aunque yo valga mucho menos que tú… —Llegado a este punto, la voz se le quebró y Laurie decapitó varios ranúnculos al tiempo que se aclaraba la «maldita garganta».
—¡Eso no es cierto! Tú vales mucho más que yo, y te estoy muy agradecida por todo… Me siento orgullosa de ti y te aprecio mucho. No sé por qué no soy capaz de amarte como esperas. Lo he
intentado, pero no puedo mandar en mis sentimientos y si afirmase sentir algo más estaría mintiendo.
—¿Estás segura, Jo?
Al formular la pregunta Laurie se detuvo en seco, le tomó las manos y la miró de un modo que ella no olvidaría jamás.
—Sí, estoy segura.
Ya estaban en el bosquecillo, a unos pasos de la cerca. Cuando Jo pronunció aquellas últimas palabras a regañadientes, Laurie dejó caer las manos y dio media vuelta, dispuesto a seguir adelante. Pero, por primera vez en su vida, era como si aquella cerca fuese insalvable, y se quedó allí, con la cabeza apoyada en los postes tapizados de musgo, tan callado que Jo sintió miedo".

"—¡Oh, Teddy, lo lamento, lo siento muchísimo! ¡Si sirviese de algo, daría la vida por ti! Quisiera que no fuese tan difícil. No puedo hacer nada. Nadie puede enamorarse a voluntad de otra persona —exclamó Jo, con poco tacto y llena de remordimientos, mientras daba unas tiernas palmadas en el hombro a su amigo y recordaba las muchas veces en las que él la había consolado en el pasado.
—A veces ocurre —musitó él sin apartar la cara de la estaca.
—No creo que eso sea amor de verdad, y prefiero no conocerlo — aseguró Jo con firmeza".

"Guardaron silencio un rato mientras un mirlo cantaba alegre en los sauces de la orilla del río y la hierba se mecía al viento. Al cabo, Jo añadió, muy seria, mientras se sentaba en un peldaño de la cerca:
—Laurie, hay algo que quiero compartir contigo.
Él abrió los ojos de par en par, como si acabase de recibir un tiro en la cabeza, y exclamó con fiera desesperación:
—¡Por favor, Jo, no me lo digas! ¡No podría soportarlo en estos momentos!
—¿A qué te refieres? —preguntó ella, sorprendida por la virulencia de su reacción.
—A que estás enamorada de ese viejo.
¿Qué viejo? —inquirió Jo pensando que debía de referirse a su abuelo.
—El maldito profesor sobre el que tanto escribías. Si me dices que le amas, cometeré una locura. —Y, por su aspecto, aquélla no era una amenaza vana; tenía los puños cerrados y un destello de cólera en los ojos.
Jo a punto estuvo de soltar una carcajada, pero se contuvo y, visiblemente emocionada, repuso:
—¡Teddy, no digas palabrotas! Ni es un viejo ni es un maldito; es una buena persona, un hombre muy amable, y es mi mejor amigo… después de ti, claro. Por favor, no te dejes llevar por tus sentimientos, quiero ser considerada contigo pero, si insultas al profesor, me lo pondrás muy difícil. Y estoy muy lejos de estar enamorada de él o de cualquier otro.
—Pero acabarás por enamorarte, y entonces ¿qué será de mí?
—Eres un muchacho sensato, de modo que te enamorarás de otra persona y olvidarás todo este asunto.
—No puedo amar a nadie más y nunca podré olvidarte, Jo. ¡Nunca! ¡Nunca! —dijo dando un taconazo para dotar de más fuerza a sus apasionadas palabras".

"—¿Algo más? —preguntó Laurie, al que le costaba escuchar pacientemente aquella retahíla de
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profecías.
—Nada más, salvo decir que no creo que me case jamás. Estoy muy bien así, valoro mi libertad y no tengo prisa por perderla a cambio de ningún hombre".

"—Algún día te arrepentirás de esto,Jo.
—¿Adónde vas? —exclamó ella asustada por la expresión del muchacho.
—¡Al infierno! —fue su reconfortable respuesta.
A Jo se le encogió el corazón al verle caminar en dirección al río, pero para que un joven termine con su vida de forma violenta hace falta que esté muy loco, sea un gran pecador o se sienta muy desgraciado, y Laurie no era un hombre débil que se dejase abatir por un primer fracaso. No tenía prevista una zambullida trágica en el agua, sino que fue, hecho una furia y guiado por un impulso, hacia su bote, arrojó el sombrero y el abrigo dentro y se puso a remar como un loco, batiendo su propio récord de velocidad, río arriba. Jo dejó escapar un largo suspiro y relajó las manos cuando comprendió que el pobre muchacho había decidido remar para desahogar la pena que sentía en el corazón".

"Jo le siguió para despedirle, sin saber si él miraría hacia atrás. Lo hizo y, al verla, volvió sobre sus pasos, la abrazó, la miró y preguntó con un tono elocuente y dramático:
—¡Jo, querida! ¿No es posible?
—Teddy, querido, ¡ojalá lo fuera!
Eso fue todo. Tras un corto silencio, Laurie se rehízo y añadió:
—Está bien, no te preocupes. —Y se marchó sin decir nada más. Pero no estaba «bien» y Jo sí se preocupó.
Porque desde aquel día en que el joven descansó su cabeza en su hombro minutos después de haber hecho la temible pregunta, ella se sentía como si hubiese apuñalado a un amigo y, cuando él se marchó, sin volver la vista atrás, supo que el Laurie que ella conocía no volvería jamás".

"—Y yo creí que tú estabas enamorada de él, Beth, y me alejé porque no podía… —exclamó Jo, contenta de poder decir la verdad.
Beth la miró tan perpleja que, a pesar del dolor, Jo no pudo evitar sonreír y añadir con dulzura:
—Entonces, ¿no estabas enamorada de él, querida? Yo imaginaba que sí y te suponía sufriendo por amor todo este tiempo.
—¡Oh, Jo! ¿Cómo iba a quererle si él estaba tan loco por ti? —preguntó Beth, con la inocencia de una niña".

"La gente sencilla y sincera rara vez habla de su devoción. En lugar de expresarla con palabras, la muestra con sus actos, que influyen en los demás más que una homilía o un sermón".

"—¿Hablarás con todos cuando volvamos a casa?
—Creo que se darán cuenta sin necesidad de que diga nada —respondió Jo con un suspiro, porque Beth parecía empeorar de día en día.
—Tal vez no, he oído que los seres que más nos aman suelen ser ciegos ante esta clase de cosas".

"—Mamá dice que Beth no se encuentra nada bien. A menudo pienso que debería volver, pero todos me alientan a quedarme; les hago caso porque soy consciente de que nunca volveré a tener una oportunidad como ésta —comentó Amy mirando muy seria una de las hojas de la carta.
—Creo que estás en lo cierto. En casa no podrías hacer nada y todos se sienten mejor sabiendo que estás bien, eres feliz y te diviertes, querida.
Al decir esto, se acercó un poco y volvió a parecer el Laurie de siempre.
Amy sintió que el miedo que a veces pesaba sobre su corazón disminuía porque la mirada del joven, sus gestos y aquel «querida» la hicieron sentir que, de ocurrir algo malo, no estaría sola en un país extraño".

"—Laurie, ¿cuándo vas a ir a ver a tu abuelo? —preguntó Amy poco después, cuando se sentó en un banco rústico.
—Muy pronto.
—Te he oído decir eso docenas de veces en las últimas tres semanas.
—No me sorprende. Las respuestas cortas evitan muchos problemas".

"—¿Qué diría Jo si te viese ahora? —preguntó Amy con impaciencia, esperando que la mención de su enérgica hermana lo hiciese reaccionar.
—Diría lo de siempre: «Déjame, Teddy, estoy ocupada». —Laurie se echó a reír, pero su risa no sonó natural y una sombra nubló su rostro por unos instantes, porque pronunciar aquel nombre tan querido había reabierto una herida que aún estaba por curar".

"Dame algo de tu naturaleza desinteresada, que, unida a tu divina caridad, te lleva a perdonar las afrentas en nombre del amor. Corazón bondadoso, ¡apiádate de mí!".

"—Entonces, no he desperdiciado mi vida. No soy tan buena como tú me pintas, pero he intentado hacer el bien y ahora, cuando ya es tarde para todo, me alegra saber que alguien me quiere tanto y siente que le he sido de ayuda en algo.
—Somos muchos los que lo sentimos, Beth".

"—¡Amy tiene razón! Tener talento no es lo mismo que ser un genio, y la genialidad no se puede alcanzar".

"Laurie temía que la tarea de olvidar a Jo consumiera sus fuerzas durante años pero, para gran sorpresa suya, descubrió que cada día le resultaba más sencillo.
Al principio, no daba crédito y hasta se enfadó consigo mismo porque no podía entender que así fuera, pero el corazón humano es curioso y contradictorio, y el tiempo y la naturaleza influyen en él aun en contra de nuestra voluntad".

"—¿Por qué no vuelves a escribir?
Eso te hacía feliz —le comentó su madre al verla un tanto abatida.
—No tengo ánimo para escribir y, aunque lo tuviera, mis obras no interesan a nadie.
—A nosotros sí. Escribe algo para nosotros y olvídate del resto del mundo".

"—Ya no soy la cabeza loca de antes, mamá, puedes confiar en mí. ¡Soy formal y sensata, la confidente ideal para cualquiera!
—Es verdad, querida, y tendría que habértelo contado todo, pero temí que te apenase saber que Teddy se había enamorado de otra mujer.
—Por favor, mamá… ¿De verdad creíste que podía ser tan tonta y egoísta después de haberle rechazado en el mejor momento?
—Sé que cuando le rechazaste fuiste sincera, Jo, pero en los últimos tiempos había llegado a sospechar que, si volvía y pedía nuevamente tu mano, tu respuesta sería distinta. Perdóname, querida, no puedo evitar ver que te sientes sola y el anhelo de afecto que percibo en tus ojos me duele. Por eso imaginé que nuestro muchacho podría llenar ese vacío si lo intentaba de nuevo.
—No, madre, es mejor así. Me alegro mucho de que Amy se haya enamorado de él, pero tienes razón en una cosa: me siento sola y tal vez si Teddy hubiese insistido le habría aceptado, no porque le ame, sino porque ahora valoro más el ser amada que cuando él se marchó".

"Jo se debió de quedar dormida (como imagino que le habrá ocurrido al lector tras este pequeño sermón), ya que de pronto se encontró de frente con el fantasma de Laurie. Era un fantasma de carne y hueso, y estaba inclinado sobre ella, mirándola con aquella cara que solía poner cuando sentía algo y no quería que se le notase. Ella se quedó mirándole fijamente, perpleja y sin decir una sola palabra, hasta que él se encorvó y le dio un beso. Entonces, supo que era él, se levantó de golpe y exclamó con gran alegría: 
—¡Teddy! ¡Mi Teddy!".

"—Jo, querida, quiero decirte algo y, después, olvidaremos el asunto para siempre. Como te comenté en la carta en la que refería lo amable que era Amy conmigo, nunca dejaré de amarte, pero mi amor ha cambiado y he comprendido que es mejor así. Amy y tú habéis intercambiado los puestos que ocupabais en mi corazón, eso es todo. 
Creo que era mi destino y hubiese llegado a él de cualquier modo, aunque fuese dejando pasar el tiempo como tú pretendías. Pero, como la paciencia no es mi fuerte, se me rompió el corazón".

"La sala estaba en silencio, y a Amy se le quebró la voz al pronunciar la última frase de la canción favorita de Beth, que decía: «No existe dolor terreno que el cielo no pueda curar»".

"—Tienes razón, pero hay otra clase de personas que no piden ayuda y sufren en silencio. Sé de qué hablo porque lo he vivido, antes de que me convirtieses en una princesa".

"—¿Qué es la mente?
—Es lo que hace que tu cuerpo se mueva, del mismo modo que la cuerda del reloj lo mantiene en marcha, tal y como te mostré.
—Ábreme, quiero ver cómo funciono.
—Yo no puedo hacer eso, del mismo modo que tú no podías abrir solo mi reloj. Dios se encarga de darte cuerda y seguirás funcionando hasta que Él te pare".

"—¿Qué has hecho hoy, bübchen? —preguntó el señor Bhaer, ayudando al gimnasta a ponerse en pie.
—Hemos ido a visitar a la pequeña Mary.
Y una vez allí, ¿qué hiciste?
—La besé —reconoció Demi con su natural franqueza.
—¡Caramba! Eso sí que es empezar pronto".

"—Querida, ¿por qué llora?
De no haber sido Jo nueva en estas lides, habría respondido que no estaba llorando, que le había entrado algo en el ojo o cualquier otra de las excusas típicamente femeninas para estos casos.
Pero la pobre, dando pocas muestras de dignidad, dejó escapar un sonoro sollozo y contestó:
—Porque se va lejos".

"—Ya veremos. Jo, ¿tendrás paciencia para esperar un tiempo? Debo marcharme y cumplir con este trabajo.
Primero he de ayudar a mis sobrinos, porque no puedo faltar a la palabra que le di a Minna, ni siquiera por ti. ¿Podrás perdonarme y esperar?
—Sí, porque el amor que nos tenemos hará más fácil la espera".

"—¡Ah, querida, me das tanta esperanza y valor y, a cambio, yo no te puedo entregar más que mi corazón y estas manos vacías! —exclamó el profesor, abrumado".






Louisa M. Alcott