martes, 6 de octubre de 2020

Citas: La venganza de la bruja - Christopher Pike

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 "—No podemos ir a la playa porque hay tiburones —les recordó Sally, mientras iniciaba la lista de posibilidades para aquel miércoles soleado y agradable—. No podemos ir al faro porque prácticamente lo hemos quemado hasta los cimientos. Al pantano tampoco porque también lo incendiamos".

"—Creía que no te gustaba Ekwee 12 —dijo Cindy, dirigiéndose a Sally—. Lo llamabas Cabezón.
—Le llamaba así porque tenía una cabeza muy grande  replicó Sally—. Pero eso no significa que no me gustara. A ti también te llamo muchas cosas y sin embargo me caes bien… al menos la mayor parte del tiempo.
—No sabes lo tranquila que me dejas… —repuso Cindy con idéntica ironía en el tono de su voz".

"—Dudo mucho que la señorita Ann Templeton sea una mujer tan malvada.
Sally lanzó un bufido burlón.
—Escúchame bien, Adam. Sólo porque es guapa y te dedicó una de sus espléndidas sonrisas no estarás dispuesto a olvidar todos estos años de asesinatos y genocidio.
—¿Qué significa genocidio? —le preguntó Adam a Watch.
—Comportarse de un modo despreciable con mucha gente —le explicó Watch".

"—Pues te diré algo, Sally. Yo jamás he visto a Ann Templeton hacer daño a alguien —dijo Watch.
—Claro que no —repuso Sally, agresiva—, porque estás medio ciego. En realidad tampoco has visto nunca salir el sol".

"—Sin embargo, ni siquiera tú has sido tan tonto de aceptar su propuesta —dijo Sally—. Lo que prueba una vez más mi punto de vista. Ann Templeton es capaz de arrancarte el corazón sin dejar de sonreírte".

"—Yo creo que nos está dando la bienvenida —razonó Adam, avanzando hasta situarse sobre el puente levadizo—. Y en mi opinión sería una grosería no mostrar aprecio.
—Es mejor ser groseros que estar muertos —sentenció Sally, insistiendo una vez más en la opinión que le merecía aquella aventura".

"No había timbre, sólo un picaporte enorme en forma de calavera que a Sally no le gustó en absoluto.
—Y ahora, ¿podéis decirme cuándo habéis visto una calavera en el castillo de una bruja buena?  inquirió Sally.
—Es sólo un objeto decorativo —replicó Adam, poniéndose de puntillas para poder llegar al llamador con la mano".

"—Estamos en el castillo de la bruja —replicó Sally como si estuviera hablando con una niña pequeña—. No en un centro comercial. La bruja es capaz de hacer magia, pero magia negra. Propongo que salgamos de aquí enseguida.
—Ya lo has dicho antes —murmuró Adam.
—Un buen consejo nunca es suficientemente repetido —sentenció Sally con el ceño fruncido".

"Sally asintió con resignación y dio un paso hacia atrás.
—Muy bien. Cada uno hace con su vida lo que quiere —dijo con tono sombrío".

"Adam asintió mientras estudiaba con atención su propio cuerpo. Tenía la certeza de que el suelo se hallaba más lejos. Sin duda estaba creciendo.
—Yo también estoy cambiando muy deprisa —dijo—. Por lo menos tengo ya trece años.
Sally, que había disminuido unos dos centímetros le dedicó una exclamación sarcástica.
—¡Oh, un hombre mayor! ¡Qué emoción!".

"—Pues yo no veo motivo para alarmarme —intervino Cindy—. Estoy encantada con mi collar mágico…Ojalá tuviera un espejo. ¿Realmente estoy tan bella como yo me siento?
—Estás muy guapa —contestó Adam con toda sinceridad.
Sally miró de soslayo a su amiga.
—No sé si estás más guapa o no, Cindy. Pero lo que sí es cierto es que estás comenzando a brillar. Quiero decir que brillas de verdad, como una bombilla eléctrica.
En efecto.
Cindy se había apartado unos cuantos pasos del fuego que ardía en la chimenea y al adentrarse más y más en las penumbras de la habitación, su cuerpo pareció proyectar su propia sombra.
Su piel emitía un débil resplandor, como si estuviera cargada de radioactividad. No obstante, aquel efecto no perturbó a Cindy lo más mínimo.
Todo lo contrario, daba la impresión de estar fascinada.
—Me convertiré en estrella de cine —dijo Cindy—. ¡No sólo mis ojos despiden luz, sino todo mi cuerpo!
—Oh, Cindy, por favor… —exclamó Sally ligeramente crispada—.
¿Debo recordarte que ésta es una cuestión de vida o muerte? Estamos rodeados por muros hechos de piedra sólida, no tenemos nada que comer y ni una gota de agua".

"—Tú eres la última que debería preocuparse por esa posibilidad, Sally —repuso Watch—. Ahora eres inmortal.
Sally frunció el ceño.
—No estoy muy segura de ser inmortal. Sólo me siento… —comenzó a decir y, de pronto, interrumpió la frase y permaneció en silencio vanos segundos—. ¿Me lo parece a mí o mi voz se ha vuelto más aguda?
—Sí —replicó Cindy—. Y diría que también te has vuelto más baja.
—No es que seas más baja exactamente, Sally —intervino Adam—. Es que te estás rejuveneciendo.
Sally se quedó atónita.
—Chicos… ¿estáis diciéndome que vosotros sois cada vez más fuertes, más maduros, más guapos… y yo, en cambio, me estoy convirtiendo en un bebé?".

"—Tengo miedo —gimió Cindy mientras comenzaba a atravesar la reja que se abría sobre el oscuro vacío.
Una vez más, Adam percibió aquel roce metálico.
—¿Qué ocurrirá si se rompe? —preguntó Cindy.
—Lo más probable es que caigas al vacío chillando hasta que llegues al suelo y el golpe te mate —dijo Sally con su tono de voz más gentil.
—No vas a morir —sentenció Adam, con voz firme y alentadora—. Eres una hermosa princesa, ¿recuerdas? Y en los cuentos de hadas las princesas hermosas nunca mueren".

"Había llegado el turno de Sally. También ella estaba muerta de miedo al iniciar el lento avance a gatas.
—De ahí abajo llega un olor a muerte —dijo Sally con un hilo de voz, sin detenerse.
—Vamos, procura no mirar hacia abajo —le aconsejó Adam.
—Díselo a mi nariz —replicó Sally".

"No había nada más que pudieran hacer. Cindy no cesaba de sollozar, pero Watch retenía las lágrimas en lo más profundo de su ser, en el mismo lugar donde ocultaba la mayoría de sus emociones".

"—Hay una frase que mi madre repite a menudo —intervino Mireen—. Y que siempre ha sido una de mis favoritas. Dice que las cosas que más ambicionamos son las que más pronto nos destruyen".







jueves, 1 de octubre de 2020

Citas: Ella, drácula - Javier García Sánchez

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 "Anochece en los Cárpatos. 
Está a punto de salir la luna, y su luz se insinúa ya entre negros jirones de cielo que avanzan hacia el este como ejércitos en desbandada, vencidos. En la buhardilla situada bajo la bóveda de una iglesia, en la aldea de Lupkta-Ratowickze, un hombre tose y luego tirita bajo su jubón y la gorra de fieltro que lleva calada hasta las cejas. En el fondo sabe que no es la fiebre sino el miedo".

"El rostro del hombre se aproxima un poco más para mirar, pues las últimas luces del atardecer aún le permiten distinguir el paisaje hasta el horizonte. Aquejado de gota y de pleuresía, no le hacen falta médicos ni curanderos que le confirmen que le resta poco de vida. Sus ojos, hundidos en el cráneo por la edad y las dolencias que le corroen, vuelven a quedar estáticos en esa pequeña cruz que ha dibujado con el dedo. La cruz le da fuerzas para afrontar la emoción y la inquietud que le embargan. Tiene un duro trabajo por delante. Debe hacerlo y dejar testimonio de aquello que vio, de aquello que sabe y que hasta ahora luchó con denuedo por apartar de su mente. En vano".

"Vivir poco pero vivir el instante, que para ellos tendrá visos de eternidad. Vivir o morir. Vivir para morir. Morir para que otros vivan y, a su vez, mueran otros. Hacer morir. Ser muerte. Matar. La vida".

"Era el tiempo en que los mízcalos nacen al pie de los pinares y el añublo devora las espigas de trigo, cuando la vida nace y, simultáneamente, la vida muere".

"Se llamaba Erzsébet y era hermosa como la luna en una noche limpia de estío.
Sobre todo, además de la pétrea mueca de severidad que poseía su rostro anguloso y proporcionado, llamaba la atención el tono blanco de su piel, palidísima en contraste con el negro de su cabello, que podía vérsele bajo el sombrero".

"Al mirar en sus ojos, en el fondo oscuro de aquellos ojos que le observaban atentos pero inexpresivos, su cuerpo fue recorrido por un escalofrío".

"Aquella noche todo el mundo parecía muy agitado en Varannó. A János le despertaron gritos lejanos en mitad de su sueño. Creyó que era una pesadilla, y así, sudoroso y con los ojos abiertos de par en par, se lo dijo a su madre. Ésta, que llevaba un rato despierta y atenta, con la que János dormía en un estrecho jergón de paja, le tapó la boca conminándole para que volviera a dormirse. Fue aquella noche, sí, cuando él siguió preguntando al cabo de un rato. Su madre, presa de un gran nerviosismo, le pidió que no dijese nada. Que olvidara cuanto había oído:
—A partir de ahora serás mudo, János, y sordo. Quiero, y escucha bien lo que te digo, quiero que nadie conozca tu voz mientras estemos aquí. ¿Lo has entendido?
Él, obediente, afirmó con la cabeza, intuyendo el temor de su madre, aunque no entendía nada. Por su carácter taciturno y tímido no iba a suponerle ningún esfuerzo aparentar que era de aire. Si querían que callase, lo haría. Si querían que no viese, no vería. Si querían que no oyera nada, pensaría en sus cosas o se taparía los oídos.
Ya aquella noche, en Varannó, János empezó a poner en práctica lo que su madre le rogase encarecidamente. Porque los gritos, lejanos y espaciados, siguieron oyéndose hasta bien entrada la madrugada".

"Esperaba la noche.
Eso llegaría a entenderlo János mucho después. Entonces sólo se sentía impresionado por la imponente silueta de aquella mujer que caminaba como si levitase, y en la que en todos y cada uno de sus movimientos había un poso de feroz orgullo. Incluso cuando había visitas ilustres, ella les otorgaba algo que más parecía afectada resignación e indomable austeridad en el trato que cortesía, lo que hubiese sido normal".

"Darvulia, fuese quien fuese aquel engendro de la Naturaleza, no dudó en posarse sobre la cabeza de Erzsébet, que llevaba aguardándola desde que era niña y ya soñaba con hacer daño para así sentir que estaba viva".

"En el recuerdo atormentado de János, aquellas chicas que fueron inmoladas eran claveles, rosas, orquídeas. Todas acabaron teñidas de rojo. Careciendo de futuro, fueron prematuramente cortadas. Mas si la propia Erzsébet se esmeró en anotar la mayor parte de sus nombres en el cuaderno que llevaba a modo de Diario, también Pirgist recordaba ahora que, años atrás, él intentó ponerles palabras a sus efímeras vidas:
«Clavel, rosa que envejece. Rosa, orquídea suplicante. Orquídea, mariposa disecada.
»He ahí el clavel, rosa con llagas y fiebre. He ahí la rosa, que dormita aovillada.
He ahí la orquídea, que con elegancia perece.
»Clavel, pasión que yerra astillada. Rosa, sudario de muchacha enamorada.
Orquídea, esqueleto del clavel, y de la rosa balada.
»He ahí el clavel, rosa crispada. He ahí la rosa, clavel ruborizándose. He ahí la orquídea, paloma engalanada.
»Clavel, rosa, orquídea, pétalos rotos como cuentas de un rosario en el camino, huellas rojas sobre la escarcha de la mañana. »
Y pisoteando el clavel, la rosa y la orquídea, con sus mangas de blanco lino empapadas, ella, Erzsébet, la alondra ensangrentada".

"Por eso a János le acompañaron siempre las palabras que Kata le dijese cuando le sorprendió mirando a la Condesa, que estaba asomada a su balcón. Luego de decirle que se apartase de ella y jamás volviera a mirarla, exclamó compungida: Mánytam lélek!, «¡Tengo rota el alma!». Aquella frase nunca la olvidaría János, quien empezaba a adivinar por qué la lavandera decía eso.
Quienes habían visto, estaban condenados de antemano. Eran testigos.
Ella, Kata Benieczy, había visto. Veía casi todas las noches. Veía no el cuadro preciso del horror, sino sus secuelas, pero eso ya parecía motivo suficiente para estar marcada".

"Fue entonces, sí, cuando hizo un gesto indebido. Algo que estaba prohibido y que en innumerables ocasiones le habían advertido que no hiciera, tanto su madre como Kata. Pero fue un gesto inevitable, humano: miró".

"La niña Erzsébet, cuando aún era una adolescente de modales tímidos, aunque combinados con arrebatos de soberbia, como queda constancia al respecto, un malhadado día conoció algo. Sencillamente, lo descubrió. Otros descubren la hermosura de un paisaje o de las flores. O la sublime plenitud que emana del amor o del arte.
Ella descubrió la sangre".

"Duró la fracción de un segundo:
Darvulia miró hacia el ventanuco. Su cara, bajo la capucha, se dirigió hacia esa parte concreta del muro por la que asomaban los ojos, la frente y el cabello, entonces castaño y rizado, de János.
Miró concretamente hacia donde él estaba. Fue entonces cuando se apartó con brusquedad de allí, lleno de pavor. Hasta pasados varios años no llegó a saber que esa vieja repulsiva estaba casi completamente ciega, y que si miró en la dirección en la que János estaba, tuvo que ser más por su intuición que porque en realidad viese a alguien allí.
Pero János sintió dicha mirada como si un afilado cuchillo le atravesara el cráneo de parte a parte. Ya nunca iba a olvidar esa mirada, aunque tampoco él, como es obvio, pudiese distinguir los ojos de Darvulia".

"Erzsébet se puso detrás de la criada que un rato atrás le había dado el tirón en el cabello. Se acercó a ella con sigilo, pese a que las otras la avisaban.
Y de repente, sin perder nunca su sonrisa, pues en todo momento dio la sensación de estar jugando y muy a gusto, le clavó el alfiler en el brazo.
La criada profirió un grito de dolor. Cesaron las risas. Se hizo el silencio. Todas se quedaron inmóviles. Ahora entendían que aquello era una venganza de la Señora por el descuido de antes, pues no en vano eligió a la negligente de marras entre varias muchachas.
La sangre, siempre aparatosa, empezó a manar con abundancia del brazo de la criada. Ésta, una vez pasado el susto y dolor iniciales, no sabía qué hacer o decir. Erzsébet se aproximó un poco más a ella y, cuando todas esperaban, en su santa inocencia, que pidiese disculpas, propinó un nuevo y certero alfilerazo en el brazo herido de la chica. Éste, por fortuna, apenas le rozó el codo, pues la chica se apartó instintivamente".

"La muerte era eso que les sucede a los demás, a los frágiles, pensaría quizá en su delirante cegazón espiritual".

"«Salvaré a quien mate a la otra», sugería, lo que nunca fue verdad, pues no quería testigos. Pero aquellas desgraciadas, que ya habían sido torturadas previamente, sabían que no tenían otra oportunidad. Así que se despedazaban mientras Erzsébet a duras penas lograba contener sus carcajadas".

"El recuerdo de Kata, a la que János Pirgist llegó a querer como si fuese su segunda madre, le ha llenado de lágrimas los ojos. Se los seca con un pañuelo de batista que lleva en el bolsillo de su chaleco. Es entonces cuando se ve obligado a sorberse la nariz, pues oye un ruido en la puerta. Llaman con suaves golpes.
—Adelante... —dice haciendo carraspear su voz.
Es el padre András, que llega a recoger la bandeja con restos de comida.
Le pregunta cómo lleva su trabajo.
—A menudo pienso que aún no he empezado... —murmura él con abatimiento, y apoya su cabeza en una mano".

"Él mejor que nadie, porque nadie en absoluto siquiera lo sospechó nunca, sabe que abrazó la fe para dar con respuestas que calmasen tales dudas, pero ahí siguen, cual abiertas llagas por las que supura el pus. Infectadas".

"—¿Entiendes ahora por qué no puedo huir?
El otro le contestó que todo eso le parecía inconcebible, y que tarde o temprano la ley los castigaría, a Ficzkó incluido, y que él, en su lugar, se escaparía. Si antes de oír todo aquello aún albergaba dudas, dijo, ya no.
—Aquí la única ley es la que dicta la Señora —se lamentó Ficzkó".

"Pero ahora Erzsébet se debatía en sí misma, encolerizada por no ver resultados prácticos, negándose a reconocer aún que no podía haber milagros, y menos con ella.
Tal debía de ser su desesperación que, por aquella época, dejó escritas varias plegarias de índole difusa, presumiblemente conjuros que la bruja de Miawa le habría dictado. Pero en esas plegarias, al final, y ello demostraba que su mente había llegado a la escisión máxima, todavía se atrevía a escribir, con su letra pequeña y pulcra, la invocación:
«Santísima Trinidad, protégeme.»".

"Incapaz de dominar su hambre y su sed de sangre, estaba dispuesta a reincidir una y otra vez, exponiéndose a inciertos peligros. Tenía la mirada cubierta por el velo rojo de la sangre ya derramada. Y, fundamentalmente, por la que aún habría de derramar. De modo que su olfato estaba casi atrofiado. Ya no olía el riesgo.
Y, si lo hacía, lo desafiaba, como siempre hizo por cuanto deseó. Pero algo sucedió en aquella boda de Judith Thurzó. Algo nimio que, simultáneamente, no dejaba de ser una señal de lo que debería ocurrir: Erzsébet perdió el ala blanca que adornaba desde varios años atrás su inconfundible sombrero negro, del que siempre iba acompañada en sus salidas. Se dice que la extravió mientras bailaba y que el ala fue pisada, yendo después a un rincón desde el que, tras cogerla, la tiraron a la basura. Lo único cierto
es que la perdió, y, con ella, todo signo de pureza.
El águila empezaba a perder su plumaje. Ahora todo en ella era negro".

"La Condesa leía.
En sus horas muertas, en esos períodos de lisis que precedían a la fiebre destructora, mientras aguardaba el momento de administrar de nuevo el dolor, arbitraria, enloquecidamente, leía".

"Allí había tres chicas amordazadas y cubiertas tan sólo por unas gasas. Era lo que quedaba de sus vestidos desgarrados. Medio muertas de frío e inconscientes, dos de ellas estaban sentadas en el suelo, con las cabezas caídas. János vio que tenían algo en la boca. La tercera, sin embargo, había logrado expulsar aquello que le introdujesen hasta taponarle la garganta: estopa. Era ella la que gemía con un hilillo de voz. Elevó su rostro hacia János y, por un momento, esbozó una sonrisa. Él le preguntó si le habían hecho daño.
—Eso no importa ahora —le contestó la muchacha, que tenía una larga y desmañada melena rubia cayéndole sobre los hombros.
János hizo ademán de huir de allí a toda prisa, pero la chica le detuvo diciéndole en un susurro:
—¡No, espera, por favor... no te vayas...!
La débil luz de una antorcha permitía ver a duras penas aquella estancia. János se asomó al pasillo. No había nadie. Todo estaba en silencio. Entonces la chica le pidió algo:
—Pequeño, mi nombre es Mirta... —Fue a decir algo más, pero movió la cabeza como si acabase de pensar en lo inútil que era explicarle todo aquello a un niño asustado. Al poco continuó-: Me llaman así, Mirta, desde que tenía tu edad... y quiero pedirte un favor.
—Pero me harán daño, como a ti... —le dijo János.
—No, tranquilízate. Nadie va a hacerte nada.
Volvió a encogerse de dolor.
—¿Y cómo lo sé? —preguntó él, angustiado pero queriendo ayudarla.
La chica dudó un momento y luego, de nuevo sonriéndole, dijo:
—Porque lo que te pido no es para que lo hagas ahora, sino más adelante, cuando seas un poco mayor y ya no estés aquí.
Él asintió. Pese a su miedo, estaba dispuesto a escuchar.
—Recuerda esto. Mirta —balbuceó la chica—. Soy de una aldea llamada Szintrámehrá... a ver, repítelo conmigo: Szintrámehrá... 
—Szintrámehrá —cacareó él en un murmullo.
—Muy bien. Lo que te pido es que algún día, cuando te hayas hecho grande y fuerte, vayas a esa aldea y busques a mis padres y mis hermanos, que aún vivirán allí.
János volvió a mover su cabecita, indicando que entendía lo que estaba oyendo.
—Entonces, cuando los encuentres, les dirás que Mirta se enamoró de un joven, en Csejthe, y una noche se escapó lejos con él. Muy lejos, ¿lo comprendes?
—¿Dónde de lejos? —preguntó János, serio y dispuesto a cumplir lo que le pedía.
—Donde tú quieras. Viena, Italia... Diles que, oyesen lo que oyesen de cuanto aquí sucedió, su querida Mirta logró huir en compañía de ese apuesto joven. Diles que está bien, aunque difícilmente podré volver a verlos, porque me hallaré lejos, muy lejos... —Al decir esto último se le empañaron los ojos de lágrimas.
—Lejos —repitió János mordiéndose los labios.
—Así, eres un niño muy listo —repuso la muchacha. Luego, tras suspirar hondamente, añadió-: Es para que no vivan preocupados. Yo sé que tú entiendes lo que quiero decir... ¿verdad?
János movió su cabeza en sentido afirmativo. La chica siguió:
—Esa aldea está muy cerca de Zvolen, junto al Hron, y es muy linda, créeme...
Repítelo para que yo lo oiga.
—Zvolen, al lado del río Hron... —dijo János con aire satisfecho, pues se daba cuenta de que, pese al peligro, estaba haciendo algo bueno.
—Eres un amor, criatura, y sé que algún día Dios te premiará por esto... —dijo la joven dando súbitas muestras de dolor, que no obstante pareció disimular contrayendo sus mandíbulas.
Luego le rogó que, por última vez, repitiese cuanto ella le había pedido.
—Mirta, de Szintrámehrá, cerca de Zvolen...
—¿Junto a qué bonito río?
János vaciló unos instantes. Al fin dijo:
—Al Hron —Y luego, sin que ella se lo solicitase, siguió-: Estás con tu esposo, lejos, en Italia.
A la muchacha se le escaparon sendas lágrimas.
—Mucho mejor de lo que yo creía... —añadió con emoción.
Entonces a János se le ocurrió decir:
—Y también les diré que eres muy feliz, y que tienes hijos y vives en un sitio precioso. Que siempre los llevas en tu pensamiento y que los quieres...
La muchacha rompió en llanto, incapaz de dominar sus sentimientos. La cabeza le cayó sobre el pecho, sin fuerza. János también notó que gruesos lagrimones caían por sus mejillas. Se los secó. Al poco, y cuando logró reaccionar, la chica le dijo:
—Ahora vete, y procura que no te vean... ya me entiendes. No le cuentes esto a nadie, ni a tu mamá. Sé que algún día cumplirás tu promesa. ¿Lo harás, no es cierto?
—Te lo prometo —dijo János volviendo a secarse las lágrimas con su manga.
La cabeza de la joven pareció a punto de desplomarse de nuevo. Aún hizo un último esfuerzo para rogarle:
—¡Venga, vete ya...!
—Adiós, Mirta —silabeó János antes de cerrar la puerta dejándola tal y como él la había encontrado. Aún pudo oír, en un tenue murmullo, la voz de aquella chica a la que ya no veía:
—Que Dios te guíe...
János, deslizándose entre las sombras, recorrió varios pasillos hasta llegar a un sitio que conocía. Se había olvidado por completo de su perrillo, que apareció en el lavadero horas después, contento y agitando el rabo, como dando a entender que había hecho una travesura pero que tampoco era para tanto. János se pasó mucho tiempo acariciándolo, aunque su mente seguía puesta en esa chica, Mirta, de Szintrámehrá, cerca de Zvolen, junto al río Hron. Lo repitió en voz queda varias veces. Pensó en apuntarlo, pero algo le dijo que no debía hacerlo. Tenía que memorizarlo como fuese. Tanto rato y durante tantos días estuvo haciéndolo, que hasta soñaba con Mirta y su bonita aldea. Hasta llegó a creer, porque necesitaba hacerlo, que era verdad cuanto ella le había dicho. Ya la imaginaba con su guapo amante y con hijos, viviendo en un lugar de Italia. Pero en su fuero interno sabía que todo aquello era una burda mentira, y que Mirta, a tenor de su estado, iba a ser de las que gritarían en las noches siguientes. Con sus nueve años, János era capaz de comprender todo eso y más, aunque hubiese construido su propio mundo para preservarse del miedo.
Aproximadamente una semana después de aquella conversación volvieron a oírse gritos esporádicos que surcaban la noche de Csejthe. Parecieron llegar de la lejanía, pero estaban siendo proferidos allí cerca, tras los muros. Su madre dormía con apariencia plácida. Kata no estaba en el jergón. Y él, con los ojos muy abiertos, repitió por enésima vez:
—Mirta de Szintrámehrá...
Luego cerró los ojos intentando no oír, pensar en otras cosas. En avispas y petirrojos, en libélulas o en su perrillo, que seguía cojeando y cada día era más travieso. Al final se durmió, pero soñó con Mirta.
János no supo entonces que la joven Mirta, como al parecer había sucedido ya alguna vez con otras chicas, apareció cierta mañana colgada de una viga. Es posible que lograse deshacerse de sus ataduras y, con lo que restaba de ellas y su vestido, o quizá el de sus compañeras, hacer una improvisada cuerda.
Colgada de esa viga, balanceándose con suavidad en la penumbra, la encontraron al ir a buscarla, pues ya le tocaba el turno. Entre Jó Ilona y Ficzkó la hicieron descender y la enterraron a saber dónde. Pero aquel suceso, infrecuente aunque no el único, tuvo que impresionar vivamente a Jó Ilona, quien a su vez hizo algún comentario a Kata. Ésta, por su parte, lo contó a sus íntimas en el lavadero. János, que había aprendido a oír sin dar muestras de prestar atención, cazó al vuelo unas palabras pronunciadas por Kata con signos de pesadumbre:
—Dicen que parecía un ángel.
Aquella noche, las lavanderas que sabían rezar oraron por esa muchacha que valientemente decidió poner fin a su vida antes de que se la arrancasen.
Durante toda la existencia su recuerdo acompañaría a János, quien nunca pudo saber si la chica que apareció colgada de una viga era o no Mirta. Él sabía que sí. Lo intuía, y en ese tipo de cosas la intuición jamás le fallaba.
Mirta, su ángel".

"Fue entonces cuando ocurrió. Apenas un segundo, pero que se le antojó una eternidad. Como si una llamarada le hubiese traspasado el cuerpo, dejándolo por completo quemado y a la vez intacto.
Una mano se posó en su hombro.
Sin embargo supo desde el primer momento que aquello no era una mano. No una mano humana. No una mano como cualquier otra mano, cuyo contacto habría reconocido de inmediato.
Aquello era una garra. Pese a que se había posado con delicadeza sobre él, era una garra.
Un escalofrío le sacudió por entero, pese a que ni siquiera había tenido fuerzas para girarse.
No podía huir, ya que le tenía sujeto por el hombro, de modo que estaba acorralado. Y seguía sin atreverse a volver el cuello y mirar. No quería hacerlo. No quería ver quién estaba allí, junto a él, aguardando su reacción. Algo le enturbió la visión y los sentidos. Ya no veía a las muchachas, pese a seguir con el ojo pegado a la cerradura. Ya no veía la puerta. Ya no veía nada, sino un pozo que se lo tragaba.
Era Ella".

"Deslizó sus manos por las mejillas de János, que a su vez abrió la boca un poco para que ella no notase su incipiente temblor.
Fue una caricia. Sí, lo fue. También la Condesa sabía acariciar. ¿Cómo era eso posible?
También las lobas dan lametones de cariño a sus crías, y las miran con ternura.
Sin embargo, no había ternura en aquella mirada que le llegaba de tan cerca".

"La cabeza de Erzsébet se ladeó ligeramente, justo para que su nariz no tocase la de János.
Entonces le besó en los labios. Larga, fría, profundamente.
Y él, al notar aquella boca helada, sintió que moría por tercera vez. Ahora sí estaba muerto, y para siempre".

"La Condesa había dado unos pasos cuando se volvió de improviso. Le lanzó una penetrante mirada. ¿Volvería a morir por cuarta vez? Si ya estaba muerto, ¿cómo iba a hacerlo de nuevo?, se consoló él. Entonces ella le habló:
—Ya te lo dije en una ocasión, ¿recuerdas?
Él no tenía ni idea de a qué podía referirse. Movió la cara hacia ambos lados, expectante.
—¡Ojalá fueses una niña...!
Él sonrió como pudo, mientras ella le devolvía algo que pudo haber sido una sonrisa de complicidad.
Y se perdió entre las sombras del final del pasillo".

"Si ella no se arrepintió nunca, tampoco él va a hacerlo ahora.
Junto a una fuente, cuyas aguas manan cristalinas por encima de las rocas, János le pide algo a su ayudante:
—Es preferible que me aguarde aquí. Subiré yo solo...
El joven cura muestra signos de alarma y, al mismo tiempo, de un alivio que apenas consigue disimular. Nada le tranquiliza en ese paisaje ni en esa situación.
Pirgist se da cuenta y procura ponérselo fácil:
—Sí, esto es una cuestión a dirimir entre ellos y yo. No puede haber testigos.
—¿Ellos? —pregunta con ademán de perplejidad el joven.
—Mis recuerdos —sentencia János".

"Se gira lentamente sobre sus talones. El cayado en el que se apoya cae de su mano, pero la hierba amortigua todo sonido. Busca desesperadamente con la mirada.
Cada tramo de los muros, cada piedra. Sabe que ahí hay algo, aunque aún no lo detecta.
Entonces lo ve. Debe hacer presión con los puños cerrados para contener su agitación. De nuevo el miedo. Aquel miedo de cuando era niño. No puede ser, no puede.
Pero ahí está. Un pájaro negro, demasiado pequeño para ser un cuervo, demasiado grande para ser un milano. Negro, negro como la noche del recuerdo. Está inmóvil, apostado entre las ramas de ese árbol que creció en donde estuvo la habitación de ella.
János abre la boca incrédulo:
—¿Eres... eres tú, no es así? —balbucea notando que su propio aliento se congela en cuanto sale al exterior.
»Sigues siendo tú... —murmura en un gemido".




Javier García Sánchez

domingo, 20 de septiembre de 2020

Citas: El tiempo en familia - Varios autores

Sueños de hadas:

"Soñé con flores de nácar
y con un racimo de rosas
que ahogaban
nuestras nostalgias pasadas".

(María Crescencia Capalbo)
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Hecatombe:

"Mientras que en esta hecatombe me abandono a la tristeza. Que carcome el alma y cualquier cosa puede pasar frente al cristal de la ventana, veo a lo lejos la jugada de la existencia".

(María Guadalupe Rojas Garay)

Familia, amor sin cesar:

"Amar desde el alma
a los seres del amor
hijos amados, son lo mejor
hay dicha muy grande
Señor, los niños hermosos
que bella creación".

(Silvana Sarda)

Segunda oportunidad:

"Cuatro horas antes, me quedé petrificada con el teléfono en la mano cuando me preguntó si se podía quedar en mi casa, ya que su amigo había tenido un problema. Hace seis años que vive en España y hacía doce años que mi hijo no me hablaba".

(Jesica Sabrina Canto)

Soneto da familia:

"Minha família deixou marcas no meu coração
Que nunca se apagarão
Todas têm significado e muito valor
Pois, me definem quem sou".

(Patricía Danielle)

Por dentro:

"Todo pasará y de nuevo el sol,
alumbrará,
el tiempo de un día nuevo comenzar.

¡De nuevo las casas sonreirán
y su hospitalidad ofrecerán,
abriendo puertas y ventanas de par en par!".

(Rosa Melia Henríquez)




Varios autores

lunes, 14 de septiembre de 2020

Citas: La lista de no besar de Naomi y Ely - Rachel Cohn y David Levithan

"Le mentí al consolarla y decirle que lo superaría; aunque no es que crea que no puede hacerlo, sino que, simplemente, no quiere".
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"Rara vez Ely se marcha o corta una llamada sin decirme “te amo”. Es su forma de decir “adiós”, como si fuera una promesa hacia nuestro futuro juntos".

"Las mentiras son más fáciles de procesar".

"Mi novio y yo ya tenemos nuestra sesión de estudio planeada: él estudia mientras yo evito estudiar. Me gusta planchar sus camisetas cuando él lee en su escritorio y, cada tanto, levanta la mirada de su computadora o sus libros para esbozar una de sus aburridas pero agradables sonrisas. Linda dentadura. Bruce dirá algo como “Naomi, mis camisetas Gap son todas negras y lisas, no es necesario que las planches”. Y yo le responderé:
“¿Y?”, porque plancharle la ropa es mucho más divertido que estar besándolo. Es como una forma organizada y tranquila de pasar el tiempo.
Planchar y besarnos. Y cuando suena la alarma de su móvil para su descanso de cinco minutos, se levanta y me abraza por detrás, apoyando su cabeza sobre mi hombro. Seguramente, intentando no excitarse por recostarse sobre mi espalda, porque eso interferiría con su estudio. Pero me susurrará al oído: “Vaya que eres linda”, como si estuviera orgulloso de eso.
Como si yo hubiera hecho algo con mis malditos genes que me dieron un pelo brilloso, un rostro lo suficientemente agradable a la vista, y un cuerpo deseable que nunca utilizo.
Seamos honestos. Incluso teniendo".

"Existen infinidad de maneras de forzarte a tomar una decisión. Todo el tiempo hacemos eso: tomar decisiones. Si pensáramos cada vez que tomamos una decisión, nos quedaríamos paralizados. Qué palabra deberíamos decir. Hacia dónde girar. Qué mirar. Qué número marcar. Uno tiene que tomar aquellas decisiones que considera importantes y dejar a un lado el resto. Son aquellas ocasiones en las que uno piensa que una de esas opciones podría arruinarlo todo".

"–Déjame adivinar –me dijo, mirándome con una sonrisa.
Nunca superamos la etapa de un simple saludo. Yo no le caía muy bien porque él pensaba que yo era aburrido, y a mí no me caía muy bien, justamente, porque él pensaba que yo era aburrido".

"En términos de películas viejas, hay que verlo de esta manera: Fred Astaire tenía una esposa que no era Ginger Rogers, y Ginger Rogers tenía un esposo (en realidad, varios, creo) que no era Fred Astaire. Pero ¿había alguna duda sobre quién era su verdadera pareja de baile? Puede que yo sea el novio de Naomi, claro.
Puede que sea el único con el que ella duerme (o no). Pero estaba muy seguro de que yo nunca sería su pareja de baile".

"–¿Me permites tu abrigo? –me pregunta Ely. Se lo entrego y lo arroja a una silla, lo cual habría sido ofensivo, pero la manera en que lo hizo, riendo para sí mismo más que de mí, lo convirtió en algo encantador. Me senté en el sofá y se paró frente a mí".

"Pensé que Ely se sentaría en una silla o se acostaría en la cama, pero, en cambio, se tumbó sobre el suelo de madera con la vista puesta en el techo, como si estuviera mirando el cielo. No me dijo qué hacer, por lo que me acosté junto a él y sentí el suelo bajo mi espalda, sentí mi respiración, sentí… felicidad".

"–¿Crees que soy aburrido? – le pregunté, finalmente.
Volteó su cabeza hacia mí, aún con la mirada hacia arriba.
–¿Por qué crees eso? –me preguntó.
–No lo sé –murmuré, un poco avergonzado por haber hablado.
Creí que volvería a mirar al techo, a sumergirse en la música, pero, en su lugar, volteó hacía mí y me miró fijo por un minuto, como mínimo.
Después de un tiempo, me tendí de lado para poder verlo mejor.
–No –me respondió luego de unos segundos–. No creo que seas aburrido.
Sí creo que hay veces en las que no te permites ser interesante… pero eso, seguro, puede cambiar.
¿Cómo puedes pasar horas tratando de entender quién eres realmente y luego aparece un extraño y te dice algo de ti que expresa mucho más de lo que tú podrías descubrir por tu cuenta?".

"Nos quedamos ahí tumbados, mirándonos, y eso provocó que los dos sonriéramos.
Luego, de la nada —la nada misma dentro de mí—, surgieron esas palabras.
–También me caes bien. De verdad. Me gustas".

"Hay algo muy íntimo en decir la verdad en voz alta. Y también al escucharla. Hay algo muy íntimo al compartir la verdad, incluso si no estás del todo seguro de qué significa.
Y fue en ese momento que se acercó lentamente y me besó con suavidad en los labios, como si hubiera leído en mi mente que eso era justamente lo que necesitaba".

"–No debí haber hecho eso –me dijo con voz un poco asustada.
–No –le respondí.
–En serio, no debí haberlo hecho.
Se sentó, pero yo permanecí acostado por unos segundos más, con la vista perdida sobre el espacio que acababa de abandonar. Luego, hice lo mismo que él y me di cuenta de que estaba listo para irme, sin haberlo decidido antes.
Él se quedó quieto en su lugar, pero volteó hacia mí cuando llegué a la puerta. Hice algunos ruidos que sonaron como excusas por marcharme, y él hizo algunos ruidos para demostrarme que entendía por qué me marchaba.
–Pero quería hacerlo –dijo, simplemente, antes de que pudiera irme.
Esperé un momento hasta estar seguro de querer abandonar el lugar.
–Yo también –le dije.
Y me marché. Salí de su habitación, me coloqué los zapatos, tomé mi chaqueta, salí del apartamento, crucé el pasillo, subí al elevador, salí del edificio, esperé a que cambiaran las luces del semáforo, crucé la calle, guardé mis manos en los bolsillos. Nada de eso importaba. Ninguna de esas cosas me demostraba quién era yo realmente, solo me recordaban lo que había hecho".

"He probado todo. Ambien, Lunesta, melatonina, contar ovejas, Lo mejor de Johnny Carson: Los setenta, Charlie Rose: El Presente, Charlie Daniels, MTV2, 976-PUT4S69, la obra completa de Dostoyevsky, la obra completa de Nicholas Sparks, masturbarme, Jack Daniel’s, todas las películas de Jackie Chan. Pero nada ni nadie puede hacerme dormir esta noche.
Todo por culpa de Naomi.
Ella tenía siete años. Yo, cinco. Nuestras mamis nos metieron en el elevador y, en esos dos segundos que hablaron en el pasillo para intercambiar la correspondencia, la puerta del elevador se cerró, dejándonos a Naomi y a mí sin vigilancia. De pronto, el elevador comenzó a subir y Naomi me preguntó si me gustaría ver su ropa interior, a lo que asentí con la cabeza. Se levantó el vestido hasta la panza y vi que llevaba puestas las mismas bragas rosas con elástico en la cintura que mi hermana Kelly, pero en Naomi, esas mismas bragas se veían completamente diferentes.
Encantadoras en lugar de estúpidas. Todavía puedo recordar el momento exacto en el que Naomi se bajó el vestido hasta las rodillas y me sacó la lengua. ¿Mi corazón? Se me salió del pecho y no ha regresado nunca más.
Desde entonces, le pertenece a Naomi".

"Inclinó su cabeza hacia mí y abrió su boca despacio. En ese momento, pensé: No, el sueño húmedo de lo que creo que pasará podría no estar a punto de ocurrir. Quiero decir, no es que no haya besado a una chica antes. O sea, ¿cuántos juegos de la botellita organicé simplemente para poder tener este tipo de contacto con Naomi? Si tan solo hubiera sabido que lo único que tenía que hacer era encerrarme en el elevador y esperarla. Y luego, contacto. Ocurrió. Naomi me besó, lento, en la boca, absorbiendo mi alma hacia la suya, desde el piso cuatro hasta el catorce. Su boca tenía gusto a barra de chocolate Snickers. Me encantan los Snickers.
Lo sé, lo sé. No debería enamorarme de una chica que juega con los sentimientos de los demás con tanta naturalidad, especialmente cuando se trata de mí, pero mi cerebro no puede rechazar lo que dicta mi corazón (y las otras partes de mi anatomía)".

"Odio tanto haber visto a Naomi desnuda solo porque el último verano Ely estaba saliendo con un chico, y Naomi odiaba no tener acceso completo a Ely, por lo que decidió prestarme atención a mí. Luego, Ely rompió con ese chico y Naomi rompió conmigo.
Alguien debería romperle algo en la cabeza a Ely".

"–Todavía sigo esperando que tú, Gabriel, me cuentes cuándo comenzarás a hacer planes para la universidad –le pide Sue/Bruce–. Escuché que mencionaste que querías tomarte un tiempo luego de la preparatoria, pero ¿cuántos años tienes? ¿Diecinueve? ¿Casi veinte? Creo que ya es hora, hijo.
Estaría encantada de escribir una carta de recomendación para ti. ¿Qué universidades te interesan? ¿Has oído sobre Vassar?
Como si no fuera obvio que Ely le ha encargado a su madre acosar a Gabriel por él. Vassar. Claro. ¿Alguien como Gabriel? No es gay, Ely.
Sigue soñando. Tal como yo sueño verte caer en una tina llena de vinagre y que permanezcas por tanto tiempo que el olor se impregne en tu piel y Naomi no se pueda acercar nunca más a ti. Toma eso.
–Qué sé yo –le responde Gabriel, encogiéndose de hombros.
¿Qué sé yo? ¡Qué sé yo! Este Bruce sí que sabe. Caso resuelto: Gabriel, el conserje, de esta manera te proclamo heterosexual. Que marche una cerveza Michelob para mí también, amigo".

"Le ofrezco algo para beber y, de pronto, siento que estamos recreando la escena del crimen, pero esa no es la idea. Al menos, no la mía, aunque tampoco parece ser la suya. Percibo que ni siquiera tiene la más mínima idea de lo que está haciendo".

"–Lo lamento –me contesta Bruce, pero voltea hacia la pared, como si se estuviera disculpando con ella.
–¿Por qué? –le pregunto. De verdad, no tengo idea de por qué lo dice.
–Por haber venido tan tarde. Por querer verte.
–No hay problema –le contesto–. De todos modos, estaba a punto de salir.
No es que me acabas de despertar.
Trato de ignorar que haya dicho que “quería verme”, porque, honestamente, enciende la Alarma de Necesitado en mi cabeza".

"Apago las luces al salir de la habitación, como siempre, para no hacer nada fuera de lo común, y salimos al pasillo.
–¡Oh, diablos!
–¿Qué ocurre? –me pregunta Naomi.
–Olvidé algo. Enseguida regreso.
–¿Qué se te olvidó?
–Mi pene, ¿está bien? ¡No puedes esperar que salga sin mi pene!
Enseguida regreso".

"Salgo del apartamento y veo a Naomi esperando en la puerta del elevador.
No me cabe ninguna duda de que lo estuvo reteniendo allí durante todo este tiempo para bajar conmigo. Por millonésima vez, noto que es extremadamente hermosa. Y me encanta, porque mi amor hacia ella no tiene nada que ver con eso. La amo porque retuvo el elevador para mí, como si bajar sin mí hubiera marcado alguna diferencia. La amo porque si se topara con una camiseta que combinara con mis ojos la compraría para mí, aunque no le sobre el dinero. La amo porque cuando siento que estoy metiendo la cabeza en un horno ella me ayuda a sacarla y hornea galletas en su lugar. La amo porque puede insultar como un marinero y, sin duda, navegar como tal, si quisiera hacerlo. La amo porque, aunque no siempre me diga la verdad, siempre siente que debe hacerlo. La amo porque no necesito amarla todo el tiempo".

"Ya que está tan cerca de mí, ¿por qué no?
–¿Tiempo fuera? –le digo, juguetona, haciéndole notar nuestras manos libres.
Lo nuestro no es otra cosa más que amor-platónico-entre-mejores-amigosde-sesiones-de-besos que no tiene validez en la vida real. Los tiempos fuera  solo ocurren cuando estamos bebiendo alcohol o estamos aburridos, algo que, por lo general, hacemos juntos de la mano (o de la boca), dependiendo de la ocasión.
–Solo me usas por mi goma –me contesta, burlón–. ¿Cómo puedo estar seguro de que todavía me respetarás por la mañana?".

"La primera persona en la que pienso cuando me levanto por la mañana y la última, cuando me voy a dormir. La única persona que es parte de mí tanto como yo misma".

"Llámenme una perra anticuada, pero todavía estoy esperando el verdadero amor. Incluso si es una fantasía difícil de alcanzar".

"–Podrías haber usado la cama, sabes.
Abro mis ojos y me encuentro con el rostro de Ely sonriendo encima de mí. Es tan atractivo que no puedo evitar amarlo, temerle, detestarlo y quererlo.
–¿Qué hora es? –le pregunto. ¿Me quedé dormido? ¿De verdad estoy despierto?
–Solo me fui por diez minutos . ¿Me extrañabas?
–Sí –le respondo, sin pensarlo".

"Por favor, que esto no sea un juego. Por favor, que esto no sea un juego.
Porque si lo es, estoy seguro de que perderé".

"Ely se queda mirándome y siento sus ojos como si estuvieran tocándome".

"Algunas veces la atracción es la única cura verdadera que uno necesita".

"–Ya veo –asiente en señal de comprensión. Me alegro que “vea” eso, aunque en realidad me interesa que se dé cuenta de las ganas que tengo de besarlo ahora mismo–. Naomi nunca me contó que eras así de mutante. 
Naomi. Ese sonido que oyes es mi alma destrozándose contra el suelo".

"–¿Tu cráneo está hecho de titanio?
–Sí, ¿quieres ver? –me dice inclinándose hacia mí.
Y ahora sí puedo sentir esa energía. Ese primer choque eléctrico. Luego, la sorpresa de que haya ocurrido. Toco su cabello y su cráneo por debajo, toda esa suavidad y solidez.
Con las manos en su cabello y los dedos tocando la parte posterior de su cabeza, me doy cuenta de que esto no es amor.
Pero temo (y me fascina) que pueda serlo.
Desearía que mi corazón también fuera de titanio".

"Sé que sabe que estoy sentada a tan solo un par de metros de él, y también sé que está sentado allí porque yo estoy aquí".

"Me doy cuenta de que las cosas se están tornando un poco retorcidas cuando me digo a mí mismo que sería mejor si ella estuviera muerta.
De esa forma, podría quedarme con todos esos buenos recuerdos y sentirme realmente triste; todos lo entenderían y podría avanzar, amándola para siempre. No tendría que hacer nada al respecto, porque sería irrevocable.
Hay algo conmovedor en eso.
Pero claro, en verdad no la quiero muerta. Me alegra saber que está viva.
Son solo esos buenos recuerdos los que están muertos".

"La palabra botado ni siquiera describe la situación. Creo que si vamos a usar una metáfora con la basura, incinerado sería la más apropiada".

"Chris Isaak: “Graduation Day”
Esta es una canción para nosotros dos: el pasado".

"Lo único que puedo hacer es cerrar mi corazón y superarte".

"Tú eres la primera desde mi primera vez que me hace sentir algo, no importa lo que sea. No estoy muy seguro de por qué, si apenas te conozco.
Tal vez, sospecho que eres como yo".

"El simple hecho de que una persona sea bella no significa que no haya un alma dentro. No significa que ese ser humano no ha sufrido como todos los demás. No significa que no quiera ser una persona buena en un mundo horrible.
Esperanza. Eso es lo que me haces sentir.
Incluso el destello más pequeño puede resplandecer con más fuerza".

"Lo peor de esa píldora amarga no es saber que ellos no pueden amarte de la misma manera, sino que no lo harán nunca. No abrirán sus mentes a esa posibilidad. No permitirán que el amor verdadero supere sus propios límites predeterminados: género, edad, [insertar innumerables razones injustas y sin sentido aquí].
El amor que te di pende de un triste color, burlándose de las sombras.
Apesta".

"No te conozco lo suficiente, obviamente, pero siento que, tal vez, pueda confiar en ti. Quiero creer que alguien que miente tanto como tú, al final optará por hacer lo correcto, ya que supongo que habrás diferenciado lo que es real de lo que no. Sé que lo has hecho.
Voy a confiar en ti. Voy a confiar en que no destrozarás a ese chico solo porque puedes".

"Nota al margen: ¿Tienes idea lo que significa cuando alguien dice: “Eso es tan gay”? Sospecho que ya no está relacionado directamente con la homosexualidad. Creo que no significa nada en concreto. En serio, simplemente nada. “Eso es tan gay”. Es algo totalmente existencial".

"Shuggie Otis: “Inspiration Information”
Esta canción es por su mera existencia".

"Hablando de decisiones difíciles… ¿te sentirías halagada o asustada si te dijera que Buffy era la chica con quien solía soñar cuando, ehm… comenzaba a explorar un poco más mi cuerpo durante la preparatoria? No importa, considera la confesión acabada… ehm digo, terminada".

"Naomi, ¿sabías que el verdadero amor no pide permiso?".

"–En serio –insisto–, ¿por qué me besaste así en frente de todos?
Ely me mira como si estuviera pensando que soy un idiota, aunque con cierta moderación.
–¿No puedes simplemente pensar que lo hice porque quería hacerlo y no me importaba quién nos estuviera mirando?".

"–Sabes, estoy orgulloso de ser tu especie de novio –me dice de la nada antes de llegar a la puerta principal y bajar la escalinata del museo.
–¡Cojones! –grito en la oscuridad de la noche.
–¡Cojones no! –me responde.
Y en ese momento mi corazón comienza a latir tan rápido que comprendo que ya no es por miedo a enamorarme".

"Mis madres se separaban. Los padres de Naomi se separaban. Naomi misma se separaba. Yo me separaba. Y la reacción a eso (mi reacción) fue aferrarme con la mayor fuerza posible. Intentar mantener todo unido, porque dejarlo ir sería el fin de todo. Dejarlo ir sería asesinar lo que alguna vez había sido".

"–En realidad, no necesito este –me comenta, tomando el DVD de Mount Fuckmore–. Ver a personas heterosexuales teniendo relaciones me asusta demasiado".

"En verdad se puso a llorar cuando se levantó para marcharse. No está sollozando tan patéticamente como estoy a punto de hacerlo yo, pero le comienzan a caer algunas lágrimas sobre sus mejillas enrojecidas y sigue con su mirada llorosa fija en mí, sin bajarla ni desviarla hacia otro lado. Es como si me estrujara el corazón hasta el último gramo".

"Finalmente, tengo las palabras indicadas para decirle. Coloco mis manos sobre el brillante cinturón rojo. Mi brillante cinturón rojo. Gracias, Ely.
–El cinturón luce mejor en mí –le digo.
Y ahí está la razón por la que amaré a Ely hasta que me muera. Comienza a reír.
Le caen mocos de su nariz, por lo que le entrego una servilleta. De alguna forma, creo que nunca me pareció tan hermoso, con sus ojos llorosos, sus mejillas sonrosadas, su nariz llena de mocos, su sonrisa y su llanto.
Mi chico".

"–Debo irme –le digo y le doy tiempo para que diga “No lo hagas”, o algo como “Todo esto es muy duro”, o “Es tan estúpido”, o “Es necesario”. Le doy tiempo para que se levante y me dé un beso en la mejilla, o me diga que abra la bolsa de crayolas para ponernos a dibujar sobre los vasos abandonados en las otras mesas. O para decirme que todo esto fue un error.
Sin embargo, no me dice nada. Ni siquiera Adiós.
Y, ya que no recibí nada de su parte, tampoco le entrego nada. Duro, estúpido y necesario".

"–¿Cómo se supone que tienen que lucir los gays?
–No como tú.
–Gracias por el voto de confianza".

"Pista N° 4
Britney Spears: “(You Drive Me) Crazy”
–¡Es una gran canción para hacer ejercicio! –defiende Naomi–. Pero si quieres saber por qué la puse en el compilado, la respuesta es que no tenía mucha música para elegir. No estoy tan metida en esas cosas. Casi todas las canciones que tengo son canciones que le gustan a Ely o canciones que descargué para escuchar mientras hago ejercicio.
No existe forma alguna de suspirar con la fuerza necesaria para expresar mi profunda decepción con Naomi.
–Gabriel –se queda en silencio y me señala–. Te golpearé si le faltas el respeto a Britney o a Bon Jovi. No porque me gusten tanto, sino porque no hay nada de malo en ellos".

"–Pensé que Ely sería mi primera vez, ¿no suena estúpido? En verdad lo esperé. Pero él nunca esperó por mí. Estuve pendiente de él casi toda mi vida, pero nunca pude seguirle el ritmo. Ya sea en la escuela, o las citas, especialmente cuando estaba con algún chico. Siempre estaba un paso delante de mí –me confiesa, cansada y destruida.
Supongo que tiene sentido que hagas eso cuando la persona que amaste durante toda tu vida no solo no te quiso, sino que tampoco te esperó.
Supongo que, tal vez, podría ayudarla a entender que existen mejores formas de lidiar con eso".

"–Ah –cada vez que me mira, no consigo darme cuenta si siente atracción por mí, o simplemente desinterés–. ¿Acaso importa?
Claro que sí. Cierra los ojos.
Puedo ver cómo se mueven sus pechos debajo de mi chaqueta con cada respiración.
Eso también importa.
Por más que lo quiera, no me rendiré".

"El guardia de esta noche tiene una apariencia que, definitivamente, nunca vi en la clase de Economía. Es un tipo enorme vestido con lo que parece ser una bolsa de tela de paracaídas.
Ely se ríe al ver al tipo, pero no entiendo por qué. La situación se pone peor cuando llegamos al primer lugar de la hilera
–¿Quién soy? –me pregunta el guardia, mirándome fijo a los ojos.
Me quedo pensando ¿acaso te conozco? y Ely aparece detrás de mí.
–¡Eres Missy Elliot! La chica afroamericana del segundo año del Lilith
Fair.
Definitivamente, esa es la respuesta correcta, pero el guardia no me dará el premio a mí.
–No te preguntaba a ti –le dice a Ely–. Tú entra, él se queda afuera.
Es un poco humillante. Estoy seguro de que Ely entra porque es atractivo, y yo no porque no lo soy, dejando de lado el cuestionario sobre música.
–Vamos… Por favooooooor –le dice Ely, haciéndole ojitos.
El guardia sacude su cabeza de lado a lado y comienza a mirar al tipo que se encuentra detrás de mí, que tiene el cabello con trenzas.
–¡Te muestro mi pene! –le ofrece Ely, juguetón.
Al escuchar eso, el guardia sonríe y vuelve a mirarlo.
–Aquí –le dice Ely y antes de que pueda detenerlo, se desabrocha la bragueta de su pantalón y estira el elástico de su ropa interior para que el guardia curiosee.
–Nada mal. Tienes mucha suerte –me mira a mí y agrega–: Tú también.
Al pasar, el guardia me da una palmada en el trasero.
Definitivamente, no estoy de humor para todo esto".

"Robin responde:
La gente dice que deberías esperar a hacerlo con la persona que amas, pero creo que lo más importante es hacerlo con alguien que te guste.
Quiero decir, esa persona te verá desnuda, ¿lo sabes, no? Y estará dentro de ti. No lo hagas por el simple hecho de hacerlo, pero tampoco esperes a que una fantasía se vuelva realidad".

"–Escucha –ella y Shaun me dicen–. Te estás rindiendo. Una y otra vez dices que eres miserable y eso solo demuestra que piensas que todo gira en torno a ti. Pero no todo lo que importa eres tú. El amor no funciona de esa manera.
Neal me mira con simpatía en sus ojos.
–Tú piensas que es fácil, ¿no es así? –me pregunta–. ¿En serio pensaste que había una forma de ser fabuloso, fantástico y tan perfecto que sería completamente fácil? Nunca es fácil para nadie. Sabes eso, ¿verdad?".

"–Entonces, ¿por qué aún sigues en la cama? –en su cama.
No se levanta, pero al menos se sienta. En el televisor, el reflejo de “Awake” es demasiado brillante. Mamá se lleva las manos al rostro.
–No lo sé, cariño. Simplemente no lo sé. No sé qué más hacer. Odio mi trabajo. No tengo dinero suficiente para mudarnos. Me siento atrapada.
–Entonces cambiemos nuestra forma de pensar. No pensemos que estamos atrapadas. Sino que nuestra situación es como… un laberinto del que tenemos que salir. Si caes en una trampa, no tienes escapatoria. En cambio, un laberinto tiene una salida. Solo tienes que encontrarla".

"Todavía no veo una salida.
Pero no significa que estemos atrapados".

"Resistir el impulso de salir corriendo se hace más difícil que resistir el impulso de rendirse.
El solo hecho de imaginarte corriendo es lo que te hará escapar. Deja de hacerlo".

"Este sería el momento en el que Naomi se acercaría a mí y me daría una palmada en la rodilla. El momento en el que se pondría a coquetear.
Pero no lo hace. Solo se queda pensando en eso.
–Estoy bien –agrega y es bastante claro que no lo está.
–Mientes –le comento.
–Estoy bien –repite.
–No, no lo estás.
–Estoy bien.
Sacudo la cabeza de lado a lado.
–¿Por qué mientes? –le pregunto.
–Para impedir que la verdad me folle –suena justo–. ¿Cuándo metimos en nuestras cabezas que necesitamos decirnos la verdad todo el tiempo?
Algunas veces, mentir está bien, ¿sabes? No tienes que saber la verdad todo el tiempo. Es demasiado agotador".

"¿Qué hay con las imperfecciones?
Estiro la mano y jalo la cuerda que pende de la bombilla sobre su cabeza.
La luz se apaga. Cierro los ojos e inclino mi cabeza, lista para hacer que esto suceda.
Pero se vuelve a encender la luz. Abro los ojos y veo a Gabriel con su expresión de No-estoy-a-punto-de-besar-a-Naomi. Su cabeza está inclinada, sí, pero con una expresión de confusión como si se estuviera preguntando:
¿Qué diablos está haciendo Naomi?
¿QUÉ TENGO QUE HACER PARA PODER BESAR AL CHICO QUE ME GUSTA?
–¿El código de conducta de los conserjes? –le pregunto.
¿Qué hice mal esta vez? ¿O Gabriel es una de esas perras seguidoras de
Madonna que no puede lidiar con una chica que hace la primera jugada?
–No, el código de conducta de los caballeros –me corrige–. Y no sé, ¿tal vez necesitemos un mejor lugar? Algo que no sea un cuarto de suministros. ¿Quizás una cena y una película?
Realmente no sé cómo hacer esto. Cuando hay tanto en juego, soy una idiota.
Volteo para salir, avergonzada, pero coloca la mano sobre la puerta para que no la pueda abrir. (Realmente es un conserje muy malo). En seguida, me da el beso más suave y dulce que jamás sentí en mi cuello.
–Ya llegará el momento –me susurra al oído".

"Siempre hay palabras que son diferentes, palabras que suenan de una manera cuando las pensamos y diferente cuando las decimos. No existe tal cosa como un alma gemela… ¿quién querría estar en esa posición? No quiero tener la mitad de un alma compartida. Quiero mi maldita alma para mí solo".

"Quiero estar cerca.
Es una mentira pensar que la amistad y el romance son diferentes. Claro que no. Son simplemente variables de un mismo amor. Variables del mismo deseo de estar cerca".

"Me decido por llamarlo con un golpe amistoso.
–¿Quién es? –al oír su voz, siento que estoy a punto de desmayarme.
–Soy yo –le contesto–. Tu novio perdido".

"No le digo “Estoy enamorado de ti”, porque esa frase está inmersa en cada letra. Es el sentimiento implícito detrás de cada palabra".

"–No, no lo entiendes. Yo soy el que no es lo suficientemente bueno para ti.
De pronto, se convierte en un dueto.
–No soy lindo –canta él.
–Sí lo eres –digo yo–. Soy muy egoísta.
–No lo eres –dice él–. Tengo miedo.
–Está bien. Tengo miedo –canto.
–Está bien –me canta él.
Siempre vemos nuestra peor parte. Nuestra parte más vulnerable.
Necesitamos que otra persona se acerque lo suficiente y nos diga que estamos equivocados. Una persona en quien confiemos.
Sí, sé que Bruce nunca se verá bien en una pista de baile. Sé que tiene ciertos problemas. Sé que es un mutante".

"Es una completa mentira decir que compartirás el resto de tu vida con una sola persona.
Si tienes suerte (y si realmente te esfuerzas), siempre habrá más de una".






Rachel Cohn y David Levithan