martes, 25 de junio de 2019

Citas: Higiene del asesino - Amélie Nothomb


"Por si eso fuera poco, no dejaba de fumarse sus veinte puros diarios. 
Pero bebía con gran moderación y practicaba la castidad desde tiempos inmemoriales: los médicos no encontraban otra explicación para justificar el buen funcionamiento de su corazón ahogado por la grasa. Su supervivencia resultaba tan misteriosa como  el origen del síndrome que iba a ponerle fin".

"—Señor Tach, el mundo entero ha admirado la determinación con la que, a pesar de los consejos de los médicos, se ha negado a ingresar en un hospital. Así pues, la primera pregunta que se me ocurre es la siguiente: ¿cómo se siente?
—Me siento igual que me vengo sintiendo desde hace veinte años.
—¿Es decir?
—Me siento poco.
—¿Poco qué?
—Poco.
—Ya, comprendo".

"—¿Cree que hay vida después de la muerte?
—No.
—¿Entonces cree que la muerte es un aniquilamiento?
—¿Cómo se puede aniquilar lo que ya está aniquilado?
—Qué respuesta más terrible".

"—¿Establece una relación entre su físico y su vocación?
—No es una vocación. Apareció cuando me di cuenta de lo feo que era.
—¿Cuando se dio cuenta?
—Enseguida. Siempre he sido feo.
—Pero no es usted tan feo".

"—Nunca me hubiera imaginado que pudiera sufrir por su aspecto.
—No sufro. El sufrimiento es para los que me ven. Yo no me veo. Jamás me miro al espejo. Sufriría si hubiera elegido otro tipo de vida; para la vida que llevo, este cuerpo ya me conviene".

"—No más absurdo que lo que hace usted, si le interesa conocer mi opinión, pero ¿le interesa?
—Claro, soy periodista.
—Por eso lo digo.
—¿Por qué esa agresividad hacia los periodistas?
—Hacia los periodistas, no; hacia usted".

"—¿Así que le gustan los jóvenes? ¿Por qué?
—Me gustan los jóvenes porque son todo lo que yo no soy. En este sentido, merecen ternura y admiración".

"—Es una respuesta conmovedora, señor Tach.
—¿Quiere un pañuelo?
—¿Por qué se burla de los nobles impulsos de su corazón?
—¿Los nobles impulsos de mi corazón? ¿De dónde saca semejantes chorradas?".

"—Habla mucho de Céline.
—Me gusta la literatura, caballero. ¿Le sorprende?
—Supongo que a él no lo expurgará.
—No. Es él quien no deja de expurgarme a mí.
—¿Lo conoció?
—No, hice algo mejor: lo leí".

"—¿Cómo, no será usted feminista?
—¿Feminista, yo? Odio a las mujeres todavía más que a los hombres.
—¿Por qué?
—Por miles de razones. En primer lugar porque son feas: ¿ha visto usted algo más feo que una mujer? ¿A quién se le ocurre tener pechos, caderas, por no hablar del resto? Y, además, odio a las mujeres como odio a todas las víctimas. Menuda gentuza, las víctimas. Si extermináramos a fondo esta raza, puede que finalmente alcanzáramos la paz, y puede que las víctimas lograran al fin lo que desean, o sea: el martirio. Las mujeres son unas víctimas especialmente peligrosas porque son, antes que nada, víctimas de sí mismas".

"—Las mujeres son un montón de carne asquerosa. A veces, se dice de una mujer especialmente fea que es un callo: la verdad es que todas las mujeres son callos.
—Entonces, permítame preguntarle ¿qué se considera usted?
—Un montón de manteca de cerdo. ¿No se nota?".

"—¿Nunca ha sido feliz?
Silencio.
—¿Debo entender que ha sido feliz?… ¿Debo entender que nunca ha sido feliz?
—Cállese, estoy pensando. No, nunca he sido feliz.
—Eso es terrible.
—¿Quiere un pañuelo?".

"—Pero habrá tenido padres, supongo.
—Acumula usted intuiciones geniales, jovencito".

"—Además de usted, ¿existen otros descendientes?
—¿Quién le envía, Hacienda?
—No, sólo quería saber si…
—Ocúpese de sus asuntos".

"—En ese caso, ¿por qué escribir? ¿Por qué buscar la comunicación?
—Cuidado, no se confunda: escribir no es comunicarse".

"—Mire, jovencito, creo que no tenemos la misma concepción de la palabra «sentimiento». Para mí, desear romperle la cara a alguien es un sentimiento. Para usted, llorar con la sección «Consultorio sentimental» de una revista femenina es un sentimiento".

"—Sin llegar a esos extremos, podría reflexionar un poco sobre ello.
—¡Pero reflexionar sobre qué, maldita sea!
—Sobre las relaciones que ha mantenido con las mujeres.
—¿Qué relaciones? ¿Qué mujeres?
—No me irá a usted a decir que… ¡No!
—¿Cómo que no?
—¿Es usted…?
—¿Qué, dígalo?
—¿…virgen?
—Pues claro.
—Imposible.
—Es absolutamente posible".

"—No se vaya. Le ordeno que se quede.
—¿Tiene algo que decirme?
—Siéntese.
—Es demasiado tarde para excusarse, señor Tach, el plazo ha terminado.
—¡Quédese, maldita sea!
—Adiós.
Abrió la puerta.
—Me excuso, ¿me oye? Me excuso.
—Le he dicho que es demasiado tarde.
—¡Mierda, es la primera vez en mi vida que pido perdón!".

"—Desconozco lo que es la vergüenza.
—Otra virtud que sus profesores olvidaron inculcarle.
—Señor Tach, usted tampoco sabe lo que es la vergüenza.
—Normal. No tengo ningún motivo para sentir vergüenza".

"—En este caso, no es la humanidad lo que me interesa.
—Tiene razón, la humanidad no resulta interesante.
—Los individuos son interesantes, ¿no es cierto?
—En efecto, son tan raros…".

"—Total: sangre.
—Qué cruda es usted.
—Simplemente, su prima tenía su primera regla.
—Es usted asquerosa.
—No tiene nada de asqueroso, es normal".

"—Lástima. Me apetecería mucho llamarla Nina. ¿De qué tiene miedo, Nina?
—No tengo miedo de nada. Me da usted asco, eso es todo. Y no me llame Nina.
—Lástima. Necesito llamarla de algún modo.
—¿Para qué?
—Pobre pequeña, usted, tan aguerrida, tan madura, es aún, en algunos aspectos, como el corderito recién nacido. ¿Acaso ignora lo que significa la necesidad de nombrar a algunas personas? ¿Cree usted que el común de los mortales me inspira esta misma necesidad? Ni hablar, hija mía. Si, en lo más profundo de su ser, uno siente la necesidad de invocar el nombre de un individuo, es porque lo ama…
—¿…?
—Sí, Nina. La amo, Nina.
—¿Ya ha terminado de decir estupideces?
—Es la verdad, Nina. Hace un rato, lo intuí, y luego creí equivocarme, pero no me había equivocado. Era sobre todo eso lo que necesitaba decirle cuando me estaba muriendo. Creo que ya no podré vivir sin usted, Nina. La amo.
—Despierte, imbécil.
—Despierte, imbécil.
—Nunca me había sentido más lúcido.
—La lucidez no le sienta demasiado bien.
—No importa. Yo ya no cuento, soy todo suyo".

"—Deje de delirar, señor Tach. Sé perfectamente que no me ama. No hay nada en mí que pueda gustarle.
—Yo también pensaba eso, Nina, pero este amor se sitúa muy por encima de todas estas cosas".

"—¿No comprende que se puede amar a un ser más allá de toda referencia conocida?
—No.
—Lástima, Nina, y sin embargo la amo, con todo el misterio que este verbo sugiere".

"—¡Qué error más grande, Nina! El amor no tiene ningún sentido, y por eso mismo es sagrado.
—No intente camelarme con su retórica. Usted no ama a nadie aparte del cadáver de Léopoldine. Además debería darle vergüenza profanar el único amor de su vida diciendo palabras tan poco creíbles".

"—Nina, esto no me divierte. El amor no sirve para divertirse. El amor sólo sirve para amar".

"—El amor hace que la gente se vuelva estúpida, lo sabe todo el mundo, Nina.
—Por favor, no me hable más de su amor, siento crecer dentro de mí deseos homicidas.
—¿Será posible? Pero, Nina, así es como empieza.
—¿El qué?
—El amor".




Amélie Nothomb

No hay comentarios.:

Publicar un comentario