miércoles, 28 de noviembre de 2018

Citas: Cuentos para leer sin rimmel - Poldy Bird



Las muertes

Ya vendieron el piano

"Mamá me echó sobre el sillón de la salita diciendo que le dolían los riñones y le pidió a Tina, la muchacha, que le llevara la comida allí. Margarita ocupó la silla de mamá y entonces noté que el lugar del abuelo estaba vacío.
—¿Y el abuelo? —pregunté con sorpresa.
Los grandes se miraron entre sí y luego, lentamente y dando muchos rodeos, papá me comunicó que el abuelo se había ido de viaje, un largo viaje con destino al cielo o algo así.
Un largo viaje, abuelo. Y así supe que te habías muerto. Y de pronto me di cuenta de que todos estaban tristes y yo también".

"—¿La muerte es para siempre?
No me contestaron y no repetí la pregunta. Nadie comió esa noche".

"Tengo ganas de verte, pero no sé dónde.
Aquí en casa no, abuelo. Mejor no porque si vinieras sería un verdadero problema, no sabrían dónde meterte. No hay lugar para vos en casa.  Se armaría un lío.
Además, ya vendieron el piano".

Respuesta:

"Ésta es la segunda vez que lloro por vos".

"Durante el resto del año te recordaba cada vez que mi hija te nombraba: «Mamá, ¿Pilar… está en la playa todavía?».
Pilar, una chica en la playa, una muchachita ubicada en mis veintitantos días de licencia anual. Ni siquiera supe nunca tu apellido, tu edad exacta, si estabas enamorada".

"Nunca supe qué querías, qué soñabas".

"Yo, que me quejo de la indiferencia, que pataleo contra la incomunicación, estuve tan cerca de vos, materialmente, y sin embargo, supe tan poco de vos…
Ayer, cuando me dijeron «murió Pilar, ¿sabés?». Murió Pilar. Un accidente. Allá en Miramar. Pilar y sus lindos ojos grises.
Pilar y sus veinti… años. Pilar.
Lloré".

"Todavía no sé imaginarme los veranos sin vos. Mi hija va a seguir nombrándote y cuando volvamos allá se extrañará de tu ausencia. Dirá «No está Pilar, ¿por qué?». Y entonces sabrá que no se mueren solamente los viejos muy viejitos que ya gastaron toda su vida, sino también las chicas de ojos grises que aprenden de memoria párrafos de cuentos, giran en el trompo de los sueños, quieren cosas que no se quieren, cosas que sí se quieren, lloran por cosas que no conozco, lloran por cosas  que conozco, sienten lo mismo que yo y otras cosas distintas".

"Pilar.
Sí, he llorado. Y he llorado por vos. No por mi —como lloré muchas veces cuando me daban una noticia triste— sino por vos. Por vos, que ya nunca te agitarás de rabia, ni sonreirás, ni gastarás bailando los zapatos, ni te deslizarás por la arena con tu manera lenta.
He llorado por vos, que querías vivir y, sin embargo, estás muerta".

"Y este llanto y tu muerte me han dado la respuesta que he buscado tanto.
La respuesta a una pregunta que me he hecho mil veces en momentos de abatimiento, de desazón, de dolor: «Vivir, ¿para qué?».
Para esto tan simple que es vivir".

Esa no era mamá:

"Mi madre estaba muerta. Eso era lo que ellos decían. A lo mejor estaba dormida y ellos creían que estaba muerta".

"No quería tocarla.
No quería seguir mirándola. Se parecía a los muertos de los cementerios que se escapaban por las noches para ir a bailar y regresaban al amanecer apurados por meterse en sus bóvedas".

"—Mamá —murmuré llorando—. Mamita…, ¿dónde estás? ¿Por qué pusiste en tu lugar a esa mujer que no conozco y me da tanto miedo? ¿Por qué todos dijeron que esa muerta eras vos? ¿Por qué me dejaste tan sola?
Durante muchas noches dormí sobresaltada, tuve horribles pesadillas, me sentí perseguida por la mujer blanca, rozada por sus manos duras y frías. 
Porque ésa no era mamá. Ésa no. A mamá, tibia, sonriente, blanda, levemente rosada, la sigo buscando entre la gente que camina por las calles, entre la gente que viaja en los colectivos, los trenes, los autos, los subterráneos".

Para eso estamos los amigos:

"Antes, hermano, amigo, solamente me encontraba con vos en los sueños, sin querer.
Porque le tenía miedo a la muerte, y vos estás en ella".

"Que a veces sigo escribiendo poemas, que no me hice famosa, que me canso y vocifero mandando todo al diablo, pero después pongo el despertador en hora y salto de la cama cuando suena, me ducho, tomo el tren, ordeno mis papeles, le coso a mi hija el disfraz para la fiesta de fin de año en la escuela, abro alborozada los paquetes de regalos en Navidad y en mi cumpleaños, a veces lloro, tiemblo, soy feliz, tengo miedo, te echo de menos o ni siquiera te recuerdo".

Un aujero en el zapato:

"A nuestro modo tratamos de ser felices.
No pedíamos nada, así que cuando teníamos algo, nos parecía una maravilla.
Era una manera de llevarle ventaja a la desesperanza.
Dieguito caminó al año. Era haragán para hablar pero un buen día se le desató la lengua y nos llamó papá y mamá hasta hacernos llorar".

"Cuando María mejoró me las traje a las dos a casa y, en medio de todo, nuestra casa pareció un palacio. Eramos cuatro, dentro de su pobreza, para querernos".

Última vez desde esta ventana:

"En algunas terrazas hay ropa tendida. Sábanas que vuelan, blancas, rosadas; vestidos de colores, grandes y pequeños; medias de hombres; repasadores.
Ropa de gente que entra y sale y cumple horarios y tiene obligaciones y rezonga por el precio de la leche y sabe, siente, piensa que tiene largos años para vivir. Para seguir queriendo. Para seguir ganando, o perdiendo, o sufriendo, o siendo feliz.
Para seguir".


El amor

Un llanto azul:

"Cuando me confesaste que no eras libre, ya estaba enamorada de vos, ya me querías".

"Pero te quiero, dijiste.
Y la tierra volvió bajo mis pies, se cerraron las grietas, se soldaron los abismos, todas las cosas volvieron a su lugar.
Tan sólo una pátina gris sobre mi vida, sobre mi cuerpo, oscureciéndose, aplastando mis movimientos hasta volverlos lentos gestos de autómata.
Pero te quiero…".

"Tan distinta a mí. Tan distante de vos y, sin embargo, teniéndote. 
Porque vos no sabías, que era ella y no yo quien te tenía".

"Llamo al mozo, pago mi café.
Huyo. Huyo de este lugar y del encuentro.
Me esperarás en vano. No verás mis ojos mojados. No tendrás que decirme tu discurso de despedida.
No responderé tus llamados, si me llamas.
Ya ves, te facilito tu tarea, evito que te conviertas en mi verdugo".

Invisibles cadenas:

"Nunca hablamos de eso, de si Armstrong te gustaba. Entre tantas palabras de amor, tantos adioses, tantos desencuentros y tanta despedida, no tuvimos tiempo de hacer nombres, de ponerle música a lo nuestro, de leer a cuatro ojos las páginas de un libro".

"Es demasiada soledad la que me dejás.
Demasiado silencio.
Demasiado llanto.
Demasiada ansiedad.
Todo te lo has llevado.
Pensabas que era mejor así: no atarte con promesas, no pronunciar palabras que te comprometieran a quererme en la distancia".

"Dijiste que no querías dejarme atada, pero la verdad es que no querías quedarte atado a mí".

"—Tendremos que estar mucho tiempo separados. Un año, dos…, quizás más.
—No me interesa el tiempo, yo te quiero".

"—Es tonto prometernos cosas que tal vez no podamos cumplir… 
Prefiero despedirme como si fuera una despedida común, de cualquier día. Y reunirnos a mi regreso, como si tal cosa, si es que aún queda algo de lo nuestro en nosotros.
—Eso es cruel.
—No, no es cruel, es generoso. Lo egoísta es dejar de vivir lo que la vida puede acercarte, acercarme".

"Dejemos todo así. Que sea el tiempo el que cure, el que mate, el que mantenga encendida la llama o la vaya apagando poco a poco".

Violetas para nadie:

"No te he engañado: recién ahora acabo de darme cuenta.
Recién ahora, apretando en mis manos este ramo de violetas.
Recién ahora, mirándolas, profundamente azules, con un color que trepa y se columpia en mi recuerdo. Y no se me ocurre ninguna palabra para decirte, ni gracias, ni son muy lindas. Nada.
Porque la ceniza cae sobre menudos pétalos.
Y has comprado violetas, sí, pero muy tarde.
Violetas para nadie".

Memoria de ceniza:

"Ella apoyó su cabeza sobre tu pecho y oyó latir tu corazón como si le latiera dentro de su cuerpo".

"—Cuando se te pase me llamás, ¿eh, loquita?
Cuando se le pase qué. Eso nunca se pasa, a veces se adormece, pero está latente en el fondo, debajo de la risa, debajo del entusiasmo, debajo de las espirales que dibuja la vida cotidiana".

"Y bueno, que se aguante (lo pensás, ¿no es cierto?).
Se inventó siempre tantas cosas…
Se inventó, por ejemplo, un corazón grande como una casa y ahora se pasea por su corazón como una habitación vacía… donde sólo resuena el eco de sus pasos".

Las distancias:

"Pero no se animaron.
Les faltó valor.
Ellos dijeron que les faltó tiempo. Pero les faltó valor".


Cosas mías

La que nunca vio el mar:

"Cuántas cosas habrá que no sabías y querías saber.
Y entre ellas, el mar.
Vos lo preguntabas en uno de tus romancillos:
Verde de mis ojos verdes
Marchitándose al pensar:
¿de qué color será el verde
del color verde del mar?".




Poldy Bird

viernes, 23 de noviembre de 2018

Citas: El crimen del conde Neville - Amélie Nothomb


"—¿Y no le preocupa tener una hija en semejante estado?
—Tiene diecisiete años.
—¿Y se conforma con esa explicación?".

"—Pronto dará usted una gran fiesta en su casa —dijo.
—Efectivamente.
—Durante esa recepción, usted matará a un invitado.
—¿Perdón? —exclamó el conde, palideciendo".

"—El destino actúa incluso si no lo sientes.
—El destino no existe".

"—Cállate. Si sigues hablando, voy a odiarte. Y si te odio, no tendré la valentía de matarte.
La joven sonrió. Esta última frase la tranquilizó: su padre llegaría hasta el final".

"—Es una de las enseñanzas de Buda: «Cuando friegues los platos, friega los platos».
—¿De verdad Buda dijo eso?
—Más o menos. En todo caso, éste era el espíritu".




Amélie Nothomb

lunes, 19 de noviembre de 2018

Citas: Ácido sulfúrico - Amélie Nothomb



"Llegó el momento en que el sufrimiento de los demás ya no les bastó: tuvieron que convertirlo en espectáculo".

"No es casual que los humanos lleven nombres en lugar de matrícula: el nombre es la llave de la persona. Es el delicado ruido de su cerradura cuando queremos abrir su puerta. Es la metálica melodía que hace que el don sea posible".

"La matrícula es al conocimiento de los demás lo que el carnet de identidad a la persona: nada".

"—Si no tiene inconveniente, prefiero el tratamiento de usted.
—Creía que éramos amigas.
—Precisamente por eso. Dejemos el tuteo para los que no nos quieren".

"—Es la primera vez que la veo reír.
—Río de felicidad. Hablan, discuten, como si fuera importante. ¡Es maravilloso!
—Usted es la que es maravillosa. Gracias a usted han olvidado que estaban comiendo mierda.
—¿Usted no?
—Yo no es el primer día que me doy cuenta de su poder. Sin usted, estaría muerto.
—Morirse no es tan fácil".

"Cualquiera que viva un infierno durable o pasajero puede, para enfrentarse a él, recurrir a la técnica mental más gratificante de cuantas existen: contarse un cuento".

"El infortunado que puede llenar su pecho con un soplo de grandeza levanta la cabeza y ya no encuentra motivos para quejarse.
A menos que observe la cámara que espía su dolor. Entonces sabe que el público verá en él a una víctima y no a un luchador trágico. Vencido de antemano por la caja negra, deja caer las armas épicas de su relato interior. Y se convierte en lo que la gente verá: un pobre tipo machacado por una historia exterior, una porción congrua de sí mismo".

"Dios resulta tanto más necesario cuanto más evidente es su ausencia".

"En efecto, sería fácil ser Dios si el mal no existiera, pero entonces tampoco habría ninguna necesidad de Dios".

"Además, uno siempre es más hermoso cuando hay un término para designarlo, cuando posee una palabra sólo para él. El lenguaje es menos práctico que la estética. Si, al querer hablar de una rosa, no dispusiéramos de ningún vocablo, si cada vez tuviéramos que decir «la cosa que se despliega en primavera y que huele bien», la cosa en cuestión sería mucho menos hermosa. Y cuando la palabra es una palabra lujosa, en este caso un nombre, su misión consiste en revelar la belleza".

"—Quizá me equivoqué al aceptar convertirme en kapo. Pero ahora que lo soy, es demasiado tarde.
—Nunca es tarde para dejar de ser un monstruo".

"«¡Si te repugno, mejor aún! Me encanta no gustarte, y eso sólo hará que el precio que hay que pagar me guste todavía más»".

"—Basta. Haces que aumente mi deseo.
—Si realmente tuviera el deseo que asegura tener, sería capaz de pronunciar mi nombre.
Zdena palideció.
—Cuando uno siente lo que usted, necesita pronunciar el nombre de la otra persona. No es casual que haya hecho lo imposible para saber el mío. Y ahora que lo sabe y que me tiene delante, es incapaz de llamarme por mi nombre".

"«Lo peor es que eso no me impide amarla. Es como si me gustara todavía más.
De tanto resistirse a darme lo que se da tan fácilmente, de tanto irritarse como si le estuviera pidiendo el sacrificio de su padre y de su madre, me muero de deseo»".

"—Entonces ¿de qué me serviría salvarte?
—Para que siga con vida —dijo Pannonique, a la que divertía esta clase de tautología.
—¿Y eso, a mí, de qué me sirve?
—Acabo de decírselo: para que siga con vida.
—No me sirve de nada.
—Sí. La prueba es que la simple idea de mi muerte la horroriza. Necesita que viva.
—¿Por qué?
—Porque me ama".

"—¿Me equivoco?
—No lo sé. ¿Tú me quieres?
—No —dijo Pannonique perentoria.
—Qué descaro.
—Usted me quiere: no es culpa suya ni mía. Yo no la quiero: es lo mismo".

"—Estás perdiendo el tiempo. Aun cuando exista un infierno, me da lo mismo abrasarme en él.
—Existe un infierno, estamos en él".

"—Me ha salvado la vida. Ha salvado la humanidad, lo que queda de humanidad en este mundo.
—Basta ya, no te sientas obligada a decir estas cosas.
—En absoluto. Tengo que expresarle la admiración y la gratitud que siento por usted. Es una necesidad, Zdena. Necesito decirle que es la persona más importante de toda mi vida.
—Espera. ¿Cómo has dicho?
—… la persona más importante…
—No. Me has llamado por mi nombre".

"Depositó el tarro y creyó explotar de amargura. «¡No me has dado nada y sufro!
¡Te he salvado y me dejas morir de hambre! ¡Y tendré hambre hasta el día de mi muerte! ¡Y te parece justo!»".

"—Eso no es todo. He decidido hacer feliz a los demás.
—Ah —dijo Pietro Livi, consternado ante la idea de ver a la sublime Pannonique entregándose a la beneficencia—. ¿Y cómo piensa hacerlo? ¿Se va a convertir en dama de la beneficencia?
—No. Estoy estudiando violonchelo.
Rió de alivio.
—¿Violonchelo? Eso es magnífico. ¿Y por qué el violonchelo?
—Porque es el instrumento que más se parece a la voz humana".




Amélie Nothomb 

viernes, 16 de noviembre de 2018

Citas: Matar al padre - Amélie Nothomb


"Aquella noche habían acudido magos de todo el mundo. Aunque París ya no era la capital de la magia, el poder de la nostalgia seguía actuando. 
Los habituales intercambiaban recuerdos".

"—Muy conseguido, su disfraz de Amélie Nothomb —me comentó alguien. 
Saludé con una sonrisa para que no reconocieran mi voz. Llevar un enorme sombrero en un club de magia no significaba preservar el anonimato".

"Una noche, Cassandra trae a un nuevo tipo a casa. «Uno más», piensa Joe. Como siempre, ella hace las presentaciones.
—Joe, te presento a Joe, mi hijo. Joe, éste es Joe.
—La cosa se complica —observa el mayor".

"Cassandra ha vuelto a mentir: mil dólares no son gran cosa cuando tienes que cuidar de ti. Sólo es el precio de su conciencia de madre. Una conciencia que no cuesta demasiado".

"—Toda la sabiduría que atesora, ¿quiere guardarla para usted?".

"—¿Cuál es el objetivo de la magia? —retomó el adulto.
Después de un silencio, él mismo respondió a su pregunta:
—El objetivo de la magia es lograr que otro llegue a dudar de la realidad".

"Los sabios afirman que nada tiene sentido. Los enamorados poseen una sabiduría más profunda que la de los sabios. El que ama no duda ni por un instante del sentido de las cosas".

"—¡Te adora!
—Sí. Me adora igual que un chaval de quince años adora a su padre. O sea, siente deseos de matarme".

"—Aprende primero el Waving the Kings y luego ya veremos, ¿de acuerdo?
Superado, el adolescente cogió las cartas y, sin demora, ejecutó el truco a la perfección.
Norman movió la cabeza y le miró:
—¿Quién eres? ¿Qué tienes en la cabeza?
—¡Vale ya! —gruñó Joe".

"—Te lo juro por lo más sagrado.
—¿Qué es lo más sagrado para ti?
—¡Tú!".

"Y así fue como, entre los dieciséis y los dieciocho años, Joe ensayó sus ejercicios de magia hasta tenerlos tatuados en el sistema nervioso, se ejercitó en un número considerable de nuevos trucos, estudió con Norman las prácticas del escenario, se sacó el permiso de conducir, leyó multitud de libros, se tocó poco y mal; en resumen, se sacrificó en nombre de un amor que nada le había pedido".






Amélie Nothomb

domingo, 11 de noviembre de 2018

Citas: Metafísica de los tubos - Amelie Nothomb


"El tiempo es una invención del movimiento. Aquel que no se mueve no ve pasar el tiempo".

"Entonces la madre lo levantó por las axilas para ponerlo en pie: el padre le ayudó a que, con sus pequeñas manos, se sujetara a los barrotes de la cama-jaula para que tuviera una idea de cómo mantenerse por sí mismo. Luego, dejaron que aquel edificio se desmoronase: Dios cayó de espaldas y, en absoluto afectado, prosiguió su meditación.
—Necesita música —dijo la madre —. A los niños les gusta la música".

"La mirada es una elección. El que mira decide fijarse en algo en concreto y, por consiguiente, a la fuerza elige excluir su atención del resto de su campo visual. Ésa es la razón por la cual la mirada, que constituye la esencia de la vida, es, en primera instancia, un rechazo".

"La única mala elección es la ausencia de elección".

"Fue, sin embargo, el día más importante de su historia. Como tal, no se conserva ningún rastro. De igual modo, tampoco se conservan documentos referidos al primer día en que el primer hombre se puso de pie por primera vez, ni del día en que el hombre comprendió por fin la muerte. Los acontecimientos más fundamentales de la humanidad han pasado casi desapercibidos".

"Prefirieron recurrir a una especie de sentido común popular:
—Es para compensar los dos años precedentes. Vuestro bebé acabará por calmarse.
«Si antes no lo he tirado por la ventana», pensaba la madre, exasperada".

"Con gran delicadeza, me dijo:
—Tu padre ha perdido a su madre. Tu abuela ha muerto.
Adopté una expresión terrible.
—Por supuesto —prosiguió—, tú no sabes lo que significa la muerte. Sólo tienes dos años y medio.
—¡Muerte! —afirmé con el tono de una aserción sin réplica, antes de dar media vuelta".

"La verdad es que Nishio-san tenía hermosas historias que contar: los cuerpos siempre terminaban destrozados".

"—Papá, ¿dónde estás?
—Estoy aquí —respondió con calma.
—¿Dónde?
—No te muevas. Sobre todo no avances hacia donde estaba yo.
—¿Dónde estabas tú?
—A un metro de ti, a tu derecha.
—¿Qué te ha ocurrido?
—Estoy debajo de ti. Había una alcantarilla abierta, me he caído dentro".

"Mis padres, siempre sobrados de buenas ideas, me dijeron:
—Tu hermano, tu hermana y tú sois tres, igual que las carpas. Podrías llamar André a la tercera, Juliette a la verde, y la plateada llevaría tu nombre.
Encontré un amable pretexto para evitar aquel desastre onomástico.
—No. Hugo se pondría triste.
—Es cierto. ¿Podríamos comprar una cuarta carpa?
Rápido, inventar algo, lo que sea.
—No. Ya las he bautizado.
—Ah. ¿Y cómo las has llamado?
«¿Qué es lo que se agrupa en forma de a tres, por cierto?», me pregunté a la velocidad del rayo. Respondí:
—Jesús, María y José.
—¿Jesús, María y José? ¿No te parecen unos nombres muy curiosos para unos peces?
—No —afirmé".

"Diez años más tarde, estudiando latín, me tropecé con la siguiente frase: Carpe diem.
Antes de que mi cerebro pudiera analizarla, un viejo instinto interior ya había traducido: «Una carpa al día». Repugnante adagio donde los haya, que resumía mi calvario de antaño".





Amelie Nothomb

jueves, 8 de noviembre de 2018

Citas: El fin de Alice - A.M. Homes


"Alice, os digo su nombre suavemente, y os sugiero que si lo  sostenéis con tanto cuidado como yo, apretado fuerte contra el corazón, quizá al final llegaréis a entender lo confuso que puede ser el latido de dos corazones tan similares, y el que uno de ellos, finalmente, tuviera que detenerse".

"Y, para ser sincero, no recibo mucho correo de chicas. Inmediatamente les contesto con una breve nota introductoria: «Muy interesante. Por favor, envíame una foto tuya que me ayude a comprender mejor».
Ella contesta con una nota suya: «A la mierda las fotos. ¿Qué eres, un pervertido?».
Otra vez me han pillado. Me han devuelto a la humildad, a mi sitio".

"—¿Sabes? —dice su madre, comenzando la segunda frase de su parlamento con la misma muletilla.
—¿Por qué dices sabes cuando está claro que no lo sé? —pregunta la hija".

"Cárcel. Entre timbrazos. Estoy perdido en recuerdos".

"¿No te da miedo escribirle? ¿No te preocupa que haga algo raro en el papel, que implante algo dentro, que lo impregne, que lo llene de eso que le hace ser como es? Yo no me atrevería a tocarlo, tendría que ponerme guantes de goma y abrir el sobre con un cuchillo de carne. ¿Y le dejan escribir a quien quiera? ¿No ponen en el sobre: «Precaución, incluye demencia»?".

"Ellas no tienen idea de lo importantes que son para nosotros, no advierten el poder que les otorgamos, no se dan cuenta de que con un gesto tan pequeño se meten en nuestra vida".

"—¿Qué hora es? —le pregunto cuando ya se aleja.
—Tiempo pasado —dice, y sigue su camino".

"Dos guardas nuevos charlan en el pasillo; da la impresión de que cada semana hay carceleros nuevos, recién contratados, ninguno dura mucho.
—Llevé a mi hijo al zoo de mascotas —dice uno.
—Chist —dice el otro—, no hables de eso aquí, se hacen una paja con lo que decimos".

"Es tan fácil espiar cuando nadie piensa que tú miras".

"—¿Cómo te llamas? —le pregunta. Hasta ahora su nombre no ha tenido importancia, e incluso ahora sólo presta un título a la cosa.
(...)
En situaciones como ésta, cuando por fin tienes el nombre, tienes también el corazón, el alma".

"Henry me ve trabajando y se ríe.
—Un escritor asiduo —dice—. ¿Ficción o no? ¿Memorias? ¿Salgo yo?
—Tachado —digo".

"Ella llega, no dice hola, sino ¿estás listo?
Hola es una palabra que va acompañada de rubor, un arrebol de timidez. No es absolutamente necesaria, y como tal se suprime".

"—Tienes rojo en la nariz —dice—. Una gota de rosa en la mejilla.
Sonríe, se ríe y me lame la sangre de la cara.
—El sabor de la vida —digo".

"Amor. Sólo me ha venido ahora, en este momento. Amor. Estoy enamorado. No se lo digas a ella. No se lo digas a nadie. Te lo digo a ti, solamente a ti. Nunca se lo digas a ellos, o sólo en última instancia. Es la clase de cosa, la cosa exactamente, que uno no quiere que sepan. Se aprovechan. Admitirlo es reconocer que uno es débil, vulnerable, fácil de herir".

"¿Qué le gusta de las chicas?, escribe.
Sus secretos".

"Sé quién eres y sé lo que hiciste.
Una pausa. Un silencio. No sé muy bien qué responder. Vuelvo a leerlo. Sé quién eres y sé lo que hiciste".

"¿Qué hace que un hombre se convierta en hombre convertido en asesino? Es la historia que has estado esperando. ¿Qué hace que un hombre se convierta en hombre convertido en asesino? Una chica".

"—¿Has querido a alguien más?
—Sólo a ti".

"—¿Te parezco atractiva? —pregunta.
—Sin ninguna duda.
—¿Me deseas?
—Sin descanso.
—¿Qué parte de mí es la que más te gusta?
—La totalidad.
—¿Mis pechos?
Apunta con sus capullos hacia mí y lo único que se me ocurre pensar es en esas flores que salpican agua al ojo de un idiota. Instintivamente me escabullo.
—No —digo.
—¿Pero no tengo unos pechos bonitos?
—Tu pregunta era qué parte me gusta más.
Asiente.
—Tu sonrisa oculta".

"—Te quiero —dice él—. No te lo he dicho porque creí que te daría asco.
—Todos amamos algo alguna vez —dice ella, en su primer intento de ser filosófica—. Por ahí se empieza".





A.M. Homes

domingo, 4 de noviembre de 2018

Citas: Ochos primos - Luisa M. Alcott




"—La tía Myra es…. una mujer excelente, pero se desvive por creer  que todo el mundo anda caminando al borde de la fosa, y da la impresión de que se ofende cuando la gente no cae dentro".

"Febe dejó de pasar las habichuelas de una sartén a la otra, y sus ojos reflejaron conmiseración al posar la vista en la cabeza rizada que Rosa agachaba sobre sus rodillas, pues pensó que el corazón, debajo de aquel dije hermoso, sentía el dolor de la pérdida, y el coqueto  delantal estaba acostumbrado a enjugar lágrimas más tristes que todas las derramadas por ella en su vida".

"—Te buscan en la sala, Rosa.
—¡Ha venido alguien?
—Las niñas no deben hacer preguntas, sino obedecer cuando se les manda algo —fue cuanto se dignó responder Debby".

"Apenas si se había atrevido a observarlo la noche anterior, porque cada vez que lo intentó se encontró con un par de ojos azules que la contemplaban con fijeza".

"—Rosa, ¿eres presumida?
—Temo que sí —contestó débilmente, con la cabeza oculta por el velo de cabello que cubría su turbación.
—Es un defecto desagradable —y suspiró como si la confesión lo apenase".

"¡Oh, Timbalú, dichosos somos!
Vivir es fácil, sabiendo cómo.
La noche es larga, la tarde vuela.
Avanza el barco a toda vela.
Cantemos alegres la dulce canción,
Chiripi ripí, chiripi ripón.
Mañana es domingo, es día de fiesta;
Si aquél tiene sueño, que duerma la siesta.
Boguemos, boguemos, que llegan las aves
y vienen de lelos siguiendo las naves".

"—¿Le parece que ahora seré rica?
—Temo que sí.
—¿Teme?
—En efecto; porque mucho dinero es mala cosa".

"—Se me ocurre que algo se ha roto dentro, pues saltó un pedazo de vidrio — explicó Will, al dejar el fardo a sus pies.
—Si saben de una chica que salga de paseo sin llevar un espejo, me avisan —dijo Mac, con masculino desprecio—".

"—¿Que estará pensando mi sobrinita con ese semblante tan serio?
—En lo que usted me contó de aquel marinero valiente que cedió su sitio en la balsa a las mujeres y la última gota de agua al pobre nenito. Los que hacen sacrificios son muy queridos y admirados, ¿verdad, tío?
—Si el sacrificio es real, sí. Pero muchos de los más valientes no son conocidos nunca y nadie ensalza sus actos. Esto no amengua la belleza del gesto, aunque tal vez lo hace más duro, pues a todos nos placen las alabanzas —y al pronunciar estas últimas palabras, el doctor Alec lanzó un suspiro que parecía expresar resignación".

"—Supongo que usted habrá hecho muchos. ¿Por que no me cuenta algunos? —preguntó Rosa, a quien el suspiro no pasó inadvertido.
—El último fue dejar de fumar —dijo el doctor Alec, desviando en forma poco romántica la conversación.
—¿Y por qué lo hizo?
—Es un mal ejemplo para los chicos.
—Su decisión merece los mayores elogios. ¿Le costó trabajo?
—Me avergüenzo de confesarlo, pero así fue. Sin embargo, como cierta vez dijo un sabio: «Es necesario cumplir con el deber; no hace falta sentirse feliz»".

"La forma en que Rosa meditó en aquel dicho denotaba que le había gustado.
—Prescindir de las cosas que se desean ardientemente es un gran sacrificio, ¿verdad, tío?
—Sí.
—¿Y hacer el sacrificio en secreto porque una quiere mucho a otra persona y desea que sea feliz?
—También es gran cosa.
—¿Hacerlo con voluntad, alegrándose sin detenerse a pensar si no llega el reconocimiento?
—Sí, querida, ese es el verdadero espíritu del sacrificio y de la abnegación, y al parecer lo entiendes. Diría que en la vida no pueden faltarte ocasiones de practicarlo".

"—Tío, he descubierto para qué sirven las chicas —dijo Rosa un día después de reconciliados Archie y el Príncipe.
—Ah, bueno, hija mía… ¿para qué? —preguntó el doctor Alec, que estaba montando guardia en la cubierta, como llamaba a su paseo diario por el corredor.
—Cuidar de los chicos —contestó la niña, rebosante de satisfacción".




Luisa M. Alcott