viernes, 19 de julio de 2019

Citas: El funeral de Lolita - Luna Miguel


"La gente solía describirlo como un nudo en el estómago. Para Helena era una mala metáfora".

"Tuvo que releerlo un par de veces para que cobrara sentido. Un líquido abrasador comenzó a ascender hasta la comisura de los ojos. Se los  tapó con fuerza para detener la hemorragia. Siguió caminando avenida arriba, rumbo a casa, con un sentimiento parecido a la angustia pero también al alivio. A la altura de un restaurante asiático se dejó caer de golpe sobre una de las sillas metálicas de la terraza y dejó el móvil sobre la mesa. La pantalla aún emitía un leve brillo gracias al cual podía distinguirse un fragmento de las palabras de Rocío: «no sé si querrás saber de mí tampoco sé si este es tu perfil no sé ni siquiera si estás viva pero tenía que decírtelo roberto ha fallecido esta mañana»".

"Fue entonces cuando Helena lo notó: el vuelo de una polilla en el estómago. Sus alas de metal lijando las paredes gástricas; el peso del cuerpo sin vida de Roberto iluminándose en una habitación hasta entonces inhabitada de su mente".

"Y los gestos con los que más tarde le explicaría que «un funeral no es sitio para una niña» o que «está prohibido ir a la tumba de mamá»".

"El cuerpo de él descansaba en el borde opuesto del colchón, a una distancia calculada con frialdad, que a ella le parecía demasiado amplia, casi kilométrica.
Llevaban semanas, incluso meses, sin abrazarse, pero había algo en aquel rechazo que le causaba placer".

"Cuanto menos la deseaba él, más le deseaba ella.
Cuanto más enfadado parecía él, más extasiada ella".

"Se acordó de que le encantaba presumir de tener un nombre tan común.
Para él eso era sinónimo de ser irrastreable e impredecible. Algo parecido al anonimato, un resquicio de libertad. Continuó buscándolo, pero solo encontró artículos académicos sobre estudios cervantinos que ya había leído antes, posts sobre educación secundaria en un blog de las Mareas Verdes y páginas del BOE en las que su nombre era una simple cifra. Incluso muerto, Roberto seguía siendo un secreto".

"Nada más subir al AVE, se acomodó en un taburete del vagón-cafetería pidió una botellita de vino blanco y dos dónuts de azúcar. Para ella, un viaje en tren no era lo mismo si no podía disfrutar de la bollería industrial que se vende a bordo. Lo que pasa en la cafetería del tren se queda en la cafetería del tren, le dijo al camarero, mientras las preguntas se iban acumulando en su cabeza".

"—Ay, niña, ¿está muy cansada? ¿Quiere que quite la música? —dijo la
conductora.
—No se preocupe, así está bien.
—De acuerdo. Lo siento mucho, ¿eh?
—¿Por qué?
—Pues por su pérdida.
—No… —susurró Helena—. Yo no he perdido nada".

"Por primera vez en su vida, conocería la muerte. Por primera vez en su vida, sería libre de decidir si quería rezar o no. Si quería ser buena o no. Si quería llorar".

"—¿Nadie cuidaba de él?
—Su mujer. Y nadie más.
—Joder, su mujer…
—¿Qué pasa con ella?
—¿Crees que estará aquí?
—Es el velatorio de su marido, lo raro sería que no estuviera".

"En el tanatorio Cisneros no había mar. Ni un séquito de niños huérfanos.
Ni juguetes.
Había una pared forrada de corcho.
Un muro de cristal.
Un jarrón con flores falsas.
Y un muerto.
Eso era todo".

"Qué idiota sería obligar al mundo a recordarnos si ni siquiera nosotros volveríamos a mirarnos a los ojos".

"La última vez que sentí que estaba enamorada de él. ¿Cuándo fue la última vez que sentí que estaba enamorada?
Quizá nunca lo estuve.
¿Y si solo estaba enamorada de la idea de estar enamorada? ¿Y si solo quería ser la chica bonita de los libros que había que leer a escondidas?
Pero haz memoria.
Intenta recordarlo: ¿cómo era verdaderamente su voz?
¿Alguna vez llegué a escucharla de verdad?
¿Por qué la deseaba?
Y lo más importante.
¿Qué pasa con ese cadáver que tienes enfrente?
¿Te quería?
Venga.
Dilo.
Grítalo delante de toda esta gente.
Di lo que solo tú sabes.
Dilo.
—Rocío, necesito un café. He visto que hay una cafetería en la primera planta".

"—¿Y ahora?
—Y ahora nada. Se ha muerto y yo estoy aquí, a punto de entrar en Alcalá de Henares… Al menos si conseguimos salir de este atasco.
—Pero si tú odias Alcalá.
—Con toda mi alma.
—¿Cuántos años llevabas sin ir?
—Muchísimos.
—¿Cuántos llevabas sin ver a ese hombre?
—La hostia de años.
—¿Cuánto daño te hizo?
—Supongo que también la hostia.
—Pues entonces lo que no entiendo es para qué vas al funeral de un pedófilo".

"El orgasmo, como la muerte, deja el corazón vacío. Tumbada bajo el edredón, dejó que el sueño se apoderara poco a poco de ella".

"—¿Tienes miedo? —preguntó Helena señalándole la barriga con el dedo.
—¿De qué, de ser madre?
—De ser madre de una niña. Una niña que en quince años será como éramos nosotras y sufrirá como sufrimos nosotras".

"¿Cómo se empieza una historia de amor imposible?
¿Y cómo se empieza un cuaderno?
Querido diario: ya no tengo ocho años. Pero me gustaría tener alguien a quien dirigirme. Alguien que me escuchara.
Entonces ¿esto es un cuaderno o una confesión? No sé. Iré diciendo cosas.
Algunas tendrán sentido y otras no porque hoy nada tiene sentido en mi vida".

"¿Amo porque leo o amo porque simplemente amo?".

"Miércoles: leer no sirve para nada si no puedo hablar contigo de lo que leo".

"Los papeles cambian.
La victoria duele.
Esto no es un poema".

"Cuando amamos no escribimos".

"Si lo hago bien: nos moriremos.
Si no lo hago bien: nos moriremos.
Entonces ¿qué va a pasar ahora? ¿Y por qué en los libros que se acumulan en mi mesilla hay respuestas para todo menos para esto?".

"Cuanto más escribas, más sabrán. Cuanto más sepan, más te odiarán. 
Cuanto más te odien, más querrás huir. Cuanto más huyas…".

"Querido Roberto: esta es la última vez que escribo tu nombre porque mi voz se acaba. Nos vemos en tu funeral. O quizá en el mío".

"—Es sangre.
—¿El qué?
—Lo que tienes entre las uñas. Es sangre.
Roberto levantó la mano y la puso a la luz del fluorescente del despacho.
Tenía las yemas de los dedos marrones.
—¿Le haces esto a tu mujer? ¿Le haces tanto daño como a mí?
—No te hago daño.
—Cada cual mata lo que ama.
—¿Qué?
—Que cada cual mata lo que ama. Lo leí en un libro.
—¿Me estás pidiendo que te lo vuelva a hacer?
—Preferiría un cuchillo".

"—No: el final. Todos los libros que leo acaban mal. Según ellos, no tenemos futuro.
—Pero tú no eres la protagonista de un libro, Helena.
—Mi miedo no cabe en los libros.
—Yo puedo escribir uno para ti si quieres.
—Uno con final feliz".




Luna Miguel

lunes, 15 de julio de 2019

Citas: Tokio blues - Haruki Murakami


"Alcé la cabeza, contemplé las nubes oscuras que cubrían el Mar del Norte, pensé en la infinidad de cosas que había perdido en el curso de mi vida. Pensé en el tiempo perdido, en las personas que habían muerto, en las que me habían abandonado, en los sentimientos que jamás volverían".

"Olí la hierba, sentí el viento en la piel, oí el canto de los pájaros.
Corría el otoño de 1969, y yo estaba a punto de cumplir veinte años".

"La memoria es algo extraño. Mientras estuve allí, apenas presté atención al paisaje. No me pareció que tuviera nada de particular y jamás hubiera sospechado que, dieciocho años después, me acordaría de él hasta en sus pequeños detalles. A decir verdad, en aquella época a mí me importaba muy poco el paisaje. 
Pensaba en mí, pensaba en la hermosa mujer que caminaba a mi lado, pensaba en ella y en mí, y luego volvía a pensar en mí.
Estaba en una edad en que, mirara lo que mirase, sintiera lo que sintiese, pensara lo que pensase, al final, como un bumerán, todo volvía al mismo punto de partida: yo.
Además, estaba enamorado, y aquel amor me había conducido a una situación extremadamente complicada. No, no estaba en disposición de admirar el paisaje que me rodeaba".

"Me lleva tiempo evocar su rostro. Y conforme vayan pasando los años, más tiempo me llevará. Es triste, pero cierto. Al principio era capaz de recordarla en cinco segundos, luego éstos se convirtieron en diez, en treinta segundos, en un minuto. El tiempo fue alargándose paulatinamente, igual que las sombras en el  crepúsculo".

"Por eso ahora estoy escribiendo. Soy de ese tipo de personas que no acaba de comprender las cosas hasta que las pone por escrito".

"Ella posó sus manos sobre mis hombros y se quedó mirándome fijamente. En el fondo de sus pupilas, un líquido negrísimo y espeso dibujaba una extraña espiral. Las pupilas permanecieron largo tiempo clavadas en mí.
Después se puso de puntillas y acercó su mejilla a la mía. Fue un gesto tan cálido y dulce que mi corazón dejó de latir por un instante".

"—Quizás aún no te comprenda —afirmé—. No soy muy inteligente y me cuesta entender las cosas. Pero, con un poco de tiempo, llegaré a entenderte. 
Y no habrá nadie en el mundo que te comprenda mejor que yo".

"—¿Puedo pedirte dos favores?
—Incluso tres.
Naoko sacudió la cabeza sonriendo.
—Con dos es suficiente. El primero es que te agradezco que vengas a verme.
Estoy muy contenta y me… me ayuda mucho. Quizá no lo parezca, pero es así.
—Volveré a venir —dije—. ¿Y el otro?
—Que te acuerdes de mí. ¿Te acordarás siempre de que existo y de que he estado a tu lado?
—Me acordaré siempre".

"Naoko se detuvo, me sonrió y me tomó del brazo. Recorrimos el resto del camino el uno junto al otro.
—¿No me olvidarás jamás? —me preguntó en un susurro.
—Jamás te olvidaré. No podría hacerlo".

"Tiempo atrás, cuando todavía era joven y mis recuerdos eran mucho más nítidos que ahora, intenté escribir varias veces sobre Naoko. Pero entonces fui incapaz de escribir una sola línea. Era consciente de que una vez brotara la primera frase, las restantes fluirían espontáneamente, pero ésta jamás brotó".

"«La muerte no existe en contraposición a la vida sino como parte de ella»".

"«Algún día la muerte nos tomará de la mano. Pero hasta el día en que nos atrape nos veremos libres de ella»".

"La vida está en esta orilla; la muerte, en la otra. Nosotros estamos aquí, y no allí".

"Durante unos instantes pareció darle vueltas a algo. Me clavó los ojos con cara de estar observando un objeto extraño. Su mirada era tan profunda y cristalina que me dio un vuelco el corazón. No me había dado cuenta de que tuviera una mirada tan clara. De hecho, jamás había tenido la oportunidad de mirarla a los ojos. Era la primera vez que paseábamos los dos solos, y la primera vez que hablábamos tanto rato".

"—Estás en forma —bromeé cuando terminé mis fideos.
—¿Sorprendido?
—Sí.
—En el instituto era corredora de fondo. Corría unos diez o quince kilómetros.
Además, como a mi padre le gustaba el montañismo, desde pequeña, todos los domingos me llevaba con él de excursión. Ya has visto que detrás de casa está la montaña. Así que las piernas se me han ido fortaleciendo poco a poco.
—Pues no lo parece —dije.
—No, ¿verdad? Todo el mundo piensa que soy una chica muy delicada. 
Pero uno jamás debe fiarse de las apariencias. —Subrayó sus palabras con una media sonrisa".

"—¡Como te has acostado conmigo, ya no te importo nada! —berreó la chica.
—No es verdad —le dije.
Lo único que quería era irme de la ciudad. Pero ella no lo entendió. Y nos separamos. En el tren, camino de Tokio, me acordé de sus cualidades, de sus virtudes, y me arrepentí pensando que había sido muy injusto. Pese a todo, no podía volver atrás. Decidí olvidarla".

"Al principio, pensé que iba a lograrlo. Sin embargo, por más que intentase olvidarlo, en mi interior permanecía una especie de masa de aire de contornos imprecisos. Con el paso del tiempo, esta masa empezó a definirse. Ahora puedo traducirla en las siguientes palabras: «La muerte no existe en contraposición a la vida sino como parte de ella»".

"Hasta entonces había concebido la muerte como una existencia independiente, separada por completo de la vida. «Algún día la muerte nos tomará de la mano. Pero hasta el día en que nos atrape nos veremos libres de ella.» Yo pensaba así. Me parecía un razonamiento lógico. La vida está en esta orilla; la muerte, en la otra. Nosotros estamos aquí, y no allí".

"A partir de la noche en que murió Kizuki, fui incapaz de concebir la muerte (y la vida) de una manera tan simple. La muerte no se contrapone a la vida. 
La muerte había estado implícita en mi ser desde un principio. Y éste era un hecho que, por más que lo intenté, no pude olvidar. Aquella noche de mayo, cuando la muerte se llevó a Kizuki a sus diecisiete años, se llevó una parte de mí".

"Viví la primavera de mis dieciocho años sintiendo esta masa de aire en mi interior. Al mismo tiempo, intentaba no mostrarme serio, pues intuía que la seriedad no me acercaba a la verdad. Pero la muerte es un asunto grave. Quedé atrapado en este círculo vicioso, en esta asfixiante contradicción. Cuando miro hacia atrás, hoy pienso que fueron unos días extraños. Estaba en la plenitud de la vida  y todo giraba en torno a la muerte".

"—Tal vez mi corazón esté recubierto por una coraza y sea imposible atravesarla —le dije—. Por eso no puedo querer a nadie. 
—¿No has estado nunca enamorado?
—No —le respondí.
No quiso saber nada más".

"Al final del otoño, cuando el gélido viento barría la ciudad, ella a veces se arrimaba a mi brazo. Notaba su respiración a través de la gruesa tela del abrigo. Me tomaba del brazo, metía la mano en el bolsillo de mi abrigo o, si hacía mucho frío, se me agarraba al brazo temblando. Pero no era más que eso. No había que darle importancia. Yo continuaba andando con las manos metidas en los bolsillos, como siempre. Como los dos calzábamos zapatos de suela de goma, nuestros pasos apenas se oían. Sólo cuando pisábamos las grandes hojas caídas de los plátanos. Cada vez que oía este crujido seco, sentía compasión por Naoko. No era mi brazo lo que ella buscaba, sino el brazo de alguien. No era mi calor lo que ella necesitaba, sino el calor de alguien. Entonces sentía algo rayano en la culpabilidad por ser yo ese alguien".

"En esas ocasiones, Naoko jugueteaba con el pasador del pelo, se secaba las comisuras de los labios y me clavaba su mirada ausente. De haber podido, hubiese deseado abrazarla, pero siempre me quedé con la duda y desistí. Temía herirla. Seguimos paseando por las calles de Tokio, y ella seguía buscando las palabras en el vacío".

"Cuanto más conocía a Nagasawa, más extraño me parecía. A lo largo de mi vida, me había cruzado, había encontrado o conocido a muchas personas extrañas, pero jamás a nadie que lo fuera tanto. Leía muchísimo más que yo, pero tenía por principio no adentrarse en una obra hasta que hubieran transcurrido treinta años de la muerte del autor. «Sólo me fío de estos libros», decía.
—No es que no crea en la literatura contemporánea, pero no quiero perder un tiempo precioso leyendo libros que no hayan sido bautizados por el paso del tiempo.
¿Sabes?, la vida es corta".

"Interrogué a Nagasawa tras acostarme con tres o cuatro chicas. ¿No se sentía vacío tras haber hecho aquello setenta veces?
—Que te sientas vacío demuestra que eres un tío decente. Esto es algo positivo — dijo—. No ganas nada acostándote con desconocidas. Sólo consigues cansarte y odiarte a ti mismo. A mí también me pasa.
—¿Y por qué no dejas de hacerlo?
—Me cuesta explicarlo. Se parece a lo que Dostoievski escribió sobre el juego. Es decir, cuando a tu alrededor todo son oportunidades, es muy difícil pasar de largo sin aprovecharlas, ¿entiendes?
—Más o menos —afirmé.
—Se pone el sol. Las chicas salen, dan una vuelta, beben. Quieren algo, y yo puedo dárselo. Es algo tan sencillo como abrir el grifo y beber agua. 
Esto es lo que ellas esperan. Pues bien, las posibilidades están al alcance de mi mano. ¿Debo dejarlas escapar? Tengo el talento y las circunstancias idóneas para valerme de él. ¿Tengo que cerrar la boca y pasar de largo?
—No lo sé. Nunca me he encontrado en esta situación. Ni siquiera puedo imaginármelo —le dije riendo.
—Según como lo mires, es una suerte —repuso Nagasawa".

"—A nadie le gusta la soledad. Pero no me interesa hacer amigos a cualquier precio. No estoy dispuesto a desilusionarme —aclaré.
Con una patilla de las gafas metida en la boca, la chica murmuró:
—A nadie le gusta la soledad. Pero detesto que me decepcionen. Si te decides a escribir tu autobiografía, puedes incluir estas líneas.
—Gracias".

"—¿Cuándo murió tu madre?
—Hace dos años —matizó concisa—. De cáncer. Un tumor cerebral. Estuvo ingresada un año y medio y sufrió tanto que enloqueció y tenía que estar todo el día drogada. A pesar de ello, no se moría".

"—¿Por qué?
Midori juntó las palmas de sus manos sobre la mesa y reflexionó un momento.
—¿Y por qué no? ¿Tú no fumas?
—Lo dejé en junio.
—¿Y por qué lo dejaste?
—Porque era muy pesado. Quedarme sin tabaco a medianoche era un tormento.
Por eso lo dejé. No me gusta depender tanto de las cosas".

"—Por cierto, ¿dónde está tu familia? —pregunté.
—Mi madre, en la tumba. Murió hace dos años.
—Eso ya me lo has dicho antes".

"—No tenemos nada valioso —claudicó Midori.
—Algo habrá. Libretas de ahorro, sellos registrados, certificados, esas cosas. Para empezar, necesitarás dinero.
—No lo necesito porque no pienso huir.
—¿Aunque se queme la casa?
—Sí. No me importa morir.
La miré a los ojos. Ella me devolvió la mirada. No tenía la menor idea de hasta qué punto bromeaba. Mantuve la mirada fija en ella unos instantes, pero luego pensé: «Qué importa…».
—Como quieras. Me quedo contigo —dije.
—¿Morirás a mi lado? —A Midori le brillaban los ojos.
—¡Ni hablar! Si las cosas se ponen feas huiré. Si quieres morirte, hazlo tú solita.
—¡Qué despiadado eres!
—No voy a morir contigo sólo porque me has invitado a comer. Si se tratara de una cena, todavía".

"—¿Sigues queriendo morir en el incendio?
—¡Ostras! ¡No! Eso es otro asunto. Sentía curiosidad.
—¿Por morir en un incendio?
—No. Me interesaba ver cómo reaccionabas. Pero morir no me da miedo. 
Te ves envuelto en humo, pierdes el conocimiento y te mueres sin más. Es un momento".

"Midori se acercó un cigarrillo Marlboro a los labios y lo encendió.
—Tengo miedo de morir de ese modo. La sombra de la muerte va invadiendo despacio, muy despacio, el territorio de la vida y, antes de que te des cuenta, todo está oscuro y no se ve nada, y la gente que te rodea piensa que estás más muerta que viva… Es eso. Yo eso no lo quiero. No podría soportarlo".

"A las cinco le dije a Midori que me iba a trabajar y abandoné su casa. Le había propuesto salir a tomar algo, pero ella había rechazado mi invitación alegando que estaba esperando una llamada.
—Quedarme todo el día en casa esperando una llamada es algo que odio con todo el alma. Si estoy sola, me da la sensación de que voy pudriéndome y deshaciéndome, hasta convertirme en un líquido verdoso que es absorbido por la tierra. De mí sólo sobrevive la ropa. Ésta es la sensación que tengo cuando me quedo todo el día en casa esperando una llamada".

"«Hace casi cuatro meses que estoy aquí. En estos cuatro meses he pensado mucho en ti".

"—Lo intentaré —afirmé—. ¿Por qué llevas siete años aquí? Hasta ahora no me ha parecido que estés mal.
—Durante el día no. —Se le ensombreció el rostro—. Pero al llegar la noche la cosa cambia. Me revuelco por el suelo babeando.
—¿De verdad?
—¡Desde luego que no! —dijo inclinando la cabeza con incredulidad—".

"—Tengo que estar de vuelta antes de pasado mañana por la tarde. Debo ir a trabajar y, además, el jueves tengo examen de alemán.
—Bien. Puedes quedarte con nosotras. Así no te costará dinero y podréis hablar sin preocuparos de la hora.
—¿Con vosotras?
—Con Naoko y conmigo —dijo Reiko—. En la habitación hay dos camas y tenemos un sofá cama. Dormirás bien. No te preocupes.
—¿No está prohibido? ¿Un hombre viene de visita y se aloja en una habitación con mujeres?
—Supongo que no irrumpirás a la una de la madrugada para violarnos, ¿no?
—¡No!
—Entonces no hay ningún problema".

"—Eres un buen chico. Mirándote, me he dado cuenta. En los siete años que llevo aquí he visto ir y venir a mucha gente. Así que lo sé. Hay dos tipos de personas: los que son capaces de abrir su corazón a los demás y los que no. Tú te cuentas entre los primeros. Puedes abrir tu corazón siempre y cuando quieras hacerlo.
—¿Y qué sucede cuando lo abres?
Reiko, con el cigarrillo entre los labios, juntó las palmas de las manos con aire divertido.
—Que te curas —afirmó".

"—Pues parece historia antigua. Perdona por lo de ayer. Me puse nerviosa, no sé por qué. Y tú que habías venido a verme… Me sabe mal.
—No importa. Tal vez deberíamos exteriorizar más nuestras emociones. 
Si quieres, puedes mostrármelas. Así nos conoceremos mejor.
—Si llegas a entenderme, ¿qué sucederá entonces?
—Eso no lo tienes muy claro, ¿verdad? No se trata de lo que pueda suceder. En este mundo hay a quien le gusta saber los horarios de los medios de transporte y se pasa el día comprobándolos. También hay quien hace barcos de un metro de largo encolando palillos. Por lo tanto, no es tan raro que haya por lo menos una persona que quiera entenderte, ¿no te parece?
—¿Como una especie de pasatiempo? —dijo Naoko divertida.
—Si quieres, puedes llamarlo así. En general, las personas lo llaman simpatía o amor, pero si tú quieres llamarlo pasatiempo puedes hacerlo".

"—Oye, Watanabe… —me susurró al oído.
—Dime.
—¿Tienes ganas de acostarte conmigo?
—Claro —dije.
—¿Podrás esperar?
—Podré esperar.
—Antes de hacerlo quiero estar mejor. Encontrarme bien y convertirme en tu pasatiempo. ¿Podrás esperar hasta entonces?
—Claro".

"—Ya te decía en la carta que soy un ser mucho más imperfecto de lo que puedas imaginarte. Estoy mucho más enferma de lo que crees, las raíces son mucho más profundas. Por eso quiero que, si puedes, sigas con tu vida. 
No me esperes. Si te apetece acostarte con otras chicas, hazlo. No te reprimas por mi causa.
Haz todo lo que quieras. Si no, podría acabar convirtiéndote en mi compañero de viaje, y eso es algo que no quiero que suceda jamás. Me niego a interferir en tu vida, ni en la vida de nadie. Tal como te he dicho antes, ven a visitarme de vez en cuando y acuérdate siempre de mí. Eso es lo único que deseo.
—Pero eso no es lo que deseo yo —intervine.
—A mi lado, estás desperdiciando tu vida.
—No estoy desperdiciando nada".

"—¿Habéis podido hablar? —le soltó Reiko a Naoko.
—Sí, mucho —respondió ella.
—Después ya me contarás los detalles. Cómo ha estado él y todo eso.
—Si no hemos hecho nada. —Naoko se sonrojó.
—¿De verdad? —me preguntó Reiko.
—No, no hemos hecho nada.
—¡Qué aburrimiento! —Reiko puso cara de hastío.
—Pues sí. —Y tomé un sorbo de café".

"—Lo que nos hace personas normales es saber que no somos normales — reflexionó Reiko".

"—¿Querías algo en especial?
—No, nada. Hablar contigo.
—¡Ah! —musité.
—¿Qué coño significa ese «¡Ah!»?
—Nada. Es una expresión —respondí—".

"—Watanabe, ¿sabes lo que me gustaría hacer ahora?
—Ni me lo imagino.
—Quiero tenderme en una cama grande, muy mullida. Eso en primer lugar — explicó Midori—. Me encuentro a gusto, estoy borracha, a mi alrededor no hay ningún cagajón de mula, tú estás tendido a mi lado. Y entonces empiezas a desnudarme con dulzura. Como una madre desnudaría a su hijo. 
Suavemente.
—Y… —susurré.
—Yo al principio estoy adormilada, sintiéndome en la gloria, pero, de pronto, recobro el sentido y grito: «¡No, Watanabe! Me gustas, pero salgo con un chico y no puedo hacerlo. Yo soy muy estricta en estas cosas. ¡Basta! ¡Por favor!». Pero tú no te detienes.
—Yo me detendría.
—Lo sé. Pero esto es una fantasía —dijo Midori—. Y me enseñas tu cosita. Allí, enhiesta. Yo bajo enseguida la mirada, claro. Pero la veo de refilón y digo: «¡No, por favor! ¡No puedes meterme una cosa tan grande y tan dura!».
—No la tengo grande. La tengo normal.
—Eso no importa. Es una fantasía".

"—¿He llegado demasiado pronto? —preguntó ella—. ¿Te acabas de levantar?
—Voy a lavarme la cara y a afeitarme. ¿Me esperas unos quince minutos? —le rogué.
—No me importa esperarte, pero, desde hace un rato, no paran de mirarme las piernas.
—Normal, ¿no te parece? Presentándote en una residencia de chicos con una falda tan corta… Vamos, te mirarán todos.
—No hay problema. Hoy llevo unas bragas muy bonitas. De color rosa, con un encaje precioso.
—Peor aún. —Suspiré".

"—Entonces yo no creo en la revolución. Yo sólo creo en el amor".

"—Te sorprenderá saber que mientras viajaba sola estuve pensando todo el tiempo en ti. —Tomó un sorbo de su Tom Collins y comió un pistacho—. Deseaba que estuvieras a mi lado.
—¿Y eso?
—¿«Y eso»? —Midori me observó como si observara el vacío—. ¿Qué quieres decir?
—¿Por qué pensaste en mí?
—Tal vez porque me gustas. Está muy claro. La única razón que puede haber es ésta. ¿Crees que hay alguien en este mundo al que le apetezca estar con una persona que no le guste?
—Pero tú tienes novio y no deberías pensar en mí. —Bebí un sorbo de mi whisky con soda.
—O sea que, como tengo novio, ¿no puedo pensar en ti?".

"—¡Qué divertido! —exclamó Midori—. Volveremos otro día.
—Estas películas son todas iguales —comenté.
—¡Y qué esperabas! Todos hacemos siempre lo mismo.
Tuve que darle la razón".

"—Por aquí no hay árboles. Además, estás demasiado borracha para subirte a uno —le advertí.
—Eres siempre tan sensato que acabas deprimiendo al personal. Estoy borracha porque me da la gana. ¿Pasa algo? Y, aunque lo esté, puedo subirme a los árboles. ¡Eso es! Me subiré a uno muy, muy alto y me haré pipí encima de la gente, como si fuera una cigarra.
—¿No será que tienes ganas de ir al baño?
—Sí".

"—Perdona. Me he quedado dormida allí sentada —se excusó.
—¿Cómo te encuentras? —le pregunté poniéndole el abrigo.
—No muy bien.
—Te acompaño a tu casa —dije—. Una vez allí, te das un baño caliente, despacito, y te acuestas. Estás cansada.
—No quiero volver a casa. Allí no hay nadie, no quiero dormir sola.
—¿Y entonces qué vas a hacer?
—Entrar en un love hotel de por aquí y dormir abrazada a ti. Mañana, después de desayunar, nos iremos juntos a clase.
—Cuando me llamaste ya tenías esta idea.
—Claro.
—Tenías que haber llamado a tu novio en vez de a mí. Hubiera sido lo más lógico. Los novios están para eso.
—Yo quiero estar contigo.
—No puede ser —añadí resuelto—. En primer lugar, tengo que volver a la residencia antes de las doce. Si no, incumpliré las normas de pernoctación. Ya lo hice una vez y tuve complicaciones. En segundo lugar, si me meto en la cama con una chica, me entran ganas de hacer el amor con ella y odio tener que aguantarme. A lo mejor, acabaría violándote y todo".

"—El otro día me desnudé delante de la fotografía de mi padre. Le mostré mi cuerpo en una postura de yoga. «Mira, papá, esto son las tetas, esto el coño…»
—¿Y por qué lo hiciste? —le pregunté anonadado.
—Me apetecía mostrarle mi cuerpo. Total, la mitad de mi existencia es fruto de un espermatozoide suyo, ¿no? ¿Qué hay de malo en enseñárselo? «Ésta es tu hija.» Puestos a confesarlo todo, estaba borracha, lo cual me animó a hacerlo".

"Un día, mientras estaba pintando, me acordé de Midori. Hacía casi tres semanas que no me había puesto en contacto con ella; no le había informado  siquiera de mi cambio de domicilio. Le había dicho, eso sí, que pensaba mudarme pronto, a lo que ella repuso: «¿De veras?». Eso había sido todo.
Entré en una cabina telefónica y marqué su número. Contestó una chica que debía de ser su hermana y, al decirle mi nombre, me dijo:
—Espera un momento.
Por más que aguardé, Midori no se puso al aparato.
—Midori dice que está muy enfadada y no quiere hablar contigo —me informó su hermana—. Te mudaste sin avisarle. Desapareciste sin decirle siquiera adónde ibas.
Ahora ella está furiosa. Y cuando se enfada, no se le pasa así como así. Es igual que un animalito.
—Puedo explicárselo. Por favor, dile que se ponga un momento.
—No quiere escuchar tus explicaciones.
—Entonces, ¿te importa si te lo explico y luego tú se lo cuentas a ella? Me sabe mal pedírtelo, pero…
—¡Ni hablar! —me espetó su hermana—. Esto se lo cuentas tú directamente. Eres un hombre. Asume tus responsabilidades".

"—Watanabe, ¿qué te ha sucedido? —me preguntó Midori—. Estás en los huesos…
—¿Tú crees? —dije.
—¿No será que follas demasiado con tu amante casada?
Sonreí y negué con un gesto de la cabeza.
—Desde principios de octubre pasado no me he acostado con nadie —afirmé.
Midori soltó un silbido.
—¿Llevas más de medio año sin hacerlo?
—Sí.
—¿Por qué has adelgazado tanto?
—Me he convertido en un adulto —afirmé".

"No creas que estoy enfadada contigo. Sólo estoy triste. Porque tú has sido muy amable conmigo y, a cambio, no he sabido ayudarte. Tú siempre estás encerrado en tu propio mundo y, cuando llamo a la puerta, “toc, toc”, te limitas a levantar la cabeza antes de volver a encerrarte".

"He deseado que tropezaras, pero no te has caído. Ahora acabas de sentarte a mi lado, te estás bebiendo la Coca-Cola a sorbos. Deseaba que al volver hubieras caído en la cuenta y al fin me dijeras: “¡Anda, pero si te has cambiado de peinado!”. Pero no ha habido suerte. Si te hubieras fijado, hubiera roto esta carta y hubiera dicho:
“Vámonos a tu casa. Te haré una buena cena. Y luego nos iremos a la cama los dos muy juntitos”. Pero eres tan insensible como una plancha de hierro.
»Adiós.
»P.D. A partir de ahora, aunque me veas en clase, haz el favor de no dirigirme la palabra".

"«Además, tal vez sea un problema mío y a ti te dé lo mismo, pero ya no me acuesto con nadie. Porque no quiero olvidar el tacto de tu piel. Para mí, aquellos instantes son mucho más preciosos de lo que puedas imaginarte. Siempre pienso en ellos.»"

"—Háblame —me rogó Midori—. Querías decirme algo, ¿verdad?
—No pretendo justificarme, pero aquel día estaba exhausto, aturdido —dije—. No percibía bien las cosas. Sin embargo, al dejar de verte, lo he comprendido. Hasta ahora, he tirado hacia delante porque tú estabas a mi lado. Sin ti me siento desesperado, solo.
—No lo sabes… No sabes lo desesperada y sola que me he sentido sin ti durante estos dos meses.
—No, no lo sabía. —Me sorprendió—. Creía que estabas enfadada y que no querías volver a verme.
—¿Serás estúpido…? ¿Cómo podía no querer volver a verte? Te dije que me gustabas, ¿no es cierto? Cuando me gusta alguien, no deja de gustarme así como así".

"—Si me enfadé fue por lo siguiente. Y mira que estaba tan furiosa que te hubiera dado cien patadas. Hacía tanto que no nos veíamos, y tú, con la cabeza en las nubes, pensabas en la otra chica, sin mirarme ni un instante. Tenía todo el derecho de enfadarme. Aparte de esto, me dio la impresión de que me iría bien estar un tiempo separada de ti. Para aclarar las cosas.
—¿Qué cosas?
—Nuestra relación. En fin, yo cada vez lo paso mejor contigo. Mejor que cuando estoy con mi novio. Y eso, la verdad, no es muy normal, no es un buen síntoma, ¿no crees? Él me gusta, por supuesto. Es un poco egoísta, estrecho de miras, algo facha, pero tiene muchas cosas buenas, y es el primer chico que me ha gustado. Pero tú…, tú eres alguien muy especial. Cuando estoy contigo, siento que nos   entendemos.
Confío en ti, me gustas, no quiero dejarte escapar. Ese día me marché furiosa, así que le pregunté a él con toda franqueza qué creía que debía hacer. Y me dijo que no te viera más. Y que si volvía a verte, rompiera con él.
—¿Y qué hiciste?
—Rompí con él. Así de simple. —Se llevó un cigarrillo a los labios, lo encendió cubriendo la cerilla con una mano e inhaló una bocanada de humo.
—¿Por qué?
—¿Por qué? —gritó Midori—. ¿Estás mal de la cabeza? Sabes el modo condicional de los verbos ingleses, entiendes las progresiones, puedes leer a Marx…
¿Por qué esto no lo entiendes? ¿Por qué me lo preguntas? ¿Por qué le haces decir esto a una chica? Rompí con mi novio porque me gustas más que él. Yo hubiera querido enamorarme de un chico más guapo. Pero qué vamos a hacerle… Me he enamorado de ti".

"—No me hagas daño. Bastante me han herido ya a lo largo de mi vida. No quiero que me hieran nunca más. Quiero ser feliz".

"Si no quieres acabar en un manicomio, abre tu corazón y abandónate al curso natural de la vida. Incluso una mujer débil e imperfecta como yo piensa lo maravilloso que es vivir. Intenta ser feliz. ¡Adelante!".

"En las noches de insomnio me asaltaban diferentes imágenes de Naoko. 
No podía evitar que acudieran a mi memoria. En mi corazón, se habían acumulado demasiados recuerdos de ella. En cuanto encontraban una grieta, por pequeña que fuera, iban saliendo, uno tras otro, imparables. Fui incapaz de detener esa fuga".

"Al despedirnos, se sacó del bolsillo un billete de cinco mil yenes y lo metió en el bolsillo de mi camisa diciendo que, con aquel dinero, debía comprarme algo nutritivo, porque tenía muy mala cara. Lo rechacé aduciendo que ya había hecho demasiado por mí, que sólo faltaba que me diera dinero,  pero él no quiso tomarlo.
—No es dinero, son mis sentimientos. Acéptalo sin darle más vueltas. No pude hacer otra cosa que darle las gracias y aceptarlo".

"—Comprendo muy bien lo que tratas de advertirme —dije—. Pero todavía no estoy preparado. Tuvo un funeral tan triste… Nadie debería morir de este modo…
Reiko alargó la mano y me acarició la cabeza.
—Todos moriremos de este modo un día u otro".

"—He llevado una vida curiosa, pero no se me había pasado por la cabeza la posibilidad de que algún día un chico de veinte años me quitara las bragas.
—¿Prefieres quitártelas tú?
—No, no. Quítamelas tú. Pero estoy arrugada como una pasa, no vayas a llevarte una desilusión.
—A mí me gustan tus arrugas.
—Voy a echarme a llorar —susurró Reiko".

"—¿Dónde estás? —susurró.
¿Dónde estaba? Todavía con el auricular en la mano, levanté la cabeza y miré alrededor de la cabina. ¿Dónde estaba? No logré averiguarlo. No tenía la más remota idea de dónde me hallaba. ¿Qué sitio era aquél? Mis pupilas reflejaban las siluetas de la multitud dirigiéndose a ninguna parte. Y yo me encontraba en medio de ninguna parte llamando a Midori".





Haruki Murakami

jueves, 11 de julio de 2019

Citas: Poemas franceses - Rainer Maria Rilke


"MI corazón hace cantar esta velada
a unos ángeles que han recordado…
Una voz, casi mía, tentada
por un silencio desmesurado".

"LÁMPARA nocturna, tranquila confidente,
no has desgarrado el velo de mi corazón
(sería cosa de perderse); pero en su pendiente
del lado sur da una dulce iluminación".

"Ofrecerás tu rudo manjar
para que él también lo pruebe a su vez
y su labio puro se incline a tocar
el vaso en su cotidiana sencillez".

"NUESTRA anteúltima palabra, cosa
tal vez mísera será;
frente a la conciencia-madre ya,
la última será hermosa".

"ES el centauro el que tiene razón,
él que cruza a saltos cada estación
de un mundo apenas comenzado
que con su fuerza ha colmado".

"Y todo eso sin fin ni freno
nos ataca y va de embestida,
por castigar la poca cabida
de nuestro corazón ya lleno".

(Cuerno de abundancia)

"QUE bastemos al dios, que le baste
nuestra hora más señalada,
antes que una ola malvada
nos derribe y nos devaste".

"Quiere ser escuchado todo;
escuchemos hasta el fin;
pues son nosotros de igual modo
el camino y el jardín".

"Tomemos el rodeo sin temor.
Es preciso que el Órgano atruene
para que la música se llene
de todas las notas del amor".

"CADA alegría de los antepasados,
vertida en nosotros, se apelmaza;
su corazón, ebrio de caza,
sus descansos callados".

"LO que te hace, en mí, mantenerte
no son recuerdos que evoco;
y no eres mía tampoco
por un deseo bello y fuerte".

"No me es necesario verte
ante mí aparecer;
me ha bastado con nacer
para un poco menos perderte".

"Cuántas vidas que se responden cada segundo;
y por el vuelo que toma tu propia vida
al ser de este mundo,
qué enorme nada por siempre comprometida".

"Cantemos lo perdido ausente
con amor y con arte;
seamos más velozmente
que la rapidez de lo que parte".

"mientras nosotros procedemos
bajo nubes de tristeza".

"Se acerca, repetido,
como ese cisne que nada,
en nuestra alma que se ha estremecido…
y que a ese ser es costumbre
que la imagen trémula añada
de la dicha y la incertidumbre".

"En la vida que ya no avanza hacia la muerte
y en que el porvenir está ausente;
en la que hay que ser inútilmente fuerte,
y triste, inútilmente".

"Cuando nos llegue de callar la hora,
habrá otros que seguirán…
Pero ¿cómo hacer ahora
para devolverte mi gran
corazón, cosa contempladora?".

"Distinto fuera estar en el interior;
pero el lugar más excelente
está un poco demasiado enfrente
de ese juego conmovedor".

"En invierno, por la ventana
entra en casa la muerte ruin;
busca al padre, busca a la hermana,
y les toca su violín".

"Bajo nuestros párpados le habríamos de dar
una tumba sutil ahora,
y llorar como una madre llora
su peligro tan familiar".

"En su cuerpo sonoro dormido
el goce secreto halla
de ser aún un murmullo hundido
bajo la mirada de lo que calla".

"En su cuerpo sonoro dormido
el goce secreto halla
de ser aún un murmullo hundido
bajo la mirada de lo que calla".

(La cierva)


Rainer Maria Rilke

domingo, 7 de julio de 2019

Citas: 20 poemas de amor y una canción desesperada - Pablo Neruda


"Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en
mi honda".

(Cuerpo de mujer...)

"Oh grandiosa y fecunda y magnética esclava
del círculo que en negro y dorado sucede:
erguida, trata y logra una creación tan viva
que sucumben sus flores y llena es de tristeza".

(En su llama mortal...)

"En ti los ríos cantan y mi alma en ellos huye
como tú lo desees y hacia donde tú quieras".

(Ah vastedad de pinos...)

"En torno a mí estoy viviendo tu cintura de niebla
y tu silencio acosa mis horas perseguidas,
y eres tú con tus brazos de piedra transparente
donde mis besos anclan y mi húmeda ansia anida".

(Ah vastedad de pinos...)

"Ah tu voz misteriosa que el amor tiñe y dobla
en el atardecer resonante y musiendo".

(Ah vastedad de pinos...)

"Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes,
el viento las sacude con sus viajeras manos".

(Es la mañana llena...)

"Innumerable corazón del viento
latiendo sobre nuestro silencio enamorado".

(Es la mañana llena...)

"Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza".

(Para que tú me oigas...)

"Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú me oigas como quiero que me oigas".

(Para que tú me oigas...)

"Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras. 
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas".

"Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en
calma.
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma".

(Tú recuerdo como eras...)

"Los pájaros nocturnos picotean las primeras
estrellas
que centellean como mi alma cuando te amo".

(Inclinado en las tardes...)

"¿Entonces dónde estabas?
¿Entre qué gente?
¿Diciendo qué palabras?
¿Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?".

(Hemos perdido aún...)

"Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas".

(Hemos perdido aún...)

"Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos,
a veces fulgurece su mirada debajo del cielo".

(Casi fuera del cielo...)

"Para mi corazón basta tu pecho
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu calma".

(Para mi corazón...)

"A nadie te pareces desde que yo te amo".

(Juegas todos los días...)

"Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos".

(Juegas todos los días...)

"Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca".

(Me gustas cuando callas...)

"Déjame que me calle con el silencio tuyo".

(Me gustas cuando callas...)

"Me gusta cuando callas porque estás como ausente
distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa basta.
Y estoy alegre de que no sea cierto".

(Me gustas cuando callas...)

"La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mio es más dulce en tus labios,
oh segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios".

(En mi cielo al crepúsculo...)

"Este es un puerto.
Aquí te amo".

(Aquí te amo...)

"Y como yo te amo, los pinos en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre".

(Aquí te amo...)

"Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso".

(Puedo escribir los versos...)

"Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que la tengo. Sentir que la he perdido".
(Puedo escribir los versos...)
"Que importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo".

(Puedo escribir los versos...)
"La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.Nosotros, los de antes, ya no somos los mismos".
(Puedo escribir los versos...)
"Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.Mi voz buscaba el viento para tocar su oído".
(Puedo escribir los versos...)
"De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos".

(Puedo escribir los versos...)

"Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido".

(Puedo escribir los versos...)

"Aunque sea el último dolo que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo".

(Puedo escribir los versos...)

"En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto".

(La canción desesperada)

"Te ceñiste el dolor, te agarraste el deseo,
te tumbo la tristeza, todo en ti fue naufragio".

(La canción desesperada)

"Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué dolor no te ahoga".

(La canción desesperada)





Pablo Neruda

miércoles, 3 de julio de 2019

Citas: Reencuentro - Margaret Deland


"Según los habitantes de Old Chester, ser romántico era tan solo un poco menos reprobable que darse aires de grandeza. En sus setenta años de vida, el capitán Alfred Price no podía ser tachado de vanidoso, aunque, ciertamente, tenía algo de responsabilidad en lo que se refiere al romance".

"No; no era un sujeto romántico. Pero las muchachas, observándole pasar presuroso frente a la ventana de nuestro cuarto de la escuela tras abandonar la oficina de correos, acostumbrábamos a susurramos unas a otras: «¡Y pensar que se fugó con su enamorada!». ¡Ahí tienen el romance!".

"Para ser sinceros, la huida no llegó a producirse realmente pero, con la sola excepción de su desenlace, aquella era una historia perfecta. De hecho, el fracaso de la fuga no hizo sino mejorar el cuento: padres enojados, corazones rotos…
¡aunque lo peor fue que no permanecieron rotos durante mucho tiempo!".

"—El aire perfumado es más agradable —solía decir la señorita, olfateando cortésmente mientras el coche avanzaba a brincos dejando atrás los florecientes huertos de mayo—. ¡Y qué hermosa la perspectiva desde lo alto de la colina! 
—¡Hermosa, ciertamente! —respondía su compañero, clavando la mirada en ella con osadía.
La señorita se mostraba entonces cohibida y se mordía los labios.
—Yo no estaba contemplando el paisaje —se apresuraba a explicar el joven".

"Cuando Lydia Wright exclamaba: «¡Ah, qué tormenta de nieve tan horrible!», la querida señorita Ellen se disgustaba, diciendo:
«Lydia, ¿acaso hay algo turbador en semejante exhibición de los elementos?».
—No, seño… —titubeaba la pobre Lydia.
—Entonces —decía la señorita Bailey con gravedad—, tu afirmación de que la tormenta es horrible es una falsedad. No quiero pensar, querida, que hayas dicho intencionadamente una mentira; imagino que era tan solo una exageración. Pero una exageración, aunque no sea una falsedad, es impropia de una dama y debe ser evitada por personas refinadas".

"Así fue como aquellos dos jóvenes se vieron sumidos en el dolor. ¡Oh, el glorioso dolor del amor frustrado! A partir de entonces, cuando se encontraban ya no hablaban del paisaje.
Su conversación, aunque sin duda resultaba tan pudorosa como antes, versaba sobre los corazones rotos".

"Aquellos dos jovencitos se reunieron en el cementerio para jurarse lealtad eterna. El farol de Alfred descendió brillando intermitentemente por entre los copos de nieve —a medida que se abría paso por la ladera de la colina, entre las lápidas— y fue a encontrarse con Letty —que le esperaba acompañada de su negra criada— justo en la entrada del camposanto, bajo un tulipanero".

"—Señorita Let, está’mpezando a’cer frío, cielo.
—No insistas, Flora…
(...)
—Señorita Let, los pies se me’stán congelando…
—¡Flora, cállate!…".

"Solo cuando los secretos de todos los corazones sean revelados, podrá comprenderse por qué un hombre ama a una mujer necia; sin embargo, el motivo por el que la obedece resulta suficientemente obvio: el miedo es el poder más absoluto del mundo".

"—Y dicen que ella es muy resuelta —añadió lánguidamente.
—¡Una dama! —dijo el capitán—. Es un soldado con enaguas.
Gussie rio nerviosamente.
—Es tan plana como una tabla —declaró el capitán—. Si no hubiera sido por su rostro, no habría sabido si venía de proa o de popa".

"—¡Vaya, nos hemos instalado justo enfrente de la vieja casa de los Price! —preguntó.
—¿Los conocía, madre? —preguntó la señorita North.
—Dios mío, sí —exclamó la señora North, parpadeando—. Vaya, me había olvidado por completo, pero el primogénito… ¿Cuál era su nombre? Al… y algo más.
Alfred… Albert… No, Alfred… fue pretendiente mío.
—¡Madre! No creo que resulte refinado utilizar esa palabra.
—Pues bien, quiso que me fugara con él —dijo la señora North alegremente—. Si eso no puede considerarse un pretendiente, no sé qué puede serlo".

"—Dijo que mi padre era, hasta ahora, el hombre más sensato que conocía, y que no creía que pensara en una cosa tan terrible. Y yo, honestamente, tampoco lo creo, Gussie —dijo Cyrus.
—Pero la señora North no es en absoluto sensata —protestó Gussie—, y ella…
—El doctor Lavendar ha dicho que no hay tonto más tonto que el de mediana edad —agregó Cyrus.
—¡De mediana edad! ¡Pero si es más vieja que Matusalén!
—¡Eso es lo que yo le he dicho! —exclamó Cyrus".



Margaret Deland