jueves, 20 de septiembre de 2018

Citas: Fragmentos del cuadernillos de notas desaparecido - Benjamín Constant



"Charlotte me propone separarse de él si yo me caso con ella".

"La llegada de Charlotte a París, en 1806. Voy a verla; escenas, confesión, grandes querellas".

"Pierdo la cabeza entre Charlotte y madame de Staël".

"Una atmósfera muy distintas. Se acabaron la lucha".

"Madame Récamier se empeña en que yo me enamore de ella. Tenía yo entonces cuarenta y siete años. Su manera de comportarse en aquella velada: ¡Atrévase!, me dice.
Salgo de allí locamente enamorado".

"Es inaudito que, con tanto sufrimiento interior, haya podido yo escribir una sola palabra con sentido común".



Benjamín Constant



domingo, 16 de septiembre de 2018

Citas: Liberty bar - Simenon Maicret

"A decir verdad, Maigret, una vez más, tenía que esforzarse por tomarse su papel en serio. La vieja, a pesar del maquillaje, era horrible".

"—¿Oiga? Aquí el inspector Boutigues, ¿Quiere que vaya a recogerle a su hotel?
(...)
—¿Para qué?
—¿No quiere ver el cadáver?
—Sí... No".

"Encontró a un gendarme en un cruce.
—Un médico. En el Liberty Bar. Aprisa.
—¿No es ese cafetucho que...?
—¡Sí, es "ese cafetucho que"! —aulló Maigret con impaciencia—. ¡Pero dese prisa, imbécil!".

"—¿Qué historia era ésa?
—Una historia de amor.
(...)
—¿Y qué ha sido de ellas?
—A la vieja le quedan tres o cuatros meses de vida; depende de lo que beba.
—¿De lo que beba?
—Sí, pues también es una historia de alcohol". 





Simenon Maicret

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Citas: Libre - Patrick Ness


"En el momento en que entraba en el vivero, le sonó el teléfono.
—Hoy todo el mundo se ha levantado temprano —contestó mientras aparcaba.
—¿Cuántas veces tengo que decirte que yo no soy todo el mundo? —refunfuñó Angela.
—Todo el mundo es todo el mundo. Si se dice así, es por algo.
—Si se dice así, es porque ellos se pasan el tiempo haciendo cosas  estúpidas mientras nosotros (que no somos todo el mundo) nos reímos de ellos y así nos sentimos superiores".

"—¿Por qué estás levantada?
—Las gallinas. Por qué va a ser.
—Claro. Las gallinas son la causa de todo; cualquier día mandarán ellas".

"Aplicó el pulpejo del pulgar derecho a una de las espinas de la rosa (este, junto con «corona de», era uno de los dos pretendidos chistes que la gente hacía a expensas de su apellido, sin provocar más risas que las del propio chistoso) y apretó despacio, pero con firmeza. La espina le atravesó la piel y, en la prontitud de la gota de sangre que brotaba, Adam vio… … todo un mundo, fugaz como un jadeo, de árboles y verdor, de agua y montes, de una figura que lo seguía en la oscuridad, de errores cometidos, de pérdida, de pesar…".

"—La muerte no es el fin —dice en voz alta".

"Durante cuarenta y cinco minutos o una hora, incluso una hora y media, el mundo era suyo y él, el único habitante. Bienaventurada, maravillosa, casi sagrada soledad".

"—¿Te encuentras bien, muchacho? —El viejo que se había fabricado su propia bici lo había alcanzado.
Adam se quitó un auricular.
—Mal de amores, nada más.
—¿Me permites un consejo? —El hombre no se detuvo, siguió pedaleando despacio—. Whisky. A litros".

"—¿De veras me amas? —le había preguntado Enzo, un momento antes de besarse, con una sonrisa medio incrédula, medio intrigada, en aquel rostro suyo tan hermoso.
¿Y por qué no? Era muchísimo más fácil ser objeto de amor que tener que llevar a cabo la complicada tarea de amar".

"Es ella quien da un paso hacia él, tomando la mano que el hombre le ofrece y estrechándola con las suyas. Él boquea, asombrado por el contacto físico. Ahora ella puede olerle: un toque de piel sin lavar, pobreza, extrema soledad".

"Cuando eras tan guapo, todo el mundo suponía que podías comerte el mundo, tanto es así que nadie se molestaba realmente en enseñarte cómo hacer las cosas. De todas las maldiciones, la belleza física era sin duda la mejor que podía tocarte; pero no dejaba de ser una maldición".

"—Sería más sencillo si subieras a la camioneta.
—Marty…
—Voy a ser padre.
Adam pestañeó. Lo mismo hicieron el caballo y la cabra que siempre lo acompañaba. Era una frase tan incongruente que Adam la malinterpretó.
—¿Te conviertes al catolicismo?
Marty casi se sobresaltó; luego hizo un gesto de impaciencia.
—No me refiero a esa clase de padre —dijo".

"—Se llama Felice —dijo, sonriendo para sí—. Quiere decir «feliz».
—Ah —repuso Adam con cara de póquer—, entonces se acabaron los problemas. ¿De qué signo es?".

"—¿Y qué quieres de mí? —le preguntó Adam—, ¿que te dé la enhorabuena? Pues ya la tienes. Aunque solo haya visto una foto de ella y me haya enterado de su existencia hace unos treinta segundos, me alegro por vosotros".

"Tal vez el amor lo volvía a uno imbécil. 
O la soledad".

"—Entras aquí —dijo su jefe, pasando por alto la pregunta—, luciendo ese culito carnoso que tienes, meneándolo delante de mis narices como una cerda en celo, incitándome a que te meta mano…
—¿Estás quedándote conmigo…?
—¡Y encima esto! —Le pasó algo raro en la voz, y Adam tardó un momento en darse cuenta de que Wade intentaba reírse—. Has malinterpretado adrede una conversación de trabajo para hacer que  parezca… —Se enjugó con un dedo el sudor del bigote— qué sé yo.
Como si estuviera tirándote los tejos, o algo.
—Wade, te veo la erección.
—¡No seas guarro! —La mano de Wade voló a su entrepierna—. Y ahora intentarás colarme que unas cuantas bromas, que ha habido siempre entre nosotros, te inducen de alguna manera a pensar que yo…
—Como me reduzcas las horas de trabajo, hablo con recursos humanos.
La cara de Wade se endureció de pronto, fue como si una cámara se hubiera acercado a un nido de avispas.
—Demasiado tarde, vaquero. Estás despedido".

"—Yo creo que habríamos ligado y nos habríamos casado y habríamos engendrado hijos de estatura media. Para divorciarnos un tiempo después al darte tú cuenta de que eras gay.
—¿Yo siempre soy gay?
—En todos los universos posibles.
—Vale, lo pillo. ¿Y tú siempre eres bajita?
—Salvo en los universos en los que soy Beyoncé.
—Bueno, en ciertos universos, todos somos Beyoncé".

"—(...)Nunca pierdas la oportunidad de besar a alguien. No hay cosa de la que uno se arrepienta más".

"—Nada tan grave como para no enamorarme de ti —dijo Linus.
Adam se pasó la lengua por los labios para sentir el ligero sabor a café que Linus le dejaba siempre.
—Yo también te quiero —dijo".

"—Linus…
—Ah, y tampoco elegimos las personas a las que queremos. No es culpa nuestra si se comportan como capullos integrales".

"—¿Cómo lo haces?
—¿El qué?
—Concentrarte en dos cosas a la vez.
Linus se inclinó torpemente para besarle en los labios.
—Solo estoy concentrado en una, Adam".

"—Te quiero —dijo Adam. Se lo dijo a Linus.
Linus le guiñó el ojo con gesto travieso.
—Decirlo en pleno acto sexual no cuenta. —Pero entonces reparó en las lágrimas en los ojos de Adam y, con dulzura, se las enjugó—. ¿Adam?
—No me dejes sin haberme amado —repuso Adam y, abrumado de vergüenza, lloró un poco más".

"Su padre le miró ahora a los ojos.
—¿Sabes lo mucho que rezamos por ti, Adam?, ¿por tu curación?
—Yo no necesito curarme.
—Todos lo necesitamos.
—No necesito esa clase de curación. Ni yo ni nadie. En serio, papá,
¿sabes en qué año vivimos?
—Que los tiempos estén desquiciados no significa que yo tenga que seguir la corriente".

"—No te muevas, por favor.
Angela le pellizcó un brazo. Con suavidad.
—Ni siquiera con todo el océano de por medio y en otro continente.
—Ni siquiera —concedió él.
—Ni siquiera hasta el fin del mundo".

"—Deseo quererte —añadió—. Si me dejas".

"—Aquí abandoné el lago —dice.
—Lo sé, mi reina.
—Aquí es donde empiezo a morir.
—Solo una parte de ti".




Patrick Ness

martes, 4 de septiembre de 2018

Citas: Los años de peregrinación del chico sin color - Haruki Murakami


"Desde el mes de julio del segundo curso de carrera hasta enero del año siguiente, Tsukuru Tazaki vivió pensando en morir".

"Ahora, Tsukuru Tazaki se decía a menudo que tal vez hubiera sido mejor haber muerto entonces. Así, este mundo habría dejado de existir. La idea le seducía: este mundo no existiría y lo que él tenía por realidad ya no sería real. Del mismo modo que para este mundo él ya no existiría, el mundo tampoco existiría para él".

"Durante meses vivió como un sonámbulo, como un cadáver que todavía no se ha percatado de que está muerto".

"Cuando no pensaba en la muerte, no pensaba absolutamente en nada".

"—Lo importante es la voluntad de ganar —solía decir—. En la vida no se puede ganar siempre. Unas veces se gana y otras se pierde".

"—Los objetivos concretos simplifican la vida —sentenció Sara".

"—Y no te deprime estar solo.
Como aún era temprano, en el local no había más clientes aparte de ellos. De fondo sonaba un trío de jazz con piano.
—No, creo que no —dijo Tsukuru tras titubear un poco.
—Pero ya no tienes a donde regresar, ¿no? Ese lugar armonioso y sin perturbaciones…
Tsukuru se quedó pensativo, aunque no había nada en lo que pensar.
—Ya no —respondió en tono tranquilo.
Durante las vacaciones de verano del segundo curso, supo que ese lugar había desaparecido".

"—Aun así, no lo entiendo —dijo Sara—. Esa herida todavía permanece en tu cabeza, en tu corazón, o probablemente en ambos. Y sin embargo durante estos quince o dieciséis años no has intentado averiguar qué ocurrió.
—Mira. No es que no quiera saber la verdad. Lo que pasa es que, a estas alturas, siento que es mejor olvidarlo. Ya forma parte del pasado, está como sumergido en una zona muy honda de mí mismo.
Durante un instante Sara cerró sus finos labios y luego sentenció:
—Eso es peligroso.
—¿Peligroso? —dijo Tsukuru—. ¿Qué quieres decir?
—Aunque logres ocultar los recuerdos, o enterrarlos muy hondo, no puedes borrar la Historia —dijo Sara alzando la mirada hacia Tsukuru—. Más vale que te quede grabado: la Historia no puede borrarse ni alterarse. Porque significaría matarte a ti mismo".

"Dieciséis años después, todavía, de vez en cuando, experimentaba de repente esa sensación: se separaba de sí mismo. Contemplaba su propio sufrimiento convertido en otro".

"«Parece que estoy al borde de la muerte, pero no puedo hacer nada», se dijo mientras se contemplaba. «Porque realmente, en cierto sentido, lo estoy. Porque he vivido aferrándome trabajosamente a este mundo, y ahora, a la menor ráfaga de viento, igual que una muda de insecto que cuelga de la rama de un árbol, podría salir volando y perderme para siempre»".

"Los celos —por lo que Tsukuru coligió de su sueño— son la prisión más desesperanzadora del mundo. Porque es una prisión en la que el preso se confina a sí mismo. Nadie lo mete a la fuerza. Uno entra por voluntad propia, cierra con llave desde dentro y lanza la llave por entre los barrotes. Y nadie en el mundo sabe que está ahí recluido. Naturalmente, si se decidiera a salir, podría hacerlo. Porque la prisión está en su interior. Pero no se decide. Su corazón se ha vuelto duro como un muro de piedra. Ésa es la esencia de los celos".

"—En el mundo hay gente que compone cuartetos para cuerda y gente que cultiva lechugas y tomates. Hará falta también alguien que construya estaciones, ¿no? Y, en mi caso, tampoco es que «me muera de ganas» de construirlas. Simplemente es un tema muy específico que me interesa.
—Perdona que te lo diga, pero encontrar un tema de interés específico en la vida ya me parece suficiente logro".

"—¿En qué te quieres especializar tú?
El estudiante permaneció un rato callado, pensativo.
—No lo sé —contestó al fin—. Al contrario que tú, yo no tengo muy claro lo que quiero hacer. Sólo sé que, haga lo que haga, me gustaría poder reflexionar profundamente sobre las cosas. Seguir pensando de forma pura, con toda libertad. Sólo eso. Aunque, en el fondo, reflexionar de forma pura quizá sea como crear un vacío.
—Supongo que en este mundo también hacen falta personas que creen vacíos".

"En cualquier caso, así fue como se convirtió en esa persona llamada Tsukuru Tazaki. Antes de eso, no era nada; simplemente un caos primigenio sin nombre. Un pedazo de carne rosada que no alcanzaba los tres kilos, que a duras penas respiraba y que berreaba en la oscuridad. Primero le dieron un nombre. Después surgió la conciencia y la memoria, y a continuación se formó el ego. El nombre fue el punto de partida de todo".

"La tristeza, sin razón aparente, que la contemplación de un paisaje bucólico despierta en el alma. Nostalgia, melancolía".

"—Es una pena que estés estudiando física. Deberías abrir un restaurante —le decía Tsukuru, medio en broma.
Haida se reía.
—No sería mala idea. Pero no me gusta estar atado a un lugar. Prefiero vivir con total libertad para ir a donde quiera cuando quiera y pensar todo cuanto quiera.
—Eso no es fácil.
—No, no lo es. Pero al menos tengo las ideas claras. No quiero ataduras. Me gusta cocinar, pero no quiero encerrarme en una cocina como un profesional. Si lo hiciera, al cabo de poco tiempo empezaría a odiar a alguien.
—¿A alguien?
—«El cocinero odia al camarero y ambos odian al cliente» —dijo Haida—. Es de la obra de teatro La cocina, de Arnold Wesker. Si te arrebatan la libertad, acabas forzosamente odiando a alguien, ¿no crees? Yo no quiero llevar esa vida.
—Porque lo que deseas es poder pensar con toda libertad, ¿no?
—Exacto.
—Pero pensar libremente no me parece nada sencillo.
—A fin de cuentas, pensar libremente significa también distanciarse del cuerpo.
Salir de esa jaula que te limita. Romper las cadenas y simplemente darle alas a la mente. Proporcionarle a las ideas una vida natural: ahí es donde radica el núcleo de la libertad de pensamiento".

"—Todo tiene su molde. El pensamiento también. Pero así como no hay que temer a los moldes, tampoco hay que tener miedo de romperlos. Eso es lo esencial para poder ser libres: sentir respeto y aversión hacia los moldes. Las cosas importantes en esta vida siempre contienen cierta dualidad. Eso es todo lo que puedo decir".

"—Es evidente que su música tiene el poder de conmover a la gente. Me he dado cuenta, aunque apenas sé nada sobre jazz.
Midorikawa meneó la cabeza, turbado.
—Sí, en ocasiones el talento es divertido. Es vistoso, llama la atención. Y si tienes suerte, incluso ganas dinero con él. También atrae a las mujeres. En fin, supongo que es mejor tenerlo que carecer de él. Pero el talento, querido Haida, sólo puede desplegarse cuando uno está concentrado. Y si algo no funciona bien en tu mente o en tu cuerpo, si, pongamos por caso, se te afloja algún tornillo o se te estropea alguna conexión —dijo con una sonrisa—, entonces la concentración, y por lo tanto el talento, se esfuma como el rocío en la madrugada".

"—Así que quiere morirse ya…
—Sí. Con franqueza, te diré que vivir es un fastidio. No me importa lo más mínimo morir. Me faltan energías para ponerme a buscar el modo de quitarme la vida, pero si la muerte me llega calladamente, entonces no me importa".

"Entonces Midorikawa se dirigió a él en tono sosegado:
—Supongo que pronto regresarás a tu vida de universitario en Tokio. Te reintegrarás a la vida real. Aprovéchala al máximo. Por muy superficial y monótona que sea la vida que te espera, merece la pena vivirla. Te lo aseguro. Olvídate de mis ironías y paradojas. Simplemente, a mí, eso que merece tanto la pena me resultó una carga. No fui capaz de soportarla. Quizá no nací para ello. Por eso espero en silencio a que llegue la hora, refugiado en un lugar tranquilo y oscuro, igual que un gato moribundo. Con todo, no me quejo. Pero tú, no. Tú debes sobrellevarla. Utiliza el hilo de la lógica para coser a tu cuerpo, lo mejor que puedas, aquello que merece la pena vivir".

"Pero sólo pensar en que volvería a verla le puso de buen humor. Una vez más, constató hasta qué punto, en el fondo de su corazón, aquella mujer se había vuelto imprescindible para él. Cuando pasaba un tiempo sin verla, tenía la impresión de que le faltaba algo, algo muy importante, y sentía una ligera punzada en el pecho. Hacía una eternidad que no experimentaba algo así".

"—Por eso sólo te relacionabas con chicas con las que podías evitar abrir tu corazón por completo.
—Tal vez tenía miedo de que, si acabase amando y necesitando en serio a alguien, al final esa persona podría desaparecer y dejarme solo".

"Tsukuru no podía quitarse esos pensamientos de la cabeza. «Tal vez mi destino sea estar solo. La gente se acerca a mí y al poco tiempo se marcha.» Parecía que buscaran algo dentro de él e, incapaces de encontrarlo, o desencantados con lo que veían, se dieran por vencidos, y desilusionados, incluso enfadados, fueran alejándose.
Hasta que, un buen día, se esfumaban. Sin dar explicaciones, sin despedirse. Como si con un hacha afilada cortasen de cuajo los vínculos que todavía hacían palpitar calladamente aquellas venas de sangre caliente".

"De los cuatro, una ya no existía. Se había convertido en un puñado de ceniza blanca. Sus pensamientos, su manera de ver las cosas, su sensibilidad, sus sueños y ambiciones… Todo eso había desaparecido.
Sin dejar rastro. Sólo quedaba lo que él recordaba de ella. Su cabello negro, largo y liso; sus bonitos dedos posados sobre el teclado; sus pantorrillas blancas, esbeltas, suaves como la cerámica, y elocuentes, aunque pudiera padecer extraño; la música que solía tocar: Le mal du pays, de Franz Liszt. Su pubis húmedo y sus pezones endurecidos… ¡No! Eso no era un recuerdo. Eso…, bueno, sobre eso prefería no pensar".

"—(...)No se pueden devolver los productos una vez que has roto el precinto. No queda más remedio que seguir adelante".

"—Todos tenemos la libertad en nuestras manos —dijo Aka. Y sonrió guiñándole un ojo—. Ésa es la moraleja".

"«Tómate tu tiempo… Yo te esperaré», le había dicho Sara.
Pero no era tan fácil. La gente se mueve, cada día cambia. Nadie sabe qué va a ocurrir".

"—¿Es usted ingeniero?
—Sí.
—No habrá venido a Finlandia a construir una estación, ¿no?
—No, he venido de vacaciones, a visitar a unos amigos.
—Muy bien —dijo el taxista—. Las vacaciones y los amigos son las dos mejores cosas de esta vida".

"—Suena complicado.
—Sí, me parece que es demasiado complicado para explicártelo en mi inglés.
Olga se rió.
—En la vida siempre hay cosas demasiado complicadas para explicarlas en cualquier idioma".

"—Todos tenemos cosas que nos preocupan —dijo Eri poco después—. Cada una está vinculada a otras. Cuando pretendemos arreglar una cosa, detrás surgen otras. A nadie le resulta fácil librarse de ellas. Tampoco a ti ni a mí".

"En ese momento, por fin lo captó. En lo más profundo de sí mismo, Tsukuru Tazaki lo comprendió: los corazones humanos no se unen sólo mediante la armonía.
Se unen, más bien, herida con herida. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad. No existe silencio sin un grito desgarrador, no existe perdón sin que se derrame sangre, no existe aceptación sin pasar por un intenso sentimiento de pérdida. Ésos son los cimientos de la verdadera armonía".

"«La vida es como una compleja partitura», pensó Tsukuru. «Está llena de semicorcheas, fusas, signos raros, anotaciones indescifrables. Leerla correctamente es una tarea ardua y, aunque uno lo consiga, no siempre la interpreta de la manera correcta ni la valora en su justa medida. No siempre hace felices a las personas. ¿Por qué vivimos de una manera tan enrevesada?»".

"—Siento llamarte a estas horas —dijo Tsukuru—, pero tenía que hablar contigo.
—¿Y qué hora es?
—Casi las cuatro de la madrugada.
—Vaya, ni siquiera he mirado la hora —dijo Sara. A juzgar por la voz, parecía que todavía no se había despertado del todo—. ¿Qué pasa? ¿Se ha muerto alguien?
—No, nadie se ha muerto —dijo Tsukuru—. No se va a morir nadie. Pero hay algo que tengo que decirte esta noche, sea como sea.
—¿De qué se trata?
—Me gustas de verdad, te deseo con toda mi alma".

"Tenía la impresión de que si concentraba su mente y todos sus sentidos en un punto, sin duda acabaría infligiendo una herida fatal a su corazón, como cuando, con una lente, se concentra la luz del sol en un papel para que éste arda. Era lo que él deseaba, y con toda su alma. Pero pasaron los meses y, al contrario de lo que esperaba, el corazón no se le paró. Porque un corazón no se detiene tan fácilmente".

"«No todo desaparece con el paso del tiempo.»".




Haruki Murakami

viernes, 31 de agosto de 2018

Citas: Vida de una Geisha - Mineko Iwasaki


"Creo que la elección de mi profesión es por demás paradójica. Una geiko de categoría se halla siempre expuesta al resplandor de los focos, mientras que yo pasé gran parte de mi infancia escondida en un armario oscuro".

"Una geiko de categoría es maestra en el arte de crear un ambiente  de distensión y esparcimiento, sin embargo, yo no disfruto en particular con la compañía de otros. 
Una geiko de renombre nunca está sola, pero yo siempre he amado la soledad.
¿No es extraño? Parece que hubiese escogido de forma deliberada el camino que entrañaba para mí mayores dificultades, una senda que me obligase a afrontar y superar mis limitaciones personales".

"Fue tenaz en su cortejo, pero debido a la notable diferencia de clase existente entre ambos mi madre pensó que la relación sería imposible. Al final, mi padre la dejó embarazada de mi hermana mayor, lo que la  obligó a casarse".

"—Mirad bien y aprended. Esta ave estúpida le ha dado un picotazo a nuestra querida Masako, y ha muerto por ello. Recordadlo: no está bien hacer daño a otros ni causarles dolor".

"En cuanto llegamos a casa y vi a mí madre, me eché a llorar con gran aflicción y me arrojé a sus brazos. Al cabo de un rato me bajé de su regazo y me metí en el armario.
Mis padres me dejaron tranquila y pasé la noche allí, envuelta en la oscuridad.
No abandoné el armario hasta la mañana siguiente, aunque todavía estaba muy alterada por el viaje a la okiya Iwasaki, pues lo que había visto en el karyukai era muy distinto de todo cuanto conocía, mi pequeño mundo comenzaba a desmoronarse. Estaba confundida y asustada, y me pasaba la mayor parte del tiempo abrazándome a mí misma, con la mirada perdida".

"Una noche invitaron a Koyuki a un banquete en el Ichirikitei en honor al general MacArthur. Y éste se quedó tan prendado del quimono que ella llevaba que quiso saber si se lo darían para los
Estados Unidos. Cuando la propietaria del Ichirikitei dio la solicitud a tía Oima, ésta respondió:
—Los quimonos son nuestra vida. Lléveselo si lo desea, pero tendrá que llevarme también a mí. ¡Puede ocupar mi país, pero jamás ocupará mi alma! —El general no volvió a pedir el quimono".

"Cuanto más amables eran conmigo, peor me sentía. Estaba indignada, llena de odio hacia mí misma".

"Salí del juzgado flanqueada por mis padres, cogida con fuerza de sus manos. Lloraba y me sentía tan culpable por haberlos traicionado que no me atreví a mirarlos a la cara, aunque, de soslayo, descubrí en las mejillas de ambos el rastro de sus lágrimas.
Vieja Arpía detuvo un taxi y los cuatro volvimos juntos a la okiya.
Mi padre trató de consolarme:
—Tal vez sea mejor así, Ma-chan. Estoy seguro de que en la okiya Iwasaki te divertirás más que en casa. ¡Aquí hay tantas cosas interesantes que hacer! Pero si alguna vez quieres volver a casa, avísame y vendré a buscarte. En cualquier momento. De día o de noche. Sólo tienes que llamarme.
Lo miré y aseveré:
—He muerto.
Mis padres dieron media vuelta y se alejaron. Cuando los obis de sus quimonos comenzaron a desvanecerse a lo lejos, grité en lo más profundo de mi corazón: 

"¡Mamá! ¡Papá!". Pero esas palabras no llegaron a mis labios.
Cuando mi padre se volvió para mirarme, contuve el impulso de correr tras él y, ahogando las lágrimas, agité triste la mano. Mi decisión era irrevocable".

"—¿Qué pasa, Mine-chan?
—Ay, algo horrible. Estoy sangrando.
—No es nada, Mineko. Estás bien. Eso es bueno.
—¿Las hemorroides son buenas?
—No son hemorroides. Tienes la menstruación.
—¿La qué?
—La menstruación. La regla. Es completamente normal".

"Sentada ante ella, me sentí majestuosa y adulta con mi primer peinado formal. Me miró con una conmovedora expresión de orgullo y fue en ese preciso instante cuando por fin tomé conciencia de que tía Oima había muerto y prorrumpí en sollozos. El proceso de cicatrización de las heridas había comenzado. Lloré durante dos horas, manteniendo en vilo a todo el mundo, antes de que madre Sakaguchi pudiera empezar a maquillarme".

"Esa noche asistí a mi primer ozashiki; el invitado de honor era un caballero occidental. El traductor le explicó que yo era una aprendiz de maiko, y que aquélla era mi primera aparición en público. Entonces, él se volvió para hacerme una pregunta y le respondí lo mejor que pude en mi inglés de colegiala.
—¿Alguna vez ves películas americanas?
—Sí.
—¿Conoces el nombre de los actores?
—Conozco a James Dean.
—¿Y el de los directores?
—Sólo el de uno. Se llama Elia Kazan.
—Vaya, gracias. Yo soy Elia Kazan.
—¡No! ¡Bromea! ¿De veras? ¡No lo sabía! —exclamé en japonés".

"Mamá Masako era incapaz de ocultar sus sentimientos, pues cuando estaba enamorada, resplandecía, y si la relación iba mal, ni siquiera se molestaba en peinarse y lloraba mucho. Yo le daba palmaditas en la espalda:
—Estoy segura de que pronto encontrarás a don Perfecto.
Nunca perdió las esperanzas. Y nunca lo encontró".

"Trató de animarme dando un giro a la conversación.
—¿Cuál es tu pasatiempo favorito, Mine-chan?
—Me encanta bailar.
—¡Qué bien! ¿Y de dónde has salido?
—De ahí.
—¿De dónde?
—De la habitación de al lado.
Mi respuesta dibujó una sonrisa en sus labios.
—No, te preguntaba dónde has nacido".

"—¿Cómo debo mirar una obra de arte? —quise saber, en cierta ocasión.
—Limítate a ver lo que ves y a sentir lo que sientes —fue su respuesta, franca y sucinta".

"—¿De verdad le quedan dudas todavía? —le pregunté—. ¿A pesar de tener noventa años?
—Hay ciertas cosas de las que nunca podemos estar seguros —aseveró—, aunque vivamos cien años. Eso demuestra que somos humanos".

"El médico que vino a reconocerme quiso saber si había tenido gases.
—¿Gases? —pregunté.
—Si, gases. ¿Han salido ya?
—¿Salir? ¿De dónde?
—Lo que quiero decir es si te has tirado algún pedo.
—¡Por favor! —exclamé, indignada—. Yo no hago esas cosas".

"—Apuñala el cuerpo y sanará. Pero lastima el corazón y la herida permanecerá abierta durante toda la vida".

"—Escucha a este viejo curandero, Mine-chan. Tienes que cuidarte. 
Ahora debes volver a casa y meterte en la cama. Prométeme que mañana irás al hospital.
—Pero si estoy bien.
—No me escuchas, Mine-chan.
—Porque estoy bien.
—No estás bien. Si sigues así, podrías morir.
—Ah, las mujeres hermosas siempre mueren jóvenes.
—Esto no es ninguna broma. —Ahora parecía enfadado".

"—Señorita Iwasaki, tiene que ocuparse de esto de inmediato. De lo contrario podría tener un problema serio.
—¿Qué clase de problema?
—Podríamos vernos obligados a extirparle un riñón.
Todavía no me había dado cuenta de la gravedad de la situación.
—Yo ni siquiera sabía que tenía dos riñones. ¿No basta con uno? ¿Necesito los dos?".

"Lo primero que vi cuando entré en el quirófano fue a un hombre de bata blanca que enfocaba mi cara con una cámara de fotos. Sin pensar, le dediqué una gran sonrisa.
El médico me habló con brusquedad:
—Por favor, no preste atención a la cámara y no sonría. Necesito fotografías de esta operación para una conferencia sobre cirugía. Ahora abra la boca...".

"Mi verdadero problema no está en mi garganta ni en mis riñones. El médico debería haberme operado del corazón".

"—Ven un momento, Mineko —me indicó, y acto seguido me condujo a la habitación de las criadas.
Antes de que pudiera darme cuenta de lo que pasaba, me rodeó con sus brazos y me besó en la boca.—Eh, basta. —Forcejeé para soltarme—. Sólo Gran John, mi perro, tiene permiso para hacer eso.
Fue mi primer beso. Y no me gustó nada. Pensé que estaba sufriendo un ataque de alergia. Se me pusieron la carne de gallina y los pelos de punta, y un sudor frío cubrió mi cuerpo. Tras pasar por la sorpresa y el miedo, llegué al instante a un estado de incontenible furia.
—¡Cómo se atreve! —exclamé—. ¡No vuelva a tocarme nunca! ¡Jamás!
—Vamos, Mine-chan, ¿no te gustó ni siquiera un poquito?
—¿Gustarme? ¿Qué quiere decir? Esto no tiene nada que ver con que me guste o no me guste.
Me avergüenza confesarlo, pero a los dieciocho años todavía creía que los besos en la boca podían dejar embarazada a una mujer. Estaba aterrorizada".

"Una noche me rogó con picardía:
—Ya sé que no se me permite tocarte, pero ¿no podrías poner un dedo, sólo uno, en mi rodilla? Sería una forma de recompensar mis esfuerzos con el shamisen.
Como si tocase algo contaminado, apoyé cuidadosamente la yema del dedo índice en su rodilla.
Me pareció un juego.
Después de tres meses de rozarlo con el índice, preguntó:
—¿Qué tal tres dedos?
Y más adelante:
—¿Por qué no cinco dedos?
Y luego:
—¿Y la palma entera?
Por fin, una noche se puso serio.
—Creo que me estoy enamorando de ti, Mineko".

"Estábamos en ese punto cuando Toshio le pidió a mi amiga que me llevase un ramo de asteres.
Era una dulce forma de cumplir su promesa de visitarme a diario. Al descubrir que las flores eran un regalo de Toshio, me embargó la emoción. No sabía si aquello era amor, pero estaba claro que algo sí sentía: una opresión en el pecho cada vez que pensaba en él. Y pensaba en él a todas horas. No me encontraba cómoda y hacia que aflorase mi timidez. Quería hablar con él de lo que me pasaba, pero no sabía qué decir. Creo que la pequeña puerta de mi corazón empezaba a abrirse. Aunque yo no dejaba de luchar".

"—¿Mamá?
—¿Sí?
—Eh… No, nada; no tiene importancia.
—¿Qué es lo que no tiene importancia? ¿Qué ibas a decir?
—Olvídalo. Sólo estaba pensando.
—¿En qué? No me tengas sobre ascuas, es exasperante.
No pretendía irritarla, pero las palabras se negaban a salir de mi boca.
—No estoy segura de que seas la persona apropiada para aconsejarme.
—Soy tu madre.
—Lo sé, y respeto mucho tu opinión sobre cuestiones de trabajo, pero se trata de algo diferente. No sé si debo hablar de este asunto contigo.
—Soy Fumichiyo Iwasaki, Mineko. Puedes preguntarme lo que quieras.
—Pero todos los hombres con los que has salido parecen calamares desecados. Después rompen contigo y tú te quedas llorando abrazada a la farola del colmado. Es humillante. Todos los vecinos te ven y exclaman: "Pobre Fumichiyo, ya la han abandonado otra vez".
Era la pura verdad. A sus cuarenta y siete años, mamá Masako aún no había conseguido formar una pareja estable. Nada había cambiado. Seguía enamorándose cada dos por tres y ahuyentando a sus amantes con su mordacidad. Y era cierto que lloraba abrazada a la farola. Tengo muchos testigos de ello.
—No es una descripción muy halagadora. Creo que no soy la única por aquí que tiene una vena maliciosa. Pero no hablemos más de mí. ¿Qué te pasa a ti?
—Me preguntaba qué se siente al enamorarse".

"Mamá Masako y tía Taji tenían la vista fija en el plato. Aún no habían dicho una palabra. Las presioné.
—"Deléitate y da gracias por cualquier alimento que te ofrezcan". ¿No es eso lo que nos enseñó Buda?
—Sí —respondió mamá—, pero todo tiene un límite.
—¿Qué quieres decir?
—Mineko, ¿te has molestado en probar la comida antes de servirla?
—No ha sido necesario. Sé que está buena por el aroma que desprende.
Esto demuestra lo poco que sabía de cocina".

"—Yo creo que las personas que se aman deben estar juntas —dictaminó ella, tan romántica como siempre".

"Por fin me acerqué a él, por primera vez, y lo abracé. Sentí que se fundía entre mis brazos:
"Esta intensa unión es amor —pensé— ya lo he encontrado".

"La jefa de enfermeras estaba indignada:
—Esto no es un hospital psiquiátrico, así que dejen de comportarse como si estuvieran locas. Y, por favor, no colapsen la línea telefónica.
Al cabo de unos diez días el médico nos quitó los puntos y nos dio el alta. Creo que las enfermeras se alegraron de que nos fuésemos".

"Así que, una vez más, decidí empezar de cero. Y la siguiente ocasión que me lo propuso, y era la cuarta, acepté con una condición: le hice prometer que me concedería el divorcio si al cabo de tres meses no me sentía feliz.
Nos casamos el 2 de diciembre, veintitrés días después de conocernos".





Mineko Iwasaki

lunes, 27 de agosto de 2018

Citas: Algunas poesías - Johann Wolfgang von Goethe


"¡Deja que adiós te diga con los ojos,
ya que a decirlo niéganse mis labios
¡La despedida es una cosa seria
aun para un hombre, como yo, templado!".

(La despedida)

"Triste en el trance se nos hace, incluso
del amor la más dulce y tierna prueba;
frío se me antoja el beso de tu boca
floja tu mano, que la mía estrecha".

(La despedida)

"¡Sus, y a la obra de nuevo! No pienses ni caviles;
que quien amar no sabe a las floridas rosas
solo encuentra después espinas que le pinchen".

(La fuerza de la costumbre)

"—¡Ay! Si yo fuera—la violeta dice—
la flor más bella de las flores todas...,
pero tan solo una violeta soy,
¡condenada a morir sobre el corpiño
de una muchacha loca!".

(La violeta)

"A vosotros debemos el saber
que hemos sido felices una vez".


(Elegías Romanas)



Johann Wolfgang von Goethe

jueves, 23 de agosto de 2018

Citas: Memorias de una Geisha - Arthur Golden


"Cuando tenía seis o siete años, me enteré de algo referente a mi  padre que hasta entonces había ignorado. Un día le pregunté: «Papá, ¿por qué eres tan viejo?». El arqueó las cejas, de modo que tomaron la forma de unos pequeños paraguas caídos sobre sus ojos. Y luego suspiró largamente, movió la cabeza y dijo: «No lo sé»".

"No mucho después volví a visitar las sepulturas y descubrí que la tristeza es un peso difícil de llevar. Mi cuerpo pesaba el doble que un momento antes, como si aquellas sepulturas tiraran de mí".

"Me pareció que el mundo entero se sentía como me sentía yo. ¿Es que la vida era sólo una tempestad que arrasaba con todo, dejando tras ella sólo algo yermo e irreconocible?".

"Tienes la cara como una berenjena, pequeña Sakamoto.
Se acercó a un cajón y sacó un espejito para que me viera. Tenía el labio hinchado y amoratado, como había dicho él.
Pero lo que realmente quiero saber -continuó- es por qué tienes unos ojos tan extraordinarios y por qué no te pareces en nada a tu padre.
Son los ojos de mi madre -respondí yo-. Pero mi padre tiene tantas arrugas que nunca he podido saber cómo es realmente.
Tú también tendrás arrugas algún día".

"A la mañana siguiente, para no pensar en mis preocupaciones, me fui a bañar a un estanque que había un poco más allá de nuestra casa, entre un bosquecillo de pinos. Los niños del pueblo iban a bañarse allí casi todas las mañanas cuando hacía buen tiempo. Satsu también venía a veces, con un traje de baño que se había hecho con unas ropas de pescar de mi padre, que ya estaban prácticamente inservibles. No era exactamente un buen traje de baño, porque cuando se inclinaba se le aflojaba en el pecho, y los muchachos gritaban: 

«¡Mirad, se le ven los Montes Fujis!». Pero a ella le daba igual".

"Una de las lubinas cayó al camino y revivió con el golpe. Verla aletear, boqueando, era más de lo que yo podía soportar. Me volví con lágrimas en los ojos, y aunque intenté ocultárselas al Señor Tanaka, él se dio cuenta. Después de recoger el pescado y cuando ya estábamos de nuevo en camino, me preguntó qué me pasaba.
¡Pobrecito pescado! dije yo.
Te pareces a mi mujer. Cuando ve los pescados ya están muertos, pero si tiene que cocinar un cangrejo todavía vivo, se le llenan los ojos de lágrimas y les canta una canción".

"¡Pero bueno! Creí que mi vista me engañaba dijo. Deberías haberme dicho antes que venías con una niña tan bonita. ¡Qué ojazos! Son del color de los espejos.
¿De los espejos? dijo Hatsumono. Los espejos no tienen color Awaji-san.
Claro que lo tienen. Son grises. Cuando tú te miras al espejo, sólo te ves a ti; pero yo sé reconocer un lindo color cuando lo veo".

"Casi todas las noches al acostarme enfermaba de angustia y ansiedad, y sentía un vacío tan grande dentro de mí que me parecía que el mundo no era más que una enorme estancia desierta".

"En estas fantasías nunca conseguía llegar a la casa; tal vez tenía miedo de lo que podría encontrar allí, y, en cualquier caso, era el paseo por el acantilado lo que parecía consolarme. Entonces, en algún momento, oía toser a una de las criadas, o a la Abuela ventoseando con un gruñido, y en ese instante se disolvía el aroma marino del aire, bajo mis pies volvía a sentir el tacto de las sábanas en lugar de la tierra del camino, y me encontraba de nuevo donde había empezado: con nada, salvo mi soledad".

"Por eso los sueños son tan peligrosos: abrasan como el fuego y a veces nos consumen completamente".

"Una fría tarde de invierno, sentada en el cuarto de las criadas mientras la nieve caía muda en el pequeño patio de la okiya, pensé en mi padre tosiendo solo frente a la mesita de su desolada casa; y en mi madre, tan débil que su cuerpo apenas se hundía en el futón. Salí dando tumbos al patio, intentando huir de mi pena, pero, claro está, es imposible huir de la pena que se lleva dentro".

"Ya había crecido prácticamente todo lo que iba a crecer. Mi cuerpo seguiría siendo fino y nudoso como una ramita, pero mi cara había perdido su blandura infantil y se había afilado en la barbilla y las mejillas, dando a mis ojos una verdadera forma almendrada. Antes los hombres no se fijaban en mí por la calle más de lo que lo harían en una paloma; ahora me  miraban cuando pasaba a su lado. Me extrañó ser objeto de su atención después de haber sido ignorada durante tanto tiempo".

"Mi existencia era como un río, que cambiaba cada día".

"En la vida nos topamos de vez en cuando con cosas que no entendemos porque nunca hemos visto nada semejante".

"Mírala... una chica tan guapa sin nada de lo que avergonzarse dijo. Y, sin embargo, te da miedo mirarme. Alguien ha debido de ser muy cruel contigo... o tal vez, la vida te ha sido cruel.
No sé, Señor respondí yo, aunque, claro está, lo sabía perfectamente.
Ninguno de nosotros encuentra en este mundo todo el cariño que deberíamos afirmó, y entrecerró los ojos un momento, como diciéndome que debería pensar seriamente en la afirmación que acababa de hacer".

"Finalmente levanté la vista, aunque me ruboricé y miré hacia otro lado tan rápidamente que lo más seguro es que él nunca se diera cuenta de que nuestras miradas se habían cruzado. Pero ¿cómo describir lo que vi en ese instante? Aquel hombre me estaba mirando como un músico podría mirar a su instrumento justo antes de ponerse a tocar, con conocimiento y maestría. Sentí que podía ver dentro de mí, como si yo fuera una parte de él. ¡Cómo me habría gustado ser su instrumento!".

"Tomé el atadijo y, haciéndole una profunda reverencia, intenté explicarle lo agradecida que me sentía, aunque estoy segura de que mis palabras no le transmitieron plenamente mis sentimientos. No le estaba dando las gracias por la moneda, ni tampoco por la molestia que se había tomado al detenerse a ayudarme. Le estaba dando las gracias por... bueno, por algo que no estoy segura de poder explicar ni tan siquiera ahora. Por mostrarme que en el mundo se puede encontrar algo más que crueldad, supongo".

"Lo vi alejarse con el corazón encogido, aunque era un tipo de encogimiento agradable, si es que puede haber algo así. Lo que quiero decir es que si una noche lo has pasado mejor que nunca en tu vida, te apena que se acabe; pero eso no quita para que te sientas contento y agradecido de que haya sucedido".

"En este momento comprendí algo que había pasado por alto: el objetivo no era llegar a ser geisha, sino ser geisha".

"En realidad, señora, ver correr el agua fue lo que me dio la idea de escaparme por el tejado.
Estoy segura de que eres una chica lista, Chiyo, pero no creo que ése fuera tu momento más inteligente. Quienes tenemos mucha agua en nuestras personalidades no escogemos hacia donde corremos. Lo único que podemos hacer es fluir hacia donde nos lleva el paisaje de nuestras vidas.
Supongo que soy como un río que se topa con una presa, y esa presa es Hatsumono.
Sí, probablemente eso es cierto dijo ella mirándome tranquilamente. Pero a veces los ríos se llevan las presas".

"Mira, Chiyo, andar dando tumbos por la vida no es un buen procedimiento. Has de aprender cómo encontrar el tiempo y el lugar para cada cosa. Cuando un ratón quiere volver loco a un gato no se precipita fuera de la madriguera cada vez que se le ocurre".

"Nosotros, los seres humanos, somos sólo una parte de algo mucho más grande. Puede que al caminar aplastemos un escarabajo o sencillamente produzcamos una pequeña corriente en el aire que haga que una mosca termine posándose donde no se hubiera posado nunca. Y si pensamos en el mismo ejemplo, pero haciendo nosotros el papel de los insectos, y el universo en toda su extensión el que acabamos de hacer nosotros, veremos claramente que cada día nos afectan unas fuerzas sobre las cuales no tenemos más control que el que tiene el pobre escarabajo sobre nuestro pie gigantesco cerniéndose sobre él.
¿Y qué podemos hacer? Hemos de emplear todos los métodos que podamos para comprender el movimiento del universo a nuestro alrededor y planificar nuestros actos para no luchar contra las corrientes, sino ir a favor de ellas".

"Vas a ser un buena geisha me dijo, pero aún podrás serlo mejor si tienes en uenta lo que dicen tus ojos.
Nunca he pensado que dijeran nada respondí yo.
Los ojos son la parte más expresiva del cuerpo de una mujer".

"Dicen que la semana en la que una joven prepara su debut como aprendiza de geisha es semejante a cuando un gusano se convierte en mariposa. Es una idea encantadora, pero no logro imaginar quién ni por qué ha podido pensar algo así".

"Mameha ya había llegado y estaba arrodillándose para saludar con una profunda reverencia.
Entonces el hombre volvió la cabeza, y vi por primera vez su ancha cara y sus afiladas mejillas... y sobre todo... esos párpados tan tensos en las comisuras y tan lisos y suaves. Súbitamente, todo lo que me rodeaba pareció calmarse, como si él fuera el viento que soplaba y yo sólo una nube por él arrastrada".

"Todo hombre tiene su destino. Pero ¿quién necesita ir a un vidente para saberlo? ¿Es que acaso yo voy a un cocinero para descubrir que tengo hambre? dijo Nobu. En cualquier caso, Sayuri es un nombre muy bonito, aunque los nombres bonitos y las chicas bonitas no siempre van juntos.
Empecé a preguntarme sí su siguiente comentario sería del tipo de: ¡Pero Mameha! ¡Qué hermana pequeña más fea has tomado! O algo por el estilo. Pero para mi alivio dijo:
Aquí tenemos un caso en el que el nombre y la chica van juntos. ¡Incluso creo que puede llegar a ser incluso más bonita que tú, Mameha!
¡Nobu-san! A ninguna mujer le gusta oír que no es la criatura más hermosa del mundo.
Especialmente a ti, ¿eh? ¡Pues más vale que te vayas acostumbrando!".

"Después de haberlo vuelto a encontrar en la exhibición de sumo, había empezado a pensar en todas las posibilidades que la vida me ofrecía. Pero ahora, tras escuchar las palabras de Mameha, me sentí atravesando un océano de dolor".

"Todavía no sabía cuál era el plan de Mameha ni cómo iba a llevarme triunfar como geisha ni si mi éxito me iba a acercar alguna vez al Presidente. Pero todas las noches, acostada en el futón, me ponía su pañuelo en la mejilla, reviviendo una y otra vez mi encuentro con él. Era como las campanas de los templos, que resuenan largo rato después de haber sido tocadas".

"El doctor se aclaró la garganta, lo que a mí me pareció un buen signo.
Primero lo intento manteniéndome en una pierna y luego en la otra. Pero el problema es...
El barón había estado charlando con otros invitados en el extremo opuesto de la plataforma; pero en ese momento precisamente ponía fin a lo que estaba contando. Las siguientes palabras que dije sonaron con la misma claridad que si me hubiera subido a un podio y las hubiera pronunciado en voz alta para todos los presentes.
... cuando no llevo nada puesto...
Me llevé la mano a la boca, pero antes de decidir yo qué hacer, alzó la voz el barón.
¡Qué barbaridad! No sé de qué estáis hablando ahí, pero desde luego suena más interesante que lo que contamos por aquí".

"Sabía que tenía que apartar la vista de él, pero era como intentar arrancar clavos de una pared".

"¡Hombre, Nobu-san! exclamó Mameha, ya empezaba a preocuparme de que no te interesara la compañía de Sayuri. Hace casi un mes que no sabíamos nada de ti, y esperábamos...
Pero ¿quién eres tú para quejarte de que te hagan esperar? Llevo aquí fuera casi una hora".

"Eres muy buena bailarina, Sayuri. Yo no hago regalos porque sí dijo, aunque creo que no era para nada verdad. Probablemente por eso no les gusto tanto como otros hombres a Mameha o a otras geishas de Gion.
¡Nobu-san! ¡Nadie ha sugerido jamás tal cosa!
¡Sé perfectamente lo que os gusta a las geishas! Mientras os hagan regalos, aguantáis lo que sea".

"Mientras que siempre que volvía la vista hacia donde estaba Nobu, lo sorprendía mirándome fijamente como si yo fuera la única persona en la habitación. 
Ciertamente, si había alguien que supiera de esos anhelos del alma, era yo".

"Tienes dieciocho años, Sayuri continuó. Ni tú ni yo podemos prever tu destino. ¡Puede que nunca llegues a conocerlo! El destino no siempre es algo semejante a una fiesta al anochecer. A veces no es más que la lucha por sobrevivir día tras día.
¡Qué crueldad, Mameha-san!
Sí, sin duda, es cruel. Pero nadie puede escapar a su destino".

"¡Por favor, si no se trata de escapar a mi destino ni nada por el estilo! Nobusan es un buen hombre, como acaba de decir. Sé que sólo puedo estarle agradecida por su interés, pero... había soñado con tantas cosas.
Y tienes miedo de que una vez que te haya tocado Nobu ya no puedan hacerse realidad. ¿Pero cómo te creías que era la vida de las geishas? No nos hacemos geishas para tener una vida gratificante. Nos hacemos geishas porque no tenemos elección".

"De joven se sueña todo tipo de tonterías, Sayuri. Las esperanzas son como los adornos del pelo. De joven se pueden llevar demasiados. Pero cuando envejeces, tan sólo uno ya te hace parecer tonta".

"Puede que una mujer que viva en una gran casa se vanaglorie de todas las hermosas cosas que la rodean, pero en cuanto oiga crujir el fuego, decidirá en un abrir y cerrar de ojos cuáles son las que realmente más valora".

"Con estos oscuros pensamientos rondándome la cabeza, me quedé ensimismada, hasta que el sonido de una copa de sake chocando contra la mesa me sacó de ese estado. Cuando levanté la vista, Nobu me estaba mirando. A su alrededor, los invitados se reían y se divertían, pero él estaba sentado solo, con los ojos fijos en mí y perdido en sus pensamientos, como había estado yo en los míos. Parecíamos dos puntos húmedos en el centro de un carbón en llamas".

"Hice la ronda de hombre en hombre y cuando llegué junto a él me presenté, y él me dijo:
Espero que me perdone.
¿Perdonarle qué? le pregunté.
He sido un grosero me contestó. No he podido quitarle ojo en toda la noche".

"Un momento después, cuando yacíamos exhaustos en el tatami, le levanté la camisa y le puse la mano en el estómago para sentir su respiración. Nunca en mi vida había estado tan próxima a otro ser humano, aunque no habíamos dicho ni una palabra".

"La amistad es algo precioso, Sayuri dijo. Uno no debe echarla por la borda".

"Una mujer que actúa estúpidamente es estúpida, ¿no crees?".

"¡Oh, Nobu-san! dije yo, a veces me resulta tan difícil de entender.
Yo soy un hombre muy fácil de entender, Sayuri dijoSencillamente no me gusta tener delante de mí lo que no puedo alcanzar".

"Creía que el mundo ya no era el mismo dije. Pero no es así, pues Nobu-san no ha cambiado un ápice.
Yo no cambio nunca respondió. Pero no he venido aquí a parlotear. Quiero saber qué te pasa.
No me pasa nada. ¿Acaso Nobu-san no ha recibido mis cartas?
Todas tus cartas parecen poemas. Nunca hablas de nada, salvo de «los hermosos arroyos que corren...» y otras tonterías por el estilo.
¡Pero, Nobu-san! ¡No volveré a perder el tiempo en escribirle una carta!".

"Nadie es capaz de hablar honestamente de sus sufrimientos hasta que ha dejado de sentirlos".

"A veces suspiró, pienso que las cosas que recuerdo son más reales que las que veo".

"De joven creía que mi vida nunca habría sido una lucha si el Señor Tanaka no me hubiera arrancado de mi casita sobre el acantilado. Pero ahora sé que nuestro mundo no es nunca más permanente que una ola que se eleva sobre el océano. Cualesquiera que sean nuestras luchas y nuestras victorias, comoquiera que las padezcamos, en seguida desaparecen en la corriente, como la tinta acuosa sobre el papel".







Arthur Golden