martes, 25 de junio de 2019

Citas: Higiene del asesino - Amélie Nothomb


"Por si eso fuera poco, no dejaba de fumarse sus veinte puros diarios. 
Pero bebía con gran moderación y practicaba la castidad desde tiempos inmemoriales: los médicos no encontraban otra explicación para justificar el buen funcionamiento de su corazón ahogado por la grasa. Su supervivencia resultaba tan misteriosa como  el origen del síndrome que iba a ponerle fin".

"—Señor Tach, el mundo entero ha admirado la determinación con la que, a pesar de los consejos de los médicos, se ha negado a ingresar en un hospital. Así pues, la primera pregunta que se me ocurre es la siguiente: ¿cómo se siente?
—Me siento igual que me vengo sintiendo desde hace veinte años.
—¿Es decir?
—Me siento poco.
—¿Poco qué?
—Poco.
—Ya, comprendo".

"—¿Cree que hay vida después de la muerte?
—No.
—¿Entonces cree que la muerte es un aniquilamiento?
—¿Cómo se puede aniquilar lo que ya está aniquilado?
—Qué respuesta más terrible".

"—¿Establece una relación entre su físico y su vocación?
—No es una vocación. Apareció cuando me di cuenta de lo feo que era.
—¿Cuando se dio cuenta?
—Enseguida. Siempre he sido feo.
—Pero no es usted tan feo".

"—Nunca me hubiera imaginado que pudiera sufrir por su aspecto.
—No sufro. El sufrimiento es para los que me ven. Yo no me veo. Jamás me miro al espejo. Sufriría si hubiera elegido otro tipo de vida; para la vida que llevo, este cuerpo ya me conviene".

"—No más absurdo que lo que hace usted, si le interesa conocer mi opinión, pero ¿le interesa?
—Claro, soy periodista.
—Por eso lo digo.
—¿Por qué esa agresividad hacia los periodistas?
—Hacia los periodistas, no; hacia usted".

"—¿Así que le gustan los jóvenes? ¿Por qué?
—Me gustan los jóvenes porque son todo lo que yo no soy. En este sentido, merecen ternura y admiración".

"—Es una respuesta conmovedora, señor Tach.
—¿Quiere un pañuelo?
—¿Por qué se burla de los nobles impulsos de su corazón?
—¿Los nobles impulsos de mi corazón? ¿De dónde saca semejantes chorradas?".

"—Habla mucho de Céline.
—Me gusta la literatura, caballero. ¿Le sorprende?
—Supongo que a él no lo expurgará.
—No. Es él quien no deja de expurgarme a mí.
—¿Lo conoció?
—No, hice algo mejor: lo leí".

"—¿Cómo, no será usted feminista?
—¿Feminista, yo? Odio a las mujeres todavía más que a los hombres.
—¿Por qué?
—Por miles de razones. En primer lugar porque son feas: ¿ha visto usted algo más feo que una mujer? ¿A quién se le ocurre tener pechos, caderas, por no hablar del resto? Y, además, odio a las mujeres como odio a todas las víctimas. Menuda gentuza, las víctimas. Si extermináramos a fondo esta raza, puede que finalmente alcanzáramos la paz, y puede que las víctimas lograran al fin lo que desean, o sea: el martirio. Las mujeres son unas víctimas especialmente peligrosas porque son, antes que nada, víctimas de sí mismas".

"—Las mujeres son un montón de carne asquerosa. A veces, se dice de una mujer especialmente fea que es un callo: la verdad es que todas las mujeres son callos.
—Entonces, permítame preguntarle ¿qué se considera usted?
—Un montón de manteca de cerdo. ¿No se nota?".

"—¿Nunca ha sido feliz?
Silencio.
—¿Debo entender que ha sido feliz?… ¿Debo entender que nunca ha sido feliz?
—Cállese, estoy pensando. No, nunca he sido feliz.
—Eso es terrible.
—¿Quiere un pañuelo?".

"—Pero habrá tenido padres, supongo.
—Acumula usted intuiciones geniales, jovencito".

"—Además de usted, ¿existen otros descendientes?
—¿Quién le envía, Hacienda?
—No, sólo quería saber si…
—Ocúpese de sus asuntos".

"—En ese caso, ¿por qué escribir? ¿Por qué buscar la comunicación?
—Cuidado, no se confunda: escribir no es comunicarse".

"—Mire, jovencito, creo que no tenemos la misma concepción de la palabra «sentimiento». Para mí, desear romperle la cara a alguien es un sentimiento. Para usted, llorar con la sección «Consultorio sentimental» de una revista femenina es un sentimiento".

"—Sin llegar a esos extremos, podría reflexionar un poco sobre ello.
—¡Pero reflexionar sobre qué, maldita sea!
—Sobre las relaciones que ha mantenido con las mujeres.
—¿Qué relaciones? ¿Qué mujeres?
—No me irá a usted a decir que… ¡No!
—¿Cómo que no?
—¿Es usted…?
—¿Qué, dígalo?
—¿…virgen?
—Pues claro.
—Imposible.
—Es absolutamente posible".

"—No se vaya. Le ordeno que se quede.
—¿Tiene algo que decirme?
—Siéntese.
—Es demasiado tarde para excusarse, señor Tach, el plazo ha terminado.
—¡Quédese, maldita sea!
—Adiós.
Abrió la puerta.
—Me excuso, ¿me oye? Me excuso.
—Le he dicho que es demasiado tarde.
—¡Mierda, es la primera vez en mi vida que pido perdón!".

"—Desconozco lo que es la vergüenza.
—Otra virtud que sus profesores olvidaron inculcarle.
—Señor Tach, usted tampoco sabe lo que es la vergüenza.
—Normal. No tengo ningún motivo para sentir vergüenza".

"—En este caso, no es la humanidad lo que me interesa.
—Tiene razón, la humanidad no resulta interesante.
—Los individuos son interesantes, ¿no es cierto?
—En efecto, son tan raros…".

"—Total: sangre.
—Qué cruda es usted.
—Simplemente, su prima tenía su primera regla.
—Es usted asquerosa.
—No tiene nada de asqueroso, es normal".

"—Lástima. Me apetecería mucho llamarla Nina. ¿De qué tiene miedo, Nina?
—No tengo miedo de nada. Me da usted asco, eso es todo. Y no me llame Nina.
—Lástima. Necesito llamarla de algún modo.
—¿Para qué?
—Pobre pequeña, usted, tan aguerrida, tan madura, es aún, en algunos aspectos, como el corderito recién nacido. ¿Acaso ignora lo que significa la necesidad de nombrar a algunas personas? ¿Cree usted que el común de los mortales me inspira esta misma necesidad? Ni hablar, hija mía. Si, en lo más profundo de su ser, uno siente la necesidad de invocar el nombre de un individuo, es porque lo ama…
—¿…?
—Sí, Nina. La amo, Nina.
—¿Ya ha terminado de decir estupideces?
—Es la verdad, Nina. Hace un rato, lo intuí, y luego creí equivocarme, pero no me había equivocado. Era sobre todo eso lo que necesitaba decirle cuando me estaba muriendo. Creo que ya no podré vivir sin usted, Nina. La amo.
—Despierte, imbécil.
—Despierte, imbécil.
—Nunca me había sentido más lúcido.
—La lucidez no le sienta demasiado bien.
—No importa. Yo ya no cuento, soy todo suyo".

"—Deje de delirar, señor Tach. Sé perfectamente que no me ama. No hay nada en mí que pueda gustarle.
—Yo también pensaba eso, Nina, pero este amor se sitúa muy por encima de todas estas cosas".

"—¿No comprende que se puede amar a un ser más allá de toda referencia conocida?
—No.
—Lástima, Nina, y sin embargo la amo, con todo el misterio que este verbo sugiere".

"—¡Qué error más grande, Nina! El amor no tiene ningún sentido, y por eso mismo es sagrado.
—No intente camelarme con su retórica. Usted no ama a nadie aparte del cadáver de Léopoldine. Además debería darle vergüenza profanar el único amor de su vida diciendo palabras tan poco creíbles".

"—Nina, esto no me divierte. El amor no sirve para divertirse. El amor sólo sirve para amar".

"—El amor hace que la gente se vuelva estúpida, lo sabe todo el mundo, Nina.
—Por favor, no me hable más de su amor, siento crecer dentro de mí deseos homicidas.
—¿Será posible? Pero, Nina, así es como empieza.
—¿El qué?
—El amor".




Amélie Nothomb

viernes, 21 de junio de 2019

Citas: Versos de un joven poeta - Rainer Maria Rilke




"Y sin ningún apresto quiero erguirme
mientras noto que el pecho se me ensancha.
Pues es tiempo de armarse de guerrero,
cuando, desde el frescor temprano de estas
costas, me lleva el día tierra adentro".

"No debes comprender la vida;
como una fiesta se hará entonces.
Haz que te pase cada día
igual que un niño, al caminar,
deja que cada ráfaga
le regale mil flores".

"Y entonces, alma mía, sé ancha y ancha,
que te alcance la vida;
ensánchate como un traje de fiesta
sobre las cosas pensativas".

"Y entonces sé que no se pierde nada
ni un ademán ni una oración
(para eso son las cosas demasiado pesadas)
mi infancia entera sigue
rodeándome siempre".

"Nunca estoy solitario.
Muchos antes de mí han vivido
y lejos de mí se esforzaron,
han tejido,
han tejido
en mi ser".

"Y si me pongo junto a ti
a decirte quedo: «Sufrí»,
¿lo oyes?
Quién sabe quién está
conmigo murmurándolo".

"Él no pregunta: «¿Tu marido?».
Ella no pregunta: «¿Tu nombre?»".

"Pero la oscuridad lo tiene todo:
rostros y llamas, animales, yo,
tal como lo arrebata:
personas y potencias…
Y puede ser así: una enorme fuerza
se mueve junto a mí.
Creo en las noches".

"Mis sentimientos, que encontraron alas,
giran, blancos, en torno de tu rostro".

"Soy el silencio en medio de dos notas
que se acostumbran mal a estar unidas:
porque la nota «muerte» quiere alzarse".

"Déjalo ocurrir todo: hermosura y espanto.
Sólo hay que andar. Ningún sentir es el que está
más lejos. No te dejes separarte de mí.
Cercana está la tierra
que ellos llaman la vida".

"Fue el verano lo mismo que tu casa;
allí lo sabes que está todo,
hoy por tu corazón has de salir
igual que por los llanos".

"Por sus vacías ramas se divisa
el cielo que tú tienes:
sé ahora tierra y canto del ocaso,
y campo a que se ajusta.
Ten ahora humildad como una cosa
que llegó a madurar a realidad,
de tal modo que Aquel de quien vino noticia
te sienta, al agarrarte".

"Y aunque pretende cada cual huir
de sí, como la cárcel, que le odia
y sujeta, en el mundo hay un prodigio:
lo percibo: toda vida es vivida".

"También tú serás grande; más que puede
decírtelo quien debe aún vivir.
Mucho más sorprendente y más extraño
y mucho más anciano que un anciano".

"Hazme guardián de tus anchuras,
hazme el que oye la piedra,
concédeme ensanchar los ojos
en tus mares de soledad;
haz que siga el curso del río,
desde el clamor a ambas orillas
entrando hasta el son de la noche.

Mándame a tus tierras vacías,
por las que van los vientos anchos,
donde se alzan grandes conventos
como muros en torno de la vida
no vivida. Seré allí peregrino,
sin separarme por ningún engaño
de sus voces y formas,
y tras de un ciego anciano iré
por el camino que nadie conoce".

"Pues sólo somos la hoja y la corteza.
La gran muerte que cada cual lleva en sí es el fruto
alrededor del cual da vueltas todo".



Rainer Maria Rilke

domingo, 16 de junio de 2019

Citas: El señor Nakano y las mujeres - Hiromi Kawakami


"«Pues eso» era el tic lingüístico del señor Nakano.
—Pues eso, pásame la salsa de soja
—acababa de decirme. Yo no salía de mi asombro".

"—¿No te da rabia? —le pregunté.
—Lo que siento no es exactamente rabia —me respondió él, con una sonrisa torcida.
—¿Qué es, entonces? —inquirí de nuevo, pero él soltó una risita desganada.
—No lo entiendes, Hitomi —me dijo—. A ti te gustan los libros y tienes una mente compleja. Yo tengo una mente simple —prosiguió".

"—¿Cómo conoció a su actual esposa, señor Nakano? —inquirí.
—Es un secreto —repuso él.
—Con esa respuesta sólo conseguirá que tenga más ganas de saberlo — insistí, y él me miró fijamente—. ¿Por qué me mira así?
—No tienes por qué fingir que te interesa, Hitomi —repuso él".

"—¿Qué opinas de él? —le pregunté.
Reflexionó unos instantes, con la cabeza ladeada.
—A mí no me huele mal —repuso al fin.
—¿A qué te refieres? —inquirí, pero él agachó la cabeza sin decir nada más.
Mientras Takeo vertía un cubo de agua delante de la tienda para limpiar la calle, pensé en el significado de «oler mal». Intuí más o menos a qué se refería, pero también supuse que no había querido decir lo que yo pensaba.
Cuando terminó de limpiar la calle, se dirigió a la trastienda con el cubo vacío y oí que murmuraba:
—Los tipos que huelen mal son los que sólo piensan en sí mismos.
Tampoco acabé de entender a qué se refería".

"—Verás, me gustaría vender una cosa —dijo, atajando bruscamente la conversación.
Cuando un cliente acudía a la tienda para vendernos algún objeto pequeño de uso diario, yo misma me encargaba de fijar un precio y de comprárselo. Sin embargo, cuando se trataba de una vajilla, un aparato eléctrico o una pieza de coleccionista, como las figuritas de los caramelos Glico, el señor Nakano era el único que podía hacer una oferta de compra.
—Es esto —dijo Tadokoro, entregándome un gran sobre marrón.
—¿Qué contiene? —le pregunté.
—Primero quiero que le eches un vistazo —se limitó a responder, dejando el sobre junto a la caja.
Por su forma de hablar, supuse que no desistiría hasta que examinara el contenido del sobre.
—Esto debería verlo el dueño —sugerí, pero él se arrimó al mostrador y me miró fijamente.
—Nunca has visto algo así. Te aconsejo que lo abras. Vamos.
No tuve otra opción que abrir el sobre, que contenía un trozo de cartón del mismo tamaño. Apenas había espacio para introducir los dedos, de modo que me costó un poco sacarlo.
Además, Tadokoro me observaba atentamente. Cuanto más nerviosa estaba, más torpe me sentía.
Cuando al fin conseguí sacar el contenido del sobre, comprobé que se trataba de dos trozos de cartón unidos entre sí con tiras de celo. Había algo entre los dos cartones.
—Ábrelo —me animó Tadokoro, con su serenidad habitual.
—Tendría que romper el celo.
—No importa —me aseguró, mientras abría con un clic el cúter que había sacado sin que yo me diera cuenta y cortaba el celo con un hábil gesto. El cúter parecía un apéndice de su mano, que se movía con gracia y elegancia.
Por un instante, el estómago me dio un vuelco. Mientras cortaba el celo, Tadokoro me dijo unas palabras misteriosas:
—Míralo, anda. Te servirá para aprender.
Esperé a que acabara de arrancar el celo, pero como no volvió a tocar el envoltorio, acerqué los dedos despacio, separé los dos cartones y vi unas fotografías en blanco y negro.
Las imágenes mostraban los cuerpos desnudos y entrelazados de un hombre y una mujer.
—¿Qué diablos es esto? —fue lo primero que dijo el señor Nakano.
—Parecen fotografías antiguas —opinó Takeo.
Mientras yo sujetaba los cartones entre los dedos, desconcertada, Tadokoro se había despedido aprovechando mi confusión: «Volveré otro día para que me hagáis una oferta.
Hasta luego», dijo, y se fue de inmediato".

"—Pues eso. Cuando una familia se muda a un lugar mejor, quiere cambiar lo que tiene en casa por cosas mejores —le respondió el señor Nakano a Takeo—. Por eso salen bastantes cosas buenas
y baratas.
—Buenas y baratas —repitió Takeo, y el señor Nakano asintió sin inmutarse.
—¿Y qué pasa cuando una familia se muda a un sitio peor? —insistió Takeo.
—¿Quién se muda a un sitio peor?—rio el señor Nakano".

"Michi permaneció unos instantes en el recibidor, hasta que empezó a oír algo que parecían gritos.
—¿Gritos?
—Pues eso, como si Masayo y ese hombre estuvieran…, ya sabes —dijo exasperado el señor Nakano, agitando frenéticamente el plumero.
—¡No me diga que estaban haciendo el amor!
—Una jovencita como tú no debería ser tan explícita, Hitomi.
El señor Nakano volvió a suspirar con cara de inocente, como si no fuera él quien me había dado pie a que hiciera preguntas explícitas".

"A pesar del alcohol, Takeo estaba tan taciturno como de costumbre. Yo le iba haciendo preguntas inconexas: ¿Te gusta ir al cine? ¿Cuál es tu videojuego favorito? Es divertido trabajar en la tienda del señor Nakano, ¿no te parece? ¿A que está rico el hígado crudo que tienen aquí? Takeo se limitaba a darme respuestas breves y concisas:
No mucho. Lo normal. Bastante. Sin embargo, de vez en cuando levantaba la vista y me miraba a los ojos. Entonces me daba cuenta de que se encontraba a gusto conmigo".

"Takeo parecía concentrado en un punto muy lejano. Con el dedo amputado de la mano derecha se acarició el meñique de la izquierda.
—¿Puedo tocarlo? —le pedí cuando ya llevaba un rato observando sus movimientos, y él me dejó tocar el muñón. Mientras tanto, cogió el vaso con la otra mano y lo vació inclinando la cabeza hacia atrás y mostrándome todo el cuello.
—Es como un pisapapeles —dije, mientras apartaba la mano de su dedo.
—¿Un pisapapeles?
«Maruyama es como un pisapapeles —me había dicho Masayo—. ¿No te parece, Hitomi? Cuando un hombre está encima de ti, ¿no te sientes como un papel atrapado bajo el peso de un pisapapeles?». «¿Un pisapapeles es eso que hay en los estuches de caligrafía?», le pregunté. Ella frunció el ceño. «Los jóvenes me sacáis de quicio… Nunca has usado un pisapapeles, ¿verdad? No sólo sirve para sujetar el papel de caligrafía, sino cualquier tipo de hoja»".

"—Un pisapapeles —susurré, y Takeo me dirigió un breve vistazo.
—Sí, un pisapapeles —añadió en voz baja.
—¿Qué os pasa con el pisapapeles? ¿Es una especie de contraseña? —intervino el señor Nakano, interrumpiéndonos.
—Qué va —desmintió Takeo.
—En absoluto —corroboré yo".

"—El suegro de Tamotsu Konishi ha muerto —prosiguió.
—Ah —dijo Takeo, con su indiferencia habitual.
—Ah —repuse yo al mismo tiempo.
Era la primera vez que oía aquel nombre".

"—¿De quién es ese cuadro que hay en la pared? —pregunté.
—De Seiji Togo.
—Qué nostalgia transmiten sus cuadros, ¿verdad?
—No los conozco.
—¡Pero si acabas de decirme el nombre del pintor!
—Ha sido pura chiripa, lo siento.
—No hace falta que te disculpes, que no estamos en el trabajo.
—Es la costumbre, lo siento.
—¡Lo has hecho otra vez!
—Perdón".

"Por eso el amor es tan complicado. Pero lo más complicado es saber si quieres enamorarte o no".

"—Que pase lo que tenga que pasar —murmuré, mientras levantaba la mano para saludar a Takeo.
—Hola —dijo él, en un tono a medio camino entre la familiaridad y la formalidad—. ¿Qué es lo que tiene que pasar? —me preguntó a continuación.
—Ti… tienes un oído muy fino — balbucí, turbada. Takeo ya no era Takeo, era simplemente un chico llamado Takeo".

"Desesperada, me pregunté qué hacían el resto de parejas jóvenes del mundo durante los veinte minutos que el repartidor de pizzas tardaba en llegar".

"Cuando hay sexo de por medio, todo lo demás pierde importancia".

"—Tengo que irme —dijo, y se levantó. En el recibidor, me acercó los labios al oído. Creí que quería darme un beso, pero en vez de besarme, susurró:
—Soy muy malo en la cama, lo siento".

"—Lo siento, Hitomi. Soy un desastre.
—¿En qué sentido?
—En todos.
—No es verdad. Yo sí que soy un desastre.
—¿En serio? A ti… —vaciló, mirándome fijamente a los ojos, cosa que no solía hacer—. ¿A ti también se te dan mal las cosas de la vida?".

"En cuanto salí del edificio, delante de mí apareció el señor Nakano en compañía de «el banco».
El señor Nakano y «el banco» estaban doblando la esquina. Cerca de allí había un hotel por horas. Los seguí casi sin pensar, convencida de que al señor Nakano no se le ocurriría entrar en un hotel que se encontraba tan cerca de su propio negocio. «El banco» tenía unas piernas muy bonitas".

"—Lo han apuñalado con un abrecartas —me explicó.
—¿Con un abrecartas? —repetí.
—Exacto. Cuesta creerlo, ¿verdad?
—¿Los abrecartas están afilados?
—En absoluto.
—Pero ha perdido sangre, ¿no?
—Este sangra por cualquier cosa".

"—A partir de ahora, te prometo que gemiré —dijo.
—¿Cómo? —exclamó él, gritando un poco más de lo necesario.
—Gemiré con la condición de que no te acerques a otras mujeres aparte de la tuya —dijo Sakiko, en voz baja pero clara.
Sí —repuso el señor Nakano, en un tono que parecía el de un luchador de sumo derrotado que ha caído de bruces sobre la arena—. Sí, claro. Por supuesto —añadió, con voz temblorosa.
Takeo y yo también nos fuimos al cabo de un rato, y nos dirigimos a paso rápido hacia el ascensor.
—Menudo genio —susurró Takeo.
—Masayo dice que al señor Nakano le gustan las mujeres con carácter.
—Pero es muy atractiva.
—¿Es tu ideal de mujer? —le pregunté, intentando aparentar indiferencia sin conseguirlo.
—No tengo ningún ideal de mujer —repuso él—. Por cierto, Hitomi, ¿a qué se refería con eso de gemir?
—Le ha prometido que gemiría cuando llegara al orgasmo.
—¿Qué? —exclamó Takeo".

"De repente, al cabo de un rato, Takeo se interrumpió en mitad del dibujo y soltó una exclamación.
—¿Qué pasa? —le pregunté. Él se levantó y se abalanzó sobre mí.
Se quitó los vaqueros de un manotazo, y cuando yo también me disponía a desnudarme, él me detuvo.
Mis tejanos eran muy ajustados y tenía dificultades para quitármelos, pero Takeo me los arrancó como si pelara una pieza de fruta".

"Takeo tenía la mirada perdida.
—Takeo —lo llamé.
—Hitomi —me llamó él en voz baja, absorto".

"—¿Sabes? Me gusta…
—¿Qué es lo que te gusta?
—… tu cuerpo desnudo —terminó él, con una voz casi inaudible.
—No lo he oído, ¿puedes repetirlo? —le pedí.
—No puedo —me respondió él".

"—Oye, Hitomi —me dijo Masayo.
—¿Sí?
—¿Cómo terminó tu historia? —me preguntó sin volverse, mirando fijamente al vacío.
—¿A qué historia se refiere? —inquirí.
—A la de aquel chico.
—Ah…
—¿Cómo que «ah»?
—¿Cómo que «ah»?
—Uf…
—¿Cómo que «uf»?
—Bueno…
—¿Cómo que «bueno»?".

"«Estoy enamorada como una idiota —pensé—. El amor es un sentimiento idiota»".

"—Lo siento —le dije, y él puso cara de extrañeza.
—¿Por qué te disculpas?
—Porque no puedo dejar de quererte".

"—De la noche a la mañana —repetí estúpidamente—. ¿Tuvieron alguna discusión? —pregunté con timidez.
—No.
—¿Murió algún familiar suyo?
—Me lo habría dicho.
—¿Y si lo hubieran secuestrado?
—¿Quién querría secuestrar a un hombre más pobre que una rata?".

"«Por primera vez me he enamorado de Takeo de verdad», pensé en un rincón de mi cerebro".




Hiromi Kawakami

jueves, 13 de junio de 2019

Citas: Vidas frágiles, noches oscuras - Hiromi Kawakami


"Lili Nakamura caminaba.
Era noche cerrada. Debían de ser las dos y media de la madrugada".

"Aunque era muy tarde, el parque estaba lleno.
Había gente cruzando el puente que salvaba el gran estanque. Una persona sola.
Una pareja. Un grupo de cinco que hablaba en voz baja.
También había gente sentada en los bancos. Un anciano con un bastón en la mano, completamente inmóvil. Un hombre y una mujer sentados uno junto al otro.
Una mujer tumbada con una pequeña bolsa doblada bajo la cabeza.
Otras personas caminaban. Una, en línea recta. Otra, haciendo eses. Alguien avanzaba lentamente, practicando claves de kenpo.
Una bicicleta de montaña adelantó a Lili con una ráfaga de aire. Ella levantó la cabeza y fijó la vista en la espalda ancha del chico de la bicicleta. Sintió un escalofrío.
El aire nocturno olía a tierra. El calor del día había remitido, y una fresca brisa invadía todos los rincones del parque.
—No quiero volver —susurró Lili.
«¿Por qué soy la única persona, entre toda esta gente, que tiene que irse? — añadió entonces para sus adentros—. No quiero irme. Incluso me quedaría a vivir aquí»".

"Antes le parecía que su cuerpo y el de Yukio estaban hechos del mismo material, y que sus corazones latían a la misma temperatura".

"Lili se quedó mirando al muchacho.
—¡Vaya! —exclamó a continuación.
Lili y el chico se miraron fijamente durante unos instantes. La joven que hacía cola entre los dos hizo un pequeño movimiento y Lili apartó la mirada del chico. Él hizo lo mismo, pero más despacio".

"—Nos hemos visto alguna vez, ¿verdad? —le preguntó tímidamente.
—Sí —le respondió él.
A Lili le pareció que tenía una voz muy bonita. Un tono intermedio y suave, ni muy agudo, ni muy grave, con una nota de dulzura.
—Se te da muy bien montar en bicicleta.
—¿Tú crees? —replicó el chico, con una media sonrisa.
—Es que yo no sé.
—¿En serio? —exclamó él".

"El chico daba varias vueltas al parque. Mientras caminaba, Lili percibía la presencia de la bicicleta detrás de ella, luego notaba el aire que levantaba y al final, en un abrir y cerrar de ojos, la espalda del muchacho se confundía con la oscuridad.
Era extraño que él la hubiera reconocido.
—Siempre te acercas por detrás y desapareces rápidamente —le dijo Lili.
Salieron juntos del supermercado. El chico era un poco más alto que ella, le sacaba una cabeza y media. Lili se llevó la mano al pelo, que se había cortado unos días antes, y se lo ahuecó con los dedos. Siempre lo hacía cuando estaba nerviosa.
—Por eso te he reconocido al verte de espaldas —le explicó él, mirándola desde arriba y dándole a entender que la había identificado precisamente al estar detrás de ella en la cola del supermercado.
—Y eso que me corté el pelo hace poco.
—No te he reconocido por tu pelo ni por tu ropa, sino por tu presencia".

"—Me gustaría cogerte de la mano —le dijo el chico, y tomó la mano de Lili".

"—Me gustas —repitió él, hundiendo la cara entre sus pechos—. Me gustas.
Ella no le respondió. «No tengo por qué ser sincera en un momento como éste», se dijo".

"«¿Por qué no me lo pensé mejor antes de casarme con Yukio?», se preguntó entonces. Haruna también debería pensárselo con calma. «Pensar las cosas con calma no te asegura la felicidad», habría replicado Haruna".

"Al cabo de unos instantes, Akira regresó.
—Si te quedas aquí plantada como una idiota, alguien te secuestrará —le espetó.
—A veces hablas como una persona mayor —le respondió ella en voz baja.
Akira la cogió del brazo y bajó las escaleras del metro. Lili se limitaba a dejarse llevar.
¿En qué piensas? —le preguntó Akira, una vez en el vagón.
—En que casi nunca ocurren cosas inesperadas".

"—Eres un buen chico —le dijo Lili.
Akira no le respondió. Se le había caído el alma a los pies al oír aquellas palabras, porque él no quería ser buen chico".

"Aquel día, Lili había descubierto que su marido la engañaba con una tal Haruna, pero su relación con Akira no se había visto alterada.
Lili había pasado la noche en el piso de Akira. Al día siguiente, mientras ella dormía bajo la luz de la mañana, a Akira le había parecido ver una sombra de tristeza en su rostro limpio, sin maquillar".

"La luz de la mañana iluminaba débilmente los recintos de los animales. El parque estaba casi vacío. Delante de la jaula del pavo real blanco, Akira besó a Lili. Ella cerró fuertemente los ojos, como una niña pequeña.
—Lo estoy pasando muy bien —dijo entonces, con la voz más temblorosa que antes.
Yo también —contestó Akira.
Los cuervos sobrevolaban el recinto del zoológico. Una bandada formada por unos diez pájaros volaba en círculos alrededor de las ramas desnudas de un olmo.
—Me gustaría estar siempre así —dijo ella.
Akira no respondió. Estuvo a punto de pedirle que se quedara con él para siempre, pero se contuvo a tiempo. Si se lo hubiera dicho, Lili habría replicado que no podía. Akira estaba completamente seguro de ello".

"—Akira.
—Dime, Lili.
—¿Crees que soy feliz?
—No lo sé —contestó Akira, repitiendo lo que le había dicho antes y lamentando que Lili sólo le hiciera preguntas para las que no tenía respuesta".

"—¿Hasta dónde vamos a llegar? —preguntó Lili de nuevo.
—No lo sé —admitió él por tercera vez.
—Pero tú me gustas, Akira —confesó ella.
—Tú también me gustas —dijo él, suspirando aliviado al ver que, por fin, Lili había dicho algo a lo que sí podía responder".

"—Akira —volvió a llamarlo Lili.
Él la abrazó.
La abrazó sin más, como si fuera una muñeca gigante. Ella se dejó abrazar lánguidamente, apoyando todo su peso sobre el cuerpo de Akira, con la cabeza vuelta hacia la ventana y los ojos abiertos de par en par.
Akira, completamente inmóvil, se limitaba a contemplar desde arriba los ojos de Lili, que parecían observar fijamente la ventana empañada".

"«Haruna —pensó de repente—. Haruna es la única a la que quiero contarle todo esto. Hablarle del buen tiempo. Decirle que he dejado los cristales relucientes. Y que una nueva vida se está formando dentro de mi cuerpo»".

"Yukio rozó ligeramente la mano con la que Lili sujetaba el monedero. Ella no la apartó. Le acarició la piel con suavidad, desde la muñeca hasta la punta de los dedos, y luego la miró a los ojos.
Lili le aguantó la mirada con su firmeza habitual.
—Lili… —empezó a decir Yukio.
—Dime.
—No has cambiado, ¿verdad? —le preguntó entonces, tragándose la pregunta que iba a formularle al principio: «¿Cuándo dejaste de quererme?»".

"—¿Aún te quedan días de vacaciones?
—Algunos —repuso Satoru, inclinando la tetera desde arriba para servir el agua hirviendo. El aroma se hizo más intenso—. ¿Tú trabajas hoy?
—Después de comer.
—Esta noche llegaré tarde.
—¿Te espero para cenar?
—No, empieza sin mí.
«Empieza sin mí». Por un instante, la voz de Lili se sobrepuso a la de Satoru en la mente de Akira".

"Mientras su corazón seguía latiendo desbocado, se puso a repasar la lista de contactos del teléfono. No tardó mucho en alcanzar el último nombre.
—Pues sí que tengo pocos amigos —se dijo esbozando una sonrisa forzada.
Volvió a subir hasta encontrar el nombre de Lili Nakamura y vaciló por un instante.
«Puede que ahora sea un buen momento para llamarla. No. Si no la llamo ahora, a lo mejor ya no podré volver a hacerlo»".

"—Hola —oyó mientras estaba salteando una cebolla.
Sabía que era una llamada de Lili porque su nombre aparecía en la pantalla.
—¿Hola? —repitió Lili.
—Hola —respondió él.
—¿Akira?
—Sí.
Akira tuvo una sensación curiosa, como si se hubieran visto el día anterior y acabaran de retomar una conversación que habían dejado pendiente. El olor de la cebolla mezclado con el de la mantequilla inundaba todo el piso.
—Esta tarde. Me has llamado.
Lili hablaba como la mujer del mediodía, encadenando una palabra tras otra, pero con otra voz. La voz de Lili. La voz de la auténtica Lili.
—Quería oír tu voz —dijo la boca de Akira, a pesar de que él no tenía la intención de pronunciar aquellas palabras. De hecho, era lo único que quería decirle, pero precisamente por eso, no pensaba que fuera capaz de hacerlo.
Era como si Akira y su boca actuaran como seres independientes.
—Yo también —le respondió Lili.
Akira se sorprendió.
—¿Por qué?".

"—Quiero verte —dijo de repente la boca de Akira.
«No he sido yo. Ha sido mi boca».
—¿Quieres verme? —preguntó Lili.
—No, no quiero verte —dijo Akira.
—¿En qué quedamos?
—Sí, sí que quiero —repitió la boca de Akira".

"«Qué fácil es morir, vivir, amar y dejar de amar —reflexionó Satoru—. Pero seguro que me parece fácil porque soy joven»".





Hiromi Kawakami

domingo, 9 de junio de 2019

Citas: Coplas a la Muerte de Mi Tia Daniela - Manuel Vázquez Montalbán


"Inútiles
vicios sentimentales
amanecen
anochecen
con nosotros
lujuria
de sensaciones"

"Extras vinos de festival
de máscaras
inútiles
permanecieron
ahora
resucitan
al pie de un son
un lugar
una fotografía
en ocasiones
pretexto pudo ser
un jirón
de media
o cicatrices
de remiendos
como una piel
fallida".

"Entonces
el recuerdo abisma
suspende
convenciones estables
enfría un café
un adiós
una caricia
un minuto de porvenir
tan cuestionable".

"Nunca supo
que mereció ser triste
el balance de su vida
ignorante
de la sabiduría que rebela
desespera
estetiza los cansancios
puso su corazón
al ritmo del instinto
y su cerebro
al de un cuplé
insustancial".

"No hablan de ella
las crónicas humanas
las lápidas
las estelas
las columnas
ni las nostalgias
de los hijos que no tuvo
los amores
que no le sobrevivieron
ni las olas
fugitivas como agua
en sucia
sumisión de coladero".

"Ningún caminante
de regreso
hubiera visto su nombre
luminoso
en las cúspides de la ciudad
de acero
en los cruces
de caminos
ni siquiera
en la memoria
de un papel a soplos
del viento amarillo".

"Mas no cambió la Historia
de repente
débil
la carne pregunta
qué se hizo
de sus pétreos testigos
qué se hizo
de los constructores que siglo".

"Nunca los idiomas
fueron su fuerte
no sabía escribir
ni ensartar los recuerdos
con palabras certeras".

"Y en el recuerdo
la esperanza fue deseo
puede morir
porque no muere el cuerpo
vicioso
de su destino inútil".

"La tuberculosis
hundía
miradas
alzaba
paletillas
fondones
los rostros
en las aceras
espumeaban gargajos
arabescos
de nicotina rancia".

"El atardecer de la ciudad
recordaba
la fiereza de estar vivo
la lenta
piedad por uno mismo".

"Qué rostro tan pequeño
qué ojos tan perplejos
qué sabio temblor
el de su barbilla
ante mi silencio".

"Recuerdo
qué poco amé
a quien me amó".

"La vida murió
ningún consuelo nos deja
la memoria
en el presente".

"Mañana
sin duda
no habrá historias
tan tristes a la medida
del sentimiento viejo".




Manuel Vázquez Montalbán  

martes, 4 de junio de 2019

Citas: Diario de Bergen-Belsen: 1944-1945 - Hanna Lévy-Hass


"Me siento inerte por dentro, cada día más apática hacia el mundo exterior, menos preparada para la vida tal como se presenta en la actualidad".

"Hasta ahora, he intentado con frecuencia, incluso sin tregua, buscar las causas de mi desgracia en mí, en mi ser, mi naturaleza, mi origen. Siempre me he esforzado en comprender la fatalidad del destino humano, de la suerte de cada individuo; en explicarlos a la luz del atavismo, la herencia, la educación, la infancia y otros muchos factores psicológicos. Y del mismo modo, he intentado comprender y explicarme mi vida. Es, sin duda, un método justo".

"Pero de un tiempo a esta parte, me parece cada vez más evidente que no debemos buscar la «culpa» sólo en uno mismo y en la existencia personal, sino que, en gran medida, está «oculta» en el mundo que nos rodea".

"¡Qué vergüenza! ¡Qué triste espectáculo! Unos seres unidos por una miseria común que no se toleran y a cuya desventura objetiva hay que añadir su falta de  conciencia social, su ceguera mental y las incurables enfermedades del alma en soledad. Algunos instintos egoístas han hallado aquí el terreno ideal para echar raíces hasta lo grotesco. Sería un error generalizar estos problemas. Pero los nobles valores individuales que se adivinan en algunos, su honestidad moral e intelectual, permanecen ocultos, impotentes".

"BB. 20.8.44. Me siento enormemente cansada y como ajena a todo lo que me rodea. Mi alma gime. ¿Dónde se ha escondido la belleza? ¿Y la verdad? ¿Y el amor? ¡Cómo sufro ante la idea de lo que ha sido mi vida!".

"Sólo allí el sufrimiento tiene sentido. Sólo allí los defectos son más visibles y fáciles de corregir.
Sólo allí el hombre aprende a conocerse y a entregarse".

"Esa lucha entre dos mundos, que se libra en mí y en muchos otros que se me parecen, ¿se prolongará eternamente y nos mortificará durante toda nuestra existencia? ¿O hay alguna esperanza de que finalice, y lo haga de un modo positivo?".

"BB. 24.8.44. Me invade un cansancio extremo y un desinterés total. ¿Se puede añadir algo más? Un mundo en descomposición… Lo sustituirá un mundo nuevo, más sano. La idea de la vida nueva, de la claridad y la verdad triunfantes hace que me estremezca de alegría. 
Cuántas cosas se aclararán y quedarán al descubierto para siempre, en los libros, en la acción, en la vida… Todo será infinitamente más sencillo, justo y claro, y no habrá lugar para ese tipo de dilemas".

"Hacemos lo que podemos. Con frecuencia, la bondad natural del carácter de los niños triunfa y somos testigos de resultados sorprendentes. Tienen tal energía que se puede obtener de ellos mucho más de lo que nos creemos.
Es grotesco echar pestes por unos males de los que ellos no tienen ninguna culpa. Con golpes y medidas coercitivas no se extirpan las causas del mal; están profundamente arraigadas y habría que eliminarlas. Pero no se acaba con el mal suprimiendo sus consecuencias, sino atacando sus causas, arrancándolo de raíz".

"¿Tendré éxito, o me veré superada por el tiempo? Siempre la misma duda, la misma angustia. Porque una parte importante de nuestro ser hace que, por desgracia, pertenezcamos al mundo presente, enfermo y agonizante, así como a su pasado. ¡Maldita sea! Es este campo el que me deprime, me pone melancólica y me hace ver todo negro…".

"BB. 29.8.44. Sin libros estamos enfermos. Tengo la impresión de que lo esencial de mi ser ha sido aniquilado. Qué cantidad de horas perdidas, de riquezas esfumadas, inaccesibles… Qué existencia tan mísera, tan estéril… Tengo la mente atrofiada".

"Las peleas son inevitables, sobre todo entre las mujeres, ya sea con motivo de la preparación de las camas o cuando se lava la ropa. Cada una de ellas se considera especialmente amenazada y vejada, víctima de una injusticia particular, y no se da cuenta de que sus vecinas no son menos desgraciadas. Aquí, todos somos esclavos. Adrede se nos amontona a unos con otros sin dejarnos el mínimo aire para respirar. Adrede se nos permite insultarnos, pelearnos y discutir, para hacer que nuestra existencia sea insoportable, para reducirnos a un estado animal, y así burlarse más de nosotros, humillarnos y torturarnos mejor… Son unas bestias. Y el daño es aún más terrible cuando de repente nos cortan el agua.
Y aquí estoy, de pie, delante de la cama; observando todo esto y reflexionando. Me estrujan. Me zarandean, rodeada de gritos y basura. No sé dónde colocarme, dónde meterme para no molestar a los demás ni a mí misma. No sé qué hacer con mi cuerpo".

"En medio de ese caos de sopa, excrementos, escobas, polvo, en medio de los gritos y llantos de los niños, circulan infatigablemente… los «comerciantes», insolentes, molestos, y tan desgraciados como sus clientes. Cambian ropa por pan, pan por cigarrillos y viceversa. Este extraño comercio va acompañado de largas discusiones y de interminables negociaciones.
Una miseria sin límites, expuesta de un modo ostentoso y degradante, hedionda y chillona. Eso es exactamente lo que querían los nazis. ¡Exactamente eso! Envilecernos hasta un grado tan infame, humillarnos hasta la locura y matar en nosotros incluso el recuerdo de haber sido seres humanos".

"BB. 8.9.44. Me gustaría no pensar, no ver todo esto, pero es inútil. 
Hace sólo unas semanas, me sentía ajena e indiferente a lo que me rodeaba, pero hoy soy perfectamente consciente de que mi vida está ligada sin remedio a la del campo y que todos nosotros, querámoslo o no, estamos unidos por un mismo destino en la misma y única miseria".

"Podría escribir y escribir, centenares y miles de páginas, y no lograría agotar toda la desgracia, destacar todos los detalles amargos de nuestra existencia".

"El horror que nos rodea es tan grande que el cerebro se halla como paralizado e incapacitado para reaccionar a nada que no esté en relación directa con la pesadilla que tenemos continuamente ante nuestros ojos".

"Ni una sola vez he visto en uno de esos soldados el menor atisbo de un gesto humano, la menor sombra de un sentimiento normal, el mínimo asomo de incomodidad o malestar ante la obligación de comportarse de ese modo. 
¡Nada! Sus rostros no reflejaban nada humano…".

"BB. 17.9.44. La desdicha y el dolor me ahogan. Y el ODIO. Afortunado aquel que sufre sin odiar. Yo no lo logro. Las lágrimas acuden a mis ojos sin cesar. Lágrimas de rabia y vergüenza. Qué amarga es un alma envenenada… Me ahogan esas lágrimas de rabia y vergüenza. 
Desfallezco al no poder gritar unos sentimientos tan injusta y brutalmente reprimidos. Es duro, muy duro, y me da terror volver a sentirlo de nuevo. Sollozos por la injusticia y las desgracias en el  mundo, sollozos por la injusticia y las desgracias en mí misma que me quebrantan".

"BB. 11.10.44. Evidentemente, todo es relativo. Cada uno de nosotros hablará a su manera de este campo del terror. ¡Cuántas «verdades» no habrá! Verdades variables, diferentes, relativas.
Dependerán del punto de vista subjetivo, de la situación en la que uno se coloque para observar y del prisma individual a través del cual se mire el conjunto del espectáculo…".

"BB. 18.10.44. De los muertos que hoy han sacado del hospital, un barracón como los demás, tres eran del nuestro. Entre ellos, una chica de catorce años. Antes de la guerra era una niña guapa, fuerte, bien desarrollada. En la cárcel de Podgorika cogió la gripe. Esta se transformó enseguida en tisis galopante. Cuando, hace cuatro meses, llegamos a este campo, estaba ya en las últimas. Se iba apagando a ojos vista. Estos últimos días su sufrimiento llegó al paroxismo. No era capaz del más mínimo movimiento. La madre casi no ha reaccionado. Está tranquila, resignada. Le quedan todavía otras dos hijas más jóvenes, muy guapas, pero que también se están convirtiendo en sombras de sí mismas a causa del hambre constante. Los cuerpos jóvenes tienen necesidad de comer, de desarrollarse; si no, como las plantas tiernas, se secan".

"BB. 23.10.44. A juzgar por las informaciones que logran transmitirnos de vez en cuando, muchas de
nuestras ciudades, en la lejana patria, habrían sido ya liberadas. Una nostalgia violenta nos abruma.
Allí, la gente se mueve libremente, cada cual dedicado a sus quehaceres. La luz habrá entrado ya en las almas. Y mientras tanto, nosotros estamos tras las alambradas, sumidos en una existencia inhumana".

"Las heridas morales son tan hondas que nuestro ser entero se ha atrofiado. Tenemos la impresión
de que un muro espeso y macizo nos separa del mundo normal de antes. 
La capacidad emocional está como embotada, ha desaparecido. Uno ya no se acuerda ni de su propio pasado. Por muchos esfuerzos que haga para reproducir algo de mi vida anterior, por mínimo que sea, no acude a mi mente ningún recuerdo humano".

"BB. 22.11.44. Ch. se acaba de morir, de repente. Era un hombre robusto y bien plantado; tenía sesenta y cinco años, había conservado incluso aquí en el campo algo de su admirable apostura de antaño.
De pronto, agobiado por el peso de la desgracia, estuvo tendido en la cama, sin levantarse, tres días y, luego, por inanición y hambre, se apagó… Tres días bastaron".

"BB. Diciembre de 1944. Acaban de destituir al comandante del campo. Han nombrado a Krammer en su lugar. Krammer es el antiguo comandante de Auschwitz, de siniestra memoria".

"El sentimiento de desgracia y de horror no me abandona. La primera noche, murieron tres. Tuve que colocar bien sus cadáveres y cubrirlos. ¡Cuánto pesa un cadáver, y yo apenas tengo fuerzas…! En cambio, no me asustaba en absoluto tratar con muertos. Se ven por todos lados. «Vivimos» con ellos, estamos insensibilizados".





Hanna Lévy-Hass