sábado, 21 de septiembre de 2019

Citas: Mis memorias - Violeta Friedman


"Creo que fue a finales de 1984 cuando oí en una emisora de radio que se iban a publicar los supuestos diarios de Hitler —que pronto se demostrarían falsos—. Esa noticia, que para la mayor parte de la gente no tenía ningún significado especial, cambió mi vida. Mientras escuchaba, me di cuenta de que en realidad lo que perseguían era falsificar la Historia, mi historia y la de toda la humanidad. Algo se movió entonces dentro de mí. Algo que cambiaría mi vida definitivamente".

"Durante treinta y nueve años, yo había guardado silencio. Había tratado de olvidar lo inolvidable, de convencerme a mí misma de que jamás había vivido todo aquel horror sin límites. Pero era en vano: los recuerdos seguían ahí, el mercado de Marghita, el tren, los brazos que me separaron de mi madre, y el espanto, el hambre, el dolor, la muerte… Yo había vivido todo eso. Y como yo, otros muchos millones de personas. La mayor parte jamás pudieron contarlo: fueron asesinados antes de poder decir nada, antes de poder recordar. Ahora, alguien estaba intentando engañar".

"Es falso que no supieran. Yo afirmo que es falso que se quedaran de repente ciegos, sordos y mudos. Ellos tenían que saber algo, mientras once millones de personas de todas las nacionalidades, religiones y condiciones eran cruelmente asesinadas".

"Personas indefensas, entre ellos disminuidos psíquicos, lisiados, enfermos mentales, homosexuales, prostitutas, adversarios políticos, gitanos, testigos de Jehová o judíos. Sí, seis millones de judíos, cuyo único pecado fue haber nacido siendo judíos".

"Al acabar la guerra, los supervivientes éramos unos cientos de miles, pronto seremos sólo unos miles, y si no hablamos, no seremos más que un puñado de cenizas calladas".

"Las barbaridades no tenían límite. Una de las cosas más estremecedoras que se pueden contar de un ser humano —suponiendo que éste sea digno de recibir ese nombre— es el comportamiento de la mujer de Rudolf Höss. Como ya he dicho, él fue el primer comandante de Auschwitz casi hasta el final. El matrimonio y sus cinco hijos residían junto a la entrada del recinto. Después de haber enviado a Berlín varios vagones con diversos bienes requisados a los prisioneros, y de utilizar en su hogar los servicios de los esclavos que su marido le proporcionaba, aquella mujer pronunció la siguiente frase: «Este es el paraíso del que nunca quisiera irme». Es impresionante el lugar que ella fue capaz de calificar como «el paraíso». Es evidente que el olor nauseabundo de los hornos crematorios no afectaba a su fino olfato. A nosotros, en cambio, a quienes estábamos allí prisioneros, ese olor nos recordaba día y noche la muerte, la de todos aquellos que ya habían sido gaseados y luego eran incinerados allí, y la nuestra propia que no tardaría en llegar. En horas, días o semanas, ese olor sería el nuestro. Como había sido el de nuestras madres, hijos o  esposos".

"Sé que mi voz se pierde en el ruido del tiempo, en el devastador ruido del tiempo.
Con este libro espero que las nuevas generaciones puedan oír mi ruego: que ellas continúen mi trabajo. Que no nos olviden".

"Por las calles, los niños que habían sido antaño nuestros compañeros de juegos, nos gritaban ahora insultos y nos arrojaban piedras y pellas de barro. Sufríamos la persecución en todo momento, pero no podíamos defendernos y nuestros padres nos rogaban que no respondiésemos a las provocaciones, porque una simple denuncia a un judío era suficiente para que le impusieran una multa desmesurada sin indagar más. Empezaban los tiempos difíciles para nosotros".

"Casi toda mi familia, pues, desapareció en aquellos días. Asesinados todos en unas semanas. Si ellos pudieran hablar, si cada uno de mis familiares pudiera contar ahora su experiencia, todos recordarían lo mismo, pues todos viajamos hacia la muerte y el horror peor que la muerte aquel año espantoso de 1944. 
Todos los judíos de Transilvania. Muchas almas, muchos rostros de niños, mujeres y hombres, muchas bocas para hablar de una sola historia, de un solo destino: Auschwitz-Birkenau".

"Tengo la sensación de vomitar cada vez que digo esa palabra: Auschwitz-Birkenau.
Vomitar un monstruo que llevo dentro. Pero debo contener mi náusea y tratar de explicar cómo era ese lugar con nombre de infierno".

"Yo sólo tenía catorce años, y debería haber sido enviada directamente a la cámara de gas. Pero aquella noche llevaba un pañuelo en la cabeza y unos zapatos de tacón de mi madre, porque mis pies estaban tan hinchados al haber permanecido durante horas y horas de pie en el tren, que los míos no me entraban. En la oscuridad de la noche, agarrada del brazo de mi hermana que tenía casi dieciocho, a Mengele debí de parecerle mayor de lo que era, y fui enviada con ella al lado equivocado. Mi madre en cambio era joven y sana, sólo tenía cuarenta años, pero estaba deshecha por el terrible viaje, y se agarraba al brazo de mi abuela, intentando no ser separada de ella. Mengele apenas la miró, pero su brazo de demonio señaló el camino hacia la muerte. Muchas veces, más tarde, lamenté desesperadamente aquel error que permitió que yo me salvara mientras ella moría".

"En aquel instante yo comencé a llorar desesperadamente: nunca más volvería a ver a mi madre, a la que tanto quería. Y seguí llorando hasta que el hambre, el frío, la enfermedad y todo tipo de sufrimientos físicos y psíquicos terminaron por secarme las lágrimas al cabo de unas semanas. Todo se agotaba dentro de mí, incluso el llanto.
Nunca, jamás en mi vida por muchos años que pueda llegar a vivir, olvidaré aquella primera noche. Esa es la noche que nunca podré superar...".

"Los rumores, las constantes desapariciones inexplicables, el terrible incesante olor de los cuerpos eran pruebas suficientes. Sin embargo, algunas de nosotras no queríamos creerlo. A veces las veteranas, por tranquilizarnos, nos decían que aquello no era verdad. Yo me debatía constantemente entre aceptar o no su existencia".

"La desesperación era mi estado de ánimo permanente. Pero algo dentro de mí deseaba poderosamente vivir. Y necesitaba aquella mentira, aquella esperanza para seguir viviendo".

"Pero cuando una tragedia sacude a una familia como lo hizo con la nuestra, cada pequeño detalle del pasado, cada momento de incomprensión, enfado o mal comportamiento se convierte en una tortura en la mente de quien lo recuerda y sabe que ya no hay vuelta atrás".

"La ilusión de recordar cada detalle de sus encuentros secretos, el deseo de poder estar junto a él de nuevo, el poder de su amor fue lo que la mantuvo viva todo el tiempo, hasta que también, en el último momento, su resistencia se quebró".

"Allí estábamos ella y yo, hundidas en aquel caos, ignorantes como durante todo aquel tiempo de nuestro destino, pero ahora, tal vez, más solas que nunca".

"Nos movíamos siempre en grupos, porque nos encontrábamos a menudo con sorpresas desagradables. Algunas fueron violadas por soldados rusos. 
En algunos sótanos había soldados alemanes escondidos, de los que nosotras huíamos despavoridas. También encontramos a algunos muertos, colgando de una cuerda dentro de las casas o en los árboles. Ejecutados o suicidados, nos daba igual: no sentíamos ninguna pena, ninguna piedad por ellos. Y a ver cadáveres estábamos más que acostumbradas".

"No sé qué habría pasado entre nosotros de no haber sido por culpa del tabaco…
Aquella tontería acabó con nuestra relación. Un día, Laci estaba citado con unos amigos en el casino de los oficiales para jugar al póquer y me llevó con él. Alguien me ofreció un cigarrillo y yo lo acepté. Laci empezó a rogarme que no fumara aquel primer cigarrillo porque aseguraba que luego me sería imposible dejar el vicio. Y yo, con la mayor inocencia y muy segura de mí misma, contesté: «Si algún día alguien muy importante en mi vida me lo pidiera, lo dejaría en el acto». Él me miró entonces de forma extraña y dijo a su vez: «Si no lo dejas ahora mismo, nunca más volveré a pisar tu casa». Yo contesté: «Pues muy bien, no lo hagas», y seguí fumando tranquilamente".

"Poco a poco, las cartas fueron volviéndose románticas. Los dos estábamos ilusionados por el misterio del otro, y aquello se convirtió en algo importante en nuestras imaginaciones".

"Se trataba de alguien que había estado muy enfermo, al que habían amputado brazos y piernas, y que repetía una y otra vez: «Mientras quede un ápice de vida, queda esperanza. Sólo el día que se muere y se pierde ese último aliento desaparece también la esperanza»".

"Una semana más tarde, cuando me sentía mejor, reinicié mis clases de diseño en la academia. Al salir la primera noche me encontré a Miki esperándome. 
Creo que nunca conseguiré olvidar aquel paseo. Las lágrimas le resbalaban por las mejillas mientras me preguntaba repetidamente: «¿Cómo has podido destrozar algo tan hermoso?». Pero ya no tenía remedio".

"Hay cosas que, cuando uno vive circunstancias tan graves, ya nunca se pueden perdonar".

"De regreso a Oradea, nos detuvimos con el coche en la última ciudad de Hungría para comprar carne, que como ya he dicho, en Rumania era muy difícil de encontrar. Eva entró en la carnicería y yo me quedé esperándola en el coche. Pero luego pensé que tal vez necesitaría más dinero, así que fui a su encuentro. 
Aquello provocó entre nosotras una fuerte crisis: encontré a Eva fumando. Recuerdo que le quité el cigarrillo y lo tiré al suelo. Me sentía tan dolida como si me hubieran herido con un cuchillo.
Pensaba en la cantidad de sacrificios de todo tipo que yo estaba haciendo por su bienestar, mientras ella, llena de ingratitud, se jugaba la vida por el dichoso tabaco".

"He querido contar mi historia sencillamente como un testigo más, para que no se olvide nunca, para que los testimonios de quienes allí estuvimos sean una antorcha que ilumine a nuestros hijos por el camino de la tolerancia y la paz. 
Quizá, y éste es mi mayor deseo, así las semillas del odio no vuelvan a brotar de nuevo, y el mundo pueda decir siempre, siempre, lo que nosotros jamás nos cansaremos de repetir: nunca más".





Violeta Friedman

martes, 17 de septiembre de 2019

Citas: Cartas a Ofélia - Fernando Pessoa


"Si antes que a mí prefiere al joven que la corteja, y que evidentemente le gusta mucho, ¿cómo podría tomármelo mal? Usted, Ophelinha, puede preferir a quien quiera: no tiene obligación, creo yo, de amarme, ni debe (a no ser que quiera divertirse) fingir que me ama".

"Quien ama de verdad no escribe cartas que parecen requerimientos de abogado. El amor no examina tanto las cosas, ni trata a los demás como reos a quienes es necesario «comprometer»".

"Admito que todo esto resulta cómico, y que la parte más cómica de todo esto soy yo.
Yo mismo lo encontraría gracioso si no la amase tanto, si tuviera tiempo para pensar en otra cosa que no fuese en el dolor que usted tiene el gusto de provocarme, sin que yo, a no ser por el hecho de amarla, lo haya merecido, y creo que amarla no es razón suficiente para merecerlo".

"¿Ves, mi Bebé adorado, cuál es el estado de ánimo en que he vivido estos días, estos dos últimos sobre todo? No imaginas las saudades locas, constantes que he tenido de ti. Tu ausencia, aunque sólo sea de un día para otro, siempre me vence: ¡cuánto más lo he sentido al no verte los últimos tres días!".

"Sobre la información que te han dado sobre mí, no sólo quiero repetirte que es completamente falsa, sino decirte también que la «persona respetable» que le dio esa información a tu hermana, o bien se la inventó por completo y encima de ser mentirosa está loca, o bien esa persona no existe y fue tu hermana quien se la inventó; no digo que se inventó a la persona, sino que se inventó que determinada persona le dijo algo que nadie le dijo".

"Si ya no hay casi nadie (nadie que lo sepa por confidencia mía, y casi nadie que lo pueda «imaginar») que sepa con seguridad si yo te amo, menos hay —no hay nadie entonces— que sea capaz de decir que yo no te amo con intenciones serias. Para eso, sería preciso estar dentro de mi corazón, y aún así, sería necesario ver mal, pues lo que vería sería una estupidez".

"Ah, amor mío, amor mío, ¿acaso quieres huir de mí para siempre, o alguien se opone a nuestro amor?

Tuyo, siempre tuyo,

Fernando".

"Otra vez estoy mal de la garganta; llueve y estoy lejos de ti, y esto es todo lo que tengo para consolarme hoy".

"El otro día, cuando hablé contigo acerca de mi dolencia, me pareció (y creo que con razón) que el asunto te fastidiaba, que apenas te importaba. Comprendo que, estando sana, poco te aflijas por el sufrimiento de los otros, incluso cuando esos «otros» son, por ejemplo, yo, a quien dices amar. Comprendo que una persona enferma es molesta y que cuesta sentir cariño por ella. Pero sólo te pedía que fingieras ese cariño, que simularas algún interés por mí. Eso, al menos, no me hubiera apenado tanto como la mezcla de tu interés por mí y tu indiferencia por mi bienestar".

"Adiós, amor mío, haz lo posible por quererme de verdad, por sentir mis sufrimientos, por desear mi bienestar; intenta, al menos, fingirlo.
Muchos, muchos besos de tu, siempre tuyo, pero muy abandonado y desolado,

Fernando".

"No me conformo con la idea de escribir, quisiera hablarte, tenerte siempre a mi lado, no tener que mandarte cartas. Las cartas son señales de separación, señales, al menos por la necesidad de escribirnos, de que estamos separados".

"24 de marzo de 1920

Mi querido pequeño amor:

Hoy he estado ocupadísimo, tanto fuera como dentro de la oficina.
Van sólo dos líneas para demostrarte que no te olvido, ¡cómo si fuera fácil que yo te olvidara!".

"Adiós, amor mío; piensa a veces en mí cuando no estés distraída… 
Estoy convencido (por mi parte) de que te quiero. Sí, creo poder afirmar que siento por ti un verdadero afecto".

"Cuándo podremos encontrarnos a solas en cualquier parte, amor mío?
Siento la boca muy extraña, sabes, por no recibir besitos desde hace tanto tiempo…".

"Ven aquí, Bebé; ven a los brazos de tu Nininho; pon tu boquita contra la boca de tu Nininho… Ven… Estoy tan solo, tan sólo de besitos.…".

"Un solo beso que dure todo el tiempo que dure el mundo, de tu, siempre muy tuyo,

Fernando (Nininho)".

"No querría dejar de verte, pero tampoco querría (pues mañana tengo mucho que hacer) perder el tiempo inútilmente yendo a buscarte o a esperarte cualquier lugar donde no estuvieras, o por donde no pasaras".

"Mi pequeño Bebé: lo que quería decirte en la otra carta, y no tuve tiempo, pero que te digo ahora, es lo siguiente, y te pido que aprendas bien la lección y, si me amas, que escuches este consejo:
El Destino es como una persona y deja de molestarnos si mostramos que no nos importa lo que nos haga. Por eso, tú debes tener la fuerza de pensar sólo en esto: quiero a Fernando, nada más".

"P.S.: Esta carta fue escrita olvidando que sueles enseñar mis cartas a todo el mundo. De haberlo tenido presente —créelo—, la habría suavizado un poco. Pero ahora ya es tarde; no importa. Además, nada importa. F".

"Ni Ophelinha ni yo tenemos culpa de esto. Sólo el Destino tendrá la culpa, si el Destino fuese una persona a quien se le pueda atribuir la culpa".

"El tiempo, que envejece las caras y el cabello, también envejece, pero aún más deprisa, las pasiones".

"No sé lo que quiere que le devuelva, cartas u otras cosas. Yo preferiría no devolverle nada, y conservar sus cartitas como memoria viva de un pasado muerto, como todos los pasados; como algo conmovedor en una vida, como la mía, en la que el progreso de los años corre parejo al progreso de la desdicha y la desilusión".

"Pido que no haga como la gente vulgar, que es siempre grosera, que no me vuelva la cara cuando pase a su lado, ni me guarde rencor. 
Quedemos, el uno ante el otro como dos conocidos de la infancia, que se amaron un poco siendo niños y, aunque en la vida adulta sigan a otros afectos por otros caminos, siempre guardan un rincón del alma la memoria profunda de su amor antiguo e inútil".

"Que esto de «otros afectos» y «otros caminos» va con usted, Ophelinha, y no conmigo. Mi destino pertenece a otra Ley, cuya existencia Ophelinha desconoce, y está cada vez más subordinado a la obediencia a Maestros que no consienten ni perdonan".

"Alcanza que me guarde con cariño en su memoria, como yo, inalterablemente, la guardaré en la mía".

"Aprovecho la ocasión para pedirle disculpas por tres cosas, que son la misma, y de las que no he tenido culpa. Porque tres veces la he encontrado y no la he saludado, porque no la vi bien o, mejor dicho, a tiempo. Una vez fue hace ya mucho, en la rua do Ouro y por la noche, iba Ophelinha con un muchacho que supuse era su pretendiente o su novio, pero en realidad no sé si era lo que era justo que fuese. Las otras dos veces fueron recientes, sucedieron en el tranvía que ambos tomamos y que acaba en la Estrela. 
La vi, una de las veces, apenas de soslayo, y es que los desgraciados que usan anteojos suelen tener un soslayo imperfecto.
Otra cosa… No, no es nada, boca dulce…

Fernando".

"14 de septiembre de 1929

Pequeñita:

Me gustó su carta, pero me gustó todavía más lo que vino antes de la carta, que fue su propia persona".

"No sé escribir cartas largas. Escribo tanto por obligación y por maldición, que llego a tener horror a escribir por cualquier fin útil o agradable. Prefiero hablar, porque para hablar es necesario estar presente, ambos presentes, salvo en ese caso infame del teléfono, donde hay voces sin caras".

"Fernando Pessoa pruebe que: 1. tiene ocho meses de edad; 2. es bonito; 3. existe; 4. le agrada la entidad encargada de la distribución de la [20 líneas] mercancía; y 5. no se suicida antes del asunto, como sería su obligación; requiere, para tranquilidad de la persona encargada de la distribución de la mercancía, que le sea librado un certificado atestiguando que: 1. no tiene ocho meses de edad; 2. es un estafermo; 3. ni siquiera existe; 4. es despreciado [30 líneas] por la entidad  distribuidora; 5. se suicidó.
(Fin de las 30 líneas)
Aquí debería escribirse «Espera el vistobueno», pero no espera nada,

Fernando".

"29 de septiembre de 1929

Ophelinha pequeña:

Como no quiero que diga que no le he escrito, por no haberle escrito efectivamente, le estoy escribiendo".

"Por lo demás, mi vida gira en torno a mi obra literaria, buena o mala que sea, o pueda ser. Todo el resto en mi vida tiene un interés secundario: naturalmente hay cosas que me gustaría tener y otras que tanto da si llegan o no".

"Es necesario que quienes me tratan se convenzan de que soy así, y de que exigirme los sentimientos, por lo demás dignos, de un hombre vulgar y banal es como exigirme que tenga los ojos azules y el cabello rubio".

"Me gusta mucho —pero mucho— Ophelinha. Aprecio mucho — muchísimo— su índole y su carácter. De casarme, sólo lo haría con usted".

"Estoy loco y no puedo escribir una carta: apenas sé escribir tonterías".

"Si me pudiese dar un beso, ¿me lo daría? ¿Entonces por qué no me lo da? Mala".

"9 de octubre de 1929

Terrible Bebé:

Me gustan sus cartas, que son tan dulces, y también me gusta usted, que es dulce también".

"Y es bombón, y es avispa, y es miel, que es de las abejas y no de las avispas, y todo es verdad, y el Bebé debe escribirme siempre, por más que yo no escriba, que es siempre, y yo estoy triste, y estoy loco, y nadie me quiere, y además por qué alguien debería quererme, y eso mismo, y todo vuelve al principio, y me parece que hoy la llamaré por teléfono, y me gustaría darle un beso en la boca, con exactitud y glotonería y comerle la boca y comer los besitos que tuviera escondidos y apoyarme sobre su hombro resbalar hacia la ternura de las palomitas, y pedir perdón, un perdón falso, y volver muchas veces, y punto final hasta volver a empezar".

"¿Me quiere porque yo soy yo o porque no? ¿O no me quieres sin mí ni no? ¿O qué?".

"Este poema debe ser leído de noche en un cuarto sin luz. También, debidamente aprovechado, sirve para hacer papelotes para las muñecas de trapo, para tapar las cerraduras contra el frío, las miradas y las llaves, y para tomar medidas para zapatos a pies que no tengan mayor tamaño que el papel.
Creo que ya están hechas todas las recomendaciones para su uso. No es necesario agitar antes de usar.
Hasta luego.
Ibis
Casa Branca - Barreiro A
(Poema de la pila)
Toda persona que tiene las manos frías
debe meterlas dentro de las pilas.
Pila número UNO
para quien mueve las orejas en ayuno".

"Quedé loco, quedé tonto,
mis besos fueron sin cuento,
y la apreté contra mí,
y la enlacé con mis brazos,
y así me embriagué de abrazos,
quedé loco y fue asÍ".

"Ay qué tortura, qué fuego,
si estoy cerca de ella y luego,
hay nieblas en mi mirar,
y una nube cubre mi alma,
perdida ya toda calma
y yo sin poderla hallar".

"Yo tengo un Bebé
que es
en cuanto al tamaño
así: •
En cuanto al amor que le tengo 
esta línea da la vuelta al mundo.
¡Ay de mí!".

"Cuando pasa un día entero
y a mi amor no puedo ver
lo cubre un frío de enero
al junio de mi querer".

"Y mi amor ya no me quiere
ya me olvida y me desama
poco tiempo la mujer
tarda en probar que no ama".

"No fue a propósito, no.
Que sus gestos inocentes
tocaban mi corazón
como invisibles serpientes.
No fue a propósito, no".

"Nada explica ni consuela.
Todo está bien, aunque nos
lastima y nos desconsuela
que uno no pueda ser dos.
Nada explica ni consuela".

"Si no la veo, la imagino y soy fuerte como los
árboles altos.
Pero si la veo, tiemblo; no sé qué ha sido de lo
que siento en su ausencia".

"Amar es pensar.
Y yo casi me olvido de sentir sólo de pensar en
ella".

"Quiere poco: tendrás todo.
Quiere nada: serás libre.
El mismo amor que tengan
por nosotros, nos quiere, nos oprime".



Fernando Pessoa

viernes, 13 de septiembre de 2019

Citas: Diarios - Fernando Pessoa


"Y entonces, ¿qué es el hombre, por sí mismo, sino un insecto fútil que zumba mientras se estrella contra el cristal de una ventana? Y es que está ciego, no puede ver, ni puede darse cuenta de que hay algo entre él y la luz. Por eso se esfuerza, trabajosamente, en acercarse. Puede apartarse de la luz, pero no es capaz de llegar a estar más cerca. ¿Cómo le ayudará la ciencia? Puede llegar a conocer la consistencia y las irregularidades propias del cristal, comprobar que en una parte es más grueso, y en otra más fino, en una más basto y en otra más delicado: con todo esto, amable filósofo, ¿cuánto se ha acercado a la luz? ¿Cuánto han aumentado sus posibilidades de ver? Puedo llegar a creer que el hombre de genio, el poeta, llega a romper, de algún modo, el cristal, hacia la luz, y siente la alegría y la tibieza que produce estar más allá que los demás hombres, pero, ¿no está, también él, ciego? 
¿Acaso se ha acercado algo al conocimiento de la verdad eterna?
Déjenme llevar más allá mi metáfora. Algunos se alejan de la cristalera en el sentido opuesto, hacia atrás, y gritan, al darse cuenta de que no chocan con el cristal, que no está tras ellos, «Hemos pasado»".

"Soy un poeta impulsado por la filosofía, no un filósofo con cualidades poéticas".

"La poesía de la Tierra nunca está muerta. Podemos decir que otras épocas pasadas fueron más poéticas, pero podemos decir [—]".

"Y es que la poesía es admiración, perplejidad, como la de un ser que hubiera caído del cielo y se diera cuenta durante su propia caída, atónito. 
Como alguien que conociera las cosas en el alma y luchando por recordar este conocimiento, se diera cuenta de que no era así como las conocía, no bajo esa forma y esas condiciones, y fuera incapaz de recordar más". 

"El artista debe ser hermoso y elegante, porque quien admira la belleza no debe carecer de ella".

"No tengo dinero, debo conseguirlo. Tengo que operarme antes: circuncisión. No tiene sentido ir al extranjero con semejante desgracia".

"Del miércoles 4 al miércoles 11 de abril

No seguí el diario. No escribí nada que merezca la pena".

"Pensé mucho, pero no leí casi nada".

"14 de mayo (Lunes)

Clases; filología. Estuve andando por ahí. Perdido en mis obsesiones".

"Diez mil veces se partió mi corazón dentro de mí. No puedo contar los sollozos que me emocionaron, los dolores que consumieron mi corazón. Y sin embargo, también vi otras cosas que me llenaron los ojos de lágrimas y me agitaron como una hoja olvidada. Vi hombres y mujeres que entregaban su vida, sus esperanzas, todo, por los demás. Vi actos de una entrega tan grande que me hicieron llorar lágrimas de alegría. Estas cosas, pensé, son hermosas, aunque no sean capaces de redimir. Son rayos puros del sol incidiendo sobre el gran monte de estiércol del Mundo".

"Un hombre puede sufrir lo mismo en un traje de seda que en un saco o bajo una colcha rasgada".

"Mis pensamientos toman a veces una orientación que me lleva a sentir que estoy loco. Lo que estas ideas significan en su profundidad, no lo sé, ni me  atrevo a intentar descubrirlo. La simple idea de analizarlos me asusta: tal es su naturaleza. Vértigo intelectual…".

"El cínico no es más que un pesimista alegre. No hay más que decir de él".

"Que nadie se ría de nadie, que nadie se burle de nadie, ni siquiera interiormente.
La vida humana es demasiado seria y demasiado triste para la risa".

"¿Por qué soy tan infeliz? Porque soy lo que no debería ser. Porque la mitad de mí es lo opuesto de la otra mitad, y el triunfo de una es la derrota de la otra, y la derrota es sufrimiento: mi sufrimiento, siempre".

"Me lleno de ira. Querría comprenderlo todo, saberlo todo, cumplirlo todo, decirlo todo, disfrutarlo todo, sufrirlo todo, sí, sufrirlo todo. Pero no tengo nada de todo esto, nada, nada. Estoy anulado por la idea de lo que querría tener, poder, sentir. Mi vida es un inmenso sueño. Pienso, en ocasiones, que quisiera cometer todos los crímenes, todos los vicios, todas las acciones bellas, nobles, grandes, beber la belleza, la verdad, el bien, de un solo trago, y dormirme después para siempre en el pacífico seno de la Nada.
Déjenme llorar".

"El misterio del mundo no sólo llena mis pensamientos, sino también mis sentimientos".

"Es preciso que ahora cuente qué clase de hombre soy. Mi nombre no tiene importancia, al igual que el resto de los detalles externos. Es mi carácter lo que merece ser descrito".

"Saben, sin duda, que el mayor amor no es aquél que las palabras dulces expresan con pureza. Ni aquél que la mirada manifiesta, ni el que la mano comunica rozando suavemente otra mano. Es aquél que, cuando dos seres están juntos, sin mirarse ni tocarse, los envuelve como en una nube, los [—].
Ese amor no se puede expresar ni revelar. No se puede hablar de él".

"Soy la sombra de mí mismo, en busca de aquello que es sombra.
A veces me detengo al borde de mí mismo y me pregunto si soy un loco o un misterio muy misterioso".

"Me encuentro muy débil y mareado, aunque poéticamente excitado".

"He descubierto que la lectura es una forma de soñar esclavizada. Si he de soñar, ¿por qué no soñar mis propios sueños?".

"Antiguamente, yo sabía leer. Hoy, cuando leo, me pierdo".

"Nunca tuve una prometida real… nunca supe cómo se ama… Sólo supe cómo se sueña amar…".

"¡Cuántas veces mi boca rozó mi boca en un espejo! Cuántas veces aparté una de mis manos con la otra, y cuántas adoré mis cabellos con mi mano enajenada para que pareciera suya al tocarme. No soy yo el que te está diciendo esto… es el resto de mí quien está hablando".

"Me asedia un vacío absoluto de fraternidad y de afecto. Incluso los que están cerca de mí no lo están, estoy rodeado de amigos que no son mis amigos y de conocidos que no me conocen".

"Entre yo y el mundo hay una niebla que impide que vea las cosas como verdaderamente son; como son para los otros.
Esto es lo que siento".

"No sé quién soy, qué alma tengo".

"Actuar es intervenir. Un brazo que se extiende y ocupa espacio se convierte, de este modo, en una escultura metafísica. Nunca pude dejar de dar a este hecho una importancia alada sobre lo cotidiano".

"4. Un día ni bueno ni malo. Trabajé muy bien, traduje veintitrés páginas. En conjunto, tranquilo, lo que no está mal. Lo único malo era que el día estaba lluvioso, y mi propia angustia porque hubo un trueno".

"5. Día monótonamente agradable. Tormenta por la noche, pero estaba en casa y no hubo muchos truenos; apenas me afectó. Terminé la traducción".

"17. Un día en parte agradable y en parte desagradable. Recibí diez dólares y me calé los pies por culpa de la lluvia. Pero sin consecuencias. Tuve que comprar un paraguas, contra mi voluntad".

"18. Día más agradable que desagradable. Noche social, agradable. Día bastante vacío".

"20. Día vacío, del tipo perdido, más agradable que desagradable".

"13-6-1916

Y así he llegado a mi vigésimo octavo cumpleaños sin haber hecho nada en la vida: nada en la vida, nada en las letras o en mi propia individualidad. Hasta el día de hoy, he probado el fracaso hasta sus últimas consecuencias. Ah, ¿hasta cuándo tendré que seguir probándolo?
Cuanto más examino mi consciencia, menos me perdono a mí mismo por la nulidad de mi vida.
¿Qué cosa horrible me ha retrasado de este modo?
Mi lectura deficiente, mi carencia de espíritu práctico".

"No tengo ninguna dificultad para describirme: soy un carácter femenino con una inteligencia masculina. Mi sensibilidad y los movimientos que produce, y en eso consiste el carácter, son de mujer. Mis facultades de relación —la inteligencia, y la voluntad, que es la inteligencia del impulso— son de hombre.
En cuanto a la sensibilidad, si digo que siempre me ha gustado ser amado, y nunca amar, lo digo todo. Me dolía siempre la obligación, por un vulgar deber de reciprocidad —una lealtad del espíritu— de corresponder. Me agradaba la pasividad.
De la actividad sólo me atraía el mínimo necesario para estimular, para no dejar que se olvide la actividad amorosa de quien me amaba".

"Las sociedades están dirigidas por agitadores de sentimientos, no por agitadores de ideas".

"Muchos creen cosas falsas o incompletas de mí, y yo, al hablar con ellos, hago todo lo posible para que sigan creyéndolas".

"Líbrame, como me libraste en el Umbral, de la ambición, de la vanidad y del orgullo. Dame la mano para que no tropiece; la luz, para que no esté ciego; la vida, para que no esté muerto".




Fernando Pessoa

lunes, 9 de septiembre de 2019

Citas: La tumba de las luciérnagas - Akiyuki Nosaka


"Estaba en la estación Sannomiya, lado playa, de los ferrocarriles  nacionales, el cuerpo hecho un ovillo, recostado en una columna de hormigón desnuda, desprovista de azulejos, sentado en el suelo, las piernas extendidas; aunque el sol le había requemado la piel, aunque no se había lavado en un mes, las mejillas demacradas de Seita se hundían en la palidez".

"Una terrible diarrea no lo abandonaba y se sucedían sus idas y venidas a las letrinas de la estación; una vez en cuclillas, al intentar ponerse en pie, sentía que sus piernas vacilaban, se incorporaba apretando su cuerpo contra una puerta cuyo tirador había sido arrancado, y avanzaba apoyándose con una mano en la pared; parecía, cada vez más, un balón deshinchado y, poco después, recostado en la columna, fue ya incapaz de ponerse en pie".

"En la madrugada del veintiuno de septiembre del año veinte de Shôwa, un día después de que se aprobara la Ley General de Protección a los Huérfanos de Guerra, el empleado de la estación que inspeccionaba medrosamente las ropas infestadas de piojos de Seita descubrió bajo la faja una latita de caramelos e intentó abrirla, pero, tal vez por estar oxidada, la tapa no cedió: «¿Qué es eso?», «¡Déjalo ya! ¡Tira esa porquería!», «Éste tampoco durará mucho. Cuando te miran con esos ojos vacíos, ya no hay nada que hacer…»".

"Traídos por el viento, el olor a quemado y el crepitar de las llamas parecían muy cercanos; el fragor de las bombas, a ráfagas, como un aguacero de verano, alejándose hacia el oeste; aterrados, hermano y hermana se arrimaban de vez en cuando el uno al otro y entonces a Seita se le ocurrió sacar de la bolsa especial antiaérea la fiambrera con los restos del arroz refinado que su madre había cocido la noche anterior —el último arroz refinado que les quedaba y que su madre había decidido que ya no valía la pena guardar más—, junto con el arroz sin descascarillar con granos de soja de aquella mañana y tras destapar la mezcla, medio blanca, medio negra, que ya empezaba a tener una consistencia viscosa, hizo comer la parte blanca a Setsuko; al levantar los ojos hacia el cielo y verlo teñido de color anaranjado, Seita recordó que su madre le había contado una vez que la mañana del gran terremoto de Kantô las nubes se habían vuelto amarillas".

"Por la mañana, habían muerto la mitad de las luciérnagas y Setsuko las enterró a la entrada del refugio, «¿Qué estás haciendo?», «La tumba de las luciérnagas», y, sin levantar la mirada del suelo, «A mamá también la han metido en una tumba, ¿verdad?», mientras Seita vacilaba sobre qué debía responder, «Me lo dijo la tía, me dijo que mamá había muerto y que estaba en una tumba», y a Seita, por primera vez, se le anegaron los ojos en lágrimas, «Algún día iremos a visitar la tumba de mamá. Setsuko, ¿no te acuerdas del cementerio de Kasugano, el que está cerca de Nunobiki? Mamá está allí». Debajo de un alcanforero, en una tumba pequeña: Sí, hasta que no pongamos sus huesos allí, mamá no podrá descansar en paz".

"El mediodía del veintidós de agosto, cuando Seita volvió al refugio después de nadar en el estanque, Setsuko estaba muerta. Su cuerpo no era más que huesos y piel, durante los dos o tres días anteriores ya ni hablaba, no apartaba siquiera unas hormigas grandes que se paseaban por su rostro; sólo al caer la noche parecía que iba persiguiendo con la mirada las luces de las luciérnagas".

"El fuego se extinguió a altas horas de la noche y, al no poder orientarse en las tinieblas para recoger los huesos, se acostó junto a la fosa; a su alrededor había una multitud de luciérnagas que Seita ya no intentó atrapar: con ellas, Setsuko no se sentiría tan sola; las luciérnagas la acompañarían…, subiendo, bajando, desviándose de repente hacia los lados, dentro de poco, también ellas desaparecerán, pero tú, Setsuko, irás al cielo con las luciérnagas".

"La tarde del veintidós de septiembre del año veinte de Shôwa Seita, que había muerto como un perro abandonado en la estación de Sannomiya, fue incinerado junto a los cadáveres de otros veinte o treinta niños vagabundos en un templo de Nunobiki y sus huesos fueron depositados en el columbario, los restos de un muerto desconocido".




Akiyuki Nosaka

jueves, 5 de septiembre de 2019

Citas: Las cosas que no nos dijimos - Marc Levy


"—Esta idea tuya de comprar un vestido de novia de rebajas me horripila. Ya puestos, ¿por qué no lo compras por Internet? Querías mi opinión, ¿no?, pues ya la tienes.
—Tendrás que perdonarme que no pueda permitirme nada mejor con mi sueldo de infografista.
—¡Dibujante, princesa! Señor, cómo me horroriza el vocabulario del siglo XXI.
—¡Trabajo con un ordenador, Stanley, no con lápices de colores!".

"Stanley se puso en pie y retrocedió unos pasos para contemplar su trabajo. Asintió con la cabeza e inspiró profundamente.
—Bueno, ¿y ahora qué pasa? —quiso saber Julia.
—Es perfecto, bueno, no, tú eres perfecta, no el vestido".

"—¿Y bien? —preguntó, impaciente—. ¿Viene a la boda?
Julia negó con la cabeza.
—¿Y esta vez qué pretexto ha esgrimido para justificar su ausencia?
Julia inspiró profundamente y miró con fijeza a Stanley.
—¡Ha muerto!
Los dos amigos se quedaron un momento mirándose, sin decir una palabra.
—¡Vaya, tengo que decir que esta vez la excusa es irreprochable! —susurró
Stanley.
—¡Eres un idiota!
—Estoy confundido, no es eso lo que quería decir, no sé ni cómo se me ha podido ocurrir decir algo así. Perdóname, cariño".

"—¡No creo que decidiera morir anoche en París sin más fin que el de comprometer tu boda! Si bien le concedo cierto refinamiento en lo que a la elección del lugar se refiere.
—¡No lo conoces, es capaz de cualquier cosa con tal de fastidiarme!".

"—Tienes razón —dijo Adam, contemplando a su vez el cielo—, es un día magnífico; hasta en las últimas horas de su vida tenía tu padre que fastidiarnos.
Julia se detuvo al instante y retiró bruscamente la mano de la de su prometido.
—¡No me mires así! —suplicó Adam—. Si tú misma lo has dicho al menos veinte veces desde que te anunciaron su muerte".

"—¿Lo que significa?
—Lo que significa dar la posibilidad de ofrecer a los tuyos unos días más de presencia.
Julia lo miraba desconcertada, sin comprender del todo lo que su padre le explicaba. Entonces Anthony Walsh añadió:
—Unos días más, ¡después de haber muerto!
—¿Es una broma? —preguntó Julia.
—Pues considerando la cara que has puesto al abrir la caja, tengo que decir que lo que tú llamas una broma desde luego es muy lograda —contestó Anthony Walsh, mirándose en el espejo colgado de la pared—".

"Ella aplaudió.
—¡Haz el favor de no aprovechar que estoy muerto para mostrarte insolente conmigo!".

"—¡Mierda! —murmuró precipitándose a la ventana.
—¿Quién es? —quiso saber su padre.
—¡Adam!
—¿Quién?
—El hombre con el que debería haberme casado el sábado.
—¿Cómo que deberías?
—¡El sábado estaba en tu entierro!
—¡Ah, sí!".

"—¿Ha ido todo bien? —preguntó Anthony Walsh en tono jovial, nada más volver su hija.
—¡Fantásticamente bien!
—¿Entonces por qué pones esa cara de funeral? Dicho esto, más vale tarde que nunca...
—¡Eso mismo me pregunto yo! ¿Quizá porque, por primera vez, he mentido al hombre al que amo?
—No, mi querida Julia, es la segunda vez, se te ha olvidado lo de ayer... Pero si quieres, podemos decir que estabas calentando motores y que esa vez no cuenta".

"—¿Llevas un marcapasos?
—Desde hace diez años, querida.
—¿Por qué?
—Porque tuve un infarto y mi corazón necesitaba algo de ayuda.
—¿Cuándo ocurrió eso?
—Si te dijera que ocurrió el día del aniversario de la muerte de tu madre, me reprocharías una vez más mi lado teatral.
—¿Por qué no lo he sabido nunca?
—¿Quizá porque estabas demasiado ocupada viviendo tu vida?
—Nadie me avisó".

"—¡Podrías haber elegido otro hotel! —le dijo Julia al oído a su padre.
—¡No tuve más remedio! —se justificó Anthony—. Tu futuro marido había optado por un paquete, vuelo más hotel. Y eso que hemos tenido suerte, no eligió media pensión. Pero te prometo que no le costará nada, lo cargaremos todo en mi tarjeta de crédito. ¡Eres mi heredera, así que invitas tú!  dijo riendo.
—¡No era eso lo que me preocupaba!
—¿Ah, no? ¿Y qué, entonces?
—¿La suite... nupcial?
—No hay motivo para preocuparse, eso lo comprobé con la chica de la agencia, la suite se compone de dos habitaciones unidas por un salón, en la última planta del hotel. No tendrás vértigo, espero...
Y mientras Julia sermoneaba a su padre, el recepcionista le entregó la llave, deseándole una feliz estancia.
El mozo de las maletas los condujo a los ascensores. Julia retrocedió y se precipitó hacia el recepcionista.
—¡No es en absoluto lo que imagina! ¡Se trata de mi padre!
—Pero si yo no imagino nada, señora —contestó éste, incómodo".

"—¿Qué miras? —le preguntó Julia a su padre.
—¡A ti!
—¿Y qué estabas pensando mientras me mirabas?
—Que eres muy guapa, te pareces a tu madre —contestó con una sonrisa sutil.
—¡Tengo hambre! —anunció Julia".

"—¡Hay momentos en que me pregunto si, a fin de cuentas, no hice bien en morir la semana pasada!
—¡Por favor, no empieces otra vez con tus palabras grandilocuentes!".

"—¿Cómo le gusta la carne? —quiso saber el camarero.
—¡Seguro que medio cruda! —contestó Anthony Walsh.
—¿Y para el señor?
—¿Tiene pilas? —preguntó Julia".

"—Me parece que es la melodía de tu teléfono; debes de habértelo dejado en la habitación —dijo Anthony con voz incómoda.
—No cambies de tema. ¿Qué quieres decir exactamente con que «no está lo que se dice muerto»?
—Vivo sería un término que también podría aplicársele...".

"Cada vez que viajaba en avión, buscaba tu rostro entre las nubes, me imaginaba tus rasgos en esas formas que se estiraban en el cielo".

"Y por fin me devolvió la llamada; por el timbre de su voz, comprendí al instante que había perdido a un amigo, y yo al hombre al que amaba".

"—¿Tiene dificultades para desplazarse, señor? —se preocupó la joven.
—Por desgracia, señorita, a mi edad ¿quién no las tiene? —contestó muy orgulloso, presentándole el certificado que daba fe de que llevaba un marcapasos.
—Espere aquí —dijo ésta descolgando el teléfono.
Unos segundos más tarde, llegó un cochecito eléctrico para llevarlos a la puerta de embarque del vuelo con destino a París. Escoltados por un agente de la compañía, pasar el control de seguridad esta vez fue un juego de niños.
—¿Vuelves a tener un virus en el sistema? —le preguntó Julia mientras recorrían a toda velocidad los pasillos del aeropuerto.
—Calla, demonios —murmuró Anthony—, ¡nos van a descubrir, no me pasa nada en la pierna!".

"—Dentro de dos horas toda Nueva York estará despierta. No tendrás más que llamar a mi médico, él te mandará por fax un duplicado del certificado.
—¿Tu médico no sabe que has muerto?
—¡No, qué tontería, ¿verdad?, pero se me ha olvidado avisarlo!".

"—Dentro de dos horas toda Nueva York estará despierta. No tendrás más que llamar a mi médico, él te mandará por fax un duplicado del certificado.
—¿Tu médico no sabe que has muerto?
—¡No, qué tontería, ¿verdad?, pero se me ha olvidado avisarlo!".

"—¿Cambiamos de tema? —suplicó Julia.
—Como quieras, pero me parecía bastante divertido poder hablar con alguien de mi propia muerte.
—Ese alguien en cuestión es tu hija, y, francamente, no parecías estar pasándotelo pipa".

"—¡Dos cosas! —anunció—. La primera es que estás en pelotas, y dudo mucho que mis vecinos de enfrente aprecien el espectáculo para amenizar su desayuno.
—¿Y la segunda? —preguntó Tomas sin volverse.
—El desayuno lo tomamos abajo en el café, en casa no hay nada".

"Tus palabras son dulces, más tranquilas que las del hombre del mediodía. A él también lo creo cuando dice que me ama, puesto que parece querer que esté bien".

"Tantas cosas que decirte y tan poco tiempo".

"—Qué hermosa eres —dijo Tomas dándose media vuelta.
Julia no contestó.
—¿Y ahora? —preguntó él con voz dulce.
—¡Tengo hambre!".

"—¿Por qué no te he conocido antes? —preguntó Julia.
—Los padres y los hijos tardan a veces años en conocerse".


Marc Levy

domingo, 1 de septiembre de 2019

Citas: El amante - Marguerite Duras


"Un día, ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio público, un hombre se me acercó. Se dio a conocer y me dijo: "La conozco desde siempre. Todo el mundo dice que de joven era usted hermosa, me he acercado para decirle que en mi opinión la considero más hermosa ahora que en su juventud, su rostro de muchacha me gustaba mucho menos que el de ahora, devastado".

"Pienso con frecuencia en esta imagen que sólo yo sigo viendo y de la que nunca he hablado".

"Diré más, tengo quince años y medio. El paso de un transbordador por el Me-kong. La imagen persiste durante toda la travesía del río. 
Tengo quince años y medio, en ese país las estaciones no existen, vivimos en una estación única, cálida, monótona, nos hallamos en la larga zona cálida de la tierra, no hay primavera, no hay renovación".

"Para quitar de delante de mi madre el objeto de su amor, ese hijo, castigarla por quererle tanto, tan mal, y sobre todo para salvar a mi hermano pequeño, mi niño, de la vida llena de vida de ese hermano mayor plantada encima de la suya, de ese velo negro ocultando el día, de la ley por él representada, por él dictada, un ser humano, y que era una ley animal, y que a cada instante de cada día de la vida de ese hermano menor sembraba el miedo en esa vida, miedo que una vez alcanzó su corazón y lo mató".

"La historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro. Ni camino, ni línea. Hay vastos pasajes donde se insinúa que alguien hubo, no es cierto, no hubo nadie".

"Sí, lo que decía, ya tarde en su vida, volvió a empezar".

"El tiembla. Al principio la mira como si esperara que hablara, pero no habla. 
Entonces, él tampoco se mueve, no la desnuda, dice que la ama con locura, lo dice muy quedo. Después se calla. Ella no le responde. Podría responder que no lo ama. No dice nada. De repente sabe, allí, en aquel momento, sabe que él no la conoce, que no la conocerá nunca, que no tiene los medios para conocer tanta perversidad. Ni de dar tantos y tantos rodeos para atraparla, nunca lo conseguirá. Es ella quien sabe. Sabe. A partir de su ignorancia respecto a él, de repente sabe: le gustaba ya en el transbordador. El le gusta, el asunto sólo dependía de ella".

"Los besos en el cuerpo hacen llorar. Diríase que consuelan".




Marguerite Duras