miércoles, 20 de junio de 2018

Citas: Ni de Eva ni de Adan - Amelie Nothomb

"No entendí su nombre, él tampoco el mío".

"Hay que reconocer que el francés es un idioma perverso. No me habría gustado estar en la piel de mi alumno. Aprender a hablar mi idioma debía de resultar tan difícil como aprender a escribir el suyo".

"Declaré que tenía razón, que la vida era un juego: quienes creían que jugar se limitaba a la futilidad no habían entendido nada, etc".

"—Sus abuelos son… peculiares —observé.
—Son viejos —respondió el joven con sobriedad.
—¿Les ha ocurrido algo? —insistí.
—Han envejecido".

"Uno siempre debería acudir a las exposiciones así, por azar, con absoluta ignorancia. Alguien desea mostrarnos algo: eso es lo único que importa".

"—Perdóneme, no consigo entender su pintura. ¿Podría explicármela?
—No hay nada que entender, nada que explicar respondió con desagrado—.
Sólo hay que sentirla.
—Es que, precisamente, no siento nada.
—Peor para usted".

"Por mi parte, yo también seguía con mis clases y progresaba en japonés tanto como podía. No tardé en conseguir que me miraran mal. Cada vez que un detalle me intrigaba, levantaba la mano. Los distintos profesores casi sufrían un ataque cardíaco cada vez que me veían levantar las falanges hacia el cielo. Yo creía que se callaban para dejarme hablar y, con atrevimiento, planteaba mi pregunta, a la que respondían de un modo extrañamente insatisfactorio.
La cosa duró hasta el día en el que, al observar mi gesto habitual, uno de los profesores empezó a gritarme con una excepcional violencia:
—¡Basta ya!
Me quedé paralizada, mientras los demás alumnos me miraban fijamente.
Después de la clase, fui a excusarme ante el profesor, sobre todo para saber qué crimen había cometido.
—No se le hacen preguntas al Sensei —me riñó el profesor.
—¿Y si uno no entiende algo?
—¡Lo entiende y punto!".

"—¿Cómo piensa lavarse?
—Con agua y jabón.
—No, es demasiado pegajoso. El cazo es antiadherente, sus manos no.
—Eso ya lo veremos.
En efecto, el chorro de agua del grifo y el producto lavavajillas no mermaron lo más mínimo mis amarillentas manoplas.
—Voy a intentar pelarme las manos con un cuchillo de cocina.
Ante la mirada aterrorizada de Rinri, procedí a ejecutar mi proyecto. Lo que tenía que ocurrir ocurrió: me corté la palma de la mano y la sangre brotó de la plastificada membrana. Me llevé la herida a la boca para no convertir aquel lugar en la escena del crimen".

"Aquel episodio había actuado en él como una catarsis. Me tomó en sus brazos y ya no me dejó".

"Me acerqué a interrumpir su sueño y, con mucha dulzura, le dije que, en mi país, la tradición exige que el hombre se marche al llegar el alba.
(...)
Rinri preguntó si la costumbre belga autorizaba a volver a verse".

"Rinri y yo no teníamos ni idea de lo que hacíamos juntos ni de adónde íbamos. Con el pretexto de estar visitando lugares de un interés relativo, nos explorábamos el uno al otro con indulgente curiosidad".

"Rinri me cogía de la mano, como todos los enamorados del recorrido tomaban de la mano a su acompañante".

"Después del amor, ya no había reglas. Sobre la almohada, descubrí a alguien".

"—Cuéntame cosas de las japonesas.
Se encogió de hombros. Insistí. Acabó diciéndome:
—No puedo contarte nada. Me ponen nervioso. No son ellas mismas.
—Quizás yo tampoco sea yo misma.
—Sí. Tú estás aquí, me estás mirando. Ellas, en cambio, siempre se están preguntando si gustan. Sólo piensan en sí mismas".

"Le quería mucho. Y eso no puedes decírselo a tu novio. Lástima. Por mi parte, quererlo mucho significaba mucho".

"—Hola, Amélie. Me gustaría conocer tu estado de salud.
—Excelente.
—En esas condiciones, ¿te apetecería encontrarte conmigo?".

"—Rinri me ha hablado mucho de ti —dijo ella.
—También a mí me ha hablado mucho de ti —inventé.
—Mentís las dos. Nunca hablo mucho de nada.
—Es verdad, nunca dice nada —retomó Rika—. Me ha hablado terriblemente poco de ti. Ésa es la razón por la que estoy convencida de que te quiere".

"Cuando me quedé a solas con Juliette, le pregunté qué opinaba de Rinri.
—Es delgado —dijo ella.
—¿Y qué más?
No obtuve gran cosa más. Telefoneé al chico:
—Y qué, ¿qué te parece?
—Es delgada —dijo".

"—¿Dónde voy a dormir?
—Conmigo, en la cama de mis padres.
Protesté por semejante equivocación. Rinri procedió a su habitual encogimiento de hombros.
—¡La cama de tus padres, hay que ver!
—Mientras ellos no se enteren… —dijo él.
—Pero yo sí me entero.
—¿No querrás que durmamos en mi camita individual? Sería un infierno.
—¿No hay otra posibilidad?
—Sí. Dormir en la cama de mis abuelos".

"—¿Ocurre algo?
—No me gustan estos platos.
—¿Y por qué los has preparado?
—Para ti. Me gusta verte comer.
—A mí también me gusta verte comer —dije cruzándome de brazos.
—Por favor, sigue comiendo, es tan hermoso".

"El teléfono no deja de sonar. Al otro lado de la línea, un ser humano se dirige a mí:
—¿Quién es usted? —digo.
—Por fin, Amélie, soy yo, Rinri. ¿Ya no reconoces mi voz?
No me atrevo a decirle que había olvidado incluso su existencia".

"—El mar de Japón —dijo Rinri ceremoniosamente.
—Ya lo había visto cuando era pequeña, en Tottori. Estuve a punto de ahogarme.
—Estás viva —concluyó el chico para excusar al mar sagrado".

"—¡Qué maleta más enorme y pesada! —dijo el chico al ponerla en el maletero.
—Regalos —comenté.
Me llevaba todas mis cosas.
En Narita, le pedí que se fuera enseguida.
—Me horrorizan las despedidas en los aeropuertos.
Me dio un beso y se marchó. En el momento en que desapareció, el nudo de mi garganta se desató, mi corazón se dilató y mi pena dejó su lugar a una extraordinaria alegría".

"«Viejo hermano, te quiero. No te traiciono al marcharme. Huir también puede ser un acto de amor. Para amar, necesito ser libre. Me marcho para preservar la belleza de lo que siento por ti. No cambies nunca»".

"Al parecer, huir es poco glorioso. Lástima, porque es muy agradable. La huida proporciona la más formidable sensación de libertad que se pueda experimentar. Te sientes más libre huyendo que si no tienes nada de lo que huir".

"Los que huyen mueren perdidos en un exceso de espacio".

"Me ahorré ese episodio, siniestro entre todos, bárbaro y falaz, llamado ruptura. 
Salvo en caso de crimen innoble, no entiendo que se rompa. Decirle a alguien que se ha terminado es feo y falso. Nunca se termina. Incluso cuando ya no piensas en alguien, ¿cómo dudar de su presencia dentro de ti? Un ser que ha contado para ti, siempre cuenta".

"Tratándose de Rinri, habría resultado particularmente malvado por mi parte:
«Mira, me has hecho un bien considerable, eres el primer hombre que me ha hecho feliz, no tengo nada que reprocharte, sólo conservo excelentes recuerdos de ti, pero ya no tengo ganas de estar contigo». Nunca me habría perdonado decirle una infamia semejante. Eso habría ensuciado nuestra hermosa historia".




Amelie Nothomb

sábado, 16 de junio de 2018

Citas: Aquí no, ahora no - Erri De Luca

"Mientras le quedó luz en los ojos, mi padre hizo fotografías. Había toda una estantería repleta de imágenes nuestras tomadas en las ocasiones especiales y en las corrientes. Duró diez años, más no, la recolección: los años del primer bienestar y de la pérdida de su vista. Queda así documentada hasta el detalle una sola época, quizá la única que he podido olvidar".

"Los álbumes, los archivos, no me sostienen la memoria, sino que la sustituyen".

"Un cuento que me persigue desde la memoria más remota habla de un ángel que toca la boca de los niños en el instante del nacimiento. A mí me debió de dar un golpecito más fuerte, por eso era tartamudo: ésa era la variante de la leyenda que me contaban. En las noches del niño que fui venía muchas veces un ángel a llamar a mi boca, pero yo no conseguía abrirla para darle la bienvenida. Un rato después se marchaba y en la oscuridad quedaban sus plumas y mis lágrimas".

"Ciudad, domingos: desde que tengo edad de memoria no he sabido ser parte".

"No eran años para muchachos los que nos habían tocado. Entonces no lo sabía y la adolescencia era una de las estaciones de la paciencia a la espera de consistir en plenitudes futuras".

"En el aula, cuando se pasaba lista, mi nombre exclamado me estremecía. Sólo era una sigla y ya era un orden, mal pronunciado, mal anunciado. Desde hacía poco era el mío y ya estaba ajado".

"Sólo de adulto remonté las generaciones. De niño no admitía el pasado".

"Los tubos de escape despedían humo negro cada vez que arrancaban y apestaban a la gente que esperaba".

"Indago con la mirada las caras de los transeúntes, ente ellas veo la tuya, madre.
Eres joven, una edad tuya que ya no recuerdo. Se dice que las madres no tienen edad. De niño te las veía todas, la vida duraba un día, moría con el sueño y resurgía al despertar".

"En el curso del día todas las edades te brotaban en la cara, ni una sola se detenía una hora. Tú eras él siempre, nacías por la mañana, morías por la noche, apareciendo y desapareciendo por la misma puerta, dirigiendo la luz de la mañana y llevándotela otra vez contigo por la noche, dejando una rendija de luz bajo la puerta que cerrabas mal.
Todas las edades en un día: tiene que ser difícil que nos mire un hijo con tanto desacierto y no saberlo nunca".

"Tiene que haber sido imposible adivinar el malestar del niño que no quiere dormir: no moría yo en la oscuridad cada noche, sino tú".

"Pronto llegaron las canas que no quisiste teñir, despreocupada por corregir los detalles de tu imagen. Aparentabas más años que las de tu edad, pero de mayor recuperaste ventaja sobre ellas. He visto caer a mujeres en la edad siguiente como se cae de un escalón que se calcula mal, por haber retenido demasiado una edad anterior.
A tu juventud la confundió la guerra".

"Estás mirando a alguien y no piensas en la calle.
Hay ojos en algunos cuadros que siguen al espectador donde éste se desplace.
Para mí ahora es así: tú miras y yo tengo la impresión de ser mirado".

"Es posible, porque lo posible es el límite variable de lo que uno está dispuesto a admitir".

"Soy el hijo, el extraño cuyo perfil se ha simplificado entre el cristal de una sección de maternidad que separa al recién nacido de la madre y el cristal de una ventanilla de autobús.
No me reconoces".

"Los ojos se me cerraron, como cuando una visión inesperada nos penetra en el interior y uno va a retenerla en la oscuridad dentro de sí, para entenderla bien".

"Hablar es recorrer un hilo. Escribir, en cambio, es poseerlo, devanarlo".

"En ese momento debí de comprender por vez primera que el daño es irreparable y que no hay manera de reparar un agravio por más que se haga después.
No hay remedio aparte de no cometerlos, y no cometerlos es labor de lo más ardua y secreta en medio del mundo".

"Te hablo de ella porque no habrá otra vez y no lo hemos hecho antes. Vivimos con personas queridas sin saberlo, maltratadas sin darnos cuenta: un  día cualquiera desaparecen y ya no hablamos más de ellas".

"No lloraba de niño; no recuerdo mis lágrimas. Mucho más tarde las conmociones hallaron el camino de las palabras y el de los ojos".

"Cada zambullida aparta de la respiración, del calor, de lo seco. 
Cada zambullida contiene la sexagésima parte de un adiós".

"Se aprende tarde a defenderse de las palabras".

"Entre madre e hijos no acontece progreso, no se desarrolla civilización: las palabras siempre serán pocas, raras, conservadas. No reemplazan nada, ni los golpes ni las caricias".

"Las cosas tienen un rostro secreto que un niño puede indagar. 
Rompía el juguete: no por la insignificante curiosidad de ver lo que había dentro, cómo estaba hecho, sino para ver el instante en que de golpe se deshacía, antes de perderse en la indistinción de sus trozos".

"Sólo en muerte la vida es enteramente de quien la ha vivido, y la posesión no tiene donantes, ni reprimendas".

"Te hablo, madre, tan joven como eres respecto a mí por una noche, de este tu antiguo regalo, cuya posesión me parece que puedo completar precisamente ahora.
¿Es mía la vida que me diste? Ésta noche sí, es del todo mía".

"Nunca creí que estuviese muerto. De niño la palabra «muerto» significaba mantenerse aparte, no dejarse ver, una insistencia voluntaria en la ausencia. Podía ser lo mismo que decir: el abuelo se ha ofendido y no quiere venir a vernos, al abuelo lo han trasladado".

"Quise a ese abuelo que no podía abrazar a su hijo y se conformaba una vez al mes con acariciarle la nuca con la excusa de un servicio".

"Alrededor bulle el movimiento. Las puertas se han abierto, la gente sube y baja por todas partes, tropezándose. Me quedo cerca del cristal, hay alboroto, pero tú y yo seguimos quietos. Llegan el momento y la ocasión, cuando dos personas se detienen: entonces se encuentran".

"Si uno siempre se mueve, impone inclinación, dirección al tiempo. 
Pero si uno se detiene, si se resiste como un burro en medio del sendero, dejándose llevar por una distracción, entonces también el tiempo se detiene y ya no es esa carga que perfila la espalda. Si no lo transportas, se vuelca, se extiende alrededor como la mancha de tinta que mi plumilla hacía sola, recta, en equilibrio sobre el papel secante, para caer luego, vacía".

"Quienes se detienen se encuentran, incluso una madre joven y un hijo viejo. El tiempo actúa como las nubes y los posos del café: cambia las figuras, mezcla las formas".

"Estamos detenidos en la fotografía, pero tú sabes lo que va a ocurrir enseguida porque has llegado más lejos. Yo, en cambio, sé quién eres tú, pero no la continuación que tú conoces. Yo conozco tu nombre, pero tú mi destino".

"No le gustaba llevar a nadie de la mano, ni siquiera la tuya la vi nunca en la suya".

"Para mí los días amados fueron aquéllos en los que lo imposible quedó guardado en el corazón, y no aquéllos en los que  se cumplió".

"Se crece callando, cerrando los ojos de vez en cuando, sintiendo de pronto mucha distancia de todas las personas".

"La inocencia podía ser una especie de insolencia".

"De las primeras cosas que aprendí por mi cuenta recuerdo ésta: aprendí a no esperar".

"Hoy sé que en cada frase pronunciada yace el alma de una pregunta, pero entonces temía que cada pregunta contuviese una respuesta que no sabía identificar".

"Así que pregunté a través de la puerta entornada del baño:
—¿Por qué existe la espera?
—¿Qué espera?
Hice una pausa. Continuó con tono más amable: ¿La espera de qué?
—Si mamá no viene, tú la esperas.
—Claro.
—Si se va la luz, ¿esperamos que vuelva?
—No te entiendo bien, pero da igual. Sí, esperamos que vuelva.
—Por todo lo que se retrasa y hay que esperar, ¿quedamos siempre a la espera?
En ese momento, mi dicción se hizo más embarullada.
—Papá, si yo no quiero quedarme a la espera y quiero quedarme sin espera, ¿puedo?
Entonces dejó de afeitarse, abrió de par en par la puerta y, como si hubiese entendido algo, no sé qué, no dijo nada más que lo siguiente: «Si llegas a lograr quedarte sin espera, verás cosas que los otros no ven». Y añadió a renglón seguido:
«Aquello que te importa, aquello que te vaya a pasar, no llegará con una espera»".

"Debe ser también cierto, no compartir una tensión con alguien es como abandonarlo a su suerte".

"He seguido siendo católico, pero no he amado la religión. Para mí rezar nunca fue preguntar. En los momentos de mayor fervor he entrado en una iglesia no para preguntar, sólo para estar lejos".

"Más tarde he vuelto a querer la sombra, débil refugio; la luz fuerte de la mañana al despertar es para mí como un vaso que se rompe".

"No lo había perdido yo, el juego se fue de mí igual que había venido, como un duende amigo que acompaña a un niño durante un tramo de su vida y luego se marcha, callado, sin avisar".

"Cuando murió no me di cuenta. Dormía en la silla, las manos enlazadas con las suyas, mis ojos cerrados y los suyos abiertos hacia mí. Cuando solté los dedos de los suyos me quedé solo en el mundo".

"No es que crea que cada error se merece un castigo, no, no es eso, pues para mí el error que se comete contiene en sí mismo una penitencia, una disminución, sino que a cada fallo le corresponde una soledad".




Erri De Luca

martes, 12 de junio de 2018

Citas: La poesía modernista - Varios autores


"Cuando el amor el alma nos abrasa".

(Sensualismo - Carlos Guido y Spano)

"Y, por sus labios entreabiertos, gira,
Cual fugitivo acorde de una lira,
La suspirante languidez de un beso".

(Bacante - Leopoldo Díaz)

"Latir su corazón... Sentía su aliento,
Y forjóse febril mi pensamiento
Que su labio de virgen me ofrecía".

(Vértigo - Leopoldo Díaz)

"El beso triste de la noche helada
Sobre rígidos témpanos la mueve
Y su existencia, más que su sueño breve,
Expira con la luz de una alborada".

(Edelweis Leopoldo Díaz)

"Seduces, vives, amas, palpitas, enamoras...
Fue para ti propicia la fuga de las horas".

(El sol de tres mil años Leopoldo Díaz)

"Cayó la noche y entre el mar y el cielo,
Quedó por mucho tiempo suspendido
El silencioso adiós de tu pañuelo".

(El pañuelo - Leopoldo Lugones)

"Soñé la muerte y era muy sencillo;
Una hebra de seda me envolvía,
Y a cada beso tuyo,
Con una vuelta menos me ceñía".

(Historia de mi muerte - Leopoldo Lugones)

"Una noche. La muerte es muy sencilla.
Y poco a poco fue desenvolviéndose
La hebra fatal. Ya no la retenía
Sino por solo un cabo entre los dedos...
Cuando de pronto te pusiste fría
Y ya no me besaste...
Y solté el cabo, y se me fue la vida".

(Historia de mi muerte - Leopoldo Lugones)

"Yo he buscado el fondo obscuro de la noche del olvido,
Y la noche se poblaba con los ecos de tu voz...".

(Siempre - Ricardo Jaimes Freyre)

"(Yo sé del triste desvarío
que hace reír en el dolor,
y al llanto llaman: —Hijo mío...
también la Dicha y el Amor)".

(Canción del bosque de Laureles - Ricardo Jaimes Freyre)

viernes, 8 de junio de 2018

Citas: El maravilloso mago de Oz - Lyman Frank Baum

"Cuando la tía Em fue a vivir allí, era una mujer joven y bonita; pero el sol y los vientos también la habían cambiado, robando el brillo de sus ojos, que quedaron de un gris plomizo, y borrando el rubor de sus labios y mejillas, los que poco a poco fueron adquiriendo la misma tonalidad imperante en el lugar.
Ahora era demasiado enjuta y jamás sonreía".

"—¿No irá usted conmigo? —suplicó la niña, que había empezado a considerar a la ancianita como su única amiga.
—No puedo hacer tal cosa; pero te daré un beso, y nadie se atreverá a hacer daño a una persona a quien ha besado la Bruja del Norte".

"—¿Dónde está la Ciudad Esmeralda? —inquirió él—. ¿Y quién es Oz?
—¿Cómo? ¿No lo sabes?
—De veras que no. No sé nada. Como ves, estoy relleno de paja, de modo que no tengo sesos —manifestó él en tono apenado".

"—¡Ah!, ya entiendo. Pero, al fin y al cabo, un cerebro no es lo mejor que hay en el mundo.
—¿Tú lo tienes?
—No, mi cabeza está enteramente vacía —contestó el Leñador—. Pero en un tiempo tuve cerebro, y también corazón, y, como he tenido ambos, prefiero el corazón".

"Mientras estaba enamorado fui el hombre más feliz de la tierra; pero el que no tiene corazón no puede amar".

"—Sin embargo —dijo el Espantapájaros—, yo pediré un cerebro en vez de un corazón, pues un tonto sin sesos no sabría qué hacer con su corazón si lo tuviera.
—Yo prefiero el corazón —replicó el Leñador—, porque el cerebro no lo hace a uno feliz, y la felicidad es lo mejor que hay en el mundo".

"—Pero eso no está bien —objetó el Espantapájaros—. El Rey de las Bestias no debería ser un cobarde.
—Ya lo sé. —El León se enjugó una lágrima con su zarpa—. Es mi pena más grande, y lo que me produce mi mayor desdicha. Pero cuando quiera que hay algún peligro, se me aceleran los latidos del corazón.
—Puede ser que lo tengas enfermo
—aventuró el Leñador.
—Podría ser —asintió el León.
—Si es así, deberías alegrarte, pues ello prueba que tienes corazón — manifestó el hombre de hojalata—".

"—Ustedes los que poseen corazón tienen algo que los guía y no necesitan equivocarse —manifestó—; pero yo no lo tengo y por eso debo cuidarme mucho".

"—Bueno —suspiró aliviado el León Cobarde—. Veo que vamos a vivir un poco más, y me alegro de ello, porque debe ser muy incómodo eso de no estar vivo".

"—¡Cómo! —exclamó sorprendido—. ¿Están de regreso?
—¿Acaso no nos ves? —preguntó el Espantapájaros.
—Pero es que creí que habían ido a visitar a la Maligna Bruja de Occidente.
—Y la visitamos —afirmó el Espantapájaros.
—¿Y ella les dejó libres de nuevo? —se maravilló el guardián.
—No pudo evitarlo, pues se derritió —explicó el hombre de paja".

"—¿No puedes darme un cerebro? —preguntó el Espantapájaros.
—No lo necesitas; día a día vas aprendiendo algo nuevo. Los bebés tienen cerebro, pero no saben mucho. La experiencia es lo único que trae consigo el conocimiento, y cuanto más tiempo estés en la tierra tanta más experiencia has de adquirir".

"—¿Y mi valor? —intervino el León en tono ansioso.
—Estoy seguro de que te sobra valor —respondió Oz—. Lo único que necesitas es tener confianza en ti mismo. No hay ser viviente que no sienta miedo cuando se enfrenta al peligro. El verdadero valor reside en enfrentarse al peligro aun cuando uno está asustado asustado, y esa clase de valor la tienes de sobra".

"—¿Y mi corazón? —preguntó el Leñador.
—Bueno, en cuanto a eso, creo que te equivocas al querer tener corazón. Lo hace a uno muy desdichado. Te aseguro que eres afortunado al no tenerlo".




Lyman Frank Baum

lunes, 4 de junio de 2018

Citas: La historia del señor Sommer - Patrick Süskind

"En la época en que aún me subía a los árboles hace mucho, mucho tiempo, muchos años y décadas".

"En los árboles se estaba tranquilo, le dejaban a uno en paz".

"Pero luego me acordé de la cara que le vi al señor Sommer cuando miré por el cristal trasero del coche, chorreando lluvia, con la boca entreabierta, sus ojos redondos de mirada fija y furibunda, y pensé: cuando uno está haciendo lo que le gusta, no mira de ese modo; una persona que hace algo que le divierte no pone esa cara. Pone esa cara el que tiene miedo; o tiene sed mientras llueve, tanta sed que podría beberse un lago".

"Yo hubiera podido estar siempre mirando aquella cara, y la miraba cuando podía, en clase y en el recreo, pero con disimulo, para que nadie, ni la misma Carolina, lo notara, porque yo era muy tímido".

"En mis sueños era menos tímido. Entonces la tomaba de la mano y trepaba a los árboles con ella. Sentado a su lado en una rama, la miraba muy cerquita y le contaba cuentos. Y ella se reía echando atrás la cabeza y cerrando los ojos, y yo le soplaba la pelusa de detrás de la oreja y la nuca. Tenía este sueño y otros parecidos a éste varias veces a la semana. Eran unos sueños muy bonitos, no voy a quejarme; pero no eran más que sueños y, como todos los sueños, no te llenaban".

"Ella vino corriendo. Su pelo oscuro ondeaba y el pasador subía y bajaba. Llevaba un vestido amarillo limón. Yo extendí la mano.
Ella se paró delante de mí, tan cerca como aquel día, durante el recreo. Yo deseaba cogerle la mano, atraerla hacia mí. En aquel momento, me hubiera gustado abrazarla y darle un beso".




Patrick Süskind

jueves, 31 de mayo de 2018

Citas: La paloma - Patrick Süskind

"De estos últimos sucesos concluyó Jonathan que no se podía confiar en los seres humanos y sólo era posible vivir en paz manteniéndose alejado de  ellos".

"Y cuando entró por primera vez en la habitación número 24 supo enseguida: Esto es lo que siempre has querido, aquí te quedarás. (Exactamente lo que se supone que ocurre a los hombres en el llamado amor a primera vista, cuando sienten de pronto que una mujer desconocida hasta ahora es la mujer de su vida y permanecerán a su  lado hasta el fin de sus días)".

"«Dios mío, Dios mío —rezó—. ¿Por qué me has abandonado? ¿Por qué me castigas de este modo? Padre nuestro que estás en los cielos, sálvame de esta paloma. Amén»".

"Hay preguntas que se contestan negativamente a sí mismas por el mero hecho de formularlas. Y hay ruegos cuya completa inutilidad se manifiesta cuando uno los expresa y mira a los ojos a otra persona".





Patrick Süskind

domingo, 27 de mayo de 2018

Citas: El mejor de los pecados - Mario Benedetti


Los novios:

"Por lo general, yo no perdía tiempo en esa inercia contemplativa; después del almuerzo me iba al altillo y, en lugar de estudiar el común denominador, leía como un poseído a Julio Verne".

"La soledad es un precario sucedáneo de la amistad".

"Por eso, o quién sabe por qué, lo cierto era que yo no tenía la costumbre de la franqueza, así que no podía responderde inmediato cuando María Julia me apremiaba con preguntas como esta: «¿Vos quépensás? El suicidio, ¿es una cobardía?». Once años. Tenía once años y preguntaba eso. Claro, me obligaba a interrogarme. A veces, cuando ella se iba y yo me quedabasolo, me ponía a pensar tensamente, trabajosamente, y al cabo de media hora no había conseguido solucionar ningún problema de metafísica infantil, pero en cambio había logrado un dolor de cabeza estrictamente adulto".

"En definitiva, no podía imaginar el suicidio. Tampoco la muerte lisa y llana. Pero por lo menos la muerte era algo que un día llegaba, algo no buscado.
El suicidio, en cambio, era sentir gusto por esa estéril, repugnante nada, y eso era horrible, casi una locura".

"De pronto levanté los ojos y encontré la mirada de María Julia. Vi que se mordía el labio superior. Me sonrió, nerviosa. «No podés leer, ¿verdad?». Yo podía leer, claro. Pero me dio no sé qué contradecirla y meneé la cabeza. «¿Y sabes por qué?». Quedé inmóvil, esperando. «Porque somos novios». Yo cerré el libro y lo dejé al costado. Después, suspiré".

"Papá sonreía. Pero era una sonrisa sin alegría, la mueca amable, desanimada, de un hombre que se retira del trabajo sin odiarlo, simplemente porque le llegó la hora del descanso".

"Me abandonaba sus manos («de pianista» decía la tía), se prestaba mansamente a mis caricias, incluso revelaba cierto placer cuando yo le pasaba una mano por el pelo, ahora bastante más oscuro que la paja de escoba. Pero lo peor de todo era que esa actitud estaba impidiendo algo más importante: que yo mismo me sintiera inscripto en aquel marco de escenas que debían ser de amor".

"Estaba, asimismo, el deseo. Mi deseo. Ella no tenía esas preocupaciones. Para mis manos era mujer, la mujer tal vez. Es bastante probable que la primera mujer que tocamos pueda llegar a convertirse en la unidad de deseo para el resto de nuestros días, y sobre todo, de nuestras noches".

"De modo que decidí decírselo con toda naturalidad, como si hablara del tiempo o del trabajo. «No, mejor no vayas. Así te vas aprontando. Quiero que nos casemos a mediados de julio».
Tragué saliva y, simultáneamente, me sentí feliz, me sentí miserable".

Conversa:

"—Estaba en el otro extremo del café. No sé. Te vi tan sola.
—Me gusta estar sola.
—¿Siempre?
—No, siempre no. Hay días. ¿No te ocurre que de pronto te vienen ganas de hacer balance contigo mismo?
—A veces. Pero por lo general de noche. Mi problema es que padezco insomnio.
—De noche prefiero dormir.
—Yo también. Pero no siempre puedo.
—¿Mala conciencia?
—No. ¿Acaso tengo aspecto de delincuente o de violador?
—De violador, no.
—¿De delincuente?
—Vaya una a saber. No hace diez años que nos conocemos, sino cinco minutos".

"—¿Venís a menudo a este café?
—Dos o tres veces por semana.
—¿Trabajas por aquí cerca?
—Si el interrogatorio va a continuar de esta guisa, reclamo la presencia de mi abogado".

"—Y vos ¿qué hacés?
—Traduzco.
—¿Del inglés?
—También del inglés. Pero sobre todo del francés y del italiano. Y además soy soltero en español".

"—¿Qué hora es?
—Las seis y veinte.
—Caramba. Tenía que estar a las seis en el Centro. Pero no importa.
Total, ya no llego. Ni en taxi. Lo que pasa es que mi reloj está perezoso. ¿Ves que marca las cinco y diez? Además, no he perdido el tiempo. Me gustó conocerte.
—¿Conocerme? Mucho no hemos hablado.
—Lo suficiente. Y una relación no solo se construye con palabras. También hablan los ojos ¿no?".

"—¿No te parece como si nos conociéramos desde hace años?
—¿No te suena esa pregunta como de culebrón venezolano?
—Vos contéstame. ¿Te parece o no te parece?
—¿Años? No. Me parece como si nos conociéramos desde hace veintiocho minutos".

"—¿Y esta cicatriz en la muñeca?
—Ah sí. Con ese detalle ya lo sabes todo de esta joven marquesa.
Hace dos años intenté matarme.
—¿Y qué pasó?
—Me salvaron. Unas vecinas. Lo bien que hicieron. Estoy contenta de seguir vivita y coleando.
—¿Mal de amores?
—No. Falta de amores. Vacío de amores".

"—(...) ¿Vos nunca quisiste suicidarte?
—Soy demasiado pelotudo para tomar una decisión tan laboriosa".

Almuerzo y dudas:

"—Mire, Matilde —dijo—. Vamos a no andar con rodeos. Usted sabe que me gusta mucho.
—¿Qué es esto? ¿Una declaración? ¿Un armisticio?
—Usted siempre lo supo, desde el comienzo".

Amores de anteayer:

"—¿Por cuánto andas?
—Ochenta y uno. ¿Y vos?
—Setenta y nueve.
—No estamos tan mal.
—¿Verdad que no?
—¿Te acordás de los viajes en autobús?
—Nunca los olvidé.
—Pero desapareciste.
—Enseguida nos fuimos a Canadá y no tenía tu dirección ni tu teléfono.
Sobrevino un silencio, pero fue breve. Ella dejó su silla y fue a sentarse junto a Rodrigo. Luego, al igual que en aquel otoño del 44, apoyó su cabeza en el hombro reencontrado.
—Natalia —dijo él.
Ella siguió callada, pero, por cierta vibración de aquel hombro viejito que era su apoyo, supo de antemano cuál iba a ser la continuación.
—Natalia —repitió él, con voz vacilante y esperanzada—. ¿Cuándo nos casamos?".

Aniversario:

"—Mirá cómo llueve.
—Qué diluvio.
—Justo hoy, que hace treinta años que nos casamos. ¿Te acordabas?
—Por supuesto que me acordaba.
—Como no dijiste nada.
—¿Para qué? Es un día como cualquier otro.
—Ni tanto ni tan poco. Un poco de sentimiento no le viene mal al almanaque".

"—¿Estás tan desilusionada?
—No sé si es desilusión. Mira que no te echo ninguna culpa. Simplemente, me siento a apreciable distancia de la que fui, de la que era, casi te diría de la que soy".

"—Cuando veo que estás despierto a medianoche, también me desvelo, y así seguimos, uno junto al otro, sin tocarnos ni preguntarnos ni necesitarnos".

La vieja inocencia:

"Querida Isabel: Me decidí a escribirte porque estamos viejos (al menos yo lo estoy), solos, y con un océano de por medio".

"Pero gracias a ese intercambio de discreciones, convivimos y nos quisimos; moderadamente, es cierto, pero nos quisimos".

"Y no te oculto que su muerte significó para mí, no una catástrofe, pero sí una deshilachada tristeza".

"Tendrías catorce años. Te recuerdo con toda nitidez, en la misa de los domingos, sentada siempre en la misma fila, nunca de rodillas, como ordenaba el cura, junto a tu madre que sí se hincaba. El pelo castaño te caía sobre los hombros.
Yo me situaba (tampoco me arrodillaba) dos hileras atrás. A veces, aprovechando que tu madre rezaba con los ojos cerrados, te volvías y nos mirábamos y nos sonreíamos. Como dos tontos de época".

"Mi primer saludo fue abrazarte y la primera respuesta tuya fue abrazarme".





Mario Benedetti