lunes, 24 de septiembre de 2018

Citas: Breve historia de mi vida - Stephen Hawking


"Nací el 8 de enero de 1942, exactamente trescientos años después de la muerte de Galileo. Calculo que aquel día nacieron unos doscientos mil niños más, no sé si alguno de ellos más adelante se interesó por la astronomía".

"Creo que esos juegos, así como los trenes, los barcos y los aviones, eran fruto de una necesidad de saber cómo funcionaban los sistemas y cómo controlarlos. Desde que empecé mi doctorado, esa inquietud quedaba cubierta con mis investigaciones en cosmología. Si entiendes cómo funciona el universo, en cierto modo lo controlas".

"Nunca me ha parecido que mi falta de relaciones sociales fuera un obstáculo, pero creo que la física funciona de manera un poco diferente que la medicina. En la física no importa a qué colegio fuiste o cuáles son tus contactos: importa lo que haces".

"La física siempre fue la asignatura más aburrida del colegio porque era muy fácil y obvia. La química era mucho más divertida porque no paraban de ocurrir cosas inesperadas, como explosiones.
Sin embargo, la física y la astronomía me ofrecían la esperanza de comprender de dónde veníamos y por qué estamos aquí".

"Cuando uno se enfrenta a la posibilidad de una muerte temprana se da cuenta de que la vida vale la pena y de que quieres hacer muchas cosas".

"Dado que no sabía lo que me iba a ocurrir ni a qué velocidad avanzaría la enfermedad, me sentía perdido. Los médicos me dijeron que regresara a Cambridge y continuara con la investigación que acababa de empezar sobre relatividad general y cosmología. Sin embargo, no avanzaba porque no tenía mucha formación matemática, y además era difícil concentrarse cuando tal vez no fuera a vivir lo suficiente para terminar el doctorado. Me sentía como una especie de personaje trágico".

"Sin embargo, por aquel entonces no dormía del todo bien. Antes de que me diagnosticaran la enfermedad me aburría mucho la vida, no me parecía que hubiera nada que valiera la pena hacer, pero poco después de salir del hospital soñé que me iban a ejecutar. 
De pronto me di cuenta de que había muchas cosas que valía la pena hacer si me indultaban".

"De hecho, aunque una nube se cernía sobre mi futuro, para mi sorpresa disfrutaba de la vida. Lo que de verdad fue definitivo fue que me prometí con una chica llamada Jane Wilde a la que conocí aproximadamente en el momento en que me diagnosticaron ELA (esclerosis lateral amiotrófica). Aquello me dio un motivo para vivir".

"Si nos íbamos a casar, necesitaba conseguir un trabajo, y para eso tenía que terminar mi doctorado. Así que empecé a trabajar por primera vez en mi vida. 
Para mi sorpresa, me gustó, aunque tal vez no sea justo llamarlo un trabajo. Alguien dijo una vez que a los científicos y las prostitutas les pagan por hacer lo que les gusta".

"Durante los últimos cuatro años había utilizado una silla de ruedas manual, así como un triciclo eléctrico azul que iba a la velocidad de una bicicleta y en el que a veces llevaba pasajeros ilegalmente".

"Para mis colegas soy solo otro físico, pero para el público general probablemente me haya convertido en el científico más conocido del mundo. En parte se debe a que los científicos, Einstein al margen, no son estrellas del rock famosas, y en parte porque encajo en el estereotipo de genio discapacitado. No puedo disfrazarme con una peluca y gafas de sol: la silla de ruedas me delata".




Stephen Hawking

jueves, 20 de septiembre de 2018

Citas: Fragmentos del cuadernillos de notas desaparecido - Benjamín Constant



"Charlotte me propone separarse de él si yo me caso con ella".

"La llegada de Charlotte a París, en 1806. Voy a verla; escenas, confesión, grandes querellas".

"Pierdo la cabeza entre Charlotte y madame de Staël".

"Una atmósfera muy distintas. Se acabaron la lucha".

"Madame Récamier se empeña en que yo me enamore de ella. Tenía yo entonces cuarenta y siete años. Su manera de comportarse en aquella velada: ¡Atrévase!, me dice.
Salgo de allí locamente enamorado".

"Es inaudito que, con tanto sufrimiento interior, haya podido yo escribir una sola palabra con sentido común".



Benjamín Constant



domingo, 16 de septiembre de 2018

Citas: Liberty bar - Simenon Maicret

"A decir verdad, Maigret, una vez más, tenía que esforzarse por tomarse su papel en serio. La vieja, a pesar del maquillaje, era horrible".

"—¿Oiga? Aquí el inspector Boutigues, ¿Quiere que vaya a recogerle a su hotel?
(...)
—¿Para qué?
—¿No quiere ver el cadáver?
—Sí... No".

"Encontró a un gendarme en un cruce.
—Un médico. En el Liberty Bar. Aprisa.
—¿No es ese cafetucho que...?
—¡Sí, es "ese cafetucho que"! —aulló Maigret con impaciencia—. ¡Pero dese prisa, imbécil!".

"—¿Qué historia era ésa?
—Una historia de amor.
(...)
—¿Y qué ha sido de ellas?
—A la vieja le quedan tres o cuatros meses de vida; depende de lo que beba.
—¿De lo que beba?
—Sí, pues también es una historia de alcohol". 





Simenon Maicret

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Citas: Libre - Patrick Ness


"En el momento en que entraba en el vivero, le sonó el teléfono.
—Hoy todo el mundo se ha levantado temprano —contestó mientras aparcaba.
—¿Cuántas veces tengo que decirte que yo no soy todo el mundo? —refunfuñó Angela.
—Todo el mundo es todo el mundo. Si se dice así, es por algo.
—Si se dice así, es porque ellos se pasan el tiempo haciendo cosas  estúpidas mientras nosotros (que no somos todo el mundo) nos reímos de ellos y así nos sentimos superiores".

"—¿Por qué estás levantada?
—Las gallinas. Por qué va a ser.
—Claro. Las gallinas son la causa de todo; cualquier día mandarán ellas".

"Aplicó el pulpejo del pulgar derecho a una de las espinas de la rosa (este, junto con «corona de», era uno de los dos pretendidos chistes que la gente hacía a expensas de su apellido, sin provocar más risas que las del propio chistoso) y apretó despacio, pero con firmeza. La espina le atravesó la piel y, en la prontitud de la gota de sangre que brotaba, Adam vio… … todo un mundo, fugaz como un jadeo, de árboles y verdor, de agua y montes, de una figura que lo seguía en la oscuridad, de errores cometidos, de pérdida, de pesar…".

"—La muerte no es el fin —dice en voz alta".

"Durante cuarenta y cinco minutos o una hora, incluso una hora y media, el mundo era suyo y él, el único habitante. Bienaventurada, maravillosa, casi sagrada soledad".

"—¿Te encuentras bien, muchacho? —El viejo que se había fabricado su propia bici lo había alcanzado.
Adam se quitó un auricular.
—Mal de amores, nada más.
—¿Me permites un consejo? —El hombre no se detuvo, siguió pedaleando despacio—. Whisky. A litros".

"—¿De veras me amas? —le había preguntado Enzo, un momento antes de besarse, con una sonrisa medio incrédula, medio intrigada, en aquel rostro suyo tan hermoso.
¿Y por qué no? Era muchísimo más fácil ser objeto de amor que tener que llevar a cabo la complicada tarea de amar".

"Es ella quien da un paso hacia él, tomando la mano que el hombre le ofrece y estrechándola con las suyas. Él boquea, asombrado por el contacto físico. Ahora ella puede olerle: un toque de piel sin lavar, pobreza, extrema soledad".

"Cuando eras tan guapo, todo el mundo suponía que podías comerte el mundo, tanto es así que nadie se molestaba realmente en enseñarte cómo hacer las cosas. De todas las maldiciones, la belleza física era sin duda la mejor que podía tocarte; pero no dejaba de ser una maldición".

"—Sería más sencillo si subieras a la camioneta.
—Marty…
—Voy a ser padre.
Adam pestañeó. Lo mismo hicieron el caballo y la cabra que siempre lo acompañaba. Era una frase tan incongruente que Adam la malinterpretó.
—¿Te conviertes al catolicismo?
Marty casi se sobresaltó; luego hizo un gesto de impaciencia.
—No me refiero a esa clase de padre —dijo".

"—Se llama Felice —dijo, sonriendo para sí—. Quiere decir «feliz».
—Ah —repuso Adam con cara de póquer—, entonces se acabaron los problemas. ¿De qué signo es?".

"—¿Y qué quieres de mí? —le preguntó Adam—, ¿que te dé la enhorabuena? Pues ya la tienes. Aunque solo haya visto una foto de ella y me haya enterado de su existencia hace unos treinta segundos, me alegro por vosotros".

"Tal vez el amor lo volvía a uno imbécil. 
O la soledad".

"—Entras aquí —dijo su jefe, pasando por alto la pregunta—, luciendo ese culito carnoso que tienes, meneándolo delante de mis narices como una cerda en celo, incitándome a que te meta mano…
—¿Estás quedándote conmigo…?
—¡Y encima esto! —Le pasó algo raro en la voz, y Adam tardó un momento en darse cuenta de que Wade intentaba reírse—. Has malinterpretado adrede una conversación de trabajo para hacer que  parezca… —Se enjugó con un dedo el sudor del bigote— qué sé yo.
Como si estuviera tirándote los tejos, o algo.
—Wade, te veo la erección.
—¡No seas guarro! —La mano de Wade voló a su entrepierna—. Y ahora intentarás colarme que unas cuantas bromas, que ha habido siempre entre nosotros, te inducen de alguna manera a pensar que yo…
—Como me reduzcas las horas de trabajo, hablo con recursos humanos.
La cara de Wade se endureció de pronto, fue como si una cámara se hubiera acercado a un nido de avispas.
—Demasiado tarde, vaquero. Estás despedido".

"—Yo creo que habríamos ligado y nos habríamos casado y habríamos engendrado hijos de estatura media. Para divorciarnos un tiempo después al darte tú cuenta de que eras gay.
—¿Yo siempre soy gay?
—En todos los universos posibles.
—Vale, lo pillo. ¿Y tú siempre eres bajita?
—Salvo en los universos en los que soy Beyoncé.
—Bueno, en ciertos universos, todos somos Beyoncé".

"—(...)Nunca pierdas la oportunidad de besar a alguien. No hay cosa de la que uno se arrepienta más".

"—Nada tan grave como para no enamorarme de ti —dijo Linus.
Adam se pasó la lengua por los labios para sentir el ligero sabor a café que Linus le dejaba siempre.
—Yo también te quiero —dijo".

"—Linus…
—Ah, y tampoco elegimos las personas a las que queremos. No es culpa nuestra si se comportan como capullos integrales".

"—¿Cómo lo haces?
—¿El qué?
—Concentrarte en dos cosas a la vez.
Linus se inclinó torpemente para besarle en los labios.
—Solo estoy concentrado en una, Adam".

"—Te quiero —dijo Adam. Se lo dijo a Linus.
Linus le guiñó el ojo con gesto travieso.
—Decirlo en pleno acto sexual no cuenta. —Pero entonces reparó en las lágrimas en los ojos de Adam y, con dulzura, se las enjugó—. ¿Adam?
—No me dejes sin haberme amado —repuso Adam y, abrumado de vergüenza, lloró un poco más".

"Su padre le miró ahora a los ojos.
—¿Sabes lo mucho que rezamos por ti, Adam?, ¿por tu curación?
—Yo no necesito curarme.
—Todos lo necesitamos.
—No necesito esa clase de curación. Ni yo ni nadie. En serio, papá,
¿sabes en qué año vivimos?
—Que los tiempos estén desquiciados no significa que yo tenga que seguir la corriente".

"—No te muevas, por favor.
Angela le pellizcó un brazo. Con suavidad.
—Ni siquiera con todo el océano de por medio y en otro continente.
—Ni siquiera —concedió él.
—Ni siquiera hasta el fin del mundo".

"—Deseo quererte —añadió—. Si me dejas".

"—Aquí abandoné el lago —dice.
—Lo sé, mi reina.
—Aquí es donde empiezo a morir.
—Solo una parte de ti".




Patrick Ness

martes, 4 de septiembre de 2018

Citas: Los años de peregrinación del chico sin color - Haruki Murakami


"Desde el mes de julio del segundo curso de carrera hasta enero del año siguiente, Tsukuru Tazaki vivió pensando en morir".

"Ahora, Tsukuru Tazaki se decía a menudo que tal vez hubiera sido mejor haber muerto entonces. Así, este mundo habría dejado de existir. La idea le seducía: este mundo no existiría y lo que él tenía por realidad ya no sería real. Del mismo modo que para este mundo él ya no existiría, el mundo tampoco existiría para él".

"Durante meses vivió como un sonámbulo, como un cadáver que todavía no se ha percatado de que está muerto".

"Cuando no pensaba en la muerte, no pensaba absolutamente en nada".

"—Lo importante es la voluntad de ganar —solía decir—. En la vida no se puede ganar siempre. Unas veces se gana y otras se pierde".

"—Los objetivos concretos simplifican la vida —sentenció Sara".

"—Y no te deprime estar solo.
Como aún era temprano, en el local no había más clientes aparte de ellos. De fondo sonaba un trío de jazz con piano.
—No, creo que no —dijo Tsukuru tras titubear un poco.
—Pero ya no tienes a donde regresar, ¿no? Ese lugar armonioso y sin perturbaciones…
Tsukuru se quedó pensativo, aunque no había nada en lo que pensar.
—Ya no —respondió en tono tranquilo.
Durante las vacaciones de verano del segundo curso, supo que ese lugar había desaparecido".

"—Aun así, no lo entiendo —dijo Sara—. Esa herida todavía permanece en tu cabeza, en tu corazón, o probablemente en ambos. Y sin embargo durante estos quince o dieciséis años no has intentado averiguar qué ocurrió.
—Mira. No es que no quiera saber la verdad. Lo que pasa es que, a estas alturas, siento que es mejor olvidarlo. Ya forma parte del pasado, está como sumergido en una zona muy honda de mí mismo.
Durante un instante Sara cerró sus finos labios y luego sentenció:
—Eso es peligroso.
—¿Peligroso? —dijo Tsukuru—. ¿Qué quieres decir?
—Aunque logres ocultar los recuerdos, o enterrarlos muy hondo, no puedes borrar la Historia —dijo Sara alzando la mirada hacia Tsukuru—. Más vale que te quede grabado: la Historia no puede borrarse ni alterarse. Porque significaría matarte a ti mismo".

"Dieciséis años después, todavía, de vez en cuando, experimentaba de repente esa sensación: se separaba de sí mismo. Contemplaba su propio sufrimiento convertido en otro".

"«Parece que estoy al borde de la muerte, pero no puedo hacer nada», se dijo mientras se contemplaba. «Porque realmente, en cierto sentido, lo estoy. Porque he vivido aferrándome trabajosamente a este mundo, y ahora, a la menor ráfaga de viento, igual que una muda de insecto que cuelga de la rama de un árbol, podría salir volando y perderme para siempre»".

"Los celos —por lo que Tsukuru coligió de su sueño— son la prisión más desesperanzadora del mundo. Porque es una prisión en la que el preso se confina a sí mismo. Nadie lo mete a la fuerza. Uno entra por voluntad propia, cierra con llave desde dentro y lanza la llave por entre los barrotes. Y nadie en el mundo sabe que está ahí recluido. Naturalmente, si se decidiera a salir, podría hacerlo. Porque la prisión está en su interior. Pero no se decide. Su corazón se ha vuelto duro como un muro de piedra. Ésa es la esencia de los celos".

"—En el mundo hay gente que compone cuartetos para cuerda y gente que cultiva lechugas y tomates. Hará falta también alguien que construya estaciones, ¿no? Y, en mi caso, tampoco es que «me muera de ganas» de construirlas. Simplemente es un tema muy específico que me interesa.
—Perdona que te lo diga, pero encontrar un tema de interés específico en la vida ya me parece suficiente logro".

"—¿En qué te quieres especializar tú?
El estudiante permaneció un rato callado, pensativo.
—No lo sé —contestó al fin—. Al contrario que tú, yo no tengo muy claro lo que quiero hacer. Sólo sé que, haga lo que haga, me gustaría poder reflexionar profundamente sobre las cosas. Seguir pensando de forma pura, con toda libertad. Sólo eso. Aunque, en el fondo, reflexionar de forma pura quizá sea como crear un vacío.
—Supongo que en este mundo también hacen falta personas que creen vacíos".

"En cualquier caso, así fue como se convirtió en esa persona llamada Tsukuru Tazaki. Antes de eso, no era nada; simplemente un caos primigenio sin nombre. Un pedazo de carne rosada que no alcanzaba los tres kilos, que a duras penas respiraba y que berreaba en la oscuridad. Primero le dieron un nombre. Después surgió la conciencia y la memoria, y a continuación se formó el ego. El nombre fue el punto de partida de todo".

"La tristeza, sin razón aparente, que la contemplación de un paisaje bucólico despierta en el alma. Nostalgia, melancolía".

"—Es una pena que estés estudiando física. Deberías abrir un restaurante —le decía Tsukuru, medio en broma.
Haida se reía.
—No sería mala idea. Pero no me gusta estar atado a un lugar. Prefiero vivir con total libertad para ir a donde quiera cuando quiera y pensar todo cuanto quiera.
—Eso no es fácil.
—No, no lo es. Pero al menos tengo las ideas claras. No quiero ataduras. Me gusta cocinar, pero no quiero encerrarme en una cocina como un profesional. Si lo hiciera, al cabo de poco tiempo empezaría a odiar a alguien.
—¿A alguien?
—«El cocinero odia al camarero y ambos odian al cliente» —dijo Haida—. Es de la obra de teatro La cocina, de Arnold Wesker. Si te arrebatan la libertad, acabas forzosamente odiando a alguien, ¿no crees? Yo no quiero llevar esa vida.
—Porque lo que deseas es poder pensar con toda libertad, ¿no?
—Exacto.
—Pero pensar libremente no me parece nada sencillo.
—A fin de cuentas, pensar libremente significa también distanciarse del cuerpo.
Salir de esa jaula que te limita. Romper las cadenas y simplemente darle alas a la mente. Proporcionarle a las ideas una vida natural: ahí es donde radica el núcleo de la libertad de pensamiento".

"—Todo tiene su molde. El pensamiento también. Pero así como no hay que temer a los moldes, tampoco hay que tener miedo de romperlos. Eso es lo esencial para poder ser libres: sentir respeto y aversión hacia los moldes. Las cosas importantes en esta vida siempre contienen cierta dualidad. Eso es todo lo que puedo decir".

"—Es evidente que su música tiene el poder de conmover a la gente. Me he dado cuenta, aunque apenas sé nada sobre jazz.
Midorikawa meneó la cabeza, turbado.
—Sí, en ocasiones el talento es divertido. Es vistoso, llama la atención. Y si tienes suerte, incluso ganas dinero con él. También atrae a las mujeres. En fin, supongo que es mejor tenerlo que carecer de él. Pero el talento, querido Haida, sólo puede desplegarse cuando uno está concentrado. Y si algo no funciona bien en tu mente o en tu cuerpo, si, pongamos por caso, se te afloja algún tornillo o se te estropea alguna conexión —dijo con una sonrisa—, entonces la concentración, y por lo tanto el talento, se esfuma como el rocío en la madrugada".

"—Así que quiere morirse ya…
—Sí. Con franqueza, te diré que vivir es un fastidio. No me importa lo más mínimo morir. Me faltan energías para ponerme a buscar el modo de quitarme la vida, pero si la muerte me llega calladamente, entonces no me importa".

"Entonces Midorikawa se dirigió a él en tono sosegado:
—Supongo que pronto regresarás a tu vida de universitario en Tokio. Te reintegrarás a la vida real. Aprovéchala al máximo. Por muy superficial y monótona que sea la vida que te espera, merece la pena vivirla. Te lo aseguro. Olvídate de mis ironías y paradojas. Simplemente, a mí, eso que merece tanto la pena me resultó una carga. No fui capaz de soportarla. Quizá no nací para ello. Por eso espero en silencio a que llegue la hora, refugiado en un lugar tranquilo y oscuro, igual que un gato moribundo. Con todo, no me quejo. Pero tú, no. Tú debes sobrellevarla. Utiliza el hilo de la lógica para coser a tu cuerpo, lo mejor que puedas, aquello que merece la pena vivir".

"Pero sólo pensar en que volvería a verla le puso de buen humor. Una vez más, constató hasta qué punto, en el fondo de su corazón, aquella mujer se había vuelto imprescindible para él. Cuando pasaba un tiempo sin verla, tenía la impresión de que le faltaba algo, algo muy importante, y sentía una ligera punzada en el pecho. Hacía una eternidad que no experimentaba algo así".

"—Por eso sólo te relacionabas con chicas con las que podías evitar abrir tu corazón por completo.
—Tal vez tenía miedo de que, si acabase amando y necesitando en serio a alguien, al final esa persona podría desaparecer y dejarme solo".

"Tsukuru no podía quitarse esos pensamientos de la cabeza. «Tal vez mi destino sea estar solo. La gente se acerca a mí y al poco tiempo se marcha.» Parecía que buscaran algo dentro de él e, incapaces de encontrarlo, o desencantados con lo que veían, se dieran por vencidos, y desilusionados, incluso enfadados, fueran alejándose.
Hasta que, un buen día, se esfumaban. Sin dar explicaciones, sin despedirse. Como si con un hacha afilada cortasen de cuajo los vínculos que todavía hacían palpitar calladamente aquellas venas de sangre caliente".

"De los cuatro, una ya no existía. Se había convertido en un puñado de ceniza blanca. Sus pensamientos, su manera de ver las cosas, su sensibilidad, sus sueños y ambiciones… Todo eso había desaparecido.
Sin dejar rastro. Sólo quedaba lo que él recordaba de ella. Su cabello negro, largo y liso; sus bonitos dedos posados sobre el teclado; sus pantorrillas blancas, esbeltas, suaves como la cerámica, y elocuentes, aunque pudiera padecer extraño; la música que solía tocar: Le mal du pays, de Franz Liszt. Su pubis húmedo y sus pezones endurecidos… ¡No! Eso no era un recuerdo. Eso…, bueno, sobre eso prefería no pensar".

"—(...)No se pueden devolver los productos una vez que has roto el precinto. No queda más remedio que seguir adelante".

"—Todos tenemos la libertad en nuestras manos —dijo Aka. Y sonrió guiñándole un ojo—. Ésa es la moraleja".

"«Tómate tu tiempo… Yo te esperaré», le había dicho Sara.
Pero no era tan fácil. La gente se mueve, cada día cambia. Nadie sabe qué va a ocurrir".

"—¿Es usted ingeniero?
—Sí.
—No habrá venido a Finlandia a construir una estación, ¿no?
—No, he venido de vacaciones, a visitar a unos amigos.
—Muy bien —dijo el taxista—. Las vacaciones y los amigos son las dos mejores cosas de esta vida".

"—Suena complicado.
—Sí, me parece que es demasiado complicado para explicártelo en mi inglés.
Olga se rió.
—En la vida siempre hay cosas demasiado complicadas para explicarlas en cualquier idioma".

"—Todos tenemos cosas que nos preocupan —dijo Eri poco después—. Cada una está vinculada a otras. Cuando pretendemos arreglar una cosa, detrás surgen otras. A nadie le resulta fácil librarse de ellas. Tampoco a ti ni a mí".

"En ese momento, por fin lo captó. En lo más profundo de sí mismo, Tsukuru Tazaki lo comprendió: los corazones humanos no se unen sólo mediante la armonía.
Se unen, más bien, herida con herida. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad. No existe silencio sin un grito desgarrador, no existe perdón sin que se derrame sangre, no existe aceptación sin pasar por un intenso sentimiento de pérdida. Ésos son los cimientos de la verdadera armonía".

"«La vida es como una compleja partitura», pensó Tsukuru. «Está llena de semicorcheas, fusas, signos raros, anotaciones indescifrables. Leerla correctamente es una tarea ardua y, aunque uno lo consiga, no siempre la interpreta de la manera correcta ni la valora en su justa medida. No siempre hace felices a las personas. ¿Por qué vivimos de una manera tan enrevesada?»".

"—Siento llamarte a estas horas —dijo Tsukuru—, pero tenía que hablar contigo.
—¿Y qué hora es?
—Casi las cuatro de la madrugada.
—Vaya, ni siquiera he mirado la hora —dijo Sara. A juzgar por la voz, parecía que todavía no se había despertado del todo—. ¿Qué pasa? ¿Se ha muerto alguien?
—No, nadie se ha muerto —dijo Tsukuru—. No se va a morir nadie. Pero hay algo que tengo que decirte esta noche, sea como sea.
—¿De qué se trata?
—Me gustas de verdad, te deseo con toda mi alma".

"Tenía la impresión de que si concentraba su mente y todos sus sentidos en un punto, sin duda acabaría infligiendo una herida fatal a su corazón, como cuando, con una lente, se concentra la luz del sol en un papel para que éste arda. Era lo que él deseaba, y con toda su alma. Pero pasaron los meses y, al contrario de lo que esperaba, el corazón no se le paró. Porque un corazón no se detiene tan fácilmente".

"«No todo desaparece con el paso del tiempo.»".




Haruki Murakami

viernes, 31 de agosto de 2018

Citas: Vida de una Geisha - Mineko Iwasaki


"Creo que la elección de mi profesión es por demás paradójica. Una geiko de categoría se halla siempre expuesta al resplandor de los focos, mientras que yo pasé gran parte de mi infancia escondida en un armario oscuro".

"Una geiko de categoría es maestra en el arte de crear un ambiente  de distensión y esparcimiento, sin embargo, yo no disfruto en particular con la compañía de otros. 
Una geiko de renombre nunca está sola, pero yo siempre he amado la soledad.
¿No es extraño? Parece que hubiese escogido de forma deliberada el camino que entrañaba para mí mayores dificultades, una senda que me obligase a afrontar y superar mis limitaciones personales".

"Fue tenaz en su cortejo, pero debido a la notable diferencia de clase existente entre ambos mi madre pensó que la relación sería imposible. Al final, mi padre la dejó embarazada de mi hermana mayor, lo que la  obligó a casarse".

"—Mirad bien y aprended. Esta ave estúpida le ha dado un picotazo a nuestra querida Masako, y ha muerto por ello. Recordadlo: no está bien hacer daño a otros ni causarles dolor".

"En cuanto llegamos a casa y vi a mí madre, me eché a llorar con gran aflicción y me arrojé a sus brazos. Al cabo de un rato me bajé de su regazo y me metí en el armario.
Mis padres me dejaron tranquila y pasé la noche allí, envuelta en la oscuridad.
No abandoné el armario hasta la mañana siguiente, aunque todavía estaba muy alterada por el viaje a la okiya Iwasaki, pues lo que había visto en el karyukai era muy distinto de todo cuanto conocía, mi pequeño mundo comenzaba a desmoronarse. Estaba confundida y asustada, y me pasaba la mayor parte del tiempo abrazándome a mí misma, con la mirada perdida".

"Una noche invitaron a Koyuki a un banquete en el Ichirikitei en honor al general MacArthur. Y éste se quedó tan prendado del quimono que ella llevaba que quiso saber si se lo darían para los
Estados Unidos. Cuando la propietaria del Ichirikitei dio la solicitud a tía Oima, ésta respondió:
—Los quimonos son nuestra vida. Lléveselo si lo desea, pero tendrá que llevarme también a mí. ¡Puede ocupar mi país, pero jamás ocupará mi alma! —El general no volvió a pedir el quimono".

"Cuanto más amables eran conmigo, peor me sentía. Estaba indignada, llena de odio hacia mí misma".

"Salí del juzgado flanqueada por mis padres, cogida con fuerza de sus manos. Lloraba y me sentía tan culpable por haberlos traicionado que no me atreví a mirarlos a la cara, aunque, de soslayo, descubrí en las mejillas de ambos el rastro de sus lágrimas.
Vieja Arpía detuvo un taxi y los cuatro volvimos juntos a la okiya.
Mi padre trató de consolarme:
—Tal vez sea mejor así, Ma-chan. Estoy seguro de que en la okiya Iwasaki te divertirás más que en casa. ¡Aquí hay tantas cosas interesantes que hacer! Pero si alguna vez quieres volver a casa, avísame y vendré a buscarte. En cualquier momento. De día o de noche. Sólo tienes que llamarme.
Lo miré y aseveré:
—He muerto.
Mis padres dieron media vuelta y se alejaron. Cuando los obis de sus quimonos comenzaron a desvanecerse a lo lejos, grité en lo más profundo de mi corazón: 

"¡Mamá! ¡Papá!". Pero esas palabras no llegaron a mis labios.
Cuando mi padre se volvió para mirarme, contuve el impulso de correr tras él y, ahogando las lágrimas, agité triste la mano. Mi decisión era irrevocable".

"—¿Qué pasa, Mine-chan?
—Ay, algo horrible. Estoy sangrando.
—No es nada, Mineko. Estás bien. Eso es bueno.
—¿Las hemorroides son buenas?
—No son hemorroides. Tienes la menstruación.
—¿La qué?
—La menstruación. La regla. Es completamente normal".

"Sentada ante ella, me sentí majestuosa y adulta con mi primer peinado formal. Me miró con una conmovedora expresión de orgullo y fue en ese preciso instante cuando por fin tomé conciencia de que tía Oima había muerto y prorrumpí en sollozos. El proceso de cicatrización de las heridas había comenzado. Lloré durante dos horas, manteniendo en vilo a todo el mundo, antes de que madre Sakaguchi pudiera empezar a maquillarme".

"Esa noche asistí a mi primer ozashiki; el invitado de honor era un caballero occidental. El traductor le explicó que yo era una aprendiz de maiko, y que aquélla era mi primera aparición en público. Entonces, él se volvió para hacerme una pregunta y le respondí lo mejor que pude en mi inglés de colegiala.
—¿Alguna vez ves películas americanas?
—Sí.
—¿Conoces el nombre de los actores?
—Conozco a James Dean.
—¿Y el de los directores?
—Sólo el de uno. Se llama Elia Kazan.
—Vaya, gracias. Yo soy Elia Kazan.
—¡No! ¡Bromea! ¿De veras? ¡No lo sabía! —exclamé en japonés".

"Mamá Masako era incapaz de ocultar sus sentimientos, pues cuando estaba enamorada, resplandecía, y si la relación iba mal, ni siquiera se molestaba en peinarse y lloraba mucho. Yo le daba palmaditas en la espalda:
—Estoy segura de que pronto encontrarás a don Perfecto.
Nunca perdió las esperanzas. Y nunca lo encontró".

"Trató de animarme dando un giro a la conversación.
—¿Cuál es tu pasatiempo favorito, Mine-chan?
—Me encanta bailar.
—¡Qué bien! ¿Y de dónde has salido?
—De ahí.
—¿De dónde?
—De la habitación de al lado.
Mi respuesta dibujó una sonrisa en sus labios.
—No, te preguntaba dónde has nacido".

"—¿Cómo debo mirar una obra de arte? —quise saber, en cierta ocasión.
—Limítate a ver lo que ves y a sentir lo que sientes —fue su respuesta, franca y sucinta".

"—¿De verdad le quedan dudas todavía? —le pregunté—. ¿A pesar de tener noventa años?
—Hay ciertas cosas de las que nunca podemos estar seguros —aseveró—, aunque vivamos cien años. Eso demuestra que somos humanos".

"El médico que vino a reconocerme quiso saber si había tenido gases.
—¿Gases? —pregunté.
—Si, gases. ¿Han salido ya?
—¿Salir? ¿De dónde?
—Lo que quiero decir es si te has tirado algún pedo.
—¡Por favor! —exclamé, indignada—. Yo no hago esas cosas".

"—Apuñala el cuerpo y sanará. Pero lastima el corazón y la herida permanecerá abierta durante toda la vida".

"—Escucha a este viejo curandero, Mine-chan. Tienes que cuidarte. 
Ahora debes volver a casa y meterte en la cama. Prométeme que mañana irás al hospital.
—Pero si estoy bien.
—No me escuchas, Mine-chan.
—Porque estoy bien.
—No estás bien. Si sigues así, podrías morir.
—Ah, las mujeres hermosas siempre mueren jóvenes.
—Esto no es ninguna broma. —Ahora parecía enfadado".

"—Señorita Iwasaki, tiene que ocuparse de esto de inmediato. De lo contrario podría tener un problema serio.
—¿Qué clase de problema?
—Podríamos vernos obligados a extirparle un riñón.
Todavía no me había dado cuenta de la gravedad de la situación.
—Yo ni siquiera sabía que tenía dos riñones. ¿No basta con uno? ¿Necesito los dos?".

"Lo primero que vi cuando entré en el quirófano fue a un hombre de bata blanca que enfocaba mi cara con una cámara de fotos. Sin pensar, le dediqué una gran sonrisa.
El médico me habló con brusquedad:
—Por favor, no preste atención a la cámara y no sonría. Necesito fotografías de esta operación para una conferencia sobre cirugía. Ahora abra la boca...".

"Mi verdadero problema no está en mi garganta ni en mis riñones. El médico debería haberme operado del corazón".

"—Ven un momento, Mineko —me indicó, y acto seguido me condujo a la habitación de las criadas.
Antes de que pudiera darme cuenta de lo que pasaba, me rodeó con sus brazos y me besó en la boca.—Eh, basta. —Forcejeé para soltarme—. Sólo Gran John, mi perro, tiene permiso para hacer eso.
Fue mi primer beso. Y no me gustó nada. Pensé que estaba sufriendo un ataque de alergia. Se me pusieron la carne de gallina y los pelos de punta, y un sudor frío cubrió mi cuerpo. Tras pasar por la sorpresa y el miedo, llegué al instante a un estado de incontenible furia.
—¡Cómo se atreve! —exclamé—. ¡No vuelva a tocarme nunca! ¡Jamás!
—Vamos, Mine-chan, ¿no te gustó ni siquiera un poquito?
—¿Gustarme? ¿Qué quiere decir? Esto no tiene nada que ver con que me guste o no me guste.
Me avergüenza confesarlo, pero a los dieciocho años todavía creía que los besos en la boca podían dejar embarazada a una mujer. Estaba aterrorizada".

"Una noche me rogó con picardía:
—Ya sé que no se me permite tocarte, pero ¿no podrías poner un dedo, sólo uno, en mi rodilla? Sería una forma de recompensar mis esfuerzos con el shamisen.
Como si tocase algo contaminado, apoyé cuidadosamente la yema del dedo índice en su rodilla.
Me pareció un juego.
Después de tres meses de rozarlo con el índice, preguntó:
—¿Qué tal tres dedos?
Y más adelante:
—¿Por qué no cinco dedos?
Y luego:
—¿Y la palma entera?
Por fin, una noche se puso serio.
—Creo que me estoy enamorando de ti, Mineko".

"Estábamos en ese punto cuando Toshio le pidió a mi amiga que me llevase un ramo de asteres.
Era una dulce forma de cumplir su promesa de visitarme a diario. Al descubrir que las flores eran un regalo de Toshio, me embargó la emoción. No sabía si aquello era amor, pero estaba claro que algo sí sentía: una opresión en el pecho cada vez que pensaba en él. Y pensaba en él a todas horas. No me encontraba cómoda y hacia que aflorase mi timidez. Quería hablar con él de lo que me pasaba, pero no sabía qué decir. Creo que la pequeña puerta de mi corazón empezaba a abrirse. Aunque yo no dejaba de luchar".

"—¿Mamá?
—¿Sí?
—Eh… No, nada; no tiene importancia.
—¿Qué es lo que no tiene importancia? ¿Qué ibas a decir?
—Olvídalo. Sólo estaba pensando.
—¿En qué? No me tengas sobre ascuas, es exasperante.
No pretendía irritarla, pero las palabras se negaban a salir de mi boca.
—No estoy segura de que seas la persona apropiada para aconsejarme.
—Soy tu madre.
—Lo sé, y respeto mucho tu opinión sobre cuestiones de trabajo, pero se trata de algo diferente. No sé si debo hablar de este asunto contigo.
—Soy Fumichiyo Iwasaki, Mineko. Puedes preguntarme lo que quieras.
—Pero todos los hombres con los que has salido parecen calamares desecados. Después rompen contigo y tú te quedas llorando abrazada a la farola del colmado. Es humillante. Todos los vecinos te ven y exclaman: "Pobre Fumichiyo, ya la han abandonado otra vez".
Era la pura verdad. A sus cuarenta y siete años, mamá Masako aún no había conseguido formar una pareja estable. Nada había cambiado. Seguía enamorándose cada dos por tres y ahuyentando a sus amantes con su mordacidad. Y era cierto que lloraba abrazada a la farola. Tengo muchos testigos de ello.
—No es una descripción muy halagadora. Creo que no soy la única por aquí que tiene una vena maliciosa. Pero no hablemos más de mí. ¿Qué te pasa a ti?
—Me preguntaba qué se siente al enamorarse".

"Mamá Masako y tía Taji tenían la vista fija en el plato. Aún no habían dicho una palabra. Las presioné.
—"Deléitate y da gracias por cualquier alimento que te ofrezcan". ¿No es eso lo que nos enseñó Buda?
—Sí —respondió mamá—, pero todo tiene un límite.
—¿Qué quieres decir?
—Mineko, ¿te has molestado en probar la comida antes de servirla?
—No ha sido necesario. Sé que está buena por el aroma que desprende.
Esto demuestra lo poco que sabía de cocina".

"—Yo creo que las personas que se aman deben estar juntas —dictaminó ella, tan romántica como siempre".

"Por fin me acerqué a él, por primera vez, y lo abracé. Sentí que se fundía entre mis brazos:
"Esta intensa unión es amor —pensé— ya lo he encontrado".

"La jefa de enfermeras estaba indignada:
—Esto no es un hospital psiquiátrico, así que dejen de comportarse como si estuvieran locas. Y, por favor, no colapsen la línea telefónica.
Al cabo de unos diez días el médico nos quitó los puntos y nos dio el alta. Creo que las enfermeras se alegraron de que nos fuésemos".

"Así que, una vez más, decidí empezar de cero. Y la siguiente ocasión que me lo propuso, y era la cuarta, acepté con una condición: le hice prometer que me concedería el divorcio si al cabo de tres meses no me sentía feliz.
Nos casamos el 2 de diciembre, veintitrés días después de conocernos".





Mineko Iwasaki

lunes, 27 de agosto de 2018

Citas: Algunas poesías - Johann Wolfgang von Goethe


"¡Deja que adiós te diga con los ojos,
ya que a decirlo niéganse mis labios
¡La despedida es una cosa seria
aun para un hombre, como yo, templado!".

(La despedida)

"Triste en el trance se nos hace, incluso
del amor la más dulce y tierna prueba;
frío se me antoja el beso de tu boca
floja tu mano, que la mía estrecha".

(La despedida)

"¡Sus, y a la obra de nuevo! No pienses ni caviles;
que quien amar no sabe a las floridas rosas
solo encuentra después espinas que le pinchen".

(La fuerza de la costumbre)

"—¡Ay! Si yo fuera—la violeta dice—
la flor más bella de las flores todas...,
pero tan solo una violeta soy,
¡condenada a morir sobre el corpiño
de una muchacha loca!".

(La violeta)

"A vosotros debemos el saber
que hemos sido felices una vez".


(Elegías Romanas)



Johann Wolfgang von Goethe