miércoles, 16 de enero de 2019

Citas: Mi verdadera historia - Juan José Millás


"Yo escribo porque mi padre leía. Miradme en el salón de la casa de entonces, los muebles oscuros, oscuro yo también detrás de la butaca. Soy ese crío al que su madre dice: no grites, que papá lee; no corras por el pasillo, que papá lee; baja la televisión, que papá lee… Papá lee. Papá no hace otra cosa que leer".

"Sentid en vuestro corazón cómo se detiene el mío. Notad mi dolor en vuestro pecho. Padeced como si os perteneciera mi asfixia. Comprobad cómo se os nubla la vista por la falta de oxígeno. Olvidaos de suicidaros porque ya estáis muertos y huid de la escena del crimen sofocándoos porque no respiráis y asfixiándoos porque respiráis demasiado".

"Ella se dio la vuelta, vio el pánico en mi rostro.
Sabes, dijo antes de que yo abriera la boca, no es preciso contar todo a los padres, cada uno tiene sus secretos".

"Un día tropezó y se le cayó una carpeta que llevaba mal cerrada debajo del brazo.
Al comprobar sus dificultades para agacharse, me acerqué impulsivamente y recogí la carpeta y los papeles y los metí dentro y se la entregué, todo ello con movimientos en los que no había coordinación alguna. Y ella, al darme las gracias, me miró a los ojos, y durante las milésimas de segundo que duró aquella mirada de rutina toda la fealdad de su rostro se transformó misteriosamente en belleza, como cuando un sabor que no te gustaba comienza de manera gratuita a enloquecerte".

"¿Queréis saber la diferencia entre la lástima y el amor? Buscadla dentro de vosotros. Si no la halláis, es que habéis sido tan desdichados como yo. La lástima es un sucedáneo del amor, a veces un excelente sucedáneo, de ahí la dificultad para distinguirlos".





Juan José Millás 

sábado, 12 de enero de 2019

Citas: Mi vida en esta galaxia - Carrie Fisher


"Los días felices han vuelto… Entonemos de nuevo una canción alegre".

"Como muchos otros, crecí viendo series televisivas como Mis tres hijos, La familia Partridge y The Real McCoys. Según las vidas que retrataban aquellas series, yo entendía que mi vida era auténtica, pero en otro sentido. Era la única realidad que conocía, pero comparada con la de los demás, incluso con las de la tele, me parecía también un poco surrealista. Más tarde, comprendí también que mi versión de la realidad tendía a separarme de los demás. Y cuando eres joven, lo que quieres es integrarte".

"Vuelvo después de mis tres semanas de tratamiento de TEC y descubro que no sólo soy esta criatura llamada princesa Leia sino también unas muñecas de varios tamaños, camisetas y pósteres diversos, productos de limpieza y un montón de artículos más de merchandising. Resulta que era incluso una chica dé calendario, una fantasía con la que se masturbaban con frecuencia los obsesos quinceañeros empollones de medio mundo. ¡No está mal para una damisela recién nacida cuyos apuros no son cinematográficos!
Por ejemplo, una tarde en Berkeley entré en una joyería y el dependiente que estaba tras el mostrador me dijo:
—Dios mío, pero si eres…
Antes de que fuera más lejos, contesté con modestia:
—Sí, soy yo.
—¡Dios mío, pensé en ti todos los días entre los doce y los veintidós años!
En vez de preguntarle qué había pasado a los veintidós, le dije:
—¿Todos los días?
Se encogió de hombros y añadió:
—Bueno, cuatro veces al día.
Esto me pasa por preguntar demasiado".

"Algunos de mis recuerdos no volverán nunca. Se han perdido, al igual que el sentimiento paralizante de fracaso y desesperanza".

"Lo hago porque suelo sentirme mejor al descubrir que no estamos solos, sino que muchos sufren como nosotros".

"Quizá ahora es un momento tan bueno como cualquier otro para compartir con vosotros el mensaje que tengo en mi contestador, obra de mi amigo Garrett.
«Hola, bienvenido al buzón de voz de Carrie Fisher. Debido a la reciente terapia electroconvulsiva, presta especial atención a las siguientes opciones. Deja tu nombre, número y una breve historia de por qué te conoce Carrie, y ella te llamará si eso le refresca la poca memoria que le queda. Gracias por llamar y que tengas un buen día»".

"Cuando murió Greg, mi amigo Dave me dijo: «Cariño, esto es como una patada en el culo».
Y yo le contesté: «Si pudiera aislar el dolor y se quedara sólo en el culo, sería fantástico».
Y Dave añadió: «Bien, concentrémonos en eso»".

"Porque, un año más tarde, Mike Todd despegó con su avión particular una noche de tormenta y a la mañana siguiente Elizabeth era viuda. Como era de esperar, mi padre acudió al lado de Elizabeth hasta situarse poco a poco frente a ella. Primero le enjugó las lágrimas con un pañuelo, luego la consoló con flores y, finalmente, la consoló con sexo".

"Recapitulemos. Eddie y Debbie nos tienen a mí y a mi hermano Todd. Yo me hago mayor, más o menos, y me caso con Paul Simon. Paul es un cantante judío bajito. Eddie Fisher es un cantante judío bajito. Cantante. Judío. Bajito.
¿Alguna pregunta?".

"—Mamá, a ver, ¿te puedo decir una cosa…?
Mi madre me interrumpió diciendo:
—Estoy en el hospital con tu hermano. Se ha pegado un tiro en la pierna con una bala de fogueo.
—¿Quéee? —contesté.
—Se pondrá bien —continuó—. Le están operando para limpiar la pólvora de la herida. Ha tenido mucha suerte. Unos centímetros más arriba y…
—¿Se podía haber volado el pene?
—Cariño, por favor, esa palabra".

"Menciono a mi abuela porque cuando mi madre tenía siete años la encerró en el armario, por no acabarse la cena o no hacer los deberes. (Por cierto, quien contaba esta historia era mi abuela). Tras permanecer encerrada durante una hora, mi madre le pidió a mi abuela un vaso de agua. Naturalmente, mi abuela le preguntó por qué, Y mi madre contestó: «Porque ya he escupido en todos tus vestidos y se me ha acabado la saliva. Ahora me gustaría escupir en tus zapatos»".

"Si tienes una vida como la mía, estas experiencias se van acumulando hasta que te conviertes en una «superviviente». Es una palabra que odio. Pero el caso es que cuando eres una Superviviente, admites a regañadientes que lo eres (¡quién no lo es después de los cuarenta!); cuando eres una superviviente, si quieres ser una superviviente realmente buena, tienes que seguir metiéndote en líos para exhibir tu talento".

"Hace cuarenta y tres años, George Lucas arruinó mi vida. Lo digo de la manera más cariñosa posible".

"Recordareis el vestido blanco que llevaba durante toda la primera película, (A menos que no hayáis visto La guerra de las galaxias, en cuyo caso, ¿cómo es que no habéis cerrado ya el libro?).
Pues George Lucas llega el primer día de rodaje, echa un vistazo a mi vestido y me dice:
—No puedes llevar sujetador con este vestido.
—De acuerdo. Explícame por qué —respondí.
—Porque… en el espacio no existe la ropa interior".

"Durante esa época me llamaron de mi despacho para decirme que Bob Dylan quería mi número de teléfono.
Yo dije: «Iros a la mierda. Que ese acosador no se me acerque. No quiero más iconos de los sesenta arruinándome la vida».
Eso es lo que dije en mi cabeza.
Lo que salió de mi boca fue: «Por supuesto. Estaré esperando junto al teléfono»".

"Uno de entre las docenas de psiquiatras que me han tratado me dijo una vez que es importante ser capaz de distinguir entre un problema y un inconveniente. Un problema hace que tu vida descarrile, mientras que un inconveniente es no encontrar un buen asiento en el tren que no ha descarrilado".

"No nos engañemos. El mundo del sexo es raro lo mires por donde lo mires. O sea, catorce horas después de tener la cara aplastada en los genitales de otro, paseas por la calle con el chico como si todo fuera «¡Bien, gracias!, ¿y tú qué tal?»".

"Me estaba recuperando de la separación de Paul cuando conocí a Bryan (una semana después), pero Bryan es muy, pero que muy atractivo.
Cuando lo conocí, tenía pelo. De hecho, ése es otro de mis logros.
Consigo que se les caiga el pelo y que se vuelvan gays. Y listos".

"Pero mi madre estuvo fantástica conmigo durante esos días. No sé cómo explicarlo, mi madre… es
como una madre para mí y, además, me dijo una cosa genial.
Me dijo: «¿Sabes, cariño?, en nuestra familia hemos tenido todo tipo de hombres: ladrones de caballos, alcohólicos y bandidos solitarios. ¡Pero éste es nuestro primer homosexual!»".

"¿Cómo era posible avanzar con destino a la muerte si ése no había sido mi destino original? Era como tropezar y estar a punto de caerse en la propia tumba. Mi única intención era sentirme mejor, es decir, no sentir nada".

"«Yo tengo problemas, pero los problemas no me tienen a mí»".

"Pero lo que hacen, con intención de (creo) suavizar el golpe de esta nueva e incómoda manera de verte a ti misma, es darte una lista de otras personas famosas y de mucho talento que también han luchado contra (y disfrutado de) el alcoholismo.
En la lista estaban:

Scott Fitzgerald
Mel Gibson
Dylan Thomas
Irlanda
Rush Limbaugh
Lindsay Lohan
Rusia
George W. Bush".

"Y cuando me dijeron que era maníaco-depresiva, me esperaba otra lista:

Abraham Lincoln, que escribió el discurso de Gettysburg en cuatro horas (a una velocidad maníaca). 
Winston Churchill, que se refería a sus depresiones como «el perro negro».
Corea.
Kristy McNichol e Isaac Newton (que, en mi opinión, harían una pareja estupenda).
Mark Twain.
San Francisco de Asís.
Santa Teresa de Jesús.
Jonathan Winters.
Brittany Spears, pobrecilla.
George W. Bush.

Por supuesto, después de leer esta lista me sentí llena de energía, aunque ése sólo es otro de mis síntomas".

"Unos años antes, me hallaba en Londres camino de la boda de mi madre. (No me gusta perderme ninguna de las bodas de mis padres). Me llamó al hotel en el que me alojaba y, como no contesté el teléfono, se inquietó, algo totalmente comprensible.
Dejó el teléfono sonar y sonar, hasta que finalmente fue presa del pánico. Sabía que yo estaba en mi habitación y para ella la única razón que podía explicar que no atendiese el teléfono era que me había tomado una sobredosis. Así que hizo lo que haría cualquier madre normal preocupada por la salud de su hija.
Llamó a Ava Gardner.
Le pidió a Ava que fuera al hotel e hiciera que el conserje le abriera la puerta de mi habitación para comprobar que yo no estaba muerta".

"Cuando empecé a cocinar mi madre alucinó. Era como si estuviera incumpliendo un código de la familia, un credo. Cosas que yo ni sabía que teníamos.
Soltaba frases tipo: «Carrie está en la cocina. Y está… cocinando».
Como si estuviera diciendo: «Está afeitándose la cabeza». Porque vaya una cosa rara que hacer en la cocina, ¿verdad?".

"Una vez oí decir a alguien que muchos de nosotros sólo somos capaces de encontrar el cielo huyendo del infierno. Y pese a que el lugar al que he llegado en mi vida no es precisamente la idea que muchos tienen del cielo, juraría que en muchas ocasiones, si me quedo muy quieta sin hacer ruido, oigo a los ángeles cantar.
O es eso, o es que me he vuelto a equivocar con la medicación".

"También busco a alguien a quien querer, cuidar, abrumar y desilusionar, especialmente desilusionar, que me parece muy erótico".

"«El resentimiento es como ingerir un veneno y esperar que sea otra persona quien se muera.»"

"Parte de lo que me ha hecho más sabia procede de mi abuela materna, la que cerraba los armarios con llave, que me decía: «La mosca tiene las mismas posibilidades de aterrizar sobre mierda que sobre una tarta». (Eso parece cierto).
También me decía: «¡Llora todo lo que quieras, mearás menos!». (Esto no sé si es cierto)".

"Una de las cosas que me frustran (y hay unas cuantas) es cómo sigue estando estigmatizada la enfermedad mental, y en particular el trastorno bipolar. En mi opinión, para vivir con trastorno bipolar hay que ser muy valiente. Es como que te destinen a Afganistán, aunque en este caso las balas y las bombas vienen de dentro".




Carrie Fisher

martes, 8 de enero de 2019

Citas: Ajuar funerario - Fernando Iwasaki


Día de difuntos:

"CUANDO LLEGUÉ AL tanatorio, encontré a mi madre enlutada en las escaleras.
—Pero mamá, tú estás muerta.
—Tú también, mi niño.
Y nos abrazamos desconsolados".

La casa de reposo:

"LA MADRE SUPERIORA miró hacia el cielo como buscando una señal divina, y en sus ojos desvelados de oraciones reverberó cristalina una lágrima.
—¿Y dice usted que el viejo profesor se niega a ir a misa, hermana?
—Así es, reverenda. Y maldice y ofende a María Santísima.
—No importa, hermana. Llévelo entonces a dar un paseo por el huerto.
—Sí, reverenda.
—Hermana…
—¿Sí, reverenda?
—Que parezca un accidente".



Fernando Iwasaki

sábado, 5 de enero de 2019

Citas: No importa - Ágota Kristóf


La hacha:

"Vaya accidente más estúpido, ¿verdad? Se cayó de la cama mientras dormía y cayó sobre esta hacha".

"¿Quiere hacer una llamada? ¡Ah, sí! A la ambulancia, ¿verdad? ¿A la  policía? ¿Por qué? Ha sido un accidente. Simplemente se ha caído de la cama sobre un hacha.
Sí, es extraño, pero hay montones de cosas que pasan así, de la 
 forma más tonta".

"Usted también quiere hacer una llamada. Aquí está el aparato. Va a llamar a la ambulancia para que se lleven el cuerpo, ¿verdad? ¿Cómo que la ambulancia es para mí? No lo entiendo. No estoy herida. 
No me he hecho ningún daño, estoy muy bien. La sangre que llevo en el camisón es de mi marido, ha salpicado cuando…".

Un tren hacia el norte:

"—Pero… todo eso, la carta a su madre y a su esposa, el entierro de su padre, ¿cuándo sucedió?
—Sucedió cuando… envenené a mi perro porque no me quería dejar marchar. Se me colgaba de la chaqueta, del pantalón, aullaba cuando me iba a subir al tren. Entonces lo envenené y lo enterré bajo la escultura.
—¿La escultura ya estaba allí?
—No, la hice al día siguiente. Esculpí a mi perro aquí, sobre su tumba. Y cuando llegó el tren para el Norte, lo abracé por última vez y… me quedé petrificado sobre su cuello. No quería dejarme marchar ni estando muerto".

"El anciano sonrió:
—No estoy tan loco como cree. Sé muy bien que no existo, estoy petrificado y acostado sobre el lomo de mi perro. También sé que los trenes ya no pasan por este lugar. También sé que mi padre está enterrado desde hace mucho tiempo y que mi madre, también muerta, ya no me espera en ninguna estación, nadie me espera. Mi mujer volvió a casarse, mis hijos ya son adultos. Soy viejo, señor,  muy viejo, mucho más viejo de lo que cree. Soy una estatua, no me iré. Todo esto no es más que un juego entre mi perro y yo, un juego al que hemos jugado durante años, un juego que ganó de antemano en el momento en que lo conocí".

Mi casa:

"Volveré a mi casa, una casa que nunca tuve, o que está demasiado lejos como para que me acuerde, porque aquello no era realmente mi casa, no lo fue  nunca".

"Así pasará el tiempo. Y bajo mis párpados pasarán las imágenes del mal sueño que fue mi vida.
Pero ya no me harán daño".

El canal:

"El hombre veía cómo su vida se le iba.
A pocos metros su coche aún ardía".

"—Aun así parecen felices.
—Sus rostros están paralizados en una eterna mueca de cortesía. Pero ¿quién sabe lo que sienten?
—Probablemente tú.
—Yo solo veo el exterior. Observo".

La muerte de un obrero:

"«Cáncer», había dicho el médico, y la pulcritud de tu cama de hospital te horrorizó".

"Por la noche llorabas en silencio, sin sollozos, sin convulsiones, solo lágrimas que rodaban suavemente y sin ruido alguno por la almohada, en la sala común donde la luz verde de las lamparillas marcaba surcos sobre las mejillas y bajo los ojos de los enfermos que tenías al lado.
No, no estabas solo.
Erais seis o siete al borde de la muerte.
Igual que en la fábrica. Tampoco estabas solo, erais veinte o cincuenta haciendo el mismo gesto un día tras otro".

El escritor:

"Por desgracia el tema tarda en aparecer y la soledad me pesa cada vez más, el silencio me rodea, el vacío se propaga, y eso que mi casa no es muy grande.
Pero esas tres cosas horribles —la soledad, el silencio y el vacío— revientan el techo, estallan hasta las estrellas, se extienden hasta el infinito y ya no sé si es lluvia o nieve, foehn o monzón.
Y grito:
—Lo escribiré todo, todo lo que se puede escribir.
Y una voz me responde, irónica, aunque por fin hay una voz:
—De acuerdo, chaval. Todo, pero nada más, ¿eh?".

La casa:

"Sonreía pero sus ojos estaban vacíos.
Unos días más tarde se fue sin decir nada a nadie".

"—Una carta para usted, señor.
Abrió la carta en el ascensor.
«¿Por qué te fuiste?».
Un shock. Las casas no escriben cartas. Era su mujer"-

No importa:

"—¿Y mañana? ¿Te levantas, adonde vas?
—A ninguna parte. Aunque quizá sí vaya a algún lugar.
No importa, de todos modos no se está bien en ninguna parte".

El buzón:

"Esa es la carta que he recibido de mi padre después de treinta años de espera.
Y está seguro de que iré a su despacho el próximo 2 de mayo a las tres de la tarde lleno de alegría.
El 2 de mayo es dentro de diez días.
Esta noche estoy sentado en un aeropuerto y espero un avión para Asia.
¿Por qué Asia?
Podría ser a cualquier sitio con tal de que mi «padre» no pueda encontrarme".

Los números incorrectos:

"También veo que tiene unos hermosos ojos tristes con una especie de  soledad en el fondo, y me dan ganas de ir hacia ella pero no acabo de decidirme porque me he puesto la ropa vieja de terciopelo gastado. Voy al servicio, le echo un vistazo al espejo y el pelo castaño me da vergüenza. También me avergüenzo de ese impulso que me ha empujado hacia ella, hacia «sus hermosos ojos tristes con  una especie de soledad en el fondo», que no era más que un estúpido capricho de mi  imaginación".

"Ella dice:
—¡Marcel!
El contesta:
—¿Por qué no me has llamado?
—Creo que entendí mal un número.
—¿Esperas a alguien?
—No, a nadie.
Sin embargo yo existo, estoy aquí, ella me esperaba, pero por suerte soy el único que lo sabe y no hay riesgo alguno de que vaya a decírselo".

La gran rueda:

"Hay alguien a quien todavía no he tenido nunca ganas de matar.
Eres tú".

"Pero a mí me gustas en las horas avanzadas de la noche, cuando estás débil, cuando tropiezas, cuando te encorvas".

"¿De qué podrías tener miedo?
¿De mí?
No soy tu enemigo. Te quiero.
Y nadie más podría hacerte daño.
No tengas miedo. Estoy aquí. Te protejo.
Pero aun así también sufro".

"Las lágrimas —grandes gotas de lluvia— me resbalan por la cara. La noche me oculta. La luna me ilumina. Las nubes me esconden. El viento me desgarra. Siento una especie de ternura por ti. Eso solo me sucede a veces. Muy raramente".

"Tenías miedo de nacer y ahora tienes miedo de morir.
Tienes miedo de todo.
No hay que tener miedo.
Es solo que hay una gran rueda que gira. Se llama Eternidad.
Yo hago girar la gran rueda.
No debes tener miedo de mí.
Ni de la gran rueda.
Lo único que puede dar miedo, que puede hacer daño, es la vida y tú ya la conoces".

Pienso:

"Ahora me quedan pocas esperanzas. Antes buscaba, me desplazaba todo el tiempo.
Esperaba algo. ¿El qué? No tenía ni idea. Pero pensaba que la vida no podía ser solo eso, que era lo mismo que nada, la vida tenía que ser algo, y yo esperaba que ese algo sucediera, incluso lo buscaba".

"No tengo ganas de volver a casa porque el fregadero está atascado, pero tampoco tengo ganas de caminar así que me detengo en la acera de espaldas a un gran almacén, miro cómo la gente entra y sale y pienso que los que salen deberían quedarse adentro y los que entran deberían quedarse afuera, eso ahorraría bastante movimiento y bastante cansancio".

¿Dónde estás, Mathias?:

"El niño lo miraba con sus grandes ojos grises.
—Háblame más —dijo Sandor.
—No, eres tú el que tiene que hablar. No tengo nada que decir. Para mí la vida es bella y simple.
—¿Bella? —dijo Sandor.
—Y simple —dijo el niño.
—Pero ¿qué sabrás tú de la vida? —gritó Sandor con repentina irritación—".

"—La vida estará vacía —piensa—. No me queda nada".

"—Mathias —dijo luego Sandor—, ahora solo puedo quererte a ti, solo quedas tú.
Mathias levantó la mirada hacia Sandor:
—No soy alguien a quien se pueda querer".




Ágota Kristóf

martes, 1 de enero de 2019

Libros leídos en el 2018
















Enero
- Quinoterapia - Quino
La llave del águila - Elisa Roldán
A estela que nunca vai se apagar - Esther Earl
Conversaciones con Kafka - Gustav Janouch
Febrero
- Las ventajas de ser invisible - Stephen Chbosky
Ardiente secreto - Stefan Zweig
- La metamorfosis y otros cuentos - Franz Kafka
Memorias de una Geisha - Arthur Golden 
Algunas poesías - Johann Wolfgang von Goethe
- Vida de una Geisha - Mineko Iwasaki
Marzo
Los años de peregrinación del chico sin color - Haruki Murakami
Muerte bajo el sol - Agatha Christie
Libre - Patrick Ness
- Fragmentos del cuadernillos de notas desaparecido - Benjamín Constant
Manual de un homicidio - Gonçalo J. Nunes Dias
Breve historia de mi vida - Stephen Hawking 
- Mirror, mirror - Cara Delevingne
Abril
- Por trece razones - Jay Asher
Ni de Eva ni de Adan - Amelie Nothomb
Milena - Margarete Buber-Neumann
Mayo
Carta a mi madre - Georges Simenon
- La máscara maldita - R.L. Stine
Para ser escritor - Charles Kiefer
Sé fuerte: 365 días al año - Demi Lovato
El verano - Albert Camus
- Ordeno y mando - Amelie Nothomb
Nicolau e Alexandra - Robert K. Massie
Diccionario de nombres propios - Amelie Nothomb
Biografía del hambre - Amelie Nothomb
Ochos primos - Luisa M. Alcott
El fin de Alice - A.M. Homes
Metafísica de los tubos - Amelie Nothomb
Matar al padre - Amélie Nothomb
Ácido sulfúrico - Amélie Nothomb
Junio
El crimen del conde Neville - Amélie Nothomb
- La dama de las camelias - Alejandro Dumas (hijo)
- Cuentos para leer sin rimmel - Poldy Bird
Sueños olvidados y otros relatos - Stefan Zweig
Lazos de amor - Brian L. Weiss
Julio
Reinas malditas - Cristina Morató
Os Lobos Dentro das Paredes - Neil Gaiman
- El chico de la ventana del baño - Lady Reynolds
- Poesía universal - Varios autores
Mi amigo el demonio - Carolyn Jess-Cooke
Mi madre - Richard Ford
Barba azul - Amelie Nothomb
Estupor y temblores - Amelie Nothomb
- El día antes de la felicidad - Erri De Luca
Agosto
- No importa - Ágota Kristóf
- Ajuar funerario - Fernando Iwasaki
- Mi vida en esta galaxia - Carrie Fisher
- Mi verdadera historia - Juan José Millás
- Lenore #1 - Roman Dirge 
- Lenore #2 - Roman Dirge 
- Lenore #3 - Roman Dirge 
- Lenore #4 - Roman Dirge 
- Lenore #5 - Roman Dirge
- Lenore #6 - Roman Dirge 
- Lenore #7 - Roman Dirge 
- Lenore #8 - Roman Dirge 
- Lenore #9 - Roman Dirge 
- Lenore #10 - Roman Dirge 
- Lenore #11 - Roman Dirge 
- Lenore #12 - Roman Dirge 
- Lenore #13 - Roman Dirge
- Goethe: La pasión equilibrada - Enrique Salgado
- Cómo hablar con chicas en fiestas - Neil Gaiman 
- Aquí dentro siempre llueve - Chris Pueyo
- Un puente hacia Terabithia - Katherine Paterson 
- Un grito de amor desde el centro del mundo - Kyōichi Katayama
- Los amores de Nishino - Hiromi Kawakami
- Intocable - Philippe Pozzo di Borgo
- Pasado amor - Horacio Quiroga
- Diarios - Franz Kafka
- Para siempre - Jenny Han
Septiembre
- ¿Alex, quizás? - Jenn Bennett
- Nieve en otoño - Irène Némirovsky
- Carrie - Stephen King
Manon Lescaut - Abate Prevost
- El fantasma del auditorio - R. L. Stine
- La profecía - David Seltzer
- Tuya - Claudia Piñeiro
Octubre
- Un verano diabólico - R. L. Stine
- Los invisibles - Gregorio de Laferrère
- Rincón de haikus - Mario Benedetti
- Sueño de la libélula - Sōseki Natsume
- Diarios de viaje - Franz Kafka
Noviembre:
- El sabotaje amoroso - Amélie Nothomb  
Diciembre:
- Hombres de bolsillo - Quino



Total de libros: 89

domingo, 30 de diciembre de 2018

Citas: El día antes de la felicidad - Erri De Luca


"Miré hacia arriba: detrás de los cristales de una ventana del tercer piso estaba ella, la niña a la que yo intentaba mirar a hurtadillas. Estaba en su sitio, con la cabeza apoyada en las manos. Generalmente miraba el cielo, en aquel momento no, miraba hacia abajo".

"¿Cómo no había tenido miedo? Comprendí que mi miedo era tímido, para salir al descubierto necesitaba estar solo. Allí, por el contrario, estaban los ojos de los niños por debajo y los de ella por encima. Mi miedo se avergonzaba de salir. Se vengaría más tarde, por la noche en la cama a oscuras, con el susurro de los fantasmas en el vacío".

"Qué estúpido al mirar si ella estaba mirando. Había que creérselo sin comprobarlo, igual que se hace con el ángel de la guarda".

"Al principio del juego estaba límpida, podía ver reflejada allí a la niña en los cristales, mientras mi equipo atacaba. Nunca me tropezaba con ella, no sabía cómo era el resto del cuerpo, por debajo de la cara apoyada en las manos. En los días de sol, desde mi ventanuco conseguía remontarme hasta ella a través del rebote de los cristales. Me quedaba mirándola hasta que me lagrimaban los ojos a causa de la luz. Los cristales cerrados de la ventana del patio permitían que el reflejo con ella dentro se asomara hasta mi rincón de sombra. Cuántas vueltas daba su retrato para llegar hasta mi ventanuco. Hacía poco que a un piso del edificio había llegado un aparato de televisión. Oía decir que se veían personas y animales que se movían, pero sin colores.
En cambio, yo podía mirar a la niña con todo el marrón de su pelo, el verde del vestido, el amarillo que ponía el sol".

"Se escribía con plumilla y con la tinta que estaba en cada pupitre dentro de un agujero. Escribir era como pintar, se mojaba la plumilla, se dejaban caer las gotas hasta que solo quedaba una y con ésta podía escribirse casi media palabra. Después se mojaba otra vez. Nosotros los de la pobreza secábamos la hoja con el aliento cálido.
Bajo el soplido, el azul de la tinta temblaba cambiando de color. Los demás secaban con el papel secante. Era más hermoso nuestro gesto, que levantaba viento sobre la hoja extendida. Los demás, en cambio, aplastaban las palabras bajo la cartulina blanca".

"Vino el miedo, aprovechando que no había nadie. No se oía ruido de agua, era una oscuridad seca. El miedo, al cabo de un rato, se cansa".

"—Los judíos: ¿es que estaban hechos de un material distinto? ¿Que no creen en Jesús?, pues yo tampoco. Es gente como nosotros, nacida y criada aquí, que hablan en dialecto".

"—(...)Los judíos están entrenados para huir, como nosotros, que tenemos el terremoto debajo de los pies y el volcán siempre listo. Nosotros, sin embargo, no huimos de casa con libros".

"—¿Qué le contestó, por qué no lo vendió?
—Porque yo no vendo carne humana. Porque en guerra la gente saca a relucir lo peor y también lo mejor. Porque llegó descalzo, quién sabe el porqué. No me acuerdo de lo que le contesté, hasta puede ser que no le contestara nada. En aquel momento, la historia había terminado y no importaban los porqués. Escuchaba sus pensamientos y contestaba, pero él no podía escuchar los míos. Con los pensamientos de los demás no se puede hablar, son sordos".

"—Entonces, don Gaetano, ¿es verdad eso que cuentan de usted, que escucha los pensamientos en las cabezas de las personas?
—Es verdad y no es verdad, ciertas veces sí y ciertas veces no. Es mejor así, porque hay que ver la de pensamientos horribles que tiene la gente.
—Si yo pienso una cosa, ¿usted la adivina?
—No, chaval, a mí me llegan los pensamientos que se les pasan volando a las personas, esos que uno ni siquiera sabe que ha pensado. Si te pones a estudiar una cosa tuya, eso se queda contigo. Pero los pensamientos son como los estornudos, te salen fuera de repente y yo los oigo.
Por eso sabía las cosas de todo el mundo, por eso tenía una tristeza dispuesta para lo peor y una media sonrisa para desprenderse de ella. A los lados de los ojos se le abrían las arrugas y por allí se le escurría la melancolía".

"—Una persona emplea toda su vida en llenar las estanterías y un hijo no ve la hora de vaciarlas y de tirarlo todo. ¿Qué será lo que meten en las estanterías vacías, queso curado? Basta con que me los quite de aquí, me dicen. Y allí está la vida de una persona, sus caprichos, los gastos, las renuncias, la satisfacción de ver crecer su propia cultura en centímetros, como una planta".

"—Don Gaetano, ¿ocultó usted a un santo?
—No era un santo, yo le oía discutir con el padre eterno, decirle que su fe era una condena. Estamos marcados por la circuncisión, llevamos escrita en el cuerpo la denuncia. El nuestro nos ha quitado el aliento y nos ha dejado el fango.
»Así llamaba al padre eterno, el nuestro. No era un santo, sino uno que se peleaba con ese nuestro suyo.
—Entonces el santo es usted, que arriesgó la vida para ocultar a un desconocido.
—Veo que quieres encontrar un santo a toda costa.No existen, ni tampoco los diablos. Lo que hay son personas que hacen algunos gestos buenos y bastantes otros malos. Para hacer uno bueno cualquier momento es adecuado, pero para hacer uno malo hacen falta ocasiones, comodidades. La guerra es la mejor ocasión para hacer porquerías. Concede el permiso. Para un buen gesto, en cambio, no hacen falta permisos".

"—Más que la ropa, o los zapatos, los libros llevan su huella. Los herederos se desprenden de ellos por exorcismo, para librarse del fantasma. La excusa es que hace falta sitio, nos ahogamos con los libros".

"»Es aquí donde no somos nada, amontonados los unos sobre los otros en los callejones. Allá, cuando te cruzabas con un hombre, era un amigo, uña y carne, o un asesino. Argentina ha sido una patria de prófugos, quien venía de una fuga allá dejaba de mirar hacia atrás".

"»En Argentina olvidé. Cada cosa nueva que aprendía borraba una de mi vida
anterior".

"—¿Es usted el señor La Capa?
—A su servicio, excelencia.
—Tengo una citación para usted.
El zapatero pone cara afable, le dice que se siente, que le traerá un vaso de agua.
—Cuánto siento provocarle yo esa agitación —y mientras tanto le toca para hacer que se siente.
—¿Qué agitación? Pero ¿qué dice usted? Señor La Capa, tengo aquí una citación para usted.
El zapatero había decidido que aquel hombre estaba algo agitado. Le puso en la mano el vaso de agua.
—Pero si no tengo sed, señor La Capa, no perdamos el tiempo, vengo del ministerio de Hacienda.
—Claro, con estas cosas hay que tener paciencia.
—¿De qué habla? Soy un funcionario de los impuestos.
—Ah, ¿conque es usted un impostor?
—Pero ¿cómo se atreve usted...?".

"—Todo en este edificio es más pequeño de como lo recordaba de niña, excepto tú.
Su voz atravesó las edades. Empezó infantil y acabó adulta. Cuando llegó al tú, me tocó el brazo. Seguí su mano, que me lo elevó hasta su hombro. El otro brazo se fue solo a la curva de su cadera: la figura del principio de un baile".

"—Te he esperado hasta olvidar el qué. Me ha quedado una espera en los despertares, al saltar de la cama e ir al encuentro del día. Abro la puerta no para salir, sino para dejar que entre.
Apoyé mi sien en la suya.
—Anna, ha pasado una eternidad.
—Se ha acabado. Ahora empieza el tiempo, que dura momentos"-

"—Esperaba todos los días que la pelota fuera a parar al balcón cerrado. Lo escalaba apoyado en ti que me mirabas. Y después, desde el balconcillo, una vez que les tiraba el balón para quitarme de encima sus ojos, tenía que alcanzar tu cara en los cristales. Teníamos que habernos casado entonces, de niños. ¿Cómo pudiste reconocerme?
Apartó la sien, me miró al perfil de la vela.
—Necesito un beso para contestar".

"—Eres la parte perdida que vuelve desde lejos para acoplarse.
La luz subía desde nuestros pies y nos embadurnaba de calor el rostro.
—Esto no es una vela, es un bosque en llamas —dijo".

"Anna me cogió la mano y la apoyó en su regazo.
—No tenemos tiempo, ha caducado, estamos robando una prórroga.
—¿Entonces confundo el final con el principio, el primer beso con el último?
—Los besos no se cuentan, costado mío, ése no era el beso uno, tal vez el milésimo de los esperados. Ningún beso es el primero, todos son los segundos. El primero te lo di detrás de los cristales el día de la escalada al balcón. Por mí subías el precipicio. Te concedí entonces mi primera vez".

"Su mano apretó la mía, donde aún me escocían las ampollas.
—Y éste es otro segundo beso porque también las manos se besan y se abrazan.
—Tienes unos párpados tan curvados como las quillas de las barcas, Anna.
—Tengo párpados que no duermen y no lloran2.

"¿Qué nos separa, qué tiempo está a punto de terminar? El pensamiento encontró su respuesta".

"—¿Tienes miedo? Sí, tiembla, costado mío, tu escalofrío es solo un adelanto.
Tiembla tranquilo, aquí en la mazmorra puedes temblar a salvo.
Me pasó una caricia helada por la frente que ardía. El gesto se llevó el miedo, un trapo que quita el polvo".

"Me quedé detrás del portón cerrado. El niño había sido atendido. De todas mis carencias, me había colgado de la más fantástica, el beso de Anna. No sentí como carencia lo que corresponde a una infancia, una familia. Me las había apañado sin ella, como muchos otros en la posguerra".

"Me había salvado del orfanato, al que estaba destinado. De toda la infancia escogí como carencia la niña ante los cristales. Cuando desapareció de allí, la vida se restringió a jaulita. Tenía que vivir sin la libertad de levantar la mirada. Diez años después, Anna había bajado desde el tercer  piso hasta la mazmorra para nuestras bodas de niños. El tiempo era una carta y se había cerrado con un beso".

"—Ella dice que está loca.
—Los locos no lo saben y no lo dicen".

"»Es la edad arriesgada. Las mujeres tienen una exaltación física que nosotros no podemos conocer. Nosotros podemos exaltarnos por una mujer, ellas se exaltan por la
fuerza contenida en su interior. Es una energía antigua de las sacerdotisas que custodiaban el fuego".

"—¿Qué debo hacer?
—Corta poco la piel, que no hay que desperdiciar nada de las patatas. Debe ser como la viruta de la madera que levanta el cepillo.
—¿Qué debo hacer con Anna?
—Tienes que verla, tienes que conocerla para poder quitártela de tus pensamientos. No es para ti. Pero no serás libre si no llegas a conocerla".

"Y ese sábado me rompí la nariz. Me había tirado entre los pies para atrapar el balón, yo llevaba ventaja, pero el otro, en el ímpetu de la carrera, tiró de todas formas y me alcanzó en la nariz. No solté la presa, el árbitro pitó la falta, al llevarme la mano a la nariz me la encontré desplazada. Debía causar impresión, los demás me miraban asustados. Un estudiante de medicina me cogió la nariz entre sus dedos y me la enderezó con un gesto seco. El cartílago había descarrilado y él lo había vuelto a poner en su sitio. Me dijo que había una entrada en el hueso, una fisura. Me sustituyeron, me puse hielo en la nariz para contener la pérdida de sangre.
El adversario, al final del partido, se acercó para disculparse. Me acordé de una frase de los relatos de don Gaetano, contesté:
—Son cosas que pasan el día antes.
—¿El día antes de qué?
—El día antes de la felicidad".

"De Anna y de la felicidad eso era lo que sabía, su nombre".

"Me besó la punta de los labios, pasó la lengua por ellos.
—Tienes un buen sabor, me he contenido para no comerte.
No sonreía.
—¿Puedo besarte yo?
—No, tú eres polen, obedéceme a mí que soy el viento".

"¿Estaba loco yo también o aquél era el nombre impronunciable de amor? Cuando alguien lo decía en el cine, lo malgastaba. Y, sin embargo, los actores estaban especializados en decirlo, habían estudiado en la academia, se habían entrenado ante el espejo, se habían exhibido ante un jurado y ante el público para decir por fin: te amo".





Erri De Luca

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Citas: Barba azul - Amelie Nothomb


"—No somos las primeras en presentarnos. Ocho mujeres ya  consiguieron este coinquilinato. Todas han desaparecido.
—Puede que la habitación no les gustara.
—No lo ha entendido. No tuvieron oportunidad de manifestarse al  respecto: nunca más se supo de ellas.
—¿Muertas?
—No. La muerte no es una desaparición".

"—No me gusta saber qué comen los demás —dijo.
—¿Cocina usted? —se sorprendió la joven.
—Por supuesto. La cocina es un arte y un poder: está fuera de lugar que me someta al arte y al poder de otros. Si desea compartir alguna de mis comidas, será un placer. No así al revés".

"—¿Y entonces a qué dedica su tiempo?
Esperaba que su indiscreción le resultara chocante. Pero no fue así.
—Soy español.
—Mi pregunta no iba por ahí.
—Ésa es mi actividad".

"—¿Y si me marcho?
—Es usted libre de hacerlo.
—No me marcharé. No me da miedo.
—Tiene razón. Soy el ser más fiable que conozco.
—Curiosa respuesta. Las personas que se declaran débiles son igual de peligrosas que las otras.
—Sí. Pero las reglas están claras. Así pues, el peligro se puede evitar. ¿Le apetece postre?".

"—Señorita, la amo.
—¿Tan pronto? ¿Y por tan poco?
—Le ruego que no estropee con palabras poco consideradas la excelente impresión que acaba de causarme".

"—Está delicioso —dijo ella.
—La amo.
—Déjeme cenar en paz, por favor".

"—¿Espera seguir siendo una desconocida para mí?
—Seguiré siendo una desconocida para usted.
—Mejor. Así me veré obligado a inventarla".

"—¿Quiere casarse conmigo?
—Creía que usted no era de los que se casan.
—Con usted haría una excepción. La amo como nunca he amado".

"—El señor les ruega que compartan su cena con él.
—Me largo —dijo Corinne.
—No. Acompáñame.
—No estoy invitada.
—Yo te invito.
—Me da miedo.
—¡Déjate de tonterías!".

"Enamorarse es el fenómeno más misterioso del universo. Los que se enamoran a primera vista viven la versión menos inexplicable del milagro; si hasta entonces no habían amado se debía a que ignoraban la existencia del otro".

"—Una mujer tiene tantos rostros. Y me imagino que una mujer amada tiene todavía más. ¿Cómo elegir un rostro entre tantos?
—La elección se impone a quien sabe esperar".

"—Amar a alguien siempre es noble".





Amelie Nothomb