viernes, 14 de diciembre de 2018

Citas: El chico de la ventana del baño - Lady Reynolds


"Ea, el dicho de toda la vida. Si la vida te quita el gel, pues te duchas con champú".

"Resbalo con el gel que había en el suelo, cayendo así e impactando con lo que se llama la rabadilla, y más abajo de eso, contra el suelo.
—¡Me cago en Dios! —Se me escapa sin poder evitarlo.
Tengo tendencia a ser grotesca cada vez que me caigo, choco y/o tropiezo; cada vez que impacto y me hago daño, mejor dicho. Eso se lo debo a mi padre. No debió haberme educado como si yo poseyera la boca de un camionero cada vez que mi dedo meñique del pie decidía darse un buen golpetazo contra la puerta.
—¿Estás bien? —Se oye de repente, lo que me escandaliza sobremanera.
Quiero decir, cuando te caes en la ducha estando sola, lo menos que esperas es escuchar una voz salida de la nada.
A consecuencia de la extraña voz no identificada que acabo de oír, levanto la mirada al techo, asustada.
—¿Jesús? ¿Eres tú? —Y eso es lo primero que se me ocurre soltar—. Lo siento, no quería cagarme en tu padre o en lo que sea ese tipo para ti, pero es que…
Una risa me interrumpe.
—No soy Jesús".

"—¿Ahora quién es la maleducada? —pregunta después de un buen rato.
Cierro el grifo y cojo el champú.
—No es muy normal que le hable a un completo desconocido mientras estoy desnuda duchándome.
—Suponía que estabas desnuda, no tenías que aclararme esa información —se queja, o al menos a mí me lo parece.
—Todo el mundo se ducha desnudo, no he dicho nada malo.
—Ya, pero yo vivía mejor en la ignorancia".

"Qué va. Hacer la vista gorda no equivale a que los problemas desaparezcan. O los resuelves o te quedas con ellos, pero no van a desaparecer solos".

"—Esto… ¿De verdad te interesa? No tienes por qué fingir, es aburrido escuchar las…
—Claro que me interesa, hombre —le interrumpo—. Ya he aceptado el hecho de que nuestras duchas son una especie de sesiones terapéuticas, al menos para mí.
Lo escucho reírse".

"Yo, con toda la parsimonia del mundo, me levanto para poner a lavar su camiseta, ducharme y cambiarme de ropa. Quiero que salga de mi vida y quiero que lo haga al completo, así que eso implica devolverle lo único que me ha dado durante estos cinco años juntos: su camiseta. Que ni siquiera me la regaló, repito: se la robé".

"—Thiago, ¿estás ocupado? —pregunto, cruzando las manos delante de la boca.
El agua deja de oírse desde su baño. Genial, creo que iba a ducharse.
—No, no, dime, Clara. —Carraspea—. Hola, por cierto. —Se ríe.
—Hola, ¿qué tal? —Me río también.
—Bien… ¿Me querías decir algo o solo saludarme?
—No, no, verás… —Me rasco la nuca, un poco nerviosa—. La cosa es que mañana no puedo quedar contigo.
Hay un corto silencio que se me hace eterno. ¿Se lo estará tomando bien?
—Huy, ¿se puede saber por qué?
Me llevo un mechón detrás de la oreja y después coloco mis manos sobre la cintura. Miro mis chanclas de florecitas. A ver, ¿qué le cuento yo?
—Es una urgencia a la que no podía negarme. —Carraspeo para intentar conseguir que mi voz sea más creíble, o eso creo—. Una amiga está embarazada y…
—¿Me estás diciendo que mañana va a dar a luz?".

"—¿Sí? —pregunto en cuanto me acerco a mi hermano, que mantiene la puerta abierta.
El desconocido se queda mirándome fijamente durante un rato antes de reaccionar. Parece que pasan mil cosas por su cabeza en ese pequeño instante.
—Creo que me he equivocado —se disculpa. Entonces reconozco su voz.
Es la voz de Thiago, esa misma voz con la que llevaba hablando desde hace tanto tiempo a través de la ventana del baño. ¡Dios bendito, es él!
—¿Thiago, eres tú? —pregunto, y él conecta su mirada con la mía, pero no le da tiempo a responder porque mi madre nos apremia desde dentro".

"—Hay algo que debes saber… —dice, tanteando el terreno para soltarme una que creo que es gorda.
Es gay. Ay, santo Jesús, que nos ha salido gay. Ay, por Dios… Ay, por Dios… ¡Clara, Clara, Clara!
¡Qué tonta! Te gusta un chico al que no le gustan las chicas. Espera, entonces…, ¿su novia? ¿Y las cosas que hacían en el baño? Pero ¿qué…?
¡Que el mundo pare que yo me bajo!".

"—¿Clara? —me llama Thiago.
—Necesito un minuto para calmarme, gracias.
—¿Qué? Pero… Pero si estás en el baño. ¿No prefieres venir a sentarte en el sofá?
—El sofá no tiene un agujero donde liberar el contenido de tu vejiga, ¿o el tuyo sí?
Suelta una carcajada estruendosa.
—Está bien, te espero en el salón. Intenta no escaparte por la ventana —se burla".

"—A veces no se necesitan los ojos para encontrar el amor".

"—Oh, Dios… Pero ¡¿qué haces?!
Acaba de trepar y con un brinco aterriza en mi terrado. Yo lo miro de pies a cabeza comprobando que no le falta nada y él me sonríe tan tranquilo.
—¿Sorprendida?
—Dios… ¿Ahora también eres Spiderman?".

"—¿Adónde quieres llegar? —pregunto sin rodeos.
—A que, si tú y yo queremos, podemos seguir siendo amigos al mismo tiempo que mil cosas más.
Levanto una ceja.
—¿Mil cosas más? ¿Thiago estás…?
Me mira con expresión extrañada.
—¿Te crees que estoy ligando contigo, Clara?
Me quedo helada. Ay, madre… ¿No es eso lo que está haciendo?
—Eh…
Y de repente comienza a reírse.
—¡Qué tonta! —exclama entre carcajadas.
«¡Tierra, trágame!», grito para mis adentros.
Ahora o nunca, Clara, ¡salta y acaba con tu humillación para siempre!
—Te estás poniendo roja… —advierte, como si yo no lo supiera.
—Yo…, yo…
—¿Tú, tú, qué? —interroga.
La cara me arde. ¡Qué vergüenza! No sé, creía que… como ha dicho «ser amigos al mismo tiempo que ser mil cosas más», pues creía que estaba… ¡Ay, por Dios, qué vergüenza!
—Dios…, quiero lanzarme —mmurmuro.
—¿Qué?
—¡Nada!".

"Voy a seguirle la broma, pero no puedo porque un grito nos interrumpe desde abajo:
—¡¿Van a saltar?!
Debo decir que me han entrado ganas de reírme como una loca cuando me he dado cuenta de lo que estaba pasando.
—¿Lo has oído? —pregunto a Thiago. Él asiente mirando abajo.
—¡No saltéis! ¡No vale la pena! —gritan desde abajo.
Veo que Thiago arruga la frente y me mira. Yo me tapo la boca con una mano, pero empiezo a reír de todas formas.
—¿Se creen que…?
—¡Sí! —confirmo, asintiendo mientras me sigo riendo.
—Qué fuerte. Se creen que nos vamos a suicidar".





Lady Reynolds

domingo, 9 de diciembre de 2018

Citas: Reinas malditas - Cristina Morató


Emperatriz Sissi, una extraña en la corte:

"No me quedó otro remedio que vivir como una ermitaña. En el gran mundo me persiguieron y me juzgaron mal, me hirieron y me calumniaron tanto… Y sin embargo, Dios, que ve en mi alma, sabe que jamás le hice daño a nadie.
Confesiones de Isabel de Baviera a su profesor de griego, Constantin Christomanos, 1891".

"La princesa Isabel —a la que todos llaman Sissi o Lisi— estaba habituada a los lamentos de su pobre madre y nunca olvidaría una frase que ésta no dejaba de repetir: «Cuando se está casada, ¡se encuentra una tan sola!»".

"Encuentra a Elena bonita, elegante y distinguida, aunque algo fría y estirada. Tiene veinte años pero sus facciones duras y el vestido de luto la hacen aparentar mayor edad. En cambio Sissi, más espontánea e infantil, le resulta encantadora y no puede dejar de mirarla.
Fue un amor a primera vista que a nadie pasó desapercibido. «Enamorado como un cadete, feliz como un dios», dijo sentirse al poco de conocerla".

"La joven emperatriz de Austria, ha perdido lo que más aprecia, su libertad".

"«Ahora sé la felicidad que significa un hijo propio. Esta vez tuve el valor de amar a mi pequeña y de quedármela. Cómo lamento que los demás hijos me fueran arrebatados enseguida», le confesaría años más tarde a la condesa de Festetics".

"«No existe ningún hombre en el mundo que merezca que un corazón de mujer se destroce por él. Un hombre, aun cuando se cree enamorado apasionadamente, encontrará siempre alguna otra mujer para consolarse. Una mujer, nunca»".

"Más adelante supo que su hijo, enfermo y deprimido, buscó la compañía de su joven enamorada para no morir solo".

"No debe Titania andar entre humanos, en un mundo donde no la comprenden.
Miles de papanatas la contemplan y murmuran: ¡Mira, la loca, mira!".

"En una de sus últimas cartas, fechada el 16 de julio, Francisco José le decía: «Te echo tanto de menos; mis pensamientos no se apartan de ti, y condolido pienso en el tiempo, para mí infinito, que vamos a estar separados. Con melancolía contemplo tus aposentos vacíos». No volverían a verse".

María Antonieta, la reina desdichada:

"«Como no puedo estar con la única persona a la que amo, y la única que realmente me ama, prefiero no estar con nadie»".

"«Os hago escribir desde mi baño, donde acabo de meterme para cuidar por lo menos mis fuerzas físicas. Nada puedo decir sobre el estado de mi alma; existimos, eso es todo»".

"El conde no volverá a ver a María Antonieta, a la que no podrá rescatar de su fatal destino. Cuando más adelante se entere de su muerte en la guillotina, escribirá en su diario: «Ah, conozco bien cada día cuánto he perdido al perderla a ella y hasta qué punto era perfecta en todo. Jamás ha habido ni habrá mujer como ella»".

"En una ocasión María Antonieta escribió: «En la desgracia descubres tu auténtica naturaleza»".

Cristina de Suecia, un espiritú indomable:

"El 8 de diciembre de 1626, la reina María Leonor de Brandeburgo se puso de parto en el palacio real de Estocolmo. Era medianoche y a la luz de las antorchas alumbró en sus aposentos a una criatura tan «grande, fea y velluda» que las comadronas creyeron que era un varón".

"«[…] tuve la dicha entonces de ser amada por vos, en pocas palabras, de perteneceros de una forma que os hace imposible abandonarme.
Sólo con la muerte dejaré de amaros»".

"El mejor epitafio de esta mujer enigmática, ambigua y rebelde lo escribió ella misma: «He nacido libre, he vivido libre y moriré libre»".

Eugenia de Montijo, un trágico destino:

"«No necesito regalos para quererte más porque sería imposible…
No creas que te escribo por obligación, porque tengo tanto gusto en hacerlo que no es necesario forzarme…»".

"«Fue el primer hombre que hizo latir mi corazón, y con qué violencia…»".

"«No puedo estar más tiempo sin verte. ¿Para qué he nacido si no es para estar con mi padre y mi madre? ¿Cuál es por lo tanto ese lazo que nos separa? Es la guerra. ¡Oh guerra! ¿Cuándo acabarás tu carrera? El tiempo avanza y nos quedamos atrás, y tenemos menos tiempo para abrazarnos»".

"«Cuando tenía doce años quería ser actriz. No he tenido suerte: he sido emperatriz»".

"Luis Napoleón le preguntó: «¿Puede usted amarme? ¿Está libre su corazón?». Ante aquella
inesperada pregunta Eugenia le respondió con toda franqueza: «Señor, no ignoro que se me ha calumniado. Mi corazón ha podido latir alguna vez, pero he comprobado después que se me engañaba. En todo casi sigo siendo íntegramente la señorita Montijo»".

"La emperatriz, de temperamento más frío que su esposo, le confiesa tras su luna de miel a una amiga de infancia: «El amor físico, ¿qué asco! … Pero bueno, ¿por qué sólo piensan en eso los hombres?»".

"«Tengo tal asco de la vida, es tan vacía en el pasado, tan llena de escollos en el presente y quizá tan corta en el futuro (por lo menos eso espero) que me pregunto a veces si vale la pena luchar, y el valor me falta porque esos pequeños disgustos van minando toda mi existencia»".

"«Hoy tengo el valor de decirte que sigoviva porque la desgracia no mata. […]
Cuanto más pienso en la existencia que me depara, más mi corazón se hunde en la tristeza; ésta no es ni violenta, ni ruidosa, es un dolor que se apodera de mí completamente y siento que de aquí en adelante me hará compañía»".

"«Siento que toda mi vida está entre estas dos tumbas, a la espera de que Dios se apiade lo suficiente de mí como para abrirme la tercera»".

Victoria de Inglaterra, la viuda de un imperio:

"«¡Cómo pasa de rápido el tiempo cuando se es feliz!»".

"Llorar me alivia y, aunque desde la noche del miércoles no he vuelto a tener ninguna crisis violenta, éstas van y vienen durante el día y mitigan las heridas abiertas del corazón y del alma.»"

"El príncipe Alberto, a diferencia de Victoria, no le teme a la muerte. En una ocasión le dijo a su esposa: «No me aferro a la vida, tú sí lo haces; yo en cambio no le doy importancia. Estoy seguro de que si padeciera una enfermedad grave me daría por vencido y no lucharía por la vida. No me interesa tanto seguir viviendo»".

"Sin Disraeli en quien apoyarse, Victoria aliviaba su soledad en la compañía de John Brown. El escocés, gracias a los favores de la reina, tiene sus propias estancias en Windsor y una casa que le ha regalado Victoria en Balmoral. Aunque ella sólo ve sus virtudes, su secretario personal bebe cada vez más y tiene un carácter de mil demonios, pero ella finge no darse cuenta. Un día en el que, completamente ebrio, se cayó al suelo justo a su lado,
Victoria exclamó ante sus invitados: 
«He notado como un ligero temblor de tierra»".

Alejandra Romanov, la última Zarina:

"Cuando su hermana se convirtió a la fe ortodoxa rusa, Alix no pudo entender su decisión.
En aquel momento le confesó a Ella:
«Seré luterana hasta la muerte. La religión no es un par de guantes que uno puede sacarse y ponerse»".

"Nicolás escribió exultante en su diario:
«¡Éste ha sido un día maravilloso e inolvidable! ¡Porque hoy es el día de mi compromiso con mi adorable Alix! […] Dios, qué terrible peso me he sacado de los hombros»".

"Alix se muestra profundamente entusiasmada y emotiva: 
«Ay, si tan sólo supieras cuánto te adoro y cuánto se ha fortalecido e intensificado mi afecto por ti en estos años; tan sólo quisiera ser más digna de tu amor y ternura». A lo que Nicky responde: «Soy todo tuyo, por siempre y para siempre, mi alma y mi espíritu, mi cuerpo y mi corazón, todo es tuyo, tuyo; quisiera gritarlo en voz alta para que el mundo lo sepa. Soy yo el que se enorgullece de pertenecer a un ángel tan dulce como tú y de atreverse a pedir tu amor en respuesta»".

"«El único gran consuelo que tengo, en mi enorme sufrimiento, es el profundo amor de mi querida Alix, que le retribuyo por completo»".

"Era la digna representante de la dinastía de los Romanov y nunca bajaba la guardia. Jamás se permitía en público una sonrisa o una lágrima. Pero en las salas del palacio de Catalina dejaba atrás el rígido protocolo y se convertía en una mujer compasiva y humana que no reprimía sus sentimientos".

"Mi consuelo, cuando me siento deprimida y desdichada, es ir con quienes están muy enfermos e intentar llevarles un rayo de amor y esperanza".




Cristina Morató

jueves, 6 de diciembre de 2018

Citas: Lazos de amor - Brian L. Weiss


"Hay alguien especial para cada uno de nosotros".

"Él o ella nos cogen de la mano por primera vez y el recuerdo de ese contacto trasciende el tiempo y sacude cada uno de los átomos de nuestro ser. 
Nos miran a los ojos y vemos a un alma gemela a través de los siglos. El corazón nos da un vuelco. Se nos pone la piel de gallina. En ese momento todo lo demás pierde importancia".

"Gracias a una mirada, un sueño, un recuerdo o un sentimiento podemos llegar a reconocer a un alma gemela".

"—Mi vida no es ni mucho menos tan dramática como la de Catherine —dijo—. Nadie escribiría un libro sobre mí".

"La primera sesión, dedicada a recoger información sobre su vida, a establecer un diagnóstico y un enfoque terapéutico y a plantar las semillas de la confianza en nuestra relación, había terminado. El hielo se había roto. Por el momento, decidí no recetarle Prozac ni ninguna otra clase de antidepresivos. Mi objetivo era curarla, no enmascarar los síntomas".

"Elegimos el momento en que entramos en nuestro estado físico y el momento en que lo abandonamos".

"Cuando se ha identificado la pauta que se repite constantemente y se entienden los motivos de su manifestación, entonces puede romperse. No tiene sentido seguir sufriendo".

"Lo más importante es aprender, no juzgarse".

"El sentimiento de culpabilidad que sintió en su vida anterior no es importante. Lo que cuenta es aprender del pasado, y no seguir pensando en ello y sintiéndose culpable".

"Muchos de nuestros temores se basan en el pasado, y no en el futuro. A menudo, lo que más miedo nos da son hechos que nos han ocurrido en la infancia o en una vida pasada. Como los hemos olvidado o sólo los recordamos muy vagamente, tenemos miedo de que esos hechos traumáticos tengan lugar en el futuro".

"A veces nuestras creencias fijas son un obstáculo para la adquisición de nuevos conocimientos".

"Thich Nhat Hanh, un filósofo y monje budista vietnamita, escribe sobre cómo disfrutar de una buena taza de té. Debemos estar completamente atentos al presente para disfrutar de una taza de té. Sólo siendo conscientes del presente nuestras manos sentirán el calor de la taza. Sólo en el presente aspiraremos el aroma del té, saborearemos su dulzura, y llegaremos a apreciar su exquisitez. Si  estamos obsesionados por el pasado o preocupados por el futuro, dejaremos escapar la oportunidad de disfrutar de una buena taza de té. Cuando miremos el interior de la taza, su contenido ya habrá desaparecido.
Con la vida ocurre lo mismo. Si no vivimos plenamente el presente, en un abrir y cerrar de ojos la vida se nos habrá escapado. Habremos perdido sus sensaciones, su aroma, su exquisitez y su belleza, y sentiremos que ha transcurrido a toda velocidad.
El pasado ya ha pasado. Aprendamos de él y dejémoslo atrás. El futuro ni tan siquiera ha llegado. Hagamos planes para el futuro, pero no perdamos el tiempo preocupándonos por él. Preocuparse no sirve para nada. Cuando dejemos de pensar en lo que ya ha ocurrido, cuando dejemos de preocupamos por lo que todavía no ha pasado, estaremos en el presente. Sólo entonces empezamos a  experimentar la alegría de vivir".

"Todos renacemos para enfrentamos nuevamente a las alegrías y tristezas a los triunfos y las tragedias de la vida en la tierra".

"—Nosotros no lloramos las muertes, porque sabemos que el espíritu es eterno. Si no ha finalizado su tarea, el espíritu regresa de nuevo en forma humana —explicó—".

"—El amor es la fuerza más poderosa del mundo —dijo suavemente—. Crece y florece incluso en tierras heladas y en las condiciones más duras. 
Existe siempre y en todas partes. El amor es una flor que brota en las cuatro estaciones".

"Uno de mis pacientes, un abogado católico, acababa de hacer una regresión a una vida en la Europa medieval. Había recordado su muerte en aquella vida, caracterizada por la avaricia, la violencia y la falsedad. Era consciente de que algunos de estos defectos seguían estando presentes en su vida actual.
Ahora, reclinado en el mullido sillón de cuero de mi consulta, se vio a sí mismo flotando fuera del cuerpo que le había albergado en la Edad Media. 
De golpe se encontró de pie en un entorno diabólico, entre fuegos y demonios. 
Esto me sorprendió. Aunque muchas veces mis pacientes se habían referido a su muerte en vidas pasadas, nunca antes había sido testigo de una experiencia en el infierno.
Casi siempre la gente se sumerge en una luz hermosa e indescriptible que le renueva el espíritu y le infunde energía. Pero ¿el infierno?
Esperé a que ocurriera algo, pero él me dijo que nadie le prestaba atención. Él también estaba esperando. Transcurrían los minutos. Finalmente, apareció una figura espiritual que él identificó como Jesús y se le acercó. Fue el  primer ser que advirtió su presencia.
«¿No te das cuenta de que todo esto es un espejismo? —le dijo Jesús—. ¡Sólo el amor es real!»
Enseguida desaparecieron las llamas y los demonios, dejando que aquella luz hermosa reluciera de nuevo después de haber estado oculta detrás del espejismo.
Algunas veces conseguimos lo que esperábamos, pero puede que no sea real".

"Continuó flotando en silencio durante unos minutos.
—Haz un repaso de esta vida —le indiqué—.
¿Qué has aprendido? ¿Cuál es la lección?
Él consideró con especial cuidado estas preguntas, desde una elevada perspectiva.
—He descubierto que la violencia refleja una profunda ignorancia".

"Los ingleses y los españoles se mataron los unos a los otros estúpidamente en tierras lejanas a causa del oro. Lo robaron y se mataron por él. La codicia y la 'Violencia acabó con sus vidas... se habían olvidado del amor...".

"—Recuerda —dijo la voz—. Recuerda que siempre eres amado. Siempre estás protegido. Nunca estás solo. Tú también eres un ser de luz, de sabiduría y de amor. Y nunca serás olvidado".

"«Todo es amor... todo es amor. Con el amor llega la comprensión. 
Con la comprensión llega la paciencia. Y entonces el tiempo se detiene. Y todo es ahora»".

"El amor hace que el miedo se desvanezca. No puedes sentir ningún temor si sientes amor. Como todo es energía y el amor abarca todas las energías, todo es amor.
Ésta es la clave de la naturaleza de Dios".

"Cuando amas y no tienes miedo, eres capaz de perdonar. Puedes perdonar a los demás y también perdonarte a ti mismo. Así empiezas a ver las cosas desde la perspectiva apropiada. El sentimiento de culpabilidad y la rabia son reflejos del mismo temor. La culpa es una rabia sutil que diriges hacia dentro. 
Perdonando disuelves la culpa y la ira, que son sentimientos innecesarios, emociones nocivas.
Perdona. Es un acto de amor".

"El orgullo es un obstáculo para el perdón, una manifestación del ego, que es el yo falso y transitorio".

"No permitas que la depresión o la angustia obstaculicen tu desarrollo. Cuando te deprimes, pierdes la perspectiva, olvidas y das las cosas por sentado. Agudiza tu atención. Recapacita sobre tus valores. Recuerda qué es lo que no debes dar por hecho. Cambia tu punto de vista y no olvides lo que es importante y lo que no lo es.
Evita caer en la rutina. No pierdas la esperanza".

"Cuando te angustias, te sientes perdido dentro del ego, sin límites que te protejan. Se despierta en ti un vago recuerdo de falta de amor, una herida en tu amor propio, una pérdida de paciencia y de serenidad. Recuerda que nunca estás solo".

"Ten el valor de correr riesgos. Eres inmortal. Nadie puede hacerte daño".

"A veces los mensajes se suceden como destellos y son muy concisos:
—El objetivo no es ganar sino explorar".

"El perdón también es una responsabilidad tuya. Debes perdonar y ser perdonado".

"A veces, las vidas más difíciles son las que nos brindan más posibilidades de aprender, de recorrer nuestro camino con mayor rapidez".

"El dolor nunca se olvida; pero, a medida que el tiempo va pasando, se puede vivir con él".

"El corazón, sin embargo, le decía que no. «No sigas adelante. No le quieres; y sin amor, ¿qué queda?»".

"Las lecciones más importantes suelen aprenderse en los momentos más difíciles".

"El conocimiento sólo puede penetrar en las mentes abiertas".

"—Podría enamorarme de ti —le dijo él, tomándole el pelo con una promesa que nunca iba a cumplirse".

"—El amor es como un fluido que inunda hasta el último resquicio. 
Llena los espacios vacíos espontáneamente. Somos nosotros, la gente, los que obstaculizamos su paso levantando falsas barreras. y cuando el amor no puede llenar nuestro corazón y nuestra mente, cuando nos desconectamos del alma, que a su vez está compuesta de amor, nos volvemos todos locos".

"El amor disipa el miedo. Nuestro amor mutuo disipó sus miedos y la proyección de éstos sobre nosotros".

"Nuestro camino es interior. Éste es el viaje más difícil y doloroso. Somos los responsables de nuestro propio aprendizaje. No podemos rechazar esta responsabilidad y echada sobre las espaldas de otro, de algún guru. 
El reino de Dios está dentro de nosotros".

"El amor, cuando fluye libremente, vence todos los obstáculos".





Brian L. Weiss

domingo, 2 de diciembre de 2018

Citas: Sueños olvidados y otros relatos - Stefan Zweig


Sueños olvidados:

"Primero se encontraron sus ojos. Él recorrió con una rápida mirada la elegancia de la figura femenina,  cuya sonrisa levemente irónica se encendió también en sus ojos".

"—No por ello menos bienvenido, porque tampoco yo podía recordar, en un primer momento, su existencia, a pesar de que una vez fue bastante importante para mí.
Ahora ambos sonrieron. El dulce y leve perfume del primer amor de juventud semisecreto había renacido en ellos con toda su dulzura embriagadora, como un sueño, que al despertar nos
provoca una mueca de desdén, aunque desearíamos soñarlo o vivirlo una vez más. El bello sueño de la insinuación, que sólo desea y no se atreve a exigir, que sólo promete y no da".

"Reina un completo silencio.
Sólo allá abajo el canto rítmico y monótono de las relucientes olas, que se arrojan contra los peldaños de la terraza como contra un pecho amado".

La estrella sobre el bosque:

"La realidad, sin embargo, es más fuerte y sólida que todos los sueños".

"Los pensamientos saltaban confusos. Y de pronto uno que permaneció, clavado como una dolorosa flecha en su corazón: que él moría por ella y que ella nunca lo sabría. Que ni la más pequeña ola de su vida encrespada había tocado la de ella. Que ella nunca sabría que una vida ajena había venerado la suya y se había destrozado contra ella".

Historia en la penumbra:

"Me pides que te cuente algo. Muy bien. Pero no de mí, porque nuestra vida en estas ciudades interminables es pobre en experiencias, o así nos parece, porque aún no sabemos lo que verdaderamente nos pertenece".

"Y ahora se da cuenta, asustado, de que la desconocida no ha dicho nada, ni siquiera su nombre; que él no conoce más que sus suspiros desbordantes y el desafío, el sollozo contenido de la voluptuosidad; que conoce el perfume de su cabello revuelto, la presión cálida de sus pechos, el esmalte liso de su piel; sabe que su figura, su aliento, toda su palpitante sensibilidad le han pertenecido y que, sin embargo, ignora quién es esa mujer que le ha asaltado en la oscuridad con su amor".

"—¿Quién eres, dime, quién eres? —pregunta.
Pero la boca suave y húmeda sólo tiene besos, no palabras".

"La soledad se cierne dolorosa sobre el febril corazón".




Stefan Zweig

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Citas: Cuentos para leer sin rimmel - Poldy Bird



Las muertes

Ya vendieron el piano

"Mamá me echó sobre el sillón de la salita diciendo que le dolían los riñones y le pidió a Tina, la muchacha, que le llevara la comida allí. Margarita ocupó la silla de mamá y entonces noté que el lugar del abuelo estaba vacío.
—¿Y el abuelo? —pregunté con sorpresa.
Los grandes se miraron entre sí y luego, lentamente y dando muchos rodeos, papá me comunicó que el abuelo se había ido de viaje, un largo viaje con destino al cielo o algo así.
Un largo viaje, abuelo. Y así supe que te habías muerto. Y de pronto me di cuenta de que todos estaban tristes y yo también".

"—¿La muerte es para siempre?
No me contestaron y no repetí la pregunta. Nadie comió esa noche".

"Tengo ganas de verte, pero no sé dónde.
Aquí en casa no, abuelo. Mejor no porque si vinieras sería un verdadero problema, no sabrían dónde meterte. No hay lugar para vos en casa.  Se armaría un lío.
Además, ya vendieron el piano".

Respuesta:

"Ésta es la segunda vez que lloro por vos".

"Durante el resto del año te recordaba cada vez que mi hija te nombraba: «Mamá, ¿Pilar… está en la playa todavía?».
Pilar, una chica en la playa, una muchachita ubicada en mis veintitantos días de licencia anual. Ni siquiera supe nunca tu apellido, tu edad exacta, si estabas enamorada".

"Nunca supe qué querías, qué soñabas".

"Yo, que me quejo de la indiferencia, que pataleo contra la incomunicación, estuve tan cerca de vos, materialmente, y sin embargo, supe tan poco de vos…
Ayer, cuando me dijeron «murió Pilar, ¿sabés?». Murió Pilar. Un accidente. Allá en Miramar. Pilar y sus lindos ojos grises.
Pilar y sus veinti… años. Pilar.
Lloré".

"Todavía no sé imaginarme los veranos sin vos. Mi hija va a seguir nombrándote y cuando volvamos allá se extrañará de tu ausencia. Dirá «No está Pilar, ¿por qué?». Y entonces sabrá que no se mueren solamente los viejos muy viejitos que ya gastaron toda su vida, sino también las chicas de ojos grises que aprenden de memoria párrafos de cuentos, giran en el trompo de los sueños, quieren cosas que no se quieren, cosas que sí se quieren, lloran por cosas que no conozco, lloran por cosas  que conozco, sienten lo mismo que yo y otras cosas distintas".

"Pilar.
Sí, he llorado. Y he llorado por vos. No por mi —como lloré muchas veces cuando me daban una noticia triste— sino por vos. Por vos, que ya nunca te agitarás de rabia, ni sonreirás, ni gastarás bailando los zapatos, ni te deslizarás por la arena con tu manera lenta.
He llorado por vos, que querías vivir y, sin embargo, estás muerta".

"Y este llanto y tu muerte me han dado la respuesta que he buscado tanto.
La respuesta a una pregunta que me he hecho mil veces en momentos de abatimiento, de desazón, de dolor: «Vivir, ¿para qué?».
Para esto tan simple que es vivir".

Esa no era mamá:

"Mi madre estaba muerta. Eso era lo que ellos decían. A lo mejor estaba dormida y ellos creían que estaba muerta".

"No quería tocarla.
No quería seguir mirándola. Se parecía a los muertos de los cementerios que se escapaban por las noches para ir a bailar y regresaban al amanecer apurados por meterse en sus bóvedas".

"—Mamá —murmuré llorando—. Mamita…, ¿dónde estás? ¿Por qué pusiste en tu lugar a esa mujer que no conozco y me da tanto miedo? ¿Por qué todos dijeron que esa muerta eras vos? ¿Por qué me dejaste tan sola?
Durante muchas noches dormí sobresaltada, tuve horribles pesadillas, me sentí perseguida por la mujer blanca, rozada por sus manos duras y frías. 
Porque ésa no era mamá. Ésa no. A mamá, tibia, sonriente, blanda, levemente rosada, la sigo buscando entre la gente que camina por las calles, entre la gente que viaja en los colectivos, los trenes, los autos, los subterráneos".

Para eso estamos los amigos:

"Antes, hermano, amigo, solamente me encontraba con vos en los sueños, sin querer.
Porque le tenía miedo a la muerte, y vos estás en ella".

"Que a veces sigo escribiendo poemas, que no me hice famosa, que me canso y vocifero mandando todo al diablo, pero después pongo el despertador en hora y salto de la cama cuando suena, me ducho, tomo el tren, ordeno mis papeles, le coso a mi hija el disfraz para la fiesta de fin de año en la escuela, abro alborozada los paquetes de regalos en Navidad y en mi cumpleaños, a veces lloro, tiemblo, soy feliz, tengo miedo, te echo de menos o ni siquiera te recuerdo".

Un aujero en el zapato:

"A nuestro modo tratamos de ser felices.
No pedíamos nada, así que cuando teníamos algo, nos parecía una maravilla.
Era una manera de llevarle ventaja a la desesperanza.
Dieguito caminó al año. Era haragán para hablar pero un buen día se le desató la lengua y nos llamó papá y mamá hasta hacernos llorar".

"Cuando María mejoró me las traje a las dos a casa y, en medio de todo, nuestra casa pareció un palacio. Eramos cuatro, dentro de su pobreza, para querernos".

Última vez desde esta ventana:

"En algunas terrazas hay ropa tendida. Sábanas que vuelan, blancas, rosadas; vestidos de colores, grandes y pequeños; medias de hombres; repasadores.
Ropa de gente que entra y sale y cumple horarios y tiene obligaciones y rezonga por el precio de la leche y sabe, siente, piensa que tiene largos años para vivir. Para seguir queriendo. Para seguir ganando, o perdiendo, o sufriendo, o siendo feliz.
Para seguir".


El amor

Un llanto azul:

"Cuando me confesaste que no eras libre, ya estaba enamorada de vos, ya me querías".

"Pero te quiero, dijiste.
Y la tierra volvió bajo mis pies, se cerraron las grietas, se soldaron los abismos, todas las cosas volvieron a su lugar.
Tan sólo una pátina gris sobre mi vida, sobre mi cuerpo, oscureciéndose, aplastando mis movimientos hasta volverlos lentos gestos de autómata.
Pero te quiero…".

"Tan distinta a mí. Tan distante de vos y, sin embargo, teniéndote. 
Porque vos no sabías, que era ella y no yo quien te tenía".

"Llamo al mozo, pago mi café.
Huyo. Huyo de este lugar y del encuentro.
Me esperarás en vano. No verás mis ojos mojados. No tendrás que decirme tu discurso de despedida.
No responderé tus llamados, si me llamas.
Ya ves, te facilito tu tarea, evito que te conviertas en mi verdugo".

Invisibles cadenas:

"Nunca hablamos de eso, de si Armstrong te gustaba. Entre tantas palabras de amor, tantos adioses, tantos desencuentros y tanta despedida, no tuvimos tiempo de hacer nombres, de ponerle música a lo nuestro, de leer a cuatro ojos las páginas de un libro".

"Es demasiada soledad la que me dejás.
Demasiado silencio.
Demasiado llanto.
Demasiada ansiedad.
Todo te lo has llevado.
Pensabas que era mejor así: no atarte con promesas, no pronunciar palabras que te comprometieran a quererme en la distancia".

"Dijiste que no querías dejarme atada, pero la verdad es que no querías quedarte atado a mí".

"—Tendremos que estar mucho tiempo separados. Un año, dos…, quizás más.
—No me interesa el tiempo, yo te quiero".

"—Es tonto prometernos cosas que tal vez no podamos cumplir… 
Prefiero despedirme como si fuera una despedida común, de cualquier día. Y reunirnos a mi regreso, como si tal cosa, si es que aún queda algo de lo nuestro en nosotros.
—Eso es cruel.
—No, no es cruel, es generoso. Lo egoísta es dejar de vivir lo que la vida puede acercarte, acercarme".

"Dejemos todo así. Que sea el tiempo el que cure, el que mate, el que mantenga encendida la llama o la vaya apagando poco a poco".

Violetas para nadie:

"No te he engañado: recién ahora acabo de darme cuenta.
Recién ahora, apretando en mis manos este ramo de violetas.
Recién ahora, mirándolas, profundamente azules, con un color que trepa y se columpia en mi recuerdo. Y no se me ocurre ninguna palabra para decirte, ni gracias, ni son muy lindas. Nada.
Porque la ceniza cae sobre menudos pétalos.
Y has comprado violetas, sí, pero muy tarde.
Violetas para nadie".

Memoria de ceniza:

"Ella apoyó su cabeza sobre tu pecho y oyó latir tu corazón como si le latiera dentro de su cuerpo".

"—Cuando se te pase me llamás, ¿eh, loquita?
Cuando se le pase qué. Eso nunca se pasa, a veces se adormece, pero está latente en el fondo, debajo de la risa, debajo del entusiasmo, debajo de las espirales que dibuja la vida cotidiana".

"Y bueno, que se aguante (lo pensás, ¿no es cierto?).
Se inventó siempre tantas cosas…
Se inventó, por ejemplo, un corazón grande como una casa y ahora se pasea por su corazón como una habitación vacía… donde sólo resuena el eco de sus pasos".

Las distancias:

"Pero no se animaron.
Les faltó valor.
Ellos dijeron que les faltó tiempo. Pero les faltó valor".


Cosas mías

La que nunca vio el mar:

"Cuántas cosas habrá que no sabías y querías saber.
Y entre ellas, el mar.
Vos lo preguntabas en uno de tus romancillos:
Verde de mis ojos verdes
Marchitándose al pensar:
¿de qué color será el verde
del color verde del mar?".




Poldy Bird

viernes, 23 de noviembre de 2018

Citas: El crimen del conde Neville - Amélie Nothomb


"—¿Y no le preocupa tener una hija en semejante estado?
—Tiene diecisiete años.
—¿Y se conforma con esa explicación?".

"—Pronto dará usted una gran fiesta en su casa —dijo.
—Efectivamente.
—Durante esa recepción, usted matará a un invitado.
—¿Perdón? —exclamó el conde, palideciendo".

"—El destino actúa incluso si no lo sientes.
—El destino no existe".

"—Cállate. Si sigues hablando, voy a odiarte. Y si te odio, no tendré la valentía de matarte.
La joven sonrió. Esta última frase la tranquilizó: su padre llegaría hasta el final".

"—Es una de las enseñanzas de Buda: «Cuando friegues los platos, friega los platos».
—¿De verdad Buda dijo eso?
—Más o menos. En todo caso, éste era el espíritu".




Amélie Nothomb

lunes, 19 de noviembre de 2018

Citas: Ácido sulfúrico - Amélie Nothomb



"Llegó el momento en que el sufrimiento de los demás ya no les bastó: tuvieron que convertirlo en espectáculo".

"No es casual que los humanos lleven nombres en lugar de matrícula: el nombre es la llave de la persona. Es el delicado ruido de su cerradura cuando queremos abrir su puerta. Es la metálica melodía que hace que el don sea posible".

"La matrícula es al conocimiento de los demás lo que el carnet de identidad a la persona: nada".

"—Si no tiene inconveniente, prefiero el tratamiento de usted.
—Creía que éramos amigas.
—Precisamente por eso. Dejemos el tuteo para los que no nos quieren".

"—Es la primera vez que la veo reír.
—Río de felicidad. Hablan, discuten, como si fuera importante. ¡Es maravilloso!
—Usted es la que es maravillosa. Gracias a usted han olvidado que estaban comiendo mierda.
—¿Usted no?
—Yo no es el primer día que me doy cuenta de su poder. Sin usted, estaría muerto.
—Morirse no es tan fácil".

"Cualquiera que viva un infierno durable o pasajero puede, para enfrentarse a él, recurrir a la técnica mental más gratificante de cuantas existen: contarse un cuento".

"El infortunado que puede llenar su pecho con un soplo de grandeza levanta la cabeza y ya no encuentra motivos para quejarse.
A menos que observe la cámara que espía su dolor. Entonces sabe que el público verá en él a una víctima y no a un luchador trágico. Vencido de antemano por la caja negra, deja caer las armas épicas de su relato interior. Y se convierte en lo que la gente verá: un pobre tipo machacado por una historia exterior, una porción congrua de sí mismo".

"Dios resulta tanto más necesario cuanto más evidente es su ausencia".

"En efecto, sería fácil ser Dios si el mal no existiera, pero entonces tampoco habría ninguna necesidad de Dios".

"Además, uno siempre es más hermoso cuando hay un término para designarlo, cuando posee una palabra sólo para él. El lenguaje es menos práctico que la estética. Si, al querer hablar de una rosa, no dispusiéramos de ningún vocablo, si cada vez tuviéramos que decir «la cosa que se despliega en primavera y que huele bien», la cosa en cuestión sería mucho menos hermosa. Y cuando la palabra es una palabra lujosa, en este caso un nombre, su misión consiste en revelar la belleza".

"—Quizá me equivoqué al aceptar convertirme en kapo. Pero ahora que lo soy, es demasiado tarde.
—Nunca es tarde para dejar de ser un monstruo".

"«¡Si te repugno, mejor aún! Me encanta no gustarte, y eso sólo hará que el precio que hay que pagar me guste todavía más»".

"—Basta. Haces que aumente mi deseo.
—Si realmente tuviera el deseo que asegura tener, sería capaz de pronunciar mi nombre.
Zdena palideció.
—Cuando uno siente lo que usted, necesita pronunciar el nombre de la otra persona. No es casual que haya hecho lo imposible para saber el mío. Y ahora que lo sabe y que me tiene delante, es incapaz de llamarme por mi nombre".

"«Lo peor es que eso no me impide amarla. Es como si me gustara todavía más.
De tanto resistirse a darme lo que se da tan fácilmente, de tanto irritarse como si le estuviera pidiendo el sacrificio de su padre y de su madre, me muero de deseo»".

"—Entonces ¿de qué me serviría salvarte?
—Para que siga con vida —dijo Pannonique, a la que divertía esta clase de tautología.
—¿Y eso, a mí, de qué me sirve?
—Acabo de decírselo: para que siga con vida.
—No me sirve de nada.
—Sí. La prueba es que la simple idea de mi muerte la horroriza. Necesita que viva.
—¿Por qué?
—Porque me ama".

"—¿Me equivoco?
—No lo sé. ¿Tú me quieres?
—No —dijo Pannonique perentoria.
—Qué descaro.
—Usted me quiere: no es culpa suya ni mía. Yo no la quiero: es lo mismo".

"—Estás perdiendo el tiempo. Aun cuando exista un infierno, me da lo mismo abrasarme en él.
—Existe un infierno, estamos en él".

"—Me ha salvado la vida. Ha salvado la humanidad, lo que queda de humanidad en este mundo.
—Basta ya, no te sientas obligada a decir estas cosas.
—En absoluto. Tengo que expresarle la admiración y la gratitud que siento por usted. Es una necesidad, Zdena. Necesito decirle que es la persona más importante de toda mi vida.
—Espera. ¿Cómo has dicho?
—… la persona más importante…
—No. Me has llamado por mi nombre".

"Depositó el tarro y creyó explotar de amargura. «¡No me has dado nada y sufro!
¡Te he salvado y me dejas morir de hambre! ¡Y tendré hambre hasta el día de mi muerte! ¡Y te parece justo!»".

"—Eso no es todo. He decidido hacer feliz a los demás.
—Ah —dijo Pietro Livi, consternado ante la idea de ver a la sublime Pannonique entregándose a la beneficencia—. ¿Y cómo piensa hacerlo? ¿Se va a convertir en dama de la beneficencia?
—No. Estoy estudiando violonchelo.
Rió de alivio.
—¿Violonchelo? Eso es magnífico. ¿Y por qué el violonchelo?
—Porque es el instrumento que más se parece a la voz humana".




Amélie Nothomb