domingo, 17 de noviembre de 2019

Citas: Anatomía de las distancias cortas - Marta Orriols


Princesa:

"Una nota agria ha quedado sostenida en el aire como el preludio de la melodía que la acompaña cada vez que baja al infierno: Princesa. Princesa. Princesa".

"Se aparta el pelo de la cara, debatiéndose con furia hasta conseguir que ningún rizo le tape los ojos. Se escurre por la boca del metro y de pronto las escaleras se suceden sin fin. La pendiente la invita a la oscuridad, escabrosa, como cada una de las veces que se adentra en ella desde que ha perdido un poco de sí misma".

"Dos minutos para el próximo tren. Solo un par de almas perdidas esperan como ella bajo tierra".

Kind of Blue:

"La brisa, como si de una inspectora se tratara, revisaba cada rincón del comedor bellamente dispuesto para la cena. No había nadie y, visto así, los objetos adoptaban una presencia casi humana con esa quietud imponente solo turbada por el movimiento volátil de las cortinas".

Sísifo en la novena planta:

"—Sabía que al final un día me llamarías. ¿Qué pasa? ¿Qué es de tu vida?
Marc le hace un gesto con la cabeza para que entre y ella mira el piso, estupefacta. Hace una pompa de chicle.
—La madre que te parió, Marc. Aquí no debes de tener problemas de humedades, cabrón".

"—¡Marc, pst, Marc! —Va hacia ella con los hombros encogidos, turbado—. Marc, abajo en recepción hay una señora que pregunta por ti. Dice que es tu abuela.
(...)
—Ahora esperarás aquí sin moverte. Di que no te moverás, yaya.
—No te moverás, yaya. —Ríe su propia broma, pizpireta.
—¡Yaya, por favor! Espérame aquí, no tardaré, ¿de acuerdo? —La deja sentada, con las medias de nailon que le caen por las delicadas piernecillas. 
Marc corre hacia el ascensor con un nudo en el estómago. De nuevo la quietud. Se muerde las uñas mientras el ascensor asciende. El aviso sonoro, las puertas, la moqueta, la mirada inquisitiva de Fernández, la sonrisa maliciosa de la heroína de cómic manga con superpoderes cuando se cruzan por el pasillo, y finalmente Elisenda, que le barra el paso cargada con unos archivos.
—Me avisan de recepción. —Mira hacia los lados para asegurarse de que nadie la oye—. Es tu abuela… Pregunta por ti, está alterada.
(...)
—Señoras, señores, disculpen. Les presento a mi abuela. —Ella se quita la boina de lana rosa y hace una leve reverencia—. No nos molestará, descuiden. Si me permiten, podemos continuar.

El anuncio del ascenso de Marc no llega y, a pesar de que la reunión culmina con éxito, ya no llegará. Tendrá que volver a empezar de cero. Sentado en la silla del que ya no es su despacho, observa a Angelina de espaldas, con su boina de lana rosa, que contempla embelesada el mar y tararea su melodía con una voz casi imperceptible, casi como si le contara aquel cuento antes dormir".

La buena nueva:

"—¿Crees que podemos vernos algún día? ¿Podemos quedar? Tampoco estuvo tan mal, ¿no?
Marta no dice nada y sigue andando.
—¡Marta!
Se detiene, furiosa.
—Nico, tengo mucho trabajo. No debería haberte contado nada, ha sido un error.
—Pero los errores nunca pasan porque sí".

Ficción:

Él deja caer la mano por dentro de la blusa hasta rozarle el sujetador. Se miran de reojo y se sonríen. Quizá hagan el amor, hoy —es probable, piensa Ariadna, porque es viernes y no hay excusas—, y además hace semanas que los dos están muy cansados y se duermen mientras deciden en silencio quién dará el primer paso de tocar al otro y poner en marcha unas intenciones vagas".

"Acabarán letárgicos, tendidos con piernas y brazos que ya conocen el camino de regreso.
El amor, el sexo, el hambre, el sueño.
Lejos, allá afuera, la luna infinita embellece la ciudad como un fotograma incapaz de abarcar tanta realidad".





Marta Orriols

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Citas: Atentado - Amélie Nothomb


"La primera vez que me vi en un espejo, me reí: no creía que fuese yo.
Ahora, cuando contemplo mi imagen, me río: sé que soy yo. Tanta fealdad tiene cierta gracia".

"Debía de tener seis años el día en que un chaval, en el patio, me gritó: «¡Quasimodo!». Locos de alegría, los niños corearon: «¡Quasimodo! ¡Quasimodo!».

Sin embargo, ninguno de ellos había oído nunca hablar de Victor Hugo.
Pero el nombre de Quasimodo resultaba tan adecuado para mí que bastaba oírlo para comprender.
Ya no me llamaron de otro modo".

"Respecto a la belleza, hay una cuestión poco clara: todo el mundo está de acuerdo en decir que el aspecto exterior tiene poca importancia, que lo que cuenta es el alma, etc. En cambio, se sigue encumbrando a las stars de la apariencia y relegando al pozo del olvido a caras como la mía.
O sea: la gente miente. Me pregunto si miente a conciencia. Eso es lo que me crispa: la idea de que la gente mienta sin saberlo".

"Por consiguiente, me visto demasiado holgadamente: así, parezco esquelético, lo que no me repugna. Algunas personas bien intencionadas se empeñan en aconsejarme:
—Debería usted alimentarse más.
—¿Por qué? ¿Quiere que mi fealdad ocupe más espacio?
No me gusta que se preocupen por mí".

"—¡Este niño tiene la lepra!
—No, señora, es acné".

"—¿Estás enamorada actualmente?
—No.
—¿Por qué?
—Nadie me incita a estarlo.
—¿Lo echas de menos?
—No. El amor crea problemas".

"—¡Qué hermosa eres! —No podía evitar exclamar de vez en cuando.
Ella sonreía, como si le gustara oírlo.
Esa reacción de Ethel me trastornó tanto que me creí autorizado a decirles lo mismo a otras mujeres bonitas. Lo que me valió miradas ultrajantes, muecas de enojo o frases tan gratas como «¡Vaya tipo más estúpido!».
A una beldad, que acababa de reprenderme con aspereza, le pregunté:
—¡Un momento! Me he dirigido a usted con galantería, sin un ápice de obscenidad, y sin segundas intenciones. ¿Por qué me agrede?
—¡Lo sabe de sobra!
—¿Porque soy feo? ¿Hay alguna ley por la que la fealdad me impida tener buen gusto?
—No, no hay ninguna ley que se lo impida. La fealdad no tiene nada que ver.
—Pues, ¿por qué se ha molestado?
—Decirle a una mujer que es hermosa equivale a llamarla tonta.
Me quedé anonadado; reaccioné y repuse:
—En tal caso, es cierto: es usted tonta, y lo confirma.
Recibí una bofetada.
Lo comenté con Ethel.
—Si te digo que eres hermosa, ¿crees que estoy diciendo que eres tonta?
—No. ¿Por qué?".

"—A mí me gusta la belleza.
—Tú eres especial.
—A todo el mundo le gusta lo bello.
—Te aseguro que no es cierto.
Empezaba a ponerme nervioso:
—¡Reconoce, al menos, que no hubieras preferido ser fea!".

"Epiphane Otos
nacido en 1967
experiencia: lecturas, salas oscuras".

"—No es una broma.
—¿Se ha mirado alguna vez en un espejo?
—¿Creen ustedes que me hubiera presentado aquí sin tener pleno conocimiento de la configuración de mis rasgos?".

"—¿Y a qué esperas? ¿Prefieres a los hombres?
Solté una carcajada.
—¿Crees que tengo un físico gay?
—Tu físico, querido Quasimodo, no es apto ni para gays ni para heteros".

"—No comprendo tu manera de razonar.
—Con alguien tienes que acostarte, ¿no?
—No. ¿Por qué?
—Todo el mundo folla.
—Yo no.
—¿Lo has hecho alguna vez, al menos?
—No.
Ante mi respuesta, escupió su jengibre confitado.
—¿Qué? ¿Eres virgen?
—Sí.
—¿A los veintinueve años? ¿Desde cuándo amas a esa chica?
—Hace seis meses.
—Y, antes de ella, ¿amabas a alguien?
—No.
—¿Qué te impedía follar?
—No lo tengo muy claro.
—¿Por qué las chicas no querían saber nada de ti?
—No tengo la menor idea, no les proponía nada.
—¿Y nunca has ido con una puta?
—No.
—¿Te lo impide tu religión?
—No tengo religión.
—¡Hay que hacer algo, Quasimodo! No puedes seguir siendo virgen".

"—¿No deberías ver a un médico?
—No. Es mi alma la que está enferma.
—Eso no te impide ir al médico".

"—La noche de ayer, la temperatura era idéntica a la de hoy, y le pareció bien, señor.
—Estaba agotado. El cansancio da frío.
—Quizá el señor debería tomar un somnífero".





Amélie Nothomb

sábado, 9 de noviembre de 2019

Citas: Beniche, el niño de nadie - Dolors Garcia i Cornellà

x

"—Claudia, tendrás un alumno nuevo en enero. Me han llamado de Inspección para que lo acojamos, pero no tiene papeles ni nada.
Y es que mi madre es maestra, y justo en aquel año le tocó de tutora en mi clase, la de quinto.
—¿Qué quiere decir que no tiene papeles? —preguntó, un poco asombrada—. La cartilla de la última escuela, el certificado de vacunas, el de nacimiento… Algo tendrá, digo yo.
—No tiene nada.
—¿Nada de nada?
—Un papel amarillento en el que pone que se llama Beniche y que nació en Nadie.
—¿Dónde está eso?
—Ahora, en ninguna parte. El pueblo de Nadie fue abandonado hace diez años".

"Los primeros días, Beniche no jugaba con nadie a la hora del recreo. Nadie, tampoco, iba a llevarlo o a buscarlo a la escuela. Siempre iba solo.
—Diego —me dijo mi madre un día—, ayúdale un poco, ¿quieres? 
Ahora, cuando han pasado ya más de diez años de todo aquello, recuerdo Beniche y me pregunto qué pensaría al principio de todos nosotros aquel chaval larguirucho cuya historia, cuando fuimos conociéndola a pedazos, nos llegó muy dentro. A pesar de su aspecto solitario y taciturno, emanaba ternura, muy especialmente de su mirada, de un azul intenso, como de cielo de marzo".

"—También hablaba no sé qué de una niña —siguió contando la mujer.
—¿Una niña? —preguntó mamá, llena de interés—. ¿No se confunde usted, no sería un niño?
La mujer la miró un poco disgustada.
—Señora, quien está mal de la cabeza es el cabrero, no yo".

"—¿Con qué derecho vienen aquí a meterse en mis asuntos, a recordarme cosas de mi vida que ya tenía olvidadas?
Mamá y yo nos miramos sin saber qué decir.
—Las personas, un día, cogen el camino que más les conviene, ¿no es cierto? —prosiguió—. Pues yo, una vez, decidí dejar todo aquello porque me ahogaba, a pesar de saber que nunca más podría volver".

"—¿Cómo es que tienes ese pelo tan azul?
Ella, entonces, se acarició suavemente el pelo.
—¿Te gusta? —me preguntó.
Me sobresalté. Era la primera vez que oia su voz, y sonaba dulce, melodiosa.
—Cuando nací, no era así —dijo con nostalgia.
—¿Cómo era?
—Rubio como el sol.
—¿Cuántos años tienes?
—No lo sé. Muchos.
—Pero no eres vieja.
—No quiero serlo".






Dolors Garcia i Cornellà

martes, 5 de noviembre de 2019

Citas: No, mamá, no - Verity Bargate



"Lo que más me impresionó cuando me dieron a mi segundo hijo y lo cogí en brazos fue la total ausencia de sentimientos. Ni amor. Ni cólera. Nada".

"De vuelta en la habitación, encendí por fin un cigarrillo. Tenía el sabor dulzón que tienen a veces después de hacer el amor".

"Más tarde, a la hora de visita, volvió David con los ojos todavía un poco llorosos. Le envidié el lujo de sentir algo, aunque sospeché que su sufrimiento respondía sobre todo a que habíamos leído en alguna parte que si se hace mucho el amor hay más probabilidades de tener una niña; cuanto más se folla, más débil es la eyaculación, y las hembras, más fuertes que los machos, tienen mayores posibilidades de llegar primero hasta el óvulo y fecundarlo.
En otras palabras, su pena parecía tener un fundamento bastante machista.
Creo que fue entonces cuando nuestra incapacidad de comunicarnos se hizo irreversible. Nuestro dolor era tan distinto, los motivos tan divergentes; el mío todavía no articulado, el suyo ya casi superado".

"Empecé a balbucear que iban a mandarme a casa con un crío a quien no quería y que no podía hacerme responsable de mis actos y que vivía en un piso alto y que qué ocurriría si tiraba el crío por la ventana porque no lo quería, no lo quería, no lo quería".

"Mientras Matthew se calmaba, consulté el libro del doctor Spock, que tenía siempre a mano, por la letra C, de celos, subapartado «Cuando el bebé llega a casa». No aclaré gran cosa. Spock se refería constantemente al niño mayor como «él»; el nuevo bebé era «ella». Comprendía la lógica de esos términos que facilitaban mucho la lectura, evitando confusiones, pero aquel día, para esta madre, eso significó otra pequeña muerte".

"Me entretuve un buen rato en el baño, con la esperanza de que, cuando hubiera acabado, David estuviera dormido. Estaba completamente despierto y cuando se me acercó pensé que al menos esa vez no tendría que sentirme culpable, pues no disfrutaría. Los sentimientos de culpa estaban reservados para el placer; eso era un deber.
Y así ocurrió por primera vez en varias semanas. Me gustaría poder decir que hicimos el amor, pero no quedaba ningún amor por hacer".

"Me chupó hasta dejarme seca y después empezó a exigir que le dedicara también toda mi atención".

"—Diga —susurré.
—Oiga, oiga, ¿me oye? ¿Puedo hablar con Jodie? —Una voz de mujer, vagamente conocida.
—Sí, soy yo —todavía en un susurro.
—Jodie, Jodie, hola, soy yo. Jodie, soy Joy.
¿Joy? ¿Sería posible? ¿Después de seis años? Me soné la nariz.
—Hola, Joy. ¿Cómo estás?".

"Entonces Orlando empezó a despertarse y yo me dormí, pues, cuando se despertó de verdad y empezó a chillar muy fuerte, me hizo volver a rastras a la realidad desde un lugar oscuro y muy remoto, y después nos dormimos juntos otra vez, sumidos en un lechoso aislamiento".

"Hicimos una salida unida, aunque poco digna, de la tienda. Y allí, aguardándonos en la acera, encontramos otra vez a la extraña mujer. No pude esquivarla, estaba justo en medio del paso.
—Perdone —me dijo—, tengo que decírselo, y lamento molestarla después de todo lo que le ha pasado, pero soy representante de una agencia de publicidad y estamos buscando a una niñita tan hermosa como su hijita para promocionar un producto recién lanzado al mercado. —Y me puso una  tarjeta en la mano con una sonrisa realmente genuina.
Por segunda vez aquella mañana se me paró el corazón y mi cara debió aparecer vacía de toda expresión, porque ella continuó rápidamente:
—Oh, ya sé que es una monstruosidad por mi parte, pero la he estado observando y es una modelo innata. Tendría que ver algunos de los monstruitos que nos traen las mamás embobadas. Es increíble. Ella —señaló a Matthew con la cabeza— es exactamente lo que estamos buscando. Afectuosa y vivaracha y bonita y… bueno, encantadora. —Miró a Orlando, al pobre, calvo, poco seductor Orlando—. Y él, es tan… grande. Quizá podamos incluirlo también de algún modo. En el fondo de la foto. Mire, no tiene que decidirse ahora mismo. Llámeme el lunes o el martes. Pero, por favor, piénselo. —Y me tendió la mano.
—Tendré que esperar a ver qué dice mi marido. Explotación, ya sabe — fue lo único que se me ocurrió decir, porque mi cabeza parecía a punto de estallar de dolor. Oh, Matthew, ¿por qué no tendrías el pelo y los ojos oscuros? Nadie tomaba nunca a Orlando por una niña y sin embargo tiene que haber niñitas feas. En alguna parte".

"Cuando me detuve a pagar la cuenta antes de salir, vi a una muchacha que realmente me impresionó y cuya mirada no pude evitar. Se parecía bastante a mí: pelo liso, flequillo, pantalones con peto, zuecos. Era una yonqui, con la opaca vulnerabilidad a flor de piel de esas personas casi duras. En el Soho hay muchísimos yonquis, los veía continuamente, pero nunca me acostumbré a su presencia; aprendí a identificar sus siluetas para cruzar a la otra acera o al menos desviar la mirada cuando los veía acercarse. Pero no pude esquivar a esa muchacha. Su mirada se encontró con la mía por casualidad, pero una vez la hubo encontrado ya no la soltó. Quizá nos reconocimos en esa breve fracción de segundo del primer contacto. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan próxima a otro ser humano. No me pidió dinero, como había estado haciendo con otras personas. Por fin bajó la mirada y me soltó. Me alejé, sintiéndome inesperadamente privilegiada".

"Era un gran lujo poder estar sola de ese modo, en el limbo; sin ser la esposa ni la madre de nadie. Solo Jodie".

"—¿Quién era? —Había formado una capilla con las manos.
—Nadie que tú conozcas. Una chica que estudió conmigo. Era mi mejor amiga. Joy. Mañana tomaré el café con ella. —Habla en un tono indiferente, Jodie, que no note que esto te importa.
—¿Algún motivo especial que explique tus lágrimas, entonces? Tú no lloras.
¿Estoy llorando? He estado reteniendo un estornudo que luego se ha convertido en un bostezo. No estoy llorando, se me han saltado unas lágrimas, nada más. Esto está lleno de humo.
—¿Cómo es posible? Ninguno de los dos ha fumado en toda la tarde. No tenemos tabaco.
Ah, qué bien, así podría cambiar de tema".

"—¿Dónde diablos has estado? ¿Qué le pasa a Matthew? ¿Por qué llegas tan tarde? Me habíais preocupado.
—Hacía un día tan bonito, David; los he llevado a ver el mar.
—Ven, dame a Matthew. ¿A ver el mar? Tú nunca vas a ver el mar.
—Hay muchísimas cosas que no hago nunca, David. Hoy me he desquitado por una vez. Hemos hecho montones de cosas que no habíamos hecho nunca. Pero, por favor, no hablemos en la escalera. Estamos cansados y tenemos frío. Entremos.
Y ya estábamos metidos nuevamente en la jaula, yo y mis dos hijos".

"Esa vez Orlando me falló, no se movió nada. Supongo que el aire marino lo había dejado exhausto. A mí también debió de dejarme exhausta, porque me dormí mientras me penetraban".

"—Son suyos, supongo —dijo señalando a los niños.
Yo asentí y él miró a Matthew y preguntó:
—¿Cómo se llama el mayor?
Las lágrimas me hicieron escocer los ojos simplemente porque había acertado el género.
—Matthew. Y la Bella Durmiente es Orlando. Todas las noches se escapa para ir al Baile de los Feos".

"Mi felicidad se evaporó al cerrar la puerta del lavabo. Cuando salimos éramos gente corriente. Nadie miró a los niños, ni nos sonrió, ni nos abrió las puertas. Éramos simplemente las tres cuartas partes de una unidad familiar nuclear que volvía a la célula familiar nuclear, donde nos esperaba la otra cuarta parte".

"Y Jack, Jack a quien no conocía, abrazándome, abrazándome y repitiendo una y otra vez:
—No es nada, Jodie. Todavía sangras. Todavía estás viva. Yo estoy aquí. Tú estás aquí.
Entonces noté también sus lágrimas y una vez más hizo lo que hacía Matthew, apretó su cara con fuerza contra la mía hasta que no hubo sitio para más lágrimas.
—Cuando estés preparada, Jodie. Todavía no pero, cuando estés preparada, hablaremos. Y recuerda, Jodie, nadie ha muerto nunca de pena. Cuando estés preparada, solo tienes que decírmelo. ¿Jodie?
Asentí con un movimiento de cabeza".




Verity Bargate

jueves, 31 de octubre de 2019

Citas: Siempre hemos vivido en el castillo - Shirley Jackson


"Me llamo Mary Katherine Blackwood.
Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy".

"Escogía los libros de la biblioteca a conciencia. En nuestra casa había libros, por supuesto; los libros ocupaban dos paredes del despacho de nuestro padre, pero a mí me gustaban los cuentos de hadas y los libros de historia, y a Constance le gustaban los de cocina. El tío Julián nunca tocaba un libro, pero por la tarde, cuando trabajaba en sus papeles, le gustaba mirar a Constance mientras leía, y a ratos volvía la cabeza para observarla y asentía.
—¿Qué lees, querida? Qué bonita imagen, la de una mujer con un libro".

"«A los Blackwood siempre les ha gustado comer bien». Esa era Mrs. Donell, que hablaba abiertamente desde algún lugar detrás de mí, y alguien soltó una risita mientras otro decía «chsss».
Yo nunca me volvía; ya tenía bastante con saber que estaban a mis espaldas como para encima mirar sus insípidas caras grises y sus ojos llenos de odio.
Desearía que estuvierais todos muertos, pensé, y me sentí tentada de decirlo en voz alta".

"Nunca me sentía culpable de esos pensamientos; solo deseaba que se hicieran realidad. «No está bien que los odies —me decía Constance—, eso únicamente te perjudica a ti», pero yo los odiaba de todos modos, y me preguntaba si su existencia tenía algún sentido".

"No necesitaba mirar para ver las muecas y los ademanes; deseé que todos estuvieran muertos y caminar sobre sus cuerpos".

"Merricat, dijo Connie, ¿una taza de té, querrás? Oh, no, dijo Merricat, me envenenarás. Merricat, dijo Connie, ¿quieres ir a dormir? ¡Bajo tierra te vas a pudrir!".

"Resultaba extraño estar dentro de mí misma, caminando rígida frente a la cerca con paso seguro, pisando con firmeza pero sin prisa porque lo habrían notado, estar dentro de mí misma y saber que me estaban mirando; me escondía muy adentro pero podía oírlos y verlos por el rabillo del ojo. Deseé que estuvieran todos muertos, tirados por el suelo".

"Sus lenguas arderán, como si hubieran comido fuego, pensé. Cada vez que pronuncien una palabra, sentirán las llamas en la garganta y un tormento más abrasador que mil fuegos en sus vientres".

"Helen Clarke no dejaba de comer emparedados, y pasaba por delante de Constance cada vez que se hacía con uno. En ningún otro lugar se comportaría de este modo, pensé, solo aquí. Nunca se preocupa de lo que Constance o yo pensemos de sus modales; simplemente cree que estamos muy contentas de verla. Vete, le dije para mis adentros. Vete, vete".

"Helen Clarke dijo:
—¿De verdad creéis que la gente tiene miedo de venir a veros? —Y entonces el tío Julian se detuvo en la puerta. Se había puesto su mejor corbata para tomar el té y se había lavado la cara con tanto afán que la tenía rosada.
—¿Miedo? —preguntó—. ¿De venir aquí? —Saludó a Mrs. Wright desde la silla y luego a Helen Clarke—. Señora —dijo, y repitió—: Señora. Yo sabía que era porque no recordaba el nombre de ninguna de las dos, si es que las había visto antes.
—Tiene buen aspecto, Julian —dijo Helen Clarke.
—¿Miedo de venir aquí? Debo disculparme por repetir sus palabras, señora, pero estoy asombrado. Mi sobrina, al fin y al cabo, fue absuelta de la acusación de asesinato".

"El sábado por la mañana me desperté y pensé que ellos me estaban llamando; es hora de que me levante, pensé antes de estar despierta del todo y acordarme de que estaban muertos".

"Los miércoles por la mañana siempre recorría la cerca.
Sentía la necesidad de comprobar constantemente que los alambres no estuvieran rotos y las puertas estuvieran bien cerradas. Yo misma podía hacer los arreglos, uniendo el alambre allí donde hiciera falta, ajustando las tiras flojas, y para mí era un placer saber, cada miércoles por la mañana, que estaríamos a salvo una semana más".

"Decidí escoger tres palabras poderosas, tres palabras que me protegieran; mientras esas grandes palabras no se pronunciaran en voz alta no se produciría ningún cambio".

"—Buenos días, Mr. Blackwood —dijo con voz apacible—, ¿cómo se encuentra hoy?
—¿Dónde está el viejo tonto? — preguntó el tío Julian, como siempre—. ¿Por qué no ha venido Jack Mason?
Constance había llamado al doctor Mason la noche en que murieron todos.
—El doctor Mason no ha podido venir hoy —contestó el doctor, como siempre—. Yo soy el doctor Levy. He venido a verlo en su lugar.
—Prefiero ver a Jack Mason.
—Lo haré lo mejor posible.
—Siempre dije que sobreviviría al viejo tonto. —El tío Julian se rio brevemente—. ¿Por qué está fingiendo conmigo? Jack Mason murió hace tres años.
Mr. Blackwood —dijo el doctor—, es un placer tenerlo de paciente.
Cerró la puerta sin hacer ruido".

"—¿Estás preocupada?
—Sí. Mucho.
—¿Se va a morir?
—¿Sabes lo que me ha dicho esta mañana? —Constance se volvió, apoyándose en el fregadero, y me miró con tristeza—. Pensaba que yo era la tía Dorothy, y me ha cogido la mano y ha dicho: «Es terrible ser viejo, y limitarte a estar aquí tumbado preguntándote cuándo va a suceder». Casi me ha asustado".

"—Siempre estaremos juntas, ¿verdad, Constance?
—¿No estarás pensando en irte de aquí, Merricat?
—¿Adónde íbamos a ir? —le pregunté—. ¿Dónde podríamos encontrar un lugar mejor que este?¿Quién nos quiere, allí fuera? El mundo está lleno de gente mala".

"—Tío Julian, es un placer verle por fin.
—Charles. Tú eres el hijo de Arthur, pero te pareces a mi hermano John, que está muerto.
—Arthur también está muerto. Por eso estoy aquí".

"—Me habría gustado venir antes, tío Julian.
—Puede ser. La juventud es muy curiosa. Y una mujer con tan mala fama como Constance debe de resultar un personaje romántico para cualquier joven".

"—Anoche cenaste aquí y te has despertado vivo —dijo Constance; yo me reía pero ella parecía enfadada.
—¿Qué? —preguntó Charles—".

"Me había preparado lo que le iba a decir antes de sentarme a la mesa.
—La Amanita phalloides —empecé— contiene tres sustancias venenosas. Está la amanitina, que actúa despacio y es la más potente. Está la faloidina, que hace efecto al instante, y está la falolisina, que disuelve los glóbulos rojos, aunque es la menos potente. Los primeros síntomas aparecen entre siete y doce horas después de ingerirla, y en algunos casos incluso al cabo de veinticuatro o cuarenta horas. Los síntomas comienzan con violentos dolores de estómago, sudor frío, vómitos…
—Óyeme bien —dijo Charles, soltando el pollo—. Basta ya.
Constance se estaba riendo.
—Oh, Merricat —exclamó, escapándosele la risa entre las palabras—, mira que eres tonta. Yo le enseñé —le explicó a Charles— que hay setas venenosas junto al arroyo y en los campos y le hice aprender cuáles eran mortales. Oh, Merricat.
—La muerte llega entre cinco y diez días después de ingerirla —añadí yo.
—No me parece divertido —sentenció Charles.
—Tontuela —dijo Constance".

"—Hace que el tío Julian esté peor.
—Solo intenta que el tío Julian no esté pensando en cosas tristes todo el tiempo. Y yo estoy de acuerdo con él. El tío Julian debería estar contento.
—¿Por qué debería estar contento si se va a morir?".

"Intenté pensar en él con benevolencia, porque si no lo hacía iba a ser incapaz de hablarle con amabilidad, pero al imaginarme su enorme cara blanca sonriéndome desde el otro lado de la mesa o controlando cualquiera de mis movimientos me entraron ganas de golpearle hasta que se marchara, me entraron ganas de darle patadas una vez muerto, de verlo yacer sobre el césped".

"Me quedé sentada en silencio, escuchando lo que casi había dicho. El tiempo se estaba acabando, se abatía sobre nuestra casa y me aplastaba. Pensé que había llegado el momento de romper el gran espejo del vestíbulo, pero entonces se oyeron los pasos pesados de Charles, que bajaba la escalera, cruzaba el vestíbulo y entraba en la cocina.
—Bueno, bueno, todo el mundo está aquí —dijo—. ¿Qué hay de cenar?".

"—Tío Julian. —Charles se levantó y se dirigió hacia el tío Julian, que estaba sentado a su mesa.
—No toques mis papeles —dijo el tío Julian, mientras los tapaba con las manos—. Aléjate de mis papeles, malnacido.
—¿Qué? —preguntó Charles.
—Lo siento —se disculpó el tío Julian con Constance—. No es un lenguaje apto para tus oídos, querida. Solamente dile a este malnacido que no se acerque a mis papeles".





Shirley Jackson

domingo, 27 de octubre de 2019

Citas: Volverán a por mí - Josan Hatero


"La gente suele deshacerse de lo que no entiende".

"La gente trata de encasillar lo que no comprende para poder olvidarlo y seguir con su vida ordenada".

"Antes de que la directora diera por concluida la sesión me fijé en las piernas de Iris: las movía compulsivamente, como si estuvieran presas de un tic nervioso. Debía de ser miedo. Puro miedo".

"Ah, hola.
Buenos días he contestado, intentando no reírme.
Buenos días.
¿No te gusta tu nombre?, le he preguntado.
No. No es que esté mal, es que está ligado al pasado y, no sé, me gustaría cambiar. Y quizá la mejor forma de empezar es cambiarme el nombre".

"Encantada de conocerte, Greco le he dicho al tiempo que le tendía la mano.
Él me la ha estrechado con firmeza y eso me ha encantado. No soporto a los tíos que te saludan con la mano floja como si tuvieran miedo de que fueras a romperte por el simple hecho de ser chica".

"Nos hemos quedado unos segundos callados, sin saber qué decir. Los primeros rayos del sol empezaban a colarse por entre los árboles.
Es extraño: aquí no se escucha nada, ni siquiera los pájaros. Lo ha dicho sin mirarme, como si se lo dijera a sí mismo.
Tiene razón. Dentro de estos muros el silencio es como si estuviera vivo. Se siente tan presente, tan pesado, como si fuera un manto que cubriera todo este lugar perdido en mitad de la nada".

"Estamos al menos cinco minutos de silencio, inmóviles, temerosos de que aquella criatura vuelva a hacer aparición. Finalmente, me incorporo y me atrevo a decir lo que estoy segura que mis dos amigos piensan:
Tenemos que escapar de este lugar cueste lo que cueste".

"En todo aquel miedo había una dosis de aventura que en realidad era lo que nos hacía sentirnos activos. Aunque sabíamos que si nos pillaban se acababa nuestra historia, el secreto nos hacía sentirnos fuertes".

"Greco sale al exterior y nosotras lo seguimos. A lo lejos, la luz de la luna dibuja el lateral del edificio del comedor y, un poco más allá, el edificio de la directora y los monitores. Y, justo después, recortada en la noche, la torre gris, como una pieza gigante de ajedrez. Encima, como si de un faro se tratara, una potente luz barre la oscuridad.
Parece que estamos prisioneros en un campo de concentración digo".

"Piénsalo: ¿no te gustaría olvidar los errores del pasado y empezar de nuevo libre de cargas?
No. No hay que olvidarse de los errores le he contestado y, al hacerlo, he sentido que estaba hablando más para mí misma que para ella. Los errores forman parte de nosotros, sirven para ayudarnos a crecer".

"Los celos son como una llama que me arde dentro".

"¿Yo?
¿Tienes algún chico especial?
Al escucharle decir «especial» casi me da la risa: sí, sin duda Greco está tan nervioso como yo.
¿Aparte de ti?, le digo con toda la coquetería de la que soy capaz, que, teniendo en cuenta que llevo puesto un triste chándal gris, no es mucha.
Greco calla. Estoy tan cerca de él que puedo escuchar cómo traga saliva. Me pregunto si habré metido la pata. Típico de mí: «eres demasiado lanzada, Iris, asustas a los chicos», me parece escuchar la voz de Ivette.
Tú también eres muy especial para mí me dice.
Levanto la cara y tropiezo con sus ojos intensos y oscuros, pendientes de mí. Creo que me va a besar. Estoy convencida. Deseo que me bese.
Su cara se acerca a la mía, lentamente, y, justo un segundo antes de que sus labios alcancen los míos, se me arruga el corazón: escuchamos un grito".

"Todavía miro debajo de la cama antes de irme a dormir. Porque yo sé que los monstruos existen. Y también sé que, tarde o temprano, volverán a por mí".




 Josan Hatero

miércoles, 23 de octubre de 2019

Citas: El adulto - Gillian Flynn


"Llegué a mi oficio de manera honesta. Quizá «de manera natural» sería un mejor modo de expresarlo. Mi vida nunca se ha caracterizado por hacer las cosas con honestidad. Fui criada en la ciudad por una madre tuerta (la frase con la que empezaré mis memorias) y no puedo decir que fuera una mujer agradable".

"En cuanto a los que escogíamos, no los llamábamos pardillos, ni  presas ni víctimas. Los llamábamos «Tony», porque así era como se llamaba mi padre, que nunca supo decirle que no a nadie (aunque asumo que se lo dijo a mi madre al menos en una ocasión: cuando le pidió que se quedara)".

"Palmas Espirituales (a mí no me miréis, no fui yo quien le puso nombre al negocio) estaba en un barrio de «Tonys» al oeste del centro. Cartas de tarot y bolas de cristal en el escaparate, sexo suave en la parte de atrás. Me presenté allí en respuesta a un anuncio donde pedían una recepcionista. Resultó que «recepcionista» significaba «prostituta»".

"Cuando la gente me hacía esa pregunta que todo el mundo hace, «¿A qué te dedicas?», yo respondía «Atención al cliente», lo cual era cierto. 
En mi opinión, una jornada laboral satisfactoria es aquella en la que has conseguido que un montón de gente sonría. Sé que quizá suena demasiado serio y formal, pero es la verdad. O sea, preferiría ser bibliotecaria, pero me preocupa la estabilidad laboral. Los libros pueden acabar siendo algo temporal; las pollas son eternas".

"Las mujeres que venían en grupo eran frívolas, caprichosas, bebedoras, dispuestas a pasar un buen rato. Las que venían solas, sin embargo, querían creer. Estaban desesperadas y su seguro no era tan bueno como para cubrirles un psicólogo. O ni siquiera eran conscientes de estar tan desesperadas como para necesitar uno. Resultaba difícil sentir lástima por ellas. Yo lo intentaba, porque lo último que quieres es que tu quiromante ponga los ojos en blanco ante tu situación. Pero, en fin, vamos a ver. Una casa grande en la ciudad, maridos que no les pegaban y que ayudaban con los críos, profesionales con carrera algunas, miembros de clubes de lectura todas ellas. Y aun así se sentían tristes. Eso era lo que siempre acababan diciendo: «Pero es que me siento triste». Sentirse triste significa, por lo general, tener demasiado tiempo libre. En serio. No tengo un graduado en psicología, pero por lo general significa demasiado tiempo libre".

"—Susan, ¿se ha planteado que la casa pueda estar afectando al comportamiento de su hijo?
Susan se inclinó hacia delante, con los ojos como platos.
—¡Sí! Sí, eso es justo lo que creo. ¿Es una locura? Por eso… por eso he vuelto. Porque… había sangre en mi pared.
—¿Sangre?".

"Observé la casa y la casa me observó a su vez, a través de siniestros alargados ventanales, tan altos que un chaval podría haberse puesto de pie sobre sus alféizares. De hecho, uno lo había hecho. Pude verlo cuan largo y delgado era: pantalones grises, jersey negro, corbata granate perfectamente anudada. Una mata de pelo oscuro cubriéndole los ojos. Después, con un movimiento borroso y repentino, se bajó de un salto y desapareció tras las pesadas cortinas de brocado".

"—Para nuestro gato, Wilkie —dijo Susan—. El gato más afortunado del mundo: tiene una habitación propia solo para cagar.
—Ya le encontrarán algún otro uso.
—En realidad es un gato muy cariñoso —dijo ella—. Tiene casi veinte años.
Sonreí como si el dato me resultara interesante y agradable".

"—Hola, mamá —dijo. Su rostro se transformó de repente, atravesado por una sonrisa luminosa y bobalicona—. Te he echado de menos.
El dulce y cariñoso Jack. Estaba realizando una imitación perfecta de su hermano pequeño. Miles se dirigió hacia Susan para abrazarla y, al acercarse, adoptó la postura infantil y de hombros caídos de Jack. La rodeó con los brazos y hundió el rostro en su cuerpo. Susan me miró por encima de la cabeza de su hijastro, con las mejillas encendidas y los labios apretados como si oliera algo desagradable. Miles alzó la mirada hacia ella.
—¿Por qué no me abrazas?
Susan le dio un rápido abrazo. Miles la soltó como si se hubiera quemado.
—He oído todo lo que le has contado —dijo—. Sobre Jack. Sobre la
niñera. Sobre todo. Menuda zorra estás hecha".






Gillian Flynn