sábado, 19 de octubre de 2019

Citas: El hombre del traje negro - Stephen King


"Más tarde, puede que alguien encuentre lo que he escrito. Me parece probable, porque está en la naturaleza humana mirar en un libro marcado como Diario después de que su dueño haya muerto".

"Cuestión distinta es si alguien las creerá o no. Casi seguro que no, pero no importa. No me interesan las opiniones, sino la libertad, y he descubierto que la escritura puede proporcionármela".

"A los noventa años, un hombre debería haber dejado atrás los miedos de la infancia, pero, conforme los achaques me asolan lentamente, como olas que rompen cada vez más cerca de un castillo de arena construido al tuntún, ese horrible rostro se vuelve cada vez más claro en mi imaginación".

"Nos resguardábamos, escuchábamos el viento en la chimenea y deseábamos que nadie enfermara, se rompiera una pierna o se llenara la cabeza de malas ideas, como ese granjero en Castle Rock que había descuartizado a su mujer e hijos tres inviernos atrás y luego dijo en el juicio que los fantasmas le habían obligado a hacerlo. En aquel tiempo, antes de la Gran Guerra, casi todo Motton era bosque y pantano, lugares oscuros y extensos llenos de alces y mosquitos, serpientes y secretos. En aquel tiempo había fantasmas por  todas partes".

"Mi madre me estaba mirando.
—Lo prometo —dije.
Ella sonrió, pero con esa sonrisa preocupada que siempre parecía tener desde que mi padre trajo a Dan en brazos desde aquel prado. Mi padre había venido llorando y con el pecho descubierto. Se había quitado la camisa para cubrir la cara de Dan, que se había hinchado y cambiado de color. «¡Mi niño! —había gritado—. ¡Oh, mira mi niño! ¡Dios santo, mira mi niño!». Lo recuerdo como si fuera ayer. Fue la única vez que oí a mi padre nombrar al Señor en vano".

"Mi madre se acercó a la puerta y me miró, haciéndose sombra con la mano. Aún puedo verla así, y es como mirar una fotografía de alguien que luego  fue infeliz o murió de repente".

"Miré atrás para ver quién había dado la palmada. Arriba, donde acababan los árboles, había un hombre. Tenía la cara muy pálida y alargada.
Llevaba el pelo negro pegado al cráneo y peinado con sumo cuidado hacia la izquierda de su estrecha cabeza. Era muy alto. Llevaba un traje negro de tres piezas, y supe al instante que no era un ser humano, porque sus ojos eran entre rojos y anaranjados, como las llamas de una estufa de leña".

"—¡Vaya, si es un pescadorcito! —exclamó con voz suave y agradable—. ¡Mira por dónde! Qué encuentro tan afortunado, ¿verdad, pescadorcito?
—Hola —dije.
La voz no me temblaba, pero tampoco parecía mi voz. Sonaba mayor, como la voz de Dan, quizá. O incluso como la de mi padre. Y lo único que pensaba era que aquel hombre me dejaría ir si yo fingía no ver lo que era, si fingía no haber visto que había llamas resplandeciendo y danzando donde deberían haber estado sus ojos".

"—No es verdad —dije, y entonces sí me eché a llorar—. Mi madre es mayor, tiene treinta y cinco años. Si una picadura de abeja pudiera matarla como a Danny, hace mucho tiempo que habría muerto, y usted es un cabrón mentiroso.
Le había llamado «cabrón mentiroso» al Diablo. De alguna forma era consciente de ello, pero la parte superficial de mi mente estaba absorbida por la enormidad de lo que él había dicho. ¿Mi madre, muerta? Para el caso, podía haberme dicho que había un nuevo océano donde antes estaban las Montañas Rocosas. Pero le creí. En cierta forma le creí completamente, como siempre creemos, en cierta forma, lo peor que podamos imaginar.
—Entiendo tu dolor, pescadorcito, pero me temo que ese argumento no se sostiene. —Hablaba con un tono de fingido consuelo que era horrible, exasperante, sin remordimiento ni piedad—. Un hombre puede pasarse toda la vida sin ver un ruiseñor, pero ¿significa eso que los ruiseñores no existen? Tu madre…".

"—Tu madre hizo los ruidos más increíblemente espantosos —dijo el hombre del traje negro, pensativo—, y me temo que se arañó la cara terriblemente. Los ojos se le hincharon como los de una rana, y lloraba. —Hizo una pausa, y a continuación añadió—: Lloraba al morir, ¿no es adorable? Y aquí está lo más bonito de todo. Después de muerta…, después de haber estado quince minutos tumbada en el suelo sin otro sonido que el del fogón y con el aguijón astillado en un lado de su cuello (tan pequeño), ¿sabes qué hizo Candy Bill? Ese bribonzuelo lamió sus lágrimas. Primero en un lado… y luego en el otro".

"—Me muero de hambre —dijo de pronto—. Voy a matarte, te abriré en canal y me comeré tus tripas, pescadorcito. ¿Qué te parece?
—¡No! —intenté decirle—. ¡No, por favor!
Pero ni un sonido salió de mi boca. Comprendí que lo decía en serio. 
Realmente lo decía en serio".

"Me volví y eché a andar lo más rápido que pude, cojeando un poco. 
Sentía tirones en ambas piernas y, cuando me levanté de la cama a la mañana siguiente, estaba tan dolorido que apenas podía caminar. Pero en ese momento no lo noté. No hacía más que volver la vista atrás para comprobar una y otra vez que el camino seguía vacío a mis espaldas".





Stephen King

martes, 15 de octubre de 2019

Citas: Asesinos en serie - Robert K. Ressler


"El primer policía en entrar, un ayudante de sheriff, se quedó igualmente horrorizado. Más tarde diría que la carnicería que vio le causó pesadillas durante meses".

"Mucha gente cree que los policías son personas bastante duras y crueles a las que les gusta restregar la basura en la cara de los contribuyentes para que sepan a lo que tienen que enfrentarse cada día. Pues en este caso, no; algunos detalles no se difundieron con tal de ahorrarle al público agonía y miedo innecesarios".

"Por aquel entonces, la confección de perfiles criminales era una ciencia (o arte) relativamente joven, una forma de deducir la descripción de un delincuente desconocido basándose en la evaluación de pequeños detalles de la escena del crimen, la víctima y otros indicios".

"Nadie se vuelve tan loco como el hombre que destrozó el cuerpo de Terry Wallin de un día para otro; hacen falta entre ocho y diez años para desarrollar una psicosis tan profunda como la que se expresó en este asesinato aparentemente sin sentido".

"Así que ésas fueron mis razones para pensar que el asesino tenía que ser un tipo delgado, si no escuálido. Era pura lógica. Los esquizofrénicos introvertidos no comen bien, no piensan en la nutrición y se saltan comidas. Tampoco prestan mucha atención a su aspecto y no les importa el aseo ni la elegancia. Nadie querría vivir con una persona así, por lo que el asesino tenía que ser soltero a la fuerza".

"La niebla de la noche, la presencia de coches policiales y ambulancias y la noticia de que se habían cometido asesinatos, generaron una sensación de inquietud en muchas personas. Aunque la prensa hablaba de disparos, no había nadie que hubiera oído nada".

"En la pared había un calendario con la inscripción «Hoy» en las fechas en que se produjeron los asesinatos en casa de los Wallin y los Miroth-Meredith; la misma inscripción estaba en 44 fechas más, repartidas por todo el año 1978. ¿Habría cometido 44 asesinatos más? Afortunadamente, nunca lo sabremos".

"En su diario describía cómo mataba animales pequeños y el sabor de la sangre. Dos auxiliares dejaron el trabajo por la presencia de Chase en el hospital.
El personal empezó a referirse a él como «Drácula».
Todas estas acciones extrañas tenían una razón, por lo menos en la mente de Chase; creía que estaba siendo envenenado, que su propia sangre se estaba convirtiendo en polvo y que necesitaba sangre ajena para reponer la suya propia y evitar la muerte".

"Su aspecto me dio otro susto. Era un hombre joven, flaco, extraño, con el pelo negro y largo, pero lo que realmente me impactó fueron sus ojos. Nunca los olvidaré.
Eran como los ojos del monstruo de la película Tiburón. No había pupilas, sólo puntos negros. Eran ojos malvados que recordé durante mucho tiempo después de la entrevista. Casi tuve la impresión de que no podía verme, que más bien miraba a través de mí, sin más".

"Quizá la información más relevante que saqué de la entrevista fue la respuesta que me dio cuando le pregunté cómo había elegido a sus víctimas. 
Muchos de los anteriores entrevistadores habían sido incapaces de obtener ese dato, pero yo me había ganado la confianza de Chase y él se sintió cómodo contándomelo. 
Había estado escuchando voces que le decían que matara y simplemente fue de casa en casa, probando si la puerta estaba cerrada o no. Si la puerta estaba cerrada, no entraba. Pero si estaba abierta, entraba. Le pregunté por qué no rompió simplemente una puerta si quería entrar en una casa en particular. «Oh», dijo, «si una puerta está cerrada, significa que no eres bienvenido». ¡Qué delgada era la línea entre los que evitaron ser víctimas de un crimen horrendo y los que sufrieron una muerte atroz a manos de Chase!".

"Fue la última vez que Chase me escribió. Justo después de la Navidad de 1980, lo encontraron muerto en su celda en Vacaville. Había estado ahorrando muchas pastillas antidepresivas de las que recibía para controlar sus alucinaciones y convertirlo en un preso manejable, y se las había tomado todas de una vez. Algunos dijeron que era un suicidio; otros siguieron creyendo que había sido un accidente, que Richard Trenton Chase había ingerido todas las pastillas en un intento de acallar las voces que le habían impulsado a matar y que le atormentaron hasta el día de su muerte".

"Andaba un monstruo suelto en Chicago y el asunto me tenía intrigado. 
Corría el año 1946 y yo tenía nueve años".

"En la pared, el asesino había escrito con el pintalabios de la víctima el texto: «Por el amor de Dios cogedme Antes de que vuelva a matar No puedo controlarme»".

"Las personas que cometen crímenes contra otras personas, crímenes que no tienen nada que ver con el dinero, son diferentes de los delincuentes normales cuya motivación es el lucro. Los asesinos, violadores y pederastas no buscan beneficiarse económicamente de sus crímenes; lo que buscan, de una manera perversa pero a veces comprensible, es la satisfacción emocional. Esto les hace diferentes y, para mí, interesantes".

"La mayoría de las personas creen que el asesino en serie es como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde: un día es normal y al día siguiente algún impulso fisiológico se apodera de él, su pelo empieza a crecer, sus dientes se alargan y, cuando hay luna llena, tiene que cazar otra víctima. Los asesinos en serie no son así. Están obsesionados con una fantasía y tienen lo que llamaríamos «experiencias por satisfacer», que pasan a formar parte de la fantasía y les empujan a cometer el próximo asesinato. Éste es el verdadero significado del término «asesino en serie»".

"Fue por aquel entonces cuando encontré una cita de Nietzsche que me causó una honda impresión. Parecía hablar tanto de la fascinación que sentía por esta investigación como de los peligros que entrañaba. Posteriormente, la puse en una diapositiva que siempre proyectaba en mis clases y ponencias. La cita reza así:
«El que lucha con monstruos debería evitar convertirse en uno de ellos en el proceso. Y cuando miras al abismo, él también mira dentro de ti»".

"Al término de la entrevista, de pie en la puerta, Sirhan sacó el pecho, flexionó los músculos y se me presentó de perfil en toda su magnificencia. Había estado practicando bastante con pesas y se le notaba algo. Dijo: «Bueno, Sr. Ressler, ¿qué opina de Sirhan ahora?».
No contesté a la pregunta y entonces se lo llevaron. Era obvio que, en su opinión, si conoces a Sirhan, amas a Sirhan: los aspectos esquizoides de su comportamiento habían remitido en la cárcel, pero la paranoia no. No aceptó que le entrevistáramos más para el programa".

"Estaba terminando mi tercera entrevista con Edmund Kemper, un hombre enorme que medía 2 metros y cinco centímetros, pesaba casi 136 kilos, era extremadamente inteligente, había matado a sus abuelos durante su infancia, había pasado cuatro años en reformatorios y, al salir, había matado a ocho personas más, entre ellas, su madre".

"Sin embargo, Kemper y yo ya habíamos llegado al término de nuestra entrevista y, después de unos minutos más, pulsé el botón por segunda vez, todavía sin respuesta. Quince minutos después de la primera vez, pulsé el botón por tercera vez y nadie vino.
Debió de pasar una expresión de miedo por mi cara, a pesar de mis intentos por mantener la calma y la frialdad, y Kemper, muy sensible a la psique de los demás (como la mayoría de asesinos), la detectó.
«Tranquilo. Están cambiando de turno y dando la comida a los que están en las zonas de seguridad». Sonrió y se puso de pie, acentuando su tamaño enorme. «Puede que tarden quince o veinte minutos en venir por ti»".

"Le dije: «Ed, no me digas que crees que vendría aquí sin tener algún modo de defenderme».
«No me jodas, Ressler. Aquí no te dejarían entrar con armas».
«Entonces, ¿qué tienes?».
«No voy a revelar lo que pueda tener o dónde lo pueda llevar».
«Venga, venga. ¿Qué es? ¿Una pluma con veneno?».
«Quizá, pero también hay más tipos de armas».
Entonces Kemper se puso a pensar. «Artes marciales, pues. ¿Karate? ¿Tienes cinturón negro? ¿Crees que podrías conmigo?»".

"El procedimiento normal es que el entrevistador se quede en la habitación mientras el guardia lleva al preso de vuelta a su celda. Cuando Kemper se dispuso a salir con el guardia, me puso la mano en el hombro.
«Sabes que sólo estaba bromeando, ¿verdad?».
«Por supuesto», dije, soltando un gran suspiro".

"Casi todo el mundo quiere hablar con Charles Manson, principalmente para poder decir que lo han hecho, más que porque les interese lo que Manson pueda decir".

"Un día, Manson empezó a contar:
«Pues Bobby me llevó a conocer a unos traficantes de droga». Antes de que pudiera continuar, le interrumpí.
—«¿Bobby Beausoleil?».
«Sí», contestó y siguió, con la certeza de que su interrogador había hecho sus deberes y estaba al tanto de todos los datos conocidos sobre su vida, y que comprendería, por tanto, las referencias".

"Manson quería informarme —una vez que hubimos dejado atrás la fase de la conversación que yo más tarde denominaría «el cortejo»— de que realmente no sabía por qué estaba en la cárcel, ya que no estaba presente cuando los asesinatos fueron cometidos. Lo que intentaba decirme era que no se consideraba realmente culpable.
Dijo que, cuando miras un negativo fotográfico, ves una versión del mundo que está al revés y que él era esa clase de negativo de la sociedad, un reflejo que mostraba todos sus aspectos negativos".

"Una vez, durante nuestra entrevista, Manson se volvió un poco salvaje y empezó a saltar encima de la mesa para demostrarnos cómo los guardias controlan a los prisioneros en las instituciones. Yo le habría dejado despotricar un poco más pero John Conway le dijo secamente: «Charlie, bájate de la mesa, siéntate y compórtate».
En aquella ocasión, la negativa de Conway a consentir el teatro de Manson resultó ser la respuesta adecuada ya que Manson se sentó y habló más claramente sobre sus técnicas de control mental".

"A Manson le encantaban unas antiguas gafas de sol de piloto que yo había traído y decidí regalárselas. Las cogió y se las puso en  el bolsillo de la camisa pero advirtió que los guardias probablemente le acusarían de haberlas robado.
Fue, efectivamente, lo que pasó. Los guardias trajeron a Manson de vuelta a la habitación mientras él se resistía y protestaba sobre lo horrible que era que alguien le creyera capaz de ratear. Puse cara seria y afirmé que le había dado las gafas de sol.
Los guardias me miraron como si fuera un gilipollas".

"Un guardia me contó que Speck una vez capturó un gorrión y lo domesticó, llevándolo en el hombro con un hilo atado a una de sus patas. Como no se permiten los animales domésticos en la prisión, uno de los guardias le dijo a Speck que se deshiciera del pájaro, pero Speck no obedeció. Después de varias discusiones, el guardia le dijo a Speck que, si no se deshacía del pájaro, lo meterían en la celda de aislamiento. Al oír eso, Speck se acercó a un ventilador y echó dentro al pájaro, que quedó destrozado. 
El guardia, sorprendido, preguntó: «¿Por qué has hecho esto? Creía que te gustaba el gorrión». Al parecer, Speck contestó: «Sí, me gustaba, pero, si no es mío, no es de nadie»".

"Speck no quería hablar con nosotros. Cuando los guardias lo trajeron, adoptó una postura afectada y de mal humor. Sin embargo, uno de los guardias comenzó a hablarle, diciéndo que cuando Speck cometió los asesinatos en Chicago, él era soltero, y que le molestó que les quitara ocho mujeres jóvenes a los solteros que estaban al acecho en la ciudad. Speck soltó una risotada y empezó a soltarse un poco".

"Un ejemplo totalmente opuesto al de Speck es el de Ted Bundy, que se convirtió en el asesino más famoso de todos los tiempos, quizá porque era tan fotogénico y bien hablado que muchas personas concluyeron que era imposible que hubiera cometido los crímenes por los que fue condenado. Bundy era un hombre joven, apuesto e inteligente, que parecía tener un gran atractivo sexual para algunas personas. Los medios de comunicación lo describían como una persona culta, respetada, aseada, un antiguo estudiante de derecho, un tío guay, casi un asesino benévolo, un buen amante que mataba a sus víctimas con rapidez.
Nada más lejos de la realidad. Ted Bundy no era el Rodolfo Valentino de los asesinos en serie, sino un hombre brutal, sádico y pervertido".

"El tipo era un animal y me sorprendió que los medios de comunicación fueran incapaces de comprenderlo".

"Bundy me ofreció la mano antes de que yo pudiera ofrecerle la mía. 
Empecé a presentarme y me dijo: «Ah, Señor Ressler, sé quién es usted; he estado leyendo cosas suyas durante años»".

"En su celda tenía muchos de los informes publicados por la Unidad y se preguntaba por qué yo no había ido a verlo antes. Le dije que sí había ido pero que no pude esperar a que se resolviera el asunto de la apelación. Bundy dijo que lamentaba no haber podido atenderme antes y que ahora estaba dispuesto a hablar porque «me gusta hablar con alguien con quien puedo conectar, alguien que comprende de lo que hablo». Era un intento obvio de controlarme y me alegré de entenderlo así cuando me senté a charlar con él".

"Antes de entrar en detalles sobre quiénes son esos asesinos y cómo se han formado, permítanme dejar bien claro que nadie pasa de repente, a los 35 años, de ser una persona perfectamente normal a tener un comportamiento profundamente malvado, disruptivo y homicida. Los comportamientos precursores del asesinato siempre han estado presentes y llevan mucho mucho tiempo desarrollándose —desde la infancia—".

"Una de las tareas de los padres es enseñarle a su hijo la diferencia entre lo bueno y lo malo. Nuestros asesinos, sin embargo, llegaron a la edad adulta sin que nadie les hubiera enseñado que no se le debe meter algo en el ojo a un cachorro porque causa daño, o que destruir la propiedad ajena no está permitido".

"Cuando lo entrevisté en la cárcel, muchos años después, Monte me dijo que, si le hubieran dejado ir con su padre en vez de con su madre, estaría en la facultad de derecho y no en una cárcel, condenado a cadena perpetua. Su conclusión es cuestionable, pero el sentimiento es real. En cualquier caso, ¡menuda infancia tuvo!".

"Pronto se casó con una mujer divorciada con varios hijos que describiría sus relaciones como más o menos normales al principio, aunque hubo unos incidentes extraños. Por ejemplo, cuando ella dijo que el comportamiento de su exmarido la deprimía y que quería suicidarse, su nuevo marido se ofreció a matarla y empezó a ahogarla con una almohada".

"Un asesino me dijo: «Nadie se molestó en averiguar cuál era mi problema y nadie sabía nada sobre el mundo de mis fantasías»".

"Lo que empieza como una fantasía termina como parte del ritual homicida".

"En su anuario escribió: «La vida es una autopista con muchas salidas (no te pierdas)»".






Robert K. Ressler

viernes, 11 de octubre de 2019

Citas: Pedro Páramo - Juan Rulfo


"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal  Pedro Páramo.
Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo".

"«No dejes de ir a visitarlo —me recomendó—. Se llama de otro modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte». 
Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas".

"—¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo?
—Comala, señor.
—¿Está seguro de que ya es Comala?
—Seguro, señor.
—¿Y por qué se ve esto tan triste?
—Son los tiempos, señor".

"—¿Conoce usted a Pedro Páramo? —le pregunté.
Me atreví a hacerlo porque vi en sus ojos una gota de confianza.
—¿Quién es? —volví a preguntar.
—Un rencor vivo —me contestó él".

"Sentí el retrato de mi madre guardado en la bolsa de la camisa, calentándome el corazón, como si ella también sudara".

"—Mire usted —me dice el arriero, deteniéndose—: ¿Ve aquella loma que parece vejiga de puercos? Pues detrasito de ella está la Media Luna. Ahora voltié para allá.
¿Ve la ceja de aquel cerro? Véala. Y ahora voltié para este otro rumbo. ¿Ve la otra ceja que casi no se ve de lo lejos que está? Bueno, pues eso es la Media Luna de punta a cabo. Como quien dice, toda la tierra que se puede abarcar con la mirada. Y es de él todo ese terrenal. El caso es que nuestras madres nos malparieron en un petate aunque éramos hijos de Pedro Páramo. Y lo más chistoso es que él nos llevó a bautizar. Con usted debe haber pasado lo mismo, ¿no?
—No me acuerdo.
—¡Váyase mucho al carajo!
—¿Qué dice usted?
—Que ya estamos llegando, señor".

"Y aunque no había niños jugando, ni palomas, ni tejados azules, sentí que el pueblo vivía. Y que si yo escuchaba solamente el silencio, era porque aún no estaba acostumbrado al silencio; tal vez porque mi cabeza venía llena de ruidos y de voces".

"Hubiera querido decirle: «Te equivocaste de domicilio. Me diste una dirección mal dada. Me mandaste al “¿dónde es esto y dónde es aquello?”. A un pueblo solitario. Buscando a alguien que no existe»".

"Sentí que la mujer se levantaba y pensé que iría por una nueva luz. Oí sus pasos cada vez más lejanos. Me quedé esperando.
Pasado un rato y al ver que no volvía, me levanté yo también. Fui caminando a pasos cortos, tentaleando en la oscuridad, hasta que llegué a mi cuarto. Allí me senté en el suelo a esperar el sueño.
Dormí a pausas.
En una de esas pausas fue cuando oí el grito. Era un grito arrastrado como el alarido de algún borracho: «¡Ay vida, no me mereces!».
Me enderecé de prisa porque casi lo oí junto a mis orejas; pudo haber sido en la calle; pero yo lo oí aquí, untado a las paredes de mi cuarto. Al despertar, todo estaba en silencio; sólo el caer de la polilla y el rumor del silencio".

"—Iré con usted. Aquí no me han dejado en paz los gritos. ¿No oyó lo que estaba pasando? Como que estaban asesinando a alguien. ¿No acaba usted de oír?
—Tal vez sea algún eco que está aquí encerrado. En este cuarto ahorcaron a Toribio Aldrete hace mucho tiempo. Luego condenaron la puerta, hasta que él se secara; para que su cuerpo no encontrara reposo. No sé cómo has podido entrar, cuando no existe llave para abrir esta puerta".

"—Perdóneme que me ponga colorada, don Fulgor. No creí que don Pedro se fijara en mí.
—No duerme, pensando en usted.
—Pero si él tiene de dónde escoger. Abundan tantas muchachas bonitas en Comala. ¿Qué dirán ellas cuando lo sepan?
—Él sólo piensa en usted, Dolores. De ahí en más, en nadie".

"—¿También a usted le avisó mi madre que yo vendría? —le pregunté.
—No. Y a propósito, ¿qué es de tu madre?
—Murió —dije.
—¿Ya murió? ¿Y de qué?
—No supe de qué. Tal vez de tristeza. Suspiraba mucho.
—Eso es malo. Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace. ¿De modo que murió?
—Sí. Quizá usted debió saberlo.
—¿Y por qué iba a saberlo? Hace muchos años que no sé nada.
—Entonces ¿cómo es que dio usted conmigo?
—…
—¿Está usted viva, Damiana? ¡Dígame, Damiana!
Y me encontré de pronto solo en aquellas calles vacías. Las ventanas de las casas abiertas al cielo, dejando asomar las varas correosas de la yerba. Bardas descarapeladas que enseñaban sus adobes revenidos".

"—No puedo.
—Que sí puedes.
—No puedo. Me da pena, ¿sabes? Por algo es mi padre.
—Entonces ni hablar. Iré a ver a la Juliana, que se desvive por mí.
—Está bien. Yo no te digo nada.
—¿No me quieres ver mañana?
—No. No quiero verte más".

"Entonces alguien me tocó los hombros.
—¿Qué hace usted aquí?
—Vine a buscar… —y ya iba a decir a quién, cuando me detuve—: vine a buscar a mi padre.
—¿Y por qué no entra?
Entré. Era una casa con la mitad del techo caída. Las tejas en el suelo. El techo en el suelo. Y en la otra mitad un hombre y una mujer.
—¿No están ustedes muertos? —les pregunté.
Y la mujer sonrió. El hombre me miró seriamente.
—Está borracho —dijo el hombre.
—Solamente está asustado —dijo la mujer".

"—Oímos que alguien se quejaba y daba de cabezazos contra nuestra puerta. Y allí estaba usted. ¿Qué es lo que le ha pasado?
—Me han pasado tantas cosas, que mejor quisiera dormir.
—Nosotros ya estábamos dormidos.
—Durmamos, pues".

"La madrugada fue apagando mis recuerdos.
Oía de vez en cuando el sonido de las palabras, y notaba la diferencia. Porque las palabras que había oído hasta entonces, hasta entonces lo supe, no tenían ningún sonido, no sonaban; se sentían; pero sin sonido, como las que se oyen durante los sueños".

"—Siento como si alguien caminara sobre nosotros.
—Ya déjate de miedos. Nadie te puede dar ya miedo. Haz por pensar en cosas agradables porque vamos a estar mucho tiempo enterrados".

"—¿Adónde tan temprano, padre?
—¿Dónde está el moribundo, padre?
—¿Ha muerto alguien en Contla, padre?
Hubiera querido responderles: «Yo. Yo soy el muerto». Pero se conformó con sonreír.
Al salir del pueblo precipitó sus pasos".

"—Este mundo, que lo aprieta a uno por todos lados, que va vaciando puños de nuestro polvo aquí y allá, deshaciéndonos en pedazos como si rociara la tierra con nuestra sangre. ¿Qué hemos hecho? ¿Por qué se nos ha podrido el alma? 
Tu madre decía que cuando menos nos queda la caridad de Dios. Y tú la niegas, Susana. ¿Por qué me niegas a mí como tu padre? ¿Estás loca?
—¿No lo sabías?
—¿Estás loca?
—Claro que sí, Bartolomé. ¿No lo sabías?".





Juan Rulfo

lunes, 7 de octubre de 2019

Citas: Little Nightmares - John Shackleford



"—¿Qué es lo último que recuerdas? Dímelo. Si nos lo dices, seguro que lo olvidarás por completo. Estás pequeñas cosas parecidas... Nunca duran para siempre".

"—La luz no ayuda en absoluto. Porque en la luz... ves cosas. Esas cosas de las que intentas escapar. Así que saltas de vuelta a la oscuridad. Esperando... que la esperanza se desvanezca. Al igual que los recuerdos. Deslizando entre tus dedos hasta quedarte sin nada. Nada más que historias. Porque las historias no te pueden lastimar".

"—Es mejor dejar los recuerdos solos encerrados. Fuera de nuestro alcance. Dónde pertenecen".

"El valor es siempre tan excitante, cuando no crees que será necesario...".



John Shackleford
 
 

jueves, 3 de octubre de 2019

Citas: João e Maria - Neil Gaiman


"— Somos quatro — disse a mãe. — Quatro bocas para alimentar. Se continuarmos assim, vamos todos morrer. Sem as bocas a mais, eu e você teremos uma chance.
— Não podemos fazer isso — respondeu o lenhador, aos sussurros. — É monstruoso matar as crianças, jamais concordarei com isso.
— Não vamos matá-los, vamos perdê-los — retrucou a esposa do lenhador. — Ninguém falou em matar. Vamos levá-los até as profundezas da floresta e perdêlos por lá. Eles vão ficar bem. Talvez uma pessoa boa os acolha e os alimente. E sempre existe a possibilidade de ter mais filhos — acrescentou, pragmática".

Somos cuatro  dice la madre. Cuatro bocas para alimentar. Si seguimos así, todos moriremos. Sin bocas para alimentar, tú y yo, tendremos una oportunidad.
No podemos hacer eso.respondió el leñador en susurro Es monstruoso matar a los niños, nunca aceptaré eso.
No mataremos, lo perderemos. —dijo la esposa No hablé de matar. Vamos, los llevaremos en el profundo del bosque y lo dejamos. Estarán bien. Tal vez una buena persona te le darán de comer. Y existe la posibilidad de que tengamos más hijos, inscritos, pragmáticos.


"—E, se não conseguir cortar uma árvore ou levar lenha para a cidade, todos morreremos de fome. É melhor morrerem dois do que quatro. É só uma questão de matemática, uma questão de lógica".

Y no será posible cortar un árbol o traer una madera a una ciudad, todos moriremos de cansancio. Es mejor morir dos que cuatro. Es solo una cuestión de matemáticas, una quemadura lógica.

"
Então disse que logo voltaria para buscá-los.
Os dois esperaram.
— Ele nunca mais vai voltar — comentou João.
— Ele é nosso pai — retrucou Maria. — Não diga essas coisas a respeito dele.
(...)
— Ele não vai voltar para nos buscar — disse João.
— Temos que esperar — respondeu Maria. — Talvez ele esteja atrasado".

Luego dice que volverá a buscarlos.
Los dos esperaron.
Nunca volverá a girar dice João.
Él es nuestro padre. dijo Mary No me digas estas cosas.

(...)

No se volverá a buscarnos  dijo João.
Tenemos que esperar— responde María Quizás llegue tarde.





Neil Gaiman

domingo, 29 de septiembre de 2019

Citas: En tierras bajas - Herta Müller


"En la estación, los parientes avanzaban junto al tren humeante. A cada paso agitaban el brazo levantado y hacían señas.
Un joven estaba de pie tras la ventanilla del tren. El cristal le llegaba hasta debajo de los brazos. Sostenía un ramillete ajado de flores blancas a la altura del pecho. Tenía la cara rígida.
Una mujer joven salía de la estación con un niño de aspecto inexpresivo. La mujer tenía una joroba.
El tren iba a la guerra".

"Apagué el televisor.
Papá yacía en su ataúd en medio de la habitación".

"En todas las fotos quedaba congelado en medio de un gesto. En todas las fotos parecía no saber nada más. Pero papá siempre sabía más. Por eso todas las fotos eran falsas. Y todas esas fotos falsas, con todas esas caras falsas, habían enfriado la habitación".

"En Rusia me cortaron el pelo al rape. Era el castigo más leve, dijo. 
Apenas podía caminar de hambre. De noche me metía a rastras en un campo de nabos. El guardián 
tenía un fusil. Si me hubiera visto, me habría matado. Era un campo silencioso. El otoño tocaba a su  fin, y las hojas de los nabos estaban negras y pegadas por la helada.
No volví a ver a mi madre".

"La abuela abre la puerta del cuarto de baño. Luego mira en dirección a la bañera. No ve al abuelo. El agua negra se derrama por el borde negro de la bañera. El abuelo ha de estar en la bañera, piensa la abuela, que cierra tras de sí la puerta del cuarto de baño.
El abuelo deja correr el agua sucia de la bañera".

"Un acceso de tos sacude la cabeza de mamá y le arranca saliva de la boca. El cuello se le arruga por el esfuerzo. Es corto y grueso. Alguna vez debió haber sido bello, antes de que yo existiera.
Desde que yo existo, los senos de mamá son fláccidos, desde que yo existo, mamá está enferma de las piernas, desde que yo existo, mamá tiene el vientre caído, desde que yo existo, mamá tiene hemorroides y las pasa negras y gime en el retrete.
Desde que yo existo, mamá habla de mi gratitud como hija y rompe a llorar y con las uñas de una mano se rasca las uñas de la otra. Tiene los dedos duros y agrietados".

"Cuando una abeja se te mete en la boca, te mueres. Te pica en el paladar, y el paladar se te hincha tanto que acaba asfixiándote, decía el abuelo".

"Temí que la muerte pudiera entrar en mí por esas rodillas abiertas, y al punto puse las palmas de mis manos sobre las heridas.
Y como aún estaba viva, llegó el odio".

"La noche no es un monstruo, en ella sólo hay viento y sueño".





Herta Müller

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Citas: 42 Poemas - Fernando Pessoa


Fernando Pessoa Ortónimo:

"A veces, y el sueño es triste,
en mis deseos existe
lejanamente un país
donde ser feliz consiste
solamente en ser feliz".

"Se vive como se nace,
sin querer y sin saber.
En esa ilusión de ser,
el tiempo muere y renace
sin que se sienta correr".

"Soy cielo y soy viento…
Soy barco y soy mar…
Que no soy yo siento…
Lo quiero ignorar".

"Hoy, en este ocio incierto
sin placer ni razón,
como un túmulo abierto
cierro mi corazón".

"De aquí a poco acaba el día.
Yo no hice nada.
¿Y qué cosa es la que haría?
Fuese cual fuese, equivocada".

"Pero las hojas no sienten
esta pena honda y rotunda
que mis sentidos consienten.
Nada son y nada sienten
de mi pena más profunda".

"Y así en la vida se mete,
distrayendo a la razón,
y gira, el tren de juguete
que se llama el corazón".

(Autopsicografía)

"Llueve. Nada en mí siente…".

"Lo que mi alma ignora
es lo que quiero poseer".

"Siento a mi alma pobre y fría…
¿Con qué limosna la calentaré?".

Alberto Caeiro:

"Pensar es incómodo como andar bajo la lluvia
cuando el viento arrecia y parece que llueve más".

"Soy un guardador de rebaños.
El rebaño es mis pensamientos
y todos mis pensamientos son sensaciones".

"Mejor eso que ser el que va por la vida
mirando para atrás y sintiendo dolor…".

"Mi misticismo os no querer saber.
Es vivir y no pensarlo".

"No basta abrir la ventana
para ver los campos y el río.
No es suficiente no ser ciego
para ver los árboles y las flores.
También es necesario no tener ninguna filosofía.
Con filosofía no hay árboles: no hay más que ideas".

Ricardo Reis:

"El tiempo pasa,
nada nos dice.
Envejecemos.
Sepamos, con
malicia casi,
sentimos ir".

"Frente al sol, siempre,
cual girasoles,
no de la vida
sintamos, yéndonos,
remordimientos
de haber vivido".

"Cojamos flores, cógelas tú y déjalas
en tu regazo, y que su perfume suavice el momento—
este momento en que sosegadamente no creemos en nada,
pagamos inocentes de la decadencia".

"Por lo menos, si yo fuera sombra antes, te acordarás de mí
sin que mi recuerdo te queme o te hiera o te mueva,
porque nunca enlazamos las manos, ni nos besamos
ni fuimos más que niños".

"Mientras la vida no me canse, dejo
pasar por mí la vida,
si sigo siendo el mismo".

"Y el resto, lo demás que los humanos
añaden a la vida,
¿algo añade a mi alma?".

"Ve al vivir de lejos.
Nunca le interrogues.
Decirte no puede
nada. La respuesta
excede a los dioses".

"La vida más vil, Lidia, y no la muerte,
que desconozco, quiero; cojo flores
que te entrego, votivas
de un humilde destino".

"No sólo quien nos odia o nos envidia
nos limita y oprime; quien nos ama
no menos nos limita".

"Quien quiere poco, tiene todo; quien
nada, es libre; quien no tiene o desea,
hombre, es como los dioses".

"Para ser grande, sé entero: nada
tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas.
Así la luna entera en cada lago
brilla, porque alta vive".

Álvaro De Campos:

"No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada".

(Tabaquería)

"El mundo es para quien nace para conquistarlo
y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón".

(Tabaquería)

"Pero por lo menos queda de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico partido hacia lo Imposible".

(Tabaquería)

"Él dejará la muestra y yo dejaré versos.
En determinado momento morirá también la muestra, y los versos 

también".

(Tabaquería)





Fernando Pessoa