El Verano del transistor
"—¡Qué asco! Estos ciervos apestan a ciervo refunfuñó, con el sombrero encasquetado hasta los ojos.
—Son ciervos, es normal que apesten a ciervo".
"Nos dimos la mano y seguimos contemplando el Gran
Buda
.—Apesta a ciervo —admití.
—Y que lo digas —respondió él".
Nécora
"—Te lo tomas todo tan en serio que el amor también te agota físicamente —reflexionó Yuki, pensativa—. Estuviste nueve años acumulando cansancio. Ahora estás con un hombre que tiene mujer e hijos y apenas tenéis tiempo para quedar, por eso no te cansas.
Asentí al oír sus palabras, en parte de consuelo y en parte de ánimo.
—¿Por qué habrá que gastar tanta energía para que el amor funcione? —suspiré".
"—¿Tú no vas a casarte? —le pregunto.
Ella se queda pensativa durante un rato. Hace tintinear el hielo moviendo el vaso.
—Casarme me parece triste —dice por fin en voz baja—. Ah, por cierto, se me ha ocurrido un nombre de criatura marina que empieza por n —añade después de vaciar de un trago el whisky que le quedaba en el vaso.
—¿Cuál? —pregunto impaciente.
—Nécora —anuncia Yuki orgullosa de sí misma.
—¡Es verdad, nécora! No había caído —lamento, inclinando la cabeza hacia atrás. Yuki se echa a reír. Su carcajada suena un poco maliciosa.
«Nécora. Con la a, “abadejo”. Con la o, “orcas”. Con la s, “señor Kuroda”. Un momento, esto no es ninguna criatura marina»".
Cristales de menta
"La puerta automática se abre con un susurro y salgo a la calle, bajo el cielo encapotado. El ambiente huele a otoño. ¿A qué huele el otoño? Es un olor seco, ligeramente aromático y un poco melancólico.
—Es otoño —digo en voz baja".
"Cuando llego a casa, ya es casi de noche. «Me gustaría tener novio —pienso—. ¿Qué estará haciendo Harada? A lo mejor también está pensando en mí. Pero lo más probable es que no vuelva a saber nada de él»".
Un paseo por el parque
"Siempre quedábamos de noche hasta que una vez me propuso una cita diurna.
—A plena luz del día podremos pasear cogidos de la mano —me dijo por teléfono.
Creo que estaba un poco borracho. Si bebía más de la cuenta estando conmigo siempre guardaba las distancias, pero cuando se emborrachaba solo en cualquier otro lugar parecía que no hubiera barreras entre nosotros".
"Al cabo de un rato empezó a hacer frío de verdad y reanudamos la marcha. Kiku seguía sin tocarme, así que tomé la iniciativa. Le cogí la mano derecha con mi izquierda. Al principio su mano estaba fláccida, pero al cabo de un rato me la estrechó un poco. Pensé que poco a poco iría envolviéndome la mano con más firmeza, pero no fue así. Aunque tampoco se puede decir que no hiciera ningún tipo de fuerza. Más bien se limitaba a acompañarme la mano".
"Kiku y yo seguimos quedando, pero sólo un par de veces al año. No hemos vuelto a cogernos de la mano desde entonces. Aquel día, él tenía granitos de arroz pegados a la mano derecha. Estuve a punto de decírselo, pero me callé por vergüenza. Creo que todavía me gusta un poco".
La cafetera
"Jueves.
No sé por qué estoy tan enamorada. Osami suele decir que el amor es un misterio".
"Osami siempre me da consejos sobre el amor. Aquella vez en la que me equivoqué y me encontré atrapada entre dos hombres, u otra vez en la que no podía olvidar a un amor no correspondido, Osami me dio consejos muy
simples. Cuando estaba atrapada entre dos hombres, me dijo: «Sea quien sea el que elijas, te arrepentirás. Más vale que no te quedes con ninguno». Y en el caso del amor no correspondido, opinó: «Pierdes el tiempo». Si cualquier otra persona me hablara así probablemente me lo tomaría a mal, pero viniendo de Osami lo acepto".
"—Lo de volverte loca te durará como mucho una hora, así que tranquila —me responde él, tajante como siempre".
Amores imperfectos
"—La Navidad no me dice nada. El Año Nuevo, en cambio, sí que me gusta. Acaba de empezar un nuevo año".
"Pasadas las diez, ya nos habíamos cansado del Año Nuevo. Ban-chan veía la televisión mientras comía helado de mochi que había sacado de la nevera, Tsunemi estaba medio adormilada junto al brasero y yo estaba pegada a la espalda de Ban-chan, intentando seducirle.
—¿Intentas seducirme? —me preguntó riendo.
—Antes te he oído utilizar una palabra culta y no he podido resistirme — respondí.
Él se volvió súbitamente hacia mí y me dio un beso denso y muy pegajoso.
—Ya me has seducido —dijo Ban-chan. A continuación se comió el resto del helado de mochi y al mismo tiempo me metió en la boca el dedo índice.
—¡Oye! —protesté.
—Qué voz más erótica, Akina —nos interrumpió Tsunemi".
Mundo lunar
"No la odiaba, ni la aborrecía, ni quería que desapareciera. Ojalá sólo hubiera sido eso. A una niña pequeña no puedes ponerle la mano encima, ni siquiera puedes odiarla en secreto. Si lo haces, te sientes inhumana".
"Kido insistió durante tres meses y, al final, se rindió. Los últimos días me traía regalos. Yo no le abría cuando llamaba al timbre, así que no podía dármelos en persona. Esperaba un rato delante de la puerta, colgaba el regalo en el picaporte y se iba.
Los regalos solían ser cosas de comer. «Hay que regalar cosas que desaparezcan —solía decir—. No objetos que permanezcan, como platos, muñecas o accesorios, sino cosas que no ocupen lugar»".
"—Me encanta abrazar y que me abracen —susurró, y yo me eché a reír—. Tengo un hambre de lobos —dijo a continuación.
—¿Quieres que prepare algo? —me ofrecí, pero ella sacudió la cabeza.
—No hace falta; debes de estar cansada.
—No, todavía no —repliqué, pero ella volvió a negar con la cabeza y dijo:
—El cansancio se contagia, es cuestión de tiempo.
—¿Cuestión de tiempo?
—Todo es cuestión de tiempo. Las cosas malas, como los resfriados, los desengaños amorosos o los celos siempre acaban atacándote. Sólo es cuestión de tiempo —aclaró ella, con una expresión tan seria que me hizo reír de nuevo".
"—Kido —dije en voz alta, y no sentí casi nada—. Kido —repetí, y me sentí muy sola.Mientras abría las cajas que aún estaban cerradas, cogí la última galleta y la deshice lentamente con la lengua. El sabor ligeramente dulce se me expandió por la boca y tardó mucho en desaparecer".
Vuela a Hawái con Torys
"—El cielo está despejado, la brisa es suave, las barcas del puerto suenan a música —cantaba mi padre en voz baja.
Al oírlo, me volví hacia él. Ya llevábamos tres días en Hawái. Mi padre seguía taciturno como de costumbre, era imposible saber si se divertía o todo lo contrario.
«Si canta, a lo mejor significa que lo está pasando bien», pensé atenta a su tono de voz, que no transmitía ningún tipo de emoción".
Una cabra en el prado
"Nakabayashi me ha dejado.
Las expresiones hemos roto, nos hemos distanciado o no ha funcionado suenan demasiado suaves. La cruda realidad es que me ha dejado".
"—No quiero volver a verte —me anunció un día.
Yo me quedé perpleja.
—¿Por qué? —pregunté a continuación—. ¿Por qué?
—Porque ya no me gustas —contestó sin rodeos.
—¿Qué es lo que ya no te gusta de mí? —insistí.
—El amor se enfría, Anko —respondió Nakabayashi, sin dudar ni un segundo".
"Pronuncio su nombre en voz alta y no siento nada. «Ya no estoy enamorada de él», pienso, y siento una extraña sensación en el estómago. No es soledad ni tristeza, sino algo distinto. Ya lo sé. Lo que siento es lástima por Nakabayashi. Con lo mucho que le quería, y ahora ya no me queda ni un ápice de amor por él. Tampoco siento odio. Su recuerdo no me provoca ningún tipo de emoción".
"Lleno la cuchara de sopa y me la llevo a la boca. La sopa está caliente, y lloro un poco. Sigo llorando sin tratar de contenerme. Son las primeras lágrimas que derramo desde que él me dejó. Por fin he sido capaz de llorar".
La cajita de música
"Mientras observaba a los jóvenes, me vino a la memoria la expresión de ternura del escritor mientras me hablaba de su gato. Había sentido envidia. No sé si era envidia del gato, por tener a alguien que lo quería tanto, o del escritor, por tener algo en lo que depositar su afecto.
«Yo también quiero amar a alguien», pensé de repente.
Llevo mucho tiempo sin enamorarme. Hará unos tres años".
"Me sentí rara y bebí el resto de cerveza de un trago. Se oían las aves acuáticas batiendo las alas. «No puedo llorar ahora», pensé, mordiéndome los labios con fuerza. Pero las lágrimas empezaron a resbalarme por las mejillas.
—Es por culpa de esa cajita de música tan extravagante. Y, sobre todo, por culpa de esta ciudad donde no hay nada —dije en voz alta expresamente, pero la oscuridad se tragó mis palabras".
Peregrinos
"—Pronto se me acabará el dinero. Tengo para un par de noches más, luego cogeré el tren de vuelta —dijo.
Mientras hablaba, sonó el gong que anunciaba la salida del barco.
—Ya —respondí. Nos habíamos juntado sin saber muy bien por qué y, durante la semana que llevábamos viajando juntos, no nos habíamos dado la mano ni una sola vez. No debería ser tan difícil separarnos de nuevo, pero aun así me sentí traicionada —. Ya veo —añadí con frialdad.
Él inclinó la cabeza y me miró. Yo desvié la mirada".
"—Adiós —se despidió Hideji agitando la mano, pero yo salí corriendo tras él sin pensarlo.
—No te vayas —le pedí, tirándole de la mano.
—¿Qué dices, señora? —dijo él, echándose a reír.
Aunque yo lloraba, al principio él pensaba que se trataba de una broma. Entonces se percató de que mis lágrimas eran de verdad y empalideció.
—¿Qué te pasa? ¿He hecho algo mal?
Ni yo misma sabía por qué lloraba. Yo, orgullosa como soy, llorando en un lugar perdido por un chico del que apenas sabía nada".
"Aquella noche, Hideji y yo dormimos juntos por primera vez. Estuvimos haciendo el amor hasta altas horas de la noche. Yo se lo había propuesto justo después de cenar, pero él dudaba.
—No importa que no me ames —había intentado persuadirlo, hasta que acabó apeteciéndole".
"—¿Puedo ir siempre contigo? —me pregunta Hideji, inseguro.
Nos quedamos callados.
Saco cincuenta mil yenes de la cartera y se los doy.
—Te sacarán del apuro. Será mejor que me vaya —le digo.
Hideji me mira con tristeza. Me vuelvo para alejarme y él me tira del brazo por detrás. Tal y como hice yo cinco días antes en aquella ciudad cercana cuyo nombre no importa.
—¿Te vas de verdad? —me pregunta, con lágrimas en los ojos.
—¿Tanto te gusta mi cuerpo? —replico en tono de broma, para romper el hielo.
Él asiente con un golpe de cabeza.
—Tu cuerpo me gusta, pero también lo que hay dentro.
—¿De verdad? —digo, clavándole la mirada".
"La nieve sigue cayendo a nuestro alrededor, acorralándonos.
«Esto no es real, está nevando en mis sueños», pienso sin dejar de mirar fijamente a Hideji.
Me veo reflejada en sus pupilas. Seguro que él se ve reflejado en las mías. Nos miramos sin tener adonde ir, reflejados en las pupilas del otro como si fueran espejos opuestos.
La nieve cae y se acumula en silencio".
Estampa primaveral
"El viento le alborotaba el pelo, que le tapaba la cara de vez en cuando. Cada vez que eso ocurría, ella lo apartaba con un gesto de contrariedad.
—Tienes el pelo muy largo —observé.
—Pensaba cortármelo.
—No te lo cortes —dije, y ella puso cara de sorpresa.
—¿Por qué no?
—Porque no —respondí, consciente de que me había sonrojado".
"Tenía una sensación muy rara. La mujer no sólo me gustaba, sino que también me provocaba una especie de cosquilleo en la barriga. Me parecía encantadora. Aunque fuese mayor que yo. Aunque no fuese muy alta. Aunque estuviera fuera de mi alcance y aunque pronto se convertiría en toda una señora".
La tristeza
"Quedamos a solas unas cuantas veces y nos fuimos encariñando. Empezó a parecerme muy sexy que se aflojara un poco el nudo de la corbata al entrar en el bar donde habíamos quedado después del trabajo.
Aunque ya llevábamos dos meses saliendo «oficialmente», yo aún no tenía claro si éramos novios o qué éramos".
"A veces pienso que no me he enamorado ni una sola vez. No sé si he estado con algún chico hasta el punto de echarlo de menos, de querer oír su voz, de necesitar que me abrazara o de no poder vivir sin él. No lo recuerdo. Tengo la sensación de que en algún momento he tenido alguna relación así, pero no consigo recordarlo. Suelo olvidar las cosas que ya han pasado".
"«Me alegro de que sea mi novio», pensé. Luego me di cuenta de que acababa de referirme a él como «mi novio», aunque sólo fuera en pensamientos".
"Me dejó un martes por la noche. A pesar de que el martes es mi día favorito de la semana. El lunes es un melón verde que aún no ha madurado. Los miércoles y los jueves son un plátano que empieza a estar demasiado maduro. Los viernes y los sábados son una papaya a punto de caer del árbol. El martes, en cambio, es un tomate ligeramente dulce pero que apenas huele. Por eso es mi favorito. Es un día limpio, neutro y firme".
"Yo he roto con algunos hombres y otras veces me han dejado. Ambas situaciones son igual de desagradables. Cuando te dejan, lo más importante es no odiarte a ti misma".
¡Vamos!
"—¿Desde cuándo tienes ese costurero? —le pregunté.
—Desde que iba a primaria —respondió ella.
—Yo tengo uno igual —me apresuré a decirle.
Me había hecho ilusión saber que Akane también guardaba un costurero.
—¿De veras? —dijo ella admirada.
—¿Qué hay dentro? —le pregunté.
El mío sigue conteniendo los utensilios de costura, pero sospechaba que en el suyo había otras cosas.
—Botones —dijo ella.
—¡Claro! Como no los guardes bien, se acaban perdiendo —observé, pero ella negó con la cabeza.
—No son botones normales. Son de mis exnovios.
—¿Cómo?
Akane abrió el costurero. Me sorprendió ver que tenía el fondo forrado de algodón. Y allí, medio enterrados entre el algodón, había siete botones.
—¿Qué es eso? —exclamé.
Todos los botones eran de tamaños y colores diferentes. Había algunos de cuatro agujeros, algunos nacarados que reflejaban los colores del arco iris y otros abultados de fieltro.
—Cuando sé que me van a dejar, les pido que me den un botón —me explicó, sin perder la calma e ignorando mi perplejidad—. ¿Lo ves? Éste es el segundo botón del uniforme de un chico que me gustaba cuando me gradué. Y con el resto, igual.
—Con el resto, igual —repetí con la boca entreabierta.
—¿Te parece morboso? —preguntó Akane. Asentí levemente, y ella se echó a reír—. Hasta ahora me han dejado siete chicos —añadió a continuación—. Ojalá esta vez no me dejen —concluyó, y volvió a reír".
Las hojas de Bambú susurran
"Pronto iban a cumplirse dos meses desde que Taneda me había «atrapado». Cada vez me gustaba más. Me daba rabia no poder evitarlo. Aún no habíamos hecho el amor, pero me aterrorizaba dar ese paso. ¿Qué pasaría si lo hacíamos y ya no podía desengancharme de él? Le confesé mis temores a Sacchan, que se desternillaba de risa.
—No es ninguna droga".
"—La cuestión no es si los hombres son de fiar, la cuestión es si las mujeres decidimos confiar en ellos o no —dice la tía Kanako".
El sándwich de melocotón
"Me sorprendió saber que estudiaba en la universidad.
—Como estás en el turno de día, pensaba que sólo te dedicabas a trabajar por horas, igual que yo —dije, y ella sonrió como siempre.
—Estudio por las tardes en la facultad de Derecho.
—¡Qué inteligente! —exclamé, y en aquella ocasión respondió con una carcajada en lugar de una sonrisa.
—Que estudie en la universidad no significa que sea inteligente. Qué rara eres, Hoshie".
"Chika empezó a gustarme.
No sólo como amiga. Era un sentimiento más profundo. Un día, me di cuenta de que era amor. Jamás había imaginado que me enamoraría de otra mujer. Hasta entonces sólo había salido con hombres.
—¿Será amor de verdad? —me preguntaba a veces en voz alta cuando estaba en su piso, tumbada en su cama, con la cabeza apoyada en la almohada impregnada de su olor.
Quizá no fuera amor, sino sólo una profunda amistad que se manifestaba de forma completamente insólita. Pero a menudo ardía en deseos de besarla, acariciarle los pechos o escuchar sus gemidos".
"—Parece ser que tengo novio —me dijo una mañana.
—¿Parece ser? —pregunté. Aquella forma de hablar era propia de ella. No sabría decir si correspondía a una persona reservada o un poco cortita—. Entonces supongo que tendré que irme de tu piso —añadí en el tono más despreocupado que fui capaz de encontrar.
—No, no tienes por qué irte —negó ella, y me sonrió. Sin embargo, percibí una ligera vacilación en su sonrisa.
Lo noté precisamente porque estaba enamorada de ella".
En una carta verde en un sobre verde
"—Últimamente no vienes a verme casi nunca, Mana —me dijo Isuzu.
Era cierto. Llevaba un tiempo sin ir a su casa. Estaba enamorada. En realidad, aún no forma parte del pasado. Estoy enamorada. O eso creo".
Flores de papel
"Sólo he estado en su casa una vez. Me emborraché en una fiesta y él me invitó a un té.
—Cuando se te pase la borrachera, te llevaré a tu casa —me dijo, impasible como siempre.
En aquel momento me di cuenta de que me gustaba, y me sentí triste. Intenté arrimarme a él haciéndome la borracha, pero él se limitó a dejar que le apoyara la cabeza en el hombro. No me besó ni me acarició el pelo".
"—Seguro que pronto la perderé en algún sitio —dijo Tachibara en la cafetería donde habíamos quedado con los demás, mientras se metía distraídamente en el bolsillo del abrigo las monedas del cambio.
—¡Pobre cartera! —dije—. Ya que la tienes, al menos úsala.
—Tienes razón —convino Tachibara, al mismo tiempo que sacaba las monedas del bolsillo y las guardaba en la cartera.
Yo, que no sabía qué cara poner, me limité a sonreír vagamente. Él también lo hizo, como si le hubiera contagiado la sonrisa.
Me dolió el pecho. Me dolió como si me lo hubieran exprimido como una naranja".
"—¿Recuerdas cómo os enamorasteis tu marido y tú? —le pregunté a mi hermana.
Ella me miró con la boca entreabierta, como si quisiera decir: «¿Cómo?»—. ¿Os gustabais mucho?
—¿Quieres que me ponga sentimental recordando el pasado para que hagamos las paces? —murmuró ella.
—No, sólo es una pregunta.
El pequeño Nao estaba sentado en el regazo de mi hermana. Ella me miró un rato sin decir nada. El niño empezó a dibujar con lápiz amarillo en una hoja sobre la mesa del comedor.
—Había mucha pasión —respondió mi hermana con desgana.
Nao levantó la cabeza para mirarla.
—¿Cómo puedes hacer que alguien que te gusta se enamore de ti? —susurré con la mirada perdida, como si me lo preguntara a mí misma.
Nao cogió el lápiz rojo. Tras una larga reflexión, mi hermana dijo:
—Es cuestión de suerte.
—Así que suerte…
Estuvimos un rato calladas. Nao cogió el lápiz naranja y siguió garabateando en la hoja.
—Verás. Que alguien se enamore de ti es cuestión de suerte, pero que siga enamorado también está en manos del azar, por lo visto —dijo mi hermana de repente.
—Ya lo entiendo —respondí.
Ella me dirigió una mirada vacía. Yo se la devolví con la misma expresión ausente".
La graduación
"—¿Tanto te gustan mis pechos? —preguntó.
Además de ser guapa, Misaki tenía unos pechos muy bonitos. No eran especialmente grandes, pero tenían la curvatura perfecta.
—Ni siquiera los chicos me los miran con tanta atención como tú —rio.
—Precisamente por eso puedo mirarte así, porque no soy un chico —repliqué, y ella me lanzó una mirada de admiración con los ojos muy abiertos.
—Es verdad. Qué respuesta más inteligente, Tsutsumi.".
"A Misaki le gustaba un chico. Fue ella misma quien me lo dijo.
Estudiaba Medicina en la universidad y era el profesor particular de su hermano pequeño.
—Él será médico y yo farmacéutica. Seríamos la pareja ideal —dijo Misaki con mirada soñadora.
—Las facultades de Medicina y Farmacia están separadas —le advertí, y ella se enfurruñó".
"—Así que tú eres amiga de Lisa, ¿no? Al veros a las dos juntas me doy cuenta de lo bien que os sienta el uniforme escolar a las chicas. Yo estudié en un colegio de chicos —dijo sonriendo el profesor particular.
—¿No crees que ese comentario del uniforme ha sido propio de un viejo? —le pregunté luego a Misaki, y ella asintió.
—Lo habrá aprendido de ti. Dicen que todo lo malo se pega.
—También dicen que el amor es ciego.
Misaki se echó a reír al oír mis palabras, pero de forma más comedida que de costumbre.
—Ay, el amor… —añadí.
—Ay, el amor… —repitió ella".
"—Los hombres son hombres, al fin y al cabo —dijo ella de repente.
—¿Por qué lo dices? ¿Qué ha pasado? —murmuré.
—No, nada. Pero el profesor particular no podía apartar la mirada de mis pechos.
—¿Y qué tiene de malo? Yo también te los miro.
—No me gustaba que me los mirase con disimulo.
—Es peor que te los miren descaradamente, ¿no?
—No lo sé —respondió ella, haciendo morritos.
«Qué guapa es», pensé.
—Creo que, a fin de cuentas —continuó con expresión de hastío—, sólo soy una chica pasada de moda, como un retrato en sepia anticuado que no encaja con la realidad de este siglo".
"Misaki se echó a reír. Yo hacía tiempo que no oía sus carcajadas. Entonces me cogió de la mano.
Estuvimos un rato contemplando el cerezo con las manos entrelazadas, y luego empezamos a andar. Misaki tenía la mano fría. La mía estaba helada.
—¿Cuándo podremos caminar así, de la mano de un chico, con naturalidad? —se preguntó.
—Pronto. Seguro que muy pronto.
—Pero no quiero olvidar esta sensación —susurró.
Le estreché la mano suavemente.
—Es la primera vez que vamos de la mano —dije, y ella asintió—. Hay muchas cosas que yo tampoco quiero olvidar —dije mirándola a los ojos. Tenía las pupilas de color avellana".
Hiromi Kawakami
"Anoche supe que existías: una gota de vida que se escapó de la nada".
"Yo estaba con los ojos abiertos de par en par en la oscuridad y, de pronto, en esa oscuridad, se encendió un relámpago de certeza: sí, ahí estabas. Existías".
"Fue como sentir en el pecho un disparo de fusil. Se me detuvo el corazón. Y cuando reanudó su latido con sordos retumbos, cañonazos de asombro, me di cuenta de que estaba cayendo en un pozo donde todo era inseguro y terrorífico".
"Ahora me hallo aquí, encerrada bajo llave en un miedo que me empapa el rostro, los cabellos y los pensamientos. Y en este miedo me pierdo".
"Trata de comprender: no es miedo a los demás, que no me preocupan. No es miedo a Dios, en quien no creo, ni al dolor, que no temo".
"¡La vida es tan ardua, niño! Es una guerra que se repite cada día, y sus momentos de alegría son breves paréntesis que se pagan a elevado precio".
"Tu gota de vida es tan sólo un nudo de células apenas comenzadas. Tal vez ni siquiera es vida, sino posibilidad de vida".
"Mi madre no me quería, ¿sabes? Yo empecé por error, por un instante de distracción ajena. Y, a fin de que no naciera, todas las noches mi madre diluía en el agua una medicina. Luego la bebía, llorando. La bebió hasta la noche en que me moví, dentro de su vientre, y le solté un puntapié para decirle que no me arrojase. Se estaba llevando la copa a los labios. En seguida la apartó y derramó su contenido en el suelo. Algunos meses después, yo me revolcaba al sol, victoriosa. Ignoro si eso ha sido un bien o un mal. Cuando me siento feliz pienso que ha sido un bien; cuando me siento infeliz creo que ha sido un mal. No obstante, incluso cuando soy desdichada, pienso que me disgustaría no haber nacido, porque nada es peor que la nada".
"Yo, te lo repito, no tengo miedo al dolor. El dolor nace y crece con nosotros, y uno se acostumbra a él como al hecho de tener dos brazos y dos piernas. En el fondo, tampoco tengo miedo de morir, porque si uno muere significa que ha nacido, que ha salido de la nada".
"Yo temo la nada, el no estar aquí, el tener que admitir no haber existido, aunque sólo sea por casualidad, por error, por una distracción ajena".
"Si a aquél o aquélla se le hubiese permitido elegir, probablemente habría respondido, asustado: no, no quiero nacer. Pero nadie le preguntó su opinión, y así nació, vivió y murió tras haber parido otro ser humano al que no pidió tampoco su parecer, y el ciclo prosiguió durante millones de años, hasta nosotros".
"La maternidad no es un oficio y tampoco un deber, sino un simple derecho entre tantos otros".
"Pero si naces varón, me sentiré igualmente contenta. Y tal vez más, porque te verás libre de muchas humillaciones, de muchas servidumbres, de muchos abusos. Si naces hombre, por ejemplo, no deberás temer que te violenten en la oscuridad de una calle. No deberás valerte de un bonito rostro para que te acepten al primer vistazo, ni de un bello cuerpo para esconder tu inteligencia. No serás objeto de juicios malévolos cuando duermas con quien te guste, ni oirás decir que el pecado nació el día en que cogiste una manzana".
"Niño, estoy tratando de explicarte que ser un hombre no significa tener una cola delante; significa ser una persona".
"Te pediré tan sólo que explotes bien el milagro de haber nacido, y que no cedas nunca a la cobardía, que es una bestia que está siempre al acecho. Nos muerde a todos, cada día, y son pocos los que no se dejan despedazar por ella en nombre de la prudencia, de la conveniencia y a veces en nombre de la sensatez. Cobardes hasta que los amenaza un peligro, los humanos se vuelven arrogantes apenas el riesgo ha pasado".
"Jamás debes evitar el riesgo, aunque el miedo te frene".
"Venir al mundo implica ya un riesgo: el de arrepentirse de haber venido".
"Yo te hablo, niño, y tú no lo sabes. En la tiniebla que te envuelve ignoras hasta que existes. Yo podría deshacerme de ti, y tú nunca lo sabrías. No tendrías la posibilidad de llegar a la conclusión de si te he hecho un daño o un regalo".
"Anoche hablé con tu padre. Le dije que aquí estabas. Se lo anuncié por teléfono porque está lejos; y, a juzgar por lo que he oído, no le di una buena noticia.
Me llegó, ante todo, un profundo silencio, como si se hubiera cortado la comunicación. Y después oí una voz que balbuceaba, ronca: «¿Cuánto hará falta?».
Le contesté, sin comprender: «Nueve meses, supongo. Mejor dicho, menos de ocho, a estas alturas». Y entonces la voz dejó de ser ronca para volverse estridente: «Hablo de dinero». «¿Qué dinero?», pregunté. «El dinero para deshacerse de él, ¿no?» Sí, lo dijo exactamente así, «deshacerse». ¡Ni que fueras un paquete! Y cuando, lo más serenamente posible, le expliqué que yo tenía muy distintas intenciones, se perdió en un largo razonamiento en el cual se alternaban ruegos y consejos, consejos y amenazas, amenazas y lisonjas. «Piensa en tu carrera, considera las responsabilidades; algún día podrías arrepentirte. ¡Qué dirán los demás!» Debe de haber gastado un dineral en esa llamada telefónica. De vez en cuando, la operadora intervenía con voz sorprendida y preguntaba: «¿Continúa?». Yo sonreía, casi divertida. Pero me divertí mucho menos cuando, envalentonado por el hecho de que yo escuchaba en silencio, concluyó que el gasto lo podíamos compartir ambos a partes iguales: al fin y al cabo, éramos «culpables ambos». Sentí náuseas. Me avergoncé por él. Y colgué el auricular pensando que en otro tiempo lo amé".
"¿Lo amé? Un día, tú y yo tendremos que discutir un poco acerca de este asunto llamado amor. Porque, honradamente, todavía no he comprendido de qué se trata".
"Pienso en ti en términos de vida. Y en cuanto a tu padre, mira, cuanto más lo pienso más creo que no lo he amado jamás. Lo he admirado, lo he deseado, pero no lo he amado. Y lo mismo ocurrió con los que le precedieron, fantasmas decepcionantes de una búsqueda siempre frustrada. ¿Frustrada? Para algo sirvió, después de todo: para comprender que nada amenaza tanto tu libertad como el misterioso impulso que una criatura siente hacia otra. Por ejemplo, un hombre hacia una mujer o una mujer hacia un hombre. No hay ligaduras, cadenas ni barreras que te obliguen a una esclavitud más ciega, a una impotencia más desesperada".
"Hay un indicio. Los enamorados que están lejos uno de otro, se consuelan con las fotografías. Y yo ando siempre con tus fotografías entre las manos. Ya se me ha convertido en una obsesión".
"Tuve miedo de que te quisiera aplastar porque yo no estaba casada.
Por fin sacó el dedo y sentenció: «Todo bien, todo normal». Me dio algunos consejos: me dijo que el embarazo no es una enfermedad sino un estado natural, y que, por tanto, es oportuno que yo siga haciendo las mismas cosas que antes. Lo importante es que no fume demasiado, que no lleve a cabo esfuerzos excesivos, que no me lave con agua demasiado caliente y que no albergue propósitos criminales. «¿Criminales?», pregunté, estupefacta. Y él: «La ley lo prohíbe. ¡Recuérdelo!»".
"Y hay momentos en que me siento inquieta, en que me pregunto quién ganará: ¿nosotros o ellos? Tal vez sea por culpa de esa llamada telefónica, que ha renovado amarguras que yo creía olvidadas y ofensas que consideraba superadas. Unas y otras me fueron infligidas por fantasmas gracias a los cuales comprendí que el amor es un enredo, una estafa. Las heridas se han cerrado y las cicatrices son apenas visibles, pero basta una llamada telefónica así para que vuelvan a doler, como las viejas fracturas de huesos cuando cambia el tiempo".
"¿Quién ha dicho que duermes tranquilo, acunado por tus aguas? Tú no duermes nunca, no reposas nunca. ¿Quién ha dicho que permaneces en santa paz, en una armonía de sonidos que llegan dulcemente embotados hasta tu membrana? Estoy segura que hay un constante chapoteo junto a ti, un constante bombear, soplar y crujir; un estallido de rumores brutales. ¿Quién ha dicho que eres materia inerte, casi un vegetal que se puede extirpar con una cuchara? Sostienen que, si quiero librarme de ti, este es el momento. Mejor aún: el momento empieza ahora. En otras palabras: yo hubiera debido aguardar hasta que te volvieras un ser humano con ojos, dedos y boca, para matarte. Antes, no. Antes eras demasiado pequeñito para ser localizado y arrancado. Están locos".
"Te preguntas, acaso, por qué, desde hace algunos días, no hago más que hablarte de esto. No lo sé. Tal vez porque los demás me hablan del tema de una manera obsesionante, y esperan que yo tome la iniciativa. Tal vez porque, en determinado momento, yo también lo he pensado sin decírmelo. Tal vez porque no quiero confiarle a nadie otra duda que me envenena el alma. La sola idea de matarte, hoy, me mata; y, sin embargo, llego a tomarla en consideración".
"Ciertamente, tú y yo formamos una extraña pareja. Todo en ti depende de mí, y todo en mí depende de ti: si enfermas, yo enfermo y si muero, tú mueres. Pero no puedo comunicarme contigo, ni tú conmigo".
"Debo ser fuerte, niño. Debo tener fe en mí misma y en ti. He de llevarte hasta el final para que, cuando seas mayor, no te parezcas al cura que gritaba en mi sueño, ni a mi amiga, ni a su doctor Munson, ni a los policías que ataban los brazos de la abuela. El primero considera que eres propiedad de Dios, la segunda que perteneces a la madre, y los últimos que tu dueño es el Estado. Pero tú no perteneces a Dios, ni al Estado, ni me perteneces a mí. Te perteneces a ti mismo, y basta".
"Llorar es fácil; reír, difícil. Aprenderás rápidamente esta verdad".
"Oirás hablar mucho de libertad. En nuestro mundo es una palabra casi tan explotada como el término amor, que, ya te lo dije, es el más explotado de todos".
"Yo nunca he pretendido que las mujeres fuesen mejores que los hombres, y que por su bondad merezcan no morir. Ser buenos o malos no viene a cuento; aquí la vida no depende de eso sino de una relación de fuerzas basada en la violencia".
"La supervivencia es violencia".
"Calzarás zapatos de cuero porque alguien ha matado una vaca y la ha desollado para utilizar su piel. Te protegerás con un abrigo de pieles porque alguien ha matado a una bestia, a cien bestias, para utilizar sus pieles. Comerás higadillos de pollo porque alguien ha matado pollos que no hacían el menor daño a nadie. Y esto tampoco es cierto, porque también los pollos hacen daño a alguien: devoran los gusanitos que mordisqueaban en paz su ensalada. Hay siempre alguien que se come a otro para sobrevivir, desde los hombres hasta los peces".
"Y así las aves, los insectos y todos los demás. Que yo sepa, sólo plantas y árboles no devoran a nadie; se alimentan de agua, de sol y de nada más. Pero, a veces, se roban entre ellos el sol y el agua, ahogándose y exterminándose unos a otros. ¿Es oportuno que tú te enteres de semejantes horrores, tú que vives, te alimentas y te calientas sin matar a nadie?".
"La igualdad, hijo, existe sólo donde tú estás ahora, lo mismo que la libertad. En el huevo somos todos iguales".
"Aún no conoces la peor de las realidades: que el mundo cambia y sigue siendo como antes".
"Se sentó incluso en la cama para llorar mejor, y a cada uno de sus sollozos la cama se movía. Pensé que eso te podía molestar. Le dije: «Estás agitando la cama.
Las vibraciones lo molestan». Él apartó las manos de la cara, se secó con un pañuelo y fue a sentarse en una silla. Ésa que está debajo de tu fotografía. Era extraño veros juntos. Tú con tus pupilas quietas, misteriosas; él con sus pupilas trémulas, sin secretos. Luego dijo: «También es mío».
La ira me arrebató. Me senté de golpe en la cama y le grité que no eras mío ni suyo: eras tuyo".
"El hecho de que yo lo olvidara era el precio que pagábamos por la única ley que nadie admite: un hombre y una mujer se encuentran, se gustan, se desean, tal vez se aman, y tras algún tiempo ya no se aman, no se desean, no se gustan; incluso es posible que quisieran no haberse encontrado nunca".
"Debía evitar a toda costa cualquier emoción y todo pensamiento preocupante. Serenidad y placidez eran las consignas. «Doctor —contesté—, eso es lo mismo que pedirme que cambie el color de mis ojos. ¿Cómo quiere que me mantenga serena si mi naturaleza no lo es?» Me observo nuevamente con frialdad:
«Eso es asunto suyo. Ingéniese. Engorde»".
"Estoy asustada, y también enfadada contigo. ¿Qué te crees que soy: un recipiente, un frasco donde se pone un objeto para custodiarlo? ¡Soy una mujer, diantre, una persona! No puedo destornillarme el cerebro y prohibirle que piense. No puedo anular mis sentimientos o impedirles que se manifiesten. No puedo ignorar un enojo, una alegría, un dolor. Tengo mis reacciones y experimento mis estupores y mis desalientos".
"Si queremos seguir juntos, niño, hemos de pactar. Y este es el pacto: te hago una concesión. Engordaré; te regalo mi cuerpo. Pero no mi mente. Ni tampoco mis reacciones. Me las quedo. Y junto con ellas pretendo una propina: mis placeres menudos. Ya ves, ahora bebo un abundantísimo whisky, y me fumo un paquete de cigarrillos, uno tras otro, y reanudo mi trabajo, y vuelvo a existir como persona y no como frasco, y lloro, lloro, lloro sin preguntarte si te hace daño. ¡Porque estoy harta de ti!".
"Soy una egoísta. ¿Cómo estás, niño? Espero que mejor que yo. Me siento agotada. Tan cansada, que quisiera resistir seis meses más, el tiempo de darte a luz, y luego morirme".
"Basta de esta comedia, de este delirio. Uno no es un ser humano por derecho natural, antes de nacer. Humano se vuelve uno después, cuando ha nacido, porque está con los demás, porque los demás lo ayudan, porque una madre, una mujer, un hombre o no importa quién, le enseña a uno a comer, a caminar, a hablar, a pensar, a comportarse como ser humano".
"La vida es una comunidad para que nos demos las manos, nos consolemos y nos ayudemos".
"No me arrepentiré. Sólo cuando uno se respeta a sí mismo puede exigir el respeto de los demás, y sólo cuando uno cree en sí mismo los demás pueden creerle".
"Un escritor a quien conocí sostenía que cada uno tiene la vida que se merece. Lo cual es tanto como sostener que un pobre merece su pobreza y un ciego su ceguera. Se trataba de un hombre estúpido, aunque era un escritor inteligente.
También el hilo que divide la inteligencia de la estupidez es muy fino, ya te darás cuenta".
"En el hotel, abrí el grifo y puse la mano bajo el chorro de agua. Corrió un líquido negro que pronto desapareció en un remolino negro, ¿y sabes qué te digo, niño? Tú eres como mi Luna, como mi polvo de Luna. Los espasmos han redoblado; ya no logro conducir. Si encontrase un motel, si pudiera parar y descansar… Con el cerebro más lúcido, quizá descubriría una solución para salvar lo salvable, para no arrojar mi Luna. No quiero perder la Luna otra vez, verla desaparecer en el fondo de un lavabo. Pero es inútil. Con certeza, con la misma certeza que me paralizó la noche en que supe que existías, ahora sé que estás dejando de existir".
"Nunca me contaste que una magnolia puede cogerse sin morir, que un bombón puede comerse sin necesidad de humillarse uno, que el mañana puede ser mejor que el ayer. Y cuando te diste cuenta, era demasiado tarde: yo ya me estaba suicidando".
"No llores, mamá; me doy cuenta de que obrabas así también por amor, a fin de prepararme a no ceder el día que me abrumara el horror de existir".
"No es cierto que tú no creas en el amor, mamá. Tú estás hecha de amor. Pero ¿es suficiente creer en el amor si uno no cree en la vida?".
"En efecto, mañana volvemos a casa. Y si bien la palabra mañana me parece ofensiva para ti y amenazadora para mí, no puedo dejar de mirar a mí alrededor y darme cuenta de que mañana es un día lleno de oportunidades".
"Por último, todavía he de aclarar el misterio que llaman amor. No el que se devora en una cama, tocándonos, sino el que me preparaba a conocer contigo".
"Tú estás muerto pero yo estoy viva".
"Pero no viene nadie excepto esos dos de bata blanca: uno de ellos ¿es el mismo que me condenó? Hace un rato se enfadó. Dijo: «¡Doblen la dosis!». La dosis ¿de qué? ¿De pena? Ya la desconté. ¿Debo empezar de nuevo?
Luego dijo: «¡Aprisa! ¿No veis que se está yendo?». ¿Quién se está yendo? ¿Una aguja, una persona, la vida?".
"La vida no puede irse si uno se niega a ello: aquí no se muere nadie. Ni siquiera tú, porque ya estás muerto, muerto sin saber qué significa estar vivo, sin saber qué son los colores, los sabores, los olores, los sonidos, los sentimientos, el pensamiento. Lo lamento por ti y por mí".
"La vida no te necesita a ti ni a mí. Tu estás muerto. Tal vez muera yo también. Pero no importa. Porque la vida no muere".
Oriana Fallaci
"Dicen que finjo o miento todo lo que escribo, no. Yo simplemente siento con la imaginación".
"Todo libro que leo, sea de prosa o verso, de pensamiento o emoción, sea un estudio sobre la cuarta dimensión o una novela policíaca, es, en el momento que lo leo, la única cosa que he leído".
"No existe nada, ninguna realidad, excepto las sensaciones. Las ideas son sensaciones, pero de cosas no situadas en el espacio, y a veces ni siquiera en el tiempo".
"¿Sentir? ¡Que sienta quien lee!".
"La literatura, como cualquier forma de arte, es la confesión de que la vida no basta".
"Todo arte es una forma de literatura, porque consiste en expresar algo. Hay
dos formas de expresarlo: hablar y callarse. Las artes que no pertenecen a la literatura son la proyección de un silencio expresivo".
"En la vida, la única realidad es la sensación. En el arte, la única realidad es la conciencia de la sensación".
"Quizá no he recibido ninguna misión sobre la tierra".
"No tengo ambiciones ni deseos. Ser poeta no es mi ambición. Es mi manera de estar solo".
"El poeta es aquel que va siempre más allá de lo que puede hacer".
"Amar es la eterna inocencia. Y la única inocencia es no pensar".
"El poeta superior dice lo que siente de verdad; el poeta mediano, lo que decide sentir, y el poeta inferior, lo que cree que debe sentir".
"No me preocupo de las rimas. Es raro que dos árboles, uno al lado del otro, sean iguales".
"Sólo la Naturaleza es divina, y ella no es divina…".
"Quien escribe para obtener lo superfluo como si escribiese para obtener lo necesario, escribe aun peor que si sólo escribiese para obtener lo necesario".
"El misterio de las cosas, ¿dónde está? ¿Dónde está que no aparece para mostrarnos al menos que es misterio?".
"Hay que dar a cada emoción una personalidad y a cada estado de ánimo un alma".
"¡Qué difícil ser uno mismo y no ver sino lo visible!".
"Mi alma es una orquesta secreta; ignoro cuáles instrumentos pulso y cuáles rechinan dentro de mí. Yo sólo me conozco como una sinfonía".
"Sé plural como el universo".
"Paso y estoy allí, como el Universo".
"Dormimos la vida, criaturas eternas
del Destino".
"El mundo no se hizo para pensarnos en él (pensar es estar enfermo de los ojos) sino para mirarlo y estar de acuerdo…".
"Enrollar el mundo alrededor de nuestros dedos como un hilo o una cinta con la que juega una mujer que sueña en la ventana".
"Loco, sí, loco porque quise grandeza, como la suerte no da".
"Estoy en un estado de angustia y alteración intelectual que nadie puede imaginar".
"Siento que no soy nada sino la sombra de una silueta invisible que me espanta".
"Estoy en uno de esos días en los que jamás tuve futuro. No hay sino un presente inmóvil rodeado de un muro de angustia".
"Al final de este día queda lo que quedó de ayer, lo que quedará de mañana: la angustia insaciable, innombrable de ser siempre la misma y siempre otra".
"Es por eso que el príncipe no ha reinado. Esta frase es del todo absurda.
Y siento que en este momento las frases absurdas me provocan ganas de llorar".
"En el vértigo físico, el mundo exterior gira a nuestro alrededor; en el vértigo moral, es nuestro mundo interior el que gira. Tuve un instante la impresión de perder la conciencia de las verdaderas relaciones entre las cosas, ya no comprender, de colgar en un abismo de vacío mental. Es una sensación horrible, que golpea con un miedo desmesurado. Estos fenómenos se presentan frecuentemente, parecen desviar mi camino hacia una nueva vida mental, que sería naturalmente la locura".
"Un hombre, si es verdaderamente sabio, puede gozar desde una silla todo el espectáculo del mundo, sin saber leer, sin hablar con nadie, utilizando sólo sus sentidos, con la condición de que su alma no esté jamás triste".
"Lo que se necesita es ser natural y sereno en la felicidad y la desdicha.
Sentir como quien mira, pensar como quien anda, y, al borde de la muerte, acordarse de que el día muere…".
"Busco decir lo que resiento sin decirme que lo siento".
"El río fluye, bien o mal, sin edición original".
"No se fíen de lo que sienten o de lo que piensan cuando hayan dejado de sentir o de pensar. Es entonces que podrán utilizar a su provecho, y en el de todos, su sensibilidad…".
"No las cosas, sino nuestra sensación de las cosas".
"Sentir todo de todas las formas, vivir todo de todos los lados, ser la misma cosa de todas las formas posibles al mismo tiempo…".
"No sé sentir, no sé pensar, no sé querer".
"Vivir es ser otro. Y sentir no es posible si se siente hoy como se sintió ayer".
"La conciencia de la inconsciencia de la vida es el más antiguo impuesto que paga la inteligencia".
"Todo es diferente de nosotros; es porque todo existe".
"¡Poder saber pensar! ¡Poder saber sentir!".
"Al final de todo, dormir. ¿Al final de qué? Al final de todo lo que parece ser…".
"Yo no reflexiono, sueño…".
"¿Para qué esperar? —Todo consiste en soñar".
"Aunque haya sido un lector voraz y ardiente, no me acuerdo de ninguno de los libros que he leído, en la medida en que mi lectura era el reflejo de mi propio pensamiento, de mis mismos sueños, o, más bien, una incitación al sueño".
"Me gustaría amar el amar".
"Han plantado en mi boca los besos de todos los encuentros, y agitado, en mi corazón, los pañuelos de todos los adioses…".
"Una cosa me asombra más que la estupidez de la mayor parte de los hombres que viven sus vidas: es la inteligencia que hay en esta estupidez".
"No sé hacia dónde huir, a menos que huya de mí mismo".
"No quiero recordar, ni conocerme. Somos demasiados si miramos quién somos".
"En este mundo en que olvidamos, somos sombras de lo que somos".
"Todo se me escapa. Mi vida entera, mis recuerdos, mi imaginación y lo que ella contiene, mi personalidad, todo se me escapa".
"El hecho de que vaya a publicar un libro cambiará mi vida. Ya no estaré inédito —así pues, algo pierdo".
"He aquí la única misión en el
Mundo: existir claramente y saber hacerlo sin pensar".
"El mito es la nada que es todo".
"El mundo es de quien nace para conquistarlo y de quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón".
"El abismo es mi límite, ser yo no tiene medida".
"No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. A parte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo".
"Hoy, sentí de repente una sensación absurda y justa: tuve conciencia, en un relampagueo, de que yo no era nadie".
"Puedo imaginarlo todo porque no soy nadie".
"¿Que sé lo que seré, yo, que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tantas cosas!".
"Ya no estoy en mí. Soy un fragmento mío conservado en un museo abandonado".
"Voy a escribir para decirle que no puedo escribir".
"¡Cuándo pasará este drama sin teatro, o este teatro sin drama! ¿Y recogeré la casa? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuándo?".
"He creado en mí muchas personalidades. Creo personalidades constantemente".
"En el arte no hay ni filosofía, ni ética, ni aun estética, aunque pueda haberlas en la vida. En el arte no hay sino sensaciones y la conciencia que tenemos de ellas. Dios es una de nuestras sensaciones".
"Dios es un inmenso Intervalo, ¿pero entre qué y qué?…".
"Entre el árbol y ver el árbol, ¿dónde se encuentra el sueño? Entre lo que vive y la vida, ¿de qué lado corre el río?".
"Lejos de mí, existo. Fuera de lo que soy, la sombra y el movimiento en que consisto".
"Hablar es tener demasiada consideración por los demás. Por la boca mueren los peces y Oscar Wilde".
"La vida es breve, el alma es vasta: Tener es tardar".
"La belleza es el nombre que se da a lo que no existe, que doy a las cosas a cambio del placer que ellas me proporcionan. Eso nada significa".
"La sinceridad es el gran obstáculo que el artista debe vencer".
"Abajo las estéticas del corazón: soy lúcido. ¡Mierda! Soy lúcido".
"Todos los versos siempre se escriben al día siguiente"
"El poeta es un fingidor. Finge tan bien que hasta finge que es dolor el dolor que de veras siente".
"Hay que ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural…".
"La tierra está hecha de cielo. La mentira no tiene nido. Jamás nadie está perdido. Todo es verdad, y camino".
"Cambio poco a poco de personalidad, me enriquezco (es ahí que podría haber evolución) con mi aptitud para crear personalidades nuevas, nuevas formas de fingir, de comprender el mundo, o más bien fingir que puede ser comprendido".
"El cuerpo es la sombra de los vestidos que envuelven tu ser profundo".
"No, no quiero nada. Ya dije que no quiero nada. ¡No me vengan con conclusiones! La única conclusión es morir".
"La muerte es un recodo del camino, morir es sólo no ser ya visto".
"Vivir no es necesario; lo que es necesario es crear".
Fernando Pessoa
"No lo olvides:
caminamos por el infierno, contemplando flores".
"Bajo los cerezos
no hay extraños".
"Cuando me vaya,
guarda bien mi tumba,
saltamontes".
"Incluso en mi ciudad
duermo ahora
como un viajero".
"Flores de ciruelo
la nariz, el corazón".
"Imagínate, el monje se fue
antes de que saliera la luna".
"Esta noche también tú
vas con prisa, luna de otoño".
"Primera cigarra:
la vida es cruel, cruel, cruel".
"Que pudiéramos morir
como en primavera
las flores de cerezo
puras y brillantes".
"Mis cabellos han crecido
y mi rostro ha palidecido
lluvias de mayo".
"Viento del río
en kimono de verano
frescor de la noche".
"La primavera pasa
lloran los pájaros
y son lágrimas
los ojos de los peces".
"Confía al sauce el hastío
y el deseo de tu corazón".
"Este u Oeste
la misma tristeza
viento de otoño".
"Por aquí y por allá se oye
el murmullo de las cascadas
y las hojas caen".
"Día de apacible felicidad
el monte Fuji velado
por la lluvia brumosa".
"Nadie emprende este camino
salvo el crepúsculo de otoño".
"Dios está ausente
las hojas muertas se amontonan
todo está desierto".
"Nada dice
en el canto de la cigarra
que su fin está cerca".
"Vestido de escarcha
cubierto de viento
un niño abandonado".
"La lluvia de invierno cae
sobre el establo
un gallo canta".
"Brasas bajo la ceniza
sobre el muro
la sombra del invitado".
"Me llamarán por
el nombre de caminante
primeras lluvias de invierno".
"Expuesto a la intemperie
y resignado cómo corta
el frío mi cuerpo".
"No olvides nunca
el sabor solitario
del rocío blanco".
"El sonido del remo
contra el agua
entrañas heladas
en la noche lágrimas".
"Y ahora
vamos a contemplar la nieve
hasta caer agotados".
"Si hablo tengo frío en los labios
viento de otoño".
"Enfermo durante el viaje
mis sueños
por los páramos yermos".
"El árbol quiere la paz
pero el viento
no se la concede".
"En la noche sin estrellas
me guía el corazón".
"Sentado en el valle
inmensidad más breve
que la tormenta".
"La nieve de la cima
piensa que es eterna,
mas sólo es
el sueño del volcán".
Matsuo Bashō
"Al borde del río,
el culo de una olla
hace dormir a una mariposa".
Autor: Issa
Kigo: chô [mariposa]
"¡Ah, la lluvia de primavera!
Las gotas de agua recorren
los árboles hasta abajo".
Autor: Bashô
Kigo: harusame [lluvia de primavera]
"Lluvia de primavera
Alguien que no escribe
profundamente emocionado".
Autor: Buson
Kigo: harusame [lluvia de primavera]
"En la inmensidad de un cielo
sin sombras ni recovecos,
se esconde la alondra".
Autor: Rikuto
Kigo: hibari [tipo de ave]
"Vendida la vaca
se aleja del pueblo
por entre la niebla".
Autor: Hyakuchi
Kigo: kasumi [niebla]
"Con un cuerpo
dispuesto a morir donde sea
Viento de primavera".
Autor: Santôka
Kigo: harukaze [viento de primavera]
"Más veloz que la serpiente
fluía río abajo
el palo que la mató".
Autor: Takaha Shugyo
Kigo: hebi [serpiente]
"Con una mancha de tinta en los labios
un estudiante
tomando el fresquito".
Autor: Senna
Kigo: suzumi [fresquito]
"No se muere…
En la mano, los cabellos que peina
¡Mirando las luciérnagas!".
Autora: Masajo
Kigo: hotaru [luciérnaga]
"La Luna llena
No importa a donde vaya,
el cielo me es ajeno".
Autora: Chiyo-jo
Kigo: meigetsu [fase de la Luna]
"Al morir, el tsugumi
dejó a sus alas
abrirse por última vez".
Autor: Seishi
Kigo: tsugumi [tipo de ave]
"La libélula se posó
en el bambú que señalaba
la tumba del difunto".
Autor: Kitô
Kigo: tonbô [libélula]
"Él dijo algo
Yo dije algo…
¡Qué hondura la del Otoño!".
Autor: Kyoshi
Kigo: aki [otoño]
Vicente Haya
El ensueño:
"¿Quién es el que amo? No
lo sabréis jamás".
"Y Él vive en mí
como un muerto en su
sepulcro, todo mío, lejos de
la curiosidad, de la
indiferencia y la maldad".
"Por sobre todas las cosas
amo tu alma".
"Entonces hablo para sentir
que existo, porque si no
hablara mi lengua se
paralizaría, mi corazón
dejaría de latir, toda yo me
secaría deslumbrada".
"Y Toda la
noche, con la yema rosada de
los dedos, acaricio los ojos
que te miraron".
"Te amo profundamente y no
quiero besarte. Y Me basta
con verte cerca, perseguir las
curvas que al moverse trazan
tus manos, adormecerme en
las transparencias de tus ojos,
escuchar tu voz, verte
caminar, recoger tus frases".
"Cuando recibí tus primeras
palabras de amor, había en mi
cuarto mucha claridad. Y Me
precipité sobre las puertas y
las cerré. Y Yo era sagrada,
sagrada. Nada, nadie, ni la
luz, debía tocarme".
"Estoy en ti. Y Me llevas y
me gastas. En cuanto miras,
en cuanto tocas, vas dejando
algo de mí. Y Porque yo me
siento morir como una vena
que se desangra".
"Tú, el que pasas, tú dijiste:
ésa no sabe amar. Y Eras tú el
que no sabías despertar mi
amor. Y Amo mejor que los
que mejor amaron".
"Y Pero
proyecto mi alma fuera de mí
y te alcanzo, te toco. Y Tú
estás despierto y te
estremeces al oírme. Y
cuando está cerca de ti se
estremece contigo".
"Si el silencio invade mi
cuarto y nada se oye mi
pensamiento se clava en ti".
Plenitud:
En la casa silenciosa, de
patios calmos, frescos y
largos corredores, solamente
yo velo a la hora de la siesta.
Y Quema el sol sobre los
mármoles. Y La blanca y
familiar perrita apoya sus
patas delanteras sobre mis
rodillas y me mira de un
modo extraño. Y Yo le
pregunto: ¿también sabes tú
que lo amo?".
"Susurro, lento susurro de
hojas de mi patio al atardecer.
¿Por qué me enloquecéis
susurrándome su nombre? Y
Él no vendrá hoy. Y Piensa en
mí, pero no vendrá hoy".
"En una columna me apoyo, y
te sueño. Y Mi mejilla, en
contacto con el frío mármol
hiela mi corazón. Y Gruesas
lágrimas caen de mis ojos. Y
Soy feliz, pero lloro".
"Pienso si lo que estoy
viviendo no es un sueño. Y
Pienso si no me despertaré
dentro de un instante. Y
Pienso si no seré arrojada a
la vida como antes de
quererte. Y Pienso si no me
obligarás a vagar de nuevo,
de alma en alma, sin
encontrarte".
Agonía:
"Sentados en un banco,
¿cuántas horas?, no me
atrevía a tomarte las manos. Y
En la blusa de mi vestido de
primavera cayeron, al fin,
pesadas, mis lágrimas. Y El
género las absorbió en
silencio, allí mismo, donde
está el corazón".
"Como el ladrón, en puntillas,
me acerqué, una, dos, tres
veces, a tocar las paredes que
te protegían".
"Un pájaro repite
insistentemente la misma nota
y mi corazón el mismo latido".
"No te
engañes: si me has encontrado
un día por las calles y te he
mirado, mis ojos iban ciegos
y no veían. Y Si te hallé en
casa de amigos y hablamos,
mi lengua dijo palabras sin
sentido. Y Si me diste la
mano o te la di, en un sitio
cualquiera, eran los
músculos, sólo los músculos,
los que oprimieron".
Noche:
"No volverás. Todo mi ser te
llama, pero no volverás. Si
volvieras, todo mi ser que te
llama, te rechazaría".
"Y De tu
ser mortal extraigo, ahora, ya
distantes, el fantasma
aeriforme que mira con tus
ojos y acaricia con tus manos,
pero que no te pertenece. Es
mío, totalmente mío. Me
encierro con él en mi cuarto y
cuando nadie, ni yo misma,
oye, y cuando nadie, ni yo
misma, ve, y cuando nadie, ni
yo misma, lo sabe, tomo el
fantasma entre mis brazos y
con el antiguo modo de
péndulo, largo, grave y
solemne, mezo el vacío...".
Alfonsina Storni