viernes, 28 de octubre de 2022

Citas: El árbol de las brujas - Ray Bradbury


 

"El pueblo estaba lleno de árboles. Y pasto seco y flores muertas ahora que había llegado el otoño. 
Y muchas cercas para caminar por encima y aceras para patinar y una cañada donde echarse a
rodar y llamar a gritos a los del otro lado. Y el pueblo estaba lleno de…
Chicos.
Y era la tarde de la Noche de las Brujas.
Y todas las casas cerradas contra un viento frío. Y el pueblo lleno de fríos rayos
de sol. Pero de pronto el día se fue.
De abajo de todos los árboles salió la noche y tendió las alas".

"Buuum. Ocho puertas de calle cerradas de golpe. Ocho muchachitos ejecutaron una serie de hermosos saltos por encima de tiestos, barandillas, helechos muertos, arbustos, y aterrizaron sobre el césped seco y almidonado de los jardines. Galopando, atropellándose, se apoderaban de una última sábana, ajustaban una última máscara, tironeaban de extraños sombreros hongo o pelucas, gritando por cómo los llevaba el viento, cómo los ayudaba a correr; felices en el viento, o soltando maldiciones infantiles cuando las máscaras se les caían o se les torcían o se les metían en las narices con un olor a muselina, como el aliento caliente de un perro; o sencillamente dejando que la pura alegría de vivir y de estar fuera de noche les colmara los pulmones y les formase en las gargantas un grito y un grito y un… ¡griiitooo!".

"El viento de la puerta que se abrió de pronto casi barre del porche a los chicos. Se tomaron por los codos unos a otros, gritando. Entonces, dentro de la casa, la oscuridad inspiró. Un viento de succión entró por la puerta. Tironeó de los chicos, los arrastró por el porche. Tuvieron que echarse hacia atrás para que no los remolcara al interior del vestíbulo negro. Se debatieron, gritaron, se aferraron a las barandas del porche. Pero de pronto el viento cesó.
La oscuridad se movió en la oscuridad".

"Pues allí estaba el Árbol.
Y nunca en la vida habían visto un árbol semejante.
Se alzaba en el centro de un patio amplio, detrás de la mansión terriblemente misteriosa. Y este árbol tenía casi treinta metros de altura, y era más alto que los altos tejados, y exuberante y redondo y frondoso, y estaba cubierto de una infinita variedad de hojas otoñales, rojas, pardas y amarillas.
—Pero… mirad, oh —cuchicheó Tom—. ¿Qué es eso allá arriba, en ese árbol?
Porque del árbol colgaban toda clase de calabazas de las más diversas formas y tamaños y de muchas tonalidades y matices de anaranjado brillante y amarillo humo.
—Un árbol calabacero —dijo alguien.
—No —dijo Tom.
Entre las ramas altas sopló el viento y agitó levemente el cargamento rutilante.
—Un Árbol de las Brujas —dijo Tom. Y tenía razón".

"Una nubecilla de humo pareció escapar de la boca de Tom:
—Árbol de Todas las Brujas…
Todos los chicos repitieron en un murmullo:
—Árbol… de Todas las Brujas.
Y luego silencio.
Y durante el silencio las últimas triples y cuádruples velas del Árbol de Todas las Brujas se encendieron en constelaciones titánicas, entretejiéndose entre las ramas negras y espiando a través de los tallos y las hojas crepitantes.
Y ahora el Árbol se había convertido en una inmensa Sonrisa sustancial".

"De la parva de hojas emergía una mano blanca y descarnada, una mano flotante.
Y detrás, deshaciéndose en sonrisas, oculta por un momento pero ahora visible mientras se deslizaba hacia arriba, una calavera blanca.
Y lo que fuera una deliciosa piscina de hojas de roble, olmo y álamo donde patalear y hundirse y esconderse, era ahora el lugar donde menos querían estar. Pues la blanca mano descarnada volaba por el aire. Y la calavera blanca se elevaba revoloteando ante ellos.
Y los chicos cayeron hacia atrás, tropezando unos con otros, con jadeos de pánico, hasta que en una masa informe y aterrorizada rodaron por tierra y se revolcaron y manotearon la hierba para ponerse a salvo, atropellándose, tratando de echar a correr.
—¡Auxilio! —gritaron.
—Oh, sí, auxilio —dijo la Calavera".

"Un millón de asesinatos diminutos ocurrieron en algún lugar.
—¡Enciende tu calabaza, Pip!
—Auxilio… —gimió una vocecita angustiada.
Miles de alas remontaron vuelo. En algún sitio una bestia enorme batió el aire como un tambor sordo.
Las nubes, como telones de gasa, se corrieron despejando el cielo. Y allí estaba la luna, un ojo enorme.
Miró abajo…
Un sendero desierto.
No se veía a Pipkin en ninguna parte.
En lontananza, hacia el horizonte, algo oscuro se desmigajó, danzó y se escurrió alejándose en el frío aire estelar.
—Auxilio… auxilio… —gimió una voz que se perdía a la distancia.
Y calló.
—Oh —se lamentó el señor Mortajosario—. Esto sí que es grave. Me temo que algo se lo haya llevado.
—¿Adónde, adónde? —balbucearon estremeciéndose los chicos.
—A la Comarca Ignota. El Lugar que os quería mostrar. Pero ahora…
—¿No querrá decir que esa Cosa de la barranca, Eso, o Él, o lo que sea, era… la Muerte? ¿Qué se apoderó de Pipkin y… huyó?
—Decir que lo tomó en préstamo sería más correcto, quizá para pedir rescate —dijo Mortajosario.
—¿Puede hacer eso la Muerte?
—A veces, sí.
—Oh, diantre. —Tom sintió que se le humedecían los ojos—".

"Los chicos corrieron en la oscuridad por el sendero de lienzo.
—¡Atentos al crimen, muchachos! ¡Muerte!
Los pilares a ambos lados del corredor se animaron de pronto. Unas figuras seestremecieron y se movieron.
El sol dorado bañaba los pilares.
Pero era un sol con brazos y piernas, envuelto en ceñidos vendajes de momia.
—¡Muerte!
Una criatura tenebrosa le asentó al sol un golpe terrible.
El sol murió. Los fuegos se extinguieron".

"—¿Y es ése el origen de la Noche de las Brujas?
—Esas largas meditaciones nocturnas, muchachos. Y siempre allí, en el centro, elfuego. El sol. El sol sucumbiendo para siempre bajo el cielo frío, aterrorizando alhombre primitivo. Aquélla era la Gran Muerte. Si el sol desaparecía para siempre,entonces ¿qué?".

"La hoja afilada bajó de golpe: ¡hissssssss!
—¡Señor Mortajosario, apiádese de nosotros!
—¡Cállate! —Alguien le dio a Tom un golpecito en el codo. El señor Mortajosario estaba echado junto a él—. Ése no soy yo. Es…¡Samhain! —gritó la voz desde la niebla—. ¡El Dios de los Muertos! ¡Asícosecho, y así!".

"—Eh, mirad. ¡Ese perro!
Un perro salvaje, despavorido, trepaba por las rocas a toda carrera.
Y la cara del perro, los ojos, algo en los ojos…
—¿No será…?
—¿Pipkin? —dijeron todos.
—Pip… —gritó Tom—. ¿Aquí nos encontramos? Entonces…
Pero ¡funnm! La guadaña cayó.
Y lloriqueando de terror, el perro rodó sobre sí mismo y resbaló cuesta abajo.
—Aguántate, Pipkin. ¡Te reconocemos, te vemos! ¡No te asustes! No… —Tom silbó.
Pero el perro, que gemía con la dulce y adorada y asustada voz de Pipkin, ya noestaba allí.
Pero ¿no devolvían las colinas un eco de aquel gañido?
—Encontradme. Encontradme. Encontraaaaadme…
«¿Dónde?», pensó Tom. «Cuernos ¿dónde?»".

"—Brujas, brujas por todos lados —dijo Tom sorprendido—. ¡Nunca pensé que hubiese tantas!
—Legiones y multitudes, Tom. Europa estaba inundada hasta los topes. 
Brujas bajo los pies, debajo de las camas, en los sótanos y en las buhardillas.
—Caramba caramba —dijo Henry-Trampitas orgulloso en su disfraz de Bruja —.¡Brujas de verdad! ¿Podían hablar con los muertos?
—No —dijo Mortajosario.
—¿Engañar a los diablos?
—No.
—¿Meter a los demonios en las bisagras de las puertas y hacerlos chirriar a medianoche?
—No.
—¿Cabalgar en palos de escoba?
—Nopo.
—¿Hacer estornudar a la gente?
—Lástima, pero no.
—¿Matar a personas clavando alfileres en muñecos?
—No.
—Bueno, diantre ¿qué podían hacer?
—Nada.
—¡Nada! —gritaron todos, ultrajados.
—¡Ah, pero ellas creían que podían, muchachos!".

"El humo se arremolinaba en el cielo. En las encrucijadas había brujas colgadas, cuervos apretados en la plumosa oscuridad.
Arriba los chicos colgaban de las escobas, los ojos fuera de las órbitas, estupefactos.
—¿Alguno quiere ser bruja? —preguntó por último Mortajosario.
—Humm… —dijo Henry-Trampitas estremeciéndose en sus harapos de bruja—. ¡Y yo no!
—No es broma ¿en, muchacho?
—No es broma.
Las escobas los llevaron lejos de las carnes carbonizadas y el humo.
Aterrizaron en una calle desierta, en un lugar abierto, en París.
Las escobas se les desplomaron, muertas".

"Pipkin.
—Pip, por todos los diablos ¿qué haces aquí? —gritó Tom.
Pip no dijo nada.
La boca de Pip era de piedra.
—Uff, es sólo roca —dijo Ralph—. Es sólo una gárgola tallada aquí hace mucho tiempo, que se parece a Pipkin.
—No, yo lo oí llamar.
—Pero, cómo…
Y entonces el viento les trajo la respuesta. Sopló alrededor de los altos muros de Notre Dame. Tocó la flauta en los oídos y el caramillo en las bocas abiertas de las gárgolas.
—Ahhh… —suspiró la voz de Pipkin.
Los cabellos se les erizaron en las nucas
—Oooooo —murmuró la boca de piedra.
—¡Escuchad! ¡Es él! —dijo Ralph, excitado".

"La lluvia le brotó de los ojos como lágrimas.
Los muchachos levantaron las manos como para tocar la barbilla de Pipkin, Pero antes que alcanzaran a tocarla…
Un rayo cayó del cielo.
Restalló en azul y blanco.
La catedral entera se conmovió. Los chicos tuvieron que aferrarse con ambas manos a cuernos de demonios y alas de ángeles para que no los derribaran.
Trueno y humo. Y un gran alud de roca y piedra.
La cara de Pipkin desapareció. Arrancada por el rayo, cayó en el espacio y se hizo añicos contra el suelo".

"Se habían acostumbrado tanto a que Pipkin les deparase fantásticas sorpresas, apareciendo en los muros de Notre Dame, o apretujado en un sarcófago de oro, y habían esperado que Pipkin, como un muñeco de resorte, saltara de pronto de una montaña de calaveras de azúcar, les sacudiera una mortaja en las caras y se pusiera a cantar.
Pero no. De pronto, nada de Pip. Ni rastros de Pip.
Y tal vez nada de Pip nunca más.
Los muchachos se estremecieron. Un viento frío sopló una niebla desde el lago".

"Tom Skelton, disfrazado de calavera y huesos, sin ganas de entrar, queriendo extraerle una última gota a esa fiesta favorita, envió sus pensamientos por el aire
nocturno hacia la extraña casa del otro lado de la cañada. 
Señor Mortajosario ¿quién es USTED?
Y el señor Mortajosario, allá arriba, en el tejado, le envió la respuesta:
Creo que tú lo sabes, muchacho, creo que tú lo sabes.
¿Volveremos a encontrarnos, señor Mortajosario?
Dentro de muchos años sí, vendré por ti.
Y un último pensamiento de Tom:
Oh, señor Mortajosario, ¿dejaremos de tenerles miedo alguna vez a la noche y a la muerte?
Y el pensamiento volvió:
Cuando lleguéis a las estrellas, muchacho, si, y viváis para siempre allí, todos los miedos desaparecerán, y la Muerte misma morirá".





Ray Bradbury

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