jueves, 5 de septiembre de 2019

Citas: Las cosas que no nos dijimos - Marc Levy


"—Esta idea tuya de comprar un vestido de novia de rebajas me horripila. Ya puestos, ¿por qué no lo compras por Internet? Querías mi opinión, ¿no?, pues ya la tienes.
—Tendrás que perdonarme que no pueda permitirme nada mejor con mi sueldo de infografista.
—¡Dibujante, princesa! Señor, cómo me horroriza el vocabulario del siglo XXI.
—¡Trabajo con un ordenador, Stanley, no con lápices de colores!".

"Stanley se puso en pie y retrocedió unos pasos para contemplar su trabajo. Asintió con la cabeza e inspiró profundamente.
—Bueno, ¿y ahora qué pasa? —quiso saber Julia.
—Es perfecto, bueno, no, tú eres perfecta, no el vestido".

"—¿Y bien? —preguntó, impaciente—. ¿Viene a la boda?
Julia negó con la cabeza.
—¿Y esta vez qué pretexto ha esgrimido para justificar su ausencia?
Julia inspiró profundamente y miró con fijeza a Stanley.
—¡Ha muerto!
Los dos amigos se quedaron un momento mirándose, sin decir una palabra.
—¡Vaya, tengo que decir que esta vez la excusa es irreprochable! —susurró
Stanley.
—¡Eres un idiota!
—Estoy confundido, no es eso lo que quería decir, no sé ni cómo se me ha podido ocurrir decir algo así. Perdóname, cariño".

"—¡No creo que decidiera morir anoche en París sin más fin que el de comprometer tu boda! Si bien le concedo cierto refinamiento en lo que a la elección del lugar se refiere.
—¡No lo conoces, es capaz de cualquier cosa con tal de fastidiarme!".

"—Tienes razón —dijo Adam, contemplando a su vez el cielo—, es un día magnífico; hasta en las últimas horas de su vida tenía tu padre que fastidiarnos.
Julia se detuvo al instante y retiró bruscamente la mano de la de su prometido.
—¡No me mires así! —suplicó Adam—. Si tú misma lo has dicho al menos veinte veces desde que te anunciaron su muerte".

"—¿Lo que significa?
—Lo que significa dar la posibilidad de ofrecer a los tuyos unos días más de presencia.
Julia lo miraba desconcertada, sin comprender del todo lo que su padre le explicaba. Entonces Anthony Walsh añadió:
—Unos días más, ¡después de haber muerto!
—¿Es una broma? —preguntó Julia.
—Pues considerando la cara que has puesto al abrir la caja, tengo que decir que lo que tú llamas una broma desde luego es muy lograda —contestó Anthony Walsh, mirándose en el espejo colgado de la pared—".

"Ella aplaudió.
—¡Haz el favor de no aprovechar que estoy muerto para mostrarte insolente conmigo!".

"—¡Mierda! —murmuró precipitándose a la ventana.
—¿Quién es? —quiso saber su padre.
—¡Adam!
—¿Quién?
—El hombre con el que debería haberme casado el sábado.
—¿Cómo que deberías?
—¡El sábado estaba en tu entierro!
—¡Ah, sí!".

"—¿Ha ido todo bien? —preguntó Anthony Walsh en tono jovial, nada más volver su hija.
—¡Fantásticamente bien!
—¿Entonces por qué pones esa cara de funeral? Dicho esto, más vale tarde que nunca...
—¡Eso mismo me pregunto yo! ¿Quizá porque, por primera vez, he mentido al hombre al que amo?
—No, mi querida Julia, es la segunda vez, se te ha olvidado lo de ayer... Pero si quieres, podemos decir que estabas calentando motores y que esa vez no cuenta".

"—¿Llevas un marcapasos?
—Desde hace diez años, querida.
—¿Por qué?
—Porque tuve un infarto y mi corazón necesitaba algo de ayuda.
—¿Cuándo ocurrió eso?
—Si te dijera que ocurrió el día del aniversario de la muerte de tu madre, me reprocharías una vez más mi lado teatral.
—¿Por qué no lo he sabido nunca?
—¿Quizá porque estabas demasiado ocupada viviendo tu vida?
—Nadie me avisó".

"—¡Podrías haber elegido otro hotel! —le dijo Julia al oído a su padre.
—¡No tuve más remedio! —se justificó Anthony—. Tu futuro marido había optado por un paquete, vuelo más hotel. Y eso que hemos tenido suerte, no eligió media pensión. Pero te prometo que no le costará nada, lo cargaremos todo en mi tarjeta de crédito. ¡Eres mi heredera, así que invitas tú!  dijo riendo.
—¡No era eso lo que me preocupaba!
—¿Ah, no? ¿Y qué, entonces?
—¿La suite... nupcial?
—No hay motivo para preocuparse, eso lo comprobé con la chica de la agencia, la suite se compone de dos habitaciones unidas por un salón, en la última planta del hotel. No tendrás vértigo, espero...
Y mientras Julia sermoneaba a su padre, el recepcionista le entregó la llave, deseándole una feliz estancia.
El mozo de las maletas los condujo a los ascensores. Julia retrocedió y se precipitó hacia el recepcionista.
—¡No es en absoluto lo que imagina! ¡Se trata de mi padre!
—Pero si yo no imagino nada, señora —contestó éste, incómodo".

"—¿Qué miras? —le preguntó Julia a su padre.
—¡A ti!
—¿Y qué estabas pensando mientras me mirabas?
—Que eres muy guapa, te pareces a tu madre —contestó con una sonrisa sutil.
—¡Tengo hambre! —anunció Julia".

"—¡Hay momentos en que me pregunto si, a fin de cuentas, no hice bien en morir la semana pasada!
—¡Por favor, no empieces otra vez con tus palabras grandilocuentes!".

"—¿Cómo le gusta la carne? —quiso saber el camarero.
—¡Seguro que medio cruda! —contestó Anthony Walsh.
—¿Y para el señor?
—¿Tiene pilas? —preguntó Julia".

"—Me parece que es la melodía de tu teléfono; debes de habértelo dejado en la habitación —dijo Anthony con voz incómoda.
—No cambies de tema. ¿Qué quieres decir exactamente con que «no está lo que se dice muerto»?
—Vivo sería un término que también podría aplicársele...".

"Cada vez que viajaba en avión, buscaba tu rostro entre las nubes, me imaginaba tus rasgos en esas formas que se estiraban en el cielo".

"Y por fin me devolvió la llamada; por el timbre de su voz, comprendí al instante que había perdido a un amigo, y yo al hombre al que amaba".

"—¿Tiene dificultades para desplazarse, señor? —se preocupó la joven.
—Por desgracia, señorita, a mi edad ¿quién no las tiene? —contestó muy orgulloso, presentándole el certificado que daba fe de que llevaba un marcapasos.
—Espere aquí —dijo ésta descolgando el teléfono.
Unos segundos más tarde, llegó un cochecito eléctrico para llevarlos a la puerta de embarque del vuelo con destino a París. Escoltados por un agente de la compañía, pasar el control de seguridad esta vez fue un juego de niños.
—¿Vuelves a tener un virus en el sistema? —le preguntó Julia mientras recorrían a toda velocidad los pasillos del aeropuerto.
—Calla, demonios —murmuró Anthony—, ¡nos van a descubrir, no me pasa nada en la pierna!".

"—Dentro de dos horas toda Nueva York estará despierta. No tendrás más que llamar a mi médico, él te mandará por fax un duplicado del certificado.
—¿Tu médico no sabe que has muerto?
—¡No, qué tontería, ¿verdad?, pero se me ha olvidado avisarlo!".

"—Dentro de dos horas toda Nueva York estará despierta. No tendrás más que llamar a mi médico, él te mandará por fax un duplicado del certificado.
—¿Tu médico no sabe que has muerto?
—¡No, qué tontería, ¿verdad?, pero se me ha olvidado avisarlo!".

"—¿Cambiamos de tema? —suplicó Julia.
—Como quieras, pero me parecía bastante divertido poder hablar con alguien de mi propia muerte.
—Ese alguien en cuestión es tu hija, y, francamente, no parecías estar pasándotelo pipa".

"—¡Dos cosas! —anunció—. La primera es que estás en pelotas, y dudo mucho que mis vecinos de enfrente aprecien el espectáculo para amenizar su desayuno.
—¿Y la segunda? —preguntó Tomas sin volverse.
—El desayuno lo tomamos abajo en el café, en casa no hay nada".

"Tus palabras son dulces, más tranquilas que las del hombre del mediodía. A él también lo creo cuando dice que me ama, puesto que parece querer que esté bien".

"Tantas cosas que decirte y tan poco tiempo".

"—Qué hermosa eres —dijo Tomas dándose media vuelta.
Julia no contestó.
—¿Y ahora? —preguntó él con voz dulce.
—¡Tengo hambre!".

"—¿Por qué no te he conocido antes? —preguntó Julia.
—Los padres y los hijos tardan a veces años en conocerse".


Marc Levy

No hay comentarios.:

Publicar un comentario