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domingo, 11 de mayo de 2025

Citas:Tormenta de espadas - George R. R. Martin


"—Chett, ¿qué hacemos con el pájaro? —preguntó Paul el Pequeño mientras avanzaban por un sendero rocoso entre centinelas y pinos soldado.
—¿De qué pájaro de mierda hablas? —Lo que menos necesitaba en aquel momento era un cabeza de chorlito preocupado por un pájaro.
—Del cuervo del Viejo Oso —dijo Paul el Pequeño—. Si lo matamos, ¿quién va a darle de comer a su pájaro?
—¿Y a quién coño le importa? Si quieres, mata también al pájaro".

"Uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuooooooooooooooooooooo.
El sonido siguió y siguió, hasta parecer que no iba a terminar nunca. Los cuervos aleteaban, graznaban, revoloteaban dentro de sus jaulas y chocaban contra los barrotes, y por todo el campamento se levantaban los hermanos de la Guardia de la Noche, se ponían las armaduras, se ceñían los cinturones de los que colgaban lasespadas y echaban mano a los arcos y hachas de batalla. Samwell Tarly estaba de pie, temblando, con el rostro del mismo color de la nieve que se arremolinaba en torno a ellos.
—Tres —chilló, dirigiéndose a Chett—, han sido tres, he oído tres. No han tocado tres nunca. Jamás, en miles y miles de años. Tres significa...
—Los Otros.
Chett emitió un sonido a medio camino entre una risa y un sollozo, y de repente la ropa interior se le mojó, sintió cómo la orina le corría piernas abajo y vio el vapor que subía de la parte delantera de sus calzones".

"En aquel momento debió de quedarse dormido. El vino le había dado sueño y era una delicia estirarse, un lujo que las cadenas del calabozo no le habían permitido.
Hacía mucho tiempo que Jaime había aprendido a echar una cabezada sobre la silla de montar durante la marcha; aquello no resultaba más duro.
«Tyrion se va morir de risa cuando le cuente cómo me quedé dormido durante mi propia fuga.» Pero ya estaba despierto y los grilletes le resultaban un poco molestos.
—Mi señora —dijo en voz alta—, si me quitáis estas cadenas, haré vuestro turno con los remos.
Ella frunció de nuevo aquel rostro, todo dientes de caballo y suspicacia.
—Llevaréis las cadenas, Matarreyes.
—¿Creéis que vais a poder remar todo el trayecto hasta Desembarco del Rey, moza?
—Me llamaréis Brienne. No moza.
—Y yo me llamo Ser Jaime. No Matarreyes.
—¿Negáis que habéis matado a un rey?
—No. ¿Negáis vuestro sexo? Si es así, quitaos los calzones y demostrádmelo. —Le dedicó una sonrisa inocente—. Os pediría que os abrierais la blusa, pero a juzgar por vuestro aspecto, eso no demostraría gran cosa.
—Primo, sé más cortés —lo increpó Ser Cleos, mirándolo molesto".

"—Por tu forma de hablar, colijo que eres de noble cuna.
—Mi padre es Selwyn de Tarth, señor del Castillo del Atardecer por la gracia de los dioses.
Hasta aquella respuesta le fue dada de mala gana.
—Tarth —dijo Jaime—. Una enorme roca lúgubre en el mar Angosto, si mal no recuerdo. Y ha jurado fidelidad a Bastión de Tormentas. ¿Por qué sirves a Robb de Invernalia?
—A quien sirvo es a Lady Catelyn. Y ella me dio la orden de llevaros sano y salvo con vuestro hermano Tyrion en Desembarco del Rey, no de gastar palabras con vos. Manteneos en silencio.
—He tenido un hartazgo de silencio, mujer.
—Hablad entonces con Ser Cleos. No desperdicio palabras con monstruos.
—¿Hay monstruos por aquí? —Jaime soltó una carcajada estrepitosa—. ¿Se esconden quizá bajo las aguas? ¿O entre esos sauces? ¡Y yo sin mi espada!
—Un hombre que viola a su hermana, asesina a su rey y empuja a la muerte a un niño inocente no se merece otro nombre".

"«El miedo hiere más que las espadas», susurró para sus adentros, eran las palabras que Syrio Forel le había enseñado, y también susurró las palabras de Jaqen, «Valar morghulis»".

"—Mi sobrino —dijo—. Joffrey. ¿Estuvo en peligro?
—No más que algunos y menos que la mayoría.
—¿Ha sufrido algún daño? ¿Lo han herido? ¿Se despeinó, se torció un dedo del pie, se rompió una uña?
—Por lo que tengo entendido, no".

"—¿Mi lupanar? —Por fin se hizo la luz; Tyrion comprendió en ese momento de dónde había salido toda aquella bilis. Apretó los dientes—. ¿Cersei te ha hablado de Alayaya?
—¿Se llama así? Reconozco que soy incapaz de recordar los nombres de todas tus putas. ¿Quién era aquella con la que te casaste de niño?
—Tysha —escupió la respuesta, desafiante.
—¿Y la que iba detrás del campamento, en el Forca Verde?
—¿Y qué te importa? —preguntó, negándose a pronunciar el nombre de Shae en presencia de su padre.
—Nada. Lo mismo que me importa que vivan o mueran".

"—¿Este crío? —Las noticias habían irritado al hombre sin orejas—. Mediamano era mío. ¿Tienes nombre, cuervo?
—Jon Nieve, Alteza. —Se preguntó si también debería hacer una genuflexión.
—¿Alteza? —El hombre sin orejas miró al obeso de la barba blanca—. Fíjate. Me toma por un rey.
El de la barba blanca soltó tal risotada que salpicó sus alrededores con trozos de gallina. Se limpió la grasa de la boca con el dorso de la manaza.
—Debe de estar ciego. ¿Cuándo se ha visto un rey sin orejas? ¡La corona le iría a parar al cuello! ¡Ja! —Hizo una mueca en dirección a Jon mientras se limpiaba los dedos en los calzones—".

"—Su Alteza era... agradable en general.
—¿En general? —Dany sonrió—. Pero ¿no siempre?
—Podía ser muy duro con los que consideraba sus enemigos.
—Un hombre sabio nunca se enemista con un rey —dijo Dany—".

"—¿Y qué pasa si el capitán Groleo se niega a cambiar el rumbo? ¿Y qué harán Arstan y Belwas?
—Quizá sea el momento de que lo averigüéis. —Ser Jorah se puso de pie.
—Sí —decidió ella—. ¡Lo haré! —Dany se quitó la manta y saltó de la litera—. Veré enseguida al capitán, le ordenaré que tome rumbo a Astapor. —Se inclinó sobre su baúl, levantó la tapa y agarró la primera prenda que encontró, unos anchos pantalones de seda basta—. Dadme el cinturón con el medallón —ordenó a Jorah mientras se subía la seda por las caderas—. Y mi chaleco... —comenzó a decir mientras se volvía.
Ser Jorah la envolvió entre sus brazos.
—Oh —fue lo único que logró decir Dany cuando la atrajo hacia sí y pegó sus labios a los de ella. Olía a sudor, a sal y a cuero, y los remaches de hierro de su jubón se le clavaban en los pechos desnudos mientras él la estrechaba contra su cuerpo. Una mano la sostenía por el hombro y la otra había descendido por su espalda casi hasta el final, y la boca de Dany se abrió para recibir la lengua de Ser Jorah, aunque ella no se lo había ordenado.
«Me pincha con la barba —pensó—, pero su boca es dulce. —Los dothrakis no llevaban barba, sólo largos mostachos, y el único que la había besado antes era Khal Drogo—. No debería hacer eso. Soy su reina, no su hembra.»
Fue un beso largo, aunque Dany no habría podido decir cuánto. Al terminar, Ser Jorah la soltó y ella dio un rápido paso atrás.
—Vos... No habéis debido...
—No he debido esperar tanto tiempo —terminó la frase por ella—. Debí haberos besado en Qarth, en Vaes Tolorro. Debí haberos besado en el desierto rojo, cada día y cada noche. Habéis nacido para que os besen, cada instante.
Tenía los ojos clavados en los pechos de Dany, que se los cubrió con las manos antes de que los pezones pudieran traicionarla.
—Esto... no ha sido adecuado. Soy vuestra reina.
—Mi reina y la mujer más valiente, más dulce y más bella que he visto en mi vida. Daenerys...
—¡Alteza!
—Alteza —aceptó él—. «El dragón tiene tres cabezas», ¿os acordáis? Desde que lo oísteis de labios de los hechiceros en el Palacio de Polvo, os habéis preguntado qué significa. Pues aquí tenéis lo que quiere decir: Balerion, Meraxes y Vhagar, montados por Aegon, Rhaenys y Visenya. El dragón de tres cabezas de la Casa Targaryen: tres dragones y tres jinetes.
—Sí —dijo Dany—, pero mis hermanos están muertos.
—Rhaenys y Visenya fueron esposas de Aegon, además de sus hermanas. Vos no tenéis hermanos, pero podéis tomar maridos. Y en verdad os digo, Daenerys, no hay un hombre en el mundo entero que os pueda ser ni la mitad de fiel que yo".

"—Hooodor —dijo Hodor, balanceándose—. Hooooooooodor, Hoooooodor, Hodooor, Hodooor, Hodooor. —A veces le gustaba hacer eso, repetir su nombre de diferentes maneras, una y otra vez. En otras ocasiones se quedaba tan tranquilo que uno olvidaba su presencia. Con él no había manera de saber nada por anticipado—. ¡Hodor, Hodor, Hodor! —gritó.
«No va a parar», se dio cuenta Bran.
—Hodor, ¿por qué no vas fuera y te entrenas con tu espada? —le propuso. El mozo de cuadra había olvidado su espada, pero en aquel momento la recordó.
—¡Hodor! —gruñó".

"—¿Y mi padre? ¿A quién ha mandado para espiarme?
Esa vez el eunuco se rió en voz alta.
—Pues a mí, mi señor.
Tyrion lo acompañó en las carcajadas".

"—La Casa Tyrell perdurará a través de mis hermanos —dijo Ser Loras—. Para el tercer hermano, ni casarse ni procrear es necesario.
—No es necesario, pero hay quien lo considera un placer. Y el amor, ¿qué?
—Cuando el sol se pone, no hay vela que pueda remplazarlo.
—¿Es una canción? —Tyrion ladeó la cabeza, sonriendo—. Sí, tenéis diecisiete años, ahora me doy cuenta.
—¿Os burláis de mí? —Ser Loras se puso tenso.
«Vaya, qué susceptible.»
—No. Si os he ofendido, perdonadme. Yo también tuve un gran amor, y también teníamos una canción".

"Se abrió paso a empujones entre el Gran Jon y Maege Mormont, y salió de la estancia. Robb no hizo ningún gesto para detenerlo.
—Tienes que perdonarlo, madre.
—Sólo si tú me perdonas a mí.
—Ya te he perdonado. Sé lo que es amar tanto que no puedes pensar en otra cosa".

"—Jeyne no es sólo hermosa, también es inteligente. Y bondadosa. Tiene un corazón gentil.
«Lo que necesitas son espadas, no corazones gentiles. ¿Cómo has podido hacer esto, Robb? ¿Cómo has podido ser tan inconsciente, tan tonto? ¿Cómo has podido ser tan... tan... joven?» Pero los reproches no servirían de nada.
—Cuéntame cómo has llegado a esto —se limitó a decir.
—Yo tomé su castillo y ella tomó mi corazón. —Robb esbozó una sonrisa—".

"—Robb, ¿dónde está Viento Gris?
—En el patio, con una pata de carnero. Le he dicho al encargado de las perreras que le diera de comer.
—Antes siempre lo tenías a tu lado.
—Los lobos no deben estar entre cuatro paredes. Viento Gris está inquieto, ya lo has visto. Gruñe y lanza dentelladas. No debería haberlo llevado conmigo a las batallas. Ha matado a demasiados hombres como para tener miedo de ninguno. Jeyne se pone muy nerviosa cuando lo tiene cerca, y a su madre le da mucho miedo.
«Así que ése es el motivo», pensó Catelyn.
—Es parte de ti, Robb. Tener miedo de Viento Gris es tener miedo de ti".

"—La próxima batalla —dijo Robb—. No falta mucho, desde luego. En cuanto Joffrey contraiga matrimonio, los Lannister volverán a atacarme, y no cabe duda de que los Tyrell les darán todo su apoyo. Y si Walder el Negro se sale con la suya, puede que también tenga que luchar contra los Frey...
—Mientras Theon Greyjoy se siente en el trono de tu padre —dijo Catelyn a su hijo— con las manos manchadas con la sangre de tus hermanos, el resto de los enemigos tendrán que esperar. Tu primera obligación es defender a tu pueblo, recuperar Invernalia, colgar a Theon en una jaula para cuervos y dejarlo morir muy lentamente. O eso, o quitarte para siempre esa corona, Robb, porque los hombres sabrán que no eres un verdadero rey.
Por la mirada que le dirigió Robb, era evidente que hacía mucho que nadie se atrevía a hablarle de manera tan brusca.
—Cuando me dijeron que Invernalia había caído, quise volver al norte de inmediato —dijo con cierto tono defensivo en la voz—. Quise liberar a Bran y a Rickon, pero creía... Nunca imaginé que Theon les pudiera hacer daño, de verdad. Si hubiera...
—Es demasiado tarde para cambiar el pasado —dijo Catelyn—, demasiado tarde para rescatar a nadie. Ya sólo nos queda la venganza".

"—¿No te gusta esa chica? —le preguntó Tormund mientras pasaban junto a otra veintena de mamuts, éstos montados por salvajes en altas torres de madera, en vez de
por gigantes.
—Sí, pero... —«¿Qué puedo decirle que sea creíble?»—. Todavía soy demasiado joven para casarme.
—¿Casarte? —Tormund se echó a reír—. ¿Y para qué te vas a casar? ¿Qué pasa, en el sur los hombres tienen que casarse con todas las chicas que se llevan a la cama?
Jon notó que volvía a ponerse rojo.
—Intercedió en mi favor cuando Casaca de Matraca quería matarme. No la puedo deshonrar.
—Ahora eres un hombre libre e Ygritte es una mujer libre. ¿Qué tiene de deshonroso que os acostéis juntos?
—Podría dejarla embarazada.
—Sí, ojalá. Un hijo fuerte o una hija vivaracha y risueña besada por el fuego, ¿hay algo de malo en eso?
Por un momento no supo qué decir.
—El chico... el bebé sería un bastardo.
—¿Y qué pasa, los bastardos son más débiles que los otros niños? ¿Más enfermizos, más inútiles?
—No, pero...
—Tú mismo eres bastardo. Y si Ygritte no quiere tener un hijo, acudirá a alguna bruja de los bosques y beberá una taza de té de la luna. Una vez plantada la semilla, tú ya no pintas nada.
—No engendraré a un bastardo.
—Los que os arrodilláis sois muy idiotas. —Tormund sacudió la melena enmarañada—. Si no querías a la chica, ¿por qué la secuestraste?
—¡Yo no la secuestré!
—Claro que sí —replicó Tormund—. Mataste a los dos que la acompañaban y te la llevaste: eso es secuestrar, ¿qué si no?
—Lo que hice fue tomarla prisionera.
—La obligaste a rendirse a ti.
—Sí, pero... te juro que no le puse un dedo encima, Tormund.
—¿Seguro que no te cortaron el miembro? —Tormund se encogió de hombros, como dando a entender que aquellas locuras no había quien las comprendiera—".

"—Levántate —le dijo una voz—. No puedes dormirte aquí, Sam. Levántate, tienes que caminar.
«No estaba dormido, estaba recordando.»
—Vete —dijo, y sus palabras se congelaron en el aire gélido—. Estoy bien.
Quiero descansar.
—Levántate —insistió la voz de Grenn, áspera, ronca. Se inclinó sobre Sam, llevaba las ropas negras llenas de nieve—. El Viejo Oso ha dicho que nada de descansar. Vas a morir".

"—Estoy desconcertado —tuvo que reconocer Tyrion—. Creía que Robb Stark tenía más sentido común.
—Es un muchacho de dieciséis años —dijo Lord Tywin—. A esa edad el sentido común importa poco, comparado con la lujuria, el amor y el honor.
—Renegó de su promesa, humilló a un aliado y violó su palabra. ¿Dónde está el honor?
—Eligió el honor de la chica por encima del suyo propio —le respondió Ser Kevan—. Una vez la hubo desvirgado, no le quedó otra opción.
—Habría sido mejor para ella que la dejara con un bastardo en la barriga —replicó Tyrion con brusquedad.
Los Westerling iban a perderlo todo: sus tierras, su castillo, sus mismas vidas.
«Un Lannister siempre paga sus deudas»".

"«A quien quiero tener es a Drogo, mi sol y estrellas —se recordó Dany—. No a Irri, ni a Ser Jorah, sólo a Drogo. —Pero Drogo estaba muerto. Creía que aquellos sentimientos habían muerto con él en el desierto rojo, pero un beso traicionero, sin saber por qué, los había resucitado—. No debería haberme besado. Fue presuntuoso por su parte, y yo se lo permití. Esto no puede repetirse.» Apretó los labios y sacudió la cabeza, y la campanilla de su trenza tintineó con suavidad".

"—Hodor —dijo Hodor.
—Hodor —asintió Bran.
—Me parece que a Hodor le gusta cuando dices su nombre. —Jojen dio una patada a una piña.
—En realidad no se llama Hodor —explicó Bran—. No es más que una palabra que dice siempre. Su verdadero nombre es Walder, me lo contó la Vieja Tata. Era su tatarabuela o algo así. —Al pensar en la Vieja Tata se puso triste—. ¿Crees que los hombres del hierro la mataron? —No habían visto su cadáver en Invernalia. Bien pensado, no recordaba haber visto a ninguna mujer muerta—. Ella nunca le hizo daño a nadie, ni siquiera a Theon. No hacía más que contar cuentos. Theon no le haría
daño a alguien así, ¿verdad?
—Hay gente que hace daño a los demás sólo porque puede —dijo Jojen".

"—¡Es hora de encamarlos! ¡Vamos a quitarle la ropa, a ver qué le puede ofrecer la loba a mi tío!
Otros hombres se unieron al grito. Su señor esposo alzó la vista de la copa de vino con un movimiento lento, deliberado.
—No va a haber encamamiento.
—Si yo lo ordeno, lo habrá. —Joffrey agarró a Sansa por el brazo.
—Entonces complacerás a tu prometida con una polla de madera. —El Gnomo clavó la daga en la mesa—. Porque te juro que te capo.
Se hizo un silencio tenso. Sansa se apartó de Joffrey, pero la tenía sujeta con fuerza y se le desgarró la manga del vestido. Nadie pareció darse cuenta. La reina Cersei se volvió hacia su padre.
—¿Has oído lo que ha dicho?
—Podemos prescindir del encamamiento —dijo Lord Tywin poniéndose en pie—. Estoy seguro de que no pretendías proferir amenazas contra la regia persona del rey, Tyrion.
Sansa vio una nube de cólera pasar por el rostro de su esposo.
—Me he expresado mal —dijo—. Sólo ha sido una broma pesada.
—¡Me has amenazado con caparme! —chilló Joffrey".

"—¿Cuántos años tienes, Sansa? —preguntó Tyrion tras un momento.
—Trece —respondió—. Los cumpliré la próxima luna.
—Dioses misericordiosos. —El enano bebió otro trago de vino—. En fin, aunque hablemos toda la noche no vas a ser mayor. Sigamos, mi señora, si te parece bien.
—Me parecerá bien lo que diga mi señor.
Aquello lo enfureció.
—Te escondes detrás de la cortesía como si fuera la muralla de un castillo.
—La cortesía es la armadura de una dama —dijo Sansa, como le había enseñado siempre su septa".

"—Cómo odio este Muro —dijo en voz baja, airada—. ¿Te has fijado en lo frío que es?
—Está hecho de hielo —señaló Jon.
—No sabes nada, Jon Nieve. Este Muro está hecho de sangre".

"—He estado a punto de caerme —le dijo con los ojos llenos de lágrimas—. Dos veces. Tres veces. El Muro intentaba sacudírseme, lo he notado. —Una de las lágrimas le empezó a correr por la mejilla.
—Lo peor ya ha pasado. —Jon trataba de parecer seguro—. No tengas miedo.
La rodeó con un brazo. Ygritte le dio un palmetazo en el pecho con tanta fuerza que le escoció a pesar de las capas de lana, cota de mallas y cuero hervido.
—No tenía miedo. No sabes nada, Jon Nieve.
—Entonces, ¿por qué lloras?
—¡No es por miedo! —Dio una patada salvaje al hielo que tenía bajo los pies y arrancó un pedazo—. Lloro porque no encontramos el Cuerno del Invierno. ¡Abrimos medio centenar de tumbas, dejamos todas esas sombras sueltas por el mundo y no encontramos el Cuerno de Joramun para derribar este maldito muro!".

"«¿Cómo es posible que una noche sea tan bella? —se preguntó—. ¿Por qué salen todas esas estrellas a mirar a alguien como yo?»
—Jaime —susurró Brienne con voz tan queda que pensó que estaba soñando—. Jaime, ¿qué hacéis?
—Morirme —susurró a su vez.
—No —dijo ella—. No, tenéis que vivir.
Le hubiera gustado echarse a reír.
—Dejad de decirme lo que tengo que hacer, moza. Me moriré si me place.
—¿Tan cobarde sois?
El mero sonido de la palabra lo conmocionó. Él era Jaime Lannister, caballero de la Guardia Real, el Matarreyes. Jamás nadie lo había llamado cobarde. Otras cosas, sí: renegado, mentiroso, asesino... Decían que era cruel, traicionero y despiadado.
Pero cobarde, jamás.
—¿Qué puedo hacer, aparte de morir?
—Vivir —replicó—. Vivir, pelear y vengaros".

"—Mi señor —oyó Sam decir a Ronnel Harclay—, sólo tenemos veintidós monturas, y dudo mucho que la mitad de ellas puedan llegar al Muro.
—Ya lo sé —gruñó Mormont—. Pero de todos modos tenemos que partir. Craster lo ha dejado bien claro. —Miró hacia el oeste, donde un banco de nubes oscuras ocultaba el sol—. Los dioses nos han dado un respiro, pero ¿cuánto durará? —Mormont se bajó de la silla, y sacudió el brazo para que el cuervo echara a volar de nuevo. En aquel momento vio a Sam. —¡Tarly! —llamó.
—¿Yo? —Sam se puso en pie con torpeza.
—¿Yo? —El cuervo se posó sobre la cabeza del anciano—. ¿Yo?
—¿Te llamas Tarly? ¿Tienes algún hermano por aquí? Sí, tú. Cierra la boca y ven conmigo.
—¿Con vos? —Las palabras le salieron como un graznido.
—Eres un hombre de la Guardia de la Noche. —El Lord Comandante Mormont le lanzó una mirada desdeñosa—. Intenta no hacértelo encima cada vez que te miro. He dicho que vengas".

"—Eres mío —susurró—. Eres mío, igual que yo soy tuya. Si tenemos que morir, moriremos. Todos los hombres mueren, Jon Nieve. Pero antes vamos a vivir.
—Sí. —Tenía la voz entrecortada—. Antes vamos a vivir.
Al oírlo sonrió y mostró a Jon aquellos dientes torcidos que, sin saber cómo, había llegado a amar".

"—¿Qué lugar es éste?
—Tu lugar. —La voz retumbaba. Era un centenar de voces, mil voces, las voces de todos los Lannister desde Lann el Astuto, que había vivido en el amanecer de los tiempos. Pero era, sobre todo, la voz de su padre, y junto a Lord Tywin estaba su hermana, pálida y hermosa, con una antorcha encendida en la mano. Joffrey también estaba allí, era el hijo que ambos habían tenido, y tras ellos había otra docena de sombras oscuras con cabellos dorados.
—Hermana, ¿por qué nos ha traído padre aquí?
—¿Nos? Éste es tu lugar, hermano. Ésta es tu oscuridad.
Su antorcha era la única luz de la caverna. Su antorcha era la única luz del mundo. Cersei se volvió para marcharse.
—Quédate conmigo —le suplicó Jaime—. No me dejes aquí solo. —Pero se marchaban—. ¡No me dejéis en la oscuridad! —Algo espantoso habitaba allí abajo—. Al menos dadme una espada".

"—¿Creéis en los fantasmas, maestre? —preguntó a Qyburn.
Una expresión extraña pasó por el rostro del hombre.
—Una vez, estando en la Ciudadela, entré en una habitación desierta y vi una silla vacía. Pero supe que allí había habido una mujer hacía tan sólo un momento. El cojín conservaba la huella de su cuerpo, la tela aún estaba tibia y su perfume permanecía en el aire. Si al abandonar una habitación dejamos en ella nuestro olor, sin duda parte de nuestra alma debe permanecer aquí cuando abandonamos la vida, ¿no os parece? —Qyburn extendió las manos—. Pero a los archimaestres no les gustaban mis ideas.
Bueno, a Marwyn sí, pero era al único".

"—¡Habéiz azezinado a mi ozo! —chilló Vargo Hoat.
—Y lo mismo haré con vos si me causáis problemas —replicó Patas de Acero—. Nos vamos a llevar a la moza.
—Se llama Brienne —dijo Jaime—. Brienne, la doncella de Tarth. Porque seguís siendo doncella, espero.
—Sí. —El feo rostro ancho de la mujer se sonrojó.
—Menos mal —dijo Jaime—, porque yo sólo rescato doncellas. —Se volvió hacia Hoat—. Tendréis el rescate que queríais. Por nosotros dos. Un Lannister siempre paga sus deudas".

"—¿Estáis loco, Matarreyes? ¿Acaso queríais morir? ¡No hay hombre capaz de enfrentarse a un oso con las manos desnudas!
—Una mano desnuda y un muñón desnudo —lo corrigió Jaime—. Pero sabía que mataríais a la bestia antes de que la bestia me matara a mí. De lo contrario Lord Bolton os habría despellejado como a una liebre, ¿no?
Patas de Acero lo insultó hasta cansarse por demente, picó espuelas y galopó para situarse al frente de la columna.
—¿Ser Jaime? —Pese a las sedas manchadas y el encaje desgarrado, Brienne seguía pareciéndose más a un hombre con un vestido que a una mujer de verdad—. Os estoy agradecida, pero... ya estabais muy lejos. ¿Por qué volvisteis?
Se le ocurrieron una docena de réplicas ingeniosas, a cuál más cruel, pero Jaime se limitó a encogerse de hombros.
—Soñé con vos —respondió".

"—Madre. —El tono de Robb era brusco—. Te olvidas de una cosa. Mi padre tuvo cuatro hijos.
—Un Nieve no es un Stark. —Catelyn no lo había olvidado; no lo había querido ver, pero allí estaba.
—Jon es más Stark que cualquier señor menor del Valle que jamás ha visto Invernalia.
—Jon es un hermano de la Guardia de la Noche, ha jurado no tomar esposa y no poseer tierras. Los que visten el negro hacen votos de por vida.
—Igual que los caballeros de la Guardia Real. Eso no impidió que los Lannister les quitaran las capas blancas a Ser Barristan Selmy y a Ser Boros Blunt cuando ya no les eran útiles. Si envío a la guardia un centenar de hombres que ocupen el lugar de Jon, seguro que se les ocurrirá alguna manera de liberarlo de su juramento.
«Ya lo ha decidido.» Catelyn sabía lo testarudo que podía llegar a ser su hijo.
—Los bastardos no pueden heredar.
—No a menos que un decreto real los legitime —replicó Robb—. Sobre eso hay más precedentes que sobre liberar de sus votos a un hermano juramentado.
—Precedentes —replicó ella con amargura—. Sí, Aegon el Cuarto legitimó a todos sus bastardos en su lecho de muerte. ¿Sabes cuánto dolor desató, cuántas guerras se libraron y cuánta sangre se derramó por eso? Sé que confías en Jon, pero ¿puedes confiar en sus hijos? ¿O en los hijos de sus hijos? Los Fuegoscuro aspiraban al trono y causaron problemas a los Targaryen durante cinco generaciones, hasta que Barristan el Bravo mató al último de su estirpe en los Peldaños de Piedra. Si legitimas a Jon no hay vuelta atrás, no hay manera de volver a convertirlo en un bastardo. Si se casa y tiene hijos, los que tengas tú con Jeyne jamás estarán a salvo.
—Jon jamás haría daño a un hijo mío.
—¿Igual que Theon Greyjoy no haría daño a Bran ni a Rickon?
Viento Gris saltó sobre la cripta del rey Tristifer y enseñó los dientes. El rostro de Robb era una máscara gélida.
—Eso ha sido tan cruel como injusto. Jon no es Theon.
—Eso quieres creer. ¿Y has pensado en tus hermanas? ¿Qué pasa con sus derechos? Estamos de acuerdo en que el norte no puede quedar en manos del Gnomo, pero ¿qué pasa con Arya? Según la ley va después de Sansa... Es tu propia hermana, es hija legítima...
—Y está muerta. Nadie ha visto a Arya desde que le cortaron la cabeza a mi padre. ¿Por qué te sigues engañando? Hemos perdido a Arya, igual que a Bran y a Rickon, y también matarán a Sansa en cuanto le dé un hijo al enano. El único hermano que me queda es Jon. Si muero sin herederos, quiero que me suceda como
Rey en el Norte. Tenía la esperanza de que me apoyaras en esta elección.
—No puedo —dijo—. En todo lo demás estoy contigo, Robb. En todo. Pero en esto no, es una locura. No me pidas mi aprobación.
—No tengo por qué. Soy el rey".

"No era la primera vez que hablaba de matar a la Montaña.
—Pero es vuestro hermano —dijo Arya, titubeante.
—¿No has querido matar nunca a uno de tus hermanos? —Se volvió a reír—. ¿Ni a tu hermana? —Algo debió de verle en el rostro, porque se inclinó hacia ella—. A Sansa. Es eso, ¿verdad? La niña lobo quiere matar al pajarito.
—No —le espetó Arya—. Quiero matarte a ti.
—¿Porque corté en dos a tu amiguito? No fue el primero, te lo aseguro. Pensarás que soy un monstruo. Bueno, es posible, pero también le salvé la vida a tu hermana".

"«Es la lluvia. Sólo lluvia. Nada más.»
—¡Hemos llegado hasta aquí! —gritó. La voz le salió aguda y temerosa, era la voz de una niñita—. Robb está en el castillo, y mi madre también. ¡La puerta está abierta! —Ya no salía ningún Frey a caballo. «He recorrido un camino tan largo...»—. Tenemos que buscar a mi madre.
—Mocosa idiota. —El fuego centelleaba contra las fauces de su casco y hacía brillar los dientes de acero—. Si entras ahí no volverás a salir. Puede que Frey te deje besar el cadáver de tu madre.
—A lo mejor la podemos salvar...
—A lo mejor la puedes salvar tú. Yo todavía no me he cansado de la vida. —Cabalgó hacia ella, la acorraló contra el carromato—. Puedes quedarte o venir, loba.
Puedes vivir o morir. Tú...
Arya se dio media vuelta y salió corriendo hacia la puerta. El rastrillo empezaba abajar, aunque muy despacio.
«Tengo que correr más. —Pero el lodo la demoraba, y luego estaba el agua—. Corre rápida como un lobo. —El puente levadizo empezaba a izarse, el agua lo recorría deslizándose como una sábana y el barro caía en gruesos pegotes—. Más deprisa.» Oyó un chapoteo estrepitoso y volvió la vista; Extraño trotaba en pos de ella, levantando el agua a su paso. También vio el hacha, todavía manchada de sangre y de sesos.
Y Arya corrió. Ya no corría por su hermano, ni siquiera por su madre, corría por ella. Corrió más deprisa que en toda su vida, con la cabeza gacha y los pies chapoteando en el río, corrió huyendo de él como debió de correr Mycah.
El hacha la alcanzó en la nuca".

"Cenaron, como casi siempre, a solas.
—Los guisantes están demasiado hechos —se atrevió a decir su esposa en un momento dado.
—No importa —replicó él—, así hacen juego con el cordero.
No era más que una broma, pero Sansa creyó que se trataba de una crítica.
—Lo siento mucho, mi señor...
—¿Por qué? El que debería sentirlo es el cocinero, no tú. Los guisantes no son responsabilidad tuya, Sansa.
—Siento... siento que mi señor esposo esté descontento.
—El descontento que siento no tiene nada que ver con los guisantes. Los que me tienen descontento son Joffrey, mi hermana, mi señor padre y trescientos dornienses de mierda".

"Y encontró a Ygritte tendida sobre la nieve bajo la Torre del Lord Comandante, con una flecha entre los pechos. Los cristales de hielo se le habían posado en la cara; a la luz de la luna parecía como si llevara una deslumbrante máscara de plata.
Jon vio que la flecha era negra, pero la emplumadura era de plumas blancas de pato. «No es mía —se dijo—. No es una de las mías.» Pero se sentía como si lo fuera.
Cuando se arrodilló en la nieve junto a ella la muchacha abrió los ojos.
—Jon Nieve —dijo en voz muy baja. Por su sonido la flecha le había perforado un pulmón—. ¿Esto es un castillo de verdad? ¿No una simple torre?
—Sí —contestó Jon cogiéndole la mano.
—Bien —susurró—. Quería ver un castillo de verdad antes de... antes de...
—Verás cien castillos —le prometió—. La batalla ha terminado. El maestre Aemon te va a curar. —Le acarició el pelo—. Fuiste besada por el fuego, ¿recuerdas?
Tienes suerte. Hace falta mucho más que una flecha para matarte. Aemon te la sacará y te pondrá cataplasmas, y te dará leche de la amapola para quitarte el dolor.
—¿Te acuerdas de aquella cueva? —Ella sonrió—. Nos tendríamos que haber quedado allí. Te lo dije.
—Volveremos a la cueva —le aseguró—. No vas a morir, Ygritte. No vas a morir.
—Oh. —Ygritte le puso una mano en la mejilla—. No sabes nada, Jon Nieve —suspiró agonizante".

"—Él. —Jojen frunció el ceño—. ¿Ese... Manosfrías?
—No era su verdadero nombre —dijo Elí mientras mecía al bebé—. Es como lo llamábamos Sam y yo. Tenía las manos frías como el hielo, pero él y sus cuervos nos salvaron de los hombres muertos, nos trajo hasta aquí a lomos de su alce.
—¿Su alce? —dijo Bran, maravillado.
—¿Su alce? —dijo Meera, sobresaltada.
—¿Sus cuervos? —dijo Jojen.
—¿Hodor? —dijo Hodor".

"—Hodor —susurró Hodor.
—Hodorhodorhodorhodorhodorhodor —susurró a su vez el pozo. El sonido del agua estaba más cerca, pero al mirar hacia abajo Bran sólo veía oscuridad.
Un par de giros más tarde, Sam se detuvo de repente. Estaba apenas un par de metros más abajo que Bran y Hodor, y aun así casi no se le veía. Lo que sí vio Bran fue la puerta. La Puerta Negra, había dicho Sam, pero en realidad no era negra.
Era de arciano blanco y tenía un rostro.
La puerta emitía un brillo de leche y luz de luna, tan tenue que apenas si tocaba nada que no fuera la propia puerta, ni siquiera a Sam, que estaba justo a su lado. El rostro era viejo y blanquecino, arrugado y encogido.
«Parece muerto. —La boca estaba cerrada, al igual que los ojos. Las mejillas estaban demacradas; la frente, marchita, y la barbilla, temblorosa—. Si un hombre pudiera vivir mil años y no morir nunca, pero seguir envejeciendo, tendría una cara como ésta»".

"—Igual que lo hizo Aegon —dijo Ser Jorah—. Con fuego. Cuando lleguemos a los Siete Reinos, vuestros dragones ya serán adultos. Allí tendremos torres de asedio y trabuquetes, cosas de las que carecemos aquí... pero el viaje a través de las Tierras del Largo Verano es prolongado y penoso, hay peligros que no podemos imaginar. Os detuvisteis en Astapor para comprar un ejército, no para iniciar una guerra. Reservad las espadas y las lanzas para los Siete Reinos, mi señora. Dejad Meereen para los meereenos y proseguid hacia el oeste, hacia Pentos.
—¿Derrotada? —se crispó Dany.
—Cuando los cobardes se esconden detrás de las murallas son ellos los derrotados, khaleesi —dijo Ko Jhogo".

"Tyrion volvió a frotarse los restos de la nariz, una fea costumbre que atraía la atención hacia su feo rostro.
—No me has preguntado nunca cómo murieron Robb y tu señora madre.
—Es que... prefiero no saberlo. Me daría pesadillas.
—En ese caso no te diré nada más.
—Eres... muy bondadoso.
—Sí, claro —respondió Tyrion—. Soy la viva imagen de la bondad. Y también entiendo de pesadillas".

"—La viudedad os sentará muy bien, Sansa —dijo Meñique con una sonrisa.
La sola idea le provocó una sensación extraña en la boca del estómago. Tal vez no tendría que volver a compartir una cama con Tyrion. Eso era lo que deseaba... ¿verdad?
El camarote era de techo bajo y tamaño reducido, pero en el estrecho saliente para el colchón habían puesto un lecho de plumas para hacerlo más cómodo, y encima pieles gruesas y abrigadas.
—No es gran cosa, ya lo sé, pero espero que estéis cómoda. —Meñique señaló un baúl de cedro situado bajo el ojo de buey—. Ahí tenéis ropa limpia. Vestidos, ropa interior, medias abrigadas, una capa... sólo lana y lino, lo siento, no son dignas de una doncella tan hermosa, pero os servirán hasta que os encontremos algo mejor.
«Lo tenía todo preparado para mí.»
—Mi señor, no... No comprendo... Joffrey os dio Harrenhal, os nombró Señor
Supremo del Tridente... ¿por qué...?
—¿Por qué querría verlo muerto? —Meñique se encogió de hombros—. No tengo ningún motivo concreto. Además, estoy a un millar de leguas de distancia, en el Valle. Hay que confundir siempre a los enemigos. Si nunca están seguros de quién es uno ni de qué quiere, no tienen manera de saber qué será lo próximo que haga. A veces la mejor manera de desconcertarlos es hacer movimientos que no tienen sentido, o que incluso parece que van contra los intereses de uno. No lo olvidéis cuando juguéis al juego, Sansa.
—¿Qué... qué juego?
—El único juego que importa, el juego de tronos. —Le apartó un mechón de pelo de la cara—".

"—Guardad la espada, ser —ordenó Jaime interponiéndose entre ellos.
Ser Loras dio un paso a un lado para esquivarlo.
—¿Sois cobarde, además de asesina, Brienne? ¿Por eso escapasteis, con su sangre en las manos? ¡Desenvainad la espada, mujer!
—Más os vale que no lo haga. —Jaime volvió a cerrarle el paso—. De lo contrario, será vuestro cadáver el que tengamos que retirar. La moza es tan fuerte como Gregor Clegane, aunque no sea tan bonita.
—Esto no os concierne, ser. —Ser Loras lo apartó a un lado.
—Soy el Lord Comandante de la Guardia Real, mocoso arrogante. —Jaime agarró al muchacho con la mano buena y lo zarandeó—. Soy tu comandante, al menos mientras vistas esa capa blanca. Ahora, envaina esa espada de mierda, o te la quitaré y te la meteré hasta un lugar que ni siquiera Renly encontró jamás.
El muchacho titubeó un segundo, lo necesario para que Ser Balon Swann interviniera.
—Haced lo que os dice el Lord Comandante, Loras".

"—Quiero que sea arrestada —señaló Ser Loras—. Lady Brienne, os acuso del asesinato de Lord Renly Baratheon.
—Por si os sirve de algo —dijo Jaime—, la moza tiene honor. Más honor del que he visto en vos. Y es posible que diga la verdad. Por mi vida que no es lo que se dice lista, pero hasta a mi caballo se le ocurriría una mentira mejor, si fuera una mentira lo que hubiera querido contar. Pero, dado que insistís... Ser Balon, escoltad a Lady Brienne a una celda de la torre y retenedla allí con vigilancia. Buscad también alojamientos adecuados para Patas de Acero y sus hombres, hasta que mi padre
considere oportuno recibirlos.
—Sí, mi señor.
Los grandes ojos azules de Brienne lo miraban ofendidos mientras una docena de capas doradas al mando de Balon Swann se la llevaban.
«Me deberías estar lanzando besos, moza —habría querido decirle. ¿Por qué todo el mundo tenía que malinterpretar todo lo que hacía?".

"—¿Adónde crees que vas?
—Al sept. —Jaime señaló con el muñón—. A ese sept. Quiero ver a la reina.
—Su Alteza está de luto. ¿Por qué querría recibir a alguien como tú?
«Porque soy su amante y porque soy el padre de su hijo asesinado», habría querido decir.
—Por los siete infiernos, ¿quién sois vos?
—Un caballero de la Guardia Real, y más te valdría aprender un poco de respeto, tullido, o te cortaré la otra mano y mañana te tendrás que tomar las gachas a sorbos.
—Soy el hermano de la reina, ser.
—¿Qué, habéis escapado? —Al caballero blanco le parecía de lo más divertido—. ¿Y de paso habéis crecido, mi señor?
—Su otro hermano, imbécil. Y el Lord Comandante de la Guardia Real. Venga, échate a un lado o lo lamentarás".

"—Esto ha sido una locura. —Cersei se estiró el vestido—. Nuestro padre está en el castillo... Hemos de tener cuidado.
—Estoy harto de tener cuidado. Los Targaryen se casaban entre hermanos, ¿por qué nosotros no podemos hacer lo mismo? Cásate conmigo, Cersei. Ponte en pie ante todo el reino y di que es a mí a quien quieres. Celebraremos un banquete de bodas y tendremos otro hijo para sustituir a Joffrey.
—No tiene gracia. —Cersei dio un paso atrás.
—¿Acaso me estoy riendo?
—¿Es que te has dejado el cerebro en Aguasdulces? —La tensión se palpaba en su voz—. El derecho de Tommen al trono deriva de Robert, lo sabes muy bien.
—Heredará Roca Casterly, ¿no le basta con eso? Deja que sea nuestro padre quien se siente en el trono. Yo lo único que quiero es a ti.
Hizo ademán de acariciarle la mejilla. Por la fuerza de la costumbre, el brazo que alzó fue el derecho. Cersei se apartó del muñón.
—No... No digas esas cosas. Me estás asustando, Jaime. No seas idiota. Una palabra nos lo podría costar todo. ¿Qué te han hecho?
—Me han cortado la mano.
—No, es algo más; has cambiado. —Retrocedió un paso—".

"—Alguien las tiene que volver a cerrar. —Jaime se levantó—. Estoy harto de mujeres de noble cuna que me cubren de mierda, padre. A mí nadie me preguntó si quería ser Lord Comandante de la Guardia Real, pero por lo visto lo soy. Tengo un deber...
—Así es. —Lord Tywin se levantó también—. Un deber para con la Casa Lannister. Eres el heredero de Roca Casterly. Ahí es donde tienes que estar. Tommen te acompañará, como pupilo y escudero. En la Roca es donde aprenderá a ser un Lannister; quiero mantenerlo alejado de su madre. He decidido buscarle un nuevo esposo a Cersei. Puede que Oberyn Martell, en cuanto consiga convencer a Lord Tyrell de que ese matrimonio no supondría una amenaza para Altojardín. Y ya va siendo hora de que tú también te cases. Los Tyrell se empeñan ahora en casar a Margaery con Tommen, pero si te ofreciera a ti en su lugar...
—¡No! —Jaime había soportado todo lo soportable. No, más de lo soportable. Estaba harto, harto de los señores, de las mentiras, harto de su padre, de su hermana, harto de toda aquella mierda—. No. No. No. No. No. ¿Cuántas veces tengo que decir que no para que lo entiendas? ¿Oberyn Martell? Es infame, y no sólo porque pone veneno en su espada. Tiene más bastardos que Robert y se acuesta con muchachitos.
Y si por un instante se te ha pasado por la cabeza que me iba a casar con la viuda de Joffrey...
—Lord Tyrell me asegura que sigue siendo doncella.
—Por lo que a mí respecta puede morir doncella. ¡No la quiero, y tampoco quiero tu Roca!
—Eres mi hijo...
—Soy un caballero de la Guardia Real. ¡Soy el Lord Comandante de la Guardia Real! ¡Y no pienso ser otra cosa!
Las llamas de la chimenea arrancaban destellos de las espesas patillas que enmarcaban el rostro de Lord Tywin. Una vena le latía en el cuello. Pero nada dijo. Y nada dijo. Y nada dijo.
El silencio se fue haciendo más y más tenso, hasta que por último Jaime no lo pudo soportar.
—Padre... —empezó.
—No sois mi hijo. —Lord Tywin se dio la vuelta—. Decís que sois el Lord Comandante de la Guardia Real y nada más. Muy bien, ser. Id a cumplir con vuestro deber".

"—Diecisiete años y ya sois caballero de la Guardia Real —dijo Jaime—. Supongo que estaréis orgulloso. El príncipe Aemon, el Caballero Dragón, tenía diecisiete años cuando recibió el nombramiento. ¿Lo sabíais?
—Sí, mi señor.
—¿Y sabíais que yo tenía quince?
—También, mi señor.
Sonrió. Jaime detestaba aquella sonrisa.
—Yo era mejor que vos, Ser Loras. Era más alto, más fuerte y más rápido.
—Y ahora sois más viejo —dijo el muchacho—. Mi señor.
No tuvo más remedio que echarse a reír. «Esto es increíble. Tyrion se burlaría de mí hasta la muerte si me viera ahora, comparando tamaños de pollas con este mocoso.»
—Más viejo y más sabio, ser. Tendríais que aprender de mí.
—¿Igual que vos aprendisteis de Ser Boros y Ser Meryn?
Aquella flecha había estado a punto de dar en el blanco.
—Yo aprendí del Toro Blanco y de Barristan el Bravo —le espetó Jaime—. Aprendí de Ser Arthur Dayne, la Espada del Amanecer, que os podría haber matado a los cinco con la mano izquierda mientras se sujetaba la polla con la derecha para mear. Aprendí del príncipe Lewyn de Dorne, de Ser Oswell Whent, de Ser Jonothor
Darry, hombres buenos todos ellos.
—Hombres muertos todos ellos.
«Es como yo —comprendió Jaime de repente—. Estoy hablando conmigo mismo, al como era, todo confianza, todo arrogancia, todo caballerosidad hueca... Esto es lo que pasa cuando eres demasiado bueno siendo demasiado joven»".

"Tyrion alzó la vista hacia los duros ojos verdes de su padre, con sus motas de frío oro.
—Culpable —dijo—, muy culpable. ¿Es eso lo que queríais que dijera?
Lord Tywin no respondió. Mace Tyrell asintió. El príncipe Oberyn parecía algo decepcionado.
—¿Admitís que envenenasteis al rey?
—Ni por asomo —respondió Tyrion—. De la muerte de Joffrey soy inocente. Soy culpable de un crimen mucho más horrendo. —Dio un paso hacia su padre—. Nací. Sobreviví. Soy culpable de ser un enano, lo confieso. Y por muchas veces que me haya perdonado mi bondadoso padre, siempre persistí en mi infamia.
—Esto es absurdo, Tyrion —declaró Lord Tywin—. Habla del tema que nos ocupa. No se te está juzgando por ser enano.
—Ahí es donde te equivocas, mi señor. Se me ha estado juzgando por ser enano toda mi vida".

"—Ya os dije que no serviré...
—A perjuros y asesinos. Sí, ya lo recuerdo. Escuchadme bien, Brienne, los dos hicimos juramentos relacionados con Sansa Stark. Cersei está empeñada en sacar a la niña de su escondrijo para matarla...
El poco agraciado rostro de Brienne se retorció de ira.
—Si creéis que voy a matar a la hija de mi señora por una espada, estáis...
—Escuchad y callad —le espetó, furioso por su presunción—. Quiero que encontréis a Sansa antes que ella y la pongáis a salvo. Si no, ¿cómo vamos a cumplir el juramento que hicimos a vuestra querida y difunta Lady Catelyn?
—Pensé que... —La moza parpadeó.
—Ya sé qué pensasteis. —De repente, Jaime estaba harto de ella. «No hace más que balar como una oveja de mierda»—. Tras la muerte de Ned Stark, su espadón quedó en manos de la justicia del rey —le explicó—. Pero mi padre consideró que era un desperdicio dejar un arma de tanta calidad en manos de un simple verdugo. Dio una espada nueva a Ser Ilyn y ordenó que fundieran a Hielo y la volvieran a forjar.
Hubo acero suficiente para dos espadas nuevas. Vos tenéis una de ellas. Por si os interesa saberlo, estaréis defendiendo a la hija de Ned Stark con el acero de Ned Stark.
—Ser, os debo una discul...
—Coged la maldita espada y marchaos antes de que cambie de opinión —la interrumpió—. En los establos hay una yegua baya, tan fea como vos, pero que está mejor entrenada. Corred en pos de Patas de Acero, buscad a Sansa o marchaos a casa, a vuestra isla de zafiros, me da igual. No quiero volver a veros.
—Jaime...
—Matarreyes —le recordó—. Más os valdría usar la espada para limpiaros la cera de las orejas, moza. Hemos terminado.
Brienne persistió, empecinada.
—Joffrey era vuestro...
—Era mi rey. Dejadlo ahí.
—Decís que Sansa lo mató. Entonces, ¿por qué la protegéis?
«Porque para mí Joff no era más que un poco de semilla en el coño de Cersei. Y porque merecía morir.»
—He puesto y quitado reyes, pero Sansa Stark es mi última oportunidad dedemostrar mi honor. —Jaime sonrió—. Además, los matarreyes tenemos que ayudarnos entre nosotros. ¿Os vais de una vez o no?
La mano enorme de la mujer asió con fuerza a Guardajuramentos.
—Así será. Encontraré a la niña y la pondré a salvo. Lo haré por su madre. Y por vos.
Hizo una reverencia rígida, se dio la vuelta y se marchó".

"—Ese viejo maestre dice que no puedo ahorcarte —declaró Slynt—. Le ha escrito a Cotter Pyke y hasta tuvo el descaro de mostrarme la carta. Dice que no eres un cambiacapas.
—Aemon ha vivido demasiado, mi señor —le aseguró Ser Alliser—. Ha perdido los sesos, igual que la vista.
—Sí —dijo Slynt—. Un ciego con una cadena al cuello. ¿Quién se cree que es?
«Aemon Targaryen —pensó Jon—, hijo de un rey, hermano de un rey, un hombre que pudo ser rey...» Pero no dijo nada".
—He oído que casi quemaste la ciudad.
—Mentira cochina. Sólo quemé el río. —De pronto Tyrion recordó dónde estaba y por qué—. ¿Has venido a matarme?
—Serás ingrato... Si vas a ponerte tan antipático te dejaré aquí para que te pudras.
—No creo que el destino que me reserva Cersei sea la putrefacción.
—La verdad, no. Te quiere decapitar mañana, en donde se celebraban antes los torneos.
—¿Habrá comida? —Tyrion se volvió a reír—. Oye, tienes que ayudarme con lo de las últimas palabras, no se me ocurre nada interesante.
—No te harán falta últimas palabras. He venido a rescatarte. —La voz de Jaime tenía una extraña solemnidad".

"Meñique dejó que Lysa sollozara un momento contra su pecho, luego le puso las manos en los brazos y le dio un ligero beso.
—Mi celosa mujer, qué tontita —le dijo sonriendo—. Sólo he amado a una mujer, te lo prometo.
—¿Sólo a una? —Lysa Arryn le dedicó una sonrisa trémula—. Petyr, Petyr, ¿me lo juras? ¿Sólo a una?
—Sólo a Cat.
Le dio un empujón brusco, breve".






George R. R. Martin

sábado, 11 de mayo de 2024

Citas: Choque de reyes - George R. R. Martin


"—¿Te duele? —Yoren la miraba atentamente.
«Tranquila como las aguas en calma», se dijo, tal como le había enseñado  Syrio Forel.
—Un poco.
—Al chico de los pasteles le duele mucho más. —Él escupió al suelo—. No fue él quien mató a tu padre, niña, ni tampoco Lommy, ese ladronzuelo. Por mucho que los golpees no le devolverás la vida.
—Lo sé —murmuró Arya, hosca".


"—Alteza —dijo el enano, hincando una rodilla en tierra ante el Rey.
—Eres tú —dijo Joffrey.
—Soy yo —reconoció el Gnomo—, aunque lo apropiado habría sido una bienvenida más cordial, ya que soy una persona mayor, y tu tío para más señas.
—Nos dijeron que habías muerto —intervino el Perro.
—Estoy hablando con el Rey —replicó el hombrecillo mirando al hombretón.
Uno de sus ojos era verde; el otro, negro, y ambos, gélidos—, no con su mascota".

"—También lamento tu pérdida, Joffrey —siguió el enano.
—¿Qué pérdida?
—La de tu regio padre. Haz memoria: un hombre alto con barba negra. El que era el rey antes que tú.
—Ah, eso. Sí, fue una pena. Lo mató un jabalí.
—¿Eso fue lo que te dijeron, Alteza?
Joffrey frunció el ceño. Sansa tuvo la sensación de que debía intervenir. ¿Qué le decía siempre la septa Mordane? «La cortesía es la armadura de las damas», eso. Se puso su armadura".

"—(...)¿Quién mató a Jon Arryn?
—¿Cómo quieres que lo sepa? —Cersei retiró la mano con un gesto brusco.
—La acongojada viuda del Nido de Águilas cree que fui yo. ¿De dónde ha sacado esa idea?
—Lo ignoro. El imbécil de Eddard Stark me acusó de lo mismo. Me dio a entender que Lord Arryn sospechaba, o... bueno, que creía...
—¿Qué te estabas follando a nuestro querido Jaime?
Ella lo abofeteó.
—¿Te crees que estoy tan ciego como nuestro padre? —Tyrion se frotó la mejilla—. No me importa con quién te acuestes..., aunque me parece una injusticia que te abras de piernas para un hermano y no para el otro.
Ella lo abofeteó.
—Vamos, Cersei, si sólo es una broma. Si quieres que te diga la verdad, prefiero a una buena puta. Nunca comprendí qué veía Jaime en ti, aparte de su propio reflejo.
Ella lo abofeteó.
—Como sigas haciendo eso me voy a enfadar. —Tyrion tenía las mejillas enrojecidas y ardiendo, pero sonreía.
—¿Y a mí qué me importa que te enfades? —Aquello había detenido la mano de su hermana".

"—Y ahora que sois la Mano del Rey, mi señor, ¿qué vais a hacer? —le preguntó
Shae mientras él cubría con los dedos la carne cálida y tierna.
—Algo que Cersei no se imaginaría jamás —murmuró Tyrion contra su esbelto cuello—. Voy a hacer... justicia".

"—¿Qué sucede, mi príncipe?
Bran seguía sin acostumbrarse a que lo llamaran príncipe, aunque sabía que era el heredero de Robb, y Robb era ahora el Rey en el Norte. Giró la cabeza para aullar al guardia.
—Auuuuuuuu, uuuuuuuuuuu.
—Dejad de hacer eso —dijo Pelopaja con una mueca.
—Auuuuuuuu, auauauuuuuuuuuuuu.
El guardia se retiró. Cuando volvió a aparecer, lo acompañaba el maestre Luwin, gris de los pies a la cabeza, con la prieta cadena en torno al cuello.
—Bran, esas bestias ya hacen suficiente ruido sin que tú las ayudes. —Cruzó la estancia y le puso la mano en la frente—. Es muy tarde; deberías estar durmiendo.
—Estoy hablando con los lobos —replicó Bran, apartándole la mano.
—¿Le digo a Pelopaja que te lleve a la cama?
—Puedo acostarme yo solo.
Mikken había clavado una hilera de barrotes de hierro en la pared, de manera que Bran podía desplazarse por la habitación impulsándose con los brazos. 
Era un proceso lento y dificultoso, y le dolían los hombros, pero no soportaba que lo llevaran en brazos.
—Además, si no quiero acostarme, no me podéis obligar.
—Todos los hombres necesitan dormir, Bran. Los príncipes también.
—Cuando duermo me convierto en lobo. —Bran giró la cabeza y escudriñó la noche—. ¿Los lobos tienen sueños?
—Creo que todas las criaturas sueñan, pero no igual que los hombres.
—¿Y los muertos sueñan? —preguntó Bran.
Estaba pensando en su padre. Abajo, en las oscuras criptas subterráneas de Invernalia, un escultor tallaba en granito la imagen de Eddard Stark.
—Hay quien dice que sí, y hay quien dice que no —respondió el maestre—. Los muertos nunca han dicho nada al respecto".

"Allí, los gruñidos no abrían caminos. Por mucho que recorriera los muros, no los alejaba. Levantar una pata y marcar los árboles no mantenía a distancia a los hombres. El mundo se estrechaba a su alrededor, pero más allá del bosque amurallado seguían estando las grandes cuevas grises del hombre-roca. «Invernalia», recordó. El sonido le llegó de repente. Más allá de los precipicios-hombre altos como el cielo, el mundo real lo llamaba, y sabía que debía responder o morir".

"—Yo soy el mayordomo del Viejo Oso, tendré que cuidar de él y de su caballo, y montarle la tienda... No me daría tiempo a encargarme también de los pájaros. Sam, pronunciaste el juramento. Ahora eres un hermano de la Guardia de la Noche.
—Un hermano de la Guardia de la Noche no tendría tanto miedo.
—Todos tenemos miedo. De lo contrario, seríamos idiotas.
En los dos últimos años habían desaparecido demasiados exploradores, entre ellos Benjen Stark, el tío de Jon. Dos de los hombres de su tío habían aparecido muertos en el bosque, pero los cadáveres se levantaron en medio de la noche gélida. 
Los dedos quemados de Jon se estremecieron al recordarlo. El espectro aún se le aparecía en sueños: era Othor, muerto, con los ojos de un azul ardiente y las manos heladas y negras, pero era lo que menos falta le hacía recordar a Sam.
—El miedo no debe avergonzarnos, me lo dijo mi padre. Lo importante es cómo nos enfrentamos a él".

"—Rey —graznó el cuervo. Revoloteó por la estancia para ir a posarse en el hombro de Mormont—. Rey —repitió, pavoneándose de adelante atrás.
—Parece que le gusta esa palabra —sonrió Jon.
—Es una palabra que se dice con facilidad. Y gusta con facilidad.
—Rey —repitió el cuervo.
—Creo que quiere que vos tengáis una corona, mi señor.
—En el reino hay ya tres reyes, o sea, dos más de lo que me gustaría. —Mormont acarició al cuervo bajo el pico con un dedo, pero ni por un momento apartó los ojos de Jon Nieve. Aquello lo hizo sentir incómodo.
—Mi señor, ¿por qué me habéis contado todo esto sobre el maestre Aemon?
—¿Acaso necesito un motivo? —Mormont cambió de postura en su asiento y frunció el ceño—. Tu hermano Robb ha sido nombrado Rey en el Norte. Eso es lo que tenéis en común Aemon y tú. Un hermano rey.
—Y otra cosa —dijo Jon—. Un juramento".

"(...)—Pero la vida da muchas vueltas. Como le pasó a Eddard Stark, ¿recordáis, mi señor? Seguro que nunca pensó que su vida terminaría en los peldaños del Sept de Baelor.
—Pocos lo pensaban —concordó Lord Janos con una risita. Tyrion rió también.
—Lástima, me habría gustado verlo. Dicen que hasta Varys se llevó una buena sorpresa.
—La Araña —dijo Lord Janos, que se reía con tantas ganas que se le sacudía la barriga—. Se rumorea que lo sabe todo. Bueno, pues eso no lo sabía.
—¿Cómo iba a saberlo? —Tyrion permitió que su voz transmitiera el primer atisbo de frialdad—. Había contribuido a convencer a mi hermana de que perdonara a Stark, con tal de que vistiera el negro.
—¿Eh? —Janos Slynt miró a Tyrion, y parpadeó.
—Mi hermana, Cersei —repitió Tyrion un poco más fuerte, por si a aquel imbécil le quedaba alguna duda acerca de a quién se refería—. La reina regente.
—Sí. —Slynt bebió un trago—. En cuanto a eso, bueno... Lo ordenó el Rey, mi señor. El Rey en persona.
—El Rey tiene trece años —le recordó Tyrion.
—Ya. Pero sigue siendo el Rey. —Slynt frunció el ceño, y sus mofletes temblaron—. El señor de los Siete Reinos".

"—Ya decía yo que se oía un ruido raro. Decidles a las uvas que se callen; la cabeza me va a estallar. Fue mi hermana. Eso ha sido lo que el muy leal Lord Janos se ha negado a decirme. Cersei envió a los capas doradas a ese burdel. —Varys disimuló una risita nerviosa. De manera que lo sabía desde el principio—. Eso no me lo dijisteis —lo acusó Tyrion.
—Se trataba de vuestra dulce hermana —respondió Varys, tan dolido que parecía a punto de llorar—. No es fácil dar esas noticias, mi señor. Tenía miedo de vuestra reacción. ¿Podréis perdonarme?
—No —restalló Tyrion—. Maldito seáis. Y maldita sea ella. —Sabía que no le podía poner un dedo encima a Cersei. Aún no, ni aunque quisiera, y desde luego no estaba seguro de querer hacerlo. Pero le dolía ejercer aquella farsa de justicia, castigar a seres lamentables como Janos Slynt y Allar Deem, mientras su hermana seguía llevando a cabo sus crueles planes—. De ahora en adelante, me contaréis  todo lo que sepáis, Lord Varys. Todo.
—Eso me tomará mucho tiempo, mi buen señor. —La sonrisa del eunuco era ladina—. Sé muchas cosas.
—Por lo visto, no las suficientes para salvar a aquella niña.
—No, por desgracia no. Había otro bastardo, un chico, mayor. Tomé las medidas necesarias para ponerlo a salvo..., pero confieso que jamás se me ocurrió que la pequeña corriera peligro. Una niña, plebeya, de menos de un año, hija de una prostituta... No representaba ninguna amenaza.
—Era hija de Robert —replicó Tyrion con amargura—. Por lo visto, para Cersei eso era suficiente.
—Sí. Fue muy doloroso, muy triste. Me culpo por la muerte de la dulce pequeña y por la de su madre, que era tan joven y amaba tanto al Rey...
—¿De veras? —Tyrion no había visto jamás el rostro de la chica muerta, pero en su imaginación era Shae y Tysha a la vez—. Me pregunto si una prostituta puede amar de verdad. No, no respondas, hay cosas que prefiero no saber".

"—¿Vais a decirme la respuesta del maldito acertijo, o sólo queréis empeorarme esta jaqueca? —Tyrion inclinó la cabeza hacia un lado.
—De acuerdo —dijo Varys sonriendo de nuevo—, ahí va: el poder reside donde los hombres creen que reside. Ni más ni menos.
—Entonces, ¿el poder es una farsa?
—Una sombra en la pared —murmuró Varys—. Pero las sombras pueden matar.
Y a veces, un hombre muy pequeño puede proyectar una sombra muy grande.
—Lord Varys, por extraño que parezca os estoy tomando cariño. —Tyrion sonrió—. Aún es posible que os mate, pero lo lamentaré de verdad.
—Consideraré eso como un cumplido".

"—¿Cómo sabes a cuáles debes contratar?
—Les echo un vistazo. Los interrogo, averiguo si han combatido y qué tal mienten. —Bronn sonrió—. Y luego les doy una oportunidad de matarme, mientras yo trato de matarlos a ellos.
—¿Te has cargado a alguno?
—A ninguno que nos hubiera sido útil.
—¿Y si alguno te mata a ti?
—Contrátalo sin falta".

"—Lo que está muerto nunca puede morir —rememoró Theon.
—Lo que está muerto nunca puede morir —repitió su tío—, sino que se alza de nuevo, más duro y más fuerte".

"Una vieja de espalda encorvada, enfundada en un informe vestido gris, se aproximó a él con paso cauto.
—Mi señor, me ordenan que os acompañe a vuestras habitaciones.
—¿Quién lo ordena?
—Vuestro señor padre.
—Así que tú sabes quién soy. —Theon se quitó los guantes—. ¿Por qué no ha venido mi padre a recibirme?
—Os espera en la Torre del Mar, mi señor. Cuando hayáis descansado de vuestro viaje.
«Y yo pensaba que Ned Stark era frío»".

"—Han pasado nueve años, ¿no? —dijo por fin Lord Balon.
—Diez —replicó Theon al tiempo que se quitaba los guantes rotos.
—Se llevaron a un niño —dijo su padre—. ¿Qué eres ahora?
—Un hombre —respondió Theon—. Tu sangre y tu heredero.
—Ya lo veremos —gruñó Lord Balon.
—Lo verás —le prometió Theon.
—Diez años, dices. Stark te tuvo tanto tiempo como yo. Y ahora vienes como enviado suyo.
—Suyo, no. Lord Eddard está muerto; la reina Lannister lo decapitó".

"—Mis doncellas dicen que aquí hay espíritus.
—Hay espíritus en todas partes —dijo Ser Jorah con voz amable—. Los llevamos con nosotros adonde quiera que vamos.
«Sí —pensó ella—. Viserys, Khal Drogo, mi hijo Rhaego... siempre están conmigo»".

"—¿Ella murió en Lys? —le preguntó con dulzura.
—Sólo para mí —dijo—. Antes de medio año el oro se había agotado, y tuve que venderme como mercenario. Mientras luchaba contra los braavosi, en el Rhoyne, Lynesse se fue a vivir a la mansión de un príncipe mercader llamado Tregar Ormollen. Me han dicho que ahora es la primera de sus concubinas, y que hasta su esposa la teme.
—¿Y vos la odiáis? —Dany estaba horrorizada.
—Casi tanto como la amo —respondió Ser Jorah—".

"—¿Cómo era de aspecto vuestra Lady Lynesse?
—Pues... —Ser Jorah sonrió con tristeza—. Se parecía un poco a vos, Daenerys.
—Hizo una profunda reverencia—. Que durmáis bien, mi reina.
Dany se estremeció y se arrebujó en la piel de león. «Se parecía a mí.» 
Aquello explicaba muchas cosas que hasta entonces no había comprendido.
«Me quiere —se dijo—. Me ama como la amaba a ella, no como un caballero ama a su reina, sino como un hombre ama a una mujer»".

"—¿Les has estado enseñando a hablar? —preguntó a Sam.
—Un poco. Hay tres que ya saben decir «nieve».
—Ya me parecía demasiado que hubiera uno que graznara mi nombre —replicó Jon—. Y la nieve no es lo mejor que se puede encontrar un hermano negro.
En el norte, la nieve y la muerte a menudo llegaban juntas".

"Arya se lanzó al túnel de cabeza y cayó dos varas. Se le llenó la boca de tierra, pero no le importó; hasta le supo bien. Era un sabor a barro, a gusanos, a vida. Bajo la tierra, el aire era fresco, y reinaba la oscuridad. Arriba no había más que sangre, llamas rojas, humo asfixiante, y relinchos de caballos moribundos. Se movió el cinturón para que Aguja no la entorpeciera y empezó a reptar. Apenas había recorrido una docena de codos de túnel cuando oyó un sonido a sus espaldas, como el rugido de una bestia monstruosa, y una nube de humo caliente y polvo negro le llegó con olor a infierno. Arya contuvo el aliento, se tiró de bruces al suelo del túnel y lloró. No habría sabido decir por quién".

"—Quiero que todas las fraguas de Desembarco del Rey se dediquen a hacer estos eslabones y a entrelazarlos. Que dejen de lado los otros encargos. Que se dedique a esta tarea hasta el último de los hombres que sepa trabajar el metal, ya sea maestro, jornalero o aprendiz. Cuando pase a caballo por la calle del Acero quiero oír martillos, día y noche. Y necesito un hombre, un hombre fuerte, que se encargue de todo eso. ¿Eres tú ese hombre, maestro Panza de Hierro?
—Es posible, mi señor. Pero ¿qué pasa con las espadas y las armaduras que está esperando la Reina?
—Su Alteza nos hizo un encargo —intervino otro herrero—. Nos ordenó hacer cotas de malla, armaduras, espadas, dagas y hachas, en grandes cantidades. Son para armar a sus nuevos capas doradas, mi señor.
—Eso tendrá que esperar —dijo Tyrion—. La cadena es lo primero.
—Perdonad, mi señor, pero es que Su Alteza dijo que a los que no cumpliéramos su encargo nos haría aplastar las manos —insistió el herrero ansioso—. Que nos las aplastarían en nuestros yunques, mi señor. Eso mismo dijo.
«La adorable Cersei, siempre afanosa por conseguir que el pueblo nos quiera.»
—Nadie aplastará ninguna mano. Os doy mi palabra".

"Podrick Payne estaba ante la puerta de sus estancias, con la vista clavada en el suelo.
—Está dentro —anunció al cinturón de Tyrion—. Ahí dentro. Mi señor. Perdón.
—Mírame, Pod. —Tyrion suspiró—. Me pone enfermo que le hables a mi bragueta. Aunque me eches un vistazo a la cara no te volverás enano; no es contagioso".

"—No temas, niña. —El Perro le puso una pesada mano en el hombro—. Aunque le pinten rayas a un sapo, no se convierte en tigre.
—Ser, ¿dónde...? —preguntó Ser Boros levantándose el visor.
—Métete por el culo eso de «ser», Boros. El caballero eres tú, no yo. Yo soy el perro del Rey, ¿recuerdas?
—El Rey estaba buscando a su perro.
—El perro estaba bebiendo. Te correspondía a ti cuidar de él, Ser. A ti y al resto de mis hermanos".

"«El miedo hiere más que las espadas»".

"—Has ofrecido demasiado, y sin mi autorización ni mi consentimiento.
—Estamos hablando del príncipe de Dorne. Si le hubiera ofrecido menos, me habría escupido a la cara.
—¡Es demasiado! —insistió Cersei, volviéndose de nuevo hacia él.
—¿Qué le habrías ofrecido tú, el agujero que tienes entre las piernas? 
—preguntó Tyrion, también furioso. En aquella ocasión vio venir la bofetada. Fue tan violenta
que le crujió el cuello—. Mi querida, queridísima hermana —dijo—, te prometo que ha sido la última vez que me golpeas.
—No me amenaces, hombrecillo —replicó su hermana riéndose—".

"—La guerra los hará crecer —dijo Catelyn—. Como nos pasó a nosotros. —Ella también era una niña cuando Robert, Ned y Jon Arryn alzaron a sus vasallos contra Aerys Targaryen, y una mujer cuando la guerra terminó—. Los compadezco.
—¿Por qué? —le preguntó Lord Rowan—. Miradlos bien. Son jóvenes y fuertes, están llenos de vida y risas. Y también de lujuria, claro; tanta que no saben qué hacer con ella. Esta noche se concebirá más de un bastardo, podéis estar segura. ¿Por qué los compadecéis?
—Porque esto no va a durar mucho —respondió Catelyn con tristeza—. Porque son caballeros del verano, y se acerca el invierno.
—Os equivocáis, Lady Catelyn. —Brienne clavó en ella unos ojos tan azules como su armadura—. Para la gente como nosotros, el invierno no llega jamás. Si caemos en combate se cantarán canciones sobre nosotros, y en las canciones siempre es verano. En las canciones todos los caballeros son galantes, todas las doncellas son hermosas, y siempre brilla el sol.
«El invierno nos llega a todos —pensó Catelyn—. Para mí llegó el día en que murió Ned. También llegará para ti, pequeña, y antes de lo que querrías.» Pero no tuvo valor para decírselo en voz alta".

"—¿Qué pasa, los has encerrado con un zorro? —lo llamó Jon.
—Ah, hola, Jon. —El agua corrió por el ala del sombrero de Sam cuando el muchacho alzó la cabeza—. No, es que no les gusta la lluvia, igual que a nosotros.
—¿Cómo estás, Sam?
—Mojado. —El chico gordo consiguió esbozar una sonrisa—. Pero hasta ahora sigo vivo".

"—Los muertos no dan problemas —dijo Jarman Buckwell—. Pero ¿qué pasa con los vivos, mi señor? ¿Qué hay de vuestro rey?
—¡Rey! —graznó el cuervo de Mormont—. Rey, rey, rey.
—¿Ese Mance Rayder? —Craster escupió al fuego—. El Rey-más-allá-del-Muro.
La gente libre no necesita reyes. —Clavó la vista en Mormont—".

"—Vuestra casa, vuestras reglas —dijo Thoren Smallwood.
Lord Mormont asintió con gesto rígido, aunque no parecía nada satisfecho.
—Bien, todo arreglado —gruñó Craster—. ¿Alguno de vuestros hombres sabe dibujar mapas?
—Sam Tarly —sugirió Jon—. Le encantan los mapas.
Mormont le hizo un gesto para que se acercara a él.
—Dile que entre después de comer. Que traiga pluma y pergamino. Y busca también a Tollett. Dile que traiga mi hacha. Un regalo para nuestro anfitrión.
—Eh, ¿quién es éste? —dijo Craster antes de que Jon pudiera salir para cumplir las órdenes—. Tiene cara de Stark.
—Es Jon Nieve, mi mayordomo y escudero.
—Un bastardo, ¿eh? —Craster miró a Jon de arriba abajo—".

"—El mundo está lleno de gente que quiere ayuda, Jon. Ojalá algunas de esas personas juntaran el valor necesario para ayudarse a sí mismas".

"Era de una belleza innegable. «Pero la primera siempre es una belleza», pensó Theon Greyjoy.
—Hermoso espectáculo, ¿eh? —dijo una voz femenina detrás de él—. Al joven señor le gusta, ¿verdad?
Theon se volvió y le dirigió una mirada valorativa. Le agradó lo que vio. Hija del hierro, eso se notaba a primera vista: esbelta, de piernas largas, el pelo negro y corto, la piel curtida por el viento, manos fuertes y seguras, y una daga al cinto. Tenía la nariz demasiado grande y afilada para su rostro delgado, pero lo compensaba con una sonrisa preciosa. Calculó que tendría unos pocos años más que él, pero no pasaría de los veinticinco. Se movía como si estuviera acostumbrada a tener la cubierta de un barco bajo los pies.
—Sí, es una belleza —dijo—. Pero no tanto como tú.
—Vaya, vaya. —La joven sonrió—. Más me vale tener cuidado. El joven señor tiene la lengua de miel.
—Pruébala y lo sabrás.
—¿Así nos ponemos? —replicó, mirándolo directamente a los ojos".

"—¿Y qué saben de naves en las tierras verdes? ¿O de mujeres, ya que estamos?
Además, me parece que te lo acabas de inventar.
—Si confieso, ¿me seguirás amando?
—¿Seguiré? ¿Cuándo te he amado yo?
—Jamás —reconoció—, pero es un error que intento reparar, mi dulce Esgred. El viento es frío. Sube a bordo de mi barco y deja que te dé calor".

"—Espero que el Viejo Oso sobreviviera a ese ataque.

—Así fue.
—Y que vuestros hermanos mataran a esos... eh... a esos muertos.
—Lo hicimos.
—¿Seguro que esta vez están muertos? —preguntó Tyrion con voz amable. Al oír la carcajada de Bronn supo que había elegido el camino adecuado—. ¿Muertos del todo?
—Estaban muertos desde el principio —le espetó Ser Alliser—. Pálidos y helados, con las manos y los pies negros. He traído la mano de Jared; el lobo del bastardo se la arrancó al cadáver.
—¿Y dónde está ese encantador recuerdo? —preguntó Meñique.
—Se... —Ser Alliser frunció el ceño, incómodo—. Se pudrió mientras esperaba que me recibierais. No quedan más que los huesos.
Las risitas contenidas llenaron la sala.
—Lord Baelish —llamó Tyrion a Meñique—, comprad a nuestro valiente Ser Alliser un centenar de palas para que se las lleve al Muro.
—¿Palas? —Ser Alliser tenía entrecerrados los ojos con gesto de desconfianza.
—Si enterráis a vuestros muertos, seguro que no se vuelven a levantar —le dijo
Tyrion, y la corte rió abiertamente—. Las palas solucionarán vuestros problemas, sobre todo si las usan unos brazos fuertes".

"«El miedo hiere más que las espadas», se repetía Arya, pero no conseguía espantar el miedo".

"Recorrió la fila de prisioneros y les fue explicando que nunca debían mirar a los nobles a los ojos, ni hablar si no les hablaban, ni cruzarse en el camino del señor.
—La nariz no me engaña nunca —alardeó—. Puedo oler la rebeldía, el orgullo, la desobediencia... Como huela cualquiera de esas cosas, lo pagaréis. 
Cuando os olfatee, no quiero otro olor que el del miedo".

"—Los grandes señores siempre han luchado entre ellos. Decidme quién ha ganado y os diré qué significa. Los Siete Reinos no caerán en vuestras manos como otros tantos melocotones maduros, khaleesi. Necesitaréis una flota, oro, ejércitos, alianzas...
—Ya sé todo eso. —Le cogió las manos y alzó la vista para mirarlo a los ojos, oscuros, desconfiados. «A veces me ve como a una niña a la que tiene que proteger, y a veces como a una mujer con la que querría acostarse, pero... ¿alguna vez me ve como a su reina?»—. No soy la niña asustada que conocisteis en Pentos. Sí, sólo he vivido quince días de mi nombre... pero soy tan anciana como las viejas del dosh khaleen, y a la vez, tan joven como mis dragones, Jorah. He parido un hijo, quemado a un khal, y cruzado el desierto rojo y el mar dothraki. Mi sangre es la sangre del dragón.
—Igual que la de vuestro hermano —dijo, testarudo.
—Yo no soy Viserys.
—No —reconoció él—. En vos hay más de Rhaegar, pero hasta Rhaegar podía morir. Robert lo demostró en el Tridente, y no le hizo falta más que una maza. Hasta
los dragones mueren.
—Hasta los dragones mueren. —Se puso de puntillas para depositar un ligero beso en la mejilla sin afeitar del caballero—. Pero también los asesinos de dragones".

"—Soy un caballero...
—Ya me he dado cuenta. Dime una cosa, ¿Cersei te hizo caballero antes o después de meterte en su cama?
La vacilación en los ojos verdes de Lancel era toda la admisión que Tyrion necesitaba. Así que Varys tenía razón. «Bueno, que no se diga que mi hermana no ama a su familia»".

"—Estáis muy callada —observó Tyrion Lannister—. ¿Es eso lo que queréis?
¿Que cancele vuestro compromiso?
—Yo... —Sansa no sabía qué decir. «¿Es un truco? ¿Me castigará si digo la verdad?» Contempló el gigantesco entrecejo saliente del enano, el duro ojo negro, el astuto ojo verde, los dientes desiguales y la barba hirsuta—. Yo sólo quiero ser leal.
—Leal —sonrió el enano—. Y estar bien lejos de cualquier Lannister. No os lo critico. Cuando tenía vuestra edad, yo quería lo mismo. —Sonrió de nuevo—. Me han dicho que vais todos los días al bosque de dioses. ¿Qué pedís en vuestras oraciones, Sansa?
«Pido la victoria de Robb y la muerte de Joffrey... y volver a casa. A Invernalia.»
—Pido el fin de la guerra".

"—No confiéis demasiado en lo sucedido en Cruce de Bueyes, mi señora —dijo con voz no exenta de amabilidad—. Una batalla no es la guerra, y desde luego, mi señor padre no es mi tío Stafford. La próxima vez que vayáis al bosque de dioses, rezad para que vuestro hermano tenga la sabiduría de rendirse. Una vez el norte vuelva a estar bajo la paz del rey, os enviaré a casa. —Se bajó del asiento junto a la ventana—. Podéis dormir aquí esta noche. Os pondré una guardia formada por hombres míos, tal vez algunos Grajos de Piedra...
—No —se horrorizó Sansa. Si estaba encerrada en la Torre de la Mano, vigilada por los hombres del enano, ¿cómo podría Ser Dontos liberarla?
—¿Preferiríais que fueran Orejas Negras? Si os sentís más tranquila con una mujer, encargaré a Chella...
—No, mi señor, por favor. Los salvajes me dan miedo.
—A mí también. —Tyrion sonrió—. Pero lo importante es que asustan a Joffrey y a ese nido de víboras arteras y perros lameculos que son su Guardia Real. Mientras Chella o Timett estén a vuestro lado, nadie se atreverá a haceros daño.
—Preferiría volver a mi cama. —La mentira se le ocurrió de repente, pero le pareció tan apropiada que la soltó sin pensar—. En esta torre fueron asesinados los hombres de mi padre. Sus fantasmas me darían pesadillas espantosas, y mirase donde mirase, vería su sangre.
—Conozco bien las pesadillas, Sansa. —Tyrion Lannister estudió su rostro—. Puede que seáis más sabia de lo que imaginaba".

"—¿Qué es lo que hueles, Dywen? —peguntó Grenn.
El forestal tomó una cucharada de guiso. Se había quitado la dentadura. 
Tenía la piel del rostro correosa y arrugada, y las manos, tan nudosas como las raíces de un árbol viejo.
—A mí me parece que huele... a frío.
—Tienes la cabeza de madera, igual que los dientes —bufó Hake—. El frío no huele a nada.
«Sí que huele —pensó Jon al recordar aquella noche en las habitaciones del Lord Comandante—. Huele como la muerte»".

"—El maestre Luwin dice que en los sueños no hay nada que temer.
—Sí lo hay —replicó Jojen.
—¿El qué?
—El pasado. El futuro. La verdad".

"—Podéis decirle a Su Alteza que los Tyrell son mucho más ricos que los Stark —intervino Meñique—. Y tengo entendido que Margaery es bellísima... y está en edad de compartir su lecho.
—Sí —dijo Tyrion—. Eso a Joff le gustará.
—Mi hijo es demasiado joven para preocuparse de esas cosas.
—¿Eso crees? —preguntó Tyrion—. Tiene trece años, Cersei. Los mismos que tenía yo cuando me casé.
—Nos avergonzaste a todos con aquel episodio lamentable. Joffrey tiene más clase.
—Sí, tanta clase que ordenó a Ser Boros que le arrancara la ropa a Sansa.
—Estaba enfadado con ella.
—También estaba enfadado con el pinche de cocina que derramó la sopa anoche, y a él no hizo que lo desnudaran".

"—Tyrion, sé que no siempre estamos de acuerdo en temas de política, pero creo que me he equivocado contigo. No eres tan idiota como imaginaba. La verdad es que ahora comprendo cuánto nos estás ayudando. Y te lo agradezco. Si te he hablado con brusquedad en el pasado, perdóname.
—¿De veras? —Se encogió de hombros—. Mi querida hermana, no has hecho nada por lo que tengas que pedir perdón.
—¿Quieres decir hoy?
Los dos se echaron a reír... y Cersei se inclinó y le dio un rápido beso en la frente. Tyrion se quedó sin palabras de puro asombro, y no pudo hacer otra cosa que ver cómo se alejaba por el corredor, acompañada por Ser Preston.
—¿Me he vuelto loco, o mi hermana acaba de darme un beso? —preguntó a Bronn cuando Cersei se perdió en la distancia.
—¿Ha sido grato?
—Ha sido... inesperado. —Cersei se estaba comportando de manera muy extraña en los últimos días. Aquello intranquilizaba a Tyrion—. Estoy tratando de recordar la última vez que me besó. Tendría yo seis o siete años. Jaime la había retado a que lo hiciera.
—Será que la señora por fin se ha fijado en tus encantos.
—No —replicó Tyrion—. No, la señora está incubando algo. Más vale que averigüemos qué es, Bronn. Ya sabes lo poco que me gustan las sorpresas".

"Catelyn sospechaba que aquello era obra del Gnomo; apestaba a la misma astucia de la que había hecho gala en el Nido de Águilas. En otros tiempos habría dicho que
Tyrion era el menos peligroso de los Lannister. Ya no estaba tan segura.
—¿Cómo los atrapaste?
—Eh... pues dio la casualidad de que yo no estaba en el castillo, había cruzado el Piedra Caída para... eh...
—Para ir de putas o con alguna mujer. Sigue contándome".

"—Quiero que aparezca Tyrek, vivo o muerto —dijo Tyrion con voz seca cuando Bywater hubo terminado—. No es más que un muchacho, e hijo de mi difunto tío Tygett. Su padre siempre se portó bien conmigo.
—Daremos con él. Y también con la corona del Septon.
—Por mí, los Otros se pueden meter la corona del septon por el culo".

"Al llegar, Bronn se quejó de la oscuridad de la estancia y exigió que encendieran el fuego en la chimenea. Ya chisporroteaba alegre cuando llegó Varys.
—¿Se puede saber dónde estabais? —bufó Tyrion.
—Encargándome de asuntos del Rey, mi querido señor.
—Ah, sí, el Rey —masculló Tyrion—. Mi sobrino no es capaz de sentarse en un retrete, no digamos ya en el Trono de Hierro.
—Todo aprendiz debe aprender su profesión. —Varys se encogió de hombros".

"—Lord Varys ha venido a veros —anunció Shae.
El hermano mendicante la miró atónito. Tyrion se echó a reír.
—Es verdad. ¿Cómo lo has reconocido? Yo no había caído.
—Sigue siendo él —contestó Shae encogiéndose de hombros—, sólo se ha cambiado de ropa.
—De ropa, de aspecto, de olor, de manera de andar... —dijo Tyrion—. Habría engañado a casi cualquier hombre.
—Y probablemente a casi cualquier mujer. Pero no a una puta. Las putas aprendemos a ver a los hombres, no sus atuendos, si no queremos acabar muertas en un callejón".

"—¿Qué haréis vos cuando lo cruce?
—Luchar. Matar. Puede que morir.
—¿Y no tenéis miedo? Puede que los dioses os envíen a un infierno espantoso por todo el mal que habéis hecho.
—¿Qué mal? —Se echó a reír—. ¿Qué dioses?
—Los dioses que nos hicieron a todos.
—¿A todos? —se burló—. Dime, pajarito, ¿qué clase de dioses crean a un monstruo como el Gnomo, o a una retrasada como la hija de Lady Tanda? Si hay dioses, hicieron a las ovejas para que los lobos pudieran comer carne, y también hicieron a los débiles para que los fuertes jugaran con ellos.
—Los verdaderos caballeros protegen a los débiles.
—No hay verdaderos caballeros —soltó el Perro con un bufido—, igual que no hay dioses. Si no puedes protegerte a ti misma, muérete y aparta del camino de los que sí pueden. Este mundo lo rige el acero afilado y los brazos fuertes; no creas a quien te diga lo contrario.
—Sois odioso. —Sansa retrocedió un paso.
—Soy sincero. Es el mundo el que es odioso. Venga, pajarito, vete volando. Ya estoy harto de que me mires".

"—(...)¿Tú quieres ser amada, Sansa?
—Todo el mundo quiere ser amado.
—Por lo que veo, el florecimiento no te ha hecho más avispada —dijo Cersei—. Permíteme que comparta contigo, en este día tan especial, un poco de sabiduría femenina, Sansa. El amor es un veneno. Un veneno dulce, sí, pero un veneno quemata".

"—Bran —dijo quedamente cuando lo vio allí sentado, tan alto a espaldas de Hodor—. Y también Rickon. —Sonrió—. Los dioses son bondadosos. Yo lo sabía...
—¿Lo sabíais? —dijo Bran, inseguro.
—Las piernas, se notaba... las ropas coincidían, pero los músculos de las piernas... pobre chico... —Tosió, y la sangre manó de su interior—. Desapareciste... en el bosque... pero ¿cómo?
—No llegamos a irnos —explicó Bran—. Fuimos hasta el lindero, y después volvimos sobre nuestros pasos. Mandé a los lobos para abrir un sendero, pero nos escondimos en la tumba de mi padre.
—Las criptas —gorgoteó Luwin, con una espuma sanguinolenta en los labios.
Cuando el maestre intentó moverse, emitió un grito agudo de dolor.
Las lágrimas nublaron los ojos de Bran. Cuando un hombre resultaba herido, el maestre se ocupaba de él, pero ¿qué hacer cuando el maestre estaba herido?
—Tenemos que hacer una litera para llevarlo —dijo Osha.
—No tiene sentido —dijo Luwin—. Me estoy muriendo, mujer.
—¡No puedes! —dijo Rickon, airado—. ¡Tú no puedes!
A su lado, Peludo enseñó los dientes y gruñó.
—Tranquilo, niño —dijo el maestre con una sonrisa—, soy mucho más viejo que tú. Puedo... morirme cuando desee".

"En el límite del Bosque de los Lobos, Bran se volvió en su cesta para echar una última mirada al castillo que había sido su vida entera. Todavía subían oleadas de humo al cielo gris, pero no más que las que hubieran brotado de las chimeneas de Invernalia en una fría tarde de verano. Algunas de las troneras de los arqueros estaban manchadas de hollín, y aquí y allá se veía una grieta en la muralla o había desaparecido un merlón, pero a esa distancia parecían pequeñeces. 
Detrás, los techos de las torres y torreones estaban en su lugar, como a lo largo de cientos de años, y era difícil decir que el castillo había sido saqueado e incendiado totalmente.
«La piedra es fuerte —se dijo Bran—, las raíces de los árboles se hunden muy profundas, y bajo la tierra, los Reyes del Invierno están sentados en sus tronos.»
Mientras ellos estuvieran allí, Invernalia perduraría. No estaba muerta, sólo rota.
«Como yo —pensó—; yo tampoco estoy muerto»".




George R. R. Martin