martes, 15 de noviembre de 2022

Citas: Aforismos, visiones y sueños - Franz Kafka

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 "Todos los errores humanos provienen de la impaciencia, de una ruptura precipitada del método, de la aparente aprehensión de una cuestión aparente".


"Si se llega a un punto determinado, ya no hay regreso posible. Hay que alcanzar ese punto".

"El instante decisivo del desarrollo humano es continuo. Por ello los movimientos revolucionarios que declaran la nulidad de todo lo acaecido con anterioridad tienen razón, pues todavía no ha ocurrido nada".

"El primer signo del conocimiento incipiente es el deseo de morir. Esta vida parece insoportable, cualquier otra, inalcanzable. Ya no se siente vergüenza de querer morir; se solicita que nos lleven desde la antigua y odiada celda a una nueva que, a partir de ese momento, aprenderemos a odiar. Un resto de fe contribuirá a ello.
Durante el transporte pasará casualmente el Señor por el corredor, verá al prisionero y dirá: «A éste no debéis encerrarle de nuevo, viene conmigo»".

"Como un camino en otoño: tan pronto como se barre, vuelve a cubrirse de hojas secas".

"No dejes que el Mal te confunda y creas que puedes tener secretos para él".

"Con la misma firmeza con que la mano sostiene la piedra. Pero la mano la sostiene con tanta firmeza para lanzarla más lejos. No obstante, el camino conduce también por esa distancia".

"Tú eres la obra, ningún discípulo hasta donde la vista alcanza".

"El verdadero enemigo te transmite un valor sin límites".

"¿Cómo puede alguien alegrarse por el mundo excepto cuando se huye hacia él?".

"Hay una meta, pero ningún camino. Lo que llamamos «camino» es duda".

"Nos ha sido impuesto hacer lo negativo, hacer lo positivo ya nos ha sido dado".

"No hay un «tener», sólo hay un «ser», sólo un «ser» anhelante del último suspiro, de la asfixia".

"Antes no entendía por qué no recibía ninguna respuesta a mi pregunta, hoy no comprendo cómo pude creer que podía preguntar. Pero antes no creía en absoluto, sólo preguntaba".

"La palabra «sein» significa en alemán ambas cosas: «existir» y «pertenecerle a él»".

"Hay preguntas que no podríamos olvidar, si no fuéramos liberados de ellas por naturaleza".

"Se intenta mentir lo menos posible sólo cuando se miente lo menos posible y no cuando se tiene la menor oportunidad posible de mentir".

"Quien ama en el mundo a su prójimo no comete una injusticia mayor ni menor que el que se ama a sí mismo en el mundo. Sólo queda la cuestión de si lo primero es posible".

"Desde un aspecto teórico existe una posibilidad de alcanzar la felicidad completa: creer en lo indestructible en sí y no aspirar a ello".

"La verdad es indivisible, es decir no puede reconocerse a sí misma; quien quiera reconocerla, debe ser mentira".

"Depende de nuestros actos oscurecer todavía la imagen en esta vida o hacerla desaparecer del todo".

"Para evitar un error de palabras: lo que tiene que ser eficazmente destruido debe ser antes completamente afianzado; lo qué se desmorona, se desmorona, pero no puede ser destruido".

"A veces el Mal se encuentra en la mano como una herramienta. Lo hayas reconocido o no, permite que le dejes a un lado sin resistencia, si posees la voluntad para hacerlo".

"Las alegrías de esta vida no son las suyas, sino nuestro miedo ante el ascenso a una vida superior; los tormentos de esta vida no son los suyos, sino nuestra propia mortificación por causa de aquel miedo".

"¿Qué significan hoy las comprobaciones de ayer? Significan lo mismo que ayer, son verdad, sólo que la sangre discurre por entre las grandes piedras de la ley.

(Diarios)".

"Aquí estaba mi instituto; en aquel edificio del lado opuesto, mi universidad. Un poco más hacia la izquierda se encuentra mi oficina. En este pequeño círculo —y trazó con su dedo un par de pequeños círculos— queda encerrada toda mi vida.

(Kafka a su profesor de hebreo Friedrich Thieberger)".

"Quizá no pueda permanecer mucho tiempo en el mismo lugar. Hay hombres que sólo pueden adquirir un sentimiento de apego a la patria cuando viajan.

(A Tila Rössler)".

"Estoy aquí, en la ciudad, desde hace ya más de veinte años. ¿Puedes imaginarte lo que eso representa? Veinte veces he pasado aquí cada estación del año (…). Los árboles han crecido durante veinte años, qué pequeños deberíamos volvernos entre ellos. Y todas esas noches, ya sabes, en todas las casas. Una vez nos apoyamos en esta pared, otras en aquélla, así la ventana gira a nuestro alrededor.

(Diarios)".

"La semana pasada me adaptaba perfectamente a la calle en la que vivo y a la que he denominado: «calle para que los suicidas tomen impulso».

(A Hedwig Weiler)".

"Praga no te suelta. No a nosotros dos. Esta madrecita tiene garras. Hay que adaptarse o incendiarla desde dos puntos distintos, desde Vysehrad y desde Hradschin, entonces sería posible escapar.

(A Oscar Pollak)".

"Vivo con mi familia, entre seres excelentes y dignos de ser amados, como un extraño entre extraños.

(A Felice Bauer)".

"Soy un enfermo mental, la enfermedad pulmonar es sólo un desbordamiento de la enfermedad mental.

(A Milena)".

"Estamos abandonados como niños extraviados en el bosque. Cuando permaneces ante mí y me miras, qué sabes tú de los dolores que hay en mí y qué sé yo de los que hay en ti. Y si yo me arrojara a tus pies y llorara y te contara, qué sabrías más de mí que del infierno, si alguien te hubiese dicho que allí hace calor y es un lugar espantoso. Sólo por eso los seres humanos deberíamos mostrarnos entre nosotros tan respetuosos, tan pensativos y amantes como si estuviéramos ante las puertas del infierno.

(A Oskar Pollak)".

"No es miedo al Georgental, donde, tan pronto llegara, la misma noche, seguro que me habituaría. No es tampoco una voluntad débil, que exige que la decisión sólo se produzca cuando la razón lo ha calculado todo, lo que es, la mayor parte de las veces, imposible. Aquí se trata de un caso límite, en el que la razón puede realmente calcular y siempre llega al mismo resultado: que debo viajar. Más bien es miedo ante el cambio, miedo de dirigir la atención de los dioses hacia mí al realizar una acción demasiado grande para mis circunstancias.

(A Max Brod)".

"¿Te asusta pensar en la muerte? Yo sólo tengo un miedo horrible al dolor… Por lo demás, uno se puede aventurar a la muerte.

(A Milena)".

"No me he redimido con la escritura. He muerto durante toda mi vida y ahora moriré realmente. Mi vida fue más dulce que la de otros, tanto más horrible será mi muerte.

(A Max Brod)".

"El escritor que hay en mí morirá, naturalmente, enseguida, pues una figura semejante carece de suelo, de consistencia, no es ni siquiera de polvo; sólo es posible en la vida terrenal más absurda, sólo es una construcción de la sensualidad. Éste es el escritor. Yo mismo, sin embargo, no puedo seguir viviendo, puesto que no he vivido.
He permanecido siempre barro, no he logrado que la chispa se convirtiese en fuego, sólo la he utilizado para iluminar al cadáver. Será un entierro peculiar: el escritor, algo, por consiguiente, inconsistente, entregará al viejo cadáver, al cadáver de siempre, a la tumba.

(A Max Brod)".

"La muerte tuvo que sacarle de la vida del mismo modo en que se saca a un inválido de una silla de ruedas. Estaba aferrado a la vida con la misma fuerza y peso con los que el inválido se sentaba en la silla de ruedas.

(En: Fragmentos póstumos)".

"La amo y no puedo hablar con ella. La espío para no encontrármela.

(En: Fragmentos póstumos)".

"Querido Max: acerca de tu asunto sólo te digo, mientras no tenga tu respuesta, que yo también creo en un liderazgo de la mujer, del mismo modo que tuvo lugar por ejemplo en el pecado original, donde, como quizá en la mayoría de los casos, no le mereció la pena. También tu mujer es en ese sentido una líder al llevarte en cierta manera sobre su propio cuerpo hacia otra; que ella, después de haberte llevado, te contenga, pertenece a una categoría distinta. Sí, quizá te dirija algo más. Tienes razón cuando dices que la profundidad de la vida sexual propiamente dicha sigue siendo inaccesible para mí. Así lo creo yo también. Por eso evito también juzgar esta parte de tu caso o me limito sólo a la afirmación de que ese fuego, que para ti es sagrado, no posee la fuerza necesaria para quemar las resistencias para mí ya inteligibles. No sé por qué hay que interpretar el caso de Dante como tú lo haces. Se trata de un caso diferente al tuyo, al menos como se ha desarrollado hasta ahora: a él se le murió; tú, sin embargo, la dejas morir para ti al sentirte obligado a renunciar a ella. Por lo demás, también renunció Dante, aunque a su manera, y se casó por propia voluntad con otra, lo que no habla en favor de tu interpretación.

(A Max Brod)".

"La fundamentación de la necesidad de volverse sano es bella pero utópica. Lo que me propones como tarea podría haberlo realizado quizá un ángel sobre la cama de matrimonio de mis padres o, todavía mejor: sobre la cama matrimonial de mi pueblo, presuponiendo que tenga uno.

(A Max Brod)".

"Yo soy la novela. Yo soy mis historias.

(A Felice Bauer)".

"… Escribo de un modo diferente al que hablo, hablo de un modo diferente al que debiera pensar y así sucesivamente hasta la más profunda oscuridad.

(A Ottla y la familia)".

"Cuando no escribo, sobre todo desde que en los últimos años se ha convertido en una ley, obedece a motivos estratégicos. No confío ni en las palabras ni en las cartas, tampoco en mis palabras ni en mis cartas. Quiero compartir mi corazón con seres humanos y no con fantasmas que juegan con las palabras y leen las cartas con la lengua colgando.

(A Max Brod)".

"Entre tanto, después de haber sido azotado por momentos de demencia, he comenzado a escribir y esta actividad se ha convertido para mí, de la manera más cruel (de una crueldad inaudita, de ello no hablo) para todo el que me rodea, en lo más importante del mundo, casi como para el loco lo es su demencia (si la perdiera «erraría su sentido») o para una mujer su embarazo. Esto no tiene nada que ver, como lo repito aquí, con el valor de lo escrito, el valor lo reconozco con precisión extrema, pero también el valor que tiene para mí… Por eso mantengo la actividad de escribir con el temblor de la angustia ante toda molestia, y no sólo la actividad de escribir, sino también la soledad que por esencia le pertenece. Y si ayer dije que usted no debería venir el domingo por la noche, sino el lunes, y usted preguntó dos veces: «¿entonces no por la noche?», y yo al menos tuve que responder a la segunda pregunta: «descanse por una vez», la respuesta no era más que una mentira, pues lo que realmente opinaba era que quería mi soledad.

(A Robert Klopstock)".

"Quizá sea posible, no lo sé, que comience a escribir un hombre que domine el caos. Serían libros sagrados. O que ame, eso será amor, no miedo del caos (…). El poeta sólo es posible en el mundo ordenado.

(A Max Brod)".

"Se habría conformado con una cárcel. Terminar como un preso, ésa era una meta en la vida. Pero era una jaula. El ruido del mundo penetraba señorial e indiferente, como en su casa, a través de las rejas. El preso estaba realmente libre, podía participar en todo, nada de lo que ocurría fuera se le escapaba. Podría haber abandonado la jaula, las barras mantenían entre sí una distancia de un metro. Ni siquiera estaba preso.

(Diarios)".

"Mi celda — mi fortaleza.

(En: Fragmentos póstumos)".

"El Mal es lo que distrae.
El Mal sabe del Bien, pero el Bien no sabe del Mal.
Sólo el Mal posee conocimiento de sí mismo.
Uno de los recursos del Mal lo constituye la conversación.

(En: Cuadernos en octavo)".

"Soy sucio, Milena, infinitamente sucio, por eso armo tanto ruido con la pureza.
Nadie canta de un modo tan puro como los que se encuentran en lo más profundo del
infierno; lo que tenemos por el cántico de los ángeles, es su cántico.

(A Milena)".






Franz Kafka

viernes, 11 de noviembre de 2022

Citas: Una alma valerosa - Fred Uhlman

 

"Recuerdo como si fuera hoy el momento en que te vi por primera vez, un gélido día de invierno de enero de 1932, poco después de ingresar en el Gymnasium Karl Alexander. Nunca había estado en una escuela, pues me había educado con tutores, y me sentí sencillamente aterrorizado cuando el viejo Klett, nuestro director, me puso en manos del desgraciado profesor Zimmermann, a quien la mayoría de nosotros tratamos tan abominablemente. ¡Pobre diablo! Era demasiado apacible, demasiado débil, demasiado bueno, y los muchachos detestan a los débiles y a los buenos. Lo que exigen y respetan es la autoridad, la disciplina y el miedo".


"Lo más extraordinario sucedió en ese momento: me miraste fijamente a los ojos. No creo equivocarme. Me miraste fijamente a los ojos y yo miré a los tuyos y quise rezar por ti, y te amé".

"Por lo que a mí se refería, no me importaba lo más mínimo que fueras judío o hindú, negro, verde o blanco; todo lo que quería era hablar contigo y ser tu amigo".

"Cuando volví a casa, fui directamente a mi habitación.
No podía ver a mis padres.
Tenía que estar solo.
¿Cómo decirles que, por fin, había encontrado un amigo, pero que mi amigo era judío?".

"No recuerdo quién dijo: «Algunas personas se enfrentan a la muerte con indiferencia no porque tengan más valor, sino porque tienen menos imaginación». Por desgracia, yo tengo demasiada. No quiero ser ahorcado. ¡A las cinco de la tarde!".

"—¿Qué hay de malo en ser judío? Nuestro Señor era judío.
—Mira, no pienso discutir sobre eso. Sabes que odio a los judíos. Los he odiado desde que era niña. Soy polaca, y los he visto vivir en sus guetos apestosos: sucios tratantes de ganado y usureros estafando a los confiados cristianos, conspirando, ¿es que no has oído hablar de Los protocolos de los sabios de Sión? A Dios gracias que tenemos a Hitler, el único hombre que puede salvarnos. ¿Me prometes que no volverás a ver nunca más a ese judío?
—No —repliqué—. No te lo prometo. Tengo casi diecisiete años, y tengo derecho a elegir a mis amigos".

"—Dime —dije—, ¿tú te interpondrías si quisiese casarme con una judía?
—En términos generales, haría todo lo posible para disuadirte de ello.
Después de todo eres un Hohenfels.
—¿Y en términos no tan generales?
—Haría una excepción si tuviese unos cuantos millones. Entonces podríamos restaurar el Burg. Bueno, saluda de mi parte al Pequeño Moisés y a Von Waldeslust.
Y se marchó".

"—Padre —dije un día—, ¿te puedo pedir un favor?
Esto, obviamente, lo sorprendió, pues nunca le había pedido nada.
—¿Y de qué se trata? —preguntó, esperando quizá que le iba a pedir dinero.
—¿Te importaría dejar de llamar a mi amigo «Pequeño Moisés»? Me ofende profundamente. Por favor, entiende que es mi amigo. Judío, o no, es mi amigo, y como yo tengo casi diecisiete años, debes permitirme escoger a mis propios amigos, del mismo modo que yo nunca me atrevería a burlarme de aquellos de tus amigos a los que considerara por debajo de mí. Hans es, con mucho, el chico más inteligente de mi clase, el único al que respeto y admiro. Su padre fue oficial, lo hirieron en Verdún y obtuvo la Cruz de Hierro de Primera Clase. Quizá no tenga un título, pero vale tanto como tus Cassel, tus Rothschild y todos esos a los que llamas «judíos prominentes».
¡Considero que los Schwarz son mis judíos prominentes, y tú no tienes derecho a ofenderlos y, de paso, ofenderme a mí!
Mi padre me miró atónito. Era la primera vez que me había atrevido a criticarlo y a hablarle de hombre a hombre.
Pero entonces sucedió algo inesperado.
En lugar de mostrarse furioso, sonrió:
—De acuerdo, muchacho, juro que no volveré a hacerlo. Fue una tontería por mi parte, y una falta de consideración. De saber que te afectaba tanto, no lo habría hecho. ¿De acuerdo, hijo?
Me sentí verdaderamente conmovido. Era la primera vez que establecía contacto con él, y me sentía agradecido".

"—Transmite mis más humildes saludos a tu pequeño... —se detuvo— amigo mosaico, cuya astucia admiro muchísimo. Es un —(pausa)— hombrecito muy, pero que muy listo. Será mejor que tengas cuidado, hijo mío. Aunque no seas kosher, quizá te engulla. Por cierto, ¿no tienes que hacer deberes?".

"He vuelto a leer lo que escribí ayer sobre mis padres. Estoy desesperadamente preocupado por ellos, en especial por mi madre. ¿Qué sucederá cuando sepa que he muerto a manos de sus amigos nazis, y se dé cuenta de que la guerra está perdida, y Alemania en ruinas? ¿Cómo afrontará el hundimiento de su mundo? ¿Querrá afrontarlo, o le parecerá que no merece la pena vivir? La última vez que la vi, después del desastre de Stalingrado, no había cambiado lo más mínimo. La guerra estaba casi ganada, dijo, y Alemania sería el amo de Europa.
Recuerdo lo mucho que intenté entonces establecer contacto con ella y descubrir qué clase de mujer era. ¿Tenía alma? ¿Tenía sentimientos? Eso es lo que quería saber entonces, como siempre he querido saberlo. Y una y otra vez no pude hallar respuesta".

"Ignoro si esta carta llegará a tus manos. La he redactado para ti con la esperanza de que, mal escrita como está, pueda ayudarte a entender mis actos, que nunca fueron deshonrosos.
He podido mostrarme débil y desorientado, pero jamás he faltado al honor. Perdóname, mi querido y viejo amigo..., si puedes. Me diste los mejores meses de toda mi vida. A ti te debo mi amor por la poesía, por el saber.
Ahora debo acabar.
La muerte me llama.
Reza por mí. Por mi alma. Aunque no creas en Dios, ¡reza, reza por mí!
Por siempre, por toda la eternidad, tuyo,



Konradin von Hohenfels".





Fred Uhlman

domingo, 6 de noviembre de 2022

Citas: El retorno - Fred Uhlman

 

"Es cierto, había barajado la idea de hacer escala allí una noche interrumpiendo el vuelo de regreso a América, pero la había rechazado. ¿Por qué ir allí, cuando nada podía destruir el pasado, cuando sólo podía esperar dolor de esa visita?".

"Elsas podría no reconocer a Raiser, y Raiser podría no reconocerlo a él: se sentarían allí una eternidad sin sospechar que una vez, hace mucho tiempo, habían sido amigos y leían poesía juntos bajo el centelleo de la luna".

"Desde Auschwitz había evitado hablar alemán o leer libros en alemán.
Cuando se le preguntó de dónde venía, acortó las preguntas respondiendo en broma: "Honolulu".
¿Se puede esperar que un extraño entienda esto? ¿Cómo podría él, que había amado a Alemania con un amor apasionado, explicar su vergüenza de pertenecer a un país que, a pesar de haber dado al mundo Beethoven y Bach, Goethe y Schiller, no había movido un dedo para salvar a sus compatriotas judíos?".

"¿Y entender que ahora tenía miedo de hablar con una persona porque no podía estar seguro de que esa persona no se hubiera ensuciado las manos con la sangre de toda su familia? Quien había recibido una herida que no se puede curar, así como la piel de alguien no se puede curar".

"Se sentó, pidió una copa de vino y encendió su pipa. Se alegró de estar solo. Nadie por allí sabía de su existencia. En esta ciudad donde había vivido durante treinta años, no había nadie a quien le
importara si Simón Elsas estaba vivo o muerto, pero eso no importaba.
No deseaba nada más que estar solo y saborear la amargura de este día de otoño, su belleza, tristeza y desesperación".

"El gordo se volvió hacia la mujer. "Lieschen", gritaba de mesa en mesa. «¡Lieschen! ¿Qué te dije? ¡Es Simón!" Y antes de que Simon pudiera detenerlo, el hombre agarró sus manos y se las apretó con entusiasmo. "¡Qué belleza verte de nuevo!" La transición de lei formal a tu familiar tuvo un efecto desagradable en Elsas. "¿No me reconoces?" Simon se obligó a estudiar más detenidamente el rostro del hombre, a quitar algunas capas de manteca como quien pela una naranja para llegar a
la fruta, a descubrir alguna pista sobre su identidad íntima. No sirvió de nada.
Era un asunto desesperado, como tratar de limpiar una pintura muy dañada o encontrar el hueso en una cebolla. No vio nada más que el rostro redondo y ordinario, radiante de alegría, de un completo extraño".

"Las penas no lo habían agriado; no era cínico, aunque estaba convencido de que el mundo era en gran parte una jaula de locos".

"Aquí la Sra. Haber interrumpió.
“El porcentaje es aún mayor, supera el cincuenta por ciento.
"Ya es suficiente, Fritz", dijo bruscamente. “Simon no viajó desde Estados Unidos hasta aquí para escuchar discursos deprimentes. Quien está muerto está muerto y nosotros estamos vivos». Ella lo miró con una sonrisa tímida y tarareó con la boca cerrada: "Freut euch des Lebens, weil noch das Làmpchen gliiht, pflùcket die Rose eh 'sie vierblùht (Disfruta de la vida mientras la luz aún está encendida, recoge la rosa antes de que se desvanezca)".

"¿Y qué has estado haciendo todos estos años?".
"He vivido"".

"Adiós". La voz tenía el tono tranquilo de alguien que saluda al hombre de la limpieza.
"Adiós, querida", dijo.
Le abrió la puerta y la cerró de inmediato. Entonces ya no se escuchaban "Adiós, Hans". Todavía estaba de pie junto a la ventana, mirando hacia la creciente oscuridad. ruidos excepto el de la puerta crujiendo y chirriando.
Mientras se alejaba lentamente, Elsas miró por última vez la casa, las puertas cerradas, los postigos, el portón, los árboles muertos. Nunca la volvería a ver.
La casa estaba allí, toda corrientes de aire y grietas, perdida en el jardín cubierto de maleza. Nada podría restaurarlo a su estado anterior. Pertenecía al pasado envenenado de Elsas, había que olvidarlo cuanto antes, como si nunca hubiera existido".

"No te he conocido por un minuto de retraso. Quería decirte adiós. Me di cuenta de que no podía dejar que te fueras así.
Lloré mucho tiempo cuando te fuiste. Parecías tan severo, eras tan extraño y frío, parecías más un juez que mi viejo amigo. Si me hubieras dado tiempo, si hubieras sonreído, aunque sea una sola vez, podría
haberte explicado muchas cosas. Y estoy seguro de que lo habrías entendido y, tal vez, me habrías perdonado.
Ahora no queda nada. ¿Por qué volviste? ¿Y por qué no trataste de entender cuando volviste?".

"Elsas leyó las palabras dos veces y se preguntó por un momento si debería regresar. Pero poco después vio la larga extensión de los edificios del aeropuerto, vio los aviones alineados, las torres y el equipo de radar. El taxi paró, Elsas pagó y tomó la maleta. Leyó la carta una vez más, luego la rompió y, con un movimiento rápido, como dando vuelo a una paloma blanca, arrojó los fragmentos al aire. El viento se los llevó".







Fred Uhlman

martes, 1 de noviembre de 2022

Citas: Cadáver exquisito - Agustina Bazterrica

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 "Media res. Aturdidor. Línea de sacrificio. Baño de aspersión. Esas palabras aparecen en su cabeza y lo golpean. Lo destrozan. Pero no son solo palabras. Son la sangre, el olor denso, la automatización, el no pensar. Irrumpen en la noche, cuando está desprevenido. Se despierta con una capa de sudor que le cubre el cuerpo porque sabe que le espera otro día de faenar humanos".


"Ahora que es la mano derecha del jefe tiene que controlar y preparar a los nuevos empleados. Enseñar a matar es peor que matar. Saca la cabeza por la ventana. Respira el aire compacto, que arde.
Quisiera anestesiarse y vivir sin sentir nada. Actuar de manera automática, mirar, respirar y nada más. Ver todo, saber y no decir. Pero los recuerdos están, siguen ahí".

"Cuando leyó la noticia sintió escalofríos. Fue el primer escándalo público y el que instaló la idea en la sociedad de que, después de todo, la carne es carne, no importa de dónde venga".

"«Sé que cuando me muera alguien va a vender mi carne en el mercado clandestino, alguno de esos parientes lejanos y horribles que tengo. Por eso fumo y tomo, para que el sabor de mi carne sea amargo y nadie disfrute con mi muerte». Da una pitada corta y dice: «Hoy soy la carnicera, mañana puedo ser el ganado»".

"Agarra una birome y se pone a escribir. Él no le aclara que le puede mandar el pedido de manera virtual. Le gusta ver cómo Spanel escribe en silencio, concentrada, seria.
La mira fijo mientras ella completa el pedido con letra apretada. Spanel tiene una belleza detenida. Lo inquieta porque hay algo femenino debajo de un aura bestial que se cuida muy bien de mostrar. Hay algo de admirable en ese desapego artificial".

"Sergio, uno de los aturdidores, lo saluda y entra a la sala de descanso. Está vestido de blanco, con botas negras, barbijo, delantal de plástico, casco y guantes. Lo abraza. «Tejo querido, ¿dónde estabas?». «Haciendo el recorrido con los clientes y proveedores. Vení que te presento».
Cada tanto sale a tomar cervezas con Sergio. Le parece un tipo auténtico, uno que no lo mira con media sonrisa porque es la mano derecha del jefe, uno que no está pensando en qué ventaja puede sacar, uno que no tiene reparos en decirle lo que piensa. Cuando murió el bebé, Sergio no lo miró con lástima ni le dijo: «Ahora Leo es un angelito», ni lo miró en silencio sin saber qué hacer, ni lo evitó, ni lo trató diferente. Lo abrazó y se lo llevó a un bar y lo emborrachó y no paró de contarle chistes hasta que los dos lloraron por las carcajadas. El dolor siguió intacto, pero él supo que tenía un amigo".

"Los operarios hacen un corte preciso desde el pubis hasta el plexo solar. El más alto pregunta por qué hay dos operarios por cada cuerpo. Él responde que uno hace el corte y el otro cose el ano para evitar cualquier expulsión que contamine el producto. El otro se ríe y dice: «No me gustaría tener ese trabajo»".

"Uno se puede acostumbrar a casi cualquier cosa, excepto a la muerte de un hijo.
¿Cuántas cabezas tienen que matar por mes para que él pague el geriátrico del padre? ¿Cuántos humanos tienen que sacrificar para que él olvide cómo acostó en la cuna a Leo, lo arropó, le cantó una canción y al día siguiente amaneció muerto? ¿Cuántos corazones tienen que ser guardados en cajas para que el dolor se transforme en otra cosa? Pero el dolor, intuye, es lo único que lo hace seguir respirando. 
Sin la tristeza, no le queda nada".

"Él lo respeta por eso. Se va a preocupar cuando deje de mirarlo, cuando el odio no lo sostenga más. Porque el odio da fuerzas para seguir, mantiene la estructura frágil, entreteje los hilos para que el vacío no lo ocupe todo".

"Despide al más alto con un apretón de manos y le dice: «Te vamos a estar llamando». El más alto le agradece sin demasiada convicción. Pasa siempre, piensa, pero otra reacción sería extraña.
Nadie que esté realmente cuerdo se alegraría por hacer ese trabajo".

"—¿Cómo es posible que no tengas paraguas?
Él suspira levemente y piensa que, otra vez, va a tener la misma discusión de todos los años.
—No lo necesito. Nadie lo necesita.
—Todos lo necesitan. Hay zonas que no tienen construidos los techos protectores.
¿Querés morirte?
—Marisa, ¿en serio pensás que si un pájaro te caga en la cabeza te vas a morir?
—Sí".

"Los mellizos se ríen, se hacen señas, susurran. Los dos tienen el pelo sucio o grasoso.
—Chicos, por favor, estamos comiendo con el tío. No sean maleducados.
Habíamos quedado con papá en que en la mesa no se susurra, se conversa como adultos, ¿no?
Estebancito lo mira con un brillo en los ojos, un brillo lleno de palabras como bosques de árboles quebrados y tornados silenciosos. Pero la que habla es Maru:
—Estamos adivinando qué gusto tendría el tío Marquitos.
La hermana agarra el cuchillo con el que está comiendo y lo clava en la mesa. El sonido es furioso, veloz. La hermana dice: «Basta». Lo dice despacio, midiendo la palabra, controlándola. Los mellizos la miran sorprendidos. Él nunca vio una reacción semejante en su hermana. La mira en silencio. Mastica un poco más de arroz frío, sintiendo tristeza por toda la escena.
—Me tienen harta con ese juego. Las personas no se comen. ¿O son salvajes ustedes?".

"No pudo llorar, en ningún momento, ni siquiera cuando vio el ataúd pequeño y blanco bajando a la tierra. Se quedó pensando en que le hubiera gustado un ataúd menos llamativo, que entendía que era blanco por la pureza del niño que estaba dentro, pero ¿realmente somos tan puros cuando llegamos al mundo?".







Agustina Bazterrica

lunes, 31 de octubre de 2022

Citas: El Exorcista - William Peter Blatty

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"La sombra se movió. El curdo se quedó esperando como una vieja deuda. 
El hombre vestido de color caqui clavó la mirada en unos ojos húmedos y desteñidos,como si el iris estuviera velado por la membrana de una cáscara de huevo.
Glaucoma. Antes no hubiera podido querer a este hombre.
Sacó la cartera y buscó una moneda entre los billetes rotos y arrugados: unos
dinares, un carnet de conducir iraquí, un almanaque, de plástico descolorido, de doce años atrás. En el reverso tenía la inscripción: LO QUE DAMOS A LOS POBRES ES LO QUE NOS LLEVAMOS CON NOSOTROS CUANDO MORIMOS".

"—¡Porque está allí, querida!
—¿En el guión?
—No, en el tema.
—Bueno, pero sigue sin tener sentido, Burke. Ella no haría eso.
—Sí que lo haría.
—No, no lo haría.
—¿Mandamos llamar al autor? ¡Creo que está en París!
—¿A qué ha ido allí? ¿A esconderse?
—No. A fornicar".

"—¡Vamos, no seas tonta! —le espetó Dennings—. Lo que ocurre es que me he pasado toda la tarde en un maldito té, ¡Un té con los profesores!
Chris se apoyó sobre el bar.
—Conque en un té, ¿Eh?
—¡Sigue riéndote como una boba!
—Te has emborrachado en un té —dijo secamente— con unos jesuitas.
—No, los jesuitas estaban sobrios.
—¿No beben?
—¿Cómo que no? —gritó—. ¡Bebían como condenados!
¡Nunca en mi vida he visto a nadie beber tanto!".

"—Ahora dime cómo te encuentras.
Ella respondió encogiéndose de hombros, abatida.
—¿Estás malhumorada? Vamos, cuéntame.
—No sé.
—Cuéntaselo a tu tío.
—Creo que yo también voy a tomar algo —dijo, y fue a buscar un vaso.
—Sí, es bueno para el estómago. Bien, ¿Qué te pasa?
Lentamente, ella se sirvió vodka.
—¿Nunca has pensado en la muerte?
—¿En qué?
—En la muerte. ¿Nunca has pensado en ello, Burke? ¿En lo que significa? ¿En lo que realmente significa?
Levemente cortante, respondió:
—No sé. No, nunca pienso en eso. Sólo hago el muerto. ¿A qué diablos viene todo esto?
Ella se encogió de hombros.
—No sé —contestó en un tono suave. Dejó caer el hielo en el vaso y lo contempló, pensativa—. Sí... sí, lo sé —rectificó—. Yo... bueno, lo he pensado esta mañana... una especie de sueño... casi al despertarme. No sé. Quiero decir que me ha impresionado un poco... lo que significa..., el fin, ¡El fin!, como si nunca lo hubiera sabido. — Sacudió la cabeza—. ¡Cómo me he asustado! Sentí que huía de este maldito planeta a millones de kilómetros por hora.
—Tonterías. La muerte es un alivio —respondió Dennings.
—No para mí, Charlie.
—Bueno, tú vives a través de tus hijos.
—¡Déjate de idioteces! Yo no soy mis hijos.
—Gracias a Dios. Una ya es suficiente.
—¡Piénsalo, Burke! No existir... ¡Nunca más! Es...".

"—Si quieres, puedes invitar al señor Dennings.
—¿El señor Dennings?
—Bueno, creo que estaría bien.
Chris se rió.
—No, no estaría bien. Querida, ¿Por qué habría de invitarlo?
—Porque te gusta.
—Sí, por supuesto que me gusta. ¿Y a ti?
No respondió.
—¿Qué pasa, querida? —Chris instó a su hija.
—Te vas a casar con él, mamita, ¿Verdad?
No era una pregunta, sino una lúgubre afirmación.
Chris estalló en carcajadas.
—¡Por supuesto que no, pequeña! ¡Qué cosas se te ocurren!
¿El señor Dennings? ¿De dónde has sacado esa idea?
—Pero te gusta.
—También me gusta la pizza, ¡Pero nunca me casaría con ella!
Querida, es un amigo, sólo un viejo amigo".

"—Querida, la gente se cansa —le contestó cariñosamente.
—Mamá, ¿Por qué permite Dios eso?
Por un momento, Chris dejó vagar la mirada. Estaba desconcertada. Perturbada.
Como era atea, no le había enseñado religión a su hija. Creía que sería deshonesto.
—¿Quién te ha hablado de Dios? —le preguntó.
—Sharon.
—¡Ah!
Tendría que hablar con ella.
—Mamá, ¿Por qué permite Dios que nos cansemos?
Al ver aquellos ojos sensibles y advertir su sufrimiento, Chris se rindió. No podía decirle lo que creía.
—Bueno, lo que ocurre es que, después de un cierto tiempo, Dios nos echa de menos, ¿Sabes, Rags?, y quiere que volvamos con él".

"A la mañana siguiente, cuando Chris abrió los ojos, se la encontró en su cama, medio dormida.
—¿Qué diab...? ¿Qué estás haciendo aquí? —se rió Chris.
—Mi cama se movía.
—Tontuela. —Chris la besó y la arropó. Duérmete.
Todavía es muy temprano.
Lo que parecía ser la mañana, fue el comienzo de una noche sin fin".

"El apartamento era un cobertizo. Ayuda Social. Todos los meses, unos pocos dólares de un hermano.
Ella se sentó a la mesa. La señora de Fulano. El tío Mengano. Todavía con acento de inmigrantes. Él esquivaba aquellos ojos, que eran pozos de tristeza, ojos que pasaban los días mirando por la ventana.
No tendría que haberla dejado nunca".

"Fue al baño. Diarios amarillentos sobre las baldosas. Manchas de herrumbre en la bañera y el lavabo. Un viejo corsé en el piso.
Simientes de su vocación. Desde aquí, él había huido hacia el amor.
Ahora el amor se había enfriado.
Por la noche lo oía silbar atravesando los rincones de su corazón como un viento extraviado y lloroso".

"—Bueno, es algo más que psiquiatría, Tom. Usted lo sabe.
Muchos tienen problemas de vocación, de sentido de su vida. Porque, ¡Caramba!, no todo el problema se reduce a lo sexual, porque también cuenta la fe, y yo no lo puedo ignorar, Tom. Es demasiado. Necesito cambiar de ambiente. Tengo mis propios problemas, mis dudas.
—¿Qué hombre inteligente no los tiene, Damien?".

"Anotó el nombre.
—Dile que la examine y me llame después —le aconsejó—. Y, por el momento, olvídate del psiquíatra.
—¿Estás seguro?
Emitió una afirmación sarcástica sobre la rapidez con que la gente pretende reconocer las enfermedades psicosomáticas, mientras que es incapaz de admitir lo opuesto, o sea, que las enfermedades del cuerpo son, a menudo, la causa de una aparente enfermedad mental".

"Él le preguntó si alguna vez había oído a Regan decir palabras feas u obscenas.
—Nunca —respondió.
—Bueno, eso tiene mucho que ver con sus mentiras. No es lo común, de acuerdo con lo que usted me cuenta, pero en ciertos trastornos mentales puede...
—Espere un momento —lo interrumpió Chris, perpleja—. ¿Cómo se le ha ocurrido que pueda decir obscenidades? ¿Es eso lo que ha dicho usted o yo lo he entendido mal?
Él la contempló durante unos momentos con cierta curiosidad, pensó y luego aventuró, cautelosamente:
—Sí, yo diría que dice obscenidades. ¿No la ha oído nunca decirlas?
—Todavía no.
—Pues a mí me ha dicho unas cuantas mientras la examinaba, señora.
—¡Está bromeando! ¿Como qué, por ejemplo?
Adoptó una actitud algo ambigua.
—Bueno, yo diría que su vocabulario es bastante extenso.
—Pero, ¿Qué? ¡Dígame un ejemplo!
Él se encogió de hombros.
—¿Se refiere usted a “mierda” o “me cago en...”?
El médico se sintió más aliviado:
—Sí. Ha empleado esas palabras.
—¿Y qué más ha dicho? Literalmente.
—Pues me aconsejó que alejara mis dedos de mierda de sus órganos genitales.
Chris abrió la boca, horrorizada.
—¿Ha usado esas mismas palabras?
—Es común, mistress MacNeil, y yo no me preocuparía en absoluto por eso. Es parte del síndrome".

"—¿Quieres que te lea un rato?
Ella denegó con la cabeza.
—Bueno, entonces trata de dormir.
Se inclinó, la besó y apagó la luz.
—Buenas noches, pequeña.
Chris estaba ya casi en la puerta, cuando Regan la llamó nuevamente.
—Mamá, ¿Qué me pasa?
Se la veía obsesionada. Su tono era desesperado.
Desproporcionado para su edad. Por un momento, la madre se sintió agitada y confundida. Pero en seguida recobró la serenidad.
—Ya te lo he dicho, querida; son los nervios. Has de tomar esas píldoras un par de semanas, y estoy segura de que te pondrás bien. Bueno, ahora a dormir, ¿Eh?
No hubo respuesta. Chris esperó.
—A dormir, ¿Eh?
—Está bien —murmuró Regan".

"—Bien, tengo que irme —le dijo a Chris—. Mañana he de decir la misa de seis en la capilla Dahlgren.
—Yo tengo la misa de los irlandeses. —Dyer sonrió alegremente. Después, sus ojos se dirigieron a un lugar de la habitación, detrás de Chris, y dijo de pronto—: Bueno, parece ser que tenemos visita, mistress MacNeil —le advirtió, con un movimiento de la cabeza.
Chris se volvió. Y no pudo contener su asombro al ver a Regan en camisón, orinando a chorros sobre la alfombra. Mirando fijamente al astronauta, Regan dijo con voz desmayada:
—Usted se va a morir allá arriba.
—¡Oh, Dios mío! —exclamó Chris angustiada, corriendo hacia su hija—. ¡Oh, Dios mío, mi pequeña, ven, ven conmigo!".

"Los ojos de mistress Perrin continuaban sombríos.
—No sé lo que piensas de mí —dijo pausadamente—. Muchas personas me asocian con el espiritismo.
Pero no es así. Lo que sí creo es que tengo un don —continuó con sencillez—.
Pero no es oculto. De hecho, a mí me parece natural, perfectamente natural. Como católica, creo que pisamos dos mundos.
Aquel del que somos conscientes en el tiempo. Pero, de vez en cuando, una mujer rara como yo percibe destellos del otro mundo, y ese otro, creo... está en la eternidad.
Bueno, la eternidad no tiene tiempo. El futuro es presente. De modo que cuando, a veces, siento lo otro, creo ver el futuro. ¿Quién sabe? Tal vez no.
Quizá todo sean coincidencias. —Se encogió de hombros—. Pero yo creo que sí.
Y si fuera así, seguiría creyendo que es natural. Pero lo oculto... —Hizo una pausa, para elegir las palabras—. Lo oculto es algo diferente. Yo me he mantenido lejos de eso. Creo que es peligroso abordarlo. Y en eso está incluido el jugar con el tablero Ouija".

"—Hurgó en su bolsillo—. ¿Dónde están mis gafas? ¡Ah, sí, aquí están! —Las encontró en un bolsillo del abrigo—. Muy bonita la casa —comentó mientras se ponía las gafas y contemplaba la parte superior de la fachada—. Se ve muy acogedora.
—¡Dios santo, qué alivio!
¡Creí que me ibas a decir que estaba hechizada!
Mistress Perrin la observó.
—¿Por qué habría de decirte una cosa así?".

"—¡Mamá, ven aquí, ven aquí, tengo miedo!
—¡Voy en seguida, pequeña!
Chris corrió por el pasillo hacia el dormitorio de Regan.
Gemidos. Llantos. Ruidos, al parecer, de los muelles del colchón.
—¡Oh, mi nenita! ¿Qué pasa? —exclamó Chris mientras encendía la luz.
¡Dios mío!
Regan yacía, rígida, boca arriba, con la cara bañada en lágrimas, contraída por el terror y aferrada firmemente a los lados de su estrecha cama.
—Mamá, ¿Por qué se agita? —gritó—. ¡Hazla parar! ¡Tengo mucho miedo!¡Hazla parar! ¡Mamá, por favor, hazla parar!
El colchón se agitaba violentamente de la cabeza a los pies".

"La llevaron hasta su última morada en el atestado cementerio, donde las lápidas imploraban vida.
La misa había sido solitaria, como su misma existencia".

"Se preguntaba por qué el amor había esperado tanto, por qué había aguardado hasta el momento en que los límites del contacto y la renuncia humana se habían reducido al tamaño de aquel recordatorio que llevaba en la billetera: In Memoriam...".

"—¡“Chivas Regal”!
—¿De dónde has sacado el dinero? ¿Del cepillo de los pobres?
—No seas tonto; eso sería quebrantar mi voto de pobreza.
—¿De dónde lo has sacado, pues?
—Lo he robado.
Karras sonrió y movió la cabeza en un ademán de apercibimiento amistoso, mientras traía un vaso y un jarrito de peltre para el café.
Los fregó en el diminuto lavabo del baño y dijo:
—Te creo.
—Nunca he visto una fe más profunda".

"Dyer le desató los cordones y le quitó los zapatos.
—¿Me vas a robar ahora los zapatos? —murmuró Karras confusamente.
—No. Yo adivino el futuro leyendo las arrugas.
Cállate y duerme.
—Eres un jesuita ratero.
Dyer sonrió ligeramente y lo tapó con un abrigo, que sacó del armario.
—Mira, alguien tiene que ocuparse de las cosas materiales. Lo único que hacéis vosotros es pasar las cuentas del rosario y rezar por los hippies".

"Deslizándose como una araña, rápidamente, detrás de Sharon y cerca de ella, con el cuerpo doblado en arco para atrás y la cabeza casi tocándole los pies, estaba Regan, que sacaba la lengua de la boca, y la volvía a meter en ella, mientras silbaba igual que una víbora.
—¡Sharon! —dijo Chris atontada, mirando aún a Regan.
Sharon se detuvo. Regan también. Sharon se volvió y no vio nada. Y luego gritó al sentir la lengua de Regan lamiéndole los tobillos.
Chris empalideció.
—¡Llama al doctor en seguida!
¡Que venga ahora mismo!
Adondequiera que iba Sharon, Regan la seguía".

"—Cuando yo le pregunte, contésteme con movimientos de cabeza.
¿Entiende?
Regan asintió.
—¿Tienen sentido sus respuestas? —le preguntó.
—Sí.
—¿Es usted alguien que Regan haya conocido antes?
—No.
—¿De quién haya oído hablar?
—No.
—¿Es usted una persona que ella inventó?
—No.
—¿Es usted real?
—Sí.
—¿Parte de Regan?
—No.
—¿Alguna vez fue parte de ella?
—No.
—¿A usted le gusta ella?
—No.
—¿Le disgusta?
—Sí.
—¿La odia?
—Sí.
—¿Por algo que ella hizo?
—Sí.
—¿Usted la culpa por el divorcio de los padres?
—No.
—¿Tiene algo que ver con los padres?
—No.
—¿Con un amigo?
—No.
—Pero la odia.
—Sí.
—¿Está castigando a Regan?
—Sí.
—¿Quiere hacerle daño?
—Sí.
—¿Matarla?
—Sí.
—Si ella muriera, ¿Moriría usted también?
—No.
La respuesta pareció turbarlo, y bajó la vista, pensativo. Los muelles de la cama crujieron cuando se cambió de lugar. En la asfixiante quietud, la respiración de Regan parecía salir de unos pulmones pútridos. Allí. Y, sin embargo, lejos. 
Lejanamente siniestra.
El psiquíatra levantó de nuevo la vista y la clavó en aquella horrenda cara contraída. Sus ojos brillaban agudos, especulando con las posibilidades.
—¿Hay algo que ella puede hacer para que usted se vaya?
—Sí.
—¿Me lo va a decir?
—No.
—Pero...
Bruscamente, el psiquíatra abrió la boca, asombrado y dolorido, cuando se dio cuenta, con horrorizada incredulidad, de que Regan le estaba apretando los genitales con una mano tan fuerte como una pinza de hierro. Con los ojos desmesuradamente abiertos, luchó por librarse. No pudo".

"—Por el momento la desconocemos. La niña necesita un examen exhaustivo por un equipo de expertos, dos o tres semanas de estudio realmente intensivo en una clínica, por ejemplo, la “Clínica Barringer”, en Dayton.
Chris desvió la mirada.
—¿Tiene algún inconveniente?
—No, ninguno —suspiró ella—. Sólo que he perdido la esperanza, eso es todo.
—No la entiendo.
—Es una tragedia interior.
El psiquíatra habló por teléfono a la “Clínica Barringer” desde el despacho de
Chris. Quedaron en que llevarían a Regan al día siguiente.
Los médicos se fueron.
Chris se tragó el dolor del recuerdo de Dennings, junto con el recuerdo de muerte y de gusanos, de vacíos y soledad indecible, y de quietud, tinieblas, bajo la tierra, donde nada se mueve, nada... Lloró brevemente y empezó a hacer las maletas".

"—...una remota posibilidad a lo sumo, ya que la posesión está vagamente relacionada con la histeria por el hecho de que el origen del síndrome es casi siempre la autosugestión. Su hija tiene que haber conocido la posesión, creído en ella
y conocido algunos de sus síntomas, de modo que ahora su subconsciente formaría el síndrome.
Si es posible establecer eso, se puede intentar una forma de cura por autosugestión. En estos casos, yo sería partidario del tratamiento por shock, aunque supongo que la mayoría de mis colegas no estarían de acuerdo. Bien, le repito que es una posibilidad remota, y ya que usted se opone a que internemos a su hija, voy...
—¡Dígame el nombre, por Dios! ¿Qué es?
—¿Ha oído hablar alguna vez de exorcismo, mistress MacNeil?".

"—Bueno, si insiste... A propósito —dijo al salir de la cocina—, sé que es una posibilidad entre un millón, pero me gustaría que le preguntara usted a su hija si vio a míster Dennings en su dormitorio aquella noche.
Chris caminaba con los brazos cruzados.
—Mire, en primer lugar debo decirle que no tenía ningún motivo para subir.
—Sí, lo comprendo. Es verdad; pero si unos investigadores ingleses no se hubieran preguntado nunca “¿Qué es esta fungosidad?”, hoy no tendríamos la penicilina. ¿No le parece? Por favor, pregúnteselo. ¿Lo hará?
—Cuando mejore algo, se lo preguntaré.
—No le puede hacer daño. Mientras tanto... —Habían llegado a la puerta de entrada, y Kinderman titubeó, avergonzado. Se llevó los dedos a los labios en un gesto de duda—. Mire, me repugna tener que decirle esto, pero...
Chris se puso tensa, esperando un nuevo impacto; la premonición resonaba otra vez en su sangre.
—¿Qué?
—Para mi hija..., ¿Podría firmarme un autógrafo? —Se había puesto colorado, y Chris estuvo a punto de echarse a reír de alivio, de sí misma, de la desesperación y de la condición humana".

"—¡Oh, por favor! ¡Oh, no, por favor! —gemía lastimeramente.
—¡Vas a hacer lo que yo te ordene, lo harás!
El rugido amenazador, las palabras, provenían de Regan, cuya voz, áspera gutural, rezumaba veneno. En un instante, sus facciones se transmutaron horriblemente en las de la personalidad diabólica y maligna que había aparecido en el transcurso de la hipnosis. Y ahora, rostros y voces, mientras Chris observaba atónita, se intercambiaban velozmente.
—¡No!
—¡Lo harás!
—¡Por favor!
—¡Lo harás, puerca, o te mataré!
—¡Por favor!
—Sí.
Regan tenía los ojos desmesuradamente abiertos, y parecía retroceder frente a algo odioso, terminante, chillando ante el terror del desenlace. Luego,de pronto, la cara diabólica se apoderó de ella una vez más, la inundó. La habitación se llenó de un hedor insoportable, y un frío helado se filtró por las paredes. Los golpes cesaron, y el penetrante grito de terror de Regan se convirtió en una risa gutural y canina, de victoriosa furia. Rugía con una voz profunda, ensordecedora.
Bruscamente, con un grito áspero, Chris corrió hasta la cama; Regan estalló en cólera contra ella. Con las facciones infernalmente contraídas, alargó una mano, cogió a Chris por los pelos y, de un tirón, le hizo bajar la cabeza.
—¡Aahhh, la madre de la puerca! —rugió Regan con voz gutural—. ¡Aahhh!".

"—Es usted amigo del padre Dyer, ¿Verdad?
—Sí.
—¿Íntimo?
—Sí, íntimo.
—¿No le dijo nada de la fiesta?
—¿De la que celebró usted en su casa?
—Sí.
—Pues bien, me dijo que parecía usted humana.
Ella no captó su significado, o prefirió ignorarlo.
—¿No le habló de mi hija?
—No. No sabía que tuviera usted una hija.
—Pues sí; ya con doce años.
¿No se lo dijo, de verdad?
—No.
—¿Ni le dijo lo que ella hizo?
—Le repito que no me habló para nada de ella.
—Ya veo que los curas saben sujetar su lengua...
—Depende —respondió Karras.
—¿De qué?
—Del cura".

"—De modo que eres tú..., ¿Eh? ¡Te han mandado a ti!
Bueno, no tenemos que temer nada de ti en absoluto.
—En efecto. Soy tu amigo. Me gustaría poder ayudarte —dijo Karras.
—Empieza, pues, por aflojar estas correas —gruñó Regan. Había levantado las muñecas, y Karras pudo ver que estaban sujetas con una correa doble.
—¿Te molestan? —le preguntó.
—Mucho. Son una molestia infernal. —Sus ojos brillaron, astutos.
Karras vio los rasguños de su cara, las grietas de sus labios, que, al parecer, se había mordido.
—Temo que te puedas hacer daño, Regan.
—Yo no soy Regan —rugió, manteniendo la horripilante sonrisita, que ahora le pareció a Karras una expresión permanente.
—¡Ah, claro! Bien, entonces creo que deberíamos presentarnos.
Yo soy Damien Karras —dijo el sacerdote—. ¿Quién eres tú?
—El demonio".

"—¿Le han dado algún tranquilizante? —preguntó.
Chris abrió los grifos.
—Sí, “Librium”. Quítese el jersey, lo lavaremos.
—¿Qué dosis? —preguntó él, mientras se lo quitaba con la mano izquierda limpia.
—Espere, que le ayudaré. —Le tiró del jersey por la parte de abajo—. Hoy le hemos dado cuatrocientos miligramos, padre.
—¿Cuatrocientos?
Chris había conseguido levantarle el jersey hasta la altura del pecho.
—Sí, sólo esa dosis nos permitió atarla con las correas. Y aun así, hubimos de aunar nuestras fuerzas para...
—¿Le ha administrado usted a su hija cuatrocientos milígramos de una sola vez?
—Vamos, padre, levante los brazos. —Él los levantó, y ella tiró suavemente del jersey—. Es increíble la fuerza que tiene".

"—Digamos que es una locura.
—Bien, de cualquier modo, eso sucede fuera de la posesión.
—¡Vaya! —exclamó cansinamente—. He aquí a una atea y un sacerdote...
—La mejor explicación para cualquier fenómeno —dijo Karras, pasando por alto la observación— es siempre la más sencilla que se presente y que incluya todos los hechos".

"—¿Me hará un favor? —le preguntó.
—¿Qué?
—Vaya al cine a ver una película.
Ella se secó un ojo con el dorso de la mano y sonrió.
—Detesto las películas.
—Pues vaya a visitar a una amiga.
Chris se puso las manos en la falda y lo miró cariñosamente.
—Tengo un amigo aquí —dijo al fin.
Él sonrió".

"—Antes me gustaría ver a su hija —dijo Merrin.
Ella pareció desconcertada.
—¿Ahora mismo, padre?
Él volvió a mirar hacia arriba, con distante atención.
—Sí, ahora mismo.
—Debe de estar durmiendo.
—Creo que no.
—Bueno, si...
De repente, Chris retrocedió al oír un ruido que venía de la planta alta. Era la voz del demonio, tonante y apagada a la vez, que gruñía como si pronunciara un sepelio.
—¡Merriiiinnnnn!
Luego, un tremendo y escalofriante puñetazo, asestado contra una pared del dormitorio.
—¡Dios Todopoderoso! —musitó Chris".

"Durante un momento, Dyer la contempló; luego dijo en voz baja:
—Pero si todo el mal del mundo le hace pensar que puede existir el demonio, ¿Cómo explica usted todo el bien que hay en el mundo?".

"—He venido a despedirme.
—Se acaban de marchar.
Kinderman se detuvo, desilusionado.
—¿Que se han ido?
Dyer asintió.
Kinderman miró por la calle y movió la cabeza. Luego se volvió hacia Dyer.
—¿Cómo está la pequeña?
—Parecía estar bien.
—¡Estupendo! Eso es lo único que importa. —Desvió la mirada—. Bueno, a trabajar de nuevo —jadeó—. ¡Adiós, padre! —Volvióse, dio un paso hacia el coche—patrulla y luego se detuvo para considerar a Dyer especulativamente—. ¿Va usted al cine, padre? ¿Le gusta?
—Sí.
—A mí me regalan invitaciones. —Vaciló un momento—. Y tengo una para la sesión de mañana por la noche en el “Crest”. ¿Le gustaría ir?
Dyer tenía las manos en los bolsillos.
—¿Qué proyectan?
—Cumbres borrascosas.
—¿Quién trabaja?
—Heathcliff, Jackie Gleason y, en el papel de Catherine Earnshaw, Lucille Ball. ¿Qué le parece?
—Ya la he visto —dijo Dyer inexpresivo.
Kinderman lo miró, con aspecto de derrotado. Desvió la mirada.
—Otro más —murmuró. Luego pasó su brazo por el del sacerdote y, lentamente, empezaron a caminar por la calle—. Me hace recordar una frase de la película
Casablanca —dijo cariñosamente—. Al final, Humphrey Bogart le dice a Claude Rains: “Louis, creo que éste es el comienzo de una hermosa amistad.” A propósito, ¿Sabe usted que se parece un poco a Bogart? —comentó el detective.
—Conque usted también se ha dado cuenta, ¿Eh?
Al buscar el olvido, trataban de recordar".





William Peter Blatty