martes, 24 de diciembre de 2019

Citas: El visitante - Alma Maritano


"El cielo está nublado y hace frío en esta media tarde de principios de marzo".

"El silencio es ahora tenso como la cuerda de un violín o como la nota más alta de una trompeta".

"Los rostros de chicos y chicas brillan como manzanas que revientan de maduras".

"¡Había cumplido quince años! Un dolorcito, un pellizco en el pecho, hizo que se despertará de golpe. ¡Quince años! ¡Cuánto había esperado los quince! "Ya vas a ver, cuando tengas quince..." "Ahora no, cuando tengas quince..." "¡Eh! ¿Pensás que tenés quince?..." Y bueno, ya estaba".

"Niqui la escucha arrobado y se une al recuerdo:
—Juntábamos pedazos de vidrios y lozas de colores y decorábamos las casitas...
—Pescábamos mojarritas en la laguna...
—Hacíamos una carretilla voladora y nos íbamos a la Luna...
El Marciano no resiste más.
—¡Eh, che! Pará la mano, viejo... Córtenla... A delirar no les gana a nadie... A ver si porque son de un pueblo son unos genios ustedes".

"—Ahí te doy la razón ¿ves? —aprueba el Marciano melancólicamente—. Volver a la casa a estudiar nunca puede ser muy divertido...
—Por eso te digo, lo divertido es participar. ¿No les decía que estamos participando en el proceso económico?
—"Proceso económico!" ¡Hay... que ver!".

"Era menor, y no podía vivir solo todavía. ¡Dios! ¡Cuándo pasaría el tiempo! ¡Y cuándo sería dueño de su vida! Se sentía como un objeto que alguien no se sabía nunca quién, sacaba y ponía de un lugar a otro".

"—Qué cara de inteligente tiene —dice Inés— ¿se fijaron?
—¿No te digo? Tenes que venir de afuera y hacerte el lindo, para que te digan inteligente... ¡Hay... que ver!".

"—¿Pero no se saludan siquiera? —pregunta incrédula Lori, que no entiende como Josefina puede resistir.
—No se niega el saludo a un hermano... —murmura severamente Tamara—, fiel a sus principios de universal hermandad, más firmes, todavía en este caso.
—¡Qué hermano ni hermano! —ondula con vehemencia Josefina— ¿No te acordas más de los que nos hizo el día de la Plaza Pringles? Además...
—¿Además de qué?... —pregunta Lori ansiosamente.
—Además... bueno, se los digo si me prometen que de aquí no sale...
—Pero seguro... Dale, ¿qué paso?
—Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda...
—¿Y eso que tiene que ver? —la impaciencia de Lori hace callar casi violentamente a Tamara— cállate y deja que cuente".

"—Oigan, che —se enfureció de pronto Anibal—, yo vine a estudiar contabilidad, no a escuchar cantitos idiotas...
—Pero Anibal... —el Marciano ladeó la boca en la más sarcástica de sus sonrisas, por favor, ¿no ves que están hablando "de cosas de la cultura"?
—¡Me voy! ¡No los banco más! —Y Gustavo hizo ademán de ir hacia la puerta.
¿No vas a probar la torta que me va alcanzar ahora mi mamá? —preguntó el Marciano poniendo la cara más estúpida del mundo.
Gustavo se paró en seco.
—Bueno, esta bien —dijo sin darse la vuelta—, por esta vez me quedo, pero si dejan de joder y estudian; yo me tengo que sacar un ocho, che.
—Ocho patadas en el culo te voy a dar si seguís mandándote la parte. ¿Desde cuándo tanto amor al estudio? ¡Un ocho! ¡Hay... que ver!".

"Escribe pronto y cuéntame cosas. Yo... pues lo de siempre, sangre y orina bajo el microscopio... Lo demás, igual. Te abraza fuerte, Pepe".
"Robbie toma lo que le da el otro. Es una fotografía. Allí están Niqui, él y Pablo pescando junto al río. Niqui añade con esfuerzo:
—La sacó el abuelo y la mandó para que te la llevaras...
Los árboles del río, las cañas, los rostros, se vuelven completamente borrosos bajo los ojos llenos de lágrimas del muchacho. Se echa a los brazos del otro sin mirarlo. Niqui hunde la cara en su hombro".




Alma Maritano

viernes, 20 de diciembre de 2019

Citas: El verano - Albert Camus


"No prestemos demasiado oído a quienes proclaman el fin del mundo".

"Las civilizaciones no mueren tan fácilmente y aún cuando este mundo tuviera que desplomarse, ello acontecería después que otros mundos se hubieran hundido. Verdad es que nos encontramos en una época trágica. Pero es asimismo cierto que demasiada gente confunden lo trágico con lo desesperado".

"Existen hoy muchas cosas que merecen tal puntapié". 

"No conquistaremos nuestra felicidad con símbolos".

"Es en vano llorar por el espíritu; basta con trabajar con él".

"La historia es una tierra estéril en donde no crecen los brezos".

"La vida y el pensamiento más ejemplares de estos siglos se resuelven en una orgullosa confección de ignorancia. Al olvidar este hecho nos hemos olvidado de nuestra virilidad".

"Muerto Dios, ya no queda sino la historia y el poder".

"Ningún hombre puede decir lo que es él. Pero ocurre que sí puede decir lo que no es".

"Las obras de un hombre representan  a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, pero casi nunca su propia historia, sobre todo cuando pretende ser autobiográfica. Ningún hombre se atrevió nunca pintarse tal como es".

"Negar al mundo toda significación supone suprimir todo juicio de valor. Pero vivir, y por ejemplo alimentarse, es es sí mismo un juicio de valor".

"Porque sólo es mala suerte no ser amado y desgracia el no amar. Hoy todos morimos a causa de esa desgracia".

"Sin espacio no hay inocencia ni libertad... La prisión para quién no puede respirar es muerte o locura".

"Siempre tuve la impresión de vivir en alta mar, amenazando, en el corazón de una magnífica felicidad".

"Para huir de la poesía y recobrar la paz de las piedras, se necesitan otros desiertos, otros lugares sin alma y sin recursos".

"¡No ser nada!" Durante milenios este fuerte grito ha levantado a millones de hombres en rebeldía contra el deseo y el dolor".






Albert Camus

lunes, 16 de diciembre de 2019

Citas: Goethe: la pasión equilibrada - Enrique Salgado


"Resulta inefablemente patético imaginar, a través de la niebla del tiempo, los ojos de Goethe arrasados de lágrimas de amor, como cuando una profunda emoción le embargaba contemplando un cuadro o al escuchar una sinfonía. Su sensibilidad agudísima  le impedía, incluso, asistir a los entierro, huyendo del brutal impacto de los sentimientos".

"Ella se llamaba Margarita. Tras los supremos goces experimentados, pronto sintió Goethe que la cruda realidad suele interponerse en el camino de la vida".

"Es una vida amable y nueva para él. Pero como costumbre, nunca olvidará el estudio, ni perderá jamás el tiempo. Comía a las horas de comer, estudiaba las horas de amar".

"Momentáneamente, tuvo que decender al terreno práctico y seguir estudiando Derecho. Estudios que alternaba con su intensa producción poética cuyos versos lee a la patrona, a los amigos, a la propia señora del profesor Böhme. Pero entonces se inicia un viraje en sus gustos literarios y un día destruye todos los escritos en Francfort. Acomete un auto de fe en la chimenea de la habitación de la casa de huéspedes que habita, lo que produjo gran terror a la anciana patrona cuando se vio rondada de humo. Ella veía el humo pero no el fuego. A partir de entonces, el mundo tenía que estar preparado para intoxicarse de salvación con el humo y abrasarse en el fuego que Goethe pronto iba a despedir a través de sus palabras, de su corazón, de su cerebro".

"Terminaron aquellos amores porque tenía que terminar, porque era ley de vida".

"Aquél día su novio no pudo acompañarla y Goethe bailo con Lota, como, en realidad, la llamaban. Pronto su inflamable corazón se sintió tocado por la tan suave melodía de sus ojos azules. Al separarse de ella, ya no pudo olvidarla".

"No cabe decir que este amor es nuevo, porque nuevo es siempre el amor".




Enrique Salgado

jueves, 12 de diciembre de 2019

Citas: Antologia Poética - Juana De Ibarbourou


"Bajo las alas rosa de este laurel florido,
amémonos".

(Amémonos)

"Hoy estoy triste, amor. Hoy tengo el alma
Gris y desmelenada".

(Angustia)

"Hoy estoy triste, amor. Hoy no pretendo
Sentir mi risa.
¡Me endurece los labios
un agror de ceniza!".

(Angustia)

"¡Tanto que tenemos luego que estar quietos,
Tanto que más tarde hay que reposar,
Y desperdiciamos la hora presente
Y nos contentamos sólo con soñar!".

(Ansia de amor)

"Y cuando muera Juanita
a gritos todos dirán
que fue bendito aquel día
ocho de Marzo, San Juan
de Dios, en tierras de Melo
que la historia alabará.
Y ha de dormirse llevando
sobre la mortaja un sol:
el de un amor silencioso
que nadie le adivinó".

(Autorromance de Jauna Fernández)

"Aquel que esperaba
sin saber su cara,
pasó hoy a mi lado
y llevóse mi alma".

(Balada del amor ignorado)

"Alguien me lo dijo
sin voz ni palabra:
—¡Levanta los ojos,
que pasa el que aguardas!".

(Balada del amor ignorado)

"Mas él, sin mirarme,
se adentró a su casa,
sin saber que a rastras
se llevaba un alma.
Me volví tan triste
que lloré hasta el alba,
¡le daría la vida
y él no sabe nada!".

(Balada del amor ignorado)

"¡Te quiero y soy joven, por eso es que tengo
las mismas fragancias de la primavera!".

(Como un ala negra tendí mis cabellos)

"¡Mentira! No tengo ni dudas, ni celos,
ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos.
Si brilla en mis ojos la humedad del llanto,
es por el esfuerzo de reírme tanto…".

(Despecho)

"Me verás reír
viéndome sufrir.
Y tú llorarás.
Y entonces… ¡más mío que nunca serás!".

(El fuerte lazo)

"Llegaste a mí y en ti yo estoy viviendo
y tú viviendo en mí, fiel prisionero,
de este decirte siempre que te quiero
y este probarte que no estoy mintiendo".

(El nudo)

"Siempre, tierno, hacia mí tú estás viniendo.
Siempre voy hacia ti, siempre te espero.
Ya sé está haciendo un nudo este entrevero
en que dos, uno solo estamos siendo".

(El nudo)

"En ti empieza y termina mi universo.
Sea el día solar, o sea adverso,
tú eres su aire, su luz y todo el cielo".

(El nudo)

"He de esperarte siempre más allá de la vida
y más allá del aire y de la sed.
La esperanza de verte llegar
mullirá mi tiniebla".

(La estrella)

"Así, cuando yo muera, he de ser a tu lado
una pequeña llama de dulzura infinita
para tus largas noches de amante desolado".

(La pequeña llama)

"—¿Me amarás? —murmuraste. Lenta y grave
vibró en mis labios la promesa suave
de la dulce, la amable moabita.
Y fue como un ¡amén! en ese instante
el toque de oración que alzó vibrante
la rítmica campana de la ermita".

(La promesa)

"Todo eso yo soy para ti,
mi alma en todas sus formas te di.
Cierva y can, astro y flor,
agua viva que glisa a tus pies,
mi alma es
para ti,
Amor".

(Lo que soy para ti)





Juana De Ibarbourou

domingo, 8 de diciembre de 2019

Citas: Grace Kelly - Donald Spoto


"La idea de que mi vida ha sido como un cuento es, en sí misma, un cuento. 

GRACE KELLY GRIMALDI, princesa de Mónaco, a DONALD SPOTO".

"¡Odio ver cómo el sol se pone / y se hunde en el suelo, / porque puede que alguna noche cálida quede atrapado / y a la mañana siguiente no asome!".

"«Según él, Peggy estaba destinada a ser la estrella de la familia —recordaba Rupert Allan, publicista y buen amigo de Grace, que más tarde se convertiría en el cónsul general de Mónaco en Los Ángeles—. Jack nunca prestó demasiada atención a Grace… La aceptaba, pero no llegó a comprenderla. En cambio, ella lo adoraba y siempre buscó su aprobación»".

"Pequeña flor, eres afortunada… / te bañas en el cálido sol, / y ves el mundo pasar /sin apenas parpadear / mientras otros tienen que esforzarse y luchar / contra el mundo y los pesares / de la vida. // Pero tú también tienes tus batallas para combatir / la fría y desolada oscuridad de cada noche, / de una enredadera mayor que busca crecer / y es capaz de soportar la lluvia y la nieve / y sin embargo nunca dejas que se note / en tu bello rostro".

"Podría pensarse que los padres de Grace se enorgullecían de su parentesco con George, pero lo cierto era que no se mostraban en absoluto entusiasmados con él porque era declaradamente homosexual y llevaba años viviendo con su pareja, William Weagley. En aquella época, tener un pariente homosexual era algo vergonzoso salvo para unas pocas familias norteamericanas ilustradas, y solo se toleraba al hombre que era «sensible» (la palabra en clave que todo lo revelaba) si guardaba en secreto su terrible verdad. Cuando George murió en 1974, la familia no invitó al funeral a Weagley, que tuvo que entrar a hurtadillas en la iglesia y sentarseen un banco del fondo, donde lloró desconsoladamente sin que nadie se fijara en él.
Falleció al año siguiente".

"La vida social de Grace floreció en 1943. En esa época la frase «salir con alguien» no significaba tener relaciones sexuales, sino compartir una serie de actividades inocentes como ir al cine, a fiestas y a bailar".

"«Mi hermana Lizanne solo se enamoró de uno, el chico con quien se casó, pero Peggy y yo nos enamorábamos y desenamorábamos cada día»".

"«Me rebelé contra mi familia y me fui a Nueva York para averiguar quién era yo… y quién no era»".

"«Tengo entendido que algunas de tus amigas de instituto empiezan a salir —le comentó su padre, refiriéndose a la posibilidad de una presentación formal en sociedad, como era costumbre en aquella época—. ¿Tú no quieres salir?»
La respuesta de Grace fue tajante: «Ya estoy saliendo. ¿Crees que para conseguir una cita tengo que recurrir a esas mujeres que venden listas con nombres de chicos y sus direcciones?». Ella tenía otros planes y nada ni nadie iba a detenerla".

"En la fiesta que siguió a la entrega de diplomas se encontraba un joven llamado John Cassavetes, que iba un curso por detrás de Grace y no tardaría en iniciar una importante carrera como actor y director de cine. 
Cassavetes se sorprendió cuando otro alumno le dijo: «Esa Grace Kelly es una monada. ¿No es una lástima que sea tan tímida que nunca vaya a llegar a nada?»".

"«Durante mucho tiempo —recordaba Grace—, estuve en la categoría del “demasiado”: demasiado alta, piernas demasiado largas, demasiada barbilla. Recuerdo que el señor Ratoff no dejaba de gritar: “¡Pero si es perfecta! ¡Lo que me gusta de esta chica es que no es una belleza!”»".

"Fred Coe, que produjo muchos de los trabajos televisivos de Grace, añadía que «poseía talento y atractivo, pero eso era algo que también tenían muchos otros jóvenes intérpretes de teatro que no llegaron a convertirse en estrellas. Lo que la hacía destacar era eso que llamamos “estilo”. No era simplemente otra chica guapa, sino la esencia de la naturalidad… la clase de chica con la que cualquier hombre soñaba casarse. Todos los que trabajábamos con ella la adorábamos. Era imposible estar con Grace sin enamorarse un poco de ella»".

"Si una estrella cinematográfica era alcohólica, drogadicta, infiel a su cónyuge o incluso declarada culpable de un delito, no pasaba nada porque los estudios se ocupaban del asunto. Se sobornaba a la policía, se compraba el silencio de la prensa y se negociaba con los periódicos y columnistas de sociedad lo que estos debían publicar".

"Hacía tiempo que Grace y Gable habían fallecido cuando Ava realizó estas declaraciones que son sumamente ambiguas. «Enamorado» puede significar, aunque no necesariamente, «en la cama»".

"«Cuando era joven, siempre me estaba enamorando de hombres que me daban mucho más de lo que yo les daba a cambio —afirmaría Grace años más tarde—.
Sabía que era inmadura e incompleta como persona, que en realidad estaba tomando y asimilando más de lo que daba. Me parece que esto es algo que les ocurre a la mayoría de los jóvenes. Con el egoísmo propio de la juventud, necesitamos alimentar nuestra mente y nuestro espíritu con lo que cogemos de los demás»".

"En cuanto a Grace, también ella padeció la ira del director. «Estaba muy preocupada con mi papel —comentaba—, sabía lo mucho que había en juego después de Solo ante el peligro y deseaba con toda el alma hacerlo bien, en especial porque a Ford le había gustado mi prueba de cámara y al parecer había visto en mí algo que nadie más había conseguido apreciar. El caso es que un día, durante el rodaje, me gritó: “Kelly, ¿qué demonios está haciendo ahí?”.
»Yo le respondí: “En el guión dice que Linda ha de caminar hasta aquí, darse la vuelta y…”. Él me interrumpió gritando: “¡Muy bien, Kelly, pero estamos rodando una película, no un guión!”.

"Grace recordaba cierta ocasión en que el cineasta quiso burlarse de ella. «Hitch sabía un montón de historias picantes. Un día se volvió hacia mí después de contarle un chiste muy verde a Ray Milland y me preguntó: “¿Está usted escandalizada, señorita Kelly?”. Yo sonreí y contesté: “En absoluto, señor Hitchcock, me eduqué en un colegio de monjas, de modo que antes de los trece ya había oído estas cosas”.
Creo que le encantó mi respuesta»".

"«Un 12 de noviembre, la tierra cobró vida para mí y creó la criatura más bella del mundo: tú. Te quiero, cariño. Te llamaré esta noche»".

"No tenía tiempo para mí, y un día, cuando alguien de una revista me preguntó: “¿Quién   es la verdadera Grace Kelly?”, contesté: “La verdadera Grace Kelly todavía no existe.
Vuelva dentro de diez años y se lo diré. Por el momento sigo intentando averiguarlo”".

"Rainiero reconocía que para él había sido fácil encontrar amantes (al igual que para ella), pero que su «mayor dificultad residía en conocer a una mujer lo bastante íntimamente y durante el tiempo suficiente para saber si éramos almas gemelas a la vez que amantes»".

"Privado del cariño y la atención familiar, el joven Rainiero se entregó a todo tipo de romances y deportes peligrosos, hasta la primavera de 1955, cuando un breve encuentro de treinta minutos con una actriz estadounidense tocó una fibra sensible en su interior".

"Grace no quería que sus amigas más íntimas se enteraran por la prensa. «Me llamó a Nueva York para invitarme a tomar una copa en su casa y me dijo: “Quiero que conozcas a mi príncipe”. Pensé que se refería solo al hombre de sus sueños, claro está, o sea que me llevé una buena sorpresa», recordaba Rita Gam".

"«Nosotros no lo hacemos así», era la respuesta de los miembros del servicio con la que Grace se topaba una y otra vez cuando hacía alguna sugerencia sobre algo tan insignificante como la disposición de la mesa o los arreglos florales. 
Tuvieron que pasar varios años hasta que por fin fue capaz de expresar su opinión y contestar con amabilidad: «Muchas gracias, pero a partir de ahora lo haremos a mi modo»".

"En contra de los rumores que corrieron durante el resto de su vida, su matrimonio fue feliz. «Naturalmente que pasamos períodos turbulentos, como cualquier matrimonio —afirmó Grace—, pero hablamos de las cosas y ninguno de los dos es rencoroso o pone mala cara».Amigas íntimas como Judy Kanter recordaban que Rainiero «era temperamental y de genio muy vivo, y a menudo descargaba su malhumor con Grace porque sabía que ella seguiría queriéndolo. En una ocasión comentó que un buen matrimonio no era una relación eterna y romántica, sino una
larga conversación».Grace amaba a su príncipe: «Me casé con el hombre, no con lo que representaba. Me enamoré de él sin reparar en nada más»".

"Los episodios de depresión profunda fueron infrecuentes, pero, a pesar de su entrega y dedicación al trabajo, atravesó muchos momentos de melancolía y soledad, sentimientos que fueron en aumento a medida que pasaban los años. Ya en el otoño de 1965, al cumplir treinta y seis años, comentó a un entrevistador: 

«No espero ser feliz y no busco la felicidad, así que en cierto sentido se puede decir que estoy satisfecha con la vida. Intento comprenderme, pero también discuto conmigo misma todo el tiempo; por lo tanto, supongo que no estoy en paz conmigo misma. Me quedan muchas ambiciones que aún no he cumplido, y si conservo la salud y la fuerza para levantarme de la cama por las mañanas, puede que consiga realizar alguna»".




Donald Spoto

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Citas: Divas rebeldes - Cristina Morató


Morir por amor, Maria Callas:

"«Me pregunto si llegaré a ser algún día feliz o si me pasaré el resto de mi vida luchando por sobrevivir(...)".

"«No quiero cantar, quiero vivir», repetiría una y otra vez".

"«Hay gente que ha nacido para ser feliz y gente que ha nacido para ser infeliz. Simplemente no he tenido suerte en el amor. Muchas veces me pregunto: ¿por qué?», confesaba poco antes de morir en su apartamento parisino con la única compañía de sus sirvientes".

"—Luchino, ¿si tuviera el cuerpo de Audrey Hepburn sería bella? —le preguntó.
—Estarías demasiado delgada.
—Pero… ¿sería atractiva?
—Serías una Traviata más verídica, no olvides que murió consumida —le respondió el director".

"Artemis, hermana de Aristo y a quien la Callas nunca le simpatizó, diría más tarde:

«Ella nunca le hará feliz. Se parecen demasiado. Los dos son personas importantes.
¿Cómo podrían vivir juntos sin matarse?»".

"«No la amo, pero la necesito»".

"Ante el rumbo que tomaban los acontecimientos y aunque Onassis le suplicó que no lo hiciera, la Callas aceptó viajar con Di Stefano en una gira agotadora que los llevaría a ocho países en siete meses. Aristo, que la necesitaba más que nunca a su lado, le aseguró que estaba muy arrepentido y que se divorciaría de Jackie para casarse con ella. Esta vez seguramente hablaba en serio, pero la propuesta llegaba demasiado tarde para Maria que sólo deseaba olvidarle. «Me habla de divorcio, como antes me hablaba de matrimonio —le diría la cantante a una amiga—. No cometeré la estupidez de creerle mientras no tenga el papel firmado en mi mano»".

"Cuando Maria se enteró de que su estado había empeorado tras la intervención, la cantante se las ingenió para poder verle. «Vi a Ari en el hospital, en su lecho de muerte, y parecía sereno y en paz consigo mismo. Se encontraba muy enfermo y sabía que el final estaba cerca, aunque trataba de ignorarlo. No hablamos de los viejos tiempos, ni apenas de otras cosas, sino que nos comunicamos en silencio.
Cuando me iba, hizo un esfuerzo y me dijo: “Te amé, no siempre bien, pero lo mejor que supe. Lo intenté”».
Nadie sabe si esta conmovedora despedida fue real o producto de la imaginación de una mujer que veía cómo la vida del hombre que aún amaba se apagaba lentamente".

"A principios de marzo, la Callas alquiló una casa en Palm Beach (Florida) para huir del infierno que estaba viviendo en París. Unos días más tarde, el 15 de marzo de 1975, se enteraría de la muerte de Aristo y profundamente afectada le diría a una amiga: «De repente, me he quedado viuda». Maria no podría asistir al entierro de su amante en la isla de Skorpios, donde su cuerpo descansa junto al de su querido hijo Alexander. «Oficialmente, Jackie era la viuda, pero los que llevábamos largo tiempo con Onassis, era por Maria por quien lo sentíamos. Fue ella quien más le amó y con quien él parecía disfrutar más de la vida», declaró el capitán del yate Christina".

"Ahora había perdido su don divino y al único hombre que amó hasta la desesperación. Y así, en la mañana del 16 de septiembre de 1977, la diva decidió que había llegado al final de la representación. Tal como contó su doncella Bruna, la cantante, tras desayunar en la cama, se desplomó en el suelo como sus trágicas heroínas operísticas. Tenía cincuenta y tres años, y había perdido las ganas de vivir.
Caía el telón de una vida marcada por una pasión tan intensa como letal que la encumbró al Olimpo de la lírica, pero que destrozó su corazón".


El triunfó de la voluntad, Coco Chanel: 


"«He sido muy desgraciada en una vida que, vista desde fuera, parece brillante», le confesó a su amigo el escritor Paul Morand".

"La pequeña Coco pasó los mejores años de su triste infancia en Courpière. En aquel tiempo, su madre no podía ocuparse mucho de ella y se sentía muy sola. Con apenas cinco años solía visitar el viejo cementerio de la iglesia donde jugaba con sus muñecas de trapo entre las tumbas abandonadas cubiertas de hierbas. Así recordaba a Paul Morand este episodio de su vida: «Yo era la reina de aquel jardín secreto. Me encantaban sus habitantes subterráneos. “Los muertos no están muertos mientras pensemos en ellos”, me decía".

"Gabrielle nunca superaría la prematura muerte de su madre y el abandono de su padre: «Quería suicidarme. Durante mi infancia sólo ansié ser amada. Todos los días pensaba en cómo quitarme la vida, aunque, en el fondo, ya estaba muerta. Sólo el orgullo me salvó»".

"A pesar de su juventud tenía las ideas muy claras: «Ser una mujer mantenida no tiene porvenir alguno»".

"A lo largo de su azarosa vida, en lo único que Coco Chanel no solía mentir a los periodistas era sobre lo importante que fue Boy Capel para ella: «Yo sabía que podía contar con él en cualquier circunstancia; era un verdadero compañero, mi hermano, mi padre, toda mi familia. El único hombre al que realmente he amado en toda mi vida»".

"Su muerte la sumió en una profunda tristeza y estuvo a punto de derrumbarse por completo: «Lo perdí todo cuando perdí a Boy Capel. Dejó un vacío dentro de mí que los años no consiguieron llenar. Tenía la impresión de que él seguía protegiéndome desde más allá de su tumba»".

"La diseñadora nunca confesaría las verdaderas razones de la ruptura, porque quizá le resultaban muy dolorosas: «Pasé diez años de mi vida con Westminster […] Hay que ser hábil para retenerme diez años. Durante aquel tiempo mantuvimos una relación muy tierna y cariñosa. Seguimos siendo buenos amigos. Le he querido, o pensaba que le quería, lo cual viene a ser lo mismo»".

"«Seguramente no obedece al azar que esté sola.
Nací bajo el signo de Leo, los astrólogos saben qué significa. Tiene que ser muy duro para un hombre vivir conmigo, a menos que sea muy fuerte. Y si fuera más fuerte que yo, entonces sería yo la que no podría vivir con él…»".

"Coco le diría a Paul Morand durante su exilio en Suiza en el invierno de 1946:
«Mis relaciones con Iribe fueron pasionales. Cómo detesto la pasión. Qué espantosa enfermedad. El apasionado es un atleta, no conoce el hambre ni el frío, vive de milagro»".

"Cuando un periodista le preguntó por qué había vuelto, ella respondió: «Pues porque me aburría, y prefiero el desastre, al vacío o la nada»".

"A sus ochenta y siete años, y sin haber perdido un ápice de lucidez, Chanel confesaba: «Sólo tengo ya una curiosidad: la muerte»".

"«Si muero —les dijo un día— llevadme a Suiza. Colocadme entre ambos, en el fondo del coche. Si os preguntan en la frontera, responded: es mademoiselle Chanel, está muy chocha, no hagan caso de
ella»".

La reina sin corona, Wallis Simpson:

"Durante sus treinta y cinco años de matrimonio, el duque de Windsor nunca se arrepintió de haberlo perdido todo por amor. Poco antes de morir le confesó a un amigo: «La duquesa me dio todo lo que no pude obtener de mi familia. Me dio consuelo, amor y bondad»".

"Si tenía dudas sobre el amor que Eduardo sentía hacia ella, al día siguiente se disiparon. El rey la invitó a presenciar el anuncio oficial de su nombramiento desde uno de los balcones del palacio de St. James. Para su desconcierto —y escándalo de los allí presentes—, tras la proclamación el flamante Eduardo VIII se acercó a su lado y le dijo: «Nunca nada podrá cambiar lo que siento por ti»".

Entre el poder y la gloria, Eva Perón:


"«Hubo, al lado de Perón, una mujer que se dedicó a llevarle al presidente las esperanzas del pueblo, que luego Perón convertiría en realidades. […] De aquella mujer sólo sabemos que el pueblo la llamaba, cariñosamente, Evita». Cuando Eva Perón escribió estas grandilocuentes palabras en su autobiografía  titulada La razón de mi vida— le quedaban pocos meses de vida".

"A los que le insinuaban que no estaba bien visto que se paseara públicamente con una «estrella de segunda categoría y mala reputación», Perón les contestaba con su habitual sentido del humor: «¿Me reprochan que ande con una actriz? Y qué quieren, ¿que ande con un actor?»".

"«Me seguía como una sombra, me escuchaba con atención, asimilaba mis ideas y las ejercitaba en su mente extraordinariamente ágil y seguía mis directrices con gran precisión», diría Perón en sus memorias".

"Desde su celda en el fuerte de Martín García, una isla húmeda y azotada por el viento en medio del río de la Plata, Perón le escribió la siguiente carta a Evita: «Mi adorable tesoro: Sólo cuando estamos apartados de quienes amamos sabemos cuánto los queremos. Desde el día que te dejé ahí, con el dolor más grande que se pueda imaginar, no he podido sosegar mi desdichado corazón. Ahora sé cuánto te amo y que no puedo vivir sin ti. Esta inmensa soledad está llena de tu presencia.
Escribí hoy a Farrell [el presidente] pidiéndole acelerara mi excedencia y, tan pronto salga de aquí, nos casaremos y nos iremos a vivir en paz a cualquier sitio…»".

"Algunos años más tarde, Evita, recordando aquellos funestos días en los que Perón fue privado de libertad, escribiría: «Aquellos ocho días me duelen todavía; y más, mucho más, que si los hubiera podido pasar en su compañía, compartiendo su angustia… Me largué a la calle buscando a los amigos que podían hacer todavía alguna cosa por él… Nunca me sentí, lo digo de verdad, tan pequeña, tan poca cosa…»".

"Cuatro días después de su comparecencia en el balcón de la Casa Rosada, Perón se casaba con su amante Evita en Junín. «Pensábamos con el mismo cerebro, sentíamos con el mismo corazón. Era natural por tanto que en tanta comunión de ideas y de sentimientos naciese aquel afecto que nos llevó al matrimonio. Nos casamos en el otoño de 1945 en la iglesia de San Francisco en La Plata», recordaría el coronel".

"Cuando se la criticaba porque vestía de manera demasiado ostentosa cuando visitaba a los obreros o a los más pobres, ella contestaba: «Mira, a mí me quieren ver hermosa. Los pobres no quieren que los proteja una persona vieja y desaliñada. Todos sueñan conmigo y no quiero defraudarlos»".


La heredera de la triste mirada, Barbara Hutton: 

"Los recién casados pasaron su luna de miel en París y a su regreso se instalaron en una de las elegantes mansiones que su padre había construido para ella, en la calle Ochenta. Barbara, la única hija del matrimonio, nacería el 14 de noviembre de 1912. La pequeña heredaría la tez pálida, los ojos azules y el cabello rubio de su madre, la más atractiva y elegante de las tres hermanas Woolworth. La prensa no se hizo eco de su nacimiento y Barbara comentaría al respecto: «Fue la única vez en mi vida en que la prensa eligió ignorarme»".

"Por aquel tiempo, Barbara acudía al colegio de señoritas de miss Shinn, donde la mayoría de las alumnas se mostraban hostiles hacia ella: «Las niñas me decían que no me querían nunca porque tenía demasiado dinero. Pero yo ni siquiera sabía lo que quería decir la palabra dinero. Un día, cuando la tía Jessie vino a verme le pregunté por qué no dábamos todo nuestro dinero. Ella intentó explicarme que eso no era posible. Pero yo no lo entendí y cogí unas tijeras y me puse a cortar todos mis vestidos»".

"En 1968, la directora del internado le contaría a Dean Jennings, biógrafo de Barbara Hutton: «Era una niña adorable pero parecía que no iba a tener ni la más mínima oportunidad de ser feliz algún día. Tenía mucho dinero pero a nadie que la guiara ni la escuchara.
Estaba sola y era muy tímida, pasaba la mayor parte del tiempo escribiendo poemas que no enseñaba a nadie. Nadie la venía a ver, ni siquiera en Navidad»".

Fiel a sí misma, Audrey  Hepburn: 


"«Si tuviera que escribir mi propia biografía —diría en una ocasión la actriz— empezaría así: “Nací en Bruselas, Bélgica, el 4 de mayo de 1929… y morí seis semanas más tarde”»".

"«De pequeña —recordaba Audrey— me enseñaron que era de mala educación llamar la atención y que jamás de los jamases debía ponerme en evidencia. Todavía me parece oír la voz de mi madre diciéndome: “Sé puntual”, “Acuérdate de pensar primero en los demás”, “No hables demasiado de ti misma. Tú no eres interesante; son los demás los que cuentan»". 

"«Si hubiéramos sabido que la ocupación duraría cinco años, tal vez todos nos habríamos suicidado. Pensábamos que aquello terminaría en una semana, seis meses o un año… Así fue como conseguimos sobrevivir»".

"«Ana Frank y yo nacimos el mismo año, vivimos en el mismo país, sufrimos la misma guerra, excepto que ella estaba encerrada y yo estaba fuera. Leer su diario fue como leer mis propias experiencias desde su punto de vista. Me dejó tan destrozada que jamás he vuelto a ser la misma»".

"«En mi adolescencia —diría la actriz— presencié el indefenso terror humano, lo vi, lo oí y lo sentí. Es algo que no desaparece. No fue una pesadilla, yo estuve allí y todo eso ocurrió»".

"En el verano de 1948, el Ballet Rambert iniciaba una gira de varios meses por Australia y Nueva Zelanda. Cuando la profesora anunció los nombres de los bailarines que había elegido, Audrey sufrió una gran decepción al ver que ella no figuraba en la lista. La profesora le explicó lo que ella ya sabía: era demasiado alta —medía casi un metro setenta y era difícil encontrar para ella una pareja de baile— y había comenzado las clases cuando ya era mayor. Fue uno de los momentos más duros para Audrey. «Mi madre —escribe su hijo Sean en su biografía —, sencillamente, no podía competir con las bailarinas que habían recibido una preparación y alimentación adecuadas durante los años de la guerra. La guerra le había robado su sueño. Recordaba haber regresado a su habitación ese día y “deseado simplemente morir”. El sueño que había mantenido con vida su esperanza todos aquellos años, se acababa de desvanecer»".

"«Lo conocí, me gustó, lo amé y me casé con él», diría Audrey recordando a Mel Ferrer".

"«Nací con una enorme necesidad de afecto y con una tremenda urgencia de brindarlo. Cuando era pequeña solía avergonzar a mi madre intentando sacar a los recién nacidos de los cochecitos cuando iba por la calle. Soñaba con tener mis propios hijos. Todo en mi vida se reduce a una única cosa: no sólo recibir amor, sino la desesperada necesidad de darlo»".

"«Sufrir un aborto es desgarrador, pero también lo es divorciarse. Probablemente es una de las peores experiencias por las que puede pasar un ser humano —declaró Audrey—. En mis dos matrimonios, aguanté con energía todo lo que pude por el bien de los niños, y por respeto al matrimonio. Uno siempre espera que si ama a alguien lo suficiente, todo irá bien; pero no siempre es cierto»".

"«La vida —confesaría Audrey en una ocasión— me ha dado mucho más de lo que nunca he soñado. No hubo grandes decepciones o esperanzas que no saliesen bien; no esperaba mucho, y por eso soy la mujer menos amargada que conozco»".

                                                                                           Una mujer herida, Jackie Kennedy: 


"«Tengo la impresión de que me he convertido en un pedazo de propiedad pública. Es terrible tener que perder el anonimato a los treinta y un años»".


sábado, 30 de noviembre de 2019

Citas: Carta al padre - Franz Kafka


"Queridísimo padre:

No hace mucho me preguntaste por qué afirmo tenerte miedo. Como de costumbre, no supe qué responderte, en parte precisamente a causa de ese miedo que te tengo y en parte porque para explicarlo necesitaría tener presentes más factores de los que soy capaz de manejar al mismo tiempo cuando hablo. Esta respuesta que intento darte ahora por escrito será igualmente muy incompleta, porque también a la hora de escribir me atenazan el miedo y sus consecuencias, y porque las dimensiones del asunto van mucho más allá de lo que mi memoria y mi entendimiento son capaces de abarcar".

"Sabes muy bien lo que se puede esperar de «la gratitud de los hijos»—, pero sí habrías agradecido al menos algún tipo de correspondencia por mi parte, algún signo de comprensión y solidaridad; sin embargo yo, lejos de eso, no he hecho otra cosa que escabullirme de ti y refugiarme en mi habitación, en los libros, en los tipos raros que tengo por amigos, en ideas extravagantes; nunca te he hablado con franqueza, nunca he ido al templo para estar contigo".

"Tu juicio sobre mi persona se puede resumir así: no me acusas de indecencia ni de maldad en sentido estricto (a excepción quizá de mis recientes proyectos de matrimonio), sino de indiferencia, distanciamiento, ingratitud. Y me lo reprochas como si fuera culpa mía, como si hubiera estado en mi mano cambiar todo eso de un golpe de timón y tú no tuvieras la menor culpa, a no ser la de haberte portado demasiado bien conmigo Así es como lo pintas habitualmente, y en todo ello solo estoy de acuerdo con una cosa: yo también creo que no tienes la culpa de nuestro distanciamiento".

"Hace poco, por ejemplo, me dijiste: «Siempre te he apreciado, por más que en apariencia no me haya comportado contigo como suelen hacerlo otros padres, precisamente porque no soy capaz de fingir como otros»".

"Me habría encantado tenerte por amigo, por jefe, por tío, por abuelo, e incluso por suegro (aunque de eso no estoy tan seguro). Pero precisamente como padre fuiste demasiado fuerte para mí, sobre todo si tenemos en cuenta que mis hermanos varones murieron de pequeños, y mis hermanas llegaron bastante tarde, de modo que tuve que parar yo sólo el primer golpe, pese a ser demasiado débil para ello".

"Has ejercido sobre mí la influencia que tenías que ejercer; sólo te pido que dejes de interpretar como una singular maldad por mi parte el hecho de que sucumbiera a ella".

"Sólo recuerdo de primera mano un suceso de los primeros años. Quizá también tú lo recuerdes. Una noche me dio por gimotear una y otra vez pidiendo agua, no porque tuviera sed, sin duda, sino para fastidiar y al mismo tiempo distraerme. Después de intentar sin éxito hacerme callar con graves amenazas, me sacaste de la cama, me llevaste a la galería, cerraste la puerta y me dejaste
un rato allí sólo en camisón. No pretendo decir que fuera un error, ya que quizá en aquel momento ésa era la única manera de obtener el necesario silencio nocturno, pero este episodio revela con toda claridad el carácter de tus métodos educativos y el efecto que estos producían en mí. Seguramente aquello me hizo más obediente, pero abrió una herida en mi interior. Debido a mi manera de ser, jamás pude comprender la relación entre mi absurdo empeño en pedir agua, que a mí me parecía perfectamente natural, y el hecho extraordinariamente terrible de que me sacaras de casa. Pasados algunos años todavía me atormentaba la idea de que aquel hombre enorme, mi padre, el detentador del poder absoluto, pudiera, sin apenas motivo alguno, aparecer en plena noche, arrancarme de la cama y sacarme a la galería, demostrando con ello lo poquísimo que yo le importaba".

"Nunca he podido comprender tu absoluta insensibilidad ante el dolor y la vergüenza que pudieran causarme tus palabras y tus opiniones; era como si desconocieras por completo el poder que tenías. Por supuesto que yo también te habré molestado con mis palabras muchas veces, pero siempre he sabido que lo hacía, y me dolía, pero no podía contenerme ni retener mis palabras, de las que me arrepentía en el mismo momento de pronunciarlas".

"Por suerte, también había excepciones a esa regla, especialmente cuando sufrías en silencio y el amor y la bondad derrotaban y envolvían con su fuerza y su inmediatez todo lo que se les oponía. Aunque no sucedía muy a menudo, era maravilloso. Por ejemplo cuando, hace tiempo, en los veranos calurosos, te veía en la tienda, cansado, dormir una pequeña siesta después de comer, con el codo apoyado en el pupitre, o cuando venías los domingos acalorado a reunirte con nosotros en la casa de campo; o la vez que, estando mamá muy enferma, te vi agarrarte a la librería, tembloroso por el llanto; o cuando, durante mi última enfermedad, viniste a verme a la habitación de Ottla, pero te quedaste callado en la puerta, estiraste el cuello para verme en la cama y, por consideración, te limitaste a saludarme con la mano. En esos momentos uno se tumbaba a llorar de alegría, como yo vuelvo a llorar ahora cuando escribo esto".

"Acerca de Ottla casi no me atrevo a escribir, porque sé que al hacerlo pongo en peligro todo el efecto que espero conseguir con esta carta. En circunstancias normales, es decir, no hallándose ella en peligro o en un trance singular, no sientes por Ottla otra cosa que odio; a mí mismo me has confesado que, en tu opinión, se dedica a causarte penas y disgustos por sistema, y que mientras tú sufres, ella está contenta y se ríe de ti. O sea, una especie de demonio".

"Eres una parte tan débil y ciega como nosotros".

"Mis escritos trataban sobre ti, lo único que hacía en ellos era llorar lo que no podía llorar en tu pecho".

"Según tú, de pequeño no hacía más que estudiar, y luego, de mayor, no he hecho más que escribir".

"Siempre estuve convencido —y tu gesto de desaprobación era la prueba palpable— de que cuanto más lejos llegara, peor acabaría".

"Así pues, ¿por qué no me he casado? Había algunos obstáculos, como los hay en todas partes, pero la vida consiste precisamente en superarlos. Sin embargo, el obstáculo esencial, por desgracia invariable en todos los casos, es el hecho de que por lo visto soy mentalmente incapaz de casarme".

"Casándome, tendría una familia, la meta más alta que a mi parecer puede alcanzarse, y por tanto también la más alta que tú has alcanzado; así que por fin estaría a tu altura, y todas las humillaciones y abusos antiguos y eternamente renovados pasarían inmediatamente a la historia. Sería fabuloso, desde luego, pero precisamente ahí está el problema: es demasiado, no se puede aspirar a tanto. Es como el preso que tiene no sólo la intención de evadirse, lo que quizá sería factible, sino también, y al mismo tiempo, la de transformar la cárcel en un palacete para sí mismo. Pero si huye no puede transformar la cárcel, y si transforma la cárcel no puede huir".

"Si me imagino tan hermosa esa igualdad de rango que se establecería entre nosotros —y que tú podrías entender mejor que ninguna otra—, es porque haría de mí un hijo libre, agradecido, digno, sin sentimiento de culpa, y de ti un padre aliviado, ya no un tirano, sino un hombre satisfecho y capaz de ponerse en mi lugar. Pero para eso habría que borrar todo lo sucedido entre nosotros, es decir, borrarnos a nosotros mismos".

"Puedo tener dudas, pero está claro que he de acabar echándome atrás. La imagen del pájaro en mano y los ciento volando no puede aplicarse directamente a mi caso. En la mano no tengo nada, todo está volando, y aun así me veo obligado a escoger la nada: así lo exigen las circunstancias de nuestro conflicto y mi angustia ante la vida".

"Reconozco que luchamos el uno contra el otro, pero hay dos maneras de luchar. Por un lado, la lucha caballeresca, en la que se miden las fuerzas de dos rivales independientes: cada uno se vale sólo de sí mismo, gana para sí mismo, pierde para sí mismo. Y luego está la lucha del insecto que, al mismo tiempo que pica, chupa la sangre para alimentarse".

"No niego que hay algo de razón en tus argumentos, que por otro lado contribuyen a caracterizar aún mejor nuestra relación. Por supuesto, en la realidad las cosas no encajan tan limpiamente como los razonamientos de mi carta; la vida es algo más que un simple rompecabezas. Pero con las matizaciones que se derivan de esta objeción, que no puedo ni quiero exponer con detalle, hemos llegado, a mi parecer, a algo tan cercano a la verdad, que puede tranquilizarnos un poco a los dos y hacernos más llevaderas la vida y la muerte".








Franz Kafka