viernes, 13 de septiembre de 2019

Citas: Diarios - Fernando Pessoa


"Y entonces, ¿qué es el hombre, por sí mismo, sino un insecto fútil que zumba mientras se estrella contra el cristal de una ventana? Y es que está ciego, no puede ver, ni puede darse cuenta de que hay algo entre él y la luz. Por eso se esfuerza, trabajosamente, en acercarse. Puede apartarse de la luz, pero no es capaz de llegar a estar más cerca. ¿Cómo le ayudará la ciencia? Puede llegar a conocer la consistencia y las irregularidades propias del cristal, comprobar que en una parte es más grueso, y en otra más fino, en una más basto y en otra más delicado: con todo esto, amable filósofo, ¿cuánto se ha acercado a la luz? ¿Cuánto han aumentado sus posibilidades de ver? Puedo llegar a creer que el hombre de genio, el poeta, llega a romper, de algún modo, el cristal, hacia la luz, y siente la alegría y la tibieza que produce estar más allá que los demás hombres, pero, ¿no está, también él, ciego? 
¿Acaso se ha acercado algo al conocimiento de la verdad eterna?
Déjenme llevar más allá mi metáfora. Algunos se alejan de la cristalera en el sentido opuesto, hacia atrás, y gritan, al darse cuenta de que no chocan con el cristal, que no está tras ellos, «Hemos pasado»".

"Soy un poeta impulsado por la filosofía, no un filósofo con cualidades poéticas".

"La poesía de la Tierra nunca está muerta. Podemos decir que otras épocas pasadas fueron más poéticas, pero podemos decir [—]".

"Y es que la poesía es admiración, perplejidad, como la de un ser que hubiera caído del cielo y se diera cuenta durante su propia caída, atónito. 
Como alguien que conociera las cosas en el alma y luchando por recordar este conocimiento, se diera cuenta de que no era así como las conocía, no bajo esa forma y esas condiciones, y fuera incapaz de recordar más". 

"El artista debe ser hermoso y elegante, porque quien admira la belleza no debe carecer de ella".

"No tengo dinero, debo conseguirlo. Tengo que operarme antes: circuncisión. No tiene sentido ir al extranjero con semejante desgracia".

"Del miércoles 4 al miércoles 11 de abril

No seguí el diario. No escribí nada que merezca la pena".

"Pensé mucho, pero no leí casi nada".

"14 de mayo (Lunes)

Clases; filología. Estuve andando por ahí. Perdido en mis obsesiones".

"Diez mil veces se partió mi corazón dentro de mí. No puedo contar los sollozos que me emocionaron, los dolores que consumieron mi corazón. Y sin embargo, también vi otras cosas que me llenaron los ojos de lágrimas y me agitaron como una hoja olvidada. Vi hombres y mujeres que entregaban su vida, sus esperanzas, todo, por los demás. Vi actos de una entrega tan grande que me hicieron llorar lágrimas de alegría. Estas cosas, pensé, son hermosas, aunque no sean capaces de redimir. Son rayos puros del sol incidiendo sobre el gran monte de estiércol del Mundo".

"Un hombre puede sufrir lo mismo en un traje de seda que en un saco o bajo una colcha rasgada".

"Mis pensamientos toman a veces una orientación que me lleva a sentir que estoy loco. Lo que estas ideas significan en su profundidad, no lo sé, ni me  atrevo a intentar descubrirlo. La simple idea de analizarlos me asusta: tal es su naturaleza. Vértigo intelectual…".

"El cínico no es más que un pesimista alegre. No hay más que decir de él".

"Que nadie se ría de nadie, que nadie se burle de nadie, ni siquiera interiormente.
La vida humana es demasiado seria y demasiado triste para la risa".

"¿Por qué soy tan infeliz? Porque soy lo que no debería ser. Porque la mitad de mí es lo opuesto de la otra mitad, y el triunfo de una es la derrota de la otra, y la derrota es sufrimiento: mi sufrimiento, siempre".

"Me lleno de ira. Querría comprenderlo todo, saberlo todo, cumplirlo todo, decirlo todo, disfrutarlo todo, sufrirlo todo, sí, sufrirlo todo. Pero no tengo nada de todo esto, nada, nada. Estoy anulado por la idea de lo que querría tener, poder, sentir. Mi vida es un inmenso sueño. Pienso, en ocasiones, que quisiera cometer todos los crímenes, todos los vicios, todas las acciones bellas, nobles, grandes, beber la belleza, la verdad, el bien, de un solo trago, y dormirme después para siempre en el pacífico seno de la Nada.
Déjenme llorar".

"El misterio del mundo no sólo llena mis pensamientos, sino también mis sentimientos".

"Es preciso que ahora cuente qué clase de hombre soy. Mi nombre no tiene importancia, al igual que el resto de los detalles externos. Es mi carácter lo que merece ser descrito".

"Saben, sin duda, que el mayor amor no es aquél que las palabras dulces expresan con pureza. Ni aquél que la mirada manifiesta, ni el que la mano comunica rozando suavemente otra mano. Es aquél que, cuando dos seres están juntos, sin mirarse ni tocarse, los envuelve como en una nube, los [—].
Ese amor no se puede expresar ni revelar. No se puede hablar de él".

"Soy la sombra de mí mismo, en busca de aquello que es sombra.
A veces me detengo al borde de mí mismo y me pregunto si soy un loco o un misterio muy misterioso".

"Me encuentro muy débil y mareado, aunque poéticamente excitado".

"He descubierto que la lectura es una forma de soñar esclavizada. Si he de soñar, ¿por qué no soñar mis propios sueños?".

"Antiguamente, yo sabía leer. Hoy, cuando leo, me pierdo".

"Nunca tuve una prometida real… nunca supe cómo se ama… Sólo supe cómo se sueña amar…".

"¡Cuántas veces mi boca rozó mi boca en un espejo! Cuántas veces aparté una de mis manos con la otra, y cuántas adoré mis cabellos con mi mano enajenada para que pareciera suya al tocarme. No soy yo el que te está diciendo esto… es el resto de mí quien está hablando".

"Me asedia un vacío absoluto de fraternidad y de afecto. Incluso los que están cerca de mí no lo están, estoy rodeado de amigos que no son mis amigos y de conocidos que no me conocen".

"Entre yo y el mundo hay una niebla que impide que vea las cosas como verdaderamente son; como son para los otros.
Esto es lo que siento".

"No sé quién soy, qué alma tengo".

"Actuar es intervenir. Un brazo que se extiende y ocupa espacio se convierte, de este modo, en una escultura metafísica. Nunca pude dejar de dar a este hecho una importancia alada sobre lo cotidiano".

"4. Un día ni bueno ni malo. Trabajé muy bien, traduje veintitrés páginas. En conjunto, tranquilo, lo que no está mal. Lo único malo era que el día estaba lluvioso, y mi propia angustia porque hubo un trueno".

"5. Día monótonamente agradable. Tormenta por la noche, pero estaba en casa y no hubo muchos truenos; apenas me afectó. Terminé la traducción".

"17. Un día en parte agradable y en parte desagradable. Recibí diez dólares y me calé los pies por culpa de la lluvia. Pero sin consecuencias. Tuve que comprar un paraguas, contra mi voluntad".

"18. Día más agradable que desagradable. Noche social, agradable. Día bastante vacío".

"20. Día vacío, del tipo perdido, más agradable que desagradable".

"13-6-1916

Y así he llegado a mi vigésimo octavo cumpleaños sin haber hecho nada en la vida: nada en la vida, nada en las letras o en mi propia individualidad. Hasta el día de hoy, he probado el fracaso hasta sus últimas consecuencias. Ah, ¿hasta cuándo tendré que seguir probándolo?
Cuanto más examino mi consciencia, menos me perdono a mí mismo por la nulidad de mi vida.
¿Qué cosa horrible me ha retrasado de este modo?
Mi lectura deficiente, mi carencia de espíritu práctico".

"No tengo ninguna dificultad para describirme: soy un carácter femenino con una inteligencia masculina. Mi sensibilidad y los movimientos que produce, y en eso consiste el carácter, son de mujer. Mis facultades de relación —la inteligencia, y la voluntad, que es la inteligencia del impulso— son de hombre.
En cuanto a la sensibilidad, si digo que siempre me ha gustado ser amado, y nunca amar, lo digo todo. Me dolía siempre la obligación, por un vulgar deber de reciprocidad —una lealtad del espíritu— de corresponder. Me agradaba la pasividad.
De la actividad sólo me atraía el mínimo necesario para estimular, para no dejar que se olvide la actividad amorosa de quien me amaba".

"Las sociedades están dirigidas por agitadores de sentimientos, no por agitadores de ideas".

"Muchos creen cosas falsas o incompletas de mí, y yo, al hablar con ellos, hago todo lo posible para que sigan creyéndolas".

"Líbrame, como me libraste en el Umbral, de la ambición, de la vanidad y del orgullo. Dame la mano para que no tropiece; la luz, para que no esté ciego; la vida, para que no esté muerto".




Fernando Pessoa

lunes, 9 de septiembre de 2019

Citas: La tumba de las luciérnagas - Akiyuki Nosaka


"Estaba en la estación Sannomiya, lado playa, de los ferrocarriles  nacionales, el cuerpo hecho un ovillo, recostado en una columna de hormigón desnuda, desprovista de azulejos, sentado en el suelo, las piernas extendidas; aunque el sol le había requemado la piel, aunque no se había lavado en un mes, las mejillas demacradas de Seita se hundían en la palidez".

"Una terrible diarrea no lo abandonaba y se sucedían sus idas y venidas a las letrinas de la estación; una vez en cuclillas, al intentar ponerse en pie, sentía que sus piernas vacilaban, se incorporaba apretando su cuerpo contra una puerta cuyo tirador había sido arrancado, y avanzaba apoyándose con una mano en la pared; parecía, cada vez más, un balón deshinchado y, poco después, recostado en la columna, fue ya incapaz de ponerse en pie".

"En la madrugada del veintiuno de septiembre del año veinte de Shôwa, un día después de que se aprobara la Ley General de Protección a los Huérfanos de Guerra, el empleado de la estación que inspeccionaba medrosamente las ropas infestadas de piojos de Seita descubrió bajo la faja una latita de caramelos e intentó abrirla, pero, tal vez por estar oxidada, la tapa no cedió: «¿Qué es eso?», «¡Déjalo ya! ¡Tira esa porquería!», «Éste tampoco durará mucho. Cuando te miran con esos ojos vacíos, ya no hay nada que hacer…»".

"Traídos por el viento, el olor a quemado y el crepitar de las llamas parecían muy cercanos; el fragor de las bombas, a ráfagas, como un aguacero de verano, alejándose hacia el oeste; aterrados, hermano y hermana se arrimaban de vez en cuando el uno al otro y entonces a Seita se le ocurrió sacar de la bolsa especial antiaérea la fiambrera con los restos del arroz refinado que su madre había cocido la noche anterior —el último arroz refinado que les quedaba y que su madre había decidido que ya no valía la pena guardar más—, junto con el arroz sin descascarillar con granos de soja de aquella mañana y tras destapar la mezcla, medio blanca, medio negra, que ya empezaba a tener una consistencia viscosa, hizo comer la parte blanca a Setsuko; al levantar los ojos hacia el cielo y verlo teñido de color anaranjado, Seita recordó que su madre le había contado una vez que la mañana del gran terremoto de Kantô las nubes se habían vuelto amarillas".

"Por la mañana, habían muerto la mitad de las luciérnagas y Setsuko las enterró a la entrada del refugio, «¿Qué estás haciendo?», «La tumba de las luciérnagas», y, sin levantar la mirada del suelo, «A mamá también la han metido en una tumba, ¿verdad?», mientras Seita vacilaba sobre qué debía responder, «Me lo dijo la tía, me dijo que mamá había muerto y que estaba en una tumba», y a Seita, por primera vez, se le anegaron los ojos en lágrimas, «Algún día iremos a visitar la tumba de mamá. Setsuko, ¿no te acuerdas del cementerio de Kasugano, el que está cerca de Nunobiki? Mamá está allí». Debajo de un alcanforero, en una tumba pequeña: Sí, hasta que no pongamos sus huesos allí, mamá no podrá descansar en paz".

"El mediodía del veintidós de agosto, cuando Seita volvió al refugio después de nadar en el estanque, Setsuko estaba muerta. Su cuerpo no era más que huesos y piel, durante los dos o tres días anteriores ya ni hablaba, no apartaba siquiera unas hormigas grandes que se paseaban por su rostro; sólo al caer la noche parecía que iba persiguiendo con la mirada las luces de las luciérnagas".

"El fuego se extinguió a altas horas de la noche y, al no poder orientarse en las tinieblas para recoger los huesos, se acostó junto a la fosa; a su alrededor había una multitud de luciérnagas que Seita ya no intentó atrapar: con ellas, Setsuko no se sentiría tan sola; las luciérnagas la acompañarían…, subiendo, bajando, desviándose de repente hacia los lados, dentro de poco, también ellas desaparecerán, pero tú, Setsuko, irás al cielo con las luciérnagas".

"La tarde del veintidós de septiembre del año veinte de Shôwa Seita, que había muerto como un perro abandonado en la estación de Sannomiya, fue incinerado junto a los cadáveres de otros veinte o treinta niños vagabundos en un templo de Nunobiki y sus huesos fueron depositados en el columbario, los restos de un muerto desconocido".




Akiyuki Nosaka

jueves, 5 de septiembre de 2019

Citas: Las cosas que no nos dijimos - Marc Levy


"—Esta idea tuya de comprar un vestido de novia de rebajas me horripila. Ya puestos, ¿por qué no lo compras por Internet? Querías mi opinión, ¿no?, pues ya la tienes.
—Tendrás que perdonarme que no pueda permitirme nada mejor con mi sueldo de infografista.
—¡Dibujante, princesa! Señor, cómo me horroriza el vocabulario del siglo XXI.
—¡Trabajo con un ordenador, Stanley, no con lápices de colores!".

"Stanley se puso en pie y retrocedió unos pasos para contemplar su trabajo. Asintió con la cabeza e inspiró profundamente.
—Bueno, ¿y ahora qué pasa? —quiso saber Julia.
—Es perfecto, bueno, no, tú eres perfecta, no el vestido".

"—¿Y bien? —preguntó, impaciente—. ¿Viene a la boda?
Julia negó con la cabeza.
—¿Y esta vez qué pretexto ha esgrimido para justificar su ausencia?
Julia inspiró profundamente y miró con fijeza a Stanley.
—¡Ha muerto!
Los dos amigos se quedaron un momento mirándose, sin decir una palabra.
—¡Vaya, tengo que decir que esta vez la excusa es irreprochable! —susurró
Stanley.
—¡Eres un idiota!
—Estoy confundido, no es eso lo que quería decir, no sé ni cómo se me ha podido ocurrir decir algo así. Perdóname, cariño".

"—¡No creo que decidiera morir anoche en París sin más fin que el de comprometer tu boda! Si bien le concedo cierto refinamiento en lo que a la elección del lugar se refiere.
—¡No lo conoces, es capaz de cualquier cosa con tal de fastidiarme!".

"—Tienes razón —dijo Adam, contemplando a su vez el cielo—, es un día magnífico; hasta en las últimas horas de su vida tenía tu padre que fastidiarnos.
Julia se detuvo al instante y retiró bruscamente la mano de la de su prometido.
—¡No me mires así! —suplicó Adam—. Si tú misma lo has dicho al menos veinte veces desde que te anunciaron su muerte".

"—¿Lo que significa?
—Lo que significa dar la posibilidad de ofrecer a los tuyos unos días más de presencia.
Julia lo miraba desconcertada, sin comprender del todo lo que su padre le explicaba. Entonces Anthony Walsh añadió:
—Unos días más, ¡después de haber muerto!
—¿Es una broma? —preguntó Julia.
—Pues considerando la cara que has puesto al abrir la caja, tengo que decir que lo que tú llamas una broma desde luego es muy lograda —contestó Anthony Walsh, mirándose en el espejo colgado de la pared—".

"Ella aplaudió.
—¡Haz el favor de no aprovechar que estoy muerto para mostrarte insolente conmigo!".

"—¡Mierda! —murmuró precipitándose a la ventana.
—¿Quién es? —quiso saber su padre.
—¡Adam!
—¿Quién?
—El hombre con el que debería haberme casado el sábado.
—¿Cómo que deberías?
—¡El sábado estaba en tu entierro!
—¡Ah, sí!".

"—¿Ha ido todo bien? —preguntó Anthony Walsh en tono jovial, nada más volver su hija.
—¡Fantásticamente bien!
—¿Entonces por qué pones esa cara de funeral? Dicho esto, más vale tarde que nunca...
—¡Eso mismo me pregunto yo! ¿Quizá porque, por primera vez, he mentido al hombre al que amo?
—No, mi querida Julia, es la segunda vez, se te ha olvidado lo de ayer... Pero si quieres, podemos decir que estabas calentando motores y que esa vez no cuenta".

"—¿Llevas un marcapasos?
—Desde hace diez años, querida.
—¿Por qué?
—Porque tuve un infarto y mi corazón necesitaba algo de ayuda.
—¿Cuándo ocurrió eso?
—Si te dijera que ocurrió el día del aniversario de la muerte de tu madre, me reprocharías una vez más mi lado teatral.
—¿Por qué no lo he sabido nunca?
—¿Quizá porque estabas demasiado ocupada viviendo tu vida?
—Nadie me avisó".

"—¡Podrías haber elegido otro hotel! —le dijo Julia al oído a su padre.
—¡No tuve más remedio! —se justificó Anthony—. Tu futuro marido había optado por un paquete, vuelo más hotel. Y eso que hemos tenido suerte, no eligió media pensión. Pero te prometo que no le costará nada, lo cargaremos todo en mi tarjeta de crédito. ¡Eres mi heredera, así que invitas tú!  —dijo riendo.
—¡No era eso lo que me preocupaba!
—¿Ah, no? ¿Y qué, entonces?
—¿La suite... nupcial?
—No hay motivo para preocuparse, eso lo comprobé con la chica de la agencia, la suite se compone de dos habitaciones unidas por un salón, en la última planta del hotel. No tendrás vértigo, espero...
Y mientras Julia sermoneaba a su padre, el recepcionista le entregó la llave, deseándole una feliz estancia.
El mozo de las maletas los condujo a los ascensores. Julia retrocedió y se precipitó hacia el recepcionista.
—¡No es en absoluto lo que imagina! ¡Se trata de mi padre!
—Pero si yo no imagino nada, señora —contestó éste, incómodo".

"—¿Qué miras? —le preguntó Julia a su padre.
—¡A ti!
—¿Y qué estabas pensando mientras me mirabas?
—Que eres muy guapa, te pareces a tu madre —contestó con una sonrisa sutil.
—¡Tengo hambre! —anunció Julia".

"—¡Hay momentos en que me pregunto si, a fin de cuentas, no hice bien en morir la semana pasada!
—¡Por favor, no empieces otra vez con tus palabras grandilocuentes!".

"—¿Cómo le gusta la carne? —quiso saber el camarero.
—¡Seguro que medio cruda! —contestó Anthony Walsh.
—¿Y para el señor?
—¿Tiene pilas? —preguntó Julia".

"—Me parece que es la melodía de tu teléfono; debes de habértelo dejado en la habitación —dijo Anthony con voz incómoda.
—No cambies de tema. ¿Qué quieres decir exactamente con que «no está lo que se dice muerto»?
—Vivo sería un término que también podría aplicársele...".

"Cada vez que viajaba en avión, buscaba tu rostro entre las nubes, me imaginaba tus rasgos en esas formas que se estiraban en el cielo".

"Y por fin me devolvió la llamada; por el timbre de su voz, comprendí al instante que había perdido a un amigo, y yo al hombre al que amaba".

"—¿Tiene dificultades para desplazarse, señor? —se preocupó la joven.
—Por desgracia, señorita, a mi edad ¿quién no las tiene? —contestó muy orgulloso, presentándole el certificado que daba fe de que llevaba un marcapasos.
—Espere aquí —dijo ésta descolgando el teléfono.
Unos segundos más tarde, llegó un cochecito eléctrico para llevarlos a la puerta de embarque del vuelo con destino a París. Escoltados por un agente de la compañía, pasar el control de seguridad esta vez fue un juego de niños.
—¿Vuelves a tener un virus en el sistema? —le preguntó Julia mientras recorrían a toda velocidad los pasillos del aeropuerto.
—Calla, demonios —murmuró Anthony—, ¡nos van a descubrir, no me pasa nada en la pierna!".

"—Dentro de dos horas toda Nueva York estará despierta. No tendrás más que llamar a mi médico, él te mandará por fax un duplicado del certificado.
—¿Tu médico no sabe que has muerto?
—¡No, qué tontería, ¿verdad?, pero se me ha olvidado avisarlo!".

"—Dentro de dos horas toda Nueva York estará despierta. No tendrás más que llamar a mi médico, él te mandará por fax un duplicado del certificado.
—¿Tu médico no sabe que has muerto?
—¡No, qué tontería, ¿verdad?, pero se me ha olvidado avisarlo!".

"—¿Cambiamos de tema? —suplicó Julia.
—Como quieras, pero me parecía bastante divertido poder hablar con alguien de mi propia muerte.
—Ese alguien en cuestión es tu hija, y, francamente, no parecías estar pasándotelo pipa".

"—¡Dos cosas! —anunció—. La primera es que estás en pelotas, y dudo mucho que mis vecinos de enfrente aprecien el espectáculo para amenizar su desayuno.
—¿Y la segunda? —preguntó Tomas sin volverse.
—El desayuno lo tomamos abajo en el café, en casa no hay nada".

"Tus palabras son dulces, más tranquilas que las del hombre del mediodía. A él también lo creo cuando dice que me ama, puesto que parece querer que esté bien".

"Tantas cosas que decirte y tan poco tiempo".

"—Qué hermosa eres —dijo Tomas dándose media vuelta.
Julia no contestó.
—¿Y ahora? —preguntó él con voz dulce.
—¡Tengo hambre!".

"—¿Por qué no te he conocido antes? —preguntó Julia.
—Los padres y los hijos tardan a veces años en conocerse".


Marc Levy

domingo, 1 de septiembre de 2019

Citas: El amante - Marguerite Duras


"Un día, ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio público, un hombre se me acercó. Se dio a conocer y me dijo: "La conozco desde siempre. Todo el mundo dice que de joven era usted hermosa, me he acercado para decirle que en mi opinión la considero más hermosa ahora que en su juventud, su rostro de muchacha me gustaba mucho menos que el de ahora, devastado".

"Pienso con frecuencia en esta imagen que sólo yo sigo viendo y de la que nunca he hablado".

"Diré más, tengo quince años y medio. El paso de un transbordador por el Me-kong. La imagen persiste durante toda la travesía del río. 
Tengo quince años y medio, en ese país las estaciones no existen, vivimos en una estación única, cálida, monótona, nos hallamos en la larga zona cálida de la tierra, no hay primavera, no hay renovación".

"Para quitar de delante de mi madre el objeto de su amor, ese hijo, castigarla por quererle tanto, tan mal, y sobre todo para salvar a mi hermano pequeño, mi niño, de la vida llena de vida de ese hermano mayor plantada encima de la suya, de ese velo negro ocultando el día, de la ley por él representada, por él dictada, un ser humano, y que era una ley animal, y que a cada instante de cada día de la vida de ese hermano menor sembraba el miedo en esa vida, miedo que una vez alcanzó su corazón y lo mató".

"La historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro. Ni camino, ni línea. Hay vastos pasajes donde se insinúa que alguien hubo, no es cierto, no hubo nadie".

"Sí, lo que decía, ya tarde en su vida, volvió a empezar".

"El tiembla. Al principio la mira como si esperara que hablara, pero no habla. 
Entonces, él tampoco se mueve, no la desnuda, dice que la ama con locura, lo dice muy quedo. Después se calla. Ella no le responde. Podría responder que no lo ama. No dice nada. De repente sabe, allí, en aquel momento, sabe que él no la conoce, que no la conocerá nunca, que no tiene los medios para conocer tanta perversidad. Ni de dar tantos y tantos rodeos para atraparla, nunca lo conseguirá. Es ella quien sabe. Sabe. A partir de su ignorancia respecto a él, de repente sabe: le gustaba ya en el transbordador. El le gusta, el asunto sólo dependía de ella".

"Los besos en el cuerpo hacen llorar. Diríase que consuelan".




Marguerite Duras 

miércoles, 28 de agosto de 2019

Citas: ¿Qué tengo de malo? - María José Caro


Árbol de Navidad:

"Me veo siguiéndolos, vestida con aquel pijama de Gasparín que había deformado de tanto jalar hacia abajo. Tal vez intentando convertirme yo misma en un fantasma".

"La única vez que vi llorar a mi padre fue junto a tío Mario. Había bajado a la cocina por un vaso de agua y terminé espiándolos al pie de la escalera. Mi padre tenía los ojos hinchados y la camisa salpicada de alcohol. 
«Estamos jodidos, compadre. ¿Qué vamos hacer?», decía presionándose las sienes. 
Alzó la mirada en mi dirección y luego la devolvió al cenicero que tenía en  frente sin decir nada. Su llanto contenido se convirtió en descontrolado. Tal vez mi presencia había sido un detonante. Tal vez nos recordó a los cuatro juntos en un día feliz y cada uno de nosotros se volvió un sollozo en la composición de su llanto. Subí corriendo a mi cuarto y me escondí entre las sábanas hasta que mis lágrimas se convirtieron en una prolongación inevitable de las suyas".

"Mi abuela no sabía mentir. Había ocultado la fotografía de boda de mis padres detrás de un florero para no tener que observarla. Tal vez se sentía cómplice del plan fallido en que nos habíamos convertido. Al final, ella también era un personaje sonriente de la foto, un testigo que no logró identificar las señales".

A mitad de la noche:

"Mi madre llegaba tarde de la oficina y siempre traía dulces en la cartera.
Yo la llamaba por teléfono al regresar de clases: Mamá, cómprame algo.
«Macarena, hay galletas en la cocina», refunfuñaba, pero igual compraba chocolates. Se sentía culpable y no sabía cómo manejarlo. Lloraba y otras veces nos gritaba sin razón. Su angustia era tan profunda que se le pelaban las manos, se abrían llagas que permitían ver otras capas de piel, como  buscando llegar al centro de su dolor".

"Cuando mi madre regresaba del trabajo se acercaba a mi dormitorio, me daba un beso en la frente y revisaba mi agenda de tareas. Después se acercaba al cuarto de Sergio y le revisaba los cuadernos. En cuestión de minutos, volvía a mi habitación. Se asomaba sonriente porque en el universo de los padres, las buenas notas significan buenas vidas".

"Después se echaba a mi lado y veíamos una telenovela hasta que el sueño me vencía. A la mitad de la noche me despertaba. A pesar de las cucharadas de agua de azahar, me despertaba. Abría los ojos y huía al cuarto de mi madre.
Corría porque tenía miedo de que algo sucediera. Huía porque la noche es el inicio de grandes cambios".

"Cuando abrí los ojos el mundo era distinto. Nos cubría la noche y el parque estaba oscuro. Sin embargo, en medio del caos algo subsistía. Mi hermano seguía allí, con la mirada fija.
Camuflado en la penumbra, nos esperaba un auto del otro lado de la calle. Se trataba del Lada rojo de mamá y tenía las luces encendidas. Llevaba largo rato detenido allí. Mi madre no fue a buscarnos, simplemente esperó del otro lado de la pista a que estuviéramos listos para volver. Aguardó con las manos sujetas en el timón, el regreso de esos dos pedazos suyos que se desmoronaban en una fría banca".

Charcos:

"No tenía amigas en el colegio. Las niñas me observaban desde lejos y murmuraban acerca de mí como si conocieran hasta mi ADN".

"Además, me conocía demasiado bien; ella iba en mi movilidad.
Sabía todos los cuentos sobre mi padre. Mi padre: el paracaidista, el médico, el capitán de submarino, el mejor amigo de Fujimori. Camila no me sacaba los ojos de encima. Las mentiras siempre terminan por volvernos transparentes. Las mentiras nacen, crecen, se reproducen, pero nunca mueren".

Pasajeros:

"Héctor no era como mi abuelo materno. Me asustaba. Siempre hablaba de política, del poder salvador de los golpes de estado y de sus tiempos como piloto de caza. En una ocasión me hizo llorar contándome que en la guerra de 1941 habían comido hasta perro. Sin embargo, su muerte me enfadaba, la tenía atascada y no sabía cómo escupirla".

"Cada uno de mis tíos se encontraba acompañado de sus hijos. Dos de mis primos se habían enlazado a su madre de los brazos y la llevaban hacia el ataúd. Metros a la izquierda encontré a mi padre. Estaba sentado en una banca desierta, cerca de una máquina expendedora de café. A su costado había dos vasos a medio consumir y una cartera. Parecía perdido como un niño abandonado en medio de una avenida transitada. Llevaba un terno negro y una corbata gris. Por mi culpa estaba solo".

"Le conté a mi padre del accidente. De mi confusión con la bolsa de plástico. Me dijo que seguramente había estado pensando en el abuelo Héctor y todo en mi cabeza se había mezclado. 
Que la vida se construía casi siempre a partir de malos entendidos".

Fiesta:

"Me acerqué a la mesa y cogí algunos dulces. Tomé una servilleta y coloqué un par de trufas para mi amiga. Fue entonces que sentí un toque en el hombro y una voz plagada de gallos me habló:
—¿Quieres bailar?
Era alto, llevaba puesto un polo verde. Sus ojos eran del mismo color.
Pero no era cualquier verde, era del tono de las uvas. Solté la servilleta y los dulces de mi amiga rodaron bajo la mesa.
—No te preocupes. Primero termina de comer —dijo sonriendo.
Tragué lo más rápido que pude y lo seguí a la pista".

"Adriana bailaba salsa con el chico de camisa a cuadros. Se miraban directo a los ojos. Lo hacían con tal fijación que podían transportar una manzana entre sus frentes".

"Me llevó hasta el centro de la pista de baile. Avanzábamos lento, yo no quería soltarlo. Era la primera vez que un chico me tomaba de la mano. 
Las chicas del salón me contemplaban como si presenciaran mi matrimonio. Miguel podía elegir a cualquiera, pero estaba conmigo. Pensé que al final de la fiesta me pediría mi teléfono. Que me llamaría y hablaríamos por horas mientras hacía zapping frente al televisor. Que a partir de esa noche empezaría a vivir la vida de otra persona".

Farallones:

"Macarena llevaba mi nombre con un orgullo que yo no conocía. Desde que la vi sentí la urgencia de tenerla cerca".

"—¿Algo que nadie sepa? De niña fui mentirosa compulsiva. Antes estaba en tu colegio. Me cambiaron a uno más pequeño. Uno que nadie conoce.
—¿Por qué mentías? —preguntó haciendo girar su vaso.
Yo solo quería mantener su atención. Firmar un contrato que no involucrara a nadie más".

Las palabras:

"Los «te quiero» de mi madre se materializaban en trazos sobre una hoja de papel. Las monjas me entregaban sus palabras en un sobre sellado durante el retiro espiritual al que nos llevaban una vez al año".

"La semana previa al retiro, el basurero junto a su escritorio se llenaba de mensajes fallidos. Nunca intenté leerlos. Lo sentía como una traición. Ella hablaba solamente cuando tenía algo que decir. Hablaba sobre hechos concretos, no divagaba. 
Pero, sobre todo, decía su verdad. No me maquillaba la vida".

"Mi madre tenía los ojos verdes y la piel muy blanca, yo era una suerte de remedo barato. Poseía sus gestos, pero no sus facciones".

"Mi madre era un libro cerrado, pero nosotros latíamos dentro con toda su fuerza".




María José Caro 

sábado, 24 de agosto de 2019

Citas: Lo bello y lo triste - Yasunari Kawabata


"Algunos años la emoción era violenta y dolorosa. A veces se sentía abrumado por la pesadumbre y los remordimientos. Aunque el sentimentalismo de los locutores lo repelía, el tañido de las campanas despertaba un eco en su corazón".

"La charla en idioma extranjero lo hacía sentirse más solitario. La butaca que giraba en el vagón panorámico volvió a su memoria. Era como si viera su propia soledad, que giraba y giraba dentro de su corazón".

"Por el espejo vio el rostro de Otoko que se aproximaba al suyo.
Deslumbrado por su belleza fresca y punzante, se volvió hacia ella. 
Ella rozó su hombro, sepultó el rostro en su pecho y dijo:
—Te amo".

"¿Qué eran los recuerdos? ¿Qué era ese pasado que él recordaba con tanta nitidez?
Cuando Otoko se trasladó a Kioto con su madre, Oki tuvo la seguridad de que su relación había terminado. ¿Pero había terminado realmente? No podía evitar el dolor de saber que había arruinado la vida de aquella mujer, que posiblemente la había privado de toda oportunidad de ser feliz. ¿Pero qué habría pensado ella de él en todos esos años de soledad?".

"Todo lo que pudo hacer Oki fue agradecerle las molestias que se había tomado.
¡Pero eso de esperarlo con dos geishas, además de la discípula! Ni siquiera podría aludir al pasado compartido o permitir que sus miradas lo delataran. 
La llamada telefónica del día anterior debía de haberla turbado y preocupado tanto que había decidido invitar a las geishas. ¿Sería aquella resistencia a permanecer a solas con él un indicio de sus sentimientos?".

"—Nunca sospeché que escucharía las campanas en esta compañía —comentó Oki.
—Pensé que resultaría más grato con gente joven. Uno se siente solitario cuando suenan las campanas y sabe que ha envejecido un año más".

"—No me pareció bien explayarme sobre tus celos —explicó Oki.
—¡Lo que ocurre es que no puedes escribir sobre alguien a quien no amas, sobre alguien a quien incluso odias! Mientras escribo a máquina no ceso de preguntarme por qué no te dejé marchar.
—Estás diciendo disparates.
—Hablo muy en serio. El retenerte fue un crimen. Es probable que me arrepienta por el resto de mi existencia".

"—En ese caso podría ser que ella y Otoko fueran amantes.
—¿Amantes?
Había sorprendido a Fumiko con la guardia baja.
—¿Crees que pueden ser amantes?
—No sé. Pero no me sorprendería que fuesen lesbianas. Viven juntas en un antiguo templo de Kioto y, por lo visto, ambas son demencialmente apasionadas".

"—Quiero que tú me pintes.
—Me encantaría hacerlo, si pudiera —repitió Otoko.
—Es posible que tu cariño por mí se haya enfriado… ¿o es que me temes? —La voz de Keiko se había hecho cortante.
—Un hombre estaría encantado de pintarme. Aun al desnudo".

"—¿Tanto lo aprecias todavía? —exclamó Keiko en tono áspero también—. ¿Aunque yo diga que te voy a vengar?
—No es aprecio.
—Entonces es… amor.
—Quizá".

"—Ahora siento tu perfume.
—¿Mi perfume?
—El olor a mujer.
—¿Sí? Es por el calor… Lo siento.
—No se trata de eso. Me refiero al aroma grato de la mujer. Se refería al aroma que surge naturalmente de la piel de una mujer que yace en brazos de un amante. Toda mujer lo tiene, hasta las adolescentes. No sólo excita al hombre sino que le da confianza y lo gratifica. La disposición de una mujer a rendirse parece emanar de todo su cuerpo".

"—¡El hombre es la medicina que da vida a la mujer! Todas las mujeres tienen que consumirla".

"El tiempo pasó. Pero el tiempo se divide en muchas corrientes. Como en un río, hay una corriente central rápida en algunos sectores y lenta, hasta inmóvil, en otros.
El tiempo cósmico es igual para todos, pero el tiempo humano difiere con cada persona. El tiempo corre de la misma manera para todos los seres humanos; pero todo ser humano flota de distinta manera en el tiempo".

"—¿Por qué me miras así?
En un gesto de pudor, Keiko extendió la mano para evitar su mirada. El apoyó suavemente su palma contra la de ella.
—Es tan extraño estar aquí contigo… Por momentos me pregunto dónde estoy.
—Yo también —murmuró Keiko y se clavó las uñas en las palmas—. Y me pregunto quién es el que está a mi lado".

"Las manos de ella, que aún no habían dejado en libertad la mano de Taichiro, la guiaron hacia el otro pecho. Entreabrió entonces los ojos y lo miró.
—No toques el derecho. No me gusta.
—¡Oh! —Desconcertado, él apartó la mano del seno izquierdo.
Los ojos de Keiko continuaban entreabiertos.
—El derecho me hace sentir triste —dijo.
—¿Triste?
—Sí.
—¿Y por qué?
—No sé. Quizá sea porque mi corazón no está de ese lado. —Cerró los ojos con expresión tímida y aproximó su pecho izquierdo a Taichiro—. Quizá el cuerpo de una chica tenga algo de defectuoso. Hasta el hecho de perder ese defecto la puede hacer sentir triste".




Yasunari Kawabata

martes, 20 de agosto de 2019

Citas: La chica del cumpleaños - Haruki Murakami


"La mejor manera de pasar el vigésimo cumpleaños no es sirviendo gnocchi de calabaza y fritto misto di mare entre los berridos del cocinero. Pero el resfriado de la compañera con quien debería haber intercambiado el  turno empeoró y la compañera tuvo que meterse en cama. Con casi cuarenta grados de fiebre y una diarrea imparable, de ninguna manera podía ir a trabajar".

"En su corazón, algo se había endurecido como una piedra y había muerto".

"Dos camareros fijos trabajaban seis días a la semana. Ella y otra estudiante trabajaban a tiempo parcial, por turno, tres días a la semana cada una. Además, había un encargado. Y una mujer delgada de mediana edad que se sentaba tras la caja registradora. Se decía que la mujer llevaba en el mismo sitio desde la inauguración del local. Apenas se levantaba de su asiento, como la patética abuela de La pequeña Dorrit de Dickens. Cobraba y contestaba el teléfono. No tenía otra función. No abría la boca si no era estrictamente necesario. Siempre vestía de negro. Su apariencia era dura, fría, y, de estar flotando en el mar de noche, el barco que hubiese chocado con ella seguro que se habría hundido".

"—Aquí tiene su cena —dijo ella con voz ronca. Y volvió a carraspear ligeramente. El nerviosismo siempre le enronquecía la voz.
—¿La cena?
—Sí. El señor encargado se ha sentido indispuesto de repente y le traigo yo la cena en su lugar.
—¡Ah, claro! —dijo el anciano, como si hablara para sí, con una mano apoyada en el pomo de la puerta—. Ya veo. ¿Así que se encuentra mal?
—Sí. Ha empezado a dolerle el estómago de repente —le contó ella—. Y ha ido al hospital. Dice que posiblemente se trate de apendicitis.
—¡Vaya! —exclamó el anciano—. ¡Lo siento!
Ella carraspeó.
—¿Desea el señor que le entre la cena?
—¡Ah, claro! —dijo el anciano—. Si tú quieres.
«¿Si yo quiero?», pensó ella. «Vaya manera más extraña de hablar. ¿Qué diablos voy a querer yo?»".

"—Lo que quiero decir —prosigue ella en voz baja; se rasca el lóbulo de la oreja, un lóbulo muy bien formado— es que una persona, desee lo que desee, llegue hasta donde llegue, jamás puede dejar de ser ella misma. Sólo eso".




Haruki Murakami