lunes, 6 de marzo de 2023

Citas: Éfetrix 14 - Carmelo Monsalve

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 "Rhelisa tomó su cara y la alzó para que sus miradas se cruzaran.
Contempló el rostro de su madre con una sorpresa que alivió cualquier sentimiento por la reprimenda. En cierta manera, inevitable, después de todo, era la primera vez que veía a otro edlin. Su madre poseía un rostro ligeramente ovalado. Piel lisa y aparentemente igual de fina que la suya.
Cejas cortas. Ojos que contenían tres colores rodeando la pupila, divididos en tres segmentos del mismo tamaño que se entrecerraron junto a la sonrisa de labios carnosos. Las orejas, pequeñas en proporción a su cabeza, y la nariz de tres agujeros, dos para sus órganos humanos y uno para la álix...
Era más preciosa de lo que había imaginado.
—Hola —saludó Rhelisa.
—Hola —dijo Misel".


"—Y la álix necesita nuestro cuerpo porque los elementos que forman el aire de este planeta son
mortales para ella. Ambas especies tuvimos grandes dificultades desde el primer día. Evolucionar conjuntamente fue el único camino posible para sobrevivir".

"—Es raro —le dijo, notando el mismo calor que había sentido en el útex.
—¿El qué?
—Ponerle cuerpo y cara a la edlin que me ha hablado durante estos seis años. Había momentos en los que creía que no eras real. La especie que éramos antes...
—Los humanos —ayudó Rhelisa.
—¿Tenían estos pensamientos?
—Solían reflexionar sobre las cosas que hacían, aunque todo su proceso evolutivo era más espaciado que el nuestro. A tu edad podían brincar por toda la habitación, pero no tenían pensamientos tan complejos. O eso es lo que se cree. Recuperar la verdad de nuestros comienzos es, también, complicado".

"—Siento algo extraño que proviene de lo que está en el suelo. ¿Es necesario?
—¿Qué sientes exactamente?
—Incomodidad.
—¿Algo más? ¿Dolor?
—No, dolor no.
—Eso es... una buena noticia, mi querida mezcla. Hay una cosa que no te he dicho: padeces una enfermedad, pero tranquila, mientras ese aparato esté contigo, estarás bien.
—¿Qué tipo de enfermedad tengo?
—Que tengas un buen descanso —le dijo Rhelisa.
Misel permaneció observando la forma difusa que se dibujaba en la capa más fina alejarse hasta que se quedó sola. La primera vez que lo estaba, y eso sí que producía dolor".

"—A veces contemplo lo que nos rodea y descubro algo que antes no sabía.
Detalles que complementan a otros detalles. Muchas veces es confuso.
—Como con el pórix el primer día que saliste del útex... Una mejora evolutiva —comentó Rhelisa, asintiendo para sí misma.
—¿Es malo?
Rhelisa negó enérgicamente. Se acercó y se inclinó hasta ponerse a su altura.
—Todo lo contrario, mi pequeña mezcla. Los edlins tenemos una expresión para eso: «puede ser el térilo que abra otro camino».
Rhelisa sonreía con una emoción que hacía mucho tiempo que no mostraba. Una sensación agradable, que recorrió con escalofríos el cuerpo de Misel y provocó que se le humedecieran los ojos.
—¿Otro camino para qué?
—Para que siga habiendo paz. Para que podamos seguir juntas".

"—¿Te acuerdas de la historia de Merdal el Incursor? —preguntó Akari. Milt negó con la cabeza.
—Merdal fue uno de los mejores pilotos que hemos tenido los alixenos.
Su historial está lleno de anécdotas sobre sus proezas y sus victorias. Una de ellas sucedió cuando fue emboscado por fuerzas orisenas. Consiguió sobrevivir en una batalla en desventaja y aterrizar la nucinx25 con solo cuatro de los diez propulsores.
»Su escuadrón de tierra se desplegó alrededor de la zona de aterrizaje para evitar que los rodearan. El plan era defender el perímetro hasta que llegaran las fuerzas de rescate. Un plan sencillo y posible gracias a que solo se habían desviado un poco de la zona controlada por los alixenos. Pero esa ligera desviación los había llevado a una zona hasta arriba de Inestabilidad.
Ya sabes lo que dicen de esos lugares...
—«Donde tienes Inestabilidad, no metas la álix» —recitó Milt.
—Más bien: «Inestabilidad hasta las orejas, problemas hasta el culo». Y con razón. Los encontró un silio alterado por la Inestabilidad. Era algo así como un felino con muchas partes de silios salvajes; seguramente ni siquiera tenía culo, normal que estuviera cabreado.
Akari recuperó la taza de café y se la llevó a los labios. Bebió otro sorbo y la dejó en el suelo.
—Fue una batalla injusta —continuó—; una fuerza antinatural contra un pequeño escuadrón de edlins. En pocos minutos solo quedaba Merdal. La criatura se acercaba masticando vísceras del último incursor al que había matado. Merdal no parecía tener muchas probabilidades de sobrevivir, pero lo hizo gracias a la idea más ridícula y desesperada que podía tener un edlin en ese momento. Se lanzó a comerse a uno de sus compañeros. La maldita quimera pensó que era otro silio y lo dejó. Nada une más que compartir la comida con un nuevo amigo.
Akari se partió de risa. Milt sonrió, más comedido.
—¿Cuál es la verdadera razón de que me hayas contado esta historia? — preguntó Milt, borrando todo el buen ambiente que se había creado. Lo conocía demasiado bien.
—Yo soy como Merdal. A veces hay que tomar decisiones drásticas, aunque sean del todo absurdas".

"—¿Qué es lo que solíamos decir de los asesinatos por la noche? — preguntó Akari en voz alta al salir.
—«Los gritos sonarán cuando la ciudad despierte» —recitó Milt, apoyado en un pilar, no muy lejos.
—¿Habrá gritos por ese cerdo que he matado ahí arriba?
—Es posible. ¿Ha valido la pena?
—Completamente".

"Si existía alguna forma de apagar sus sentimientos, quería descubrirlo en ese momento porque las preguntas sobre lo que había escuchado dominaban toda su mente. No obstante, fue atrapada por los brazos de su madre antes de que pudiera decir nada. Un abrazo que le robó todas las preguntas, salvo dos.
—¿Estás decepcionada?
—Nunca estaré decepcionada, Misel. Eres especial, tan especial que merece la pena correr riesgos por ti, aunque nadie más que yo sepa verlo.
—¿Qué quieres decir? ¿Qué riesgos?
—Los que vamos a tomar a partir de ahora para que estés sana y salva.
Misel se separó lentamente y tomó aire para la segunda pregunta, tal vez, la que más miedo le generaba.
—¿Quién es ese Heken?
Rhelisa abrió la boca, sorprendida.
—Mi pequeña y astuta mezcla, ¿has estado escuchando? —Rhelisa volvió a apretarla con una fuerza que casi dolía—. Heken es tu padre".

"—Es una gran edlin, ¿verdad? Guapa, tierna, paciente, inteligente... Era, y sigue siendo, perfecta para lo que hacemos aquí. —Heken paseó hasta el recipiente—. ¿Sabes lo que hacemos aquí, Misel?
Misel se había hecho esa misma pregunta infinidad de veces, después de todo, su vida era ese lugar y, salvo el día de la prueba, no había salido nunca. Pese a ello, no contestó. No podía. No encontraba la fuerza para hacerlo.
—Te lo diré: criamos silios para experimentar con ellos. Silios como este.
—Heken palmeó el cilindro—. Silios como el que te mostró Doltare en la prueba. Silios como tú.
—¡Mentira! —le gritó Misel. Una respuesta casi involuntaria a lo que le estaba diciendo. Luego dudó—. Es mentira, ¿verdad?
—Nada me gustaría más que decirte que no, pero eso es lo que eres: una creación. Rhelisa se ofreció voluntaria como alixena para crear la mitad de lo que eres y yo puse la otra mitad de los ingredientes. Eres un «producto»; nuestro producto. Algo engendrado con la única finalidad de que fueras compatible con silios artificiales. —Heken volvió a palmear el recipiente de la mesa—. Sois dos criaturas que han nacido para juntarse".

"Akari salió corriendo. Emís lo imitó. No tardó mucho en entender que estaba perdida. Se asfixiaba y sus piernas amenazaban con tirarla al suelo en cada zancada. Correr era una jodida idea de mierda para ella. Miró hacia atrás. La ola tenía zonas que respetaban las mismas reglas que cuando estaba en calma. Una de ellas era transparente; una gran masa de agua, pero solo agua.
Se desplazó paralelamente a la ola. Activó la integración que reforzaba sus pulmones y envío tanta seina como fue capaz en el poco tiempo que le quedaba. Tomó una gran bocanada de aire justo antes de que chocara contra ella. Decir que la ola había perdido fuerza al adentrarse tierra adentro no era mentira, pero tampoco era del todo cierto. La arrastró y ella no pudo más que contentarse con ver el mundo girar, intercambiándose entre una visión difusa llena de colores y el tronco de un árbol que se acercaba a gran velocidad...
Despertó con el vaivén de un movimiento. Abrió los ojos y vio a Akari llevándola en brazos.
—¡Bájame, joder! —pidió, escurriéndose por un lado. Al aterrizar en el suelo, todo su cuerpo se quejó de la maravillosa idea que había tenido.
—¿Sigues viva? —Era una pregunta de respuesta evidente que la sorprendió por la expresión genuina de Akari. Lo preguntaba en serio.
—Viva, sí; entera, no lo tengo tan claro".

"—Te preguntaría si te alegras de verme, pero seguramente me dirás que no —le dijo entre mordiscos.
—Puedes estar seguro".

"—De acuerdo, Sorbitos, siéntate y ponte la membrana. Nos vamos de este jodido bosque.
Akari asomó por su lado dispuesto a sentarse en el asiento del copiloto.
—¿Tengo que volver a repetirte que no puedes sentarte ahí?
—Creía que ya éramos amigos.
Emís bufó.
—Vuelve atrás antes de que te dé una patada en el culo. Solo el salvador de Edlast puede sentarse ahí".

"—Estoy contigo —susurró Rhelisa, empujándola—. Recuerda lo que dije.
—Tengo miedo.
—El miedo es temporal si no piensas en él".

"Y mientras el tiempo transcurría en ese lugar sin saber cuándo volvería a tener el control de su cuerpo, Misel repetía una y otra vez la misma idea, como si fuera lo único de esos acontecimientos que no pudiera creer posible: su madre había roto su promesa".

"—¿Qué ha pasado con tus ansias de venganza?
—Eso me pregunto yo —respondió Akari, riéndose. Luego miró al techo y se puso serio—. Quería que Misel llegara a la Confederación para demostrar que no me equivocaba. Pero mientras más tiempo paso con esa niña, más quiero protegerla para que viva la vida que no le han dejado vivir.
Quiero salvarla, Emís. —Sonrió para sí mismo—. Me gustaría que todo lo que he hecho tenga algún sentido y que la paz siga adelante, pero si no puedo, al menos, me gustaría conseguir eso.
«Y yo que pensaba que era la única a la que estaba cambiando», pensó, sonriendo.
—Tal vez, y solo tal vez, es posible que yo también quiera lo mismo —dijo Emís".

"—¿Sabéis? Tengo otra historia para esto.
Emís se giró hacia el edlin.
—¿Quieres que te escupa en el café?
—Vivo con la esperanza de que algún día te gusten mis historias.
—Morirás con ella".






Carmelo Monsalve

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