domingo, 14 de enero de 2024

Citas: El conjuro de la luna roja - Cristian Camilo Bolívar Arevalo

 
"Todo pierde sentido en la noche de verano del martes 8 de noviembre, cuando mi viejo Cello es interpretado en la habitación de una extraña casa, ubicada en la diagonal 34a N°5ª 43. Notas macabras en manos dulces, sonidos simples en la oscuridad de quien tiene la posibilidad de escuchar. Una piel pálida ante el brillo de la luna, una joven con aspecto de cadáver y una noche donde los sucesos son el comienzo de un delirio llamado prisión".

"Dalias negras cae en una tumba con el mismo poema que esté dedico a su amada un día antes. Un amor prohibido que termina con un cuerpo extirpado en el asfalto, llenando de melancolía el pavimento. El poeta cae resquebrajando la anomalía del tiempo, mientras rompe la estructura del viento, y es golpeado por un destino llamado el óbito de la última aurora".

"—Señorita, se puede saber ¿Por qué viene hasta ahora? — pronunció la enfermera que me acompañaba—. Como sabrá, él lleva meses aquí y nadie lo ha visitado.
—Lo sé… lo cual no es excusa, pero usted no comprende las circunstancias por las cuales he pasado. Residía en otro país y no tuve oportunidad de venir. Hasta ahora que pude viajar para ver el estado de salud de mi tío — recité —. Siempre estuvo muy alejado y perdido, pensamos que ya había muerto, inclusive le hicimos una estatua en su honor.
—¿Qué clase de broma es esta? ¿Qué es esa cosa tan asquerosa? —preguntó la enfermera mientras le muestro la foto de una escultura, que compré para decorar mi habitación.
—¿Por qué se exalta? Así termina nuestro cuerpo, descompuesto y deformado.
—¡Ya basta de bromas! Le llevaré hasta la habitación de su tío —dijo la enfermera con expresión de desprecio y enfado".

"Cuando la enfermera se retira, observo como Max sigue dibujando aberraciones y escribiendo frases como: “Conocía dios y no es lo que esperaba, es peor de lo que creí".

"Le llamó varias veces hasta que atraigo su atención.
—Max, ¿me recuerdas? —le pregunto.
—¿Quién eres, una bruja? ¿Una enviada de dios para atormentarme?
—respondió el loco con la mirada perdida.
—Yo no tengo nada que ver con ningún dios ni muchos con tus delirios —suscitó con odio—. Si no me recuerdas soy Luna Atenea Flores.
—¿Luna? La única que recuerdo es la que brilla en esa ventana. La misma que me acompaña cada noche para enfrentarme a las bestias invisibles. Tú no sabes el mal que acecha en este planeta".

"No quiero alargar más esta reflexión, pero sí terminar diciendo que en muchos de mis escritos lo he explicado más a fondo, y muchos, en vez de determinar una postura de apreciación, concluyen que yo estoy poseída por el diablo. Quien quebrantó mi dignidad y dejó grandes heridas en mi cuerpo, era devoto irrefutable de la religión, más aparte un miserable proxeneta en nombre de quien ama y nos protege de todo mal".

"El pasado fue el suspiro del olvido y el futuro la sensación inexistente del vacío".

"—Luna… amor de mis desdichas —me dice una voz masculina por el teléfono— , no sabes cuanto he esperado para escuchar tu voz y cuanta tortura he tenido que sobrellevar, para alejarte de tal peligro.
—¿Quién llama? —pregunto—, no estoy para bromas y además odio los payasos.
—¿Ni siquiera con el nombre de Boris Froes? —pregunta la voz del teléfono".

"—Luna… —me llama el infortunado—, ¿me recuerdas? Soy Josué, estudiamos juntos.
—Tan insignificante debes ser, porque no te recuerdo —Lo ojeo con menosprecio.
—Pero qué cosa dices —declara el joven —. Me alegra ver que aún existen mujeres que se interesen por el conocimiento — Observa el libro. — Veo que vienes por una gran obra.
—Si… Me gusta explorar el mundo esotérico.
—En serio… no creo que ese libro te pueda ayudar —me dice el profano eclesiástico —. Solo existe en el mundo, un libro divino…
—Pero por supuesto — refuto con gran sátira —. Alabado sea Abdul Alhazred por traernos el Necronomicón.
—No… ¿Acaso está loca? —me dice el acólito adoctrinado—. ¿Por qué caes en la herejía?
—Eso no te importa —respondo—, la pregunta es: ¿Qué haces tú en un sitio como este?
—Bueno, te vi entrar y quise venir a saludarte.
—¿Quieres saber algo de mí? Odio las personas melosas, así que, es mejor que te vayas.
—Pero…
—Lárgate".

"Me ungí en misterio, así como el encuentro de voces redondo y sellos, que es el reflejo de lo desconocido. Anduve por una ciudad de melancolía donde espíritus viajan recordando una vida, y los no nacidos deambulan para buscar su próximo elegido, y nacer de las cenizas como la esperanza de familia. Muchos fracasan al no encontrar el sentido de su existencia, y decepcionan a sus progenitores que los desatan en fracasos.
Tal vez llegue el momento donde por fin podremos crear un mundo donde la codicia y caos dejen de gobernar".

"—Luna… me escuchas —susurra la voz de una niña dentro de mi mente.
—¿Quién eres? — le pregunto.
—La inocencia que perdiste.
No pude contestar, es como si mi mente dejase de funcionar".

"—¿Quién eres tú? —le pregunto.
—Soy GÜIA el espíritu que rige en todos los páramos —responde la osa con telepatía.
—Mucho gusto soy…
—¡Sé quién eres! —interrumpe el pensamiento de GÜIA—. La única que no sabe, eres tú.
—No te entiendo —manifiesto tratando de acariciarle.
—CHIA, CHIA, CHIA. Eres el avatar de la gran guardiana de la noche, y si aún no lo sabes eres la representación de la feminidad sobre la tierra como es BACHUE.
—Si soy tan importante como dices, ¿por qué reencarne en un cuerpo tan insignificante? —le pregunto con devoción.
—¿Insignificante? No mi niña. —Objeta la voz de GÜIA—. Reencarnaste como ser humano precisamente para demostrarle a la humanidad que necesita elevar su vibración.
El motivo por el cual los espíritus de la naturaleza, tomaron forma humana como signo de un nuevo ciclo.
—Pero este cuerpo es un presidio".

"Cuando hay alguna esperanza, la estupidez la deshace como fuese una amenaza".

"En resumidas cuentas, sentí cuando el mar se funde en una gota, el absoluto que entra dentro de mí.
Concluyó muchas incógnitas, sin embargo, falta determinar algunos acontecimientos para cumplir mi objetivo de abrir los diez sellos del árbol de la plenitud, y así traer la ascensión de la humanidad a la nueva dimensión, sin antes enfrentarme al peligro invisible que se llama demiurgo.
Como todas las historias".

"—Te estaré esperando para que me liberes de este cuerpo ya sin vida —susurra—. Te cuidaré desde el viento, solo llama, ya sabes cómo hacerlo.
—Nunca morirás… eres parte del vacío absoluto y de la eternidad —le beso en la cabeza—. Ya cumpliste tu función y pronto partirás a donde perteneces.
—Solo recuerda mi niña, que eres la semilla, que tienes dentro el tronco la hoja y la flor, y pronto crecerás y te marchitaras. Ya conoces de la vida, solo es existir en la sutilidad de la no existencia—FOMAGATA toma vuelo hacia el denso cielo y desaparece".

"—No sé cómo el ser humano no se ha dado cuenta de su creación, y aún busca culpables en el exterior — expreso.
—Así es… El ser humano es el dueño de su propio caos y aún no es capaz de aceptarlo —agrega GRAN MASHA—".

"—¿Qué hacías en el páramo tu sola? —me pregunta.
—Buscar la tranquilidad que no encuentra en la ciudad —Es claro que no le voy a contar mi experiencia paranormal, sé que no me va a creer y aún peor, me tomará como si estuviese fuera de juicio.
—Es estresante, no sé cómo viven allí —agrega el joven.
—Tienes que drogarte a diario para aguantar la muerte andante y la repugnancia de la ciudad —manifiesto.
— Con tanta delincuencia no lo dudo".

"—La paciencia es la mayor virtud, más cuando no esperas resultado —Miro la ventana y disfruto del poco paisaje que queda".

"La muerte no es más que el despertar de este sueño que llamamos realidad, pero te identificas con hechos que te condenan encerrándote en la neurosis de la sociedad, y vives en un lamento profundo, porque no entiendes que tu eres la vida. Te asesinas día a día con actos, que, no so mas que la falsedad de tu delirio, crees ser lo que no eres y dejas de ser. Se como una lagartija, solo observa y se consciente, estate atento a todo lo que sucede".




Cristian Camilo Bolívar Arevalo

martes, 9 de enero de 2024

Citas: La legión secreta del sur - Víctor Eduardo Deutsch

x

 

 "Faupel despertó sobresaltado por el  repentino silencio. Por un momento pensó que había tenido una pesadilla y que seguía dormido, pero enseguida recuperó totalmente la consciencia y se dio cuenta de lo que pasaba. Saltó de la cama y se acercó a la ventana, mientras manoteaba los pantalones del uniforme en la oscuridad.
Por más que se esforzaba no conseguía oír nada. Abrió la ventana dejando entrar el aire helado, pero todo estaba en absoluto silencio. Se puso la guerrera mientras pensaba en que esa quietud sólo podía significar una cosa: el ataque de la infantería francesa había comenzado".


"–Permiso, mi teniente –dijo el soldado Lambaré, un curtido muchacho del monte con la cara picada de viruela. Nosotros vamos a defender a la patria hasta la muerte –afirmó, repitiendo lo que habían enseñado".

"–Soldados, para esta práctica necesitaríamos a los pontoneros –dijo. Pero no los tenemos acá, así que vamos a cruzar de uno en uno, en fila india, por el puente ferroviario.
Santander y más de uno se estremecieron ¿Qué era aquello?
–Y… ¡rápido! –gritó el teniente ¡Que ya viene el tren!
Santander se percató de que, cuando decía esto, Perón no miraba al pelotón sino al horizonte, como si intentara ver alguna señal. Los soldados dudaron un segundo, pero luego siguieron al teniente, que encabezó la marcha hacia el puente, trepó ágil por el terraplén y empezó a cruzarlo, saltando de durmiente en durmiente. A lo lejos se empezó a escuchar el silbido de una locomotora de vapor".

"Perón le ordenó a Santander que se levantara y saliera a caminar con él. Se dio cuenta de que tenía ganas de hablar, de justificarse, y quizás intuía que entre todos esos hombres, muchos de los cuales eran indígenas guaraníes analfabetos, Santander era el único del cual tenía que ganarse el respeto.
Era uno de los pocos soldados con educación secundaria completa. Después de unas semanas de instrucción, Perón le había reconocido como uno de los jefes de grupo y le había asignado tareas administrativas en el cuartel, lo que le permitía librarse de tareas más pesadas, como la cocina o la limpieza.
–Sólo las experiencias como estas unen a los hombres. Crean un vínculo más fuerte que las jerarquías –le explicó-. Por eso desde las antiguas órdenes de caballería existen los ritos iniciáticos".

"–Mírelos –le dijo Perón, observando a los soldados que bromeaban y sorbían mate. Debe escribir sobre esto en su diario. Estos desharrapados se han convertido en hombres. Llegaron aquí hambrientos, sucios y piojosos. Y el ejército los ha hecho soldados".

"–Con su venia, mi teniente –dijo Santander. ¿Puedo hacerle una pregunta? Quizás le parezca impertinente.
–Pregunte.
–Entiendo que lo aprendido les será útil en el ejército –dijo. Pero estos hombres son civiles ¿Cree que lo van a aprovechar cuándo les den la baja? ¿No es mejor educarlos, enseñarles a pensar por sí mismos?
–Usted es un idealista, soldado dijo Perón, sonriente. Por eso ayuda al profesor Roldán enseñando a leer y escribir a los soldados analfabetos. Pero seamos realistas: cuando salgan de acá, estos hombres van a ser peones de campo o aprenderán algún oficio sencillo. Está en su naturaleza, no van a hacer otra cosa que tirar del carro como los bueyes en un brete. Pero conmigo han aprendido algo esencial: a seguir al conductor".

"–Mi teniente –dijo Me voy ya. Quería despedirme de usted.
Perón lo miró con una sonrisa burlona.
–El admirador de Yrigoyen –le respondió Vaya usted con Dios. Que pase una feliz navidad.
Santander lo miró, extrañado.
–¿No va usted a visitar a su familia?
El teniente toleró por un momento la impertinencia.
–No. Este año no. Tengo cosas que hacer aquí.
Se hizo un silencio entre ambos. Finalmente, Santander habló.
–Le deseo mucha suerte, mi teniente. Y feliz navidad también.
Perón se cuadró y le hizo, la venia militar, respondida inmediatamente por Santander.
–Retírese, soldado.
La última imagen que tuvo del teniente fue verle inclinado para abrir el horno y sacar una fuente repleta de fideos.
No imaginaba que, décadas después, lo vería como un enemigo mortal y un traidor a su patria".

"–SENECA asegura que es leal al Reich y yo le creo. Con lo que le he contado hoy aún más. Le he dado todos los argumentos necesarios para que entienda que vamos a ganar la guerra con o sin ellos.
–¿Y si nos traiciona?
–Si nos traiciona, SENECA está dispuesto a meterle una bala él mismo".

"–¿Qué debo responder a la nota alemana?
–Dígales que la República Argentina –respondió Yrigoyen sin cambiar de posición sostiene el principio de no intervención y que no admitirá medidas punitivas contra otro estado soberano de Hispanoamérica. Y que defenderemos estos principios hasta las últimas consecuencias.
Por fin se volvió hacia él y se sentó nuevamente en el sillón presidencial. Cruzó las manos sobre el escritorio y lo miró directamente.
–¿Sabe lo que significa eso? Que si EEUU o la Entente atacan a México deberemos estar preparados para ayudarlos. No de palabra, en los hechos".

"–Señor, no creo que debamos atar nuestra política a la de Estados Unidos. Tampoco podemos hablar con ellos antes de que Alemania haga su declaración. Estaríamos violando su confianza.
Yrigoyen resolvió ese problema con mucha rapidez.
–Entonces, deje pasar el tiempo y no conteste. Que hagan su declaración y esperemos a ver qué hace Wilson.
Becú empezaba a sentirse agobiado. Hacía algunos días había pensado que Yrigoyen iba a terminar adoptando sus decisiones como propias. Ahora se daba cuenta de que todo había sido una ilusión. Desde el comienzo Yrigoyen le había hecho hacer lo que él quería. Si seguía en el ministerio, seguiría haciendo lo mismo, pensara él lo que pensara.
El presidente no aceptaba ni aceptaría su influencia. Sólo quería un fiel y eficiente ejecutor de su política, que decidiría por sí mismo. La única forma de trabajar con él sería que, realmente, compartiera al cien por cien sus objetivos de política exterior e interior. Decidió jugarse y plantear una discusión de fondo.
–Señor, no estoy de acuerdo –dijo. Por principio, Argentina tiene fijar una política independiente. Tenemos que liderar la región. Nos corresponde, es nuestro destino. Somos el único país de raza blanca en Iberoamérica. Alemania nos hace una propuesta generosa, que rompería nuestra dependencia de Gran Bretaña…
Yrigoyen pareció perder la paciencia. Empezó a tamborilear los dedos sobre el escritorio. Becú pensó que se había excedido. Había sido demasiado directo, pero la tensión acumulada había podido con él. Por otro lado, se dijo, que pasara lo que tuviese que pasar.
–Becú, no veo que usted sea rubio y de ojos azules, ¿verdad? Yo lo veo bastante morocho –dijo, señalando su imagen en uno de los espejos de la pared. Acá todos somos iguales. Un hombre, un voto. Eso es ser radical ¿lo entiende?".

"Intentó acceder a la Casa Rosada, pero Molinari tuvo que decirle que no conseguía hacerle un hueco en la agenda del presidente y que Becú no estaba en su despacho.
Para empeorar las cosas, la muerte de Rafael Pay lo había dejado sin su vía de comunicación con Faupel. No podía enviar ni recibir mensajes. Decidió quedarse en el cuartel, a la expectativa. Si era necesario, toda la noche.
Sobre la medianoche recibió un llamado de un exaltado Ibarguren.
–Yrigoyen no va a contestar la propuesta alemana. No va a hacer nada nada sin un acuerdo con Wilson. Nuestro amigo Becú está fuera del gabinete.
–¡Mal nacido! –gritó Uriburu. ¡Se ha vendido a los norteamericanos! ¡Tenemos que hacer algo! ¡Está en juego la dignidad de la nación!
–Estoy de acuerdo –dijo suavemente Ibarguren. Yrigoyen está atado de pies y manos, entregado a los yanquis, ya no se puede volver atrás.
Uriburu nunca había sentido tanta indignación.
–¡El Ejército Argentino actuará! -dijo- ¡Buscaré el apoyo de los Comandantes de División! ¡Lo obligaremos a entrar en acción! ¡Si es necesario lo arrancaremos de la Casa Rosada!
Ibarguren parecía ahora alarmado.
–General –dijo, tenga mucho cuidado. Si damos un paso en falso, podríamos perder todo.
No quiso escucharle más, ya había tomado una decisión. Sacó de un cajón de su escritorio el documento que Justo le había entregado y lo abrió con cuidado. El plan preveía una serie de acciones para ocupar objetivos estratégicos en la Capital Federal".

"–Pepe –comenzó el presidente-. Sé que no está tranquilo con mi última decisión…
Más que intranquilo, pensó Uriburu, estaba furioso. Para peor, Yrigoyen parecía mostrarse condescendiente con él. Lo interrumpió con vigor.
–Ha traicionado su juramento. Acaba de aceptar un acuerdo indigno, que sumirá a la patria en la ignominia. Ha roto todos los acuerdos con alemanes. ¡Un trabajo de años!
Uriburu hablaba mirándolo con ojos furiosos.
–Sé lo que piensa. Ibarguren me ha informado –interrumpió a su vez, Yrigoyen, cortante.
Ahora Uriburu se quedó con la boca abierta ¿Qué le había contado Ibarguren al presidente? Se la había jugado. Le había dejado completamente fuera de juego. Yrigoyen pareció darse cuente y siguió hablando, en tono conciliador.
–Pepe, no tomaremos ninguna medida contra usted. Siempre valoré su compromiso. Hemos estado juntos bajo las balas. Eso no se olvida".

"Abrió la puerta con su llave. Nadie salió a recibirlo. La suite parecía silenciosa y desierta. Sin embargo, Rosa y la niña debían estar por ahí. Atravesó el vestíbulo llamándolas y se asomó al salón principal, pero nadie respondió. Supuso que estarían en las habitaciones y no lo escuchaban.
Se dirigió al dormitorio de la niña. Estaba vacío. Volvió a cruzar el salón y caminó hasta el dormitorio principal, quizás se habían ido a dormir pronto. Abrió la puerta y vio a su esposa e hija sentadas en la cama de matrimonio. Le llamó la atención su cara de miedo y entró rápidamente a la habitación.
–¿Qué pasa, Rosa? ¿Algún…? alcanzó a decir.
En ese momento tropezó y trastabilló sobre el suelo alfombrado. Sintió una explosión junto a él, que casi lo dejó sordo, y cayó al suelo, aturdido. Un enorme espejo de pared cayó al suelo haciéndose añicos, los cristales salieron disparados en todas direcciones.
Un segundo después, como saliendo de un trance, escuchó que Rosa dio un grito y la niña se ponía a llorar. Se dio la vuelta, confuso, y se encontró con la cara de Manuel Ugarte. Llevaba un revólver humeante en la mano, que intentaba amartillar con el pulgar, y parecía furioso.
–¡Hijo de puta! -dijo- ¿En qué pensabas? ¿Creías que venderte a los yanquis te iba a salir gratis?
Becú se sentó en el suelo, aun confundido. Miró hacia la cama, Rosa abrazaba a la niña, entre sollozos, para que no mirara. El cañón del revólver le apuntaba directamente. Ugarte siguió gritando, muy alterado.
–¡No quiero hacer esto! gritó ¡Es todo culpa tuya! ¡Te advertí que esto era peligroso! Pero no…¡Vos querías jugar a ser Metternich!".

"Lo habían citado de urgencia, al conocer el informe de Londres. Querían tantear que esperaba los alemanes de ellos. No entendían qué ganaban los alemanes provocando a la Argentina. Pensaban que Luxburg era un bocón y, si le hacía entrar en confianza, quizás les dijera algo más. El diplomático entró, con sus exquisitas maneras, y se sentó ante el escritorio del presidente, junto a él.
–Señor embajador –dijo Yrigoyen con su voz queda y ronca. Hemos tomado conocimiento de que un submarino alemán ha hundido un buque argentino…
–Un hecho que no nos consta –interrumpió bruscamente Luxburg.
–¡Un carajo! –gritó Yrigoyen, pegando un puñetazo sobre la mesa. ¿Se cree que no me acuerdo lo que le dijo a Becú? ¡Hundir nuestros barcos! ¿Qué es esto? ¿Una venganza?
El ministro alemán intentó recomponerse. La furia de Yrigoyen lo había sorprendido. Pueyrredón observó atentamente la reacción de Luxburg.
–Mi gobierno no –Luxburg hizo una pausa buscando las palabras tiene conocimiento, señor presidente".

"–¿Y qué hacemos con Luxburg? Estuvo a punto de meternos en un buen lío.
Yrigoyen pensó un momento. Si lo expulsaban quizás traerían a otro mejor, más discreto y profesional, pero no necesariamente más partidario de la paz con Argentina. Quizás cambiaran a todo el personal de la embajada alemana, algo que no era conveniente.
–Dígales a sus amigos que el canario no se les vuelva a escapar de la jaula".

"–Es un blando, Faupel –afirmó Lüttwitz. Ha dejado que los franceses rompieran unas defensas formidables por no comprometer a sus hombres. Por no sacarlos de sus madrigueras.
–Nosotros vamos a poner toda la carne en el asador –dijo Faupel, en español.
–¿Cómo dice? –preguntó el general, sin entender.
–Nada. Es sólo un refrán que dicen en Argentina. Algo así como que vamos a usar todo lo que tenemos".

"Diez salió del refugio y caminó hacia la ladera donde estaban las tropas de la 8ª y 10ª Compañías, preparadas para el contraataque desde hacía horas. Faupel lo siguió, junto con el ayudante Boelcke. El mayor saltó ágilmente de pozo en pozo y comenzó a arengar a sus hombres. Les dijo que debían salir y atacar al enemigo.
–¡Vamos, señoritas! –decía. Me tienen que acompañar al patíbulo, pero lo haremos con gusto porque… somos soldados alemanes".

"–Hemos investigado los antecedentes de Süss –dijo Lüttwitz. Ese hombre no hubiese pasado los criterios de la orden. Era judío.
–Pues eso confirma lo que pensaba -dijo Ludendorff.
–General –dijo Lüttwitz. No volverá a suceder. Todos los mandos del grupo bajo mi mando cumplirán los criterios, incluso en las unidades adscritas. Nos ocuparemos de ello. Miró a Faupel.
–Un judío –musitó Lüttwitz. No debemos nunca dejar que un judío ocupe una posición estratégica. A la primera se entregará al enemigo y nos traicionará. Quiero saber los nombres de todos los oficiales de sangre judía que haya aquí para darles el destino adecuado. No quiero oficiales judíos en ninguna de las divisiones bajo mi mando".

"–Mayor Faupel –dijo Bauer. Le hemos hecho venir de nuevo a pedido del general Ludendorff. Tenemos otra posible crisis con Argentina entre manos y necesitamos su ayuda para resolverla.
Ninguna mención al incidente con Lüttwitz. Bien, pensó, Bauer no iba admitir los problemas de uno de sus amigos delante de su rival. Por otro lado, la palabra “Argentina” lo puso en alerta. Resistió el impulso de mirar al techo y entornar los ojos. “¡Otra vez!”, pensó. Pero al menos, pasara lo que pasara, parecía seguir siendo útil para alguien.
–Tenemos información de buena fuente –tomó la palabra Nicolai- de que el gobierno de los EE.UU. publicará en unos días unos telegramas, supuestamente descifrados, dirigidos por el conde Luxburg a Berlín. En esos telegramas, según la fuente, Luxburg al parecer se burla de sus contrapartes argentinas y sugiere no respetar el pacto de no hundir sus barcos. Dice, textualmente, que hay que hundir los buques argentinos “sin dejar rastros”.
–¿Qué? –se indignó Faupel-. Es una burda manipulación. ¡Hay que desacreditarlo inmediatamente!".

"Nicolai se despidió diciendo que tenía otros asuntos urgentes. Faupel se quedó a solas con un inexpresivo Bauer en el despacho. Se hizo un silencio incómodo, mientras Max encendía un cigarrillo y le ofrecía uno. Sabía de lo que iba a hablar ahora.
–No te voy a preguntar lo que pasó con Lüttwitz –dijo, de repente, Max. Ese cabrón suele llevar las cosas hasta el límite.
–¿Qué ha dicho? –preguntó Faupel, extrañado.
–Sólo sé que pidió tu relevo a Ludendorff. El jefe dice que no lo aceptó, pero justo entonces había surgido este problema con Argentina y creyó prudente traerte unos días a Berlín.
–Max, yo… -empezó a decir Faupel, pero Bauer le interrumpió.
–Nada, no quiero saberlo. Por cierto, Ludendorff está muy satisfecho con tu trabajo. La 5ª y 6ª divisiones han sido fundamentales en Rusia. Pabst y Rohr han hecho progresos también. En general está muy satisfecho con el nuevo programa. Cree que estamos por el buen camino.
Faupel iba a protestar, a explicarse. Quería preguntar a Max por todas las dudas que tenía sobre el nuevo “programa”, pero la última declaración lo hizo pensarlo bien. Si el OHL estaba satisfecho, ¿por qué no iba a estarlo él? ¿Quizás Ludendorff no tenía un objetivo tan ambicioso, después de todo? ¿Podía ser que el incidente con Lüttwitz no tuviese consecuencias?
Bauer le miraba sonriente.
–Como te dije, nosotros cuidamos de los nuestros".

"Almada le alcanzó un bolso negro de cuero.
–Doctor –dijo, Luxburg tenía esto encima. Son treinta mil pesos.
Yrigoyen dio un vistazo rápido y devolvió el bolso al comisario.
–Separe mil pesos. Tome lo necesario para pagar los gastos del viaje y reparta el resto con sus hombres. El resto… déjeselo acá al ministro Pueyrredón. Habrá que devolverlos a la legación alemana. No sea que digan que, además de salvajes, somos ladrones".

"Se mezcló entre las numerosas personas que ya llenaban la calle, yendo al trabajo con total despreocupación, y empezó a andar hacia la Casa Rosada, a unos setecientos metros de distancia. Bajó a paso rápido por la calle Corrientes en dirección al bajo, hasta llegar al Paseo de Julio, donde giró a la derecha. Allí la gente se dispersaba un poco, aunque la mayoría seguía hacia adelante, hacia el puerto.
Nervioso, aceleró el paso. Unos instantes después tuvo la sensación de ser perseguido. Se volvió un instante; un hombre rubio, alto y fornido lo tomó del hombro y lo hizo girar hacia él. En la mano tenía un cuchillo.
Se soltó como pudo. El puntazo pasó a centímetros de su vientre. Cayó sentado en medio de la avenida. Escuchó un chirrido de neumáticos. Cerró los ojos, como si eso pudiera disminuir el impacto, pero éste no llegó. En cambió, oyó unos gritos.
–¡Alto! ¡Policía!
Abrió los ojos y vio al rubio corriendo entre la gente. El policía que custodiaba la sala del correo había desenfundado su arma, pero no se atrevía a disparar en medio de tanta gente. En lugar de eso, se acercó a él, que sólo ahora advirtió el calor que emitía el taxi a centímetros de su rostro. Entre el policía y el conductor lo ayudaron a levantarse.
–¡Suerte que pude frenar! –dijo el taxista. Pensé que lo mataba.
Santander estaba sin aliento. El policía apartaba a la gente.
–¿Está bien? El presidente me dijo que no lo perdiera de vista.
Los quinientos metros que faltaban para llegar a la Casa Rosada se le iban a hacer eternos".

"–General Uriburu –dijo. Que sus hombres recorran la dársena y no dejen nada sin revisar.
Miró a Becú.
–Hable con Möller. Explíquele lo que sabemos e intente averiguar si recuerda algo que nos ayude a encontrar el lugar donde guardan las bacterias.
Luego se volvió hacia Moreno.
–Arreste a los sindicalistas de la usina. Acúselos de cualquier cosa, de sabotaje, de anarquismo, de lo que sea. Alguno de ellos debe saber adónde llevaron las bacterias.
Finalmente se dirigió a Pueyrredón.
–Señor canciller, hable con Stimson. Dígale que hay un barco suyo cargado de bacterias que no queremos que llegue a puerto.
Todos se empezaron a levantar para irse. Yrigoyen se dejó caer en el sillón presidencial.
–Y recen porque lleguemos a tiempo".






Víctor Eduardo Deutsch

lunes, 11 de diciembre de 2023

Citas: El amor dura tres años - Frederic Beigbeder

 

"El amor es un combate perdido de antemano.
Al principio, todo es hermoso, incluso tú. No das crédito a estar tan enamorado.
Cada día trae consigo su liviana carga de milagros. Jamás nadie en el mundo había conocido tanta felicidad. La felicidad existe y es muy simple: consiste en un rostro.

El universo sonríe. Durante un año, la vida no es más que una sucesión de soleadas mañanas, incluso cuando nieva por la tarde. Te dedicas a escribir libros sobre esta cuestión. Te casas, lo antes posible: ¿para qué reflexionar cuando uno es feliz?
Reflexionar te entristece; la vida debe ganar la partida".

"—Nos hemos separado de común desacuerdo —masculla Marc al entrar en el Bus. Y añade—: Me casé con Anne porque era un ángel, y ése ha sido precisamente el motivo de nuestro divorcio. Creí que estaba buscando el amor hasta el día en que me di cuenta de que lo único que deseaba era huir de él.
Una vez pasado el ángel, cambia de tema:
—Mierda —exclama—, aquí las tías están buenas, debería haberme lavado los dientes antes de venir. ¡Eps! Señorita, es usted hermosa como un corazón. ¿Me permite que la desnude, por favor?
Marc Marronier es así: finge ser un degenerado bajo su trajecito de pana lisa porque le da vergüenza mostrarse tierno".

"¿Cómo he podido permitir que las apariencias dicten mi vida hasta llegar a este punto? A menudo se dice que «hay que mantener las apariencias». Yo digo que hay que asesinarlas, es el único modo de salvarse".

"Ya no sonrío. No tengo las fuerzas suficientes para hacerlo. Estoy muerto y enterrado. No tendré hijos. Los muertos no se reproducen. Soy un muerto que estrecha la mano de la gente en los cafés. Soy un muerto más bien sociable, y muy friolero. Creo que soy la persona más triste que jamás he conocido".

"Uno puede ser alto, moreno y llorar. Para madurar, basta descubrir de repente que el amor dura tres años. Es el tipo de descubrimiento que no le deseo ni a mi peor enemigo: es una manera de hablar, ya que no tengo peor enemigo".

"Un mosquito vive un día, una rosa tres días. Un gato, trece años, el amor, tres. Así son las cosas. Primero hay un año de pasión, luego un año de ternura y, finalmente, un año de aburrimiento.
El primer año, uno dice: «Si me abandonas, me MATO.»
El segundo año, uno dice: «Si me abandonas, lo pasaré muy mal pero lo superaré.»
El tercer año, uno dice: «Si me abandonas, invito a champán»".

"Repetir a menudo estas tres frases:
1) LA FELICIDAD NO EXISTE.
2) EL AMOR ES IMPOSIBLE.
3) NADA ES GRAVE.
En serio, puede parecer una estupidez, pero esta receta quizás me haya salvado la vida cuando estaba tocando fondo. Probadla en vuestra próxima depresión. Os la recomiendo".

"Los cuentos de hadas sólo existen en los cuentos de hadas. La verdad resulta más decepcionante. La verdad siempre es decepcionante, ésa es la razón por la cual todo el mundo miente".

"El divorcio nunca es fácil. ¿En qué clase de basura nos hemos convertido para creer que se trata de un acto sin gravedad?".

"El divorcio es una pérdida de la virginidad mental. A falta de esa «buena guerra» que nos mereceríamos, este tipo de desastres (como perder a tu madre o a tu padre, quedar paralítico a causa de un accidente de tráfico, perder tu casa por culpa de un despido abusivo) son los únicos acontecimientos que nos enseñan a convertirnos en hombres".

"Las únicas veces que, de ahora en adelante, coincidiréis, será en presencia de una sonriente abogada que, para más inri, tendrá el mal gusto de estar embarazada hasta las cejas. Nos daremos un beso en la mejilla como viejos amigos. Iremos a tomar un café juntos como si el mundo no acabara de venirse abajo. A nuestro alrededor, la gente seguirá viviendo. Charlaremos en un tono jocoso, y cuando nos despidamos como si nada, será para siempre. «Hasta la próxima» será la última mentira".

"En el medio en que vivo, no te haces ninguna pregunta antes de los treinta años, y cuando los cumples, ya es demasiado tarde para responderla, por supuesto.
La cosa funciona así: tienes veinte años, te diviertes un poco y, cuando te despiertas, ya tienes treinta. Se acabó: tu edad no empezará nunca más con el dígito 2. Debes resignarte a tener diez años más que hace diez años y diez kilos más que el año pasado. ¿Cuántos años te quedan? ¿Diez? ¿Veinte? ¿Treinta? La esperanza de vida media todavía te concede cuarenta y dos si eres hombre, cincuenta si eres mujer.
Pero no tiene en cuenta las enfermedades, la caída del cabello, la chochez, las manchas en las manos. Nadie se plantea estas preguntas: ¿Hemos aprovechado la vida lo suficiente? ¿Deberíamos haber vivido de un modo distinto? ¿Estamos con la persona adecuada, en el lugar adecuado? ¿Qué nos ofrece este mundo? Desde el nacimiento hasta la muerte, conectamos nuestra existencia a un piloto 
automático, y hace falta una valentía sobrehumana para cambiar de rumbo".

"A los veinte años, creía saberlo todo de la vida. A los treinta, me di cuenta de que no sabía nada. Acababa de dedicar diez años a aprender todo lo que, a partir de entonces, debería desaprender".

"Fui imprudente, fatuo, ingenuo y estúpido. Lo he pagado con creces y al contado. Me merezco la debacle que estoy viviendo. Estaba como todo el mundo, como tú, lector, convencido de ser la excepción que confirma la regla. Por supuesto, la infelicidad no iba a afectarme, conseguiría esquivarla. El fracaso es algo que sólo les ocurre a los demás. Un día, el amor se marchó y me desperté de un sobresalto. Hasta entonces, me había esforzado en interpretar el papel de marido satisfecho. Pero llevaba demasiado tiempo engañándome a mí mismo para, un día, empezar a engañar a otra persona".

"Lo único importante en el amor es: ¿a partir de cuándo empiezas a mentir? ¿Sigues estando igual de contento al regresar a casa para reencontrarte con la misma persona que te está esperando? Cuando le dices «Te quiero», ¿lo piensas de verdad?
Llegará —fatídico— el momento en que tendrás que esforzarte. En que tus «te quiero» ya no tendrán el mismo sabor. A mí, la voz de alarma me pilló en la fase de afeitado. Me afeitaba todas las noches para no pinchar a Anne al besarla por la noche.
Y, una noche —ella ya estaba durmiendo (había salido sin ella hasta el amanecer, el típico comportamiento lamentable que uno se permite con la excusa del matrimonio) —, no me afeité. Pensé que no era grave, ya que ella no iba a darse cuenta. En cambio, aquello significaba simplemente que ya no la quería".

"El amor se acaba cuando es imposible volver atrás. Así es como uno se da cuenta: el agua no volverá a pasar por debajo del puente, reina la incomprensión; uno ha roto sin siquiera darse cuenta".

"Aquella noche, en el transcurso de mi fiesta particular, un amiguete se me acercó para charlar conmigo (no recuerdo quién era, ni cuándo, ni mucho menos dónde).
—¿A qué viene esa cara? —me preguntó.
Recuerdo haberle respondido:
—A que el amor dura tres años.
Aparentemente, aquello tuvo su efecto: el tipo se esfumó. Desde entonces, recurro a esta réplica allí donde voy. En cuanto pongo cara triste y me preguntan por qué, replico de buenas a primeras:
—Porque el amor dura tres años.
A la larga, empiezo a pensar que podría ser un buen título para un libro".

"Escuchar que el amor dura tres años no es agradable; es como un truco de magia fallido, o como cuando el despertador suena a mitad de un sueño erótico. 
Pero hay que acabar con la mentira del amor eterno, sobre el que se fundamenta nuestra sociedad, artesano de la infelicidad de la gente.
Después de tres años, una pareja debe separarse, suicidarse, o tener hijos, que son las tres maneras de confirmar su final".

"Durante mucho tiempo, mi único objetivo en la vida fue autodestruirme. 
Hasta que, en una ocasión, sentí deseos de ser feliz. Es terrible, me siento avergonzado, perdonadme: un día experimenté esa vulgar tentación de ser feliz. Lo que he aprendido desde entonces es que aquél era el mejor modo de destruirme. 
En el fondo, y sin habérmelo propuesto, soy un chico coherente".

"Me equivocaba. Jean-Georges está solo en casa. Parece dispuesto a escucharme.
Me agarra por la solapa y me zarandea como un parquímetro que no imprime el tíquet después de haberse tragado la moneda de diez machacantes.
—Anoche te pregunté por qué vas por el mundo arrastrando esa jeta y me contestaste que porque el amor dura tres años. ¿Te estás cachondeando de mí o qué? ¿Crees que estás en uno de tus libros? ¡Me doy perfecta cuenta de que tu divorcio no tiene nada que ver con eso! Así que basta ya de gilipolleces, ¿vas a contarme lo queocurre de una puta vez? Si no, ¿para qué coño estoy?
Bajo la mirada para que no vea que se me está empañando. Finjo estar resfriado para poder sorberme los mocos. Farfullo:
—Eh… No, verás, no sé lo que quieres decir…
—Basta ya. ¿Quién es? ¿La conozco?
Entonces, en voz baja, hecho polvo, atrapado, acabo confesando:
—Se llama Alice".

"El amor es una catástrofe espléndida: saber que te vas a estrellar contra una pared, y acelerar a pesar de todo: correr en pos de tu propio desastre con una sonrisa en los labios; esperar con curiosidad el momento en que todo se va a ir al carajo. El amor es la única decepción programada, la única desgracia previsible que deseamos repetir".

"Un día, la desgracia se metió en mi vida y yo, como un gilipollas, no he conseguido echarla.
El amor más intenso es el amor no correspondido. Hubiera preferido no saberlo nunca, pero ésta es la verdad: no hay nada peor que amar a alguien que no te ama, y al mismo tiempo se trata de lo más hermoso que jamás me ha ocurrido. 
Amar a alguien que también te ama es narcisismo. Amar a alguien que no te ama, eso es amor. Buscaba un reto, una experiencia, una prueba que pudiera transformarme; por desgracia, mis deseos se vieron saciados más allá de mis expectativas. 
Amo a una chica que no me ama, y ya no amo a la que me ama. Utilizo a las mujeres para odiarme a mí mismo".

"La vida es una sitcom: una sucesión de escenas que se desarrollan siempre en los mismos decorados, con más o menos los mismos personajes, y de la que uno espera los siguientes capítulos con una impaciencia teñida de embrutecimiento".

"No existen amores felices.
No existen amores felices.
NO EXISTEN AMORES FELICES.
¿Cuántas veces tendré que repetírtelo antes de que te lo metas en la cabeza, idiota?".

"Cuando me encuentro con un amigo por la calle, la conversación suele desarrollarse en términos parecidos a éstos:
—¡Hola! ¿Qué tal? ¿Cómo te va?
—Mal, ¿y a ti?
—Fatal.
—Bien, pues entonces hasta pronto.
—Adiós.
O es un amigo que me cuenta un chiste:
—¿Sabes cuál es la diferencia entre el amor y el herpes?
—…
—Venga… Piensa… ¿No lo adivinas?
—…
—Con lo fácil que es: el herpes dura toda la vida.
No me río. No le veo la gracia. Debo de haber perdido el sentido del humor por el camino".

"—¿Te das cuenta, Alice? Este reloj simboliza nuestro amor.
—¿Qué estás diciendo?
—La cuenta atrás ha comenzado… Un día, te aburrirás, te hartarás de mí, me reprocharás que no haya bajado la tapa del retrete, me pasaré la noche delante de la tele hasta que termine la programación, y tú me engañarás como estás engañando a Antoine en estos momentos.
—Ya estamos otra vez… ¿Por qué te resistes a disfrutar del momento presente en lugar de angustiarte por nuestro futuro?
—Porque no tenemos futuro. Mira cómo caen los segundos, nos aproximan a la infelicidad… Sólo tenemos tres años para amarnos… Hoy todo parece maravilloso, pero, según mis cuentas, todo habrá terminado entre nosotros el… 15 de marzo de 1997.
—¿Y si te dejara ahora mismo para ganar tiempo?
—No, espera, no he dicho nada…
Fue en aquel momento cuando me di cuenta de que habría estado más guapo calladito en lugar de soltar mis teorías de pacotilla".

"—Amor mío, si un día me engañas, te prometo dos cosas: en primer lugar, me suicidaré, y luego te montaré una escena que no olvidarás fácilmente.
Así avanzábamos, pareja ilegítima, paseantes escondidos, juntos, mirándonos a los ojos, pero nunca cogidos de la mano, por si nos tropezábamos con amigos de nuestros respectivos.
Con ella descubrí la dulzura. Tomé lecciones de naturalidad, lecciones de vida.
Creo que eso fue lo que me sedujo de Alice. Con el primer matrimonio, buscas la perfección; con el segundo, buscas la verdad".

"He aquí una prueba muy sencilla para saber si estás enamorado: si al cabo de cuatro o cinco horas sin tu amante empiezas a echarla de menos, es que no estás enamorado, si lo estuvieras, diez minutos de separación habrían sido suficientes para convertir tu vida en algo rigurosamente insoportable".

"Mientras soñaba con Alice, joven pollo convencido de ser un estupendo playboy acosado por las mujeres, Anne  pensaba en mi sustituto y me ponía los cuernos alegremente apañándoselas para que todo el mundo se enterara. Aquella noche caí del guindo. Me lo había ganado a pulso. Al regresar a casa, escuché a Mozart por la radio.
La Belleza acaba en Fealdad, el destino de la Juventud es Marchitarse, la Vida sólo es un lento proceso de Putrefacción, Morimos cada Día. Menos mal que siempre nos quedará Mozart. ¿A cuánta gente habrá salvado la vida Mozart?".

"Atravieso la ciudad de parte a parte. Me acerco a espiar el edificio en el que vives con Antoine. Creía haberte seducido para divertirme, y aquí me tienes, deambulando delante de tu puerta, sin apenas poder respirar. El amor es una fuente de problemas respiratorios".

"Aparte de Alice, nada me interesa. Ella ocupa todo mi ser. Ir al cine, comer, escribir, leer, dormir, bailar el jerk, trabajar, todas estas ocupaciones que constituían mi vida de estúpido con un buen sueldo han dejado de tener ningún interés. Alice ha desteñido el universo. De repente, tengo dieciséis años. Incluso me he comprado su perfume para aspirarlo pensando en ella, pero no es lo mismo que percibir su adorable olor de piel enamorada morena indolente largas piernas arrebatadora esbeltez de pelo de lánguida sirena. Todo esto no puede concentrarse en un frasco de perfume".

"En el siglo XX, el amor es un teléfono que no suena. Tardes enteras pendiente de cada ruido en la escalera, como tantas falsas alegrías absurdas, ya que, en el último momento, has anulado la cita al mediodía con un mensaje en nuestro buzón secreto.¿Otra historia adúltera que acaba mal? Pues sí, no es demasiado original, lo siento; ¿qué quieres que haga si esto es lo más grave que me ha ocurrido? Este es el libro de un niño mimado, dedicado a todos los imprudentes que son demasiado puros para vivir felices. El libro de aquellos a los que les toca apechugar con el peor papel y a los que nadie compadece. El libro de aquellos que no deberían sufrir por una separación que ellos mismos han provocado y que, sin embargo, experimentan un dolor tanto más irreparable por cuanto saben que son los únicos culpables de haberlo provocado. Porque el amor no es únicamente: sufrir o hacer sufrir. 
También puede ser ambas cosas".

"Estar solo se ha convertido en una enfermedad vergonzosa. ¿Por qué todo el mundo huye de la soledad? Porque obliga a pensar. En nuestros días, Descartes ya no escribiría «Pienso, luego existo». Diría: «Estoy solo, luego pienso.» 
Nadie desea la soledad porque te deja demasiado tiempo para pensar. No obstante, cuanto más piensa uno, más inteligente es, o sea, más triste".

"La única buena noticia: la infelicidad adelgaza. Nadie habla de este tipo de dieta, que, sin embargo, es la más eficaz. La dieta depresiva. ¿Te sobran unos kilos?
Divórciate, enamórate de alguien que no te corresponde, vive solo y recréate en tu tristeza durante todo el día. Tu sobrecarga ponderal pronto desaparecerá, como la nieve bajo el sol. Recuperarás un cuerpo esbelto, y podrás disfrutar de él, siempre y cuando sobrevivas".

"Y luego se produjo un silencio incómodo, de circunstancias, que quise romper:
—Alice, creo que es grave…
Pero no me dejaste:
—Cállate…
Y luego te inclinaste para besarme en los labios. No era posible, ¿estaba soñando? ¿Todavía podía ocurrirme algo tan delicado?
Quise volver a hablar:
—Alice, todavía estamos a tiempo de echarnos atrás, rápido, porque después será demasiado tarde y yo voy a amarte con una fuerza tremenda, y tú no me conoces, en estos casos me convierto en una persona lamentable…
Pero esta vez es tu lengua la que me interrumpe y todos los violines de todas las más hermosas películas de amor sólo son un escupitajo de miserables chirridos comparados con la sinfonía que suena en mi cabeza.
Y si os parezco ridículo, que os den por el saco".

"—¿Tienes novio en este momento?
—No. Bueno, sí, varios. Pero ninguno serio.
—Sí, igual que yo.
—No, tú estás enamorado de Alice.
—Sí, sí, pero no es tan sencillo. Creo que mi problema es que me enamoro pero no consigo permanecer enamorado".

"—Bueno… Me voy a comprar… Hasta luego.
Le respondo:
—Y luego iremos a dar un paseo…
—A recoger un poco de romero…
—Comer en la playa…
—Comprar los periódicos…
—No hacer nada…
—O suicidarnos…
—La muerte más bonita en Formentera es caerse de la bicicleta, como la cantante Nico.
Pienso que si bromeamos sobre esta cuestión, significa que no es tan grave.
El suspense aumenta. Dentro de cuatro días hará tres años que vivo con Alice".





Frederic Beigbeder

viernes, 1 de diciembre de 2023

Citas: El patio - Rafael Nofal

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 "LA MAGA: Sos tan lindo, Miguel...A veces me dan ganas de levantarme y bailar con vos, como antes...Apretarme calladita, olerte la piel del cogote con los ojos cerrados mientras tus dedos en la espalda me van ordenando el rumbo...pero ya ves, aquí estoy en este sillón de mierda, prisionera de los años y de la grasa. Que cosa el cuerpo, ¿no? Crece, se deforma, te ata, no te deja ir aunque tengas ganas... Aunque ya no aguantes más, te sigue agarrando
Aunque ya no seas vos...Aunque sienta que ya no soy yo la que sigue sentada aquí".

"UNA MUJER: ¡Viva el Peludo Gutiérrez!
ALGUNOS: ¡Viva!
UN BORRACHO: ¡Viva don Leandro, carajo!
OTRO: ¡Viva Perón, mierda!
Todos se miran desconcertados, La Maga, sonríe. Vuelve la música tocada por el ciego. Todos bailan y juegan. Suena una sirena que marca el comienzo de un nuevo año.
UN HOMBRE: (Brindis) ¡Por la patria! Que el nuevo año nos libere de la chusma.
OTRO: ¿A qué chusma se refiere el señor? Si se puede saber.
UN BORRACHO: A la chusma de la Unión Cívica...a que otra...
OTRO: (Sacando el cuchillo) Entonces brindá con tu abuela, ¡carajo!
UNA MUJER: ¡Un momento, che! En esta casa, por lo menos hoy, no se habla de política. Vos guardá el fierro. No empecemos el año con estupideces. 

(Brinda)".

"PLÁCIDO: (Desde la entrada) Señora...permítame distraer un minuto de su amable atención...(Maga lo mira. Es un hombrecito pequeño. Pelo largo, bigotes, saco a cuadros. Porta una gran valija.) Discúlpeme...me presento: Soy Plácido Paz, poeta...¡bah! Hombre de letras en general, escribo poemas, declaraciones de amor, renuncias indeclinables, discursos políticos, cartas de despedida para amantes, gritos de Ipiranga...etc. etc. Este es mi oficio, de esto vivo y me permito molestarla para ofrecerle mis servicios a un precio totalmente accesible...claro, todo depende del tenor de la pieza literaria que usted requiera.
LA MAGA: Hijo...
PLACIDO: ¿Si...?
LA MAGA: ¿Usted sabe quien soy yo?
PLACIDO: No.
LA MAGA: ¿Usted sabe que es este lugar?
PLACIDO: No.
LA MAGA: Es un burdel...un quilombo...un puterío...Como prefieras. No sé para qué pueden ser útiles tus escritos aquí.
PLACIDO: ¡Ah! Disculpe... Es que acabo de llegar. Recién bajo del tren. Caminé un poco y como vi que había luz...".

"LA MAGA: (Mientras se levanta con gran esfuerzo, apoyada en un bastón.)
Aquella madrugada...31 de diciembre del 32 o del 34 creo que fue, todos los jazmines comenzaron a soltar su perfume al mismo tiempo...y el patio quedó para siempre así, con ese olor. Al principio las mariposas y los picaflores se confundían y venían al amanecer, aun en invierno, a posarse en las ramitas secas de las macetas. Los hombres siempre matan, con cuchillo o sin él, a las mujeres que aman y después arrastran su pena eternamente... el cuerpo se les muere pero la pena no. Bailan y bailan como encadenados a los ladrillos del patio buscando una respuesta o una señal...algo que les diga que ellos no fueron los autores de esa puñalada final, pero es inútil".

"LA MAGA: (La mira irse y con enorme dificultad saca una bolsita con tabaco y papel, para dedicarse a armar meticulosamente un cigarrillo. 
Una sombra se mueve, La Maga mira. Es la figura melancólica de Manuel Belgrano, vestido con uniforme militar, que la mira apoyado en una columna) Ah, es usted...¿Y sigue penando por aquí? ¿No le parece que ya es hora de descansar, hijo? Me extraña...Usted es un hombre instruido, ya tendría que haber entendido como es este asunto. La inmortalidad no es para todos...nos tocó a nosotros...y bueno, resignarse. A mí, debe ser por una cuestión de oficio, y a usted...bueno, debe ser porque este país, como todos, necesita héroes. Y no se aflija, que no depende de batallas ganadas o perdidas o de la cantidad de escuelas que mande a construir, es cosa del destino nomás...En fin, usted ya tiene sus toneladas de bronce, sus días de festejo, sus anécdotas inventadas, calles, plazas...y hasta 
virtudes que nunca pensó tener, supongo. Lo mío es distinto, es seguir engordando, condenada a este patio hasta el final...El destino es inexorable general, uno no puede cambiarlo, pero puede darle su toquecito personal. ¿Usted quiere ganar su batalla? Y bueno, ¡la gana y listo! ¿Qué necesita? ¿Confusión? Le mandamos un buen vendaval que espante la caballería enemiga. ¿Le parece poco? Bueno, le mandamos una manga de langostas, también. Pida, general, que mientras se pueda...¿Coraje? Bueno, no...de eso ya no creo que me pueda encargar. 
Pero no se aflija, hijo, que a veces no hace falta coraje para ganar. 
Hay batallas que se ganan solas, quédese tranquilo.
 (Termina con el cigarrillo que minuciosamente estuvo armando)".

"LA PUTA NIÑA: ¿Quiere bailar conmigo, general? Venga, sea bueno...(Lo aprieta contra su cuerpo) Esta noche toda la ciudad depende de usted, y la ciudad no quiere un general triste...(Lenta, comienza la danza al principio tímida pero lentamente se va convirtiendo en sensual, casi lasciva.) Quien diría...yo bailando con usted como las Helguera y esas otras señoronas.
Contra una columna la pareja se besa y ríe.
LA MAGA: Eso es...ríase, general. De qué sirve un general triste. Además a la batalla que ha de comenzar al alba la vamos a pelear todos, no es solo suya, general".

"LA MAGA: Cuando oscurece, la luna del patio acompaña los miedos y alumbra las preguntas. Entonces vienen todos: Los poetas, los ladrones, los arzobispos, los tontos, los héroes que no saben de alegrías...todos a sobarnos y a buscar respuestas en los huecos de la carne. Todos quieren una señal, una señal que les diga: Por aquí...por aquí es...y la señal casi nunca llega. Entonces lloran sobre las potrancas encendidas que mientras galopan escuchan las promesas de siempre...y algunas les creen...como yo, puta tonta y enamoradiza que nunca aprendió a separar el trabajo del placer. Tus promesas eran lindas, Miguel...
GARDELITO: (Sin interrumpir el baile, a su pareja.) Un reino de casas alegres, de techos bajos y una avenida de yuchanes florecidos de copos blancos.
PERCY: (A su compañera de baile.) Un país nuevo, Maga, maquinas, humo, chimeneas y la miel corriendo por las acequias.
GARDELITO: Hombres y mujeres morenas riendo bajo el sol, en calles pintadas de rojo y blanco.
PERCY: Y acero, llamas y trapiches torturando, triturando, moliendo, fabricando.
GARDELITO: Y los cuerpos sudorosos del amor, justo aquí, sobre esta tierra que ganara una batalla.
PERCY: Y gritos como vidrios, y la raza mejorada.
GARDELITO: Manos curtidas por el sol, pezones morados...
PERCY: Caminos, asfalto, taladro.
GARDELITO: Días y noches, construyendo la memoria.
PERCY: Grito y llanto, si es preciso.
GARDELITO: Con nuestros alegres muertos necesarios.
PERCY: Y corregir la batalla ganada que es batalla perdida.
GARDELITO: Ahora barro con el que levantaremos nuestra casa".

"EL CIEGO: (Gritando) ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡El que no tiene luz, ve la luz! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
LA VIRGEN: Bueno...bueno. ¿A qué se debe tanto alboroto?
UNA MUJER: Nos quieren desterrar, señora.
OTRA: Quieren demoler la casa.
EL CIEGO: Y nosotros existimos porque este lugar existe, señora.
LA VIRGEN: ¿Ustedes quieren resistir el mandato divino?
EL GENERAL: Con todo respeto, no creo que el señor mande matar la memoria, entronizar el olvido".

"LA VIRGEN: No es cosa de olvidos. Son designios del señor. A lo mejor es una cuestión de oficio, como vos decís, a lo mejor para eso estas, para guardar, para conservar...para ser la memoria.
LA MAGA: (Se revuelve indignada en su sillón) ¡Pero que memoria, ni memoria! ¡La mierda guardo yo! ¡La basura, la tristeza, la cobardía!
LA VIRGEN: Eso será lo que hay que guardar entonces.
LA MAGA: ¡No hay derecho! ¿Qué soy yo? ¿La cloaca? ¿El reservorio de la bosta? ¿El pozo ciego? ¿Qué soy yo?".

"LA MUJER: ¡Hijo de puta...son mis cartas! No tenés derecho. Te da bronca porque sos incapaz de escribir algo lindo. Jamás hubiera podido guardar una carta tuya. (Llora juntando los pedazos.) Hijo de puta.
PERCY: Celoso, el hombre.
GARDELITO: Gardelito no tiene celos. Y menos de estupideces.
PERCY: La dama no cree que sean estupideces.
GARDELITO: No es ninguna dama, es la mina de Gardelito, y la mina de Gardelito no tiene por qué andar con cartitas de otro.
PERCY: Me llamo Percy Hill, no “otro”.
GARDELITO: (Sacando el cuchillo.) ¡Me importa un carajo como se llame!
PERCY: Guarde el arma que hay cosas que no se resuelven a puñaladas.
GARDELITO: Te acobardaste, maricón.
PERCY: (Saca un revolver.) No crea, don.
GARDELITO: Arma de fuego, arma de cagones.
PERCY: El cuchillo es para carnear vacas.
GARDELITO: ¡Vaca será tu madre!".

"GARDELITO: No grite. Usted bien sabe que si alguien le falta, aquí estoy para defenderla. El fierro esta para eso.
LA MUJER: Todo se derrumba, Miguel.
PERCY: Quizás no haya más remedio que aceptar la realidad...y nosotros estamos fuera de ella. No somos más que humo. Quizás está llegando el viento que viene a dispersarnos.
LA MUJER: No. A mí no me van a arrear con el poncho. (Junta las cosas y las va guardando en el baúl.) Mis cosas son mis cosas y mi lugar es mi lugar. Yo voy a defenderme".

"PERCY: Somos humo, y el humo se esparce en el aire...Hay que aceptarlo".

"PLACIDO: (Un tanto sorprendido por el efecto logrado.) 
¡Amigos...queridos amigos! Hace años que vagamos entre estas paredes, tantos que algunos de nosotros somos solo tenues, borrosas sombras. Pero aquí estamos, resistiendo. Quizás impúdicamente mezclados los transparentes, los borrosos, con los que aún tienen alguna consistencia, pero estamos. Propongo dejar testimonio de nuestra existencia. Propongo escribir cartas que serán como botellas al mar, cartas que alguien, alguna vez...
GARDELITO: (Lo baja de la solapa, cuchillo en mano.) ¡Así que vos también sos de las cartitas! Escribir...Te voy a escribir mis iniciales en la cara para que se te vaya la costumbre de mandarle cartitas a la mujer del prójimo".

"UN MUCHACHO: Yo no quiero una batalla más, pero si hay que pelear, se pelea. Yo quería ser el recuerdo de otros, quería existir en otros sitios, pero me fui borrando. Estuve durante un tiempo en los sueños de mi madre. También vagué por una plaza donde solía encontrarme con mi novia...pero me fui borrando, esfumando. Ahora solo soy aquí, donde un gesto de la vieja Maga me hizo quedar...en este patio. (Pausa) Que sea hasta que ella quiera. Que no venga cualquiera a derrumbar estas paredes y empujarnos al olvido. ¡Si hay que poner el pecho se pone!
LA MUJER: (Lo besa) ¡ Mi muchacho...!
PERCY: Lo que tenga que ser, será. Hay cosas contra las que no se puede luchar. Para que lo nuevo venga, lo viejo tiene que morir. ¿Qué cobijan estos muros? Mírense. ¿Qué son...? ¿Qué somos? Sombras. Hilachas de sueños que no se cumplieron. Miserias que la historia esconde. ¿Por qué creen que estamos todos juntos aquí? ¿Por qué existimos aquí, absurdamente mezclados, solo retenidos por algún insignificante gesto que nadie recuerda...? O lo que es peor, por la resistencia al olvido que tienen nuestros fracasos.
PLACIDO: Quizás solo eso justificó nuestra existencia, don. El pequeño gesto que ya nadie recuerda o el fracaso que ocultamos a todos, pero que aquí sobrevive.
UNA MUJER: Y por eso hay que bailar...porqué en esta tierra de olvidos, seguimos resistiendo...¡Vamos...a bailar, que no nos gane la tristeza!".







Rafael Nofal