domingo, 5 de febrero de 2023

Citas: Escribir - Marguerite Duras

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 Escribir


"Se está solo en una casa. Y no fuera, sino dentro. En el jardín hay pájaros, gatos. Pero, también, en una ocasión, una ardilla, un hurón. En un jardín no se está solo. Pero, en una casa, se está tan solo que a veces se está perdido".

"Y que sólo estoy sola en esa casa. Para escribir. Para escribir no como lo había hecho hasta entonces. Sino para escribir libros que yo aún desconocía y que nadie había planeado nunca".

"Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir".

"Mi habitación no es una cama, ni aquí, ni en París, ni en Trouville. Es una ventana determinada, una mesa determinada, ritos de tinta negra, huellas de tinta negra inencontrables, es una silla determinada".

"La soledad no se encuentra, se hace. La soledad se hace sola".

"Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total y descubrir que sólo la escritura te salvará".

"No tener ningún argumento para el libro, ninguna idea de libro es encontrarse, volver a encontrarse, delante de un libro. Una inmensidad vacía".

"Cuando me acostaba, me tapaba la cara. Tenía miedo de mí. No sé cómo no sé por qué. Y por eso bebía alcohol antes de dormir. Para olvidarme, a mí".

"La soledad alcohólica es angustiosa. El corazón, sí. De repente late muy deprisa".

"Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido.
Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo".

"La muerte de una mosca: es la muerte. Es la muerte en marcha hacia un determinado fin del mundo, que alarga el instante del sueño postrero. Vemos morir a un perro, vemos morir a un caballo, y decimos algo, por ejemplo, pobre animal… Pero por el hecho de que muera una mosca, no decimos nada, no damos constancia, nada".

"La muerte de cualquiera es la muerte entera".

Roma

"El hombre le habla tímidamente:
—¿La molesto?
La mujer sonríe levemente, no contesta.
—Soy cliente del hotel. Cada día la veo cruzar el vestíbulo y sentarse ahí.
(Pausa.) A veces usted se duerme. Y yo la miro. Y usted lo sabe.
Silencio. Ella lo mira. Se miran. Ella calla".









Marguerite Duras

sábado, 4 de febrero de 2023

Citas: El acontecimiento - Annie Ernaux

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 "Me venía una y otra vez a la cabeza la misma escena borrosa de aquel sábado y de aquel domingo de julio: los movimientos del amor, la eyaculación. Debido a esa escena, olvidada durante meses, me encontraba ahora ahí. El abrazo y los movimientos de los cuerpos desnudos me parecían una danza mortal".


"Nada más bajarme de la camilla, con mi gran jersey cubriéndome los muslos, el ginecólogo me dijo que seguramente estaba embarazada. Lo que yo creía que era una enfermedad de estómago eran náuseas. Me prescribió unas inyecciones para que me bajara la regla, pero me pareció que ni él mismo estaba seguro de que fueran a hacer efecto. Ya en el umbral de la puerta, me dijo sonriendo jovialmente: «Los hijos del amor son siempre los más guapos». Me pareció una frase espantosa".

"Volví andando a la residencia. En la agenda aparece escrito: «Estoy embarazada. Es horrible»".

"Escribí a P. para decirle que estaba embarazada y que no quería tener el niño.
Nos habíamos separado sin saber si continuaríamos o no nuestra relación, y la idea de que la noticia fuera a turbar su despreocupación me complacía mucho, aunque no me hacía ninguna ilusión por el profundo alivio que le produciría mi decisión de abortar.

Una semana después, Kennedy moría asesinado en Dallas. Pero ese tipo de cosas ya no podía interesarme".

"Una noche soñé que tenía en las manos un libro que había escrito sobre mi aborto, pero era un libro que no se podía encontrar en ninguna librería y que no aparecía mencionado en ningún catálogo. En la parte inferior de la tapa estaba escrita con grandes letras la palabra AGOTADO. No sabía si el sueño significaba que debía escribir el libro o que era inútil hacerlo".

"Asistía a clases de literatura y de sociología, iba al comedor universitario y tomaba cafés al mediodía y por la noche en la Faluche, el bar reservado para los estudiantes, pero ya no vivía en el mismo mundo. A un lado estaban las otras chicas, con sus vientres vacíos, y al otro me encontraba yo".

"El año anterior, una joven divorciada me había contado que un médico de Estrasburgo la había ayudado a abortar. No me dio ningún detalle, solo me dijo que le había dolido tanto que había tenido que agarrarse al lavabo. Yo también estaba dispuesta a agarrarme al lavabo. No se me ocurría que pudiera llegar a morir".

"Deseaba permanecer en primera fila y no perderse la continuación de la historia. O sea, que quería verlo todo sin tener que pagar nada: me había advertido que, como miembro de una asociación que defendía la maternidad deseada, «moralmente» no podía prestarme dinero para abortar de forma clandestina. (Aparece escrito en mi agenda: «Comida con T en el muelle. Los problemas se acumulan»)".

"Una tarde salí de la residencia decidida a encontrar un médico que aceptara ayudarme a abortar. Ese ser tenía que existir en algún lugar. Ruan se había convertido en un bosque de piedras grises. Escrutaba las placas doradas y me preguntaba quién se encontraría detrás".

"Caminaba con el estribillo de una canción que estaba muy de moda entonces y que no se me iba de la cabeza: «Dominique nique nique». La cantaba una monja dominica, sor Sonrisa, acompañándose de la guitarra. La letra era edificante e ingenua —sor Sonrisa no conocía el significado de niquer (joder)—, pero la música era alegre y saltarina. Me animaba mientras buscaba. Llegué a la Place Saint-Marc: los puestos del mercado estaban recogidos. Vi el almacén de muebles Froger, al que, de niña, había ido con mi madre para comprar un armario. Había dejado de mirar las placas de las puertas, ahora vagabundeaba sin rumbo.
(Hace unos diez años leí en Le Monde que sor Sonrisa se había suicidado. El periódico contaba que, después del enorme éxito de Dominique, había conocido toda suerte de sinsabores dentro de su orden religiosa. Colgó los hábitos y se fue a vivir con una mujer. Poco a poco había dejado de cantar y había ido cayendo en el olvido. Acabó dándose a la bebida. Ese resumen de su vida me turbó. Me pareció que aquella mujer que había roto con la sociedad, que había colgado los hábitos, aquella mujer más o menos lesbiana y alcohólica, que no sabía qué sería de ella, fue la que me acompañó por Martainville cuando yo me encontraba sola y perdida. Habíamos estado unidas por el mismo desamparo, aunque desfasado en el tiempo. Y aquella tarde yo había sacado fuerzas para vivir de la canción de una mujer que más tarde no podría ni con su propia vida".

"Esos nombres y rostros me dan la clave de mi desasosiego: en relación con ellos, me había convertido interiormente en una delincuente.
Me prohíbo escribir aquí sus nombres, porque no son personajes ficticios, sino seres reales. Sin embargo, no consigo imaginármelos existiendo en algún lugar. En cierta medida, probablemente tengo razón: ahora su forma de vivir —sus cuerpos, sus ideas, sus cuentas bancarias— es completamente diferente a como vivíamos en los años sesenta, la que tengo ante mis ojos mientras escribo".

"Tenía la impresión de que en mi vida no había cambiado nada.
En mi diario aparece: «para mí, el hecho de estar embarazada es algo abstracto», «Sin embargo, me toco el vientre y está aquí. No es algo imaginario".

"Me preguntó cuándo había tenido por última vez la regla. Le respondí que hacía tres meses. Me dijo que era un buen momento para hacerlo. Me pidió que me desabrochara el abrigo. Me palpó el vientre con las dos manos por debajo de la falda y exclamó con una especie de satisfacción: «¡Tiene usted una buena tripa!». Cuando le hablé de mis esfuerzos en la nieve para perder al niño, me contestó encogiéndose de hombros: «¡Así lo único que ha conseguido es que se haga más fuerte todavía!». Hablaba del feto como si este fuera una bestia maligna".

"Pero no hace falta pensar en las cosas para que las tengamos a nuestro alrededor; quizá fuera el hecho de saber que el curso de la vida continuaba como antes para la mayoría de la gente lo que me hacía repetirme para mis adentros: «¿Qué estoy haciendo aquí?».
He llegado a la escena de la habitación. Excede a cualquier tipo de análisis. Lo único que puedo hacer es sumergirme en ella. Tengo la sensación de que la mujer que se afana entre mis piernas, que me introduce el espéculo, está haciéndome renacer".

"No me sentía diferente a las mujeres de la sala de al lado. Me parecía incluso que sabía más que ellas. En los servicios de la residencia universitaria había traído al mundo una vida y una muerte al mismo tiempo. Por primera vez me sentí atrapada en una cadena de mujeres por la que pasaban las generaciones. Fueron unos días grises e invernales. Yo flotaba rodeada de luz en medio del mundo".

"Me he quitado de encima la única culpabilidad que he sentido en mi vida a propósito de este acontecimiento: el haberlo vivido y no haber hecho nada con él. Como si hubiera recibido un don y lo hubiera dilapidado. Porque por encima de todas las razones sociales y psicológicas que pueda encontrar a lo que viví, hay una de la cual estoy totalmente segura: esas cosas me ocurrieron para que diera cuenta de ellas. Y quizás el verdadero objetivo de mi vida sea este: que mi cuerpo, mis sensaciones y mis pensamientos se conviertan en escritura, es decir, en algo inteligible y general, y que mi existencia pase a disolverse completamente en la cabeza y en la vida de los otros".







Annie Ernaux

viernes, 3 de febrero de 2023

Citas: Cartas a un amigo alemán - Albert Camus

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 "Y me gustaría poder amar a mi país sin dejar de amar la justicia. No deseo para él cualquier tipo de grandeza, y menos todavía la de la sangre y la mentira. Quiero que la justicia viva con él y le dé vida». «Pues no ama usted a su país», me contestó usted".

"Hace de eso cinco años, estamos separados desde entonces y puedo decir que no ha pasado un solo día en estos largos años (¡tan breves y fulgurantes para usted!) en que no me haya venido esa frase a la mente. «¡No ama usted a su país!». Cuando pienso hoy en esas palabras, se me hace un nudo en la garganta. No, no lo amaba, si no amar es denunciar lo que no es justo en lo que amamos, si no amar es exigir que el ser amado y la más hermosa imagen que de él nos forjamos coincidan".

"Nos veremos pronto si es posible. Pero para entonces, se habrá roto nuestra amistad".

"Soy su enemigo, cierto, pero sigo siendo un poco su amigo puesto que le hago partícipe de lo que pienso".

"Lo que su victoria no haya podido mermar, lo consumará su derrota".

"Porque venceremos, eso a usted le consta. Pero venceremos gracias a esa misma derrota, a ese largo tránsito que nos ha permitido dar con nuestras razones, a ese sufrimiento cuya injusticia hemos padecido y cuya lección hemos extraído. De él hemos aprendido el secreto de toda victoria y, si no lo perdemos algún día, conoceremos la victoria definitiva".

"Hemos aprendido que, en contra de lo que a veces pensábamos, el espíritu nada puede contra la espada, pero que el espíritu unido a la espada vencerá eternamente a ésta utilizada por sí sola".

"Jamás he creído en el poder de la verdad por sí misma. Pero ya es mucho que, a igual energía, la verdad triunfe sobre la mentira".

"Desde hace tres años, han sumido ustedes en la noche nuestras ciudades y nuestros corazones. Desde hace tres años, perseguimos entre tinieblas el pensamiento que, hoy, se alza en armas contra ustedes".

"«¿Qué es la verdad?», decía usted. Sin duda, pero al menos sabemos lo que es la mentira: es precisamente lo que nos han enseñado ustedes. ¿Qué es el espíritu? Conocemos lo contrario, que es el asesinato. ¿Qué es el hombre? Pero ahí, alto, porque lo sabemos. El hombre es esa fuerza que acaba siempre expulsando a los tiranos y a los dioses. Es la fuerza de la evidencia. La evidencia humana es lo que debemos preservar y nuestra certeza reside ahora en que su destino y el de nuestro país van unidos".

"Esa desesperante esperanza es la que nos sostiene en los momentos difíciles: nuestros compañeros serán más pacientes que los verdugos y más numerosos que las balas".

"Las palabras adquieren siempre el color de los actos o de los sacrificios que suscitan. Y la palabra patria adquiere entre ustedes reflejos sangrientos y ciegos, que me la harán siempre ajena, en tanto que nosotros hemos puesto en la misma palabra la llama de una inteligencia en la que el valor es más difícil, pero en la que el hombre sale ganando. Como habrá comprendido ya, mi lenguaje, en realidad, no ha cambiado".

"Las armas de que dispone el espíritu europeo contra ustedes son las mismas que ostenta esta tierra en su eterno renacer de cosechas y corolas. La lucha que mantenemos posee la certeza de la victoria porque tiene la obstinación de las primaveras".

"Se lo digo una vez más, porque debo decírselo, se lo digo porque es la verdad y porque ésta le enseñará el camino que mi país y yo hemos recorrido desde los tiempos de nuestra amistad: poseemos desde ahora una superioridad que les matará.

Abril de 1944".

"Queremos destruir el poder de ustedes sin mutilar su alma".




Albert Camus

jueves, 2 de febrero de 2023

Citas: La ley del menor - Ian McEwan

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 "—¿No es cierto que si accediera a recibir una transfusión sería excomulgado, como dicen ustedes? ¿Expulsado de la comunidad, en otras palabras?

—Desasociado. Pero eso no va a ocurrir. No va a cambiar de opinión.
—Técnicamente, señor Henry, es todavía un niño a su cargo. Por eso quiero que usted cambie de idea. Su hijo tiene miedo de que le rehúyan, ¿no es la palabra que emplean? De que le rechacen por no hacer lo que usted y los ancianos quieren. El único mundo que conoce le daría la espalda por preferir la vida a una muerte terrible.
¿Es eso una elección libre para un chico joven?
Kevin Henry hizo una pausa para reflexionar. Miró por primera vez a su mujer.
—Si usted pasara cinco minutos con él se daría cuenta de que sabe lo que se hace y es capaz de tomar una decisión conforme con su fe.
—Yo prefiero pensar que encontraría a un chico aterrado y gravemente enfermo que quiere con toda su alma la aprobación de sus padres. Señor Henry, ¿le ha dicho a Adam que es libre de recibir una transfusión si lo desea? ¿Y que seguiría queriéndole?
—Le he dicho que le quiero.
—¿Sólo eso?
—Es suficiente".

"—¿Qué hay de la transfusión?
El buen humor se desvaneció. La enfermera caribeña dijo:
—Rezo por él todos los días. Le digo a Adam: «Dios no necesita que hagas esto, cariño. Te quiere de todos modos. Dios quiere que vivas».
Su amiga dijo tristemente:
—Lo tiene decidido. No hay más remedio que admirarle. Porque vive de acuerdo con sus principios.
—¡Porque muere, querrás decir! No sabe nada. Es un cachorrito confuso.
—¿Qué responde cuando le dice que Dios quiere que viva? —preguntó Fiona.
—Nada. Como si pensara: ¿por qué voy a hacerte caso a ti?".

"El chico tenía una cara larga y flaca, macabramente pálida, pero hermosa, con medias lunas de moretones violáceos, que delicadamente se desvanecían hacia el blanco por debajo de los ojos, y unos labios llenos que a la luz intensa también se veían algo morados. Los ojos, enormes, parecían de una tonalidad violeta. Tenía una peca en lo alto de una mejilla, de un aspecto tan artificial como un lunar pintado. Era de constitución frágil, los brazos le sobresalían como palos de la bata hospitalaria.
Hablaba jadeando, con seriedad, y en aquellos primeros segundos Fiona no entendió nada de lo que decía. Luego, cuando la puerta giró hasta cerrarse tras ella con un suspiro neumático, captó que le estaba diciendo que era muy extraño, que había sabido en todo momento que ella le visitaría, que creía tener ese don, esa intuición del futuro, que había leído en los estudios religiosos de la escuela un poema que decía que el futuro, el presente y el pasado eran todo uno, y esto también lo decía la Biblia.
Su profesor de química decía que la relatividad demostraba que el tiempo era una ilusión. Y si Dios, la poesía y la ciencia decían lo mismo, tenía que ser verdad, ¿no le parecía a ella?".

"—¿Piensas que tienes que sufrir para ser un buen poeta?
—Creo que todos los grandes poetas tienen que sufrir.
—Ya veo".

"Se sabía de memoria las palabras de añoranza del poeta… Pero yo era joven e insensato… Escuchar a Adam le produjo tanta emoción como desconcierto. Aprender a tocar el violín, o cualquier otro instrumento, era un acto de esperanza, implicaba un futuro".

"Mis noticias: grandes peleas con mis padres, fantástico haber vuelto al colegio, me siento mejor, estoy contento y después triste y luego otra vez contento. A veces la idea de tener dentro sangre de un desconocido me produce náuseas, como beber la saliva de alguien. O algo peor. No puedo evitar pensar que las transfusiones son malas, pero ya me da igual".

"Cuando les dejó solos ella dijo:
—¿No te parece que debería preocuparme por el hecho de que me hayas seguido hasta mi casa y luego hasta aquí?
—¡Oh, no! Por favor, no piense eso. No debe preocuparse. —Hizo un movimiento de impaciencia alrededor, como si en algún lugar de la biblioteca hubiera una explicación escrita—. Oiga, usted me salvó la vida. Y no sólo eso. Mi padre intentó escondérmela, pero leí la sentencia. Decía que quería protegerme de mi religión. Pues lo ha hecho. ¡Estoy salvado!
Se rió de su propia broma y ella dijo:
—No te salvé para que me persiguieras por todo el país".

"—Adam, te lo pregunto otra vez. ¿Por qué has venido?
—Para darle las gracias.
—Hay maneras más sencillas.
Él suspiró de impaciencia mientras se guardaba en el bolsillo la tira de tela. Por un momento ella creyó que se disponía a marcharse.
—Su visita fue una de las mejores cosas que me han sucedido en la vida —dijo, y después, rápidamente—: La religión de mis padres era un veneno y usted fue el antídoto".

"—¿Y qué es eso que se supone que tengo?
Lo dijo con gravedad, sin permitirse ni un asomo de ironía.
La pregunta no incomodó a Adam.
—Cuando vi a mis padres llorando de aquel modo, llorando a lágrima viva, llorando y gritando de alegría, todo se vino abajo. Pero ahí está el quid. La caída reveló la verdad. ¡Claro que no querían que muriera! Me quieren. ¿Por qué no me decían eso, en vez de hablar de los gozos del cielo? Entonces lo vi como un ser humano normal. Normal y bueno. No se trataba de Dios en absoluto. Aquello era una estupidez. Fue como si un adulto hubiera entrado en una habitación llena de niños que se están amargando la vida y hubiera dicho: Eh, basta de tonterías, ¡es la hora del té! Usted fue la adulta. Lo sabía todo pero no lo dijo. Se limitó a hacer preguntas y a escuchar. Toda la vida y el amor que tiene por delante: lo escribió usted. Eso es lo que usted tiene. Y mi revelación. Desde «Salley Gardens» en adelante".

"El chico empezó a decir:
—Pero si ni siquiera hemos…
Fiona levantó una mano para instarle al silencio.
—Tienes que irte.
Suavemente, aferró entre los dedos la solapa de la fina chaqueta de Adam y lo atrajo hacia ella. Su intención era besarle en la mejilla, pero cuando ella se aupó y él se agachó un poco y se acercaron sus caras, él giró la cabeza y sus labios se juntaron.
Ella podría haber retrocedido, podría haberse apartado inmediatamente. Pero se entretuvo, indefensa ante la situación. La sensación de una piel sobre la otra no daba ninguna posibilidad de elegir. Si era posible besar castamente de lleno en los labios, fue lo que ella hizo. Un contacto fugaz, pero fue algo más que la idea de un beso, más de lo que una madre podría dar a su hijo adulto. Durante dos segundos, quizá tres. Tiempo suficiente para percibir en la suavidad de sus labios todos los años, toda la vida que la separaba de él. Al despegarse, una ligera adhesión de la piel podría haberlos fundido de nuevo. Pero unos pasos se aproximaban por la grava y los escalones de piedra. Fiona le soltó la solapa y repitió:
—Tienes que irte".








Ian McEwan

miércoles, 1 de febrero de 2023

Citas: Pura pasion - Annie Ernaux

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 "A partir del mes de septiembre del año pasado, lo único que hice fue esperar a un hombre: que me llamara y que viniera a verme. Iba al supermercado, al cine, llevaba la ropa a la lavandería, leía, corregía exámenes, actuaba exactamente igual que antes, pero de no tener un dilatado hábito de este tipo de actos, me habría resultado imposible, salvo a costa de un esfuerzo aterrador. Sobre todo al hablar es cuando tenía la impresión de vivir llevada por mi impulso. Las palabras y las frases, hasta la risa, se formaban en mis labios sin la intervención real de la reflexión o la voluntad".


"Cuando sonaba, me consumía en una esperanza que a menudo duraba poco más que el tiempo de descolgar lentamente el auricular y decir «diga». Al descubrir que no era él, me embargaba tal decepción que cogía manía a la persona que estaba al otro lado de la línea. Pero cuando oía la voz de A., mi espera indefinida, dolorosa, celosa evidentemente, se esfumaba tan deprisa que tenía la impresión de haber estado loca y de recuperar repentinamente la normalidad. En el fondo, me asombraba la insignificancia de aquella voz y la importancia desmedida que revestía en mi vida".

"Ya no sabía a quién esperaba. Me encontraba absorbida tan solo por aquel instante cuya aproximación siempre me ha llenado de un terror indecible en el que oiría el frenazo del coche, el chasquido de la puerta, sus pasos en el vestíbulo de hormigón".

"Cuando me dirigía a la cocina a bus car cubitos de hielo, levantaba la mirada hacia el reloj de pared colgado encima de la puerta, «solo quedan dos horas», «una hora», o «dentro de una hora yo estaré aquí y él se habrá marchado de nuevo».
Me preguntaba con asombro: «¿Dónde está el presente?»".

"Antes de irse, se volvía a vestir con calma. Yo le miraba abrocharse la camisa, ponerse los calcetines, los calzoncillos, el pantalón, girar se hacia el espejo para hacerse el nudo de la corbata. En cuanto se hubiera puesto la americana, todo se habría acabado. Yo no era más que tiempo que pasaba a través de mí".

"No estoy relatando una relación, no estoy contando una historia (que solo capto a medias) con una cronología precisa, «vino el 11 de noviembre», o aproximada, «transcurrieron unas semanas». Para mí no había cronología en esta relación, solo conocía la presencia o la ausencia".

"En mis sueños también aparecía este deseo de un tiempo reversible. Hablaba y discutía con mi madre (fallecida), viva de nuevo, pero en mi sueño yo sabía —y ella también— que había estado muerta. Eso no revestía ningún carácter extraordinario; tenía la muerte a sus espaldas, como una «tarea cumplida», eso era todo".

"El tiempo de la escritura nada tiene que ver con el de la pasión.
Sin embargo, decidí ponerme a escribir para permanecer en aquel tiempo en el que todo tendía hacia lo mismo, desde la elección de una película a la de un pintalabios, hacia alguien. El pretérito imperfecto que he utilizado de manera espontánea desde las primeras líneas corresponde a un tiempo que yo no deseaba que acabara, el de «en aquel entonces la vida era más hermosa», el de una repetición eterna".

"En el túnel de la Défense, de regreso, pensé: «¿Dónde está mi historia?». Y luego: «Ya no espero nada»".

"Se marchó de nuevo al cabo de tres días sin que nos viéramos otra vez. Justo antes de partir, me dijo por teléfono: «Te llamaré». No sé si eso significa que me telefoneará desde su país, o desde París, cuando tenga la oportunidad de volver. No se lo pregunté.
Tengo la impresión de que este regreso no ha ocurrido. No está en ningún sitio en el tiempo de nuestra historia, es sólo una fecha, el 20 de enero. El hombre que regresó aquella noche tampoco es el que llevé dentro de mí durante el año que estuvo aquí, ni después, cuando escribía. Jamás volveré a ver a ese hombre".

"El me había dicho: «No escribas un libro sobre mí». Pero no he escrito un libro sobre él, ni siquiera sobre mí. Me he limitado a expresar con palabras —que sin duda él no leerá, ni le están dirigidas— lo que su existencia, por sí sola, me ha dado. Una especie de don devuelto".








Annie Ernaux

domingo, 1 de enero de 2023

Libros leídos en el 2022

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  Enero:
- Caín - José Saramago
- Mendel, el de los libros - Stefan Zweig
- El informe de Brodie - Jorge Luis Borges
- Señoras ilustres que se empotraron hace mucho - Cristina Domenech
- There Will Come a Time - Carrie Arcos
- Serei sempre o teu abrigo - Valter Hugo Mãe
- Los desmaravilladores - Elsa Bornemann
- Equipaje ancentral - Favio Anselmo Lucero
- Hombres a los que besé - Chris Pueyo
- Heartstopper #2 - Alice Oseman 
- Heartstopper #3 - Alice Oseman 
- Heartstopper #4 - Alice Oseman 
- Collage - María Sol Obes
- Corona de amor y muerte - Alejandro Casona

Febrero:
- María de los Buenos Ayres - María Sol Obes
- Los dolores del mundo - Arthur Schopenhauer
- Un cuarto propio - Virginia Woolf
- El lector - Bernhard Schlink
- Triunfa con tu libro - Alejandra Abraham
- El árbol de las brujas - Ray Bradbury
- Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores - Federico García Lorca
- La jaula del Fénix - Alejandra Abraham
- Eu Sobrevivi ao Holocausto - Nanette Blitz Konig
- Nacimiento del día - Arturo Alvarez Sosa
- El Martín Fierro - Jorge Luis Borges
- Los Románticos Ingleses - Varios autores
- La villa vil - Lemony Snicket 

Marzo:
- El exorcista - William Peter Blatty
- El hospital hostil - Lemony Snicket
- Poesía desacertada para un mundo incierto - Pepe Cantalejo
- Cuentos que no son cuentos - Silvia Iglesias
- H. P. Lovecraft: contra el mundo - Michel Houellebecq
- ¿Éste es Kafka? - Reiner Stach
- Ciencia entre dos mundos y un especia peligroso - Silvia Iglesias
- Aforismos - Franz Kafka
- Laberinto - Silvia Iglesias
- Fragmentos de vida - David Coloma García
- Jota: Un largo día - Pepe Cantalejo
- La extraña desaparición de Esme Lennox - Maggie O´farrell
- Edgar Poe y sus obras - Julio Verne
- Cuerpos rotos - Deesiré Romay
- Jota: Melodía homicida - Pepe Cantalejo
- Las memorias de John Edward: Sombras recurrentes - P. A. A. Noguera

Abril:
- Háblame de ti: Carta a Matilda - Andrea Camilleri 
- Tercera residencia - Pablo Neruda
- El hombre semen - Violette Ailhaud
- Carta a un rehén - Antoine de Sainte-Exupéry
- El terror de la literatura - H. P. Lovecraft
- Portugués para Dummies - Karen Keller
- La hermana menor: Un retrato de Silvina Ocampo - Mariana Enríquez
- Antología helada - Alejandra Abraham
- Los otros - Alejandro Amenábar

Mayo:
- Vaqueros y trenzas - Alma Maritano
- Las lunas de Juan Luna - Susana López de Gomera
- El visitante - Alma Maritano
- En el sur - Alma Maritano
- Cruzar la calle - Alma Maritano
- Cuentos para Verónica - Poldy Bird
- Malditos corruptos asesinos - Angel Di Cosimo
- Encuéntrame - André Aciman 
- Siete plantas - Dino Buzzati

Junio:
- Cadáver exquisito - Agustina Bazterrica
- PopApocalipsis - Lautaro Vincon
- Solstício - D. D. Maio
- El aro - Kōji Suzuki
- The complete Persopolis -  Marjane Satrapi
- Dónde termina el arco iris - Cecelia Ahern
- Diálogos - Federico García Lorca
- Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín - Federico García Lorca
- Viaje A La Luna: Guión Cinematográfico - Federico García Lorca
- El público - Federico García Lorca
- Invierno: Poesía - Ruhiz Pedregosa
- Espectadora del caribe y otros cuentos - Ruhiz Pedregosa
- Gabo y Mercedes: Una despedida - Rodrigo García
- Amor y amistad - Jane Austen

Julio:
- Poemas en prosa  - Oscar Wilde
- La primera vez que vi un fantasma - Solange Rodríguez Pappe
- Ana de las tejas verdes - L.M. Montgomery
- Ana la de Avonlea - L.M. Montgomery
- Ana la de la isla - L.M. Montgomery
- Marilyn confidencial - Lena Pepitone
- El niño con el pijama de rayas - John Boyne
- Carta al padre - Franz Kafka
- Arthur Rimbaud: Esbozo Biográfico - Ramón Buenaventura
- El Castillo de San Severino - Martin Iguaran
- Love story - Erich Segal
- Diarios - Alejandra Pizarnik

Agosto:
- Poesías en Umbría: Amor, Horror, Lujuria - Cristian Camilo Bolívar Arévalo
- Los Registros de un Arlequín: Almas y Regresiones - Cristian Camilo Bolívar Arévalo
- I'm Glad My Mom Died - Jeannette McCurdy
- 1984 - George Orwell
- Reencuentro - Fred Uhlman
- Una alma valerosa - Fred Uhlman
- El retorno - Fred Uhlman
- Tras los pasos de Jane Austen - Espido Freire
- Entre Engaños e Instintos: La esperanza de un nuevo amanecer - Cristian Camilo Bolívar Arévalo
- Una vida sin salud mental - Alba González
- El Artífice de las Letras: Las profecías de la pluma y los manuscritos - Cristian Camilo Bolívar Arévalo
- Babe: El cerdito valiente - Dick King-Smith
- Cartas a un amigo alemán - Albert Camus

Septiembre:
- La muerte feliz - Albert Camus
- Periodista Paranormal - Alejandra Abraham 
- Las voces del silencio - Alejandra Abraham 
- Flechas desobedientes - Mu Giordarotti 
- Ajedrez para Dummies - James Eade
- La ley del menor - Ian McEwan 
- Uno siempre cambia al amor de su vida - Amalia Andrade Arango
- Cinco espinas tiene la rosa - Alejandra Abraham
- La reina Victoria - Lytton Strachey
- Un reino silencioso - Philip Am
- Consecuencias de decir te quiero - Manu Erena
- El malentendido - Albert Camus
- Rota, se camina igual - Lorena Pronsky
- Conociendo a la chica Murakami - Macarena Gallego
- Van Goth: la vida - Steven Naifeh
- El color que cayó del cielo - H.P. Lovecraft
- Primera persona del singular - Haruki Murakami
- La paciente silenciosa - Alex Michaelides
- Breviario de la dignidad humana - Albert Camus
- Uno se quedó atrás - Marjorie Bowen
- El hombre ilustrado - Ray Bradbury

Octubre:
- La isla prohibida - Fiona Kelly
- Al filo de la medianoche - Fiona Kelly
- Lo que esconde la sangre - Carolina McLeod
- El lugar más secreto de mi alma - Sarah Robinson 
- El fantasma de la Ópera - Gastón Leroux
- El exilio de Rosamunde - Antonio Bustamente Ramírez
- Pura pasión - Annie Ernaux
- El acontecimiento - Annie Ernaux
- Sobre el amor y la muerte - Patrick Süskind
- Fausto - Johann Wolfgang von Goethe
- El tiempo de las moscas - Claudia Piñeiro
- La vergüenza - Annie Ernaux
- Escribir - Marguerite Duras
- El médico a palos - Moliére
- El burgués gentilhombre - Moliére
- Lo que dijo Harriet - Beryl Bainbridge
- Cuadernos en octava - Franz Kafka
- Los dibujos - Franz Kafka y Andreas Kilcher
- La ridícula idea de no volver a verte - Rosa Montero
- Hombres y engranajes - Ernesto Sábato

Noviembre:
- Rebelión de granja - George Orwell
- Niebla - Miguel de Unamuno
- La reliquia encantada - Vanesa Hita Mejías
- La novia de Sandro - Camila Sosa Villada
- Nunca me abandones - Kazuo Ishiguro
- Un gato callejero llamado Bob - James Bowen
- El mundo según Bob - James Bowen 
- El visionario - Julien Green
- El retrato de Dorian Gray - Oscar Wilde
- Dioses enjaulados - G. Bruno
- El tercer paraíso - Cristian Alarcón 

Diciembre:
- El matadero - Esteban Echevarría
- Peter Pan y Wendy - J. M. Barrie
- Peter Pan en los jardines de Kensington - J. M. Barrie
- Mi querida bicicleta - Miguel Delibes
- El chico que dibujaba constelaciones - Alice Kellen
- Nacido en un día azul - Daniel Tammet
- Bajo el paraguas azul - Elena Martínez Blanco 
- Rimas - G. A. Bècquer
- El ojo y la flor - Claudia Aboaf 
- Cuánto vale una heladera y otros textos - Claudia Piñeiro 
- Poesía imprescindible - Guadalupe Amor
- James y e durazno gigante - Roald Dahl 

viernes, 16 de diciembre de 2022

Citas: El tiempo de las moscas - Claudia Piñeiro

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 "Un pasillo la conduce a otro. Cada tanto, Inés escucha que alguien la saluda, pero ella no mira, no se da vuelta, sólo levanta la mano a la altura de su cabeza y luego la baja. Repite ese mínimo gesto cada vez que escucha su nombre, intentando ser amable".


"Y en el almuerzo volvieron a estar juntas, pero en silencio, porque todo lo que tenían para decirse lo habían dicho en privado, o no lo dirían, al menos por el momento:
Inés, porque para poder decir algo hay que atreverse a pensarlo".

"Siente que está a punto de nacer por tercera vez: la primera, cuando la parió su madre; la segunda, cuando mató a Charo o Tuya; la tercera, en cuanto se abra la puerta y esté libre. Una nace desnuda, así que para qué llevar nada, eso pensó cuando le dijeron que preparara sus cosas, cuando supo que se iba. Eso piensa ahora, una nace desnuda".

"Lo que hizo Ernesto con su plata, Inés lo desconoce y trata de que no le importe. Pero le importa. Ya no son marido y mujer, no se pudo, no siempre se puede. Estaban destinados a serlo, ella cree. O creyó. O cree con la misma intermitencia con la que tose su caño de escape. “A veces, las cosas no resultan como una quisiera, por mucha voluntad que se ponga”, repite de tanto en tanto cuando recuerda aquellos años. Aunque cada vez menos".

"La planilla no tiene fecha, el espacio entre barras inclinadas que separa día, mes y año está en blanco. Siempre lo completa, pero hoy es un aniversario que Inés no nombra, no escribe, no menciona, como si así evitara una desgracia que le atribuye al karma de ese día en el pasado. Si pudiera, hoy no trabajaría, se quedaría en la cama, debajo de las sábanas. Pero como no se puede dar ese lujo porque si no fumiga no cobra, entonces sigue adelante, aunque sin dejar registro de la fecha que la abruma".

"—¿Qué tan efectivos son esos productos que utilizás para fumigar?
—Muy buenos.
—¿Qué tanto?
—Los mejores del mercado.
—¿Y para otros usos?
—¿A qué se refiere?
—No sé, por ejemplo, si yo tuviera una mascota, ¿se vería afectada por tu veneno?
—Ah, no, de ninguna manera. Imagínese que fumigo en muchas casas donde hay perros y gatos, y le garantizo que no les pasa nada. ¿Está por adoptar una mascota?
—Nada más lejos de mis intenciones —dice la señora Bonar y se queda unos instantes en silencio, mirando el líquido bordó que hace mover en el fondo de su copa, antes de largar la siguiente pregunta—: ¿Y si yo quisiera que les pasara?
—No entiendo.
—Si yo quisiera, por ejemplo, matar un gato con tus productos, ¿podría?
Inés ya no sólo está incómoda sino que le preocupan las preguntas de su clienta. Teme que la señora Bonar esté pensando en matar a la mascota de algún vecino. Se toma un tiempo antes de contestar para dar una respuesta certera, pero que no le haga perder el abono full de fumigación que contrató la mujer. La señora Bonar no le concede ese tiempo e insiste:
—¿Podría?
—No si los ingiere de la manera en que los preparo.
—¿Si los ingiere de otra manera sí?
—¿Por qué me lo pregunta?
—¿De otra manera sí?
—Si usa alguno de los productos concentrados, sin diluir, y lo pone en el agua o en la comida de la mascota, tal vez termine muriendo. No lo probé nunca pero no creo que un animal de porte mediano resista.
—¿Moriría de inmediato o sufriría?
—Depende de la cantidad de producto que se utilice y si es veneno para plaga de sangre fría o sangre caliente.
—¿Cómo es eso?
—Si es veneno para plaga de sangre fría se cortan los canales de sodio o los de colinesterasa, fallan los sistemas, los órganos dejan de funcionar. El veneno para plaga de sangre caliente produce hemorragias internas, es muy cruento.
—¿Y a un perro?
Inés mira el reloj. ¿Le quedan cuatro minutos? ¿Tres? Se levanta y va hacia los pulverizadores. No está dispuesta a seguir hablando sobre el posible envenenamiento de una mascota.
—Se me hace tarde. Necesito llegar a mi próxima clienta a tiempo, disculpe.
—¿A un perro? —repite Bonar.
—También —responde ella sin detenerse.
—¿Y a una persona?
La pregunta no la sorprende, es más, Inés de alguna manera la estaba esperando. Preferiría haberse ido antes de que la señora Bonar lo preguntara, lo que habría cambiado totalmente el curso de los hechos. Mira a la señora Bonar, trata de descubrir si está hablando realmente en serio. La mujer lo percibe y se ocupa de que no le queden dudas.
—A una mujer, para ser más precisa.
Inés siente un mareo. Apoya los equipos otra vez en el piso, acaba de confirmar que este intercambio de preguntas y respuestas no es una conversación casual, ni un “qué pasa si”.
Como no son casuales ni la limonada, ni el pinot noir, ni el franco de la empleada. Muy por el contrario, la señora Bonar le está haciendo un interrogatorio estudiado, con una finalidad
específica, hace preguntas pensadas con anterioridad, en base a un plan que sólo ella conoce. A Inés no le gusta sentirse manipulada por su clienta. Menos aún le gusta sentirse involucrada o comprometida con lo que esa mujer pretenda hacer. En su condición de expresidiaria, con salida por buena conducta antes de la fecha original de la condena, se reprocha con preocupación por haber aceptado la limonada, teme que el solo hecho de estar manteniendo esa conversación pueda perjudicarla.
—Nos vemos la próxima —dice dando por terminada la charla y levanta sus elementos de trabajo para irse.
—Una mujer que me quiere quitar a mi marido del mismo modo que a vos te quitaron el tuyo.
Inés ahora siente una puntada, ya no es sólo un mareo. La revelación de que la señora Bonar sabe quién es ella la impacta. El dolor es real, como si la mujer le hubiese clavado un estilete invisible en el esternón. Y tenía que ser este día, se lamenta, el de la fecha innombrable que no se atreve a escribir en la planilla".

"No le puede devolver la vida a Charo, como Charo no le podría devolver a ella la suya por más que siguiera viva. Antes Inés era otra, alguien que creía que la amante de su marido le había quitado lo que tenía. Ahora es ésta, que cada tanto sospecha que aquello que creyó que le usurparon lo había perdido mucho antes".

"—Debés de haber visto mi camioneta estacionada frente a la casa de la señora Bonar. ¿La conocés?
—No, no sé quién vive en esa casa, soy nueva en la zona. Inés se decepciona. Hubiera preferido que la conociera, así ella le habría podido preguntar acerca de la extraña mujer que huele a pinot noir y ofrece limonada a cambio de una charla, dólares a cambio de pensar y fortunas a cambio de veneno".

"—Los mundos íntimos, a veces, son pantanos en los que nos hundimos. Vaya una a saber qué hay debajo de tanta elegancia y buen pasar. Las mejores apariencias pueden esconder mucha miseria.
Si sabrá ella de esconder y de miserias, piensa Inés y asiente otra vez".

“Creía que entre vos y yo sí había amor verdadero”, fue lo último que le escuchó decir a su padre antes de que desapareciera para siempre. Amor verdadero. Dos palabras equívocas: amor y verdad. Desde entonces Laura se pregunta qué es el amor, por qué una misma palabra significa cosas tan diferentes para quien la enuncia".

"¿Por qué, si ella es feliz con esa familia que formó, por momentos sueña con irse para estar sola? ¿Le pasará a alguna de sus amigas, a alguna de sus compañeras de trabajo? ¿A todas y no se atreven a confesarlo? Intuye que tantos años de estar sola a una edad muy temprana —diecisiete años, mientras vivía con sus padres en aquella otra casa— la entrenaron para valorar la soledad, la compañía de sí misma, disfrutar de sus propios pensamientos.
Reconoce que esta nueva vida tan mancomunada que la contuvo durante muchos años, en ocasiones la asfixia un poco. ¿A sus treinta y pico se está poniendo vieja? A veces la felicidad la asfixia, apenas un poco; incluso, aleatoriamente, la abruma. Quizás está entrenada para la soledad pero no para ser feliz".

"El parto no puede negarse, la maternidad sí".

"Actúan como si estuvieran convencidos de que, dejando pasar el tiempo suficiente, en los expedientes aparecerán larvas y gusanos que luego, algún día, explicarán quién mató y por qué (y un juez tiene mejor prensa y jubilación que una mosca, me indigna).
Por eso, cuando me llaman a fumigar, el único insecto al que yo respeto es a ellas: mis moscas. Las saludo, les digo que por mí no teman. Hasta las siento casi de la familia (si es que hoy perteneciera a una). Es más, yo tengo una mosca propia que me vuela dentro del ojo. ¿Qué mal le hacen las moscas a nadie? No comen las plantas como las hormigas o los pulgones, no pican como los mosquitos, no mastican la madera como el bicho taladro, no producen ronchas como las arañas o las pulgas, ni dejan heces en cualquier parte de la casa como las cucarachas, las ratas o los murciélagos.
Yo no mato moscas.
Si una mata, que tenga sentido, un motivo válido, la necesidad de evitar un mal mayor. O de suprimir un dolor.
Un dolor es el mayor mal".

"A pesar de que hasta ahora no tuvo éxito, la Manca no abandona la idea de persuadirla para que se ponga a tono con los tiempos y con el negocio de las dos: para fumigar no es tan grave estar desconectado; para investigar, sí. Y MMM se ocupa de las dos cosas. Acepta que los argumentos de Inés son razonables:
“Antes no se miraba la pantalla cada dos o tres minutos y el mundo seguía su curso”. Pero la palabra clave es justamente “antes”, un antes con un intervalo de dieciséis años. El mundo cambió e Inés, que logró tantos avances en otros aspectos, en ese punto no sólo no cambió, sino que parece haber retrocedido".

"Si la que tiene apuro por matar es la señora Bonar, se dice. Si para ella ese fuego ya no existe. Sin embargo, y por más esfuerzo que ponga para convencerse de que la urgencia la tiene la otra, de inmediato reconoce su engaño, porque aun sin fuego, Inés puede esperar apenas tanto como pueda esperar el cuerpo de la Manca, antes de que lo que le crece dentro expanda su poder letal y lo destruya.
Y esos plazos, nadie sabe quién los maneja.
Enciende el celular otra vez. No hay ningún mensaje nuevo.
Evidentemente, esa mujer la está manipulando y ella, por el momento, no tiene más alternativa que dejarse manipular".

"A mí, con sobrevivir no me alcanza.
Sobrevivir es todo, si no sobrevivís no hay chance de nada".

"Él arranca. Hablan poco en el camino y, para que el silencio no se haga pesado, Rody2 enciende la radio. Busca música.
—¿Esto les gusta?
—Una mierda, pa —contesta su falsa hija.
Rody2 la mira con reprobación, como diciendo “tampoco hace falta tanta verdad”, pero la chica no lo advierte porque ya está en la suya buscando otra emisora en el dial".

"—Si es por juzgar, no juzgamos a nadie.
—A nadie. ¿Ahora sí me puedo tomar otro fernet?
—El último".

"—Triste, ¿no? Sobrevivir a un hijo debe ser muy difícil, a mí me mataría.
—No sabés, no sos madre, Manca.
—Pero me lo puedo imaginar.
—¿Se puede imaginar un dolor que jamás podríamos sentir?
—Todos sabemos lo que es el dolor.
—Sí, pero cada dolor es diferente. Hasta habría que inventarles distintos nombres. El dolor porque te dejan, el dolor porque te mienten, el dolor porque se muere un hijo, el dolor porque te quedaste sin trabajo, el dolor porque te dicen que vas a estar presa quince años. Una palabra no debería englobar a todos los dolores".

"—No nos creyó una palabra —dice la Manca.
—No nos creyó, no —confirma Inés.
—Lindo el pibe.
—Lindo, sí.
—…
—Se parece a Ernesto.
—Mierda".

"—¿Querías pruebas?, ahí las tenés —dice Javi.
—Pero esto inculpa a mi madre, podría volver a la cárcel —contesta Laura.
—¿Qué madre? ¿Qué cárcel? —pregunta Guillermina.
Javi mira a Laura, ella entiende, asiente, respira muy profundo.
—Vení, sentate, Guille. Tenemos que contarte una historia algo complicada —dice Laura.
—Todas las historias son complicadas, mamá —responde su hija".

"Está bastante de acuerdo con los subrayados que hizo cuando lo leyó, si no se equivoca, en el último año de la facultad. Eso le parece llamativo porque muchas veces le ha pasado encontrar marcas en distintos libros que se pregunta por qué hizo. Una tiene derecho a cambiar como lectora, también en lo que subraya, piensa".

"—¿Qué más podríamos pedir? —pregunta Inés.
—…
—…
—¿Un poco de amor? —dice la Manca.
—A mí el amor me hizo perder quince años.
—Quince años adentro, dieciséis años casada: treinta y uno, si las cuentas no me fallan.
—Cierto.
—…
—…
—¿Era amor, Inés?
—Vaya una a saber qué es el amor.
—Vaya una a saber.
—…
—…".






Claudia Piñeiro