sábado, 7 de mayo de 2022

Citas: Una suerte pequeña - Claudia Piñeiro

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"Debería haber dicho que no, que no era posible, que no podía viajar. Decir lo que fuera. Pero no lo dije. Me di explicaciones a mí misma, una y mil veces, acerca de por qué, aunque debería haber dicho que no, terminé aceptando. El abismo atrae. A veces sin que seamos conscientes de esa atracción. Para algunos, atrae como un imán. Son los que pueden asomarse, mirar hacia abajo y sentirse capaces de saltar. Yo soy una de ellos. Capaz de soltarme en el vacío, de caer para ser — al fin— libre. Aunque se trate de una libertad inútil, una libertad que no tendrá después. Libre sólo en el instante que dure la caída".

"Ni siquiera mis ojos son los mismos. Y no sólo porque hayan mirado otras cosas, otros mundos. Tampoco porque no hayan mirado más este lugar al que hoy regreso".

"Los alumnos vienen a aprender un idioma, no es el objetivo que lo usen para escribir una novela o un cuento. Para eso tienen su lengua materna, uno debería escribir en la lengua con la que piensa, con la que sueña. La lengua con la que hace silencio".

"Otras veces me apiado de mis alumnos y les doy una respuesta más amigable: «La primera persona es generalmente la que habla: yo, nosotros, nosotras. La segunda persona es con quien se habla o escucha: tú, ustedes. La tercera persona es de quien se habla: él, ella, ellos, ellas». Y yo, aquí, ahora, mientras espero embarcarme para mi vuelo de regreso a la Argentina, también me pregunto, frente al papel en blanco, si me resultará más fácil contar esta historia en primera persona o en tercera del singular. Si «yo», o «ella». Pruebo una y otra. La tercera persona aleja, protege en la distancia. La primera me lleva al borde del abismo, me invita a saltar. La tercera me permite esconderme, quedarme dos pasos más atrás, no mirar el vacío ni siquiera al contarlo".

"Por eso me digo, me convenzo, me obligo, a que este texto —esta especie de bitácora del viaje de regreso— tiene que ser escrito en primera persona. Porque el dolor sólo se puede contar así. El dolor, el desgarro, la huida, el partirse en mil pedazos que nunca volverán a unirse, la mirada lejana, el abandono, el abandonarse, las cicatrices, sólo se pueden narrar en primera persona".

"Y mientras espero, escribo en primera persona.
Escribo para mí en primera persona. Me escribo. Anoto en la primera página «Cuaderno de bitácora», y no «Diario».
Para escribir un diario hay que tener una seguridad del valor que tiene contar la vida propia que yo no tengo".

"Miro a la mujer una vez más antes de bajar. Ella esquiva mi mirada, no quiere sentirse interpelada otra vez. Creo que le gustaría, incluso, permanecer sentada en esa butaca hasta que ya nadie quede dentro. Ella elegiría, si pudiera, pasar inadvertida y volver en el mismo avión a la casa de su hijo. Pero no podrá hacerlo. Hay determinados hechos que, por sí mismos, anulan la posibilidad de arrepentimiento. Se puede hacer algo a partir de ellos o no hacer nada. Lo que no se puede es cambiarlos".

"Recuerdo que me senté en el sillón en el que pasamos tantas horas, frente a la biblioteca, y desafiando su ausencia serví dos copas de vino, una para él y otra para mí. Pero Robert ya no estaba, y su copa quedó intacta".

"Mr. Galván no coincide en nada con la imagen que me hice a partir de conocer su nombre: es un hombre de poca estatura, con unos cuantos kilos de más, pelado. Sin embargo se maneja como si fuera sexy. Habla como si fuera sexy, se mueve como si fuera sexy.
Sonríe como si fuera sexy. Y usa un perfume penetrante que él seguramente considera debe usar un hombre sexy".

"Todo sucede en un instante: Mr. Galván pregunta qué animal, el encargado dice murciélago, yo me digo a mí misma bat, aparecen en el recuerdo los murciélagos de mi infancia en Caballito, y automáticamente me llevo la mano al cabello —sin importar que ahora lo lleve tan corto como el de un varón, pelirrojo, una cabellera donde no podría enredarse jamás el murciélago del cuento de mi mamá—. Toda la secuencia transcurre en menos de un minuto. Sin embargo, se necesitan muchas palabras para contar minutos, segundos, instantes, fracciones de tiempo apenas perceptibles. La secuencia se da con una rapidez que las palabras que la cuentan no pueden acompañar. Así como se pueden necesitar años para que lo que sucede en un instante, y las palabras que lo cuentan, desaparezcan. A veces, incluso, no se logra que desaparezcan nunca. Un instante que nos acompaña la vida entera recreado en palabras una y mil veces como una condena. El tiempo comprimido y el relato de ese tiempo que lo expande para poder entender".

"Doy tres o cuatro pitadas más. Pienso en el instante que se cuenta con demasiadas palabras y en el que dura toda una vida no importa con qué palabras haya sido contado".

"Siento que mi corazón se detiene. 
Sé que no es así, que no puede ser así, que por el contrario debe estar latiendo a una velocidad aún mayor que la habitual. Pero yo siento que el latido de mi corazón se detiene. Podría no reconocerlo, pasaron muchos años, de hecho aún no termino de comprender que ese que está frente a mí es él".

"Las manos me transpiran. La lapicera con la que estaba escribiendo cuando entró a la oficina se me resbala y rueda por el piso. Él se agacha a levantarla, da unos pasos más y me la extiende mientras dice su nombre que yo ya conozco: Federico Lauría. Su mano junto a mi mano, para llevar a cabo un acto tan banal como entregarme la lapicera que se acaba de caer. Una mano que conocí, que aún hoy conozco.
Su mirada en la mía. Y luego su mirada que baja y se detiene sobre mi mano. La lapicera como un puente entre los dos".

"Un hueco. El tiempo que él vivió sin mí, los años que yo no viví con él".

"No sé si dormí. No sé si estuve despierta. Me duelen los ojos de tanto llorar. No creo que pueda ponerme las lentes de contacto. Si logro levantarme de ese piso y enfrentar el día que me espera, iré con estos lentes gruesos, feos, que pondrán una distancia mayor entre mi hijo y yo".

"«¿Sabe?, creo que estudié Historia justamente a causa de mi propia historia familiar. En la historia del mundo, en la historia de un país, hay un porqué. Un hecho que ocasiona otro, y ese otro. Una cadena. Yo creo que la historia es una sucesión de hechos relacionados por causa y efecto. Otros dicen que no, que eso es una simplificación. Pero yo creo que el mundo es eso. Nuestra propia vida también. Claro que nuestra propia vida no es materia de estudio de la Historia»".

"«Volviendo a ella, a la Historia», dice, «por un hecho que deriva en otro llegamos a una guerra, a la Revolución Industrial, a un genocidio, a un tratado de paz, o al mal llamado descubrimiento de América. Nunca me atrajeron tanto los hechos en sí mismos como sus porqués. Y la historia siempre tiene un porqué, en cambio la vida no. ¿Me entiende?»".

"Escribo aquel día. Busco las palabras para contar ese instante dentro de aquel día desde hace muchos años. Perfecciono este relato a medida que pasa el tiempo. Lo que empezó con unas pocas palabras, con oraciones cortas, apenas un párrafo, se terminó convirtiendo en este texto que hoy entrego. Sé lo que pasó, yo estuve allí".

"Yo entiendo todo lo que terminó desencadenando aquel accidente y la muerte de Juan. Me acompañarán siempre la bocina de un tren que no deja de sonar, las patadas de mi amigo, el olor a hierro quemado, los gritos de mi madre, el horror que la hizo abrazarme hasta casi impedirme respirar, el dedo gordo sin uña del pie de un niño que sangra.
Entiendo todo.
Lo que no puedo entender, por más que escriba una, cien, mil veces esta historia —mi historia— es por qué mi madre me dejó.
Por qué, después de haber pasado juntos por todo eso, mi madre un día se fue y no volvió más".

"Porqué ¿Merezco explicar por qué? Quiero decir, ¿tengo yo ese derecho? Derecho a hacer un descargo y que alguien lo escuche.
Hay actos que no merecen un porqué. Hechos que ninguna razón puede justificar".

"No siempre uno es dueño de retener la verdad, de guardarla para sí. No siempre uno es dueño de su silencio".

"Logro así poner la mente en blanco unos instantes y descansar. Pensar sin sentir".

"Un título puede estar claro desde el primer renglón, puede aparecer en medio de la escritura, o cuando el texto esté terminado. Si es así, si surge recién cuando todo está dicho, lo escrito cambia al ponerle nombre: se modifica en el origen pero a posterior de la escritura. Lo escrito se termina de entender recién en ese momento".

"Escribo —o escribiré, en cuanto pueda— para un lector anónimo, cualquier lector. ¿Acaso un escritor sabe para quién escribe? Mis alumnos escriben, la mayoría de las veces, para ellos mismos; por eso —y por otros motivos— mis alumnos no serán escritores".

"Tal vez eso hagan muchos escritores, inventarse un lector anónimo para no sentirse intimidados por aquellos que los leerán y juzgarán. Aquellos que, incluso, podrían lograr que, ante semejante exposición, no escriban. Confiar en el anonimato del lector porque aunque del otro lado de la escritura hay alguien puede resultar mejor no saber quién es el que está allí".

"O sí lo sé. Mi hijo no quiere mi piedad, quiere mis razones. Me callé todos estos años por mí —porque no merecía hablar—, ahora tengo que hablar por él. Hablar o escribir".

"Mariano y yo nos casamos muy jóvenes.
Teníamos los dos la misma edad: veintitrés años. Y estábamos enamorados. O eso creíamos. El tiempo te enseña que no hay una sola definición para el amor. A esa edad es más difícil saberlo, a esa edad el amor es el amor, y punto. Pero muchas veces uno no se enamora del otro, sino de uno mismo enamorado. O de lo que implica estar enamorado, de los beneficios secundarios. Uno quiere estar enamorado, entonces lo está".

"«¿Entonces qué tiene?», quise saber. «Tristeza», contestó mi padre, «una tristeza que le viene cada tanto, no siempre está así; tu mamá se acuerda todos los días, pero acordarse es otra cosa, la tristeza sólo le viene cada tanto»".

"No sé por qué no pregunté entonces de qué se acordaba mi madre.
Acordarse usado como un verbo que no necesitaba un objeto, un «acordarse de».
Si mi madre se acordaba entristecía".

"Cuando murió mi padre tuve que levantar la casa para devolverla a sus propietarios.
Levantar una casa, se trate de la casa de otro o de la propia, implica el riesgo de encontrar fantasmas reales, descubrir secretos no tan bien guardados, ser devastado por una revelación, arrollado por un objeto que pasa a tener un sentido distinto".

"Se lo pregunté muchas veces: «¿Qué te enamoró de mí?». Mariano me respondía: «Todo». Pero decir todo era como decir nada".

"Nunca logré un dato específico: tus ojos, tu sonrisa, ni siquiera tus tetas, o tus piernas. Yo habría preferido que hubiera dicho «me enamoré por tus tetas» antes que esa respuesta: «Todo»".

"Así que cuando Federico dijo que el próximo 20 de Junio él sería
Belgrano, hubo festejos en casa. «¿Viste que había que quejarse?», me dijo Mariano delante de Federico, que a su vez me miró y me preguntó: «¿De qué había que quejarse, mamá?». Y yo le contesté: «De nada, hijo». Pero Mariano, como siempre hacía cuando quería darnos lecciones de vida, se puso en cuclillas, le agarró la pera, lo miró a los ojos, y dijo: «De las injusticias, hijo, siempre hay que quejarse de las injusticias». Y allí quedó el tema".

"Me pregunté eso en aquel momento y durante muchos años más. Hasta que Robert me ayudó a no preguntármelo más: hay ciertos acontecimientos que están destinados a suceder, no hay
escapatoria, no hay circunstancias que pudieran haberlos evitado. Aunque uno tome un atajo, o se desvíe del camino o incluso se detenga. No hay ni razón ni religión que logre explicar por qué. Como no se puede explicar por qué las guerras, o las masacres, o las pestes que diezman poblaciones enteras, o enfermedades tremendas en niños recién nacidos. Por qué. Para qué. Con qué finalidad. No hay respuesta. No hay escape. La hoja de ruta de nuestra vida tiene marcada en el camino pasar por esa estación, y uno, haga lo que haga, pasará.
Lo único que no está marcado, decía Robert, es qué hará cada persona después de pasar por esa circunstancia. Es allí donde está el libre albedrío: decidir después del episodio, del accidente, de la guerra, de la catástrofe, del error, de la fatalidad. No es posible evitarlo, ésa no es la opción, pero sí hay opción para decidir qué hacer después".

"Y yo elegí. Según Robert no de la mejor manera. Pero elegí. Nadie me obligó a hacer lo que luego hice. No todos podemos elegir la mejor opción, no todos estamos preparados. Aunque también, según Robert, uno tiene el resto de la vida para seguir eligiendo, y así reparar o clausurar para siempre cualquier posibilidad de reparación".
 
"No bien se fueron Federico miró hacia arriba, señaló con su dedo índice hacia el techo y dijo: «Mamá, ¿Juan está en el cielo?».
Y yo le dije que sí, porque hay momentos en que aunque uno no crea ni en el cielo ni en la vida después de la muerte, es mejor mentir.
Le mentí a él y me mentí a mí".

"¿Cuánto daño puede ocasionar un dolor que existe pero que no tenemos permitido no sólo mostrar sino sentir?
Todo el daño. Un dolor silencioso, clandestino, que lastima más que el que puede llorarse abiertamente".

"Lo primero en lo que pensé fue en el suicidio. Lo podría haber hecho ahí mismo. Tirarme yo debajo de un tren. Pero el suicidio es una muerte de un tipo muy particular, una muerte que causa otros efectos en los que quedan. Una muerte dedicada —aunque en rigor no lo sea—, que los hace sentirse responsables por estar cerca, esponsables por no haberse dado cuenta de lo que estaba por suceder, por no haberlo evitado".

"Por fin, mi hermano sólo me escribía a mí y no a mis padres, y sus cartas ya no pasaban de un párrafo o dos a lo sumo. La última que recibí la aprendí como un poema de leerla tantas veces. Decía:
Hoy he matado mucha gente, no sé cuántos, no sé quiénes, no conozco sus caras pero sé que los maté.
No fue la primera vez.
Pero hoy lo supe.
¿Por qué?
¿Para qué?".

"Lo miré y pregunté: «¿Ahora sabe quién soy?». «Sí, creo que sí: una mujer dañada», contestó Robert. «Usted no es una mujer rota, como la de Simone de Beauvoir, usted es una mujer dañada».
«¿Y eso es mejor o peor?», pregunté.
«Es mucho mejor», dijo Robert. «¿Por qué?». 
«Un daño se puede reparar, zurcir, se puede ayudar a cicatrizar la herida. Lo roto es difícil de reparar, casi siempre es mejor cambiarlo por otro. En cambio lo dañado tiene una reparación posible. Una esperanza, la ilusión de volver no digo al estado anterior al daño, pero a un estado en el que la vida pueda seguir fluyendo. Con otros tiempos, con otras intensidades, pero fluir".

"El daño está, el dolor está, pero de los caminos que elija surgirá lo que está por venir. Usted no podrá eliminar el daño, pero sí convertir eso que hoy no la deja vivir en un dolor apaciguado, uno que cada día se soporte mejor, se tolere, se transforme en un malestar que siempre la acompañará pero que le permitirá seguir viviendo.
Un dolor que la visite cada tanto, como dice Munro, pero que también alguna mañana la deje salir de casa sin él a dar un paseo por ahí. Incluso a lo mejor llegue el día en que esté dispuesta a volver al lugar que dejó, y vuelva…".

"«La reparación total dependerá de ti, hay lugares adonde yo no puedo llegar, algún día decidirás si sigues viviendo los años que te quedan de esta manera o hay algo distinto por hacer. Yo sé lo que me gustaría que hicieras, pero es tu decisión. Será siempre tu decisión»".

"Pero no pude decir: soy feliz. No pude antes, ni después, ni ahora. Tal vez la felicidad sea algo para lo que no todos estamos preparados. A algunos, cuando ella acecha, cuando la sentimos cerca, nos da pánico. Y hacemos lo que sea para encontrar la manera de evitarla, para lograr que se desvíe de nuestro camino justo un instante antes de que nos toque. Porque el asunto es no saber qué hacer con esa felicidad, cómo meterla dentro del cuerpo y seguir hacia adelante. Para alguno de nosotros es el malestar y no la felicidad el hábitat donde podemos vivir".

"A veces uno tiene la suerte de cruzarse con alguien que saca lo mejor de uno y lo peor parece no existir".

"Yo también he dependido de la amabilidad de los extraños.
No alcanza con estar rodeado de gente para no estar solo".

"Tal vez de esto se trate la felicidad: de ver caminar a mi hijo abrazado a su mujer, unos metros delante, mientras cargo a mi nieta, que me roza el pecho con su mano.
Quizá la felicidad sea eso, un instante donde estar, un momento cualquiera en el que las palabras sobran porque se necesitarían demasiadas para poder contarlo. Atreverse a tomarlo en su condensación, sin permitir que ellas, en su afán de narrarlo, le hagan perder su intensidad.El tiempo comprimido y el fracaso del relato que lo expande.
La felicidad como una imagen para contemplar en silencio.
Y un encuentro.
Éste".






Claudia Piñeiro

viernes, 6 de mayo de 2022

Citas: El libro del té - Okakura Kakuzō

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  "Antes de que fuese una bebida, el té fue una medicina. Sólo en el octavo siglo hizo su entrada en China, en el reino de la poesía, como una de las más elegantes distracciones de aquel tiempo".


"En el siglo quince, el Japón le dio patente de nobleza e hizo de él una religión estética: el teísmo.
El teísmo es un culto basado en la adoración de la belleza, tan difícil de hallar entre las vulgaridades de la trivial existencia cotidiana. Lleva a sus fieles a la inspiración de la pureza y la armonía, el sentido romántico del orden social y el misterio de la mutua misericordia. Es esencialmente el culto de lo Imperfecto, puesto que todo su esfuerzo tiende a realizar algo posible en esta cosa imposible que todos sabemos que es la vida".

"Quién sea incapaz de discernir en sí mismo la insignificancia de las grandes cosas, estará mal preparado para apreciar la grandeza de las pequeñas cosas en los demás. Cualquier occidental, en su frivolidad superficial, no verá en la ceremonia del té más que una de las mil rarezas pueriles que constituyen el encanto y el misterio del Extremo Oriente".

"¡Cuántos comentarios no ha suscitado el código de los samuráis, este Arte de la Muerte, al que con tanto júbilo hacen nuestros soldados ofrenda de sus vidas! Pero nadie presta atención al teísmo, que no obstante representa tan bien nuestro Arte de la Vida".

"Muchas veces, nosotros, asiáticos, quedamos horrorizados de la extraña red de hechos e invenciones en que se nos envuelve. Se nos representa viviendo del perfume del loto, cuando no de ratas y cucarachas. En nosotros no hay más que fanatismo impotente o sensualidad abyecta. El espiritualismo indio no es más que ignorancia; la sobriedad china, estupidez; el patriotismo japonés, una consecuencia del fatalismo; y se ha llegado a decir, que si somos menos sensibles al dolor y a las heridas, es debido a una menor sensibilidad de nuestro sistema nervioso".

"¿No parece raro, por otra parte, que desde hace tanto tiempo la humanidad se reúna siempre alrededor de una taza de té? He aquí el único ceremonial asiático que merece la estima universal".

"El sabor del té posee un encanto sutil que lo hace irresistible y muy particularmente susceptible a la idealización; lo cual ha inducido a humoristas occidentales a mezclar su aroma al perfume de su propio pensamiento. El té no tiene la arrogancia del vino, el individualismo consciente del café ni la inocencia sonriente del cacao".

"Charles Lamb, adepto declarado del té, ha dado la verdadera definición del teísmo al decir que el mayor placer que conocía consistía en realizar una buena acción involuntaria y en darse cuenta de ello por azar. Porque el teísmo es el arte de ocultar la belleza que se es capaz de descubrir, y sugerir la que no se osa revelar. En esto consiste el noble secreto de sonreírse a sí mismo, con calma y enteramente, y es también el humor verdadero, la sonrisa de la filosofía".

"Todos los humoristas verdaderamente originales pueden ser considerados como filósofos del té. Thackeray, por ejemplo, y Shakespeare. Los poetas de la decadencia —¿cuándo no estará el mundo en decadencia?— han abierto, hasta un cierto punto, con sus protestas contra el materialismo, el camino del teísmo; y acaso hoy sea debido a nuestra facultad de contemplar seriamente lo Imperfecto, que Oriente y Occidente pueden encontrarse en una especie de mutuo consuelo".

"Entretanto, saboreemos una taza de té; la luz de la tarde ilumina los bambúes, las fuentes cantan deliciosamente, el suspiro de los pinos murmura en nuestra tetera. Soñemos en lo efímero y entreguémonos errantes a la bella locura de las cosas".

"Lichihlai, un poeta Song, ha hecho notar, con gran melancolía, que las tres cosas más deplorables del mundo, son: ver una juventud destrozada por una mala educación, contemplar admirables pinturas mancilladas por la admiración del vulgo y ver derrochar tanto buen té por causa de una manipulación imperfecta".

"Porque la vida es una expresión y nuestras acciones inconscientes revelan siempre nuestro íntimo pensamiento".

"Confucio decía que el hombre no sabe ocultar nada.
Acaso revelamos nuestros pequeños secretos porque tenemos tan pocos grandes que esconder. Los hechos insignificantes de la rutina cotidiana, forman tanta parte de los ideales de una raza, como los más altos vuelos de la filosofía y de la poesía".

"De esta bebida hablaba Lotung, el poeta Tang, cuando decía: «La primera taza humedece mi boca y mi garganta, la segunda rompe mi soledad, la tercera penetra en mis entrañas y remueve millares de ideografías extrañas, la cuarta me produce un ligero sudor y todo lo malo de mi vida se evapora por mis poros; a la quinta taza, estoy purificado, la sexta me lleva al reino de los inmortales. La séptima…, ¡ah!, la séptima…, ¡pero no puedo beber más! Sólo siento el viento frío hinchar mis mangas. ¿Dónde está Horaisan, el Paraíso chino?
Dejadme subir a esta dulce brisa y que ella me transporte a él»".

"El cuarto del té fue un oasis en el desierto de la vida, en el que los viajeros, cansados, podían encontrarse para beber en el manantial común del amor y del arte. La ceremonia fue un drama improvisado cuyo argumento fue tramado alrededor de la mesa del té, de las flores y de las sedas pintadas. Ningún color alteraba la tranquilidad del recinto, ningún ruido turbaba el ritmo de las cosas, ningún gesto rompía la armonía, ninguna palabra destruía la unidad de los alrededores, todos los movimientos se ejecutaban simple y naturalmente, éstos eran los designios de la ceremonia del té. Parece algo raro que el éxito la haya coronado; una sutil filosofía la habita. El Teísmo era el taoísmo disfrazado".

"Laotsé lo prueba con su metáfora favorita del vacío. Es sólo en el vacío, dice, donde se halla lo que es verdaderamente esencial. Una habitación existe por el espacio vacío comprendido entre las paredes y el techo, no por el techo y las paredes mismas. La utilidad de una jarra de agua consiste en el espacio vacío en que se puede poner el agua, no en la forma o en la materia de la jarra. El vacío es omnipotente, porque puede contenerlo todo. Sólo en el vacío es posible el movimiento. Quién pueda hacer de sí mismo un vacío en el que los demás puedan penetrar libremente, será el dueño de todas las situaciones; el todo puede siempre dominar la parte".

"Estas conversaciones recuerdan también las del taoísta Soshi. Un día éste se paseaba por el borde del río, conversando con un amigo.
—¡Cuán felices son los peces en el agua! —Observó Soshi.
Su amigo le respondió:
—Vos no sois pez; ¿cómo sabéis que los peces son felices en el agua?
—Vos no sois yo; ¿cómo sabéis que yo no sé que los peces son felices en el agua?".

"El espíritu habla al espíritu; oímos lo que nos ha sido dicho, contemplamos lo invisible; el maestro arranca notas sin que sepamos de dónde. Recuerdos de largo tiempo olvidados vuelven a nosotros llenos de un nuevo significado. Esperanzas ahogadas por el temor, impulsos de ternura que no nos atrevemos a reconocer, se nos ofrecen rodeados de un nuevo esplendor. Nuestro espíritu es la tela sobre la que el artista pone los colores, los matices son nuestras emociones y el claroscuro está formado por la luz de nuestras alegrías y lo sombrío en nosotros y nosotros estamos en la obra maestra".

"No debemos olvidar, no obstante, que el arte no tiene valor más que en cuanto habla de nuestra sensibilidad. Puede llegar a ser una lengua universal, si nosotros mismos somos capaces de ser universales en nuestros sentimientos".

"El arte es hoy el que nos pertenece realmente; es nuestro propio reflejo; condenarlo es condenarnos a nosotros mismos".

"El pasado puede mirar con desdén la pobreza de nuestra civilización; el porvenir se mofará de la esterilidad de nuestro arte. Destrozamos la belleza al destruir el arte de nuestra vida".

"¡La única flor que tiene alas es la mariposa! Todas las demás quedan inmóviles y desarmadas ante sus verdugos".

"¿Por qué no destrozar las flores, si de ellas podemos sacar nuevas formas para ennoblecer el mundo? No les pedimos sino juntarse a nosotros en nuestro sacrificio a la belleza. Rescataremos nuestras malas acciones consagrándonos a la pureza y a la simplicidad. Así razonaban los Maestros del Té, cuando fundaron el culto de las flores".

"Los que, de entre nosotros, ignoran el secreto de adaptar convenientemente nuestra propia existencia sobre este mar tumultuoso de emociones insensatas que llamamos vida, viven en un estado de continuo sufrimiento, tratando en vano parecer felices y satisfechos".

"Nos debilitamos con nuestros esfuerzos para conservar nuestro equilibrio moral y vemos un precursor de la tormenta en cada nubecilla que flota en el horizonte. Y hay, no obstante, una alegría y una belleza en las tempestades de las olas que barren la eternidad. ¿Por qué no penetrar en su espíritu, o, como Liehtsé, cabalgar sobre el huracán mismo?".

"Sólo quién ha vivido en la belleza morirá en la belleza".






Okakura Kakuzō

jueves, 5 de mayo de 2022

Citas: Mi marido es de otra especie - Yukiko Motoya

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 "Mi marido es de otra especie:


"—Y, lo mires como lo mires, vivir juntos no es lo mismo que estar casados —añadí.
—¿Ah, no? ¿Dónde está la diferencia?
—Está, por ejemplo, en la densidad de la relación".

"Senta tomó un trago de Coca-Cola.
—¿Qué es lo que quieres hacer en la montaña?
—Oh, nada en concreto. Lo único que deseo es no hacer nada".

"—Dime, cuñado, ¿cuántos años tienes?
—¿Eh? ¿Cuántos son?
Mi marido me miró con los ojos como platos.
—No me digas que desconoces tu propia edad.
—Es un fastidio tener que calcularla cada vez que me lo preguntan. Tú, Sanchan, deberías recordarla para ocasiones como esta".

"Cada vez que lo veo despatarrado en el sofá, tengo la sensación de que estoy viviendo con una nueva especie de ser orgánico que permanece muy a gusto sin hacer nada hasta que muere. Cuando le conté el problema urinario de Sansho, mi marido tomó en brazos a nuestro gato, que estaba a su lado. «Zoromi, a mí no me fastidies de esa manera, ¿estamos?», le amonestó, y se lo repitió varias veces".

"—Dime, Hakone, ¿ya no piensas casarte con Senta dentro de poco? —Mientras le hacía esta pregunta, saqué del bolso una camisa fina.
Ella masticaba pausadamente el filete y, tras dejar escapar un gemido, guardó silencio. Sus pensamientos debían de ser muy serios. Tenía los ojos fijos en el vidrio esmerilado de la mampara divisoria, pero no dejaba de masticar con regularidad la carne.
—Después de todo, no puedes confiar en él, ¿no es cierto?
—Oh, no, no se trata de eso. Hmm… ¿Por qué será? Ni yo misma lo sé con certeza. Pero diría que ambos queremos conservar un poco más nuestra individualidad.
—Ya, la individualidad, ¿eh? Casarse requiere que cada miembro de la
pareja asimile tanto lo positivo como lo negativo del otro, ¿no crees?".

"—¡Mira este anuncio! Ah, qué dulces recuerdos… —Era un anuncio que emitían a menudo en la época de nuestra boda y ahora aparecía como una pregunta en un concurso—. Solíamos cantarlo. ¿Te acuerdas? —Incliné la cabeza en vez de responder a mi presunto marido, que extendía la mano hacia el vaso de whisky con soda, y mordisqueé la pera—. Por cierto, ¿recuerdas que durante el viaje de novios te masqué la fruta?
—¿Ah, sí? —le respondí distraída.
—Pues claro que sí. Te acababan de colocar el aparato de ortodoncia y te molestaba al comer, te quejabas continuamente de que te dolía. En el hotel, pedí un surtido de fruta, la masqué toda y la escupí en el plato. ¿No te acuerdas?
—¿Me diste a comer algo que ya habías masticado?
—Así es, y tú te la comías sonriendo. —Escuchaba vagamente la voz de mi presunto marido, como si estuviera detrás de un muro de agua—. ¿Sabes?
Tal vez por eso me siento cómodo contigo. Recuerdo que en aquella ocasión pensé: «Esta mujer se comería mi caca sin dejar de sonreír»".

"—¿Es que hoy no trabajas? —inquirí, perpleja. Si estaba en casa, ¿por qué no me había respondido?
—Últimamente me siento un poco apagado —replicó sin interrumpir el juego, con una voz tan débil que casi la engullía el tintineo de las monedas.
—¿Y si fueras al médico? —le sugerí mientras recogía los calcetines tirados al lado de la cama. Pero enseguida rectifiqué mi idea, pues era evidente que su estado físico no era tan preocupante como para ir al médico.
—Dime, Sanchan, ¿qué harías si me muriese?
Yo iba hacia la ventana para descorrer la cortina. Me detuve, sobresaltada, y me volví hacia él".

"Por la mañana, cuando me miré en el espejo, parecía como si mi cara hubiera empezado a olvidarse de mí. Seguramente, aquel día mis facciones relajaban su vigilancia. Al verme reflejada en el espejo, se apresuraron a reunirse y trataron de colocarse en su posición habitual, pero no la recordaban con exactitud y, al final, quedaron un poco desdibujadas".

"—Las tareas del ama de casa solo las conoce el ama de casa —le espeté, y apuré de un trago el vaso de whisky.
Él fingió no haberme oído. Desdobló con calma una toalla de baño y ajustó los cuatro ángulos. Una vez más pensé que era un caradura.
—No puedes entender el trabajo del ama de casa. —Me di cuenta de que había levantado la voz. Él, que estaba sentado en el parqué, seguía doblando prendas con diligencia—. No tiene sentido que hagas lo mismo que yo —expliqué a sus espaldas—. Eso solo puede reducir un poco el sufrimiento, pero la tentación no desaparece. No sigas tratando de vencerla. No es necesario que mantengas la figura humana".

"Tras apagar el televisor, me levanté del sofá y me acerqué al lugar donde estaba la ropa y donde habían caído los fragmentos. No puede reprimir un grito. Detrás del rimero de toallas de baño, había florecido una peonía de montaña. Tenía los pétalos muy blancos, como transparentes, sin el menor parecido con mi marido.
—Ah, querías convertirte en algo bello —musité, sorprendida ante aquella flor tan encantadora.
Como única prueba de que aquello era mi marido, extendía un tallo erecto desde sus calzoncillos".

"Al año siguiente, cuando finalizó la primavera, visité a mi marido convertido en peonía de montaña. Crecía vivaz y orgullosa, con la forma de un farolillo de papel blanco.
Permanecí un rato fascinada, casi con lágrimas en los ojos, al ver aquella belleza. La genciana que estaba a su lado florecía vigorosa para no ser menos que su compañera.
Estuve allí un buen rato y me levanté para volver. Las dos flores eran tan parecidas que apenas podía distinguir cuál de ellas era mi marido. Mientras las miraba fijamente, empecé a sentir frío. Me alejé de la zona rocosa, como si huyera, y bajé del monte sin volver la cabeza atrás ni una sola vez".

Los perros:

"En aquella cabaña vivían muchos perros.
Yo quería a los perros y ellos me correspondían. Todos eran completamente blancos, como nieve recién caída".

"—¿Estás bien? —me preguntó mi amigo—. ¿No estás cansada de la soledad?
—No —le respondí, y le pregunté a mi vez si él no estaba cansado de su vida social. Su respuesta fue afirmativa".

"Hablamos entonces de diversas cosas sin importancia, durante las cuales me tomé dos tazas de cacao. Él me anunció que por Navidad vendría con su familia para realizar los trámites de la herencia y quedamos en que entonces nos veríamos. Me preguntó si había visto el pronóstico del tiempo y le respondí que allí no existía la civilización. Me informó de que se esperaba una ola de frío para el fin de semana.
—¡No te mueras! —me recomendó entre risas, y colgó el teléfono".

"—Hace tiempo le pedí una cosa a Papá Noel, que al despertarme por la mañana no hubiera en el mundo nadie más que yo".








Yukiko Motoya

miércoles, 4 de mayo de 2022

Citas: El señor Origami - Jean-Marc Ceci

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"En cada frontera, la misma pregunta:

—¿Algo que declarar?
—No.
—¿Y esto?
—Son tres esquejes de árbol.
—Tiene que declararlos.
—Pues los declaro: tengo tres esquejes de árbol.
Lo miran.
—¿Es peligroso?
—Todo lo bello tiene su lado oscuro…".

"A veces, le preguntan:
—¿De qué árbol son estos esquejes?
—Kozo.
—¿Qué es eso?
—El nombre del árbol.
—No lo conozco.
—¿Ve estos tallos y estas hojas?
—Sí.
—Se llama kozo. Ve el árbol y oye su nombre. Ahora ya lo conoce".

"A veces, le preguntan:
—¿Viene en viaje de negocios o de placer?
«Ni una cosa, ni la otra».
—De negocios.
—¿Qué clase de negocios?
La primera vez tiene que pensarlo.
Mira sus tres esquejes y contesta:
—Papel.
Papel.
—¿Papel?
—Papel.

Papel.

Y lo dejan pasar".

"A veces, le preguntan:
—¿Conoce a alguien allí?
—Sí.
—¿Nombre?
—Kurogiku.
—El suyo, no. El de ese alguien".

"De encuentro en encuentro, se entabla conversación.
—¿Conoce a alguien allí?
—Sí. Voy a reunirme con una mujer. Signorina Chao.
—¿Por negocios?
—Por negocios.
—Papel, decía usted.
—Papel, sí. Papel.
—¿Para vendérselo? ¿Comprárselo?
—No. Para regalárselo.
Esta vez, sin embargo, se le escapa esta respuesta.
Esta respuesta podría suscitar preguntas. En lugar de eso, le sonríen.
—Entonces no son negocios. Es amor.
—Llámenlo como quieran.
Lo dejan pasar".

"En cierto modo, la venta es una operación secundaria, del todo anecdótica incluso.
Pues el maestro Kurogiku no fabrica papel para vivir, sino para satisfacer su pasión.
No fabrica washi para venderlo, sino para plegarlo.
Pues la verdadera pasión en la vida del maestro Kurogiku es el origami".

"—Busco diseñar el mecanismo de un reloj que contenga todas las complicaciones conocidas y por conocer. Quiero…, querría construir un reloj que contenga todas las medidas del tiempo.
—Todas las medidas del tiempo.
—Sí.
—Por qué.
Casparo mira fijamente al maestro Kurogiku. Largo rato.
No se decide a contestar. Abre la boca. La cierra.
Toma aire.
Cuando habla, contesta a la pregunta: por qué querer construir un reloj que contenga todas las medidas del tiempo.
—Porque me tranquiliza. Hago como usted: ocupo mi tiempo en una actividad cuya utilidad nadie ve. Sin duda es lo que se llama una pasión".

"Casparo se detiene un instante, se inclina y la acaricia. Ima mueve la cabeza y ronronea satisfecha. Y después se aleja enseguida. Casparo se vuelve hacia Elsa.
—¿De quién es esta gata?
—De quien se ocupe de ella.
Casparo sonríe. Elsa tiene razón. Tal vez ocurre lo mismo con los hombres. Tal vez los seres y las cosas son de quien se ocupa de ellos".

"El maestro Kurogiku examina el papel, las líneas, las intersecciones y las formas geométricas que han dejado los pliegues.
Pues cada origami deja, en el papel, las líneas de los pliegues cuya composición y estructura son únicas para cada modelo.
Como los cristales, únicos, de un copo de nieve.
Sus huellas dactilares".

"El maestro Kurogiku invita a Casparo a sentarse.
Y le dice:
—No podemos entender hacia dónde vamos si no sabemos de dónde venimos.


Y añade:
—De dónde venimos es extremadamente simple. Pues en el origen no hay nada.


Y:—
Sin embargo, esa nada contiene ya en sí misma las leyes de todo lo que existía cuando nosotros aún no estábamos aquí, de todo lo que existe ahora cuando estamos aquí y de todo lo que existirá mañana cuando ya no estemos aquí.


Y:—
De la misma manera que una hoja de papel que aún no ha dado ninguna forma contiene ya en sí misma todos los pliegues necesarios para realizar un origami.


Y: —Las reglas del origami son sencillas. Lo mismo ocurre con las reglas del universo, contenidas todas en unas pocas leyes. Que nadie hasta ahora ha conseguido unificar. Pero están ahí. Existen. Vemos y sentimos todos sus efectos. Pero no tenemos acceso a sus fórmulas.


Y:—
Así que eso.


Silencio.


Casparo dice:
—¿Cómo que eso?
—Eso es lo que hago.
—Sigo sin entenderlo, maestro Kurogiku".

"El maestro Kurogiku piensa: «Es hora. De verdad es hora».
El maestro Kurogiku mira a Casparo.
—Vine aquí en busca de una mujer.
—¿La encontró?
—No.
—¿Cómo se llama?
—Lo ignoro. Yo la llamo signorina Chao.
—¿Una japonesa en Italia?
El maestro Kurogiku mira a Casparo.
—No. Una italiana en Japón".

"—De verdad lo dejó todo por una mujer.
El maestro Kurogiku calla. Mira a Casparo y dice:
—Hágase una única pregunta: dejar qué.
—Pues todo lo que tenía".

"El maestro Kurogiku calla. Más tiempo. Cierra los ojos. Respira. Y dice:

—De qué sirve tener si nos falta ser". 








Jean-Marc Ceci

martes, 3 de mayo de 2022

Citas: Una academia muy austera - Lemony Snicket

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  "Los huérfanos Baudelaire son, y no la espantosa Carmelita Polainas, gracias al cielo, los héroes de esta historia, y si quisierais dar una medalla de oro a Violet, Klaus y Sunny Baudelaire, sería por su capacidad para sobrevivir a la adversidad. «Adversidad» es una palabra que aquí significa «problema», y hay muy pocas personas en este mundo que hayan sufrido la clase de enojosa adversidad que persigue a estos tres niños adondequiera que vayan".


"La timidez es algo curioso, porque, al igual que las arenas movedizas, se apodera de las personas en cualquier momento y, también como las arenas movedizas, hace que sus víctimas miren hacia abajo".

"Solo porque algo sea costumbre no quiere decir que haya que hacerlo, claro está. La piratería, por ejemplo, se ha practicado durante cientos de años, aunque eso no significa que debamos abordar todos los barcos y robarles el oro".

"LA expresión «seguir los pasos» es curiosa, porque no tiene nada que ver con ponerse a caminar detrás de alguien. Si sigues los pasos de alguien, quiere decir que haces exactamente lo mismo que ha hecho esa persona. Si todos vuestros amigos deciden saltar desde un puente al agua helada de un océano o un río, por ejemplo, y vosotros saltáis justo detrás, habréis seguido sus pasos. Ya habréis visto que seguir los pasos de alguien puede ser algo peligroso porque podríais acabar ahogándoos simplemente porque una persona pensó en hacerlo antes".

"Cuando uno escucha una pieza de música clásica, suele ser entretenido intentar adivinar en qué se inspiró el músico para escribir esas notas en particular. Algunas veces el compositor se inspira en la naturaleza y compone una sinfonía que imita los trinos de los pájaros y los ruidos de los árboles. Otras veces, un compositor se inspira en la ciudad y compone un concierto que imita los sonidos del tráfico y las aceras. En el caso de esta sonata, Nerón se había inspirado aparentemente en alguien golpeando a un gato, porque la música era estridente y chillona, lo que facilitaba bastante el hecho de hablar durante su interpretación".

"DE vez en cuando, los acontecimientos de la vida de uno se ven más claros desde la perspectiva que da la experiencia, una expresión que aquí simplemente significa «que las cosas tienden a aclararse con el tiempo». Por ejemplo, cuando una persona acaba de nacer, normalmente no tiene ni idea de qué son las cortinas y pasa mucho tiempo de sus primeros días preguntándose por qué diantre mamá y papá ponen trozos largos de tela en todas las ventanas del cuarto de los niños. Pero en cuanto la persona se hace mayor, la idea de las cortinas se aclara gracias a la perspectiva que da la experiencia. La persona aprenderá la palabra «cortinas» y se dará cuenta de que en realidad son bastante útiles para mantener la habitación a oscuras cuando es hora de dormir y para decorar lo que sin su presencia sería una ventana desangelada. Al final, la persona aceptará por completo la idea de las cortinas y podrá incluso comprar unas para sí misma o unas persianas venecianas incluso, gracias a la perspectiva que da la experiencia".

"—No quiero interrumpirte —se disculpó Isadora—, pero será mejor que dejemos de pensar en el pasado y empecemos a pensar en el presente".

"SUPONER cosas es algo peligroso y, al igual que todas las cosas peligrosas que se pueden hacer —como las bombas, por ejemplo, o la tarta de fresas—, si cometes aunque sea el más mínimo error, puedes meterte en un buen lío. Suponer algo significa simplemente creer que las cosas son de una cierta forma con muy pocas pruebas —o ninguna— que demuestren que eso es así. Ahora mismo veréis que esto puede causar problemas terribles. Por ejemplo, puede que una mañana os levantéis y supongáis que vuestra cama está en el mismo lugar de siempre, aunque no tengáis verdaderas pruebas de que sea así. Pero, al salir de la cama, puede que descubráis que se ha ido flotando por el mar y que ahora estáis en un buen lío, todo por la suposición incorrecta que habéis hecho. Habréis visto que es mejor no suponer muchas cosas, sobre todo por las mañanas".

"Una brisa matutina sopló en los terrenos de la Academia Preparatoria Prufrock, lo cual hizo susurrar el césped marrón y golpeó el arco de piedra con el lema que tenía inscrito, «Memento Morí», «Recuerda que morirás». Los huérfanos Baudelaire miraron el lema y juraron que antes de morir resolverían ese oscuro y complejo misterio que proyectaba una sombra sobre sus vidas".





Lemony Snicket

lunes, 2 de mayo de 2022

Citas: El diario de Ana Frank - Ari Folman y David Polonsky

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"Nadie entenderá cómo una chica de trece años puede estar sola en el mundo".

"Tengo un montón de admiradores que tratan de que nuestras miradas se crucen.
—¡Anne! ¡Baja! ¡No puedo vivir sin ti!
Pim: —¡Vete a casa, Rob! ¡Llamaré a la policía!".

"Tendré que relatar brevemente la historia de mi vida. Mis padres se casaron en Alemania, en 1925. No fue un flechazo...
—¿Te preocupa que yo sea mucho más mayor?
—¿Cómo voy a saberlo? Eres mi primer novio".

"Mi hermana Margot nació en 1926 en Alemania.
—¿A que es la niña más guapa que ha habido jamás?
—No digas eso, cariño, nos traerá mala suerte".

"Yo llegué al mundo tres años después: Annelies Marie Frank.
—¡Madre mía, es aún más guapa que su hermana!
—¡Si dices eso, volverás a traernos mala suerte!
—¿Quién lo dice?
—¡Nosotros los judíos, por supuesto!".

"—Judíos, fuera del agua! ¡Largo de aquí!
—¿Por qué...?
—Porque creen que los judíos dejarán gérmenes peligrosos en el agua...".

"—Ya no podemos ir a los parques, ni siquiera podemos salir a la calla después del anochecer...
—Y no nos permiten visitar a nuestros amigos cristianos...
—Menos mal que la Luna no tiene religión...".

"—Tengo que ir al lavabo.
—Yo también, pero con todas esas restricciones, no sé si nos lo permiten...".

"Margot y yo empezamos a guardar lo indispensable en una cartera del colegio. ¡Imagínate tratando de escoger lo que te llevarás para vivir escondida! Era casi imposible. Metí en la cartera las cosas más estúpidas, pero no me arrepiento. Me importan más lo recuerdos que los vestidos.
—¿No crees que deberías coger algo útil?
—¿Útil? ¿Desde cuándo ser útil ha hecho feliz a alguien en esta vida?".

"—¡Qué pequeña es nuestra habitación!
—Piensa en los trenes que van hacia el Este y la habitación te parecerá enorme".

"Lunes, 21 de Septiembre de 1942
Querida Kitty: 
Desde la llegada de los Van Daan, hemos establecido una rutina diaria. Por las mañanas, mientras los trabajadores se afanan abajo, no podemos hacer ruido. Es entonces cuando estudiamos y aprendemos cosas de memoria.
—Yo estoy muerto, tú estás muerto, él está muerto, ella está muerta, todos estamos muertos...".

"Mi nuevo compañero de cuarto se llama Albert Dussel. Es el dentista de Miep.
—No sé que hacer... ¡Tengo que encontrar un escondite!
—Puede que yo tenga la solución. ¡Pero no me arranque todos los dientes!".

"El doctor Dussel está muy triste porque echa mucho de menos a su querida Lotje.
"Mi querido Albert: me siento culpable por ser cristiana y vivir segura como si nos estuviera ocurriendo nada".
—Empieza a escribir Margot: "Mi querida Lotje: si añorar a alguien puede matar, ya soy hombre muerto".
Hizo que Miep y Bep hicieran de Cupido entregando sus cartas a Lotje. Pero cuando papá se enteró...
—¡Albert, no se atreva nunca más a enviar sus cartas! ¡Si alguien se enterara, moriríamos los ocho! Margot, me sorprendes. No me lo esperaba.
—¡Pero todo era por amor!
Bueno, si nos ejecutasen por amor, sería una buena forma de morir".

"El corazón tarda mucho en sanar. Y una pequeña guerra facilita el proceso...".

"Si no lo ves, no está pasando. Si no está pasando, no duele".

"Viernes, 21 de Julio de 1944

Querida Kitty: ¡Me han vuelto las esperanzas, por fin las cosas resultan! Sí, de verdad, ¡Todo marcha viento en popa! ¡Noticias bomba! Ha habido un atentado contra Hitler.
—Mein Führer, lo siento, pero tengo que irme ya. Mi mujer me reclama.
—Se ha dejado el maletín. Iré tras él.
—No se moleste, su mujer lo matará de todos modos".



Ari Folman y David Polonsky

domingo, 1 de mayo de 2022

Citas: Tatuaje - Junichiro Tanizaki

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"La gente hacía todo lo posible para embellecerse, algunas personas llegaban a hacerse inyectar pigmentos en su piel: ostentosos prodigios de línea y color danzaban sobre los cuerpos de los hombres".


"Durante mucho tiempo Seikichi había acariciado el deseo de llevar a cabo una obra maestra sobre la piel de una mujer hermosa. Tal mujer debía sobresalir por su carácter además de por su belleza. Una cara bonita y un bello cuerpo no eran atractivos suficientes para satisfacerle. Aunque pasó revista a todas las beldades que reinaban en el barrio alegre de Edo, no halló ninguna que se adaptase exactamente a sus deseos".


"Una noche de verano, durante el cuarto año de su búsqueda, Seikichi pasaba ante el restaurante Hirasei, en el distrito Fukagawa de Edo, no lejos de su propia casa, cuando vio un pie femenino, blanco como la leche, bajo la cortina de un palanquín que se alejaba. Para sus ojos perspicaces, un pie humano era tan expresivo como una cara. Aquél era una pura delicia, dedos exquisitamente cincelados, uñas como conchas iridiscentes de la costa de Enoshima, un talón con redondez de perla, una piel tan lustrosa que parecía bañada en las límpidas aguas de un manantial montañoso. Aquél era un pie para ser alimentado con la sangre de los hombres, un pie para hollar sus cuerpos. Pertenecía con toda seguridad a aquella mujer única que le había rehuido durante tanto tiempo".


"Cuando la muchacha vio aquella extraña pintura, sus labios temblaron y sus ojos empezaron a brillar. Gradualmente su rostro fue adquiriendo un curioso parecido con el de la princesa. Descubría en los rasgos del dibujo su propia personalidad.

—Tus sentimientos se muestran aquí —le dijo Seikichi con placer mientras escrutaba su rostro.

—¿Por qué me muestra esta cosa horrible? —preguntó la muchacha mirándole.

Se había puesto muy pálida.

—La mujer eres tú, su sangre corre por tus venas".


"Horas más tarde, cuando la luna colgaba sobre las casas del otro lado del río, bañándolas con una claridad irreal, el tatuaje no había llegado a la mitad y Seikichi trabajaba a la luz de una vela.

Ni siquiera insertar una simple gota de color era tarea fácil. A cada movimiento de la aguja, Seikichi daba un profundo suspiro como si un puñal se clavase en su corazón".






Junichiro Tanizaki