sábado, 11 de mayo de 2024

Citas: Choque de reyes - George R. R. Martin


"—¿Te duele? —Yoren la miraba atentamente.
«Tranquila como las aguas en calma», se dijo, tal como le había enseñado  Syrio Forel.
—Un poco.
—Al chico de los pasteles le duele mucho más. —Él escupió al suelo—. No fue él quien mató a tu padre, niña, ni tampoco Lommy, ese ladronzuelo. Por mucho que los golpees no le devolverás la vida.
—Lo sé —murmuró Arya, hosca".


"—Alteza —dijo el enano, hincando una rodilla en tierra ante el Rey.
—Eres tú —dijo Joffrey.
—Soy yo —reconoció el Gnomo—, aunque lo apropiado habría sido una bienvenida más cordial, ya que soy una persona mayor, y tu tío para más señas.
—Nos dijeron que habías muerto —intervino el Perro.
—Estoy hablando con el Rey —replicó el hombrecillo mirando al hombretón.
Uno de sus ojos era verde; el otro, negro, y ambos, gélidos—, no con su mascota".

"—También lamento tu pérdida, Joffrey —siguió el enano.
—¿Qué pérdida?
—La de tu regio padre. Haz memoria: un hombre alto con barba negra. El que era el rey antes que tú.
—Ah, eso. Sí, fue una pena. Lo mató un jabalí.
—¿Eso fue lo que te dijeron, Alteza?
Joffrey frunció el ceño. Sansa tuvo la sensación de que debía intervenir. ¿Qué le decía siempre la septa Mordane? «La cortesía es la armadura de las damas», eso. Se puso su armadura".

"—(...)¿Quién mató a Jon Arryn?
—¿Cómo quieres que lo sepa? —Cersei retiró la mano con un gesto brusco.
—La acongojada viuda del Nido de Águilas cree que fui yo. ¿De dónde ha sacado esa idea?
—Lo ignoro. El imbécil de Eddard Stark me acusó de lo mismo. Me dio a entender que Lord Arryn sospechaba, o... bueno, que creía...
—¿Qué te estabas follando a nuestro querido Jaime?
Ella lo abofeteó.
—¿Te crees que estoy tan ciego como nuestro padre? —Tyrion se frotó la mejilla—. No me importa con quién te acuestes..., aunque me parece una injusticia que te abras de piernas para un hermano y no para el otro.
Ella lo abofeteó.
—Vamos, Cersei, si sólo es una broma. Si quieres que te diga la verdad, prefiero a una buena puta. Nunca comprendí qué veía Jaime en ti, aparte de su propio reflejo.
Ella lo abofeteó.
—Como sigas haciendo eso me voy a enfadar. —Tyrion tenía las mejillas enrojecidas y ardiendo, pero sonreía.
—¿Y a mí qué me importa que te enfades? —Aquello había detenido la mano de su hermana".

"—Y ahora que sois la Mano del Rey, mi señor, ¿qué vais a hacer? —le preguntó
Shae mientras él cubría con los dedos la carne cálida y tierna.
—Algo que Cersei no se imaginaría jamás —murmuró Tyrion contra su esbelto cuello—. Voy a hacer... justicia".

"—¿Qué sucede, mi príncipe?
Bran seguía sin acostumbrarse a que lo llamaran príncipe, aunque sabía que era el heredero de Robb, y Robb era ahora el Rey en el Norte. Giró la cabeza para aullar al guardia.
—Auuuuuuuu, uuuuuuuuuuu.
—Dejad de hacer eso —dijo Pelopaja con una mueca.
—Auuuuuuuu, auauauuuuuuuuuuuu.
El guardia se retiró. Cuando volvió a aparecer, lo acompañaba el maestre Luwin, gris de los pies a la cabeza, con la prieta cadena en torno al cuello.
—Bran, esas bestias ya hacen suficiente ruido sin que tú las ayudes. —Cruzó la estancia y le puso la mano en la frente—. Es muy tarde; deberías estar durmiendo.
—Estoy hablando con los lobos —replicó Bran, apartándole la mano.
—¿Le digo a Pelopaja que te lleve a la cama?
—Puedo acostarme yo solo.
Mikken había clavado una hilera de barrotes de hierro en la pared, de manera que Bran podía desplazarse por la habitación impulsándose con los brazos. 
Era un proceso lento y dificultoso, y le dolían los hombros, pero no soportaba que lo llevaran en brazos.
—Además, si no quiero acostarme, no me podéis obligar.
—Todos los hombres necesitan dormir, Bran. Los príncipes también.
—Cuando duermo me convierto en lobo. —Bran giró la cabeza y escudriñó la noche—. ¿Los lobos tienen sueños?
—Creo que todas las criaturas sueñan, pero no igual que los hombres.
—¿Y los muertos sueñan? —preguntó Bran.
Estaba pensando en su padre. Abajo, en las oscuras criptas subterráneas de Invernalia, un escultor tallaba en granito la imagen de Eddard Stark.
—Hay quien dice que sí, y hay quien dice que no —respondió el maestre—. Los muertos nunca han dicho nada al respecto".

"Allí, los gruñidos no abrían caminos. Por mucho que recorriera los muros, no los alejaba. Levantar una pata y marcar los árboles no mantenía a distancia a los hombres. El mundo se estrechaba a su alrededor, pero más allá del bosque amurallado seguían estando las grandes cuevas grises del hombre-roca. «Invernalia», recordó. El sonido le llegó de repente. Más allá de los precipicios-hombre altos como el cielo, el mundo real lo llamaba, y sabía que debía responder o morir".

"—Yo soy el mayordomo del Viejo Oso, tendré que cuidar de él y de su caballo, y montarle la tienda... No me daría tiempo a encargarme también de los pájaros. Sam, pronunciaste el juramento. Ahora eres un hermano de la Guardia de la Noche.
—Un hermano de la Guardia de la Noche no tendría tanto miedo.
—Todos tenemos miedo. De lo contrario, seríamos idiotas.
En los dos últimos años habían desaparecido demasiados exploradores, entre ellos Benjen Stark, el tío de Jon. Dos de los hombres de su tío habían aparecido muertos en el bosque, pero los cadáveres se levantaron en medio de la noche gélida. 
Los dedos quemados de Jon se estremecieron al recordarlo. El espectro aún se le aparecía en sueños: era Othor, muerto, con los ojos de un azul ardiente y las manos heladas y negras, pero era lo que menos falta le hacía recordar a Sam.
—El miedo no debe avergonzarnos, me lo dijo mi padre. Lo importante es cómo nos enfrentamos a él".

"—Rey —graznó el cuervo. Revoloteó por la estancia para ir a posarse en el hombro de Mormont—. Rey —repitió, pavoneándose de adelante atrás.
—Parece que le gusta esa palabra —sonrió Jon.
—Es una palabra que se dice con facilidad. Y gusta con facilidad.
—Rey —repitió el cuervo.
—Creo que quiere que vos tengáis una corona, mi señor.
—En el reino hay ya tres reyes, o sea, dos más de lo que me gustaría. —Mormont acarició al cuervo bajo el pico con un dedo, pero ni por un momento apartó los ojos de Jon Nieve. Aquello lo hizo sentir incómodo.
—Mi señor, ¿por qué me habéis contado todo esto sobre el maestre Aemon?
—¿Acaso necesito un motivo? —Mormont cambió de postura en su asiento y frunció el ceño—. Tu hermano Robb ha sido nombrado Rey en el Norte. Eso es lo que tenéis en común Aemon y tú. Un hermano rey.
—Y otra cosa —dijo Jon—. Un juramento".

"(...)—Pero la vida da muchas vueltas. Como le pasó a Eddard Stark, ¿recordáis, mi señor? Seguro que nunca pensó que su vida terminaría en los peldaños del Sept de Baelor.
—Pocos lo pensaban —concordó Lord Janos con una risita. Tyrion rió también.
—Lástima, me habría gustado verlo. Dicen que hasta Varys se llevó una buena sorpresa.
—La Araña —dijo Lord Janos, que se reía con tantas ganas que se le sacudía la barriga—. Se rumorea que lo sabe todo. Bueno, pues eso no lo sabía.
—¿Cómo iba a saberlo? —Tyrion permitió que su voz transmitiera el primer atisbo de frialdad—. Había contribuido a convencer a mi hermana de que perdonara a Stark, con tal de que vistiera el negro.
—¿Eh? —Janos Slynt miró a Tyrion, y parpadeó.
—Mi hermana, Cersei —repitió Tyrion un poco más fuerte, por si a aquel imbécil le quedaba alguna duda acerca de a quién se refería—. La reina regente.
—Sí. —Slynt bebió un trago—. En cuanto a eso, bueno... Lo ordenó el Rey, mi señor. El Rey en persona.
—El Rey tiene trece años —le recordó Tyrion.
—Ya. Pero sigue siendo el Rey. —Slynt frunció el ceño, y sus mofletes temblaron—. El señor de los Siete Reinos".

"—Ya decía yo que se oía un ruido raro. Decidles a las uvas que se callen; la cabeza me va a estallar. Fue mi hermana. Eso ha sido lo que el muy leal Lord Janos se ha negado a decirme. Cersei envió a los capas doradas a ese burdel. —Varys disimuló una risita nerviosa. De manera que lo sabía desde el principio—. Eso no me lo dijisteis —lo acusó Tyrion.
—Se trataba de vuestra dulce hermana —respondió Varys, tan dolido que parecía a punto de llorar—. No es fácil dar esas noticias, mi señor. Tenía miedo de vuestra reacción. ¿Podréis perdonarme?
—No —restalló Tyrion—. Maldito seáis. Y maldita sea ella. —Sabía que no le podía poner un dedo encima a Cersei. Aún no, ni aunque quisiera, y desde luego no estaba seguro de querer hacerlo. Pero le dolía ejercer aquella farsa de justicia, castigar a seres lamentables como Janos Slynt y Allar Deem, mientras su hermana seguía llevando a cabo sus crueles planes—. De ahora en adelante, me contaréis  todo lo que sepáis, Lord Varys. Todo.
—Eso me tomará mucho tiempo, mi buen señor. —La sonrisa del eunuco era ladina—. Sé muchas cosas.
—Por lo visto, no las suficientes para salvar a aquella niña.
—No, por desgracia no. Había otro bastardo, un chico, mayor. Tomé las medidas necesarias para ponerlo a salvo..., pero confieso que jamás se me ocurrió que la pequeña corriera peligro. Una niña, plebeya, de menos de un año, hija de una prostituta... No representaba ninguna amenaza.
—Era hija de Robert —replicó Tyrion con amargura—. Por lo visto, para Cersei eso era suficiente.
—Sí. Fue muy doloroso, muy triste. Me culpo por la muerte de la dulce pequeña y por la de su madre, que era tan joven y amaba tanto al Rey...
—¿De veras? —Tyrion no había visto jamás el rostro de la chica muerta, pero en su imaginación era Shae y Tysha a la vez—. Me pregunto si una prostituta puede amar de verdad. No, no respondas, hay cosas que prefiero no saber".

"—¿Vais a decirme la respuesta del maldito acertijo, o sólo queréis empeorarme esta jaqueca? —Tyrion inclinó la cabeza hacia un lado.
—De acuerdo —dijo Varys sonriendo de nuevo—, ahí va: el poder reside donde los hombres creen que reside. Ni más ni menos.
—Entonces, ¿el poder es una farsa?
—Una sombra en la pared —murmuró Varys—. Pero las sombras pueden matar.
Y a veces, un hombre muy pequeño puede proyectar una sombra muy grande.
—Lord Varys, por extraño que parezca os estoy tomando cariño. —Tyrion sonrió—. Aún es posible que os mate, pero lo lamentaré de verdad.
—Consideraré eso como un cumplido".

"—¿Cómo sabes a cuáles debes contratar?
—Les echo un vistazo. Los interrogo, averiguo si han combatido y qué tal mienten. —Bronn sonrió—. Y luego les doy una oportunidad de matarme, mientras yo trato de matarlos a ellos.
—¿Te has cargado a alguno?
—A ninguno que nos hubiera sido útil.
—¿Y si alguno te mata a ti?
—Contrátalo sin falta".

"—Lo que está muerto nunca puede morir —rememoró Theon.
—Lo que está muerto nunca puede morir —repitió su tío—, sino que se alza de nuevo, más duro y más fuerte".

"Una vieja de espalda encorvada, enfundada en un informe vestido gris, se aproximó a él con paso cauto.
—Mi señor, me ordenan que os acompañe a vuestras habitaciones.
—¿Quién lo ordena?
—Vuestro señor padre.
—Así que tú sabes quién soy. —Theon se quitó los guantes—. ¿Por qué no ha venido mi padre a recibirme?
—Os espera en la Torre del Mar, mi señor. Cuando hayáis descansado de vuestro viaje.
«Y yo pensaba que Ned Stark era frío»".

"—Han pasado nueve años, ¿no? —dijo por fin Lord Balon.
—Diez —replicó Theon al tiempo que se quitaba los guantes rotos.
—Se llevaron a un niño —dijo su padre—. ¿Qué eres ahora?
—Un hombre —respondió Theon—. Tu sangre y tu heredero.
—Ya lo veremos —gruñó Lord Balon.
—Lo verás —le prometió Theon.
—Diez años, dices. Stark te tuvo tanto tiempo como yo. Y ahora vienes como enviado suyo.
—Suyo, no. Lord Eddard está muerto; la reina Lannister lo decapitó".

"—Mis doncellas dicen que aquí hay espíritus.
—Hay espíritus en todas partes —dijo Ser Jorah con voz amable—. Los llevamos con nosotros adonde quiera que vamos.
«Sí —pensó ella—. Viserys, Khal Drogo, mi hijo Rhaego... siempre están conmigo»".

"—¿Ella murió en Lys? —le preguntó con dulzura.
—Sólo para mí —dijo—. Antes de medio año el oro se había agotado, y tuve que venderme como mercenario. Mientras luchaba contra los braavosi, en el Rhoyne, Lynesse se fue a vivir a la mansión de un príncipe mercader llamado Tregar Ormollen. Me han dicho que ahora es la primera de sus concubinas, y que hasta su esposa la teme.
—¿Y vos la odiáis? —Dany estaba horrorizada.
—Casi tanto como la amo —respondió Ser Jorah—".

"—¿Cómo era de aspecto vuestra Lady Lynesse?
—Pues... —Ser Jorah sonrió con tristeza—. Se parecía un poco a vos, Daenerys.
—Hizo una profunda reverencia—. Que durmáis bien, mi reina.
Dany se estremeció y se arrebujó en la piel de león. «Se parecía a mí.» 
Aquello explicaba muchas cosas que hasta entonces no había comprendido.
«Me quiere —se dijo—. Me ama como la amaba a ella, no como un caballero ama a su reina, sino como un hombre ama a una mujer»".

"—¿Les has estado enseñando a hablar? —preguntó a Sam.
—Un poco. Hay tres que ya saben decir «nieve».
—Ya me parecía demasiado que hubiera uno que graznara mi nombre —replicó Jon—. Y la nieve no es lo mejor que se puede encontrar un hermano negro.
En el norte, la nieve y la muerte a menudo llegaban juntas".

"Arya se lanzó al túnel de cabeza y cayó dos varas. Se le llenó la boca de tierra, pero no le importó; hasta le supo bien. Era un sabor a barro, a gusanos, a vida. Bajo la tierra, el aire era fresco, y reinaba la oscuridad. Arriba no había más que sangre, llamas rojas, humo asfixiante, y relinchos de caballos moribundos. Se movió el cinturón para que Aguja no la entorpeciera y empezó a reptar. Apenas había recorrido una docena de codos de túnel cuando oyó un sonido a sus espaldas, como el rugido de una bestia monstruosa, y una nube de humo caliente y polvo negro le llegó con olor a infierno. Arya contuvo el aliento, se tiró de bruces al suelo del túnel y lloró. No habría sabido decir por quién".

"—Quiero que todas las fraguas de Desembarco del Rey se dediquen a hacer estos eslabones y a entrelazarlos. Que dejen de lado los otros encargos. Que se dedique a esta tarea hasta el último de los hombres que sepa trabajar el metal, ya sea maestro, jornalero o aprendiz. Cuando pase a caballo por la calle del Acero quiero oír martillos, día y noche. Y necesito un hombre, un hombre fuerte, que se encargue de todo eso. ¿Eres tú ese hombre, maestro Panza de Hierro?
—Es posible, mi señor. Pero ¿qué pasa con las espadas y las armaduras que está esperando la Reina?
—Su Alteza nos hizo un encargo —intervino otro herrero—. Nos ordenó hacer cotas de malla, armaduras, espadas, dagas y hachas, en grandes cantidades. Son para armar a sus nuevos capas doradas, mi señor.
—Eso tendrá que esperar —dijo Tyrion—. La cadena es lo primero.
—Perdonad, mi señor, pero es que Su Alteza dijo que a los que no cumpliéramos su encargo nos haría aplastar las manos —insistió el herrero ansioso—. Que nos las aplastarían en nuestros yunques, mi señor. Eso mismo dijo.
«La adorable Cersei, siempre afanosa por conseguir que el pueblo nos quiera.»
—Nadie aplastará ninguna mano. Os doy mi palabra".

"Podrick Payne estaba ante la puerta de sus estancias, con la vista clavada en el suelo.
—Está dentro —anunció al cinturón de Tyrion—. Ahí dentro. Mi señor. Perdón.
—Mírame, Pod. —Tyrion suspiró—. Me pone enfermo que le hables a mi bragueta. Aunque me eches un vistazo a la cara no te volverás enano; no es contagioso".

"—No temas, niña. —El Perro le puso una pesada mano en el hombro—. Aunque le pinten rayas a un sapo, no se convierte en tigre.
—Ser, ¿dónde...? —preguntó Ser Boros levantándose el visor.
—Métete por el culo eso de «ser», Boros. El caballero eres tú, no yo. Yo soy el perro del Rey, ¿recuerdas?
—El Rey estaba buscando a su perro.
—El perro estaba bebiendo. Te correspondía a ti cuidar de él, Ser. A ti y al resto de mis hermanos".

"«El miedo hiere más que las espadas»".

"—Has ofrecido demasiado, y sin mi autorización ni mi consentimiento.
—Estamos hablando del príncipe de Dorne. Si le hubiera ofrecido menos, me habría escupido a la cara.
—¡Es demasiado! —insistió Cersei, volviéndose de nuevo hacia él.
—¿Qué le habrías ofrecido tú, el agujero que tienes entre las piernas? 
—preguntó Tyrion, también furioso. En aquella ocasión vio venir la bofetada. Fue tan violenta
que le crujió el cuello—. Mi querida, queridísima hermana —dijo—, te prometo que ha sido la última vez que me golpeas.
—No me amenaces, hombrecillo —replicó su hermana riéndose—".

"—La guerra los hará crecer —dijo Catelyn—. Como nos pasó a nosotros. —Ella también era una niña cuando Robert, Ned y Jon Arryn alzaron a sus vasallos contra Aerys Targaryen, y una mujer cuando la guerra terminó—. Los compadezco.
—¿Por qué? —le preguntó Lord Rowan—. Miradlos bien. Son jóvenes y fuertes, están llenos de vida y risas. Y también de lujuria, claro; tanta que no saben qué hacer con ella. Esta noche se concebirá más de un bastardo, podéis estar segura. ¿Por qué los compadecéis?
—Porque esto no va a durar mucho —respondió Catelyn con tristeza—. Porque son caballeros del verano, y se acerca el invierno.
—Os equivocáis, Lady Catelyn. —Brienne clavó en ella unos ojos tan azules como su armadura—. Para la gente como nosotros, el invierno no llega jamás. Si caemos en combate se cantarán canciones sobre nosotros, y en las canciones siempre es verano. En las canciones todos los caballeros son galantes, todas las doncellas son hermosas, y siempre brilla el sol.
«El invierno nos llega a todos —pensó Catelyn—. Para mí llegó el día en que murió Ned. También llegará para ti, pequeña, y antes de lo que querrías.» Pero no tuvo valor para decírselo en voz alta".

"—¿Qué pasa, los has encerrado con un zorro? —lo llamó Jon.
—Ah, hola, Jon. —El agua corrió por el ala del sombrero de Sam cuando el muchacho alzó la cabeza—. No, es que no les gusta la lluvia, igual que a nosotros.
—¿Cómo estás, Sam?
—Mojado. —El chico gordo consiguió esbozar una sonrisa—. Pero hasta ahora sigo vivo".

"—Los muertos no dan problemas —dijo Jarman Buckwell—. Pero ¿qué pasa con los vivos, mi señor? ¿Qué hay de vuestro rey?
—¡Rey! —graznó el cuervo de Mormont—. Rey, rey, rey.
—¿Ese Mance Rayder? —Craster escupió al fuego—. El Rey-más-allá-del-Muro.
La gente libre no necesita reyes. —Clavó la vista en Mormont—".

"—Vuestra casa, vuestras reglas —dijo Thoren Smallwood.
Lord Mormont asintió con gesto rígido, aunque no parecía nada satisfecho.
—Bien, todo arreglado —gruñó Craster—. ¿Alguno de vuestros hombres sabe dibujar mapas?
—Sam Tarly —sugirió Jon—. Le encantan los mapas.
Mormont le hizo un gesto para que se acercara a él.
—Dile que entre después de comer. Que traiga pluma y pergamino. Y busca también a Tollett. Dile que traiga mi hacha. Un regalo para nuestro anfitrión.
—Eh, ¿quién es éste? —dijo Craster antes de que Jon pudiera salir para cumplir las órdenes—. Tiene cara de Stark.
—Es Jon Nieve, mi mayordomo y escudero.
—Un bastardo, ¿eh? —Craster miró a Jon de arriba abajo—".

"—El mundo está lleno de gente que quiere ayuda, Jon. Ojalá algunas de esas personas juntaran el valor necesario para ayudarse a sí mismas".

"Era de una belleza innegable. «Pero la primera siempre es una belleza», pensó Theon Greyjoy.
—Hermoso espectáculo, ¿eh? —dijo una voz femenina detrás de él—. Al joven señor le gusta, ¿verdad?
Theon se volvió y le dirigió una mirada valorativa. Le agradó lo que vio. Hija del hierro, eso se notaba a primera vista: esbelta, de piernas largas, el pelo negro y corto, la piel curtida por el viento, manos fuertes y seguras, y una daga al cinto. Tenía la nariz demasiado grande y afilada para su rostro delgado, pero lo compensaba con una sonrisa preciosa. Calculó que tendría unos pocos años más que él, pero no pasaría de los veinticinco. Se movía como si estuviera acostumbrada a tener la cubierta de un barco bajo los pies.
—Sí, es una belleza —dijo—. Pero no tanto como tú.
—Vaya, vaya. —La joven sonrió—. Más me vale tener cuidado. El joven señor tiene la lengua de miel.
—Pruébala y lo sabrás.
—¿Así nos ponemos? —replicó, mirándolo directamente a los ojos".

"—¿Y qué saben de naves en las tierras verdes? ¿O de mujeres, ya que estamos?
Además, me parece que te lo acabas de inventar.
—Si confieso, ¿me seguirás amando?
—¿Seguiré? ¿Cuándo te he amado yo?
—Jamás —reconoció—, pero es un error que intento reparar, mi dulce Esgred. El viento es frío. Sube a bordo de mi barco y deja que te dé calor".

"—Espero que el Viejo Oso sobreviviera a ese ataque.

—Así fue.
—Y que vuestros hermanos mataran a esos... eh... a esos muertos.
—Lo hicimos.
—¿Seguro que esta vez están muertos? —preguntó Tyrion con voz amable. Al oír la carcajada de Bronn supo que había elegido el camino adecuado—. ¿Muertos del todo?
—Estaban muertos desde el principio —le espetó Ser Alliser—. Pálidos y helados, con las manos y los pies negros. He traído la mano de Jared; el lobo del bastardo se la arrancó al cadáver.
—¿Y dónde está ese encantador recuerdo? —preguntó Meñique.
—Se... —Ser Alliser frunció el ceño, incómodo—. Se pudrió mientras esperaba que me recibierais. No quedan más que los huesos.
Las risitas contenidas llenaron la sala.
—Lord Baelish —llamó Tyrion a Meñique—, comprad a nuestro valiente Ser Alliser un centenar de palas para que se las lleve al Muro.
—¿Palas? —Ser Alliser tenía entrecerrados los ojos con gesto de desconfianza.
—Si enterráis a vuestros muertos, seguro que no se vuelven a levantar —le dijo
Tyrion, y la corte rió abiertamente—. Las palas solucionarán vuestros problemas, sobre todo si las usan unos brazos fuertes".

"«El miedo hiere más que las espadas», se repetía Arya, pero no conseguía espantar el miedo".

"Recorrió la fila de prisioneros y les fue explicando que nunca debían mirar a los nobles a los ojos, ni hablar si no les hablaban, ni cruzarse en el camino del señor.
—La nariz no me engaña nunca —alardeó—. Puedo oler la rebeldía, el orgullo, la desobediencia... Como huela cualquiera de esas cosas, lo pagaréis. 
Cuando os olfatee, no quiero otro olor que el del miedo".

"—Los grandes señores siempre han luchado entre ellos. Decidme quién ha ganado y os diré qué significa. Los Siete Reinos no caerán en vuestras manos como otros tantos melocotones maduros, khaleesi. Necesitaréis una flota, oro, ejércitos, alianzas...
—Ya sé todo eso. —Le cogió las manos y alzó la vista para mirarlo a los ojos, oscuros, desconfiados. «A veces me ve como a una niña a la que tiene que proteger, y a veces como a una mujer con la que querría acostarse, pero... ¿alguna vez me ve como a su reina?»—. No soy la niña asustada que conocisteis en Pentos. Sí, sólo he vivido quince días de mi nombre... pero soy tan anciana como las viejas del dosh khaleen, y a la vez, tan joven como mis dragones, Jorah. He parido un hijo, quemado a un khal, y cruzado el desierto rojo y el mar dothraki. Mi sangre es la sangre del dragón.
—Igual que la de vuestro hermano —dijo, testarudo.
—Yo no soy Viserys.
—No —reconoció él—. En vos hay más de Rhaegar, pero hasta Rhaegar podía morir. Robert lo demostró en el Tridente, y no le hizo falta más que una maza. Hasta
los dragones mueren.
—Hasta los dragones mueren. —Se puso de puntillas para depositar un ligero beso en la mejilla sin afeitar del caballero—. Pero también los asesinos de dragones".

"—Soy un caballero...
—Ya me he dado cuenta. Dime una cosa, ¿Cersei te hizo caballero antes o después de meterte en su cama?
La vacilación en los ojos verdes de Lancel era toda la admisión que Tyrion necesitaba. Así que Varys tenía razón. «Bueno, que no se diga que mi hermana no ama a su familia»".

"—Estáis muy callada —observó Tyrion Lannister—. ¿Es eso lo que queréis?
¿Que cancele vuestro compromiso?
—Yo... —Sansa no sabía qué decir. «¿Es un truco? ¿Me castigará si digo la verdad?» Contempló el gigantesco entrecejo saliente del enano, el duro ojo negro, el astuto ojo verde, los dientes desiguales y la barba hirsuta—. Yo sólo quiero ser leal.
—Leal —sonrió el enano—. Y estar bien lejos de cualquier Lannister. No os lo critico. Cuando tenía vuestra edad, yo quería lo mismo. —Sonrió de nuevo—. Me han dicho que vais todos los días al bosque de dioses. ¿Qué pedís en vuestras oraciones, Sansa?
«Pido la victoria de Robb y la muerte de Joffrey... y volver a casa. A Invernalia.»
—Pido el fin de la guerra".

"—No confiéis demasiado en lo sucedido en Cruce de Bueyes, mi señora —dijo con voz no exenta de amabilidad—. Una batalla no es la guerra, y desde luego, mi señor padre no es mi tío Stafford. La próxima vez que vayáis al bosque de dioses, rezad para que vuestro hermano tenga la sabiduría de rendirse. Una vez el norte vuelva a estar bajo la paz del rey, os enviaré a casa. —Se bajó del asiento junto a la ventana—. Podéis dormir aquí esta noche. Os pondré una guardia formada por hombres míos, tal vez algunos Grajos de Piedra...
—No —se horrorizó Sansa. Si estaba encerrada en la Torre de la Mano, vigilada por los hombres del enano, ¿cómo podría Ser Dontos liberarla?
—¿Preferiríais que fueran Orejas Negras? Si os sentís más tranquila con una mujer, encargaré a Chella...
—No, mi señor, por favor. Los salvajes me dan miedo.
—A mí también. —Tyrion sonrió—. Pero lo importante es que asustan a Joffrey y a ese nido de víboras arteras y perros lameculos que son su Guardia Real. Mientras Chella o Timett estén a vuestro lado, nadie se atreverá a haceros daño.
—Preferiría volver a mi cama. —La mentira se le ocurrió de repente, pero le pareció tan apropiada que la soltó sin pensar—. En esta torre fueron asesinados los hombres de mi padre. Sus fantasmas me darían pesadillas espantosas, y mirase donde mirase, vería su sangre.
—Conozco bien las pesadillas, Sansa. —Tyrion Lannister estudió su rostro—. Puede que seáis más sabia de lo que imaginaba".

"—¿Qué es lo que hueles, Dywen? —peguntó Grenn.
El forestal tomó una cucharada de guiso. Se había quitado la dentadura. 
Tenía la piel del rostro correosa y arrugada, y las manos, tan nudosas como las raíces de un árbol viejo.
—A mí me parece que huele... a frío.
—Tienes la cabeza de madera, igual que los dientes —bufó Hake—. El frío no huele a nada.
«Sí que huele —pensó Jon al recordar aquella noche en las habitaciones del Lord Comandante—. Huele como la muerte»".

"—El maestre Luwin dice que en los sueños no hay nada que temer.
—Sí lo hay —replicó Jojen.
—¿El qué?
—El pasado. El futuro. La verdad".

"—Podéis decirle a Su Alteza que los Tyrell son mucho más ricos que los Stark —intervino Meñique—. Y tengo entendido que Margaery es bellísima... y está en edad de compartir su lecho.
—Sí —dijo Tyrion—. Eso a Joff le gustará.
—Mi hijo es demasiado joven para preocuparse de esas cosas.
—¿Eso crees? —preguntó Tyrion—. Tiene trece años, Cersei. Los mismos que tenía yo cuando me casé.
—Nos avergonzaste a todos con aquel episodio lamentable. Joffrey tiene más clase.
—Sí, tanta clase que ordenó a Ser Boros que le arrancara la ropa a Sansa.
—Estaba enfadado con ella.
—También estaba enfadado con el pinche de cocina que derramó la sopa anoche, y a él no hizo que lo desnudaran".

"—Tyrion, sé que no siempre estamos de acuerdo en temas de política, pero creo que me he equivocado contigo. No eres tan idiota como imaginaba. La verdad es que ahora comprendo cuánto nos estás ayudando. Y te lo agradezco. Si te he hablado con brusquedad en el pasado, perdóname.
—¿De veras? —Se encogió de hombros—. Mi querida hermana, no has hecho nada por lo que tengas que pedir perdón.
—¿Quieres decir hoy?
Los dos se echaron a reír... y Cersei se inclinó y le dio un rápido beso en la frente. Tyrion se quedó sin palabras de puro asombro, y no pudo hacer otra cosa que ver cómo se alejaba por el corredor, acompañada por Ser Preston.
—¿Me he vuelto loco, o mi hermana acaba de darme un beso? —preguntó a Bronn cuando Cersei se perdió en la distancia.
—¿Ha sido grato?
—Ha sido... inesperado. —Cersei se estaba comportando de manera muy extraña en los últimos días. Aquello intranquilizaba a Tyrion—. Estoy tratando de recordar la última vez que me besó. Tendría yo seis o siete años. Jaime la había retado a que lo hiciera.
—Será que la señora por fin se ha fijado en tus encantos.
—No —replicó Tyrion—. No, la señora está incubando algo. Más vale que averigüemos qué es, Bronn. Ya sabes lo poco que me gustan las sorpresas".

"Catelyn sospechaba que aquello era obra del Gnomo; apestaba a la misma astucia de la que había hecho gala en el Nido de Águilas. En otros tiempos habría dicho que
Tyrion era el menos peligroso de los Lannister. Ya no estaba tan segura.
—¿Cómo los atrapaste?
—Eh... pues dio la casualidad de que yo no estaba en el castillo, había cruzado el Piedra Caída para... eh...
—Para ir de putas o con alguna mujer. Sigue contándome".

"—Quiero que aparezca Tyrek, vivo o muerto —dijo Tyrion con voz seca cuando Bywater hubo terminado—. No es más que un muchacho, e hijo de mi difunto tío Tygett. Su padre siempre se portó bien conmigo.
—Daremos con él. Y también con la corona del Septon.
—Por mí, los Otros se pueden meter la corona del septon por el culo".

"Al llegar, Bronn se quejó de la oscuridad de la estancia y exigió que encendieran el fuego en la chimenea. Ya chisporroteaba alegre cuando llegó Varys.
—¿Se puede saber dónde estabais? —bufó Tyrion.
—Encargándome de asuntos del Rey, mi querido señor.
—Ah, sí, el Rey —masculló Tyrion—. Mi sobrino no es capaz de sentarse en un retrete, no digamos ya en el Trono de Hierro.
—Todo aprendiz debe aprender su profesión. —Varys se encogió de hombros".

"—Lord Varys ha venido a veros —anunció Shae.
El hermano mendicante la miró atónito. Tyrion se echó a reír.
—Es verdad. ¿Cómo lo has reconocido? Yo no había caído.
—Sigue siendo él —contestó Shae encogiéndose de hombros—, sólo se ha cambiado de ropa.
—De ropa, de aspecto, de olor, de manera de andar... —dijo Tyrion—. Habría engañado a casi cualquier hombre.
—Y probablemente a casi cualquier mujer. Pero no a una puta. Las putas aprendemos a ver a los hombres, no sus atuendos, si no queremos acabar muertas en un callejón".

"—¿Qué haréis vos cuando lo cruce?
—Luchar. Matar. Puede que morir.
—¿Y no tenéis miedo? Puede que los dioses os envíen a un infierno espantoso por todo el mal que habéis hecho.
—¿Qué mal? —Se echó a reír—. ¿Qué dioses?
—Los dioses que nos hicieron a todos.
—¿A todos? —se burló—. Dime, pajarito, ¿qué clase de dioses crean a un monstruo como el Gnomo, o a una retrasada como la hija de Lady Tanda? Si hay dioses, hicieron a las ovejas para que los lobos pudieran comer carne, y también hicieron a los débiles para que los fuertes jugaran con ellos.
—Los verdaderos caballeros protegen a los débiles.
—No hay verdaderos caballeros —soltó el Perro con un bufido—, igual que no hay dioses. Si no puedes protegerte a ti misma, muérete y aparta del camino de los que sí pueden. Este mundo lo rige el acero afilado y los brazos fuertes; no creas a quien te diga lo contrario.
—Sois odioso. —Sansa retrocedió un paso.
—Soy sincero. Es el mundo el que es odioso. Venga, pajarito, vete volando. Ya estoy harto de que me mires".

"—(...)¿Tú quieres ser amada, Sansa?
—Todo el mundo quiere ser amado.
—Por lo que veo, el florecimiento no te ha hecho más avispada —dijo Cersei—. Permíteme que comparta contigo, en este día tan especial, un poco de sabiduría femenina, Sansa. El amor es un veneno. Un veneno dulce, sí, pero un veneno quemata".

"—Bran —dijo quedamente cuando lo vio allí sentado, tan alto a espaldas de Hodor—. Y también Rickon. —Sonrió—. Los dioses son bondadosos. Yo lo sabía...
—¿Lo sabíais? —dijo Bran, inseguro.
—Las piernas, se notaba... las ropas coincidían, pero los músculos de las piernas... pobre chico... —Tosió, y la sangre manó de su interior—. Desapareciste... en el bosque... pero ¿cómo?
—No llegamos a irnos —explicó Bran—. Fuimos hasta el lindero, y después volvimos sobre nuestros pasos. Mandé a los lobos para abrir un sendero, pero nos escondimos en la tumba de mi padre.
—Las criptas —gorgoteó Luwin, con una espuma sanguinolenta en los labios.
Cuando el maestre intentó moverse, emitió un grito agudo de dolor.
Las lágrimas nublaron los ojos de Bran. Cuando un hombre resultaba herido, el maestre se ocupaba de él, pero ¿qué hacer cuando el maestre estaba herido?
—Tenemos que hacer una litera para llevarlo —dijo Osha.
—No tiene sentido —dijo Luwin—. Me estoy muriendo, mujer.
—¡No puedes! —dijo Rickon, airado—. ¡Tú no puedes!
A su lado, Peludo enseñó los dientes y gruñó.
—Tranquilo, niño —dijo el maestre con una sonrisa—, soy mucho más viejo que tú. Puedo... morirme cuando desee".

"En el límite del Bosque de los Lobos, Bran se volvió en su cesta para echar una última mirada al castillo que había sido su vida entera. Todavía subían oleadas de humo al cielo gris, pero no más que las que hubieran brotado de las chimeneas de Invernalia en una fría tarde de verano. Algunas de las troneras de los arqueros estaban manchadas de hollín, y aquí y allá se veía una grieta en la muralla o había desaparecido un merlón, pero a esa distancia parecían pequeñeces. 
Detrás, los techos de las torres y torreones estaban en su lugar, como a lo largo de cientos de años, y era difícil decir que el castillo había sido saqueado e incendiado totalmente.
«La piedra es fuerte —se dijo Bran—, las raíces de los árboles se hunden muy profundas, y bajo la tierra, los Reyes del Invierno están sentados en sus tronos.»
Mientras ellos estuvieran allí, Invernalia perduraría. No estaba muerta, sólo rota.
«Como yo —pensó—; yo tampoco estoy muerto»".




George R. R. Martin

viernes, 10 de mayo de 2024

Citas: Llora, corazón, pero no te rompas - Glenn Ringtved y Charlotte Pardi

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"No queriendo asustar a los niños, el visitante había dejado su guadaña afuera junto a la puerta. De todos modos, sabían que era la muerte".

"En la quietud, los niños podían escuchar arriba a su abuela, respirando  con la aspereza que poseían las figuras de la mesa. Sabia que la Muerte había venido por ella y que el tiempo era corto".

"Algunas personas dicen que el corazón de la Muerte es frío y negro como un trozo de carbón, pero eso no es cierto. Debajo de su capa de tinta, el corazón de la muerte es rojo como la puesta de sol más bellas".

"Todos vivieron hasta ser muy viejos. Cuando llegó el momento de morir, Dolor y Alegría lo hicieron el mismo día, al igual que Tristeza y Deleite. Su felicidad juntos había sido tan grande que no podían vivir el uno sin el otro.
Es lo mismo con la vida y la muerte.
La muerte dijo: ¿Qué serpia de la vida si no hubiera muerte? ¿Quién disfrutaría del sol sin nunca llueve? ¿Quién añoraría el día si no hubiera noche?".

"Las cortinas se movían por la suave brisa de la mañana. Mirando a los niños, la Muerte, dice en voz baja:
Llora, corazón, pero nunca te rompas.
Deja que tus lágrimas de dolor y tristeza te ayuden a empezar una nueva vida.
Luego se fue".

"Siempre recordaron las palabras de la Muerte y sentían un gran consuelo en sus corazones que en ocasiones dolían y lloraban... pero nunca se rompían".






Glenn Ringtved y Charlotte Pardi

sábado, 27 de abril de 2024

Citas: No somos invencibles - Daniel Casillas

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   "Y yo, por ti,
consumir me dejaría
como si heroína fuese,
porque no hay droga más dura
que la que empieza en tu boca
y acaba más allá de tu cintura...".

(Miradas cómplices)

"No hay quien se aventure
buscando por los nueve infiernos
la tal ansiada amada, que la mente
perdida le tenía en limbos eternos".

(Algodón de azúcar)

"Pero no lloraré.
Nunca traicioné lo que quise;
No fallé cuando me lo pediste;
Anduve solo cuando partiste,
pero, ahora, no lloraré".

(No lloraré)

"Adoro cada peca
que tienes en la cara.
La luna se me muestra,
inquieta, junto a mi ventana,
me pide que te desnude hasta el alma".

(Luna)

"No, no existen los imposibles,
acabé dándome cuenta de que
lo imposible son solo posibles,
que no hay nada que, con constancia,
no puedas llegar a tener.

No, no existen los imposibles,
y mucho menos en el amor.
A veces, es cuestión de perspectiva".

(No existen los imposibles)

"Querer a alguien que no lo siente
o, simplemente, no te quiere,
es como arrancarse los ojos
y creer que vas a volver a ver".

(Amor ciego)

"Corazón de tinta,
lágrimas escritas
sobre un papel que,
a voces, te grita".

(Corazón de tinta)

"No eres poetisa,
ni musa de sonrisas,
aunque mil poemas,
con pluma, te escriba".

(Corazón de tinta)

"No me llames ni me digas cielo,
me cansé de tu complejo,
no quiero más consejos;
ahora voy a retejar las losas del techo
que me dejaste por los suelos;
paso de celos, soy un pez más
en este mar, pero no recaeré en tu anzuelo".

(No soy más preso)

"Solo olvídate de él,
no eres mujer de ser infiel
pero se te ve que me prefieres.
Déjalo, que sea tu nuevo ex,
y vayamos juntos a ver
París y la Torre Eiffel".

(Me prefieres)

"Duele,
el amarte y el no creerte.
Duele,
el sentirte y el no conocerte.
Duele,
el pensarte y el no lucharte".

(Duele)

"El amar a un amor
que ya no puede estar conmigo,
por fatídico día y triste camino,
ahora yace junto a los muertos,
y no aquí, donde los vivos".

(Cuerda tensa)

"Me mira a la cara,
me desnuda el alma,
se queda sin ropa en la cama,
la veo, no digo ni una palabra,
ella me dice abracadabra,
cierro los ojos y me atrapa;
ni con el rey de espadas
podría ganarle esta batalla".

(Sota de espadas)

"Pues yo me moriría
en donde empieza
tu sonrisa al besar los míos.
Tus labios, inolvidables,
mi canción preferida".

(Inolvidable)

"No se puede escribir un libro
de dos con uno solamente. No se puede.
Al igual que no se sostiene una página
con una sola persona. Es imposible.

Si ya no discurren los dedos juntos,
que nunca lo hagan, pero que no esperen,
porque sabemos que eso duele...
duele mucho... y este libro...
este libro, así, nunca avanza".

(Pasapáginas)

"Ahora, va tocando ir borrando
la memoria, no hay gloria,
ni euforia; quien no te tenga
no sabrá a qué sabe
la palabra Victoria".

(Victoria)





Daniel Casillas

jueves, 7 de marzo de 2024

Citas: Escribir para seguir viviendo - Gemma Trilla

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 "Soy la boba que lo da todo por gente que no daría nada por mí,
soy la sensible que llora leyendo, viendo pelis e incluso escribiendo,
soy la acomplejada, indecisa e insegura,
soy la simpática, creativa y soñadora,soy los nunca que nunca cumplí,
soy los ojalá que sueño con que se cumplan,
soy mi forma de andar, mi forma de hablar, mi forma de vestir, 
soy la forma que tengo de querer,
soy eso que seguiré siendo, es decir
esta chica perfectamente imperfecta, YO".

(Yo)


"La impotencia nos hace parecer egoístas o más bien débiles,
pero en realidad lo que somos es fuertes, ya que lo estamos guardando 
todo dentro de nuestro ser y dejamos crecer ese fuego que al principio 
era diminuto.
Y es que la impotencia no es, más ni menos, quequemarnos por dentro".

(Quemarnos por dentro)

"soy nocturna, lo dije y lo digo,
me pierde el silencio,
me pierden las mentes en ruinas,
me pierde el sonido de las hojas del libro al pasar,
que solo se escuche el sonido de mi boli o teclado al crear".

(Noches)

"No querer mirar el reloj cuando estás a su lado, eso es amor.
Sentir que detendrías el tiempo cada vez que tienes a esa persona cerca, 
eso es amor.
Muchas cosas son amor, pero, para mí, dejar ir, soltarle la mano a la 
persona que quieres para que así ambas seáis felices, para mí, eso sí, 
es amor".

(Es amor)

"El tiempo, por mucho que queramos controlarlo, nunca lo ganamos, 
siempre perdemos tiempo".

(¿Tiempo o amor?)

"Porque el tiempo pasa y se puede olvidar de mí, de ti y de todo el 
mundo, pero hay de algo que no puede olvidarse, del amor".

(¿Tiempo o amor?)

"Que yo te dejo mis gafas, pero tú me tienes que dejar entrar en ellos, 
destruimos la pared o creamos una puerta, pero quiero estar a tu lado, 
aunque funciones al revés que el mundo, aunque te congeles en fuego y te 
calientes en iglús.
Porque el negro y el gris nunca me parecieron tan bonitos si forman 
parte de alguien con tanta luz como tú".

(Tus laberintos)

"Recuerda: las cosas son así porque tienen que serlo, es todo un proceso 
de cambio y crecimiento. Pronto lo descubrirás.
Nada es casualidad, todo es causalidad".

(Causalidad)

"Sabe que ya no es esa niña de 16 años que se enamoró y vivió la 
historia, esa historia del primer amor, esa historia a la que ella 
llamaba el amor de su vida.
Pero que, al final, era más un cuento de hadas que un amor real.
Ya no es aquella que se dejaba llevar, que soñaba a lo grande, ya no es 
una niña, ahora es más bien una mujer sabiendo diferenciar esos cuentos 
de la realidad".

(¿Cuento o realidad?)

"Me miro por dentro y no sé quién soy, no me reconozco, sigo siendo esa 
niña perdida sin rumbo, mitad huracán y mitad caos.
Todo parece ir bien, pero yo me siento mal".

(Heridas sin coser)

"Esas con las que harías mil cosas por primera vez hasta gastar todas 
las primeras veces, porque te transmiten ganas de vivir y te dan años de 
vida.
Esas que te hacen filosofar sobre mil temas, debatir de todo y tener un 
pensamiento más lateral sobre cualquier cosa".

(Personas)

"Ni el pasado fue tan bonito ni nuestro futuro lo será.
Imperfecto es la palabra.
Sé que será como tenga que ser, lleno de presentes que nos seguirán 
haciendo crecer como persona, que nos sacarán sonrisas, lágrimas, dolor 
y felicidad".

(Presente)

"Tú englobabas la palabra todo y ahora no sabes lo que duele que me 
pasen cosas y no ser a ti a quien se las cuente, mirar las fotos y 
pensar en todo lo que hemos vivido estos años y que ahora solo queden 
recuerdos de eso que vivimos; pero no pudo ser".

(Fuiste todo)

"Pero lo nuestro parecía tener los días contados. Y eso que soy de las 
que piensa que el final del libro puede cambiar, que no está todo 
escrito y que, si no cambia, se pueden quemar las páginas y volver a 
escribirlo".

(Pasar página)

"Y mi corazón y cuerpo tan vacíos que la mente ya ni siente, ya ni 
piensa, ya ni sufre.
Sobrevivo, pero no vivo".

(Sobrevivo)

"Hago de mi vida un caos, un desastre adictivo, del cual salir es más 
difícil que entrar.
No quiero salir, me quiero quedar.
Si me quedo, no podré avanzar y, con la rutina de mi vida, acabar".

(Salvación)

"Vivir, para mí, es algo parecido a respirar aire puro, estar en una 
terraza a las tres de la madrugada viendo las estrellas y hablando de 
cualquier cosa.
Vivir, para mí, es crecer y avanzar".

(Vida)

"No estás tan lejos de llegar a lo más alto, si miras atrás te darás 
cuenta de todo lo que has logrado subir y, si pudieras ver lo que te 
queda realmente para llegar a lo más alto, sabrías que no es tanto. Todo 
es cuestión de perspectiva".

(Estancarse)

"Porque se me puede estar cayendo el mundo encima, que, al final, cuando 
la tormenta haya pasado y solo llueva, yo seguiré esperando al sol.
Porque nada dura para siempre y al final de todo se aprende, incluso de 
lo malo, porque esto también pasará".

(Esto también pasará)

"Mi vía de escape siempre serán los libros y la escritura es mi forma de 
evadirme del mundo y sentirme en calma.
Pienso seguir escribiendo, para mí escribir es necesario para vivir.
Escribir para seguir viviendo".

(Escribir para seguir viviendo)





Gemma Trilla

martes, 5 de marzo de 2024

Citas: Soldado de juguete, corazón de chocolate - Mariano Cointte

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 Soldado de juguete, corazón de chocolate


"Combatimos toda la tarde. Él, mis camaradas y yo. Éramos un ejército invencible contra las fuerzas invasoras que atravesaron el portal dimensional. Bestias prehistóricas, llenas de cuernos y dientes, con una inteligencia superlativa que les permitía atravesar todas nuestras defensas.
Nuestros tanques de poco servían contra tal embestida, ni siquiera el helicóptero de última generación que habían enviado desde el cuartel general. Pero yo confiaba en mi compañero, y aunque la situación era cada vez más desesperada, sabía que Conan sacaría una carta magistral de su enorme arsenal de tácticas, y nos salvaría. A veces hasta yo, con mis humildes habilidades, compartía la gloria que en realidad, era toda de él.
Por eso éramos tan amigos".

"Conan me miró de una forma que solo pude interpretar como despedida.
Le grité que no. Que me dejara a mí. Yo haría el último sacrificio.
—¡No, amigo! ¡No! —Pero mis gritos parecían perderse en la lejanía.
Mi amigo, el único que tuve. Me sacó la bomba de las manos. Me sonrió con agradecimiento y avanzó solo contra el Enemigo. Era el fin".

Muérdago y plomo

"—Mami. Ten fe —dijo Briela, aun en su inocencia casi arrebatada por la barbarie, sonreía mostrando algunos huecos naturales en su boca.
—¡Escúchame, Bri! —reclamó desesperada la madre.
—Hoy es Navidad —continuó la niña.
—¡Escúchame! —insistió la mujer, con la mirada desencajada—. Si vienen a buscarte... —Le tembló el labio inferior por el horror que le producía la idea, pero también por lo que estaba por pedirle a su pequeña—, si vienen a buscarte, te muerdes así —Le hizo la mímica de la boca contra la muñeca—. Fuerte, muy fuerte, hasta que sientas que te duermes".

"La niña se escarbó el pelo sucio y encrespado, extrajo algo y se lo mostró a su madre con la mano abierta. Una ramilla de muérdago.
—Recordaba siempre las historias de la abuela. Y para estas épocas siempre guardo un poco, por si aparece mi príncipe y quiere un beso —dijo sonriendo, con esa inocencia de sus pocos años, la esperanza infatigable de los niños".

El mosquetero

"Eran los Tres Mosqueteros, o así se consideraban en su pequeña pero ilustre cofradía infantil. Los demás niños solían decirles los boludos que juegan a cosas que no existen".

"—¿Qué les estará diciendo esa bruja sobre mí? —se preguntó Cacho, un poco preocupado.
—Y..., que sos un burro —dijo divertido Beto, a lo que el otro le contestó con una farsa de golpearlo en la cabeza suavemente. Ambos se reían.
—No creo —dijo Miguel, siempre el más centrado—, parece mala pero creo que no es tanto.
—Uh vos..., siempre mirando las cosas tan bonitas —dijo con fastidio Cacho".

"—No te preocupés. Todo va a estar bien —le dijo. Los otros asintieron solidariamente. Pablo sonrió emocionado.
—Gracias muchachos. Saben..., creo que son los mejores amigos que pude tener —dijo casi al borde las lágrimas. Los tres mosqueteros se sonrojaron un poco, no era habitual ese tipo de emociones entre varones para la época".

Batallón Borysko

"Fue como mil truenos resonando al mismo tiempo. Pero no solo eso aturdió al pequeño Danylko, le faltaba el aire, y cuando quiso respirar, lo único que pasaba por su garganta era un polvo áspero y con gusto a muerte".

"—Tratemos de dormir. Esperemos la mañana, y si hasta ese momento no ha venido nadie a rescatarnos, emprenderemos la búsqueda de papá —sugirió Borysko.
—De acuerdo —musitó Danylko, apretándose contra su hermano para conseguir calor—. ¿Y si papá también ha muerto? —preguntó, aunque con la apatía de aquellos que están bajo un tremendo shock emocional.
—Entonces iremos con los abuelos —respondió pragmático Borysko, aunque el corazón se le desbocaba de solo pensar en perder a su padre también; pero debía mantener la calma por Danylko—. Ahora duérmete —le dijo al más pequeño y le dio un beso en la frente como su madre solía hacer.
—¡Puaj! ¿Por qué hiciste eso? —se quejó Danylko con cara de repugnancia, su hermano mayor nunca había sido así de afectuoso con él.
—Porque sí. Ahora duérmete —contestó Borysko y agradeció la poca luz que ocultaba sus lágrimas. Sin embargo, Danylko podía ver perfectamente con sus ojos jóvenes y ya adaptados a la baja luminosidad.
—Gracias —dijo el más pequeño—, yo también te quiero".

El ladrón de estrellas

"—¿Qué pasa, Aquiles? —preguntó Abuelito.
—Las estrellas..., muchas se van a dormir —contestó el niño. Abuelito lanzó una pequeña risa divertida. Ambos sintieron unos pasos lentos y seguros acercarse a sus espaldas. Aquiles conocía esa cadencia desde que tenía memoria.
—En realidad ya están dormidas —dijo la voz grave de Papá. Ante esas palabras, Aquiles levantó una ceja con curiosidad.
—Si están dormidas, ¿cómo podemos ver su luz? —preguntó el niño con cierto humor, Papá no sabía lo que decía.
—Lo que vemos son los sueños de las estrellas, que nos llenan de ideas hermosas cuando dormimos. ¿Acaso no sueñas? —respondió Papá y a Aquiles le pareció completamente cierto, de qué otra parte podían venir los sueños.
—¿Y cuándo soñamos cosas feas?, ¿pesadillas?
—Es porque el Ladrón de Estrellas se llevó esa luz antes de tiempo y sin ella, los sueños se vuelven feos y oscuros".

"—Papá... ¿por qué todos los años colocas estas cosas enormes en el patio? —preguntó él niño con una mezcla de curiosidad y fastidio.
—¿Acaso no te gustan? —repreguntó Aquiles, muy divertido.
—Los otros papis hacen espectáculos con sus gafas y todos los pueden ver y escuchar —había una nota de tristeza y reclamo en el niño—. Pero nosotros solo miramos las estrellas, es aburrido.
—¿Sabías que tu abuelo decía que la luz de las estrellas era la materia de la que se hacían nuestros sueños más hermosos? —comentó Aquiles con la intención de sorprender al pequeño.
—El abuelo no sabía nada entonces..., las estrellas que vemos en el cielo ya murieron hace millones de años —respondió el niño de seis años con toda autoridad, y mirando a su padre como si fuera un estúpido agregó—. La gente de antes era bastante ignorante por lo que me dices.
—Sí, tienes razón. —Aquiles sonrió con amargura. Su hijo aun siendo tan pequeño ya veía el mundo al desnudo, sin fantasía y tal vez con un pragmatismo poco sano—".

Encuentro

"—Bueno, por qué no dejamos toda esta cosa misteriosa y me explicas quién eres y por qué hablas como si me conocieras —el joven estaba fastidiado.
—Todo a su tiempo, ¿me invitas a un café en tu casa? —inquirió ella mientras pestañeaba seductoramente, como una niña traviesa. A él, se le estrujó la garganta, tragó saliva ante la insinuación y de nuevo sintió un poco de asco. Pensó de nuevo, que en alguna parte había visto esos ojos.
—Ahem, ¿no es un poco apresurado? Ahem, ¿no se supone que yo tengo que invitarte? —tartamudeó él—. Además, eres un poco joven para mi gusto.
Ella rió estentóreamente, divertida en extremo. Y a él le pareció música para los oídos".







Mariano Cointte

sábado, 2 de marzo de 2024

Citas: Soñando despierto - Daniel Casillas


"La lectura de un buen libro
da alas
a la imaginación del lector.
La imaginación, el talento
y la perseverancia 
en buscar siempre la perfección".

(Alas)

"Vivo soñando que todo es
pura felicidad,
pero esa felicidad desata
a los miedos,
unos miedos que se te aferran
de verdad, atándote y dejándote mudo,
bien quieto".

(Vivo soñando)

"En la quietud de la noche
los pensamientos vuelan,
la tristeza hace que duelan, 
hay lágrimas con derroche".

(Mira el cielo)

"Hoy, hoy ya no queda nada.
Pero tú te fuiste y yo ya no pienso esperar.
Si el amor se va contigo ¡Encantado! Otra vendrá y se dará cuenta
de todo aquello que tú no has valorado".

(No queda nada)

"Todo acabó siendo solo nada.
Nada era todo lo que me dabas.
Pensabas que hacías el bien
y de tu mano iba el mal también".

(Recuerdo aquel día)

"Ya no daba para más mi alma.
Tú mataste con tu orgullo mi corazón.
Luces, sonidos, bullicio, diversión.
Todo, escapando, probé en la noche".

(Huyo)

"Flores, flores y más flores
que antaño siempre cubrieron
el sendero de nuestra vida
de vivos y alegres colores".

(Sin caminos)

"No hay bravo oleaje que me derive,
ahora soy capitán de mi destino.
No hay fuego que la madera cautive,
sigo siendo capitán de mi destino".

(Prefiero)

"Me podrías llamar fiel,
si tu mirada sola me envuelve,
ignorando el paso del tiempo".

(In-fiel)

"De errores pasados vamos aprendiendo
que antes de herir lo pensemos mejor,
que es bueno el saber pedir perdón
pero mejor no tener que decir lo siento".

(Decisiones)

"Mi vida no es nada sin ti,
mi cielo es estar a tu lado, 
tu amor en silencio velado, 
mi lucha diaria es por ti".

(Somos felices)

"Yo no soy un hombre sin defectos,
ni me va eso de amores perfectos. 
Sé de cuántos años ya no tengo.
No sé dónde voy ni de dónde vengo".

(Quisiera)

"Hoy miro al cielo,
no paro de recordarte,
los besos en la frente, 
esos antes de acostarme.

¿Por qué no vuelves? 
¿Por qué te rendiste? 
Mi corazón es tuyo
y no miente,
tengo dentro
una angustia latente".

(De la tierra al cielo)

"Nadie sabe cuánto me duele,
cuando el corazón nada siente, 
cuando se para al instante,
pero deja su amor en el aire".

(Duele)

"Un poema, loco e inocente,
de un corazón tan latiente.
Calidez, no puedo negarte,
tus labios son mi presente".

(Poema para una madrugada)

"El pueblo busca una respuesta.
El ciego gobierno no contesta. 
Mil preguntas, ninguna molestia. 
Esta, ni la ciencia la encuentra.

Pero decidme por qué de tanta delincuencia,
gente tirada en calle por toda esa violencia
¿Harán que todo ese pueblo se levante?
Millones de personas pidiendo derechos y libertades".

(Mueve el mundo)

"Hemos salido de entre tanta oscuridad, 
nos han podido golpear, dañar, pero, 
nunca, nunca el pasado para nosotros será solo
un capítulo más que no podamos cerrar".

(Presente, pasado, futuro)

"Te quiero y te voy a confesar
que, sin ti, no podría vivir más,
y las penas me llenan el alma, 
si tú ahí, junto a mí, no estás".

(Sin ti)

"La realidad se me vuelve confusa,
invitándome a que de ella yo huya,
mi mente se convierte en una bruma
de sentimientos encontrados, sin lucha".

(Un sentimiento)

"¿Debo quedarme o debo irme? Si me quedo será a tu lado y si me voy 
sería de tu mano, ¿lo entiendes así? Que, aunque a veces como un capitán 
navego en un mar embravecido, siempre habrá un puerto en el cual 
recalar. Ese puerto eres tú, porque tú, con tu luz propia, brillas y me 
guías hasta donde quiero llegar".

(Soñando despierto)



Daniel Casillas

sábado, 17 de febrero de 2024

Citas: Ella y su gato - Naruki Nagakawa y Makoto Shinkai


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 "A mi alrededor todo era calma, salvo por el ruido lejano del tren, que se parecía a un trueno. El traqueteo que producía al pasar por la vía elevada era intenso y acompasado.
Ese ruido me despertó un fuerte anhelo.
Si los tenues latidos de dentro de mi pecho bastaban para mantenerme en movimiento, qué es lo que no haría aquel sonido.
Con toda seguridad era el palpitar del mundo. Un mundo fuerte, grande,perfecto. Pero yo no lograba formar parte de él.
Las finas gotas caían al mismo ritmo, sin hacer ruido. Con la mejilla pegada al fondo de la caja de cartón, comencé a sufrir una alucinación en la que mi cuerpo levitaba lentamente.
Cada vez subía más alto, hacia el firmamento.
Pronto se oiría el sonido de un corte y en ese instante me separaría de este mundo.
Al principio la que me mantenía unido al mundo era mi madre.
Cálida, buena, me daba todo lo que deseaba.
Ahora ya no estaba.
No me acuerdo de cómo ocurrió, de cómo terminé calado por la lluvia dentro de una caja de cartón".

"Empapados, tanto su pelo como mi cuerpo se habían vuelto más pesados; la agradable fragancia de la lluvia lo inundaba todo.
Tras esforzarme en erguir el cuello, la miré a la cara con los ojos abiertos.
Sus pupilas temblaron. Durante un segundo apartó la mirada pero luego volvió a contemplarme fijamente, con decisión. Y así pasamos un rato, observándonos el uno al otro.
El eje de la Tierra rotaba en silencio mientras nuestra temperatura corporal, la suya y la mía, no paraba de enfriarse de manera callada en medio del mundo.
—¿Te vienes conmigo?
Las yemas de sus dedos, frías como el hielo, tocaron mi cuerpo. Me levantó con cuidado entre sus brazos. Vista desde arriba, sorprendía lo diminuta que era la caja de cartón. Ella me envolvió entre la chaqueta y  el jersey. Costaba creer la calidez de su cuerpo.
Sentí sus latidos. Echó a andar en dirección al ruido del tren. Ella, yo los latidos del mundo nos pusimos en movimiento a la vez".

"Mientras cocinaba, tarareaba canciones. A mí me chiflaba su voz.
—Chobi.
Así era como me llamaba siempre. Ese nombre me unía a ella y ella me conectaba con el mundo".

"Me gustaba observarla de perfil mientras se maquillaba delante del espejo. Desplegaba los pequeños utensilios con habilidad y los usaba siguiendo una pauta. Ella todo lo hacía ordenadamente. Devolvía lo que había usado a su sitio y, cuando por último se echaba perfume, la  fragancia se expandía por toda la habitación.
Su perfume olía a hierba empapada de lluvia.
El parte de la televisión informaba del tiempo para ese día.
Todas las mañanas salía de casa justo acabado el programa.
Me encantaba su aspecto cuando dejaba el piso para irse a trabajar.
Llevaba la melena recogida, vestía una chaqueta del mismo color que su pelo y calzaba unos zapatos de tacón alto.
Yo la miraba desde el recibidor.
—Nos vemos después —decía ella, ponía la espalda recta y abría la pesada puerta metálica.
La luz de la mañana se colaba entonces por el umbral y yo entornaba los ojos.
Que tengas un buen día.
Ella salía a la luz y sus zapatos repiqueteaban con un delicioso sonido.
Todavía con la sensación del tacto de su mano en mi cabeza, escuchaba cómo sus pasos se alejaban por la escalera exterior hacia abajo.
Una vez la perdía de vista, me subía a una silla y contemplaba a través del balcón cómo el tren cruzaba el paso elevado. Tal vez ella estuviera dentro.
Tras deleitarme observando el tren, me bajaba de la silla de un salto.
El olor de su perfume aún permanecía en la habitación. Entonces volvía a quedarme dormido envuelto por su aroma".

"Al cabo de un rato fui a parar a una casa con un jardín exuberante.
Enseguida entendí por qué en aquella zona no vivían más gatos: había un perro grande.
A primera vista se notaba que era viejo, tenía las orejas largas y un pelaje blanco con manchas negras.
Por norma, los perros no suelen recibirnos bien. Sin embargo, cuando me disponía a escabullirme, fue precisamente él el que se dirigió a mí:
—¡Cuánto tiempo, Shiro!
Su voz era tan mansa que parpadeé. No parecía altivo, como es costumbre en los perros de su tamaño.
—Buenos días —lo saludé con miedo.
—Sigues tan guapa como siempre.
¿Guapa? Parecía que los perros no sabían distinguir si los gatos éramos macho o hembra.
—Oiga, que soy macho —respondí un poco molesto. Cosa que, naturalmente, hice tras haberme asegurado de que el perro estaba atado con correa.
—Ah, bueno —dijo antes de continuar como si no me hubiera ofendido—: Entonces eres un hermoso macho —añadió sin estar realmente convencido de ello".

"Kamada, un profesor veterano, cogió el ejercicio de Reina.
—Conservar un talento es más difícil que desarrollarlo. Lo dice Kenji Miyazawa en un poema: «Ningún talento, poder o material perdura en los humanos».
Kamada miró al infinito.
—Ni siquiera las personas perduran en la vida de los demás. Eso es así —añadió.
Sentí sus palabras como un mazazo".

"Ya era plena noche. Se oía la lluvia golpear el cemento.
Después de una larga, muy larga llamada, ella rompió a llorar.
Yo no sabía por qué. Nunca antes la había visto así.
Pero estuvo llorando mucho tiempo con la cara hundida entre las rodillas.
Pensé que la culpa no era suya.
Yo era el único que la veía en todo momento.
Sabía que era más buena y bella que nadie, que vivía con más empeño que nadie.
—Eh, Chobi —dijo sin secarse las lágrimas.
Estaba agachada junto a una silla tirada en el suelo y en el móvil que sujetaba en la mano se oía el ruido monótono que se produce al cortar  una llamada.
—Estás ahí, ¿verdad, Chobi?
En el instante en que su mano me acarició, mi cuerpo notó el intenso dolor de su tristeza.
La luz fría de la farola que se colaba por la cortina nos iluminó.
Se oyó su voz.
—Por favor, por favor.
Entonces supe que su relación con alguien a quien amaba se había terminado.
—Que alguien me ayude.
No paraba de llorar.
El mundo que nos había arrojado a aquellas tinieblas infinitas seguía dando vueltas".

"—¿Te acuerdas de lo que te conté de ella? Pues me gustaría llenar el vacío que hay en su corazón.
—Chobi, ya te lo dije la última vez: eso es prácticamente imposible. —John puso un gesto triste—. ¿No ves que ni tú ni ella os acordáis?
—¿De qué tenemos que acordarnos?
—Yo me acuerdo del instante en que se originó la vida. Por eso no me siento solo".

"La estación cambió y llegó el invierno.
Aunque me resultaba algo nuevo, tenía la sensación de conocer desde hacía mucho tiempo aquel paisaje nevado.
Al respirar, la ventana se empañaba y no veía nada. La luz de la máquina expendedora a la orilla de la calle, difuminada por el vaho del cristal, era preciosa.
La blanca nieve se acumulaba sobre semáforos y buzones de correos, y todo parecía haber renacido".

"La nieve amortiguaba todos los sonidos.
Salvo uno que hizo que mis orejas se pusieran de punta: el del tren al que ella se había subido.
El palpitar del corazón que movía el mundo.
De entre todos los cambios que se estaban produciendo, me quedé con esos gratos e inmutables latidos.
No podía hacer nada para ayudarla.
Tan solo permanecer a su lado y vivir mi propio tiempo".

"Total, que me daba de comer, pero yo no era su gata.
—Lo siento, no puedo cuidarte —me dijo cuando nos conocimos—. Es que los gatos os morís.
Yo opino igual: los gatos enseguida nos morimos".

"Chobi olía a humano.
—¿Tienes dueño?
—Sí. Mi dueña es ella.
—¿Quién es «ella»?
—No sé cómo se llama. Ni me interesa. Pero es mi novia.
—Qué raro.
—Ah, ¿sí?
—Sí, es raro que tengas una novia y no sepas su nombre —le dije un poco celosa.
—Un nombre solo es un nombre. Un gato no dejaría de serlo aunque le llamaras «perro», ¿verdad?".

"Me arrimé en silencio a Reina, que estaba tumbada.
—Me está ganando… ¡Qué digo! En realidad estoy fuera de competición. No he presentado nada.
Reina me acarició.
—¿Qué va a ser de mí ahora? Mi único fuerte es la pintura. Mimi, todo acaba volviéndose contra una. Todas las palabras que le dijiste a  alguien a quien creías peor que tú: el «No tienes talento», el «Retírate», todo…
Reina temblaba.
—Necesito ayuda, no me soporto a mí misma.
Con la lengua recogí suavemente las lágrimas que corrían por sus  mejillas. Estaban calientes y sabían a su vitalidad. Había perdido su fuerza".

"Él, sin darle importancia a mi timidez, empezó a hablarme amistosamente, como si la última vez que nos habíamos visto hubiera sido el día anterior.
—Tranquila, Mimi, tranquila —me repitió una y otra vez.
—¿Cómo sabes que puedo estarlo?
Delante de Chobi siempre acababa usando ese tono mimoso.
—Porque no existen humanos que sean siempre fuertes o siempre débiles".

"Yo creía que, si podía escribir para mí, podía hacerlo para cualquiera.
De modo que, en mi cabeza, su incapacidad significaba que no se estaba esforzando lo suficiente. Me parecía que la excusa de que no se encontraba bien era una mera disculpa. Dejé de pensar en ella y me desasosegué porque veía que aquella oportunidad se nos escapaba de las manos.
Cuando la oí disculparse entre balbuceos, sentí rabia por primera vez en la vida.
—¿Por qué no te mueres?
La frase que le solté fue verdaderamente espantosa.
Mari la encajó en silencio. Nunca olvidaré su cara lívida. Al día siguiente, mis palabras se hicieron realidad".

"Aoi se pasaba la mayor parte del tiempo en la cama con los ojos cerrados y dormía tanto como los gatos. No obstante, a diferencia de nosotros, a veces lloraba. Mamá me enseñó que, cuando una llora todo el rato, se le hincha la parte de debajo de los ojos y se le pone un  aspecto horrible. Yo se lo advertí a Aoi, pero no sé si me entendió.
Desconozco por qué estaba tan triste.
A veces, yo lloraba porque quería ver a mi mamá, pero no estaba siempre triste como ella.
De vez en cuando, sentía angustia al mirar a Aoi.
Ese fue el primer invierno de mi vida que pasé dentro de una habitación en silencio, casi conteniendo la respiración".

"La ansiedad era constante y, aunque amenazase con aplastarme, no podía hacer nada".

"Ya lo sabía, lo sabía todo. Y en realidad quería ir. Quería arreglarlo de una vez por todas. Pedirle perdón frente a su tumba.
—¡Lárgate!
Pero no valía de nada.
De un empujón eché a mi madre del cuarto. Cerré de un portazo. Cookie se encogió.
Mi madre siguió diciéndome algo desde el otro lado de la puerta, pero tapé sus palabras chillando cosas sin sentido.
Al poco rato oí cómo bajaba las escaleras. Eran los pasos de un cuerpo agotado.
Entonces empezaron a caérseme las lágrimas y no paré de llorar".

"Aoi lloró un rato largo en la cama. Yo quise consolarla, pero se había encerrado en sí misma.
Un graznido rasgó el aire y Aoi se encogió.
Un cuervo descendió planeando hasta el balcón. Luego otro y varios más.
Enseguida comprendí el significado de aquellos graznidos.
Estaban esperando que Aoi muriera para comérsela.
Resultaba que existía alguien más débil que yo en el mundo.
Un sentimiento que nunca antes había experimentado brotó en mi interior.
Iba a proteger a Aoi. Estaba decidida".

"Una vez saciado, Kuro se tumbó a la sombra de la caseta.
—¿Sabes por qué comemos los animales? —dijo John al terminar, acostándose también con la cabeza apoyada en las patas delanteras.
—Supongo que porque tenemos hambre.
«¿Qué clase de pregunta es esa?», pensó Kuro.
—Pero ¿por qué tenemos hambre?
—Porque estamos vivos".

"John sacudió el cuerpo y echó a andar con paso firme bajo la luz de la luna.
—Oye, John, la verdad es que no da la impresión de que vayas a morir… —le dijo Chobi siguiéndolo.
—Es que no voy a morir. Voy a volverme eterno.
—¿Qué quieres decir con «eterno»?
Kuro se hacía la misma pregunta que Chobi.
—Si me muriese aquí mismo, Shino y vosotros sabríais que estoy muerto. Pero si ninguno me descubre, nadie sabrá realmente si he muerto no.
—¿Y eso es ser eterno?
—Sí".

"El último día en la empresa, mi jefe me dijo:
—Uno tiene que ser dueño de al menos una parte de su vida.
No fue hasta mucho más tarde que comprendí el sentido de aquellas palabras".

"Al terminar aquel larguísimo invierno, llegó la estación de los cerezos.
Ese día me llevé a Chobi en el transportín y paseamos bajo una hilera de árboles a la orilla del río. Los pétalos rosados inundaban el ambiente.
Aquellos pétalos de cerezo que revoloteaban por doquier nos mostraban en todo momento las corrientes invisibles del aire.
—Los sentimientos de la gente son invisibles y no hay nada que puedas hacer —me dijo una vez la persona que caminaba a mi lado.
Esa frase bastó para hacerme sentir un gran alivio".

"La brisa que soplaba de frente nos trajo pétalos de cerezo.
—¡Qué bonito! ¿Eh, Chobi?
Él me devolvió un maullido desde dentro del transportín.
Tras encontrarnos aquella mañana nevada en el parque, empezamos a quedar y hablar de vez en cuando.
Mi intención era irnos conociendo sin prisas el uno al otro.
Aquel día lluvioso yo, en mi soberbia, creí haber salvado a Chobi.
En realidad, fue él el que me salvó a mí".

"Yo estaba a su lado, observando el azul oscuro del firmamento desde su piso.
Vibró el viento y las delgadas nubes corrieron a toda velocidad.
Sus finos dedos me tocaron el pelaje.
—Eh, Chobi… —me dijo ella.
—¿Qué? —le contesté.
No abrió la boca, pero yo sabía en qué pensaba.
Ambos sentíamos lo mismo.
«Me gusta este mundo», me dije convencido.
Ella se rio en silencio. Yo alcé la vista hacia aquella sonrisa radiante.
Ella también captaba mis pensamientos.
Y es que a ella seguramente también le gustaba este mundo".








Naruki Nagakawa y Makoto Shinkai