viernes, 25 de febrero de 2022

Citas: Equipaje Ancestral - Favio Anselmo Lucero


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 "Pequeño gran mundo:

"Entró bruscamente, se miró al espejo. Al cruel espejo que, últimamente, le mostraba no su cara, sino el rostro de la tristeza".

"Latiendo fuerte sus emociones, con nostalgia rememoró su pasado aristocrático, al cual había renunciado para perseguir sus sueños e ideales que lo llevaron a rodar por el mundo. Optó por dejar su vida acomodada y segura para ser explorador de ilusiones.
Un soñador. Buscaba otros placeres, otro confort.
Quería obtener la admiración de las personas solo por necesidad de amor".

El enigma de la cueva:

"Además, ella no hablaba como cada mañana, con verborragia.
Pensó que tenía una mala noticia que darle. Por momentos, no emitía una palabra. El mismo sigilo de la cueva estaba adueñándose de la casa. Un tibio sol juguetón, casi recién amanecido, iluminaba justo donde ella se sentaba. Por momentos, su cuerpo se desdibujaba. Solo veía el reflejo de la medalla".

Espesa niebla:

"Su físico… sintió la arena. Sus ojos se llenaron de luz, quedaron fijos, encandilados. El sudor se evaporó y un rápido movimiento recorrió su espalda. La neblina, ave de rapiña, envolvió ansiosamente su cuerpo.
Los asesinos represivos nunca fueron identificados por los ciegos y mudos testigos, amedrentados con tiros al aire de armas de fuego.
Todo lo que es o existe, horizontal de cuatro letras. Quién, dónde, cómo.
Estaba bañado en sangre".

Angelito niño:

"Manos suplicantes,
fervorosos ruegos
pidiendo piedad.
Manchadas de sangre
que te ahogarán".

"Destino marcado
sin la libertad.
Siempre prisionero,
duermes y no sueñas
con poder jugar.

Nacimiento mudo
que nunca dio a luz.
Hijo de la tierra que,
en lugar de cuna,
te dio un ataúd".

Amanece el oscuro:

"El café me volvió a la realidad.
Es increíble esa sustancia negra, amarga y fuerte, igual que mi vida; me hizo reaccionar".

"Un sacerdote besa mi frente fría, hace la señal de la cruz con el pulgar y todos mis compañeros se encuentran paralizados por el suceso.
Concluyó el rito, la oficina siguió su ritmo y, al cerrar mi correo, me fui silenciosamente pensando en la última frase: SIN AMOR DUELE MUCHO VIVIR".

La casa usurpada:

"Ahora es muy distinto. Todo cambió. Los señores ya no están: Nora continúa con el manejo de su propia familia. Los tiempos son otros. Las costumbres, también".

Solitos en la Docta:

"Fue sintiendo como un agujero en las entrañas, que aumentaba con el paso de las horas heladas, y que lo carcomió completamente, provocándole un vacío inmenso que agotó sus fuerzas. No podía ni levantar los brazos, desamparado en ese desierto blanco, en esa ahuecada existencia invisible, avergonzándose de estar vivo. La temperatura bajo cero congeló sus extremidades con violentos temblores, abandonado al dolor. Sin resistir, confundiendo su consciencia, su cuerpo dejó de contenerlo".

Un poeta en el ropero:

“Hecho para amar, dignidad humana.
Con derecho a amar, despojado”.

"Otras veces, canto canciones inventadas, para preguntarme
por qué. Me pregunto: ¿por qué estoy acá?, ¿a quién obedecer?
Quisiera engendrarme yo mismo de nuevo".

“Sin acercarse, sin mirar,
ni amigo, ni cómplice.
Hay que renunciar”.

"Estar y sentirme como me siento: más vivo que nunca. Ya no imagino utopías azules ni universales. Vivo la realidad de los momentos y las horas. Mis noches tienen la esperanza y el olor de las mañanas frescas de verano. Y mis días reverdecen alegres y luminosos, como en primavera.
La búsqueda y la lucha terminaron cuando decidí dejar esa vida adentro del ropero.
Al salir, el sol me iluminó la cara y los ojos para ver lo esencial.
Me dejé empapar por la lluvia. Entonces, me encontré con el amor, que le dio sentido a todo.
Hoy, soy lo que soy".

La declaración del heredero:

"No pudieron impedir que las heridas causadas se volvieran
luminosas, reflejando, en su espíritu, los colores del arcoíris".












Favio Anselmo Lucero

martes, 22 de febrero de 2022

Citas: Diario de un vampiro en pijama - Mathias Malzieu

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"6 de noviembre de 2013

«Haces demasiadas cosas al mismo tiempo, ya no tienes veinte años», me decían.
Ya descansaré cuando esté muerto".

"Siempre he soñado con ser un superhéroe, principalmente para salvarme a mí mismo.
Pero acabar con mis demonios sería demasiado sencillo, en realidad los necesito. Si los mato, me mato".

"Perder a mi madre marcó un antes y un después en mi bulimia creativa. Desde entonces no ha dejado de crecer. A cada cual sus muletas, las mías son peonzas eléctricas: solo puedo apoyarme en ellas cuando están en movimiento. Las reglas son simples: no detenerse, tampoco frenar y sobre todo no permanecer encerrado en ninguna parte, ni en sentido literal ni en el figurado. Hacer el tonto poéticamente es un oficio estupendo".

"Imposible retroceder ni reducir la marcha. Tengo que hacerlo todo a fondo. Inventar historias verdaderas me hace profundamente feliz. Vivirlas y compartirlas, todavía más. Trato de concentrarme en esa realidad".

"—¿Tendré que dormir aquí?
—El médico se lo confirmará, pero me parece que sí, señor Malzieu —me responde una enfermera enmascarada.
Los cubiertos vienen en una bolsita de plástico que la auxiliar de enfermería rompe para que yo los coja sin que ella tenga que tocarlos. Nunca habría imaginado que el infierno fuera un lugar tan limpio".

"Algo sucede en la cámara de la esclusa. Reconozco la silueta de Rosy. ¡Por fin entra!
Un soplo de vida. Está inquieta, pero me tranquiliza. Sus abrazos son para mí como un refugio. En mi libro anterior, inventé la historia verdadera de nuestro encuentro. El beso más pequeño recogía los pedazos del corazón hecho trizas por el duelo amoroso de un inventor depresivo e infradotado. Volvía a pegarlos, pedazo a pedazo, con paciencia apasionada. Y eso es exactamente lo que sucedió. Hasta el seísmo incomprensible que hoy me sacude.
Rosy se apoya en la cama al borde del vacío. Con su indumentaria de otro mundo, al que hace solo unas horas también yo pertenecía. Los colores, el viento, los coches y los árboles han quedado encerrados al otro lado de la ventana. Ya no puedo tocar nada, ver, oír. Me acurruco en el nido de mis propios brazos, rodeado por los de mi amada".

"—A ver, ahora voy a pinchar…
¡Y vaya si pincha! ¡Aunque «atravesar» hubiese sido más exacto! Clava el instrumento en el esternón con ambas manos y ayudándose con todo su peso para traspasar la piel hasta lo más profundo del hueso. Es como si me apuñalasen con una banderilla. Me esfuerzo por mantener una respiración regular y por no mirar demasiado lo que está sucediendo.
—A ver, ahora voy a aspirar…
Mis costillas parecen despegarse, es como si me arrancase la caja torácica. ¡Duele como un navajazo! Se me corta la respiración, el corazón me estalla. Por fin retiran el arpón.
—¡Ya está, puede usted respirar!
No lo consigo porque, por un momento, soy una puta trucha y ya no sé cómo se respira".

"—¿Cómo se siente, señor Malzieu? —Controla su tono con cautela. No permite sobrentendidos…—. Ya tenemos un primer resultado… No hay blastos, así que no padece usted una leucemia aguda.
—¿Una leucemia… aguda?
—Sí. He preferido no decirle nada hasta ahora, pero eso es lo que nos hacían temer los análisis.
¡Leucemia aguda! Solo mencionar esas dos palabras me viene a la mente una lluvia de ataúdes".

"12 de noviembre de 2013

Poco a poco, los análisis emiten su veredicto: «Aplasia medular», también conocida como interrupción del funcionamiento de la médula ósea. Una enfermedad de la sangre tan grave como rara. Es «idiopático», como ellos dicen, no se conoce la causa. Imagino que mis excesos de nuggets-crepes y otras Cocas con un poco de whisky tendrán que ver con ello, aunque por lo visto no. ¿El rock? ¿La melancolía? ¿El sufrimiento amoroso? ¿La alegría rabiosa? ¿La falta de sueño? ¿El duelo padecido? ¿La Nutella?
Tampoco. Es una lotería, un accidente biológico. Puede pasarle a cualquiera aunque no le pasa a casi nadie. No hay más de un centenar de casos en Francia. En su mayoría, niños o gente mayor. Soy un objeto de coleccionista".

"—No es un cáncer, aunque los síntomas son idénticos a los de la leucemia… El tratamiento será muy parecido, y vamos a tener que considerar el trasplante de médula ósea —me dice delicadamente la hematóloga.
Me quedo de piedra, Rosy todavía mueve las pestañas.
—Me explicaré mejor: no tiene usted células malignas, sino que son sus propios anticuerpos los que se vuelven contra usted y atacan a sus células… Se comportan con su médula ósea como contra un virus, no sabemos bien por qué.
De repente me he convertido en mi propio enemigo. El vampiro que me chupa la sangre no es otro que yo mismo".

"—Los anticuerpos funcionan a la manera de un ejército programado para defenderle, pero algo le ha hecho creer a ese ejército que está luchando contra un cuerpo extraño, y la ha tomado con sus glóbulos. Es lo que llamamos una enfermedad autoinmune.
Un bug… Me he convertido en hacker del sistema inmunitario, sin escrúpulos, de pronto me autodestruyo. Soy mi propio cáncer".

"Me han sacado tubos y tubos de sangre, me han clavado en la espalda unos arpones para hacerme lo que ellos llaman «biopsia de médula» y al final he podido irme a casa. A condición de volver por lo menos una vez a la semana para una transfusión. En adelante, necesitaré la sangre de otros para vivir. Es oficial, me he convertido en un vampiro".

"Para regresar al mundo de los vivos, necesitaré un trasplante de médula. Un tratamiento duro, tal vez imposible de soportar. En internet dicen que puedo morir".

"Lo que van a trasplantarme no es un reloj de cuco en lugar de un corazón helado, pero, como en La mecánica del corazón, será cuestión de vida o muerte. Esta vez la realidad supera la (ciencia) ficción".

"Hoy tengo una cita en una sala de cine para ver un pase de la película. Llevo seis años esperando este momento. Hemos luchado como locos y estamos orgullosos de presentar La mecánica del corazón. Y sin embargo, me siento como un extraño espectador que ve una película rodada dentro de su corazón".

"Me presento en la recepción de la policlínica, donde unas guirnaldas tratan de decorar la sala de visitas. Una dama con la mollera vacía y un esfínter en lugar de corazón lanza sus maldiciones de Scary Christmas. Aunque le enseñe la cita en el móvil, que me llegó por correo electrónico estas navidades, ella necesita «el papel». En el correo figura mi nombre y el nombre del médico que trabaja en el piso de abajo, pero ella quiere «el papel». ¿Ni siquiera para archivarlo o algo así? No, es solo porque ella tiene que ver «el papel»".

"Amo demasiado la vida para aceptar la idea de la muerte".

"Cada uno sufre con aquello que no decimos, pero el épico aliento de nuestra complicidad padre-hijo sigue resistiendo".

"En la habitación de al lado, oigo:
—¿Sabe usted que hoy le toca un mielograma?
—Lo sé, lo sé… ¡Acabarán por aspirarme el alma!
La voz de ese hombre parece salir del libro de Whitman. Describir con semejante precisión la sensación que produce esa «prueba un poco desagradable llamado mielograma»… Aquí todos estamos en las mismas. Hasta los fantasmas de los poetas sufren el castigo del arpón en el esternón.
Estoy tenso como un arco. Después, voy yo. «¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán!» ¡Logre tu potencia poética atenuar el dolor!".

"Todavía sigo creyendo en Papá Noël y confiando en que llegue Mamá Médula, aunque tengo mis dudas. ¿Pueden encontrar a un donante o ya han rastreado todo el fichero mundial? Las respuestas de mi hematóloga de voz dulce son vagas. Hace malabarismos con la esperanza como si fueran bolas de porcelana. Consigue que no se le caigan".

"El sueño no llega. Voy desnudo a buscar una Coca-Cola de la nevera. Bebérmela helada hasta llorar burbujas. Tomarme algo a las cuatro de la mañana mirando cómo centellean las estrellas a lo lejos, en la bruma, igual que fuegos artificiales fallidos.
Mirar cómo duerme Rosy, sus pechos abultando el edredón como islas flotantes. Ver cómo el amanecer borra la luna con su goma en forma de nube. Tomarme una dosis doble de somníferos y por fin desplomarme".

"6 de febrero de 2014

He hecho media hora de bicicleta estática mirando por la ventana y escuchando en el iPhone a Ennio Morricone. Frente a un decorado inmóvil, si quieres avanzar tienes que buscar las ganas en lo más profundo de ti".

"Tengo la impresión de estar en la serie House. Nunca he visto un episodio entero, seguramente debería haberlo hecho. Mi cuerpo ya no me pertenece. Estoy a punto de transformarme en una salchicha envasada al vacío".

"Observo mi reflejo en el espejo que uso para afeitarme. Mis mejillas se han convertido en mofletes. Oh, por cortesía de la cortisona estoy convirtiéndome en un hámster. Podría haberme transformado en un murciélago como cualquier vampiro, pero no, si eres pelirrojo te conviertes en hámster".

"—¿De qué grupo es usted? —me pregunta.
—Dionysos —respondo.
–Me refería al grupo sanguíneo.
—Ah, sí… O positivo".

"Me cambia la tirita del catéter, pues al sudar en la bici la he estropeado. Me he ganado una «depilación gratuita». Esta frase es un clásico entre las enfermeras, la repiten antes de arrancarme una tirita y, con ella, unos cuantos pelos. Esta enfermera tiene una técnica infalible para que la operación resulte lo menos dolorosa posible.
—¿No le hago daño?
—¡Lo sé! —le he dicho.
—Era una pregunta –me ha contestado sonriendo.
—Y lo mío una respuesta".

"Estar enfermo es sentirse niño y viejo al mismo tiempo".

"—¿Necesita usted algo, señor Malzieu?
—¡Sí, unos besitos! ¡Estoy hasta las narices de no recibir besitos!
Ella se rió detrás de su mascarilla y la noche siguiente me trajo una hoja de papel plastificado donde había escrito «Buenas noches» y dos besos en rojo. Las imagino a ella y a su auxiliar de enfermería besando la hoja en blanco y metiéndola en el plástico para luego desinfectarlo. Después se ponen la mascarilla, el gorro y la bata para traérmelo. El placer de un gesto hermoso. Dos bocas en forma de corazón que contribuirán a que mi espíritu pueda cantar. Templar los nervios a través de la risa".

"Voy a tener que dosificar hasta el galope-ciclista. Con los glóbulos rojos tan bajos, me falta oxígeno en la sangre. Estoy lleno de calambres. No me quedan ganas de telefonear y anunciar las malas noticias. Mi padre, mi hermana y Rosy tenían tantas esperanzas de que saliese… Es un gran domingo de derrota en el campeonato de futburbuja.
Nunca he sabido jugar para empatar. Sólo sé ganar o ultra-perder, y hoy me he perdido un poco".

"Coqueteo con un viejo y oxidado sueño: cortar el cordón de la perfusión y ponerme mi disfraz de hombre normal que aguarda en el armario de formica. Bajar la escalera sigilosamente, en calcetines. Atravesar la sala de urgencias en sentido inverso y llegar a la calle. Sentarme en una acera y calzarme los zapatos respirando el aire fresco nocturno. No volver a caminar sobre tubos de plástico. Correr solo, llamar a un taxi que no se detendrá. Entrar en un bar, pedir varias raciones de patatas fritas, todas las Coca-
Colas imaginables y una botella de whisky.
Puede que morder, en todo caso besar. Contarle mi historia a un viejo al que no le importa. Llamar a los amigos y quedar con ellos. Por la noche, mentirles explicándoles que ya he salido. Quitarme la chaqueta mientras suelto dos grandes carcajadas.
Entonces el tubo plástico recién cortado sonaría con un ding al golpear el borde del plato de porcelana. «La menor», diría yo. «¿Se ha escapado usted del hospital?», preguntaría una hermosa camarera con cierta inquietud.
Salir corriendo al ralentí, sofocado como una vieja cabra. Aprovechar un semáforo en rojo para pillar un taxi. Amenazar al taxista con una pistola de orina. «O me llevas a casa o te disparo mi pis a los ojos.» El conductor que da un frenazo ante una comisaría.
Saltar del coche y rodar por el asfalto. Sangrar como un géiser por el codo. Cruzar mi mirada con la de una chica un poco borracha en el paso de cebra: «Oye, ¿tú no serás el cantante de Mickey 3d?». Apuntarle con mi pistola de orina. No tener ya fuerzas para hacerme con un taxi ni para pedir otro. Sentir cómo me asalta una oleada de lágrimas.
Desear regresar al hospital, no encontrarme tan mal en esta cama. Adormecerme unos segundos y deslizarme en el sueño de un western bajo la lluvia".

"Última charla nocturna con las ninfermeras. Albergo la nueva esperanza de no volver a verlas, a pesar de que las amo. Soy un vampiro del amor. Ellas son cigüeñas.
Contrabandistas de frágiles globos. Acompañan a los pacientes de principio a fin.
Dicen que es normal, que es su trabajo. Arañas tejedoras de algodón que suavizáis los afilados ángulos de esta burbuja, nunca os estaré lo bastante agradecido".

"Hoy es mi cumpleaños. Cumplo cuarenta. Todavía no sé de qué voy a disfrazarme. Ya he hecho de Jedi, Spiderman, hombre-reloj y pequeño gigante. Ser solo uno mismo es complicado, pero ahora me apetece disfrazarme de mí".

"Un poco antes, me había regalado un sillón en forma de huevo gigante. Hacía años que soñaba con tener una de esas cosas. Se ha convertido enseguida en mi cabaña de escritura, el mirador de mis mundos imaginarios. Interior rojo como las butacas de un cine, exterior blanco como una mesa lacada de los años setenta. Te pasarías la noche ahí sentado, durmiendo, tan a gusto se está, bien acurrucado. En él escribo, duermo, leo, canto, escucho música, doy besitos y me zampo mis pastelitos. Me percato de que dentro el sonido es extraordinariamente suave. Entonces me digo que tengo que grabar en ese huevo. Tanto para captar ese sonido tan particular, como para divertirme. Cocino mi imaginario en este huevo, lo agito y lo mezclo con la realidad. En él salvaguardo mi capacidad de admiración, la protejo de los tsunamis de dudas que fluyen por mis venas. Protejo los sueños que me quedan".

"Este sueño de instantaneidad responde al hecho de estar confinado en mi domicilio. Se trata de fabricarse las herramientas para salir a la aventura por la casa, a la caza de la improvisación y la posibilidad de compartir, que es cuanto me está prohibido en el hospital. Viajar desde mi casa, viajar hasta mi casa.
Cuestión de sobre-vivir".

"Todo cobra cuerpo. Por supuesto, siempre habrá quien encuentre la forma de ponerle peros a tus sueños. «¿Vinilos? Pero si ya nadie escucha vinilos» o «¿No crees que todo eso te agotará?». En el fondo tienen razón. Precisamente porque les asiste la razón, no tienen en cuenta la pasión".

"Comienza una nueva cuenta atrás. Voy a tratar de salvar la vida gracias al cordón umbilical de una nueva madre biológica.
Y voy a nacer por segunda vez. Lo cual implica que también tendré que morir un poco".

"La enfermedad no entiende de fines de semana ni de vacaciones, está de guardia veinticuatro horas al día siete días a la semana, pero creo que puedo decir con toda la calma y el empeño posibles que me siento afortunado. Siento una fuerza nueva que se apodera de mí bajo las toneladas de plomo que ralentizan mis pasos".

"¡Soy el vampiro del amor, mi corazón sigue latiendo, estoy vivo!".

"Walt Whitman me hace compañía en la sala de espera del escáner. Llevo su libro en la mochila, con las armónicas y L’Équipe. ¿A santo de qué aparece Walt Whitman en la sala de espera de un escáner, si está muerto y bien muerto desde el 26 de marzo de 1892? ¿Acaso los fantasmas de los poetas siguen comprobando el correcto funcionamiento de su cuerpo? Comportarse de ese modo, ¿sería una prueba de esperanza melancólica? Walt Whitman o su doble se levanta cuando lo llaman. Desaparece en el pasillo. Me pregunto si los médicos saben con quién están tratando".

"Entrego mi carnet de identidad y me siento en la sala de espera. Somos cuatro, yo soy el más joven. Esta situación es tan insoportablemente triste y alegre que me entran ganas de bromear. Y es que aquí estamos todos, para tratar de salvar al hijo que todavía no tenemos".

"Al salir del hospital camino un poco. Me compro unos pastelitos y finjo que vuelvo a ser normal. Yo, como todo el mundo, retiro líquido. Lo único es que la gente, en su cuenta bancaria, deposita dinero, y yo espermatozoides. Pero ante el mostrador con mi cruasán matutino, soy como cualquiera de ellos".

"Tenía miedo, pero estaba preparado. Paciencia… Aprender ahora y siempre a dominar el (contra)tiempo…".

"Cuando entras en una habitación aséptica te roban muchas cosas. La libertad, la intimidad, a veces el cabello. Pero no tener que llevar durante toda la jornada el pijama de presidiario exhausto ayuda a resistirse a la desapropiación de uno mismo".

"Hoy me convertiré en el hijo de una segunda madre biológica. La sangre extraída de su cordón umbilical y congelada a menos de -190 ºC desde el 12 de julio de 1999 correrá por mis venas. En aquella época tenía el pelo largo, estaba enamorado de una chica mayor que yo y acababa de pasar un mes en San Francisco para grabar un disco con el grupo. Me gustaría saber en qué pensaba el día que aceptó regalar su cordón.
¿Quién será? ¿Mi vecina? ¿Una india? ¿Björk? Quizá esa mujer vaya a salvarme la vida. Un día, a mí también me gustaría salvársela a alguien".

"Me encanta creer y me he convertido en un soñador profesional, pero prefiero ser yo quien decide en qué creer".

"Soy un hombre muy viejo en camiseta de Spiderman. Ya no duermo, ya no me despierto. El invierno atraviesa mi ventana. Nieva en mi habitación y, dentro de mi cabeza ardiente, los copos no se funden. Mi embarcación se va río abajo, hacia oscuras comarcas que hasta la fecha me eran del todo desconocidas. Hay que ser un experto en esperanza para acariciarla apenas de muy lejos".

"Me quedo despierto toda la noche. La vieja llama en mi interior no quiere extinguirse. 
Apenas queda nada más que los nervios para resistir. Esta vez tengo la impresión de que, si me duermo, ya no despertaré".

"Al regresar al hospital me ha tocado un taxista de antología. Subo en el taxi. Me echa una mirada por el retrovisor. Ni un saludo.
—Buenos días, querría ir al hospital Saint-Louis, avenida Claude-Vellefaux número uno, por favor.
—Huele usted mal. ¿Qué es ese medicamento?
—Es líquido desinfectante para las manos, es difícil estar más limpio".

"Miro una última vez mi habitación antes de cerrar la puerta con cierto temor. Es casi tan
 urbador como cuando abandoné el apartestudio para iniciar el proceso del trasplante.
Tengo ganas de tomar fotos. Las enfermeras me han explicado que algunos pacientes necesitan olvidar la hospitalización, yo necesito recordarla. Ese deber de memoria ha quedado impreso en lo más hondo de mi ser".







Mathias Malzieu

viernes, 18 de febrero de 2022

Citas: Cada siete olas - Daniel Glattauer

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"Tres semanas después
Asunto: Hola


Hola

Diez segundos después
Fw:

AVISO DE CAMBIO DE DIRECCIÓN. EL DESTINATARIO YA NO PUEDE ACCEDER A SU CORREO. LOS MENSAJES NUEVOS SE BORRARAN AUTOMÁTICAMENTE DE LA BANDEJA DE ENTRADA. EN CASO DE DUDA CONSULTE CON EL ADMINISTRADOR DEL SISTEMA.

Medio año después
Sin asunto

¡Hola!

Diez segundos después
Fw:

AVISO DE CAMBIO DE DIRECCIÓN. EL DESTINATARIO YA NO PUEDE ACCEDER A SU CORREO. LOS MENSAJES NUEVOS SE BORRARÁN AUTOMÁTICAMENTE DE LA BANDEJA DE ENTRADA. EN CASO DE DUDA CONSULTE CON EL ADMINISTRADOR DEL SISTEMA.

Treinta segundos después
Re:

¿Es que esto no acabará nunca?

Diez segundos después
Fw:

AVISO DE CAMBIO DE DIRECCIÓN. EL DESTINATARIO YA NO PUEDE ACCEDER A SU CORREO. LOS MENSAJES NUEVOS SE BORRARÁN AUTOMÁTICAMENTE DE LA BANDEJA DE ENTRADA. EN CASO DE DUDA CONSULTE CON EL ADMINISTRADOR DEL SISTEMA.

Tres días después
Asunto: Duda

Buenas noches, señor administrador del sistema. ¿Qué es de su vida? Qué marzo más fresco, ¿no? Pero me parece que, después de un invierno tan templado, no nos podemos quejar. ¡Ah!, ya que está usted aquí, tengo una duda. Tenemos un conocido en común. Leo Leike, se llama. Por desgracia he perdido su actual dirección de correo electrónico. ¿Sería usted tan amable de…? Gracias.
Un afectuoso saludo virtual,
Emmi Rothner".

"Sólo hay una cosa que no puede haber hecho: NO PUEDE HABERSE ENAMORADO POR ESCRITO DE NINGUNA OTRA MUJER A LA QUE NUNCA HAYA VISTO. ¡Eso no, por favor! Eso debe seguir siendo irrepetible.
Necesito tener esa certeza para pasar las noches saliendo medianamente indemne. Por aquí sopla, persistente, el viento del norte".

"Dos minutos después
Sin asunto

¿Oiga?

Un minuto después
Sin asunto

¡Oiga!, ¿dónde está usted, señor administrador del sistema?

Un minuto después
Sin asunto

¿Debo preocuparme o puedo tener esperanzas?".

"Te llevo siempre conmigo, a través de todos los continentes y todos los estados emocionales, como ideal, como ilusión de lo perfecto, como símbolo supremo del amor. Así estuviste conmigo en Boston casi diez meses, así regresaste conmigo".

"¿Le permitirías a tu «ideal» formular un último deseo, el último, último, último? SÓLO UNA HORA, una hora cara a cara. Créeme, no existe ningún conservante mejor para nuestra experiencia. Pues el único final sensato para un entrañable no encuentro es el encuentro. No te exijo nada, no espero nada de ti. Tan sólo necesito verte, hablarte, olerte una sola vez en mi vida. Necesito contemplar alguna vez tus labios diciendo «Emmi». Necesito contemplar alguna vez tus pestañas inclinándose ante mí, antes de que baje el telón".

"Dos minutos después
Fw:

Tengo en mí gigantescos armarios y baúles repletos de emociones referidas a ti, Emmi. Pero también tengo la llave correspondiente.

Cuarenta segundos después
Re:

¿Por casualidad la llave es de Boston y se llama «Pamela»?

Cincuenta segundos después
Fw:

No, la llave es internacional y se llama «sentido común»".

"Treinta segundos después
Re:

Pero esa llave gira en una sola dirección. Sólo cierra. Y dentro de los armarios te ahogan las emociones.

Cuarenta segundos después
Fw:

Mi sentido común se ocupa de que a mis emociones nunca les falte el aire".

"Un minuto después
Re:

¿Qué estás haciendo? Buenas noches.

Cincuenta segundos después
Fw:

Estoy escribiendo. Buenas noches.

Cuarenta segundos después
Re:

¿A quién le escribes? ¿A Pamela? Buenas noches.

Treinta segundos después
Fw:

¡Te escribo a ti! Buenas noches.

Cuarenta segundos después
Re:

¿Me escribes a mí? ¿Qué me escribes? Buenas noches.

Veinte segundos después
Fw:

Buenas noches.

Veinte segundos después
Re:

¡Ah, claro! Buenas noches".

"Diez minutos después
Asunto: Importante

Déjame explicarte, Emmi.
1) Lo que tú me importas a mí, me importa tanto o más que lo que te importo yo a ti.
2) Precisamente porque me importas tanto, me importa mucho importarte lo más posible.
3) Si no me hubieses importado tanto, me habría dado igual cuánto te importaba yo.
4) Pero de ninguna manera me da igual, eso significa que tú me importas tanto que no puede darme igual cuánto te importo yo.
5) Si supieras lo mucho que me importas, podrías entender por qué no quiero dejar de tener la importancia que tengo para ti.
6) Primera conclusión: por lo visto no sabes cuánto me importas.
7) Segunda conclusión: tal vez ahora lo sepas.
8) Estoy cansado. Buenas noches".

"A la tarde del mismo día
Sin asunto

Gracias, Emmi.
Leo

A la mañana del día siguiente
Sin asunto

No hay de qué, Leo.
Emmi

Doce horas después
Asunto: ¿Fue…
… tan terrible?

Dos horas después
Re:

¿Por qué lo preguntas, Leo? Tú sabes cómo fue. Estabas ahí. Estuviste en persona, sentado frente a tu «ilusión de lo perfecto» durante sesenta y siete minutos, de los cuales le sonreíste al menos cincuenta y cuatro. No me pondré a detallar ahora todo lo que encerrabas en esa sonrisa, la lista es demasiado extensa".

"Cinco minutos después
Fw:

¿Puedo hacerte una pregunta «personal», Emmi?

Cincuenta segundos después
Re:

¡Vaya, eso sí que sería una pregunta!

Cuarenta segundos después
Fw:

¿Aún sigues con Bernhard?

Treinta segundos después
Re:

Pues sí. Claro. Ya lo creo. Seguro. ¿Por qué lo preguntas?

Cuarenta segundos después
Fw:

Pues…, sólo por interés «personal».

Veinte segundos después
Re:

¿En mí?

Treinta segundos después
Fw:

En tus condiciones de vida".

"Treinta minutos después
Fw:

Pienso en aquella Emmi que, con unas yemas tan delicadas que parece que fueran a escurrírsele de los dedos, cada medio minuto se aparta mechones imaginarios de los ojos y se los pasa detrás de la oreja, como si de esa manera quisiera quitarle el velo a su mirada, para ver por fin las cosas con la misma nitidez y claridad con que es capaz de describirlas desde hace tiempo. Y me pregunto una y mil veces si esa mujer será feliz en su vida.

Diez minutos después
Re:

Querido Leo:
Un mensaje como ése cada día, y sería la mujer más feliz del mundo".

"Tres minutos después
Fw:

Gracias, Emmi. Pero lamentablemente la felicidad no se compone de mensajes de correo electrónico.

Un minuto después
Re:

¿De qué entonces? ¿De qué se compone la felicidad? ¡¡¡Dí-melo, me gustaría muchísimo saberlo!!!

Cinco minutos después
Fw:

De seguridades, intimidades, puntos en común, atenciones, vivencias, inspiraciones, ideas, fantasías, desafíos, objetivos. Y te aseguro que la lista está incompleta".

"Tres minutos después
Fw:

¿Y tú sabes lo que quieres?

Cuarenta segundos después
Fw:

¿Qué quieres?

Cincuenta segundos después
Re:

A ti (para ir a tomar un café otra vez). ((Ya ves, yo también domino el juego de los paréntesis.))".

"Cuarenta segundos después
Fw:

¿Qué haces?

Treinta segundos después
Re:

Interesarme por ti.

Cuarenta segundos después
Fw:

Sí, querida Emmi. Sin peros, sin puntos, sin paréntesis. Simplemente: sí, exacto, te has dado cuenta. Me intereso por ti".

"Veinte minutos después
Fw:

Querida Emmi:
En la palma de mi mano izquierda, más o menos en el centro, donde la línea de la vida, surcada por gruesas arrugas, dobla hacia la arteria, allí hay un punto. Lo examino, pero no puedo verlo. Lo miro fijamente, pero no se deja sujetar. Sólo puedo tocarlo. También lo noto con los ojos cerrados. Un punto. La sensación es tan intensa que me da vértigo. Si me concentro en él, su efecto se expande hasta los dedos de los pies. Me produce hormigueo, me hace cosquillas, me da calor, me excita. Estimula mi circulación, dirige mi pulso, determina el ritmo de los latidos de mi corazón. Y en la cabeza surte su efecto embriagador como una droga, amplía mi conciencia, extiende mi horizonte. Un punto. Tengo ganas de reír de alegría, por lo bien que me hace.
Tengo ganas de llorar de felicidad, porque lo poseo y porque me embarga y me colma hasta la médula. Querida Emmi, en la palma de mi mano izquierda, donde se encuentra ese punto, esta tarde —debían de ser aproximadamente las cuatro— tuvo lugar un incidente en la mesa de un café. Mi mano iba a coger un vaso de agua, cuando vinieron de frente los dedos ligeros de otra mano más suave, intentaron frenar, intentaron evitarla, intentaron impedir la colisión. Por poco lo logran. Por poco. Durante una fracción de segundo, la delicada yema de un dedo que pasaba volando fue arrollada por la palma de mi mano que iba a tomar el vaso. Ello dio como resultado un leve roce. Lo he grabado en mi memoria. Nadie me lo quita. Te siento. Te conozco. Te reconozco. Eres la misma. Eres la misma persona. Eres real.
Eres mi punto. Que duermas bien".

"A la tarde siguiente
Asunto: Bernhard

Lo siento, Emmi. Tengo que volver a medirte en relación con tus palabras (y las de tus whiskys). Y así te pregunto, en serio y sin humor, como corresponde a mi naturaleza: ¿por qué quieres que me muestre «interesado en tu aspecto físico»? ¿Por qué quieres que te diga a la cara «me gustas»? ¿Por qué quieres que intime contigo más allá de la mitad de una mesa bien iluminada? ¡Tú no puedes pretender que también me enamore de ti «físicamente» (o libidinosamente, como dice el alcohol)!
¿Qué sacarías tú de eso? No lo comprendo, tienes que explicármelo. En realidad, tienes que explicarme varias cosas, querida mía. Con café volviste a evitarme con elegancia. Desde hace meses, por no decir desde Boston, evades el tema. Pero ahora quiero saberlo".

"Cinco horas después
Asunto: Impresión e impronta

Unas palabras más sobre mi inexistente o irreconocible «interés por tu aspecto físico», querida Emmi. Haz el favor de darle el recado a tus ex y futuros whiskys:
«Me gustas». Te lo digo con 0,0 de alcohol en sangre. Es bonito verte. Eres hermosísima. Y por suerte puedo echarte un vistazo a cualquier hora. No sólo tengo mil impresiones de ti, también tengo una impronta tuya. Tengo un punto de contacto en la palma de mi mano. Puedo contemplarte en él. Hasta puedo acariciarte. Buenas noches".

"Tres minutos después
Re:

Tu pregunta «¿qué puedo hacer por ti?» acabas de responderla tú mismo. ¡Acaricia mi punto de contacto, querido!

Un minuto después
Fw:

Ya lo hago. Pero no lo hago por ti, sino por mí. Pues este punto puedo sentirlo únicamente yo. ¡Me pertenece, querida!

Cincuenta segundos después
Re:

¡Te equivocas, querido! Para que exista un punto de contacto siempre hacen falta dos. 1) El que es tocado. 2) El que toca. Buenas noches".

"Cuatro minutos después
Fw:

En todo caso, eres demasiado joven para andar teniendo cuidado de que un día no te falte el aire con tu ajustado corsé, querida mía.

Un minuto después
Re:

Mientras Leo Leike se encargue de proveerme de aire fresco desde fuera por correo electrónico, e incluso a veces en vivo, en la mesa del café, no voy a ahogarme".

"Al día siguiente
Asunto: Catálogo de preguntas número tres

Tu extraño catálogo de preguntas número dos lo dejo para el final. Prefiero saltar ahora mismo al presente.
¿Qué me falta, Leo? Me faltas tú. (Desde antes de saber que existías.)
¿Qué puedes hacer por mí? Estar ahí. Escribirme. Leerme. Pensar en mí. Acariciar mi punto de contacto.
¿Qué quiero hacer contigo, Leo? Eso depende de la hora del día. En general: tenerte en la cabeza. A veces, también debajo.
¿Qué quiero que seas para mí? Huelga la pregunta. Ya lo eres.
¿Cómo seguimos? Como hasta ahora.
¿Si quiero que sigamos? Sin falta.
¿Hacia dónde? Hacia ninguna parte. Simplemente, seguimos. Tú vives tu vida. Yo vivo mi vida. Y el resto lo vivimos juntos".

"Leo, nuestra «historia» no había acabado todavía. La huida nunca es el final, sólo su retraso. Tú lo sabes muy bien. De lo contrario, no me habrías contestado nueve meses y medio después".

"Bueno, y para terminar: ¿cómo pude perdonarte a ti? ¡Ah…, Leo! Soy corruptible. Me mandas unos mensajes bonitos… y te lo perdono todo, hasta las pausas intencionadas de nueve meses y medio".
x


"Dos días después
Sin asunto

Quizá me desprecias por cada una de las palabras que te he escrito. Quizá me odias por cada una de las letras que sigo enviándote. Pero no puedo evitarlo. ¿Cómo estás, Emmi? Me gustaría mucho estar ahí cuando me necesites. Me gustaría mucho hacer algo útil por ti. Me gustaría mucho saber qué piensas y qué sientes. Me gustaría mucho compartir tus pensamientos y tus sentimientos. Me gustaría mucho descargarte de la mitad de todo, por muy desagradable que sea".

"Tres días después
Asunto: Viento del norte

De acuerdo, Emmi, lo he entendido, no te escribiré más. En caso de (…) viento del norte (…), ya sabes (…) siempre. ¡Siempre, siempre, siempre, siempre, siempre!
Un abrazo,
Leo

Cinco horas después
Re:

Hola, Leo.
¿Ya estás durmiendo?

Tres minutos después
Fw:

¡¡¡EMMI!!! ¡¡¡GRACIAS!!!
¿Cómo estás? ¡Dímelo, por favor! No pienso en nada más. Debería terminar un informe de investigación, pero llevo horas sentado frente a la pantalla, con los ojos clavados en el sobrecito de la barra de tareas, esperando un milagro de cuatro letras.
Ha ocurrido. Todavía no me lo creo. EMMI. ¡Estás ahí otra vez!".

"En realidad sólo me has castigado con tu silencio. Lo que hasta ahora nos había unido y comprometido eran… palabras. Si todavía te importa algo de mí, Emmi, ¡háblame!".

"Por cierto, gracias por haberte prestado al «juego». Sé que no fue tu desenfreno, Leo, fue tu compasión. Me habías ofrecido descargarme de la mitad de mis sentimientos. Anoche lo hiciste admirablemente, considerando lo tensa que era la situación. Las camas compartidas
son menos camas. Las penas compartidas son más penas".

"No seas ingenuo, Leo. No hay ningún «milagro de cuatro letras». Sólo hay una consecuencia lógica de tres letras. Tantas veces hemos temblado de pensar en ella… Tanto tiempo la hemos aplazado, disimulado y evitado… Ahora nos ha salido al encuentro y me toca a mí anunciarla: FIN".

"Leo, todo lo que me rodea está cambiando, sólo estas letras siguen siendo las mismas. Me hace bien aferrarme a ellas. Tengo la sensación de que al menos así soy fiel a mí misma".

"Dos días después
Asunto: Dime solamente…

a) …si borras mis mensajes sin leerlos.
b) …si los lees y los borras.
c) …si los lees y los guardas.
d) …si no los recibes.

Cinco horas después
Fw:

c".

"La relación que tengo contigo es muy diferente a la que tengo con ella.
Dentro de mí no hay un cupo fijo de sentimientos que pueda repartir entre distintas personas que significan algo para mí por distintos motivos. Cada una de las personas que me importan es algo aparte y ocupa su propio sitio dentro de mí. Lo mismo ocurre contigo".

"Seis días después
Asunto: Calma chicha

Querida Emmi:
Sólo quiero saber si estás bien. No tienes por qué escribirme si no te apetece.
Escríbeme solamente que no te apetece escribirme, si es que no te apetece. Y si por casualidad te apetece, ¡escríbeme! Me alegrará, ¡y mucho!".

"Quiero poner fin a mi existencia insular contigo, Leo. Quiero lo que tú, si eres honesto contigo mismo, siempre has querido: quiero —tengo curiosidad por ver si logro decirlo—, quiero, quiero, quiero… quiero que sigamos siendo amigos (¡ya está!). Amigos por correspondencia. ¿Me entiendes? No más palpitaciones. No más dolores de barriga.
No más temores. No más temblores. No más expectativas. No más deseos. No más esperas. Sencillamente, mensajes de mi amigo Leo. Y si no los recibo, que no se me hunda el mundo. ¡Eso es lo que quiero! Que no se me hunda el mundo cada semana.
¿Comprendes?
Un abrazo,
Emmi".

"Dos días después
Asunto: ¡Hola, Emmi!

No, te equivocas, querida Emmi. Desde que sé que no se te hunde el mundo cuando no te escribo, no me conecto a Internet tan a menudo. Ésa es la razón por la cual los intervalos son más largos. Ruego tu comprensión y un poco de paciencia cada vez.

Tres minutos después
Re:

¿De modo que durante dos años sólo me has escrito para que no se me hunda el mundo?".

"Un minuto después
Re:

Querido Leo:
¿De veras fue tan terrible esa hora con Jonas? Créeme, a él le hizo bien verte y charlar contigo. Tus explicaciones sobre los métodos de tortura medievales le parecieron estupendas. Quiere saber más al respecto.

Siete minutos después
Fw:

Me alegro, Emmi. Es un chico simpático. Pero para ser sincero, muy, muy sincero…, es probable que tú no lo entiendas, ninguna mujer que tenga una relación de conveniencia con hijos de una relación de conveniencia lo entendería, es más, es algo absurdo, arrogante, presuntuoso, incluso megalómano, una manía mía, descabellada, irreal, de otro mundo, extraterrestre. Es igual, te lo diré de todos modos: en realidad yo quería verte A TI y hablar CONTIGO, Emmi. Por eso quedé CONTIGO. A solas los dos".

"A la mañana siguiente
Asunto: ¿Sigues bien?

Querida Emmi:
¿Sigue en pie lo de esta noche?

Treinta minutos después
Re:

Sí, desde luego, querido Leo. ¡Ah!, se me olvidaba decirte que Bernhard y los niños vienen conmigo. ¿Te parece bien?

Diez minutos después
Asunto: Broma

¡Era una broma, Leo! ¡Una broma! ¡Una broooooooooomaaaaaaaaa!

Tres minutos después
Fw:

¡Pues sí que será una noche divertida! Bueno, mejor ya dejo de escribir. Hasta luego, Leo

Un minuto después
Re:

¡Tengo ganas de verte!

Treinta segundos después
Fw:

¡Y yo a ti!".

"Siete minutos después
Re:

Viste muy bien, querido mío. ¡AYER EXISTÍA ÚNICAMENTE PARA TI! Y esa mirada que me capta a mí y a nadie más que a mí, que hace desaparecer todo lo que está alrededor, esa mirada que ve la retama de flores amarillas como si hubiese sido plantada para nosotros, el mundo, como si hubiera sido creado para nosotros, esa mirada… ¡grábatela, por favor, por favor, por favor! Practícala antes de dormir, repítela al despertarte, ensáyala frente al espejo. No la derroches, no la desperdicies con otros, protégela de los asaltos y de la luz del sol, no la expongas a ningún peligro, ten cuidado de que no se te rompa al transportarla. Y cuando volvamos a vernos, ¡desenvuélvela! Pues esa mirada, querido mío, me alucina, me vuelve loca. Ya sólo por eso merece la pena haberme pasado dos años y medio esperando mensajes tuyos.
Nadie me había mirado así jamás, Leo. Así, tan, tan, tan… Sí. Tan así. Quería que lo supieras. Por cierto, es un cumplido, un pequeño cumplido, amor. ¿Lo has notado?".

"Treinta segundos después
Fw:

Si no quieres una aventura, ¿qué es lo que quieres?

Cuarenta segundos después
Re:

¡Quiero que digas qué es lo que TÚ quieres!

Veinte segundos después
Fw:

¡A TI!".

"Un minuto y medio después
Re:

¡Bravo, Leo! Ha sido espontáneo, intuitivo, ha quedado muy bien, y además con mayúscula. Pero ¿qué es lo que quieres hacer conmigo? ¿Leerme? ¿Tenerme en mente? ¿Llevarme siempre contigo en tus armarios emocionales? ¿Tenerme como un punto en la mano? ¿No perderme? ¿Adorarme? ¿Verme? ¿Escucharme? ¿Olerme? ¿Tocarme? ¿Besarme? ¿Agarrarme? ¿Derribarme? ¿Dejarme embarazada?¿Comerme?

Cincuenta segundos después
Fw:

¡TODO! (Menos dejarte embarazada, aunque pensándolo bien, ¿por qué no?)".






Daniel Glattauer