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sábado, 29 de junio de 2019

Citas: Julia Bride - Henry James


"¡Naturalmente no era más desgraciado de cuanto él mismo no fuera consciente! Julia Bride habría estado segura de ello… ¡si hubiera sufrido todo cuanto ella suponía que él había sufrido!".

"Algo en la visión de su antiguo padrastro todavía relativamente joven —con la confusión y el inmenso componente de rectificación, por no hablar del rango de contradicción que esta visión introducía en la imagen favorita de la señora Connery con respecto a su propio pasado agraviado— provocó una vez más, incluso en aquel momento, la aceleración de la claridad y la dureza de su juicio, aquello que hubiera podido expresar como una repugnancia retrospectiva que había crecido en ella en los últimos tiempos, el sentimiento de toda la locura, la vanidad y vulgaridad, la mentira, la maldad, la falsificación de toda una vida en interés de no se sabe qué miserable frivolidad ni qué absurdo precepto, en medio de los cuales había sido condenada, tan ignorante y lastimosamente, a vivir, a vagar, a caminar a tientas, a la deriva, desde los albores de su conciencia".

"—¡Vaya, has crecido de un modo tan encantador!… ¡Eres la muchacha más bonita que he visto en mi vida!
Por supuesto que la joven era la muchacha más bonita que había visto en su vida. Era la jovencita más hermosa de todas cuantas hubieran visto en su vida personas mucho más privilegiadas que él".

"Era bueno verle, escucharle y sentir su presencia, y aquellas sensaciones demolieron, de un golpe  providencial, gran parte de las horribles inconveniencias del pasado que le adjudicaba; se aferró a él como su apoyo frecuente en tareas de socorro, como un remedio curativo, como redentor de alguna poción universal de sanación… preciado incluso al extremo del perjurio, si el perjurio fuera requerido".

"Entretanto, no había nadie que no sintiera deseos de provocarla para hacerle pagar hasta el último centavo el precio de su belleza".

"—¿Quién es, entonces, la persona en cuestión de la que usted…?
—Un ser adorable, Julia. La señora de David E. Drack. ¿Has oído hablar de ella? —inquirió casi en un susurro. 
Nueva York era una ciudad muy grande, y ella no había tenido tal honor.
—¿Es viuda…?
—¡Oh, sí, ella no es…
Se contuvo a tiempo.
—… Sí, es una verdadera viuda.
Él le hablaba íntimamente, pero parecía que la miraba ahora, en el momento presente, con una dureza patética.
—Julia, tiene millones".

"No hubo más que un momento en el que una mirada del joven, de un brillo especial que ella nunca le había visto antes, le inspiró una ligera duda acerca de la actitud que tomaría; se sentía segura, no obstante, en armonía con la sensación de no haber incrementado los riesgos cuando, un momento después, él indicó de pronto:
—Parece dar por hecho que hemos sido culpables; que usted ha sido culpable de algo que nunca debió haber ocurrido, ¿no es cierto? ¿Acaso hicimos algo alguna vez en secreto, por debajo de la mesa, o de algún modo clandestino para no ser descubiertos? ¿Qué hicimos sino intercambiamos nuestras juveniles promesas con la mejor fe del mundo, públicamente, con regocijo, y con el pleno consentimiento de todas las personas allegadas a nosotros? Me refiero, por supuesto —dijo él con su grave y amable sonrisa—, hasta que se produjo nuestra completa ruptura, cuando entendimos que, en la práctica, financieramente, y dada la dureza del mundo y de la vida, no podríamos lograr nada juntos".

"—Yo cuidaré de usted.
(...)
—¿Mentirá por mí como un caballero?
—¡En la medida de lo posible hasta que mi rostro se torne
negro!".



Henry James

jueves, 12 de octubre de 2017

Citas: Otra vuelta de tuerca - Henry James


"Parecía dirigirse especialmente a mí, casi parecía pedirme ayuda para no dudar. Había roto una gruesa capa de hielo, fruto de muchos inviernos; sus razones habría tenido para tan largo silencio".

"Yo estaba en el Trunitg y la encontré en casa al regresar de mi segundo verano. Aquel año fue algo más que eso, fue un hermoso verano; y en sus horas libres dimos paseos y tuvimos conversaciones en el jardín, conversaciones en las que me sorprendió su gran inteligencia y simpatía. Sí, sí, no se rían: me gustaba enormemente y hasta el día de hoy me alegra pensar que también yo le gustaba a ella".

"—¿Por qué había pasado tanto miedo?
Continuaba mirándome fijamente.
—Juzgarán mejor —repitió—, luego.
Yo también lo miré fijamente.
—Comprendo. Estaba enamorada".

"—Es perspicaz. Sí, estaba enamora. Es decir, había estado enamorada. Se descubrió... no podía contar su historia sin descubrirlo. Me di cuenta y ella se dio cuenta de que yo me daba cuenta; pero ninguno lo dijimos".

"—En fin, no sé de quién estaría enamorada ella, pero si sé de quién estaba enamorado él.
—Eran diez años mayor que él —dijo su marido.
—Raison de plus ¡a esa edad! Resulta simpático su largo silencio.
—¡Cuarenta años! —preciso Griffin.
—Y con esta explosión final".

"—Solamente lo vio dos veces.
—Sí, y en eso precisamente radica la belleza de su pasión".

"—¿Y ésa fue toda su recompensa? —preguntó una señora.
—Nunca volvió a verlo.
—¡Oh! —exclamo la señora".

"—¿Qué título le ha puesto usted?
—No tengo título.
—¡Yo tengo uno! —dije. Pero, sin prestarme atención, Douglas había comenzado a leer con voz hermosa y clara, que venía a ser una transcripción oral de la bella caligrafía de la autora".

"El cielo seguía dorado, la atmósfera era luminosa y el hombre que me miraba por encima de la ventana estaba tan nítido como enamorado en un cuadro".

"Sólo permaneció unos cuantos segundos, los bastantes para convencerme de que él también me veía y reconocía; pero fue como si pasara años mirándolo y lo conociera desde siempre".

"—¿Y que fue de él?
Se retuvo tanto tiempo que aumentó mi confusión.
—También se fue —soltó al cabo.
—¿Adónde se fue?
Entonces su expresión se tornó muy rara.
—¡Dios sabe adónde! Murió.
—¿Murió? —casi chillé".

"—Para ahorrárselo, pues, a usted.
—No, no... ¡Hay que ahondar más! Cuantas más vueltas le doy más cosas comprendo, y cuanto más cosas comprendo más miedo me da.
¡No sé qué es lo que no veo, qué es lo que no temo!".

"No podía abjurar con simplemente desearlo, pero si pude repetir a la señora Grose —como hice una y otra vez a altas horas de la madrugada—, que, con sus voces en el aire, su presencia en el corazón y sus fragantes rostros contra la mejilla de una, todo se hacía trizas excepto su debilidad y belleza".

"En realidad, teniendo siempre mis alumnos a la vista y sin nuevos incidentes, muy pocos días bastaron para, como si fueran una especie de cepillo, borrar los penosos fantasmas e incluso los odiosos recuerdos".

"De pronto llegó un momento tras el cual, según lo veo ahora, tengo la sensación de que por mi parte todo fueron sufrimientos; pero al menos he llegado al fondo del problema y, sin duda, el mejor camino es seguir".

"No son míos, no son nuestros. El niño es de él y la niña es de ella. ¡Los niños son de él y ella!".

"El verano había terminado, el verano había desaparecido; el otoño había caído sobe Bley y había apagado la mitad de nuestras luces. Con su cielo gris y sus guirnaldas marchitas, sus espacios desnudos y las hojas muertas desparramadas, el lugar era como un teatro después de la representación, con los programas arrugados esparcidos por el suelo".

"Poco importa, pues llegó el alivio. Lo llamo alivio, aunque fue el alivio que procura una bofetada a la histeria o el estallido de la tormenta a un día sofocante".

"—¡Quiero estar con los que son como yo!
Aquello me hizo dar un salto.
—¡No hay muchos como tú, Miles! —Reí—. A no ser, quizás, la pequeña Flora.
—¿Me está comparando en serio con una niña pequeña?".

"Sabe Dios que nunca quise acosarlo, pero tuve la sensación de que entonces el simple hecho de darle la espalda era abandonarlo o, dicho más exactamente, perderlo".

"Pues bien, yo "vengo", ¡pero no me voy! Tiempo habrá de sobra para eso".

"Habíamos terminado de comer, estaba junto al hogar de la sala de estudio y, sin embargo, ne me había dormido lo más mínimo: sólo que había hecho algo mucho peor: me había olvidado".

"Lo tomé, sí, lo sujeté, es fácil imaginar con cuánta pasión; pero al cabo de un minuto empecé a percatarme de lo que realmente tenía entre mis brazos. Estábamos solos, el día era apacible y su pequeño corazón, desposeído, había dejado de latir".



 Henry James