viernes, 21 de febrero de 2025

Citas: Versos con C - Cristina Martínez Prieto

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 "En el suave andar de mis dulces noches,
mi largo sendero la luna ilumina.
Sobre el horizonte elegante dama,
cuál celosa madre que mis pasos guía.
Da resplandor a cada paso que doy.
La luna es el faro que ilumina".

(Luz de madre)

"No hay nada que te pare.
Vuela tu alma viajera.
Sigues tu camino al cielo,
¡si atraparte pudiera!".

(Vuelas)

"Todo aquel que te conoce,
no olvida, aunque quiera,
todo tu revoloteo
ni esa sonrisa y nobleza".

(Vuelas)

"Me cuesta rimar:
hacer que una idea
posea métrica.
No nací poeta".

(Poeta)

"Escribo si falta
cambiar de sistema,
para alcanzar
y llegar a la meta".

(Poeta)

"Tengo dos rosas a fuego
tatuadas en mis adentros.
Guardo la flor en mi seno
y la recuerdo como a tus besos.
Quién ve el color de mis anhelos,
no olvida mis rosas ni en sueños".

(Dos rosas)

"Nuestro destino
es solo nuestro.
Construyámoslo
en serio":

(D.E.S.T.I.N.O.)

"Creo en la calidad
como una cualidad.
No entiendo de marcas.
ni de etiquetas vanas.

Da igual menos o más,
sé tú hasta el final".

(Autenticidad)

"Y hay cosas que ni
nosotros mismos entendemos.
Cuando amamos sin darnos cuenta
que el amor hay que cuidarlo,
si no será un vago recuerdo
de lo que fue pasajero".

(Mariposas)

"Por primera vez se vieron,
con una leve sonrisa,
que embrujó su corazón
y laten al mismo son.

Conozco una chica
que tropezó con el amor.
No sabe bien cómo fue,
pero de él se enamoró".

(Embrujo)

"Sabe que fue deshonesto,
fue puro sufrimiento.
Me hizo creer que era
un cero a su izquierda.
Pero se dará cuenta
y tendrá esa moneda.
Pero entonces será tarde
para darle la vuelta".

(Objeto)

"La vida es un baja y sube.
Empatizo con el que huye
de la vorágine que cansa".

(Sola)

"Sentir que has perdido
a la persona que más querías.
No solo le perdiste a él,
sino a ti misma.
Hacerte la fuerte,
cuándo por dentro
estás hundida".

(Depresión)



Cristina Martínez Prieto

domingo, 16 de febrero de 2025

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viernes, 14 de febrero de 2025

Citas: Cristales rotos - Pol Varela

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 "Y dos versos se repiten en mi cabeza
como una sentencia que canta
un jurado de culpas y rencores.
palabras que no dejan de machacarme.
Quisiera cantar la canción más bella del
mundo.
Para qué, mi amor, si nadie me escucha".

(Pesadilla)




"Y todo acaba, salvaje,
con aire tintado en luz muerta
y palabras de pactos secretos,
salpicaduras en el suelo,
la rotura del silencio.
Salvaje te deseo".

(Salvaje)

"La vida me ha regalado
un amor puro, una verdad,
espejo en el que mirarme,
mi reflejo es la soledad".

(Soledad)

"No te vayas.
No dejes este vacío,
esta nada inmensa,
este no ser
que es ser sin ti".

(No te vayas)

"Llueve.
Promesa en agua
que limpia las conciencias,
recuerda tus ausencias,
retorna a la nada.
Vete".

(Llueve)

"Yo sin ti,
sin Fe, sin alabanzas,
en vaivén delicado
entre tú y tu desgana".

(Eternidades)

"Si el vacío me llena,
abrázame fuerte,
no me dejes caer.
No te asuste la pena
que alimenta la muerte,
no la dejes vencer".

(Mi ausencia tu llanto)



Pol Varela

 

sábado, 1 de febrero de 2025

Citas: El regreso del joven príncipe - Alejandro Guillermo Roemmers

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 "Al cabo de un momento me di cuenta de que ni siquiera le había preguntado adónde se dirigía. Como lo había encontrado en el lado derecho de la carretera, había dado por supuesto que viajaba en dirección al sur, pero en realidad lo más probable era que estuviese tratando de llegar hasta la capital, que se hallaba hacia el norte.

Resulta curiosa la facilidad con la que asumimos que los demás deben ir en el mismo sentido que nosotros.

Cuando volví de nuevo la mirada hacia él, era demasiado tarde. Otros sueños lo habían llevado muy lejos de allí".


"—¿Hay muchas carreteras en la Tierra? —preguntó él sin hacer el menor caso a mis palabras.

—Sí, innumerables.

—Yo he estado en un lugar sin carreteras —dijo el misterioso joven.

—Pero allí la gente se perdería… —señalé, al tiempo que sentía que crecía más y más mi curiosidad por saber quién era y de dónde procedía.

—Cuando no hay carreteras en la Tierra —continuó él imperturbable—, ¿la gente no piensa en buscar orientación en el cielo? —Y miró hacia arriba a través de la ventanilla.

—De noche —reflexioné— es posible guiarse por las estrellas. Pero cuando la luz es muy intensa, correríamos el riesgo de quedarnos ciegos.

—¡Ah! —exclamó el joven—. Los ciegos ven lo que nadie se atreve a ver. Deben de ser los hombres más valientes de este planeta".


"Después de un silencio en el que pareció quedar sumido en sus recuerdos, añadió:

—En un viaje conocí a alguien que tenía un problema para el que no había solución.

—¿Ah, sí? —dije distraídamente.

—Era un hombre que bebía para olvidar.

—¿Para olvidar qué? —pregunté automáticamente.

—Que estaba lleno de vergüenza y de culpa.

—¿Por qué? —Quise saber.

—Porque bebía —respondió el joven, con lo que cerró el círculo que lo tenía perplejo.

—El sentimiento de culpa —comenté yo— nos paraliza y nos impide resolver muchos problemas. Asumir la responsabilidad hará que desaparezca esa sensación y nos permitirá llevar a cabo acciones más positivas, como compensar los daños causados, en la medida de lo posible. O, simplemente, seguir adelante y no repetir el comportamiento que nos hizo sentir culpables.

—Pero si has hecho algo malo —inquirió—, ¿cómo puedes evitar la culpa?

—La culpa no ayudó a ese hombre dado a la bebida. Es un castigo inútil que le roba sus energías y en el que persevera porque ha dejado de quererse. ¿No le preguntaste por qué razón empezó a beber?

—No… —contestó el joven titubeando, y sentí al fin que podía esbozar una sonrisa, sabiendo que habría sido más fácil encontrar la tumba de un faraón desconocido que una pregunta que aquel muchacho no hubiera formulado aún.

—Soledad, falta de amor, frustración por algo… Desconozco cuál fue la causa, pero sin duda la adicción a la bebida no era más que una consecuencia. Ahí tienes un ejemplo conmovedor de los efectos destructivos que conlleva no superar las dificultades.

—¡Qué ingenuo fui al juzgarlo como lo hice! —comentó el joven arrepentido—. Quizá mi afecto hubiera sido la llave para abrir la puerta que él nunca pudo franquear.

—Nuestras vidas serían mucho más positivas —añadí— si dejáramos de juzgarnos a nosotros mismos y a los demás, si en lugar de quejarnos por toda suerte de inconvenientes y torturarnos preguntándonos si nos merecemos las dificultades o si podríamos haberlas evitado, aplicáramos nuestra capacidad para resolver los problemas y aceptar aquello que no puede cambiarse. Como dice un antiguo proverbio oriental: más te vale encender un fósforo que seguir maldiciendo la oscuridad.

El muchacho me oía con interés, así que decidí seguir pensando en voz alta.

—A veces descubrirás que, al cambiar tu punto de vista, el obstáculo desaparece, porque con frecuencia la única dificultad está dentro de nosotros y es nuestro modo inflexible y miope de ver las cosas.

—¿La dificultad está dentro de nosotros? —repitió con incredulidad mientras bajaba la mirada hacia su ombligo".


"—¿Qué es el destino? Parece un maestro muy severo… —reflexionó el joven.

—Es el camino de cada persona…

—¿Es posible cambiarlo? —preguntó con creciente confusión.

—Sí —respondí lacónicamente, aun sabiendo que las bibliotecas de la Tierra contienen millares de volúmenes en los que se intenta en vano encontrar una respuesta categórica a esta cuestión".


"—Estoy buscando a alguien a quien hace tiempo que no veo. Se parece un poco a ti, pero tiene una máquina que vuela.

—¿Un avión? —pregunté, un poco confundido.

—Sí, eso, un avión.

—¿Y dónde vive? —Quise saber con la intención de ayudarlo, pues sabía de varios aeroclubes de la zona que había visto señalados en el mapa.

—No sé —respondió con tristeza. Y siguió reflexionando—: No sabía que las personas vivieran tan alejadas unas de otras.

Al ver la perplejidad de mi rostro, aclaró:

—La Tierra es muy grande, ¿sabes? Y mi planeta, muy pequeño".


"Cuando finalmente el Joven Príncipe habló, me tomó por sorpresa.

—Gracias —dijo.

—¿Por qué me das las gracias? —pregunté yo.

—Por salvarme de la infelicidad —respondió.

—¿A qué te refieres? —Quise saber.

—Bueno, he estado pensando en lo que dijiste y he descubierto que había un pensamiento profundamente arraigado en mi mente: que no volvería a ser verdaderamente feliz hasta encontrar a otro amigo como mi añorado aviador. Sin embargo, ese pensamiento contiene los tres obstáculos para la felicidad que has mencionado antes. Primero, la necesidad de «alguien como él», que me haría no reparar en otras personas distintas pero quizá igualmente nobles e interesantes.

Segundo, la cuestión de la «seguridad», porque nunca estaría totalmente seguro de haber encontrado a alguien idéntico a él. Y tercero, la «búsqueda», que haría que me centrase en un suceso futuro, en alguien que podría llegar a conocer, sin valorar a quienes ya están a mi lado.

—Veo que me has entendido a la perfección —reconocí con el mismo orgullo que sienten los maestros al encontrarse frente a su mejor alumno.

—Nunca se puede estar demasiado atento —dijo el Joven Príncipe.

—No, nunca —repetí, y ambos sonreímos. En silencio, advertí que aún perduraba algo en su expresión que lo ataba a la tristeza del pasado, pero decidí esperar para averiguarlo".


"—¿Cómo sabes tantas cosas? —inquirió, sorprendido por mi capacidad de encontrar respuesta a sus preguntas.

—Gracias a mi experiencia y mi intuición —contesté.

—¿Y cómo sabes que tienes razón?

—Gracias a mi experiencia y mi intuición —volví a responder.

—¿Y nunca te equivocas? —me interrogó con admiración.

—Pues claro que me equivoco, y entonces a mi experiencia agrego ese error.

Verás, no puedo decir que lo que creo sea una verdad absoluta, sino solo que es un conocimiento que a mí me ha resultado útil en la vida. Tú deberías hacer lo mismo.

No creas nada de lo que yo te diga. Simplemente tómalo y fíjate si a ti te sirve.

—¿Y dónde puedo encontrar esa experiencia? —Quiso saber el Joven Príncipe.

—En la vida —respondí—. Mi experiencia está formada por todo el tiempo que he tenido para cometer errores y por mi capacidad de sobreponerme a ellos. Si eres inteligente, lograrás incorporar a tu experiencia los errores cometidos por otros, sin necesidad de repetirlos. Los libros, los maestros y las historias de otras personas pueden abrir caminos, pero al final eres tú el que ha de decidir qué conocimientos debes aceptar".


"—¿Qué es un fantasma?

—Un fantasma es una imagen sin contenido, una sombra, una apariencia sin sustento. —Y añadí—: Hay gente que cree que los fantasmas no existen. Yo, en cambio, creo que sí y que son numerosos, vaya donde vaya. Para mí, los fantasmas son las personas que no tienen corazón.

—Tampoco quiero ser un fantasma —reflexionó el Joven Príncipe, cada vez más consciente de las dificultades que entrañaba crecer".


"—¿Quieres decir —preguntó él— que debemos poner nuestro amor en todo lo que hagamos?

—Exacto —respondí—. Y hacerlo apasionadamente, ya sea en el trabajo, en el arte, en la amistad, en los deportes, en la ayuda a los demás o en el amor. La felicidad —continué— es también un equilibrio que exige la satisfacción de múltiples necesidades humanas, desde las más básicas, como la comida, la vivienda, la cercanía con nuestros semejantes y la estimulación, a las más elevadas, como la búsqueda de trascendencia, el amor, el altruismo y la búsqueda del sentido de la propia vida, pasando por otras, como la creatividad, el reconocimiento, la productividad y el cambio. Solo nuestra inteligencia puede satisfacer estas necesidades de manera armoniosa según nuestra personalidad y el propósito de nuestra vida.

—¿Y cómo puedo saber que lo he conseguido? —preguntó el Joven Príncipe.

—La felicidad —le expliqué—, más que el objetivo final al que se llega, como si se tratara de la estación terminal de un tren, es en realidad una forma de viajar, esto es, de vivir".


"—¿Sabes una cosa? El amor es más poderoso incluso que la muerte. A un hermano mío le encantaban las alas. Sus alas eran de muchos colores. Dicen que murió, pero aún sigue vivo en nuestros corazones. Desde aquel día creo que los únicos que están realmente muertos son los que nunca han amado y aquellos que ya no quieren amar".






Alejandro Guillermo Roemmers

martes, 14 de enero de 2025

Citas: Cometierra - Dolores Reyes

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"Hasta el sol me confunde, me sangra en la piel caliente. Y los ojos, ardidos como si me hubiesen echado ácido, luchando por no llorar.
Un amarillo basura, fiebre, o un gris, gris chapa, gris enfermo el dolor.
Solo el dolor parece no morir nunca".

"Ellos tenían una sola preocupación: el fútbol. Cuando había partido los pibes se iban a lo de Hernán y yo me quedaba sola. Hernán era el único de los amigos de mi hermano que me daba bola. Me empezó a traer música, CDs truchos que metía en la misma Play. Yo le decía «hola» y «gracias», casi nada más, y él, un par de veces, me tiró: «Con música nunca estás sola»".

"Hernán puso música, Cri cri minal, repetía todo el tiempo la canción, y no sé por qué eso también me dio ganas de llorar. Me sequé con la toalla y me miré en el espejo. Antes no lloraba nunca. Traté de no cerrar los ojos para no ver lo que la tierra todavía quería mostrarme. Las lágrimas me lloraban solas.
Pensé en la tipa, en que ojalá no volviera. Me había pedido que viera y después no se lo pudo bancar.
Tú me robaste el corazón como un criminal, decía la canción y no quería escucharla. Se me agitaba la tierra en el estómago. Ese hijo mocho clavado en mi panza como se clava un hijo en el centro de su mamá.
Tenía que sacármelo. Abrí las canillas al máximo para que el ruido del agua se lo empezara a llevar.
Me acerqué al inodoro, me metí los dedos en la garganta hasta que llegó una arcada. Empujé más. Dolía. Vomité.
Olvidaba porque podía. Nunca sería una madre. No quería".

"Unos días después nos quedamos sin teléfono.
No lo extrañamos. A veces pensaba que ya no extrañábamos nada, que nos acomodábamos a cualquier cosa mientras estuviéramos cerca mi hermano y yo. No lo extrañamos porque casi no llamábamos a nadie ni nadie nos llamaba a nosotros. Los amigos entraban a casa; los demás ni se nos acercaban".

"Todos le decían que sí, que lo ayudarían a comprarlo, a traerlo, que no se preocupara. Pero cuando el Walter pidió que alguno se quedara conmigo porque no quería dejarme sola, nadie respondió. Entonces mi hermano sacó una pila de billetes del bolsillo y se la dio y ellos repitieron que se encargarían, que para eso estaban los amigos, que irían y volverían rápido y que enseguida lo ayudarían a cambiar el tanque.
Después de que se fueron, el Walter me miró y dijo:
—Estamos nosotros dos de nuevo, hermanita. Solos. No puedo echarle la culpa a ninguno.
No dije nada. Ya no esperaba nada tampoco. Si ellos no tenían la culpa, ¿quién? ¿Mi cuerpo? No podía solucionar lo que mi cuerpo veía".

"Hernán se había ido a la mañana. Ni siquiera se había llevado su joystick.
Ni un beso, ni chau, nada. Mientras fumaba uno mirando hacia la calle, supe que ya no podía esperar que su música volviera a entrar por esa puerta".

"El sol secaba lo que la lluvia del día anterior había hecho charcos y barro, para que volvieran a borrarse los pasos de los que ya no estaban: mamá, el viejo, la tía, Hernán, todos yéndose en fila como esas hormigas que ni que las quemes dejaban de hacer sus casas abajo de la tierra, donde no había verde ni llegaba la luz del sol y la carne de la Florensia se hacía huesos".

"El Walter llegó unos minutos más tarde.
Comimos los panchos a punto de rebalsar de mayonesa, con los dedos manchados, y las latas de cerveza fría en la otra mano, como tenía que ser. Mi hermano estaba contento, contagiaba. No le pregunté por qué. Charlamos de pavadas. Casi todo el tiempo hablaba el Walter, a veces con la boca llena, comiendo como un atolondrado. Yo lo escuchaba y me reía con él.
Más tarde me dio un beso y se fue al taller. No iba a volver hasta la noche.
Cuando cerró la puerta, dejé caer mi cuerpo en el sillón de la salita en donde seguro al otro día, y al siguiente, y en los cincuenta días que le siguieran iba a atender gente, a preguntar, tragando, si vivía o no, si respiraba o hacía cuánto y por qué sus pulmones se habían apagado, o quién se la había llevado. Pero ahora solo quería dormir".

"Al principio la tierra es fría, pero en la mano y después en la boca entra en calor. Separé un poco y lo levanté. Me lo llevé a la boca. Tragué. Cerré los ojos, sintiendo cómo la tierra se calentaba, cómo me quemaba adentro, y volví a comer un poco más. La tierra era el veneno necesario para viajar hasta el
cuerpo de María y yo tenía que llegar.
Me acosté en el suelo, sin abrir los ojos. Había aprendido que de esa oscuridad nacían formas. Traté de verlas y de no pensar en nada más, ni siquiera en el dolor que me llegaba desde la panza. Nada, salvo un brillo que miré con mucha atención hasta que se transformó en dos ojos negros. Y de a poco, como si la hubiera fabricado la noche, vi la cara de María, los hombros, el pelo que nacía de la oscuridad más profunda que había visto en mi vida".

"—Agua —le dije al flaco cuando lo vi venir caminando.
La mujer estaba detrás.
—Agua —volví a decir. Y con la boca muerta de sed—: María está viva.
Me llevaron al baño. Les cerré la puerta. Tomé agua con la misma desesperación que tenía en los recreos, cuando la seño Ana nos cuidaba y el agua de una canilla abierta era lo más rico del mundo.
Después me busqué en el espejo. Encontré lo que sabía: «Soy como ella —me dije—. Sé su nombre y que está viva. Quiero encontrarla. Yo me parezco a María. En los labios, en el pelo, en el color de mi piel está la tierra y está ella: unos ojos que son, para mí, un puntazo en la carne. No voy a dejar que quede ahí, viva y abandonada entre sombras»".

"Y ahí estaba ella ahora, la madre, buscando acercarse. Yo sabía que quería decirme algo pero no quería escuchar. Me estaba guardando toda para la tierra. Igual, se sentó enfrente mío y trató de agarrar mis manos.
—Hija —dijo, como para empezar a pedir algo, más con los ojos que con la boca—. Hija…
Le hice que no con la cabeza. Ya no siguió hablando. Solo los ojos.
—No, así no funciona —le dije, tratando de no mirarla, tratando de no recorrer con la cabeza el tiempo seco, los años guachos que me lastimaban el
cuerpo como una lija frotada sobre la piel, que hacían que ya no saliera nunca, nunca, la palabra «hija» para mí de la boca de una mujer—. Yo vine a comer la tierra de su hija —dije, y me levanté para salir sola a la intemperie a buscar una vida".

"No solo el amor acelera el ritmo cardíaco, también la música".




Dolores Reyes

lunes, 2 de diciembre de 2024

Citas: Ayla - J. S. Lupin

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"Flores crecían al lado del camino, incluyendo margaritas blancas. Se agachó a recoger una. Las margaritas eran comúnmente utilizadas en las bodas. Sostener la pequeña flor en sus manos le causó una punzada en el pecho. 
En ese momento, Aurelius, quién había sido el amor de su vida, se casaba con otra mujer. Probablemente ella llevaba un ramo de margaritas, adornado con otras flores silvestres mientras caminaba hacia él. 
Su corazón dolía siempre que recordaba sus últimas palabras.
Ya no me interesas. He encontrado a alguien más adecuado para mí.
No importaba cuantas veces repitiera esa conversación en su cabeza, seguía siendo igual de doloroso. Sin advertirlo, lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas. Una y otra vez su corazón se rompía. Se llevó las manos al cuello, donde colgaba el collar que Aurelius le había regalado unos meses atrás. Una delicada cadena de plata con un pequeño colgante de un sol. Se rehusaba a deshacerse de él, a pesar de ser un agrio recuerdo, era evidencia de que al menos, aunque fuese por un breve instante, una persona había llegado a amarla".

"Ayla tomó las medicinas y salió corriendo hacia las afueras de Dorebom, hacia su madre enferma.
Siempre corres hacia ella, le solía reclamar Aurelius.
La joven deseó correr y correr y poder correr hasta desaparecer. Por más que lo odiara, Aurelius tenía razón. Ella siempre corría de regreso a su madre. ¿Qué clase de hija sería si no lo hiciera? Lo que una vez él había admirado en ella, se convirtió en la razón de su separación".

"Deseaba olvidarlo todo. Estaba demasiado cansada, su corazón demasiado pesado para cargarlo sola.
Su padre había dejado la botella de ron a medias sobre la mesa. Muchas veces vio a su padre perder el conocimiento con el amargo líquido. ¿Era esa la respuesta a su impulsiva plegaria? Le di un sorbo a la botella.
Arrugó la cara, pero empezó a verter el líquido ámbar en un viejo vaso.
La luz tenue de las velas iluminaba la pequeña cocina. La cabeza de Ayla empezaba a sentirse ligera. Su cara se sentía roja y de repente hacía mucho calor. Sin darse cuenta, Ayla ya estaba caminando hacia el bosque.

Toma una flor
Arranca sus pétalos
Me ama, no me ama
Le pregunto a los dioses".

"La flor decidió que
No me amas
Y ahora como hago yo
Para deshacerme de este amor.
Al terminar la canción, Ayla se detuvo y miró al cielo nocturno.
Pequeños puntos brillantes iluminaban el cielo, y la luna llena se veía
majestuosa en medio de la oscura noche. Se quedó unos momentos muy
quieta, mirando la luna".

"—Por favor no me hagas daño.
—Eres graciosa —le dijo acercando uno de los delgados dedos de Madame Taylor hacia ella—. Hacer daño es algo de humanos. Es divertido como los humanos atribuyen características de su especie a todo. No necesito nada de ti, Ayla. Yo existo porque este bosque existe. ¿Por qué existes?
Ayla lo pensó unos momentos. Empezó a retomar la calma. Los efectos del alcohol parecían empezar a desaparecer, lo que la ayudaba a mantenerse alerta. El espíritu la miraba con curiosidad.
—No lo sé —respondió con sinceridad—. ¿Me dejarás ir?
—¿Estás en una cárcel?
—No…
—¿Entonces? Eres libre niña. De ser lo que quieras. De ir donde quieras. De vivir como quieras.
—Yo… no sé si soy libre.
El espíritu movió la mano en señal de desdén.
—Los humanos hacen todo muy complicado, no me interesan tus dilemas personales.
El espíritu le dio la espalda y se marchó flotando, dejando una estela de niebla a su paso.
—¡Espera! — lo llamó—. ¿Y tú eres libre?
El espíritu se detuvo en seco.
—Yo tampoco lo sé —le dijo con una gran sonrisa—. Estoy atado a este bosque. Mientras este bosque exista, yo existo. Todo lo que está en este bosque está conectado a mi".

"—(...) ¿Qué haces aquí?
La cara de Madame Taylor irradiaba curiosidad. Todo era demasiado surreal. Ayla se preguntó si estaría soñando.
—Te lo dije. Tomé mucho alcohol y terminé aquí.
—¿Qué es alcohol?
—Una bebida que te hace sentir muy ligero. A veces te ayuda a olvidar cosas también.
—¿Olvidar cosas?¿Qué querías olvidar?
Ambos se sentaron en el césped. A la luz de la luna, el espíritu la miraba con ojos expectantes, como un niño curioso. Ayla no sabía por dónde empezar. Era extraño para ella hablar de lo que sentía. No estaba acostumbrada a hacerlo. Pasaba la mayor parte del tiempo hurgando en la herida pero nunca había intentado hablar su verdad en voz alta. Sólo hacía su dolor más real".

"Antes de dejar el cuarto, Ayla se giró y le preguntó:
—Si pudieras desear algo, ¿qué desearías, madre?
Ayla esperó unos momentos pero sabía que no habría contestación alguna. Justo cuando se retiraba escuchó a su madre musitar:
—Quisiera regresar a casa.
La joven se preguntó por el lugar que su madre anhelaba tanto en sus delirios, mientras salía por la puerta".

"—(...) He reído y llorado. Me han amado y me han herido. He amado y herido".

"—(...) Hoy estás haciendo algunas preguntas extrañas. ¿Qué buscas ahí?
—He escuchado acerca de un tratamiento que podría curar a mi madre —mintió—. Me he estado debatiendo si debería ir en busca de él.
Nunca he ido más allá de Dorebom. Ni siquiera he visitado Tashnik. Madame Taylor la miró directamente a sus ojos.
—Suena como algo que deberías de hacer. No es el momento de dudar. Las consecuencias de dudar pueden ser muy graves".

"—¿Es eso lo que deseas? —preguntó el curandero como si leyera sus pensamientos.
—¿Lees mentes? —preguntó incrédula, mirándolo a los ojos.
—El corazón de los humanos es algo traicionero. Nunca sabe lo que quiere realmente. Tienes que ver profundamente para conocer de verdad lo que quieres, pero eso es aterrador para la mayoría".

"La casa estaba en completo silencio. Ayla miró a su alrededor, observando los detalles de la pequeña vivienda que la había visto crecer. No tenía mucho, pero ese era el lugar que la había protegido de las fuertes tormentas y las ventiscas de invierno. La había mantenido a salvo y caliente en muchas ocasiones. Tal vez no todos los recuerdos eran felices, las paredes cargaban consigo recuerdos y palabras hirientes, pero estaba viva, eso era lo que importaba".

"—¿Por qué un príncipe huiría? Debe tener mucho dinero.
—A veces el dinero no lo es todo".

"—¿Qué cosa? —apenas pudo decir. La mandíbula le temblaba.
—Estás dudando. Dudar puede significar la diferencia entre la vida y la muerte".

"Ayla empezó a correr por ese túnel. Más adelante, el túnel se dividía de nuevo en tres. Sam había dejado otro zapato en el túnel derecho.
Siguieron avanzando a paso rápido, solo con el orbe iluminando su camino.
De repente, entre el silencio, una débil voz se escuchaba a lo lejos, cantando una vieja canción de amor.

Y vi a la luna,
Pensé en ti de nuevo,
¿Cuándo regresarás de la guerra?".

"Las personas, para bien o para mal, siempre tienen el increíble don de sorprendernos".

"—No quieres —continuó, más calmada, su voz como un susurro—. Tú lo terminaste todo porque no era suficiente. Me dejaste sola. He tratado, he tratado como no tienes idea de ser amada; y sin importar que haga nunca es suficiente. No lo fue para ti, no lo fue para papá, no lo fue para mamá. ¿Qué tengo que demostrar?
Ayla tomó un poco de aire. Necesitaba calmarse. Apenas como un susurro, añadió: —¿Es mucho pedir que me amen como los he amado?".

"Cuentan los viajeros,
Que en la montaña una flor vieron,
Blanca y resplandeciente,
Hojas enrolladas.
Un viejo monje la encontró,
Y su olor le recordó,
Al guiso que su madre preparó.
Otro viajero se acercó,
Y el olor de su amada halló,
Y nadie se pone de acuerdo,
Del olor de esta flor,
Porque cuenta leyenda que,
A lo que más amas pertenece su olor".

"—¿Podría decirme cómo llegar?
—Yo mismo iré contigo, si gustas.
Ayla ya sabía lo suficiente del mundo para saber que todo tenía un precio.
—¿Qué quiere a cambio?
—Solo que me cuentes de ti".

"—Una vez que ves al mundo como una amenaza es difícil dejar de verlo así, ¿no es cierto?. No te preocupes, te notabas tensa cuando viniste al templo por la mañana. Ahora te ves un poco más relajada.
—Oh. —Las mejillas de Ayla se tiñeron de carmesí. ¿Siempre estaba a la defensiva? Se avergonzó un poco por asumir lo peor—. Lo siento. Creo que me siento bien. Nunca había hablado tanto en mi vida.
Yu volvió a reír.
—No te disculpes. ¿Por qué tendrías que hacerlo?
—Porque estaba asumiendo lo peor.
Yu se encogió de hombros.
—Eso es parte de quién eres.
—¿Eso es bueno o malo? Creo que siempre he sido así.
El monje la estudió unos momentos.
—El siempre del pasado no tiene porque ser el siempre del futuro".

"—¡Ayla! —gritó Yu
—¿Qué? —gritó ella de regreso.
Un pensamiento loco pasó por la mente de Ayla. ¿Y si saltaba al mar y se quedaba en ese paraíso? Si dejaba todo lo demás, podría quedarse a vivir ahí. Lejos de todo. Aprendería a pescar, o sería un monje o aprendería a sembrar las plantas locales, o abriría un taller de costura. ¿Ahí podría ser feliz?
Detuvo su imaginación en seco. No, tenía que volver. Tenía una promesa que mantener. La marca en su palma de la mano era un recuerdo de eso.
—¡Lo que verdaderamente deseas será el fuego que moverá tu alma!
Ayla lo miró confundida, pero estaba segura de que Yu no podía ver la expresión en su cara. No entendía a qué se refería.
—¿Y cómo se qué deseo realmente? —gritó
El barco ya estaba un poco lejos de la costa y Ayla no pudo escuchar bien lo que Yu respondió de regreso. Probablemente era algún tipo de metáfora. En la costa, todos los que estaban presente alcanzaron a escuchar a Yu:
—Eso lo sabrás si hurgas lo suficiente en tu corazón".

"—Una hija que desea el amor de su madre es lo más natural que puede existir.
—Soy patética.
—No lo eres. Eres mi amiga.
—No soy una buena persona, Sam.
—Eres tú, y eso es suficiente".

"—La he estado admirando desde el momento que entraste al bosque.
En efecto, es una flor única. Bella y extraña. Sus pétalos huelen a mi bosque. Tiene sentido. ¿Qué olor tenía para ti?
—No tenía ningún olor. Pensé que olería a mamá y su jabón o a mandarinas. Aurelius amaba comer mandarinas. Pero no. No puedo percibir ningún olor. Supongo que no hay nada que sea importante para mí.
—Qué deprimente. —El espíritu tomó la flor en sus manos—. De nuevo, lamento mucho lo de tu madre. Sé que era importante para ti.
—No sabía que los espíritus entendían el concepto del pésame.
El espíritu se encogió de hombros y apartó la trenza de su hombro.
—No diría que lo entiendo. Solo intentaba ser… ¿Cómo dicen ustedes? —El espíritu movió las manos tratando de encontrar la palabra correcta. Chasqueó los dedos, satisfecho—. Amable. Esa es la palabra. Si de algo sirve, la vida se transforma. No hay realmente un final".

"Ayla lo miró intensamente.
—Jamás podría darme eso.
Los ojos fluorescentes del espíritu brillaban. Ella continuó:
—No tienes idea de las cosas que ví, de lo que viví. Vi un fénix. De hecho, vi dos. Vi el mar, y subí a un barco, probé sopa de pescado y un estofado delicioso. Vi la magia de cerca, hice amigos, me peleé con ellos pero aún así están aquí conmigo.
—Parece que ganaste mucho más de lo que mi deseo podría haberte dado en primer lugar. Creo que esta es una despedida vieja amiga".

"—Gracias por todo. Volveré a visitarte.
—Esperaré con ansias. Oh por cierto, déjame quitarte esa marca.
Con un ágil movimiento de manos, la marca de Ayla empezó a desaparecer. En un abrir y cerrar de ojos, la marca había desaparecido completamente. La joven alzó la mano y la inspeccionó para asegurarse que no quedara ningún rastro.
—Gracias. Había olvidado que venía a pagar una deuda.
—Es por que visitabas a un viejo amigo".

"—Nos moríamos de preocupación —dijo Sam dándole un abrazo—. ¿Estás bien?
—Si, solo visité a un viejo amigo.
Thomas resopló y Sam le dio un codazo en las costillas.
—Nos alegra que estés bien —dijo ella por los dos—. Veo que te quitó la marca.
—Si, me quedé toda la noche hablando con él. Lamento si los preocupé un poco.
Thomas resopló de nuevo.
—Espíritu embustero.
Un fuerte viento azotó de repente el lugar donde estaban, haciendo agitar las ramas de los árboles y levantando olas de polvo.
—Creo que te escuchó —dijo Sam riendo ante la expresión horrorizada de Thomas".




J. S. Lupin

domingo, 11 de agosto de 2024

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