domingo, 4 de agosto de 2019

Citas: Y por eso rompimos - Daniel Handler


"Pero irá, irá y mirará. Tú no, Ed. Tú no acudirás. Probablemente te encuentres en el piso de arriba, sudoroso y solo.
Deberías estar duchándote, pero estarás tumbado en la cama con el corazón destrozado, o eso espero".

"Es un día hermoso, soleado y todo eso. De esos en los que piensas que todo saldrá bien, etcétera.
No es el día adecuado para esto, no para nosotros, que estuvimos saliendo cuando llovía, entre el 5 de octubre y el 12 de noviembre. Pero ahora estamos en diciembre, el cielo está radiante y lo tengo claro. Te voy a explicar por qué rompimos, Ed. Te voy a contar en esta carta toda la verdad de por qué sucedió. Y la maldita verdad es que te quise demasiado".

"Así que metí todo en la caja y esta dentro del armario, y encima amontoné algunos zapatos que nunca me pongo. Cada uno de los recuerdos del amor que compartimos, los tesoros y despojos de esta relación, como la purpurina en los desagües cuando un desfile ha terminado, toda arremolinada contra el bordillo. Voy a tirar la caja entera de nuevo en tu vida, Ed, cada objeto tuyo y mío. Voy a tirarla  en tu porche, Ed, aunque es a ti a quien estoy tirando".

"El mundo vuelve a ser lo que era, es lo que dice su sonrisa".

"Te quise y ahora te devuelvo tus cosas, las saco de mi vida como a ti, es lo que dice la mía".

"—Cuando cumplas veintiuno te compraré el coche —le dije—. Esta noche toca la corbata y algo…
Al suspiró, muy lentamente, mirándome.
—No puedes hacerlo, Min.
—Puedo encontrar lo que tu corazón desea. Mira, lo hice una vez".

"—La chaqueta está ahí para cuando tengas frío.
—Sí, porque yo estaré acurrucada en algún lugar ahí fuera mientras tú disfrutas de un mundo de pasión y aventura.
—Y de pesto, Min. No te olvides del pesto".

"Me parte el corazón devolverte esto, pero así quedamos igualados porque tú ya tienes el corazón roto, o eso creo".

"—¿Cómo? —exclamaste contemplando a la anciana, que bajaba por la avenida.
—Lottie Carson —dije.
—¿Quién?
—La del cine.
—Sí, la vi en la última fila. Con el sombrero.
—No, esa es Lottie Carson —repetí—. Al menos, eso creo. La que aparecía en la película. Greta.
—¿De verdad?
—Sí.
—¿Estás segura?
—No —admití—, por supuesto que no. Pero podría ser.
Salimos y tú entrecerraste los ojos y frunciste el ceño.
—No se parece en nada a como sale en la película.
—Eso fue hace años y años —dije—. Tienes que utilizar la imaginación. 
Si fuera ella, significa que se coló en el Carnelian para verse a sí misma en tierras salvajes, y nosotros somos los únicos que lo sabemos.
—Si fuera ella —repetiste—. Pero ¿cómo puedes estar segura?
—No hay manera de estar seguros —dije—. Al menos, ahora. Pero, ¿sabes qué?, tuve una corazonada durante el gran beso del final.
Sonreíste y supe en qué beso estabas pensando.
—Tuviste una corazonada.
—No me refiero a ese beso —respondí sintiendo de nuevo tus manos que apartaban cariñosamente mi pelo de nuestros rostros—. El beso de la película".

"—¿Tienes reloj? No importa, contaremos hasta doscientos.
—¿Cómo?
—Los segundos. Uno. Dos.
—Min, doscientos segundos no son tres minutos.
—Oh, claro.
—Doscientos segundos no podrían ser tres nada. Son ciento ochenta.
—¿Sabes qué?, acabo de recordar que eres bueno en matemáticas.
—Vale ya.
—¿Qué pasa?
—No me fastidies con lo de las matemáticas.
—No te estoy fastidiando. Solo estoy recordando. Ganaste un premio el 

año pasado, ¿no?
—Min.
—¿Qué se siente?
—Solo fui finalista, no gané. Veinticinco personas lo consiguieron.
—Bueno, pero la cuestión es…
—La cuestión es que me resulta incómodo, y Trevor y todo el mundo se burlan de mí con eso.
—Yo no. ¿Quién haría algo así? Son matemáticas, Ed. No es como si…, no sé, fueras un tejedor realmente bueno. No es que tejer…
—Es de maricones, igual que lo otro.
—¿Cómo? No…, las matemáticas no son de maricones.
—Lo son, algo así.
—¿Einstein era homosexual?
—Tenía pelo de marica.
Miré tu pelo, y luego a ti. Tú sonreíste con los ojos fijos en un chicle que había en la acera.
—Realmente vivimos en mundos diferentes, eh… —dije.
—Sí —afirmaste—. Tú vives donde tres minutos son doscientos segundos".

"Así que nos marchamos, entramos y sin más salimos, pero no sin que antes cogieras una caja de cerillas de la enorme copa de coñac colocada al lado de la puerta y la apretaras contra mi mano, otro regalo, otro secreto, otra ocasión para inclinarte y besarme.
—No sé por qué estoy haciendo esto —dijiste, y te devolví el beso con la mano llena de cerillas apoyada en tu nuca".

"La noche después de perder mi virginidad, después de que me dejaras en casa y tras varias horas sobre la cama, sin hacer nada, cansada e inquieta, hasta que me incorporé y salí a contemplar el atardecer en el horizonte…, esa noche desaparecieron otras siete u ocho cerillas. Y la tercera noche fue después de que rompiéramos, lo que hubiera merecido un millón de cerillas, pero solo recibió las que me quedaban. Esa noche tuve la sensación de que, encendiéndolas en el tejado, de algún modo, las cerillas lo quemarían todo, de que las chispas de las llamas incendiarían el mundo y a todas las personas con el corazón roto. Deseaba que todo se transformara en humo, que tú te volvieras humo, aunque esa película sería imposible de hacer, demasiados efectos, demasiado pretenciosa para lo diminuta y mal que me sentía. Hay que quitar ese fuego de la película, no importa cuántas veces lo vea en las pruebas de rodaje. Pero lo quiero de todos modos, Ed, quiero conseguir lo imposible, y por eso rompimos".

"—No conozco a ninguna chica como tú —aseguraste.
—¿Cómo?
—Que no conozco a ninguna…
—¿Qué quiere decir como yo?
Suspiraste y luego sonreíste y te encogiste de hombros y volviste a sonreír. El móvil tenía estrellas plateadas y cometas que brillaban en círculos en torno a tu cabeza, como si te hubiera golpeado hasta dejarte sin sentido en un cómic.
—¿Bohemia? —propusiste.
Me planté delante de ti.
—Yo no soy bohemia —exclamé—. Jean Sabinger es bohemia. Colleen Pale es bohemia.
—Esas son raras —dijiste—. Espera, ¿son amigas tuyas?
—¿Es que entonces no son raras?".

"—Y la película esa —sacudiste la cabeza y lanzaste un extraño suspiro—. Si Trev se enterara de que he visto algo así, pensaría…, no sé lo que pensaría. Esas películas son para maricas, sin ánimo de ofender a tu amigo Al.
—Al no es marica —protesté.
—Ese tío hizo una tarta.
—Yo la hice.
—¿Tú? Pues sin ánimo de ofender, pero estaba asquerosa.
—Se suponía —exclamé— que debía estar amarga, horrible como una fiesta de cumpleaños de los amargos dieciséis, en vez de dulce.
—Nadie la probó, sin ánimo de ofender.
—Deja de decir sin ánimo de ofender cuando haces comentarios ofensivos —me quejé—. Eso no te da carta blanca".

"—Y tú ¿qué haces?
—Les compro flores.
—Eso es caro.
—Sí, bueno, ese es otro asunto. Ellas no hubieran comprado las entradas para la película como has hecho tú. Yo pago todo, o tenemos otra discusión y les vuelvo a comprar flores.
Me gustaba que no fingiéramos que no había habido otras chicas, lo admito. Siempre había una chica contigo en los pasillos del instituto, como si las regalaran con las mochilas.
—¿Dónde las compras?
—En Willows, por encima del instituto, o en Garden of Earthly Delights si las de Willows no están frescas.
—Me estás hablando de flores frescas y piensas que Al es homosexual.
Un rojo intenso te cubrió ambas mejillas, como si te hubiera abofeteado".

"—¡Te veo el lunes! —gritaste como si acabaras de descubrir los días de la semana.
Pensábamos que teníamos tiempo. Me despedí con la mano, pero fui incapaz de responder, ya que por fin estaba permitiéndome sonreír tan ampliamente como había deseado durante toda la tarde, toda la noche, cada segundo de cada minuto contigo, Ed. Mierda, supongo que ya te quería entonces. Condenada como una copa de vino que sabe que algún día se romperá, como unos zapatos que se rozarán rápidamente, como esa camisa nueva que no tardarás en manchar".

"Y esta nota fue una bomba que me dejó como un flan, haciendo tictac bajo mi vida cotidiana, guardada en mi bolsillo todo el día y releída con avidez, en mi bolso toda la semana hasta que temí que se arrugara o alguien la fisgase, en mi cajón entre dos libros aburridos para escapar del escrutinio de mi madre y luego en la caja y ahora de vuelta a tus manos. Una nota, ¿quién escribe una nota como esta? ¿Quién eras tú para dejármela? Retumbaba en mi interior sin parar, provocando una explosión tras otra, con la emoción de tus palabras como metralla nerviosa en mi corriente sanguínea.
No puedo tenerla cerca más tiempo. Voy a arrojártela como una granada tan pronto como la desdoble y la lea y llore una vez más. Porque yo tampoco, y que te jodan. 
Incluso ahora".

"—Entonces, tú y Ed Slaterton. No hemos hablado mucho de ello. ¿Qué…, qué…?
—No lo sé —respondí, celo, celo—. Él…, va bien, creo.
—Vale, no es asunto mío.
—No es eso, Al. Es solo que…, que…, ya sabes, él es… frágil.
—Ed Slaterton es frágil.
—No, la relación. Me refiero a él y yo, así lo siento".

"Echaría a perder cualquier día, todos mis días, por aquellas largas noches contigo, y lo hice. Y por eso nuestra relación quedó condenada justo en aquel momento. No podíamos tener únicamente las mágicas noches murmurando a través de los cables.
Debíamos pasar también los días, los luminosos e impacientes días que lo estropeaban todo con sus inevitables horarios, las clases obligatorias que no coincidían, los fieles amigos que no se marchaban, las imperdonables aberraciones rasgadas de la pared sin hacer caso a las promesas pronunciadas pasada la medianoche, y por eso rompimos".

"Tus ojos mostraban tanta dulzura cuando me acompañaste a la parada del autobús mientras ellos se alejaban en dirección contraria…
Los vi arremolinarse y reír. Oh, Ed, dondequiera que sirva este   dinero, pensé con tu mano sobre mi cadera y la moneda inútil en el bolsillo, dondequiera que se pueda usar, cualquier extraña tierra que sea, vayámonos allí, quedémonos en ese lugar, solos".

"—Tú no eres mi verdadera madre —dijiste, y obviamente se trataba de una vieja broma.
Tu preciosa hermana te arrancó la goma de la mano y la dejó caer en la mía, como un gusano blanducho, una serpiente perezosa, un lazo totalmente abierto y dispuesto a amarrar algo en un rodeo.
—Si yo fuera tu verdadera madre… —dijo ella.
—Ya sé, ya sé, me habrías estrangulado en la cuna".

"Pero estoy tratando de mostrar la realidad, como sucedió, y honestamente me pareció diferente entonces, diferente de esa desagradable imagen.
Puedo ver la suavidad con la que te movías, la excitación que suponía estar allí contigo sin que nadie supiera dónde nos encontrábamos ni lo que estábamos haciendo. Fue distinto y hermoso, Ed, el modo en el que nos movíamos y nos tocábamos, no éramos solo dos chavales enrollándose como en una película. Incluso ahora es lo que intento imaginar, y no solo los besos y la ropa y el tranquilo, tenso y raro momento posterior, preguntándonos lo tarde que era, dando gracias al cielo de que no hubiera ningún golpeteo cruel en la ventanilla rodeado de risas. Pero no solo eso, sino también las cosas que no puedo recordar, que no puedo soportar recordar, y las cosas que no vi hasta que finalmente llegué a casa y encendí la luz del baño, primero para mirar mi reflejo y luego mi mano lastimada con unas extrañas magulladuras en la palma, dolorosas, que casi me rompían la piel. Casi las puedo sentir ahora, mientras sujeto este camión de juguete, aquellas marcas producidas en la parte trasera de aquel coche por aferrarme con tanta fuerza, jadeando y con una alegría salvaje, a este extraño objeto que me diste y que no puedo soportar mirar de nuevo".

"Fuera el cielo se despejó de forma tan repentina y mágica como un vampírico atardecer portugués acompañado de pájaros empenachados y una banda sonora de arpa. No duró, no estuvo despejado mucho más tiempo, y por eso rompimos, pero al cerrar este libro para devolvértelo, no pienso en eso, sino en nosotros sujetándolo entre las manos para comprarlo y traérnoslo, porque, maldita sea, Ed, esto no fue por lo que rompimos. Me encanta, lo echo de menos, odio devolvértelo, esta cosa complicada es por la que permanecimos juntos".

"Lo recogí y me ruboricé al pensar cómo se había entremezclado con mis cosas. Lo coloqué en el cajón, lo que quiera que fuese, luego en la caja y ahora te toca a ti ruborizarte y lamentarte. Quién sabe, tal vez sea una semilla de algún tipo, un fruto, una vaina, un unicornio que cabalgaba entre el sotobosque donde nos recostamos juntos. Ponlo en agua, podría haberlo hecho yo, haberlo  cuidado, y quién sabe lo que habría crecido, lo que habría sucedido con esta cosa del parque donde te amé, Ed, tanto".

"—Soy virgen.
Estuviste a punto de escupir el zumo de naranja.
—Vale.
—Pensé que tenía que decírtelo.
—Está bien.
—Porque no lo había hecho antes.
—Escucha, no pasa nada —tosiste un poco—. Algunas de mis mejores amigas son vírgenes.
—¿De verdad?
—Ehhh. Bueno, no. Supongo que ya no".

"Y mi paraguas, lo extravié aquel día, ¿dónde está? Sé que lo llevaba por la mañana. Si lo tienes tú, Ed, devuélvemelo, porque me siento perdida sin él en los días lluviosos, aunque ahora estamos en diciembre, así que toca nieve, eso dicen, y un paraguas en una tormenta de nieve es ridículo, como un cinturón de seguridad si no estás en un coche, o un casco si no vas en bicicleta. Lo necesito igual que un pez, una bicicleta o comoquiera que sea el dicho, igual que el café  tiene que tomarse solo, igual que a una virgen le hace falta un novio. Hay tantas cosas que nunca recuperaré…".

"Así que te quedas solo, o con una única persona a la que contárselo, mi amigo Al. Así que se lo cuentas, algo injusto e incómodo, únicamente porque tienes que hacer la pregunta, y por eso le dije a mi amigo Al, qué idiota, si podía preguntarle algo.
—Claro —respondió trasteando con los platos.
—Es algo personal. 
Al cerró el grifo y me miró desde la puerta con el paño sobre el hombro.
—Vale.
—Me refiero a que no se trata de que tenga la regla o de que mis padres me peguen, sino de algo personal.
—Sí, es duro cuando tus padres te pegan y además tienes la regla.
—Al.
—Min.
—Es sobre sexo.
La casa se sumió en el silencio igual que cualquier habitación ante la palabra sexo, e incluso los músicos de jazz se inclinaron hacia delante con la esperanza de escuchar a través de los altavoces mientras continuaban tocando.
—Cerveza —exclamó Al, una reacción que me sorprendió—. La necesito, ¿quieres una?".

"—¿Qué piensa la gente de eso?
—¿La gente? —repitió Al.
—Al. La gente diferente. ¡Ya sabes!
—La gente diferente piensa cosas diferentes".

"Te encorvaste un segundo mientras pedía mi café, ignorando las miradas que te lanzaba la camarera. Me lo alargaste, pero yo ya había cogido lo que quería, había vuelto a robar en Lopsided’s, así que te distraje con la conversación hasta que vino el café y olvidaste que había desaparecido. Aunque tú también me la jugaste; sin embargo, el reverso de la servilleta lo descubrí demasiado tarde, no cuando llegué a casa, ni cuando la guardé en la caja, sino cuando tenía el corazón destrozado y lloroso, cuando ya no era cierto. Igual que nosotros descubrimos, cuando la camarera soltó el café y la cuenta y se marchó sigilosamente, que no había azúcar en nuestra mesa: cuando era demasiado tarde, Ed, para solucionarlo".

"—¿Esta vez ha sido mejor? —preguntaste.
—Se supone que duele —respondí.
—Lo sé —dijiste, y pusiste ambas manos sobre mi cuerpo—. Aunque supongo que lo que quiero saber es ¿qué se siente?
—Como si te metieras un pomelo entero en la boca.
—¿Quieres decir que entra justo?
—No —respondí—, quiero decir que no encaja. ¿Has intentado alguna vez meterte un pomelo entero en la boca?
Las risas fueron lo mejor".

"Cuando Al me dejó en casa, exhausta y destrozada, para subir al techo del garaje y repasar todo de nuevo, llorando sola, no había ni siquiera estrellas en el cielo. Las últimas cerillas fueron mi única luz, lo único que me quedaba, y luego esas cerillas, esas que tú me diste, cabrón, esas murieron y se convirtieron en nada también".




Daniel Handler

miércoles, 31 de julio de 2019

Citas: Nubes de Kétchup - Annabel Pitcher


"Calle Ficticia, 1
Bath
1 de agosto

Querido señor S. Harris:

No tenga en cuenta la mancha roja de la esquina. Es mermelada, no sangre, aunque igual tampoco hace falta que le explique la diferencia. No era precisamente mermelada de su esposa lo que la policía le encontró a usted en el zapato".

"La mermelada de la esquina es de mi sándwich. De frambuesa, casera. 
La hizo la abuela. Hace siete años que murió, y esa mermelada fue la última cosa que hizo".

"Escribiendo no existe lo del nudo en la lengua, pero si existiera, si mi mano fuese como una lengua enorme, de verdad le digo que la tendría atada con uno de esos nudos complicados que solo los boy scouts saben deshacer".

"¿Tienen tele en el Corredor de la Muerte?, y si es que sí, ¿ven programas británicos o solo estadounidenses?
Me hago cargo de que tampoco tiene sentido hacer preguntas. Aunque usted quisiera responderme a esta carta, la dirección del encabezamiento es falsa. No existe en 
Inglaterra ninguna calle Ficticia, de modo que, señor Harris, no se vaya usted a pensar que puede escaparse de la cárcel y plantarse de repente en la puerta de mi casa solo porque haya conseguido que le traigan desde Texas y esté buscando a una chica que se llama…, bueno, vamos a hacer como que me llamo Zoe".

"Usted tuvo las agallas de reconocer su error, y yo en cambio soy demasiado cobarde hasta para revelar mi verdadera identidad en una carta.
Así que sí, puede llamarme usted Zoe. Vamos a hacer como que vivo en el oeste de Inglaterra, no sé, en algún lugar cerca de Bath, que es una ciudad antigua con edificios antiguos y los fines de semana con montones de turistas que sacan fotos del puente. Todo lo demás que le escriba será verdad".

"Antes no me habría acercado a usted ni de lejos, pero ahora estamos en el mismo barco.
Exactamente el mismo. Usted mató a una persona de la que se suponía que estaba enamorado y yo maté a una persona de la que se suponía que estaba enamorada, y los dos entendemos el dolor y el miedo y la tristeza y el remordimiento y esos otros cien sentimientos que ni siquiera tienen nombre en toda la lengua inglesa".

"Había hecho un montón de cosas. Peticiones y protestas y artículos en los periódicos y cartas para los criminales, que le habían respondido contándole todo tipo de cosas.
—¿Como sus crímenes y tal? —preguntó alguien.
La monja asintió.
—Algunas veces. Todo el mundo necesita que le escuchen".

"—El abuelo se pondrá bien, cariño —dijo mi padre por signos. Movía las manos despacio y con torpeza—. Está en el hospital, pero se mantiene estable.
Mi madre le puso a Dot un brazo alrededor de los hombros y le acarició la coronilla con la nariz.
—No te preocupes.
—Yo también estoy preocupada —anunció de pronto Soph—. O sea, y si se muere o lo que sea…
Mi padre suspiró.
—Tampoco te pongas tan dramática".

"Una cabeza pelirroja se metió en medio, pero el chico seguía mirándome y remirándome como si yo fuera digna de una segunda y una tercera y una centésima mirada. Bajo sus ojos mi cuerpo parecía otra cosa. No solo piernas y brazos y órganos. Piel y labios y curvas".

"Me dijo que se había encontrado con Sandra en el pasillo de las verduras del supermercado y que a ella se le habían llenado los ojos de lágrimas en las que no tenían nada que ver las cebollas.
—Tiene muchas ganas de verte —dijo mi padre mientras yo contemplaba mi libro de Biología deseando que se callara—. Dice que te ha llamado un par de veces pero que no lo coges.
—Pues que no me llame cuando estoy en el instituto —farfullé, y luego me sentí mal. Sandra no tiene la culpa de nada de esto. Hinqué la punta del bolígrafo en un diagrama de una flor, muerta de ganas de que mi padre se marchara.
—Parece que está muy triste —continuó mi padre sentándose en el borde de mi cama—. Fatal de verdad. —Hice una mueca, porque el sentimiento de culpa estaba llegando a dolerme—. Ha adelgazado una tonelada. Se ha quedado en los huesos…
—¡Vale! ¡Ya lo he pillado! —le espeté tirando el bolígrafo al suelo".

"—¿Qué pasa? —pregunté despacio.
—Esto no te va a gustar. —Se sacó su teléfono del bolsillo y contempló la pantalla, pellizcándose el labio con un dedo—. Max le mandó la foto a Jack —me susurró—. Y Jack se la ha mandado a todo el mundo. A todo el mundo.
Lauren volvió hacia mí la pantalla y yo me desmoroné en una silla, con el estómago cayéndoseme a los pies.
Una foto.
Una foto de mí con los ojos cerrados, el pelo extendido por el edredón y mis pechos desnudos apuntando directamente a la cámara. Lauren me frotó el hombro con aire solidario y dijo para animarme:
—Por lo menos tienes buenas tetas".

"—Es que tenía frío.
—Pues me lo podías haber dicho. Yo estoy congelada. Y a punto de morirme de sed, así que he tenido que dejar el banco. Había puesto el bolso, pero ha venido un viejo cojo y se ha puesto: «No se puede guardar el sitio», y ha empezado a enrollarse con que si su mujer necesitaba descansar.
—Eso es muy bonito.
—Eso es muy delirante. Iba solo, así que creo que era uno de esos tipos que ven cosas que no existen. Ya sabes, como necrofilia o como se llame.
Me aguanté una sonrisa.
—Quieres decir esquizofrenia.
—¿Cómo?
—Esquizofrenia. La necrofilia es…, bueno, más te vale no saberlo".

"Haría lo que fuera por olvidar. Lo que fuera".

"—Lo siento, ¿vale?
Aaron mantuvo un tono frío al responder.
—Ya te he dicho que no hace falta que te disculpes. Tú eres libre de ver a quien tú quieras. ¿Por qué no ibas a serlo?
—Porque somos…
—Amigos —terminó Aaron—. Como mucho. Conocidos, diría más bien".

"Me había quedado después de clase para hablar con mi antiguo profesor de Enseñanza Religiosa, y te vas a alegrar cuando te diga el motivo, porque le estaba preguntando por la monja.
—¿Por qué quieres escribirle? —dijo el señor Andrews garabateando algo con rotulador rojo en la pizarra sobre Jesucristo para su clase de la mañana siguiente.
—Porque… —empecé intentando armarme de valor para contarle la mentira que llevaba preparada.
—Porque… —se burló el señor Andrews, mientras pintaba un monigote en un crucifijo.
—… He encontrado a Dios.
—¿Dónde? —Dibujó un globo de diálogo desde la boca de Jesús y garrapateó AAARRRG en mayúsculas. AAARRRG, de veras. No me esperaba esa pregunta".

"—¡Contigo pensando que he escogido a Max!
—¡Lo has escogido!
—¡Porque no sabía que tú eras una opción!
Y sin pensármelo dos veces, sin preocuparme por las consecuencias, le agarré la cara y tiré de ella hacia la mía, y nuestras bocas se encontraron con tanto ímpetu que me dolió de la forma más dulce posible.
Nos separamos con cara de susto. Durante unos segundos no pasó nada. 
No pasó nada y pasó todo porque en aquel momento no solo no dijimos una sola palabra de arrepentimiento sino que sonreímos los dos con una dicha que era más grande que cualquier culpa".

"Los colores me parecieron más vivos. Los olores, más intensos. Los sonidos, más fuertes. Oí el gorgoteo de cada gota que salía por los desagües, vi todos los matices del verde de los árboles que íbamos dejando atrás, olí cada gota de lluvia y de barro, y de humo  cuando nos refugiamos en una torre por la que se llegaba a la muralla de la ciudad. Aaron me besó en aquella oscuridad húmeda, con labios suaves y manos impacientes. Le estaba oliendo, Stu, pasta de dientes y jabón y desodorante, nada especial, pero cerré los ojos, con sus manos en mi nuca, en mi espalda, en mi pelo y puede que hasta en mi corazón mientras nuestras bocas se movían, nuestros cuerpos se apretaban y nuestros pies se empapaban en un charco que apenas notábamos".

"A la mañana siguiente, mi madre vino a mi cuarto y me dijo que yo tenía fiebre. Me dijo que tenía los ganglios hinchados y que abriera la boca, y me alumbró la garganta con una linterna mientras yo decía:
«Aaaaaaaaah». Apagó la linterna y me dijo que podía parar, pero yo seguí diciendo cada vez más fuerte aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh hhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh hhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh.
—¿Zoe se ha vuelto loca? —preguntó por señas Dot.
La boca se me cerró de golpe.
—No —dijo mi madre—. Solo es que está triste.
Dot me miró desafiante.
—Pues yo cuando estoy triste no hago eso.
—Es una tristeza muy grande —le explicó mi madre—. Más grande que las que has pasado tú".

"Las velas titilarían en el cielo y yo terminaría mi relato de una vez por todas. Tú estarías satisfecho y yo, contenta, así que los dos apagaríamos las llamas de un soplo. Tú, yo, el cobertizo, la celda, nuestras historias, nuestros secretos…, todo eso desaparecería, diluyéndose en la oscuridad como el humo antes de desvanecerse del todo".

"—He sentido a Max —dijo alguien apretándose el pecho—, aquí dentro.
—¿Has visto cómo parpadeaban las luces cuando ha terminado de leer el poema? Era él.
—Yo he oído que el radiador gemía durante el primer verso. Creo que también era él".

"No me fui directamente a casa. Fui al río por primera vez desde que murió Max. La luna brillaba en el agua. Acaricié con los dedos las iniciales grabadas en la madera.

MM + AJ
14 feb

Cogí una piedra y me arrodillé junto al banco mientras, en algún lugar al otro extremo del mundo, tú entregabas tu vida. Un reloj daba la medianoche cuando empecé a raspar mis iniciales del banco. No lo hice con violencia ni con furia ni entre lágrimas. Lo hice con calma. 
Con delicadeza casi. Pero, Stu, fue bueno verlas desaparecer.
Siempre tuya,
ALICE JONES".

"Tuve la impresión de que mi casa estaba a un millón de millas de allí. Mi madre. Max. Tú. Fue como si os desdibujarais todos, que era lo que yo necesitaba, porque los recuerdos duelen demasiado".

"El triste peso que llevabas en el corazón. La culpa que te corroía. 
El desesperado deseo de esconderte de ojos curiosos y estar a solas".

"No te voy a decir lo enamorado que estoy de ti, ni el miedo que me da estar sin ti, ni cómo necesito esconderme de todo el mundo porque nunca va a haber nadie que se te pueda comparar… Me limitaré a dejarte marchar. Al fin y al cabo, el verdadero amor es sacrificio y si pretendo que te olvides de Max, entonces tienes que olvidarte de mí".



Annabel Pitcher

sábado, 27 de julio de 2019

Citas: Carol - Patricia Highsmith


"Era algo que no podía explicarle a Richard. En los almacenes se intensificaban las cosas que, según ella recordaba, siempre le habían molestado. Los actos vacíos, los trábalos sin sentido que parecían alejarla de lo que ella quería hacer o de lo que podría haber hecho…".

"La sensación de que todo el mundo estaba incomunicado con los demás y de estar viviendo en un nivel totalmente equivocado, de manera que el sentido, el mensaje, el amor o lo que contuviera cada vida, nunca encontraba su expresión verdadera".

"Y la soledad aumentaba con el hecho de que, día tras día, en los almacenes siempre se veían las mismas caras. Unas pocas caras con las que se podía haber hablado, pero con las que nunca se llegaba a hablar o no se podía. No era igual que aquellas caras del autobús, que parecían hablar fugazmente a su paso, que veía una sola vez y luego se desvanecían para siempre".

"Tenía las cejas rubias, y subrayaban la curva de su frente. Therese pensó que su boca era tan sagaz como sus ojos, que su voz era como su abrigo, rica y suave, y que, de algún modo, parecía llena de secretos".

"—Señora H. F. Aird —dijo la suave y nítida voz, y Therese empezó a anotarlo en el impreso verde de pago contra reembolso.
Como un secreto que nunca olvidaría, fueron apareciendo bajo la punta del bolígrafo el nombre, la dirección y la ciudad, algo que quedaría grabado en su memoria para siempre".

"—¿Hay algo más aburrido que la historia del pasado? —dijo Therese sonriendo.
—Quizá un futuro sin historia".

"—¿Qué haces los domingos? —preguntó Carol.
—No lo sé. Nada en especial. ¿Y usted?
—Últimamente, nada. Si alguna vez te apetece venir a verme, serás bienvenida.
Donde yo vivo, al menos hay un poco de campo. ¿Te gustaría venir este domingo? —Esta vez los ojos grises la miraban fijamente y, por primera vez, Therese se atrevió a mirarlos. Vio que había en ellos cierto matiz de humor. ¿Y qué más? También curiosidad y desafío.
—Sí —contestó.
—Eres una chica extraña.
—¿Por qué?
—Pareces caída del cielo —dijo Carol".

"Ella sabía lo que él quería decirle, que ella no le daba casi nada en lo referente al afecto. Pero no lo diría, porque sabía que ella no estaba enamorada de él y, por tanto, ¿cómo iba a esperar afecto? El mero hecho de no estar enamorada de él la hacía sentirse culpable, culpable por no aceptar nada de él, un regalo de cumpleaños, una invitación a comer con su familia, ni siquiera que él le dedicara su tiempo. Therese apretó las puntas de los dedos con fuerza contra la baranda de piedra.
—De acuerdo, ya lo sé. No estoy enamorada de ti —dijo.
—No me refiero a eso, Terry.
—Si quieres que lo dejemos del todo, ya sabes, que dejemos de vernos, pues muy bien —le dijo. Tampoco era la primera vez que se lo decía.
—Terry, ya sabes que preferiría estar contigo antes que con nadie en el mundo.
Eso es lo malo.
—Bueno, si es tan malo…
—¿Pero tú me quieres, Terry? ¿Cómo me quieres?
«Si tú supieras», pensó ella.
—No te quiero, pero me gustas —le dijo—. Esta noche, hace unos minutos —añadió bruscamente, tal como sonaba, porque era verdad—, me he sentido más cerca de ti que nunca".

"Entraron en el túnel Lincoln. Una salvaje e inexplicable excitación invadió a Therese mientras miraba por la ventanilla. Deseó que el túnel se derrumbara y las matara, que sus cuerpos se arrastraran juntos. De vez en cuando, sentía la mirada de Carol posarse sobre ella".

"—Supongo que es algo educacional. Aprendí a ser ladrona, mentirosa y poeta al mismo tiempo. —Therese recostó la cabeza en el respaldo de la silla para que le llegara la luz del sol. Le hubiera gustado decir que también había aprendido a amar".

"—A veces se tarda tiempo —dijo Carol—. ¿No crees que hay que darle a la gente otra oportunidad?
—¿Pero por qué? No es agradable, y tampoco estoy enamorada de él.
—¿Pero crees que podrías estarlo si eso funcionara?
—¿Es ésa la manera de enamorarse?".

"—¿Y tú quieres enamorarte? Pues te enamorarás pronto y, si es así, disfrútalo, porque luego es muy duro.
—¿Querer a alguien?
—Enamorarse. O incluso desear hacer el amor. Creo que el sexo fluye de manera
mucho más ociosa en todos nosotros de lo que queremos creer, especialmente de lo que los hombres quieren creer. Las primeras aventuras no suelen ser más que una manera de satisfacer la curiosidad, y después de eso una intenta repetir las mismas cosas, tratando de encontrar ¿qué?
—¿Qué? —preguntó Therese.
—No sé si hay una palabra que lo defina. Un amigo, un compañero o quizá alguien con quien compartir algo. ¿De qué sirven las palabras? Quiero decir que la gente a veces intenta encontrar a través del sexo cosas que son más fáciles de encontrar de otras maneras.
Ella sabía que Carol tenía razón en lo que había dicho sobre la curiosidad.
—¿Qué otras maneras? —le preguntó.
Carol la miró.
—Creo que cada persona tiene que encontrar su propia manera".

"—¿Cuántas veces te has enamorado? —le preguntó.
—Nunca, hasta que te conocí a ti —dijo Richard con una carcajada corta y ronca.
—No es verdad. Tú me hablaste de dos veces.
—Si cuento ésas, tendría que contar otras doce —dijo Richard rápidamente, con aire preocupado.
La cometa empezaba a bajar describiendo arcos.
—¿Alguna vez te has enamorado de otro chico? —preguntó Therese, sin cambiar el tono de su voz.
—¿Un chico? —repitió Richard sorprendido.
—Sí.
Quizá pasaron cinco segundos antes de que contestara, en tono categórico:
—No.
Al menos le había costado contestar, pensó Therese. Tuvo el impulso de preguntarle «¿Qué harías si te pasara?», pero tampoco iba a servirle de mucho.
Mantuvo los ojos puestos en la cometa. Los dos miraban la misma cometa, pero qué diferentes eran sus pensamientos.
—¿Alguna vez has oído hablar de eso? —le preguntó.
—¿Hablar de eso? ¿Te refieres a gente de ésa? Sí, claro. —Richard estaba erguido en ese momento, y enrollaba el cordel haciendo describir ochos al palo.
Therese habló con cuidado, porque él la escuchaba:
—No me refiero a gente de ésa. Quiero decir gente que de pronto se enamoran unos de otros, de la noche a la mañana. Por ejemplo, dos hombres, o dos chicas.
—¿Si conozco alguno? —La cara de Richard tenía la misma expresión que si estuvieran hablando de política—. No.
Therese esperó hasta que él volvió a concentrarse en la cometa, intentando hacer que se elevara. Entonces comentó:
—Pero supongo que puede pasarle a cualquiera, ¿no?
—Pero esas cosas no pasan así. Siempre hay alguna razón para eso en el pasado —continuó él, ondeando la cometa".

"—Tú eres tan frágil como esta cerilla. —Carol la sostuvo ardiendo un momento después de encender el cigarrillo—. Pero en las condiciones adecuadas podrías incendiar una casa, ¿verdad?
—O una ciudad.
—Pero te da miedo incluso hacer un pequeño viaje conmigo. Tienes miedo porque piensas que no dispones del dinero suficiente".

"—¿Qué haces ahí de pie? —le preguntó Carol—. Vete a la cama, estás dormida.
—Carol, te quiero.
Carol se irguió. Therese la miró con sus ojos intensos y adormilados. Carol acabó de sacar su pijama de la maleta y bajó la tapa. Se acercó a Therese y le puso las manos en los hombros. Se los apretó con fuerza, como si le exigiera una promesa, o quizá intentando averiguar si lo había dicho de verdad. Luego la besó en los labios como si ya se hubieran besado millones de veces.
—¿Tú no sabes que te quiero? —dijo Carol".

"Therese apagó la luz.
Entonces Carol le deslizó el brazo alrededor del cuello y sus cuerpos se encontraron como si todo estuviera preparado. La felicidad era como una hiedra verde que se extendía por su piel, alargando delicados zarcillos, llevando flores a través de su cuerpo. Therese tuvo una visión de una flor blanca, brillando como si la contemplara en la oscuridad o a través del agua. Se preguntó por qué la gente hablaría del cielo".

"—¿Y después? —le preguntó.
—Después supe que estaba enamorada de Abby. No sé por qué no iba a llamarlo amor, tenía todas sus características. Aunque duró sólo dos meses, como una enfermedad que viene y luego se va".

"—Me alegro —dijo Therese cuando se fue—. Prefería estar sola contigo.
—¿De verdad, señorita Belivet? ¿Qué quiere usted decir? —le preguntó Carol abriendo la puerta del bar—. Será mejor que se siente y me hable de ello".

"—¡Mi hija es mía!
Al hombre se le retorció una de las arrugas de la mejilla.
—Los seres humanos no somos propiedad de nadie, señora Aird".

"Mientras Therese comía huevos revueltos con salchichas, Carol se tomó su tercera copa. Al final, Carol le dijo en un tono de desesperanza:
—Querida, ¿puedo pedirte que me perdones?
El tono hirió a Therese más aún que la pregunta.
—Te quiero, Carol.
—¿Pero te das cuenta de lo que significa?
—Sí —contestó. Y pensó en aquel momento de derrota en el coche, que había sido sólo un momento, como ahora era sólo una situación pasajera—. No veo por qué siempre tendría que significar esto. No veo que esto pueda destruir nada —dijo con sinceridad".

"El más leve recuerdo o contacto contigo me deprime y no quiero rozarte ni rozar nada tuyo o relacionado contigo. Pero estoy hablando con sentido común y probablemente tú no puedes entender una sola palabra. Excepto quizá una cosa: no quiero saber nada de ti".

"—Pues busca a alguien a quien nunca quieras tirar.
—¿Existe alguien así? —preguntó Therese".

"—Te quiero —dijo Carol.
Therese abrió los ojos pero no levantó la vista.
—Sé que tú no sientes lo mismo por mí, Therese. ¿Verdad?
Therese sintió el impulso de negarlo, pero ¿podía? No sentía lo mismo.
—No lo sé, Carol.
—Es lo mismo. —Su tono era suave, expectante, esperando una afirmación o una negación".

"—No te quedes. Sal conmigo.
Carol la miró con sorpresa.
—De acuerdo —dijo—. Hay un par de cosas tuyas en casa. ¿Quieres que…?
—Es igual —la interrumpió Therese.
—Y tus flores, y tus plantas —dijo, pagando la cuenta al camarero—. ¿Qué pasó con las plantas que te regalé?
—Las plantas que me regalaste… se murieron.
Los ojos de Carol se encontraron con los suyos un insume, y Therese apartó la vista".




Patricia Highsmith

martes, 23 de julio de 2019

Citas: A dos metros de ti - Rachael Lippincott


"Algunas de las flores no han florecido todavía, y puedo sentir la promesa de la vida esperando a que se desplieguen desde los pequeños brotes bajo el peso de mi dedo. Esos son mis favoritos".

"Con toda honestidad, me gusta aquí. Ha sido mi hogar lejos de casa desde que tenía seis años, por lo que generalmente no me importa venir. Recibo mis tratamientos, tomo mi medicina, bebo mi peso corporal en batidos, puedo ver a Barb y Julie, me voy hasta mi próximo ataque. Tan simple como eso. Pero esta vez me siento ansiosa, incluso inquieta. Porque en lugar de querer estar saludable, necesito estar saludable. Por el bien de mis padres.
Porque se han ido y han arruinado todo al divorciarse. Y después de perderse el uno al otro, no podrán manejar perderme a mí también".

"Me aclaro la garganta, llamando su atención.
—Y yo aquí pensando que iba a ser otro tonto hospital lleno de tontos enfermos. Y apareces tú. Suerte la mía".

"—Con la intención de presentarme, pero con esa actitud...
—Déjame adivinar —dice, cortándome—. Te consideras un rebelde. Ignoras las reglas porque de alguna manera te hace sentir que tienes el control. ¿Estoy en lo cierto?
—No te equivocas —le replico antes de inclinarme contra la pared de manera casual".

"—Ah. Así que de eso se trata —digo, cruzando los brazos sobre mi pecho—. Tienes algo contra el sexo.
—¡Por supuesto que no! He tenido relaciones sexuales —dice ella, sus ojos se ensanchan mientras las palabras salen de su boca—. Está bien…
Esa es la mentira más grande que he escuchado durante todo el año, y estoy prácticamente rodeado de personas que endulzan el hecho de que estoy muriendo".

"—Vuelve a tu habitación. ¿Dónde está tu mascarilla? —Me acerco para tocar mi cara sin máscar —. Stella, gracias por mantener tu máscara.
—Ella no la tenía hace cinco segundos —murmuro. Stella me mira por encima de la cabeza de Barb, y le devuelvo una gran sonrisa.
Stella.
Su nombre es Stella.
Puedo ver que Barb está a punto de enojarse, así que decido salir. He tenido más que suficientes discursos por el momento.
—Relájate, Stella —digo, caminando hacia la puerta—. Es solo la vida. Se acabará antes de que nos demos cuenta".

"Si voy a morir, me gustaría vivir primero.
Y luego moriré".

"—¿Has visto París desde un tejado, Stella? ¿O Roma? ¿O aquí, incluso? Es lo único que hace que todo este tratamiento de mierda parezca pequeño.
—¿Tratamiento de mierda? —pregunto, dando dos pasos hacia él. Dos metros y medio de distancia. El límite—. Ese tratamiento de mierda es lo que nos mantiene vivos.
Resopla, poniendo los ojos en blanco.
—Ese tratamiento de mierda es lo que nos impide estar ahí abajo y vivir realmente".

"—Quiero dibujarte —digo antes de que pueda detenerme.
—¿Qué? —dice, sacudiendo la cabeza con firmeza—. No.
—¿Por qué no? —pregunto—. Eres hermosa.
Mierda. Eso se me escapó. Ella me mira sorprendida y, a menos que me lo imagine, solo un poco complacida".

"—Nada va a salvar mi vida, Stella. O la tuya. —Sigo andando por el pasillo, gritando por encima de mi hombro—: Todos en este mundo respiran aire prestado".

"—En segundo lugar, ha sido mi mejor amiga prácticamente toda mi vida —dice, devolviéndome al presente. Juro que se está poniendo un poco lloroso.
—Creo que la amas —le digo, burlándome de él.
—Demonios sí. La adoro, joder —dice Poe como si fuera una obviedad—. Me acostaría sobre carbón caliente por ella. Le daría mis pulmones si valieran una mierda.
Maldita sea. Intento ignorar los celos que penetran en mi pecho.
—Entonces no lo entiendo. Por qué…
—Ella no es un él —dice Poe, cortándome".

"Soy demasiado delgada, también tengo cicatrices... Me encuentro con mis ojos color avellana en el espejo.
¿Por qué Will querría dibujarme?
Su voz hace eco en mi cabeza, llamándome hermosa. Hermosa. Hace que mi corazón se mueva de una manera que no debería".

"—¡No estoy evadiendo nada! —digo—. Ese es tu movimiento.
—¿Qué se supone que significa eso? —pregunta, estrechando sus ojos hacia mí porque sabe muy bien.
—Pregúntale a Michael —le contesto.
Me ignora y cambia el tema de vuelta.
—Por favor, no me digas que la única vez que finalmente te interesas por un chico, tiene FQ.
—¡Solo lo ayudé con su carrito de medicinas, Poe! Querer que alguien viva no es lo mismo que quererlo —le digo, exasperada".

"—¡Lo sabía! —dice mientras sus grandes ojos se ponen a la vista—. ¿Dónde está tu AffloVest? Se suponía que no debías quitártelo durante otros quince minutos. ¿Y tomaste tu Creon? Apuesto a que es un no.
Falsifico una voz automatizada.
—Lo sentimos, ha llamado a un número que ya no se encuentra en servicio. Si siente que ha llegado a esta grabación por error...
—No se puede confiar en ti —dice ella, cortando mi impresión de asesino—. Así que, así es cómo va a funcionar esto. Haremos nuestros tratamientos juntos, así sabré que realmente los estás haciendo.
Meto el lápiz que estaba usando detrás de mi oreja, dándomelas de genial.
—Siempre buscando maneras de pasar más tiempo conmigo.
Ella cuelga, pero por un segundo juro que la vi sonreír. Interesante".

"—Buenas noches, Will.
—Buenas noches, Stella —le digo, vacilando antes de presionar el botón de fin de llamada y cerrar mi computadora portátil.
Me recuesto, poniendo mis manos detrás de mi cabeza, la habitación parece incómodamente tranquila, aunque todavía estoy solo aquí. Pero cuando me doy vuelta y apago la luz, me doy cuenta por primera vez en mucho tiempo de que no me siento solo".

"—Gracias —le digo.
—¿Por qué? —pregunta, mirando hacia arriba para encontrar mis ojos.
—Por decir algo real".

"—Tus ojos son color avellana —dice, señalando la luz del sol que entra por el cristal a mi alrededor—. No lo sabía hasta que los vi a la luz del sol. Pensé que eran marrones.
Mi corazón late con fuerza en mi pecho ante sus palabras, y la forma cálida en que me mira.
—Son unos ojos muy bonitos —dice un segundo después, un débil rojo se arrastra hacia sus mejillas. Baja de nuevo la mirada, garabateando y aclarando su garganta—. Quiero decir, como para dibujarlos".

"Miro como Julie cuelga la bolsa, toma la línea IV y se gira hacia mí. Sus ojos viajan al dibujo que hice de Stella en la sala de yoga, colgando al lado del dibujo del pulmón que Stella había colocado sobre mi escritorio, la esquina de su labio hacia arriba cuando lo mira.
—Me gusta verte así —dice, sus ojos se encuentran con los míos.
—¿Así cómo? —pregunto, bajando el cuello de mi camisa.
Ella inserta la línea IV en un puerto en mi pecho.
—Esperanzado".

"—Barb no te vio, ¿verdad?
—Abby está muerta, ¿no es así? —Dejo salir, yendo directo al grano. Ella me mira fijamente, sin decir nada.
Finalmente traga, sacudiendo la cabeza.
—Muy bien, Will. Tan delicado como un martillo neumático.
—¿Quién tiene tiempo para delicadezas, Stella? Claramente no...
—¡Detente! —dice, cortándome—. Deja de recordarme que me estoy muriendo. Lo sé. Sé que me estoy muriendo.
Sacude la cabeza, con el rostro serio.
—Pero no puedo, Will. Ahora no. Tengo que lograrlo".

"Y me doy cuenta de que estoy haciendo lo único que dije durante todo este tiempo que no haría. Estoy queriendo algo que nunca podré tener".

"Estoy cansada de vivir sin vivir realmente. Estoy cansada de querer cosas. No podemos tener muchas cosas. Pero podríamos tener esto.
Lo sé".

"Sé en ese momento que esta "pequeña cosa" entre nosotros no ha terminado. Solo acaba de empezar".

"—La fibrosis quística no me robará más. De ahora en adelante, yo soy la ladrona.
Juro que escucho un grito en algún lugar en la distancia, estando de acuerdo con ella. Ella se detiene, mirando directamente a la cámara. Mirándome directamente a mí. Me quedo allí, aturdido, saltando cuando hay tres fuertes golpes en mi puerta.
Abro la puerta y ahí está ella. Viva.
Stella.
Sostiene el taco de billar, la punta de él tocando mi pecho, sus cejas llenas en desafío.
—Dos Metros de distancia. ¿De acuerdo?".

"—Entonces, ¿qué crees que sucede cuando morimos?
Sacude la cabeza, sonriendo.
—Esa no es una conversación muy sexy para una primera cita.
Me río, encogiéndome de hombros.
—Vamos, Stella. Somos terminales. Tienes que haberlo pensado".

"—Hay una teoría que me gusta que dice que, para entender la muerte, tenemos que ver el nacimiento.
Agita la cinta en su cabello mientras habla.
—Entonces, mientras estamos en el útero, estamos viviendo esa existencia, ¿verdad? No tenemos idea de que nuestra próxima existencia está a solo unos centímetros de distancia. —Se encoge de hombros y me mira—. Tal vez la muerte es lo mismo. Tal vez sea sólo la próxima vida. A unos centímetros de distancia".

"—Stella, si hubieras estado allí, todavía no lo sabrías.
—Pero ella murió sola, Will —dice, que es algo que no puedo negar.
—Pero todos morimos solos, ¿no? Las personas que amamos no pueden ir con nosotros. —Pienso en Hope y Jason. Luego en mi mamá. Me pregunto si ella estará más dolida si me pierde o si pierde la enfermedad".

"—Dios, eres hermosa. Y valiente —le digo—. Es un crimen que no pueda tocarte".

"Nos sonreímos, y aunque hay un millón de razones por las que no debería mirarla ahora, no puedo evitar sentir que me estoy enamorando de ella".

"—Me asustas, Stella.
Lo miro, frunciendo el ceño.
—¿Qué? ¿Por qué?
Me mira a los ojos, su voz seria.
—Me haces querer una vida que no puedo tener. —Sé exactamente lo que quiere decir".

"Le sonrío y tomo solo un paso más robado, hasta que estemos a dos metros de distancia".



Rachael Lippincott

viernes, 19 de julio de 2019

Citas: El funeral de Lolita - Luna Miguel


"La gente solía describirlo como un nudo en el estómago. Para Helena era una mala metáfora".

"Tuvo que releerlo un par de veces para que cobrara sentido. Un líquido abrasador comenzó a ascender hasta la comisura de los ojos. Se los  tapó con fuerza para detener la hemorragia. Siguió caminando avenida arriba, rumbo a casa, con un sentimiento parecido a la angustia pero también al alivio. A la altura de un restaurante asiático se dejó caer de golpe sobre una de las sillas metálicas de la terraza y dejó el móvil sobre la mesa. La pantalla aún emitía un leve brillo gracias al cual podía distinguirse un fragmento de las palabras de Rocío: «no sé si querrás saber de mí tampoco sé si este es tu perfil no sé ni siquiera si estás viva pero tenía que decírtelo roberto ha fallecido esta mañana»".

"Fue entonces cuando Helena lo notó: el vuelo de una polilla en el estómago. Sus alas de metal lijando las paredes gástricas; el peso del cuerpo sin vida de Roberto iluminándose en una habitación hasta entonces inhabitada de su mente".

"Y los gestos con los que más tarde le explicaría que «un funeral no es sitio para una niña» o que «está prohibido ir a la tumba de mamá»".

"El cuerpo de él descansaba en el borde opuesto del colchón, a una distancia calculada con frialdad, que a ella le parecía demasiado amplia, casi kilométrica.
Llevaban semanas, incluso meses, sin abrazarse, pero había algo en aquel rechazo que le causaba placer".

"Cuanto menos la deseaba él, más le deseaba ella.
Cuanto más enfadado parecía él, más extasiada ella".

"Se acordó de que le encantaba presumir de tener un nombre tan común.
Para él eso era sinónimo de ser irrastreable e impredecible. Algo parecido al anonimato, un resquicio de libertad. Continuó buscándolo, pero solo encontró artículos académicos sobre estudios cervantinos que ya había leído antes, posts sobre educación secundaria en un blog de las Mareas Verdes y páginas del BOE en las que su nombre era una simple cifra. Incluso muerto, Roberto seguía siendo un secreto".

"Nada más subir al AVE, se acomodó en un taburete del vagón-cafetería y pidió una botellita de vino blanco y dos dónuts de azúcar. Para ella, un viaje en tren no era lo mismo si no podía disfrutar de la bollería industrial que se vende a bordo. Lo que pasa en la cafetería del tren se queda en la cafetería del tren, le dijo al camarero, mientras las preguntas se iban acumulando en su cabeza".

"—Ay, niña, ¿está muy cansada? ¿Quiere que quite la música? —dijo la
conductora.
—No se preocupe, así está bien.
—De acuerdo. Lo siento mucho, ¿eh?
—¿Por qué?
—Pues por su pérdida.
—No… —susurró Helena—. Yo no he perdido nada".

"Por primera vez en su vida, conocería la muerte. Por primera vez en su vida, sería libre de decidir si quería rezar o no. Si quería ser buena o no. Si quería llorar".

"—¿Nadie cuidaba de él?
—Su mujer. Y nadie más.
—Joder, su mujer…
—¿Qué pasa con ella?
—¿Crees que estará aquí?
—Es el velatorio de su marido, lo raro sería que no estuviera".

"En el tanatorio Cisneros no había mar. Ni un séquito de niños huérfanos.
Ni juguetes.
Había una pared forrada de corcho.
Un muro de cristal.
Un jarrón con flores falsas.
Y un muerto.
Eso era todo".

"Qué idiota sería obligar al mundo a recordarnos si ni siquiera nosotros volveríamos a mirarnos a los ojos".

"La última vez que sentí que estaba enamorada de él. ¿Cuándo fue la última vez que sentí que estaba enamorada?
Quizá nunca lo estuve.
¿Y si solo estaba enamorada de la idea de estar enamorada? ¿Y si solo quería ser la chica bonita de los libros que había que leer a escondidas?
Pero haz memoria.
Intenta recordarlo: ¿cómo era verdaderamente su voz?
¿Alguna vez llegué a escucharla de verdad?
¿Por qué la deseaba?
Y lo más importante.
¿Qué pasa con ese cadáver que tienes enfrente?
¿Te quería?
Venga.
Dilo.
Grítalo delante de toda esta gente.
Di lo que solo tú sabes.
Dilo.
—Rocío, necesito un café. He visto que hay una cafetería en la primera planta".

"—¿Y ahora?
—Y ahora nada. Se ha muerto y yo estoy aquí, a punto de entrar en Alcalá de Henares… Al menos si conseguimos salir de este atasco.
—Pero si tú odias Alcalá.
—Con toda mi alma.
—¿Cuántos años llevabas sin ir?
—Muchísimos.
—¿Cuántos llevabas sin ver a ese hombre?
—La hostia de años.
—¿Cuánto daño te hizo?
—Supongo que también la hostia.
—Pues entonces lo que no entiendo es para qué vas al funeral de un pedófilo".

"El orgasmo, como la muerte, deja el corazón vacío. Tumbada bajo el edredón, dejó que el sueño se apoderara poco a poco de ella".

"—¿Tienes miedo? —preguntó Helena señalándole la barriga con el dedo.
—¿De qué, de ser madre?
—De ser madre de una niña. Una niña que en quince años será como éramos nosotras y sufrirá como sufrimos nosotras".

"¿Cómo se empieza una historia de amor imposible?
¿Y cómo se empieza un cuaderno?
Querido diario: ya no tengo ocho años. Pero me gustaría tener alguien a quien dirigirme. Alguien que me escuchara.
Entonces ¿esto es un cuaderno o una confesión? No sé. Iré diciendo cosas.
Algunas tendrán sentido y otras no porque hoy nada tiene sentido en mi vida".

"¿Amo porque leo o amo porque simplemente amo?".

"Miércoles: leer no sirve para nada si no puedo hablar contigo de lo que leo".

"Los papeles cambian.
La victoria duele.
Esto no es un poema".

"Cuando amamos no escribimos".

"Si lo hago bien: nos moriremos.
Si no lo hago bien: nos moriremos.
Entonces ¿qué va a pasar ahora? ¿Y por qué en los libros que se acumulan en mi mesilla hay respuestas para todo menos para esto?".

"Cuanto más escribas, más sabrán. Cuanto más sepan, más te odiarán. 
Cuanto más te odien, más querrás huir. Cuanto más huyas…".

"Querido Roberto: esta es la última vez que escribo tu nombre porque mi voz se acaba. Nos vemos en tu funeral. O quizá en el mío".

"—Es sangre.
—¿El qué?
—Lo que tienes entre las uñas. Es sangre.
Roberto levantó la mano y la puso a la luz del fluorescente del despacho.
Tenía las yemas de los dedos marrones.
—¿Le haces esto a tu mujer? ¿Le haces tanto daño como a mí?
—No te hago daño.
—Cada cual mata lo que ama.
—¿Qué?
—Que cada cual mata lo que ama. Lo leí en un libro.
—¿Me estás pidiendo que te lo vuelva a hacer?
—Preferiría un cuchillo".

"—No: el final. Todos los libros que leo acaban mal. Según ellos, no tenemos futuro.
—Pero tú no eres la protagonista de un libro, Helena.
—Mi miedo no cabe en los libros.
—Yo puedo escribir uno para ti si quieres.
—Uno con final feliz".




Luna Miguel